domingo, 15 de marzo de 2015

BOCINAZOS DE CAMPAÑA


Sostenía el filósofo griego Epicuro que en el interior de cada hombre hay un cerdo dormido. Muchos siglos después el humorista británico P.G. Wodehouse se atrevió a contradecirle y afirmó que él en persona había visto a algunos de esos cerdos singularmente despiertos. Wodehouse tenía razón. El cerdo que dormita en el fondo de cada humano se despereza, gruñe y hociquea afanoso en momentos tales como una campaña electoral. En estas circunstancias de suprema irresponsabilidad – cada cual sabe que promesas y juramentos serán palabras que se llevará el viento con la publicación de los resultados electorales –, sale a relucir toda la cochambre que el estamento político se esfuerza como puede en ocultar los días laborables.
No un mindundi sino un delegado del Gobierno, nada menos, se ha declarado contrario a que Andalucía sea gobernada desde Cataluña. Dejemos de lado lo improbable de tal eventualidad, y centrémonos en el fondo del asunto: ¿en qué diferiría esa circunstancia en relación con la hipótesis mucho más probable de que Andalucía sea gobernada desde Madrid? Si todos los españoles somos iguales en derechos y deberes ante la ley… ¿O es que no lo somos? ¿Se está aferrando el señor delegado del Gobierno (de Madrid), no a la Constitución vigente, sino a otra constitución paralela no escrita?
Ha añadido el mismo señor que no está dispuesto a que le gobierne un individuo que tiene por nombre Albert. No se trata de fobia al nombre en sí (sin duda san Alberto Magno le parece al delegado suficientemente respetable), sino a la lengua. Einstein, por poner un ejemplo, también se llamaba Albert. Una circunstancia que no molestó a nadie, que se sepa; sí la causó, en cambio, el hecho de que fuera judío. Hay cristianos viejos – no todos, no tengo intención de generalizar sino, muy al contrario, de particularizar – que dan más beligerancia al dogma de la Santísima Trinidad que a la teoría de la relatividad. Existe sin embargo un cierto consenso en relación a que la segunda explica mejor que la primera los datos de este mundo tal como los conocemos.
He dado un ejemplo relacionado con la campaña electoral andaluza. En septiembre padeceremos los catalanes el mismo dolor de muelas y nos tocará oír los mismos rebuznos en la dirección contraria. Quienes los prodigan deberían leer por lo menos las encuestas y saber el escaso aprecio que tiene la gente del común por la clase política. Y reflexionar consigo mismos sobre cuál puede ser la razón por la que los políticos en conjunto están tan mal valorados por la ciudadanía.
 

viernes, 13 de marzo de 2015

LA TOZUDA NEGATIVA A RECTIFICAR


Cualquiera pensaría que las autoridades europeas iban a considerar suficiente el castigo sufrido por el pueblo griego – no por un gobierno griego de este o aquel color, sino por ese pueblo del que los gobiernos democráticos se dicen servidores, ese pueblo por el que están obligados a velar también quienes llevan las riendas de la cosa pública en la Unión –. Pues no.
Cualquiera pensaría que el jefe de un gobierno elegido democráticamente, avalado por una mayoría consistente, con un respaldo popular muy amplio, merece credibilidad cuando presenta un programa económico arriesgado pero coherente. Y si no merece credibilidad, parece imposible que no merezca siquiera, como mínimo, un trato cortés, un respeto, un “poquito de por favor” como se pedía en una serie televisiva hace pocos años. Pero Schäuble y Guindos, por no mencionar más que a los dos ninguneadores más destacados, han perdido el control de las formas de la diplomacia internacional y se han dedicado a descalificar y bravuconear hasta el punto de provocar nuestro sonrojo, nuestra vergüenza ajena.
Es algo divulgado en su momento, y conocido por todos, que los datos macroeconómicos sobre los que se calcularon las condiciones del primer rescate griego y la política impuesta a partir de entonces por la troika a dicho país, contenían errores gravísimos de apreciación. No es que hubiese un desvío en las previsiones; es que las cosas fueron por el camino diametralmente opuesto. La medicina agravó el estado del paciente. En lugar de avanzar, el país fue de culo a ritmo acelerado.
Cualquiera pensaría que tales errores reconocidos y asumidos por las autoridades pertinentes y reconocibles iban a dar lugar a una rectificación. Pues tampoco. Lo que imparte la tecnocracia instalada en los vértices no electivos, no democráticos, del BCE y del FMI, no es ciencia económica sino ideología económica. No ha lugar a la rectificación, toda la fuerza acumulada al servicio de las oligarquías financieras se aplica a quebrar el espinazo de la fuerza de trabajo, de las clases populares y de las organizaciones que las representan.
Hacia fuera se habla de la salida de la crisis, de puertas adentro los oligarcas deben de estar comentando entre ellos: «¿Para qué salir nosotros de una crisis que nos está rindiendo unos beneficios tan pingües?» Y unamunianamente exclamarán: «¡Que salgan ellos!» (Si pueden, claro.)
Un sencillo ejemplo. El drástico recorte en las energías renovables llevado a cabo por el gobierno español del PP en 2014 se amparaba oficialmente en dos informes de expertos. El Tribunal Supremo ha reclamado esos dos informes, y viene a resultar que, de uno de ellos, no se llevó a la práctica ninguna de las medidas propuestas; el otro informe, caso todavía más singular, se emitió tres meses después de que se produjeran los recortes.
No gobierno de los técnicos, sino gobierno de los ideólogos. No salida de la crisis, sino chapoteo en la crisis para conseguir ventajas unilaterales. Quizá no está de más recordar a quiénes favoreció el recorte en las renovables: a las eléctricas. En el consejo de Endesa ocupa un lugar destacado José María Aznar. En el de Gas Natural, Felipe González. Yo diría, que alguien me corrija si me equivoco, que a esa figura se le denomina colusión. Luego se quejarán de que les llamemos “casta”.
 

miércoles, 11 de marzo de 2015

MUJERES FUERTES EN LA IZQUIERDA


Con 71 años Manuela Carmena, ex abogada laboralista, ex magistrada, ex miembro (¿deberíamos decir “miembra”?) del Consejo General del Poder Judicial, jubilada, ha decidido saltar al ruedo de la política, después de varias negativas en redondo a participar en un ámbito que no la atrae. El detonante ha sido la nominación de Esperanza Aguirre como candidata a la alcaldía de Madrid. Carmena explica así su cambio de opinión: «Esa figura de una mujer fuerte de derechas oscurece que también hay mujeres fuertes en la izquierda para proponer como alternativa.»
Feliz cambio de opinión, feliz decisión. No me parece el género lo más importante, no el sustantivo, sino el adjetivo: fuertes.
Hace unos días, cuando un periodista preguntó al presidente de nuestro Gobierno por qué no había visitado aún las tierras inundadas por el Ebro, respondió con una sonrisa de excusa y un encogimiento impotente de hombros: «Yo voy donde me llevan.» No hay descripción más exacta posible de la fórmula de gobernanza de ese varón débil: va donde le llevan Merkel, Lagarde, Draghi, Arriola, y también donde le lleva Aguirre. Al huerto, en definitiva. Y una vez acorralado allí, forcejea blandamente para rendirse al fin, sumiso, a la fuerza superior de los otros. «No hay alternativa», concluye resignado.
Mujeres fuertes en la izquierda para oponerse a la fuerza de aluvión de una derecha crecida. Varones también, desde luego, pero sin esa tendencia aciaga a olvidarse de la mitad del género humano, de una mitad que aporta cualidades que son a simple vista más escasas en la contraparte: sentido práctico, perseverancia en las ideas, atención preferente a los pequeños detalles, entereza ante las adversidades. Mujeres con una conciencia tan exacta e invariable como un metro de platino iridiado. Mujeres como Manuela Carmena.
En la orgullosa e independiente ciudad de Parapanda, ayer noche una voz anónima entonaba la siguiente copla:
Ay, petenera.

Ser madrileño quisiera

Para votar a Manuela.

 

martes, 10 de marzo de 2015

VIEJA Y NUEVA POLÍTICA


Vienen a mogollón, cabreados, dispuestos a jugarse el todo por el todo. Muestran una pancarta que dice: «No nos representan.» Ante una declaración de intenciones tan explícita, el establishment se escinde visiblemente en dos alas: el ala más enganchada a las esencias, la más partidaria del liberalismo a ultranza y de la policía y la inspección de Hacienda para los trabajos sucios, truena desde sus covachuelas: «Pero qué se habrán creído esos pollos, duro con ellos que son talibanes y chavistas.» Los parroquianos de la otra ala, lo que llamaríamos izquierdas de elegir el nombre con el que se autodenominan, con una cintura más flexible debido a los ejercicios de contorsionismo por los que tanta afición sienten, se aproximan a los “nuevos” y les ofrecen pactos de candidatura, los enésimos, y un talante abierto a la negociación de los puestos de la lista desde el ocho hacia abajo (las cabeceras están ya copadas). Cuando los nuevos dicen que no, los parroquianos se echan las manos a la cabeza: «Van al desastre.»
Nueva política ha de significar, en primer lugar, formas nuevas. Formas de estar, de concurrir, de posicionarse, de interactuar con las bases. Alguno preguntará en este momento qué bases, si las bases no existen. Es un resabio de la vieja política; se añoran aún los tiempos de las consignas, de la fe ciega, del no nos moverán.
Pero nos han movido, las consignas caen en el vacío, y en lugar de la fe ciega lo que hay es una retranca incrédula, la de quienes sudan sangre para encontrar un curro que les permita malvivir hasta el próximo fin de mes. Eso son las bases. No vayáis a ellas con programas ni trípticos impresos en papel couché, con arengas ni puños en alto, con banderas ni ideales desplegados. La respuesta será el desplante viral: «look the finger».
Ojo, no hay – no se percibe, por lo menos – una divergencia con las posiciones tradicionales de la izquierda en el terreno de las ideas. Puede que algunos de los nuevos tengan una valoración de partida sobre el populismo menos negativa que la de otros que abominan de él pero recurren todos los días a trucos y retóricas de naturaleza populista. No es, desde luego, una diferencia importante. Los nuevos dicen también que el problema hoy no es de la izquierda contra la derecha, y eso provoca un gran revuelo; pero lo dicen porque advierten que una pátina de herrumbre, de óxido, roe los aceros de la maquinaria política, e iguala hasta cierto punto a izquierdas y derechas, y las descalifica a las dos.
Tampoco hay en este asunto un problema generacional. No son jóvenes contra ancianos. ¿Basta como muestra un botón? Ofrezco tres: el fiscal anticorrupción jubilado Jiménez Villarejo en la candidatura europea de Podemos, el profesor Vicenç Navarro como fautor del programa económico del partido, y la ex juez Manola Carmena como candidata a la alcaldía de Madrid. Carmena es de mi generación; Navarro y Villarejo, aún mayores.
Yo no habría encontrado una elección mejor en ninguno de los tres casos. Pero no porque esté más próximo a su edad, sino por las formas. Siempre las formas, el talante diríamos, de no haber quedado devaluada la palabra en fechas cercanas.
Villarejo, Navarro y Carmena son tres ejemplos brillantes de personas que han sabido desarrollar una trayectoria personal en un contexto difícil, a contrapelo de la “casta” dominante. Son también tres ejemplos de pedagogía, de magisterio en relación con una juventud que no ha perdido el respeto a quienes han sabido ganárselo a pulso.
Por ahí van a ir los tiros en el futuro.
 

lunes, 9 de marzo de 2015

LA LIDERESA NO ES UN MONIGOTE


He ido siguiendo desde Lanzarote la apasionante historia colectiva que se cuenta en Parapanda insurgente, cuyo link dejo aquí al lector interesado (1). Lanzarote es, de alguna manera, otra contigüidad del Cosmos regida por leyes físicas y temporales diferentes de las que solemos considerar comunes por el solo hecho de que están más extendidas. Aquí, por poner un ejemplo sencillo, las cosas se saben antes de que ocurran, gracias a la diferencia horaria. Y de otro lado, el caos, la desmesura y el abismo que señorean la isla, muy en particular por la parte de Timanfaya, han sido ordenados y manicurados con esmero para consumo del turista por una especie de dios menor llamado César Manrique. Carmen y yo sólo nos libramos de la sombra persistente de Manrique en un gozoso almuerzo en el restaurante El Amanecer de la localidad de Arrieta, delante de una parrillada que incluía la tríada magna de la pesca local: cherne, vieja y bocinegro. Palabra.
Si alguna lección puedo extraer de la lectura de esa “Parapanda insurgente” cuyo remate espero con ansiedad, es el desmentido rotundo de la doctrina, difundida por voceros interesados, de que no hay alternativa a la realidad del como es. Bastaría retirar el futurible que se ha fundido y por tanto ya no funciona, y enchufar otro nuevo, para caer en la cuenta de que lo cierto, lo auténticamente cierto de verdad de la buena, es que las alternativas a la realidad son infinitas.
Y como muestra, un botón. El día siguiente a aquel en que el Augusto creyó dejarlo todo atado y bien atado y dijo «Esto es lo que hay», después de promover a su amiga y desnudar de armas ofensivas (de alternativas) a su enemiga más íntima a cambio de ponerle en la boca un caramelo insignificante, ella, la revoltosa lideresa, le ha contestado con una frase de amplia resonancia en la república de Parapanda: «Look the finger. Mira cómo se me ha puesto el deo. Yo no soy un monigote.»
De todo lo cual, como corresponde, los felices visitantes llegados a esta isla a cucurumbillo de la compañía Vueling, nos enteramos una hora antes. Paradojas de la contigüidad del Cosmos.


sábado, 7 de marzo de 2015

AGUIRRE Y CIFUENTES Y GONZÁLEZ


Mariano contra el mundo: un reto apasionante. Tantos candidatos noveles de todos los colores, y el viejo galápago se decide – en la hora undécima, como es su costumbre inveterada – por el ticket electoral para Madrid que cualquier conocedor de sus mañas podía anticipar desde hace meses: Esperanza en la alcaldía, Cristina en la comunidad.
Rajoy cree a pies juntillas en los refranes de las viejas junto al fuego. Para la ocasión: más vale malo conocido que bueno por conocer. Sus dos candidatas cumplen con los requisitos expuestos. Son malas, muy malas, y son conocidas, muy conocidas. Ahora bien, puesto en esa tesitura ¿por qué no ha dejado Mariano que repita Ignacio González?
Se habla mucho de un ático en Estepona, pero ese no es con toda evidencia el dato sensible: muchos áticos de muchas Esteponas no han movido de la candidatura oficial para diferentes poltronas a morlacos morrocotudos de cinco y de seis hierbas. Pongamos que hablo de Barberá, De la Riva, Monago… Añadan ustedes los etcéteras que prefieran, no será por falta de nombres.
Entonces, ¿cuál es la gracia de Cristina por Ignacio? Hay explicaciones para todos los gustos. La mía: Cristina no importa, está ahí como Poncio Pilatos en el credo. Mariano se siente obligado a agradecerle servicios prestados, y sabe que no dispone ya de mucho tiempo ni de muchas opciones para dedicarlas a agradecimientos. La presidencia de la Comunidad bien puede convertirse en un caramelo envenenado; en caso de perderla, e incluso en caso de ganarla. Con todo, es el regalo que Cristina desea, y eso le basta a Mariano por el momento.
La pareja crítica entonces es Esperanza/Ignacio. La entrada de Cristina obliga a optar por uno de los dos. Son dos “críticos”, dos ambiciosos sin medida. Mariano se lleva igual de mal con los dos, pero necesita asegurarse el caladero de votos que aporta esa corriente, dado el caudal muy mermado de su propio carisma. Madrid pesará en el resultado del PP en las generales, y Mariano necesita una combinación de fieles y de críticos para que todo el activo del partido se movilice y sume en su favor. Y ahí está la clave. Si le resulta necesario, como parece, tolerar bajo su sombra las ambiciones desmedidas de un barón crítico, siempre es preferible, incluso en términos de arrastre electoral, el barón (la lideresa) número uno del escalafón, que el número dos.
Fíjense en que ese cálculo es, desde el principio hasta el fin, vieja política. Produce estupor y una pizca de incredulidad el procedimiento de selección de candidatos que utiliza el PP. Todo es vertical, todo es digital (en el sentido del dedazo), todo obedece a equilibrios internos coyunturales y correlaciones de fuerzas efímeras. No hay programa, solo entramado. No hay política de cuadros, ni vías de promoción distintas del favoritismo caprichoso ejercido por los dinosaurios del partido. Todo se reduce a oligarquía y caciquismo, según un diagnóstico que Joaquín Costa emitió en 1901, hace ya un siglo más un buen pico de años.
Una nota característica de las grandes crisis estructurales es que mientras lo nuevo forcejea por nacer, lo viejo se resiste a morir. Atención al dato: no faltan ejemplos de ocasiones en las que lo viejo vence a lo nuevo. Por más que lo viejo se sepa condenado por la historia (esa alcahueta), su instinto le empuja a morir matando.
 

jueves, 5 de marzo de 2015

VIVIR SIN PARAGUAS


Anoche se nos apareció en el Speaker’s Corner del Museu d’Història el mismísimo Miquel Falguera transfigurado en magistrado. De verdad. En los tiempos del político-socio, Miguelito hacía sus pinitos en pantalones cortos y con la cara florida de acné; recuerdo que los “veteranos” próximos a la treintena lo poníamos de portero en los partidillos de fútbol-barbacoa que montábamos por las excursiones del Ú de Maig a Les Planes o a Polinyà. Lo poníamos de portero porque nos daba cosa alinearlo de medio estorbo, dada la buena voluntad que ponía el chaval.
Después hubo un tiempo en el que se engalló, y nos llamó socialdemócratas sin pestañear (era un insulto grave, pero a él se lo disimulábamos), y nos afeó el dejarnos plumas – plumas importantes, incluso – en las arriesgadas singladuras de macro pactos confederales a tres bandas que entonces emprendimos.
Ayer nos lo volvió a recordar, acompañando su crítica con cariñosos elogios a dirigentes tales como Cipriano García, Josep Solé Barberá y José Luis López Bulla. Como si no hubiera pasado el tiempo. Solo que ahora Miquel Falguera i Baró es magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya, y de los ex veteranos, algunos nos han dejado y otros somos unos iaioflautas jubilados.
No es solo que Miquel sea ahora un magistrado, es decir un exponente clásico de la “casta”, sino que además se declara feliz de serlo. Él y su colega y compadre Félix Azón, que se confesó honrado y gratificado por la misión de presentar a un espécimen tan singular, nos ametrallaron a sus oyentes con datos, comparaciones, clasificaciones y propuestas en torno a lo mal que estamos todos desde la reforma laboral de 2012. No voy a repetir sus palabras, en primer lugar porque no tuve la precaución de llevarme un boli y un bloc, y me sería imposible recordarlo todo. De otro lado, el interesado las encontrará puntualmente en la web del sindicato. Solo voy a recordar una de sus afirmaciones contundentes: el trayecto que debe emprender la oposición política y sindical ante el marasmo actual no consiste en presentarse con los viejos pactos welfarianos ante el poder para exigir su cumplimiento porque ese mismo poder comprometió en ellos su firma.
El Estado social fue un gran paraguas en el que muchos nos cobijamos en busca de refugio contra los chaparrones del poderoso caballero Don Dinero. Hoy el paraguas no existe, o se ha empequeñecido tanto que no es útil a casi nadie. Hemos de aprender a vivir sin paraguas. El trayecto hacia el progreso pasa hoy necesariamente por una nueva negociación, en nuevas condiciones, con nuevos contenidos. Una gran negociación que no es posible emprender desde la debilidad de los vértices, sino desde la fuerza consciente de las bases. Porque es fácil constatar que ha habido un cambio de bases, y eso es solo el principio, las cosas van a cambiar más aún.
Recordó Miquel una declaración de la actual ministra de Empleo y Seguridad Social – entre paréntesis, ya no hay un ministerio de Trabajo sino de Empleo; tampoco en Catalunya una conselleria de Treball, sino de Ocupació; las palabras nunca son neutrales –, doña Fátima Báñez, en el sentido de que temía más a los jueces que a los hombres de negro en el asunto de la reforma laboral. Va a resultar que la ministra tenía razón.
Desde su punto de vista, claro, no desde el nuestro.
 

martes, 3 de marzo de 2015

ESPAÑA ABSTRACTA


Hay un arte abstracto contrapuesto a otro figurativo. En el arte figurativo se distinguen, con más o menos precisión y realismo, personas, casas, montañas, prados, jarrones con flores, caballos, barcas varadas en la playa, y otras cosas semejantes. En el abstracto sólo hay manchas de color, crudas o dispuestas en gradaciones estudiadas.
Hoy los periódicos traen la noticia de que en el mes de febrero el desempleo disminuyó en España en 13.538 unidades, y se crearon en el mismo mes 96.909 empleos. Son las mejores cifras en mucho tiempo, nos dicen. Son, con todo, cifras abstractas, desprovistas de significado concreto, desligadas de toda intención figurativa.
Otras cifras con mayor vocación descriptiva colorean un paisaje humanizado en el que se intenta perfilar e individualizar distintas figuras: así el descenso continuado de las rentas procedentes del trabajo, hasta el 14,6% desde 1980. El reparto cada vez más desigual de la riqueza interior, de modo que el 5% de la ciudadanía acapara ya más de la cuarta parte del total. El repunte sensible de los accidentes laborales, incluidos los mortales, durante el pasado año, en la industria y la construcción. La persistencia e incluso el agravamiento del maltrato físico a las mujeres, al que debe añadirse otro machismo menos directo pero igualmente lesivo: la consideración de la mano de obra femenina como algo de menor “calidad” en el terreno laboral, de modo que a igual trabajo le corresponde un salario consistentemente disminuido. El rigor implacable de los desahucios, que prosiguen a un ritmo creciente con acompañamiento de policía antidisturbios y de actuación en tiempo real de las excavadoras: se destruye la vivienda al mismo tiempo que se expulsa al habitante. La estadística persistentemente ocultada de los suicidios, que también contribuyen a rebajar las cifras del desempleo pero se prestan mal a conclusiones triunfalistas.  
Para apreciar el colorido de todas esas cuestiones adyacentes, concretas, figurativas, hemos de remitirnos a los pinceles manejados por algunas organizaciones no gubernamentales, porque las gubernamentales están en otra labor: la de pintar una España abstracta que quede bonita colgada en la pared del recibidor de las viviendas de alto standing que se están poniendo a la disposición de inversores extranjeros cualificados.
Por el mismo proceso de abstracción de la realidad, el dinero ha dejado de ser hace mucho tiempo la unidad de medida de las cosas para convertirse en la cosa misma, en lo único que recibe la consideración de una existencia “real” y autónoma, más allá de las comparaciones y de las estadísticas. Tanto tienes, tanto vales. Un joven Carlos Marx señaló con agudeza en los Manuscritos de 1844 la siguiente consecuencia capital de ese hecho en las relaciones sociales: «Lo que me sirve de mediador para mi vida, me sirve de mediador también para la existencia de los otros hombres para mí; eso [el dinero] es para mí el otro hombre.» (Citado por Víctor Gómez Pin, Reducción y combate el animal humano, Ariel, p. 73).
El arte abstracto, traducido a las ciencias sociales, se llama cosificación. Y la cosificación es otro nombre de la deshumanización.
 

lunes, 2 de marzo de 2015

TARDOMARIANISMO


El debate del estado de la nación nos ha dejado la imagen de un Mariano Rajoy con las constantes vitales próximas a los mínimos de subsistencia. Aquella impenetrable coraza de cara dura con la que sobrenadaba el largo rosario de noticias diarias, monótonamente repetitivas, de corrupción en sus filas; aquella aguda visión de estadista, consistente en verlas venir sin mover un dedo; aquella inquebrantable impavidez con la que anunciaba en exclusiva la visión de brotes verdes y luces al final de los túneles, incluso en lo más recio de la tormenta financiera, todo pertenece ya al pasado. Incluso en la bonanza de las cifras estadísticas de la macroeconomía y al socaire de un poder judicial exquisitamente sensible a las indicaciones que destellan de los semáforos de la gobernanza de la nación, Mariano no ha tenido la capacidad de seguir siendo igual a sí mismo. Ha sido patético, para utilizar una expresión que él adjudicó a otro pero que, reflejada por un eco burlón, ha ido a recaer sobre su persona. Las pantallas de plasma y los medios informativos han registrado con fidelidad, junto a las huellas consabidas de su ADN peculiar, muchos pequeños signos premonitorios de decadencia, de fin de ciclo, de postrimería.
Como la historia tiende a repetirse en clave de comedia, las elites vicarias que rodean al poder abrigadas a su calorcillo, se hacen fotos de familia con sonrisas pascuales, mientras entre bambalinas todos riñen en sordina y se entretienen en zancadillas recíprocas. Los conspires se multiplican. Cada cual de entre los palmeros contumaces de Mariano busca asegurarse un lugar al sol en el previsible nuevo orden que sucedería a un cataclismo electoral. Y resurge de entre las sombras del pasado la figura del viejo caudillo lanzando mensajes crípticos con aires de pitonisa de Delfos, mientras un Bárcenas exclaustrado exhibe en Baqueira sus esquíes nuevos.
Hubo en tiempos un tardofranquismo lánguido como un atardecer de verano, y estamos ahora mismo en un tardomarianismo sincopado por la aceleración exponencial de los tiempos de la política. Entonces morían cuarenta años de régimen; ahora, tan solo cuatro. Cuatro, nada más. ¡Pero nos parecen tantos!
 

sábado, 28 de febrero de 2015

LA DEGRADACIÓN DE LA JUSTICIA


Hay indicios serios de que el gobierno del Partido Popular ha perdido el oremus. En varios terrenos, pero en particular en el de la justicia. Quizás impulsado por las encuestas que anuncian que la mayoría absoluta se le va por el desagüe y no regresará tal vez en décadas, ha optado por liarse la manta a la cabeza y hacer de su capa un sayo rebus sic stantibus, lo que en Román paladino quiere decir mientras pueda. Llegará sin duda el momento de rendir cuentas al país y a las diferentes instituciones internacionales acreditadas, porque el cartero siempre llama dos veces; pero de momento el jefe de la panda y sus acólitos se agitan en el delirio de la irresponsabilidad absoluta.
Hace tiempo ha decaído en el país el principio de la justicia universal. Se ha decidido no extraditar a Billy el Niño ni a otros ciudadanos (Utrera, Martín Villa) acusados más allá de nuestras fronteras de crímenes contra la humanidad perpetrados aquí. Oídos sordos a las reclamaciones. La ONU ha resuelto que procede indemnizar a una mujer cuya hija fue asesinada por un maltratador al que la justicia había concedido la tutela de la niña a pesar de una veintena de denuncias de la madre. No solo se hizo caso omiso de las denuncias, sino que no se movió un dedo para proteger a la menor. Sin embargo, el gobierno estima que no tiene por qué asumir las consecuencias de algo que ocurrió bajo un gobierno anterior.
No es la misma posición que adopta ese mismo gobierno cuando conmina a los colegas griegos de Syriza a respetar escrupulosamente los compromisos firmados por el gabinete que le precedió. ¿En qué quedamos? ¿Somos o no somos? ¿Acaso el PP considera que existen dos derechos internacionales, dos interpretaciones diferentes de las leyes y de los tratados, sujetas al superior “derecho natural” de la ley del embudo?
En la misma línea de irresponsabilidad se alinean las leyes groseramente interconectadas de la reforma laboral y de la reforma penal antiterrorista, más los parches que ahora se anuncian para remendar la vieja ley del aborto y la de la administración de la justicia, después del fiasco de la reforma estrella del ministerio Gallardón. Leyes incoherentes, chapuceras, susceptibles de interpretaciones restrictivas o amplias por la jurisprudencia, en función de los intereses creados en el caso concreto; leyes sin trasfondo ordenador de la convivencia ni más intención que la de sobrenadar a toda costa a las malas expectativas electorales.
Y como guinda de semejante comistrajo, el Consejo General del Poder Judicial decide suspender durante tres años al juez Vidal por haber redactado un proyecto de constitución para una hipotética Catalunya independiente. Se diría que aun tenemos que agradecer al CGPJ que no haya expulsado al juez de la carrera. Como si un disparate de menor cuantía excusara de no haber cometido otro más gordo. Como si la decisión de castigar con una pena templada, en lugar de otra más drástica, algo que no es delito ni falta siquiera, no revistiera por esa razón la misma gravedad, la gravedad insufrible que deriva siempre de una arbitrariedad cometida por quien tiene obligación de ser imparcial en su interpretación de la ley. Tenemos, al parecer, un poder judicial que no valora ni su independencia ni su coherencia interna, o que subordina ambas a la sintonía adecuada con el gobierno.
Pero la degradación de la justicia en un Estado sedicentemente democrático es una catástrofe que va mucho más allá de la vida y la muerte previsible de un gobierno determinado. Costará muchos años y muchos esfuerzos remontar las consecuencias directas y las secuelas indirectas de todas estas decisiones insensatas del gobierno vigente y de sus franquicias.
 

jueves, 26 de febrero de 2015

DIOS PADRE Y EL PROBLEMA DE LA FELICIDAD


No tengo intención de moverme ni un punto del respeto exquisito hacia las creencias y opiniones de los demás; ¿es demasiado tal vez pedir que ese respeto sea recíproco? La pregunta va dirigida a la Dirección General de Evaluación y Cooperación Territorial del Ministerio de Educación español.
Con la firma de dicha entidad ha aparecido en el BOE, el martes 24 de febrero de 2015, el programa de la asignatura de Religión que se impartirá en las aulas de nuestro país. No es un hecho nuevo, la religión ya se enseñaba así antes. Es, para caracterizarlo con exactitud, un hecho sintomático.
De lo que se habla no puede ser más importante. Se trata de la existencia de Dios y de su relación con el mundo en general y con la humanidad en particular. No cuestiono la legitimidad ni la sinceridad del sentimiento religioso, quiero aclararlo, pero encuentro una gran diferencia entre explicar un hecho problemático como problemático, a explicarlo como el último capítulo de un caso resuelto a satisfacción de todos por, digamos, Hércules Poirot. En el primer caso estaremos haciendo filosofía, teología si se quiere, pero teología seria. En el segundo, estaremos contando una novela que damos por supuesto que será aceptada con la fe del carbonero.
Me temo que esa seguirá siendo la intención de los cursos formativos de religión en España. Detallo como ejemplo de ese temor los cuatro criterios de evaluación que constan en el programa impreso en el BOE, relativos al bloque I (el sentido religioso del hombre).
 
«1. Identificar en la propia vida el deseo de ser feliz.»
 
Ninguna objeción.
 
«2. Reconocer la incapacidad de la persona para alcanzar por sí mismo la felicidad.»
 
Prescindamos del anacoluto, porque una persona debería ser capaz o no de alcanzar por sí “misma”, y no “mismo”, la felicidad u otra cosa cualquiera. (Los expertos en religión pueden no serlo en gramática.) Una cosa es en efecto el deseo genérico de ser feliz expresado en el punto 1, y otra muy distinta «alcanzar la felicidad», se supone que en el entorno intramundano. La expresión «por sí mismo» (misma) indica que la incapacidad que se ha de reconocer es individual de la persona; nada se dice de la posibilidad de una felicidad, o un bienestar, de carácter social o colectivo. Lo que se nos describe es una relación puramente individual entre el alma (la persona singular) y la eventual realización mundana para ella de algo que por lo demás ni se concreta ni se define.
 
«3. Apreciar la bondad de Dios Padre que ha creado al hombre con este deseo de felicidad.»
 
Aquí se dan por supuestas demasiadas cosas. Primera, que Dios Padre (atención, no se habla de un Creador genérico, sino del señalado por el misterio de la Trinidad. Nuestra clase de religión no sirve a partir de aquí para un hindú, para un animista, para un judío) ha sido quien ha creado al hombre (y a la mujer, admitámoslo. Si antes hablábamos de persona y luego hablaremos de humanidad, ¿es de recibo esta fórmula de género?). Segunda, que el deseo de felicidad ha sido incluido por el diseñador Dios Padre en el “equipamiento de serie” para el hombre y/o la mujer en su caso. Tercera, que ese acto discrecional del Ser divino supone una «bondad» digna de gratitud, a pesar de que en el punto anterior se ha dado por sentado que la realización intramundana del deseo innato de felicidad es imposible por «incapacidad» de la persona. Es decir, que en el “equipamiento de serie” de la persona humana, el diseñador ha puesto al mismo tiempo el deseo de ser feliz y la incapacidad de serlo. ¿Dónde está la bondad, entonces? Las opciones son dos, y disculpen los creyentes la irreverencia: o debemos atribuir al Gran Diseñador una incompetencia total, o bien un cierto sadismo.
 
4. Entender el Paraíso como expresión de la amistad de Dios con la humanidad.
 
Tableau. Aparecen de pronto dos conceptos no mencionados hasta el momento. El paraíso sale de la chistera en el momento oportuno, como un (nunca mejor dicho) Deus ex machina. Pero su existencia, que se da de forma gratuita como segura, no resuelve las cuestiones anteriores. Por lo que respecta a la «humanidad», tampoco tenida en cuenta antes, sugiere la posibilidad de un tipo distinto de problemas relacionados con la dimensión social de los hombres y las mujeres; pero ese camino no se explora.
Ciñéndonos entonces a la cuestión estricta que es objeto de la asignatura, el sentido religioso de la persona concebida en su individualidad, el problema no resuelto es, ¿por qué imbuir en ella un deseo de felicidad mundana cuando su realización se ha de diferir obligadamente hasta una existencia extramundana posterior, y además con el carácter de un premio para los mejores, mientras a los demás se les reserva una eternidad de llanto y crujir de dientes? ¿Por qué existe en el mundo, en la “creación”, el llamado “problema del mal”, el sufrimiento, la enfermedad, la injusticia, la opresión? ¿Cabe llamar a eso «amistad» de Dios con la humanidad, y por qué? ¿Cabe hablar, siquiera y en cualquier caso, de amistad entre seres tan desiguales? Son cuestiones muy debatidas en la historia de las religiones, pero nada se dice en el programa sobre ellas.
 
Hay en la religión, tal como se predica por la clerecía y tal como se percibe por la ciudadanía, la sombra de una ficción consensuada. Todos sabemos que las cosas no son así, no pueden ser así de ninguna manera, pero entre todos hacemos un esfuerzo para comportarnos como si lo fueran, como si todo estuviera en orden y bajo control.
Desde el respeto a todas las opiniones la pregunta, dirigida a todos pero de forma muy expresa a los católicos, es la siguiente: ¿es adecuado incluir este tipo de ficciones sociales en un programa educativo?


Postdata.- Mi última pregunta ha tenido rápida respuesta en las declaraciones del portavoz de la Conferencia Episcopal Española, José María Gil Tamayo, que he leído en la prensa digital apenas una hora después de colgada esta entrada. En apretada síntesis, el reverendo ha formulado una defensa cerrada de los dogmas, ha culpado al gobierno popular de ¡laicismo!, y se ha ratificado en el adoctrinamiento y la catequesis como base de la asignatura de religión. De religión católica y ninguna otra, por supuesto. Sin comentarios.

 

miércoles, 25 de febrero de 2015

LIBERTAD Y PROYECTO


La libertad no es una calidad que nos viene dada “de origen”, no es algo dado de lo que podemos hacer en todo momento un uso indiscriminado. Nuestra vida, la vida de todos, está llena de condicionamientos de diferentes tipos, y en consecuencia el ejercicio de la libertad implica un esfuerzo consciente por abolir esos condicionamientos. Un proyecto.
Ese proyecto tendrá características individuales en algunos aspectos, y en otros su carácter será eminentemente colectivo, social. Por ejemplo, la lucha por cambiar unas condiciones de trabajo degradantes y deshumanizadoras que imponen una sujeción ilimitada a la voluntad e incluso al capricho de otras personas, requiere un proyecto colectivo de dignificación, de liberación, en el que coincidan y aúnen sus voluntades un gran número de personas individuales.
En la medida en que anteponemos esos objetivos del espíritu a toda otra consideración, escrúpulo o miedo, estamos de alguna manera contribuyendo ya a la libertad a la que aspiramos. «Pues la libertad», dice Víctor Gómez Pin, «no se alcanza en lo instantáneo de “un pistoletazo”, sino en la constancia de una permanente creación. De alguna manera la lucha por la libertad confiere ya libertad. […] No es algo dado y ni siquiera algo que una vez alcanzado perdura, sino algo en pos de lo que el hombre se esfuerza, y que a veces parece una promesa permanentemente diferida.» (“Reducción y combate del animal humano”, Ariel 2014.)
Esa peculiar naturaleza de la libertad, que siempre se nos hurta y nos reclama un paso más, una exigencia más depurada, explica la razón por la que tantas personas han arriesgado y perdido su libertad física en la busca de una libertad más plena. El anhelo de libertad es el de un mundo distinto, más humano, más armonioso que el mundo degradado que se ofrece a nuestra experiencia. Por esa razón, “estar” en el mundo, amoldarse a él, subsistir sin un horizonte, resulta para muchos de nosotros profundamente insatisfactorio. La libertad depende siempre de un proyecto, solo se realiza en el seno de un proyecto de cambio.
 

martes, 24 de febrero de 2015

SI AYUDAS A TSIPRAS


Tsipras te ayudará, Fabio. Puedes considerarlo un axioma científico riguroso o bien un consejo de manual de autoayuda. Como prefieras. Lo importante, Fabio, es que tomes buena nota del sesgo general de los acontecimientos, de los datos que sí importan, en medio de la tormenta perfecta de datos insignificantes con la que nos bombardean los observatorios de opinión del establishment. Sigues empecinado en contar y recontar los porcentajes hipotéticos de apoyo a tu opción política en las encuestas, las alianzas posibles y las imposibles, los eventuales quiebros de programa precisos para coser con dos hilvanes apresurados una alianza capaz de forzar el descarrilamiento de Mariano Rajoy y sus franquicias.
Pero detrás de Mariano Rajoy están Merkel y Schäuble, están el neoliberalismo de Estado, la democracia entre paréntesis, el gobierno contra el pueblo y sin el pueblo. Lo que se disponen a hacer ahora con Tsipras, es lo mismo que harán luego contigo, Fabio. Si obligan a Tsipras a pasar por el aro, por ese mismo aro habrás de pasar tú. Siga o no siga Rajoy. Incluso con Pablo Iglesias al frente del cotarro.
Estamos inmersos en una batalla global, y sigues pensando en el “campanario”, expresión didáctica que emplea con frecuencia mi amigo López Bulla. O parafraseando a otro buen amigo, Paco Puerto, nos pasan delante de las narices fajos de billetes de 500 euros y tú sigues contando la calderilla.
Lo más urgente hoy, Fabio, yo diría que es atender a lo que ocurre entre Grecia y el Eurogrupo, estar pendientes de la negociación y eventualmente convocar actos solidarios, manifiestos, firmas, concentraciones, indignación de calle, para propiciar una solución más favorable a la democracia y menos favorable a la gobernanza instalada; más favorable al pueblo, a los pueblos, y menos favorable al dinero.
Mientras tanto algunas gigolettes de nuestra izquierda asentada truenan contra Tsipras por machista: ocho ministros varones y ni una sola mujer. Pues qué bien. Me recuerdan a los ecologistas que defienden los derechos de los animales de compañía y se desentienden de los de sus humanos acompañados. Colocar la corrección política por delante de los problemas de fondo es condenarse a visitar el limbo. No son los equilibrios de género lo que garantiza el resultado de una iniciativa política, al fin y al cabo varones y mujeres son iguales también en su estupidez previsible. Como cantó Georges Brassens, quand on est con, on est con.
Ten todo esto en cuenta, Fabio amigo.
 

sábado, 21 de febrero de 2015

TODOS A UNA


Suena maravillosamente la lista encabezada por Ada Colau que la candidatura “Barcelona en comú” (antes “Guanyem Barcelona”; una zancadilla burocrática ha obligado a un cambio de nombre, pero el señor Fernández Díaz, baranda de las covachuelas del ramo de Interior, aún no se ha enterado de que en estas cuestiones el nombre es lo de menos) llevará a la votación de las bases. Ha habido una verdadera puesta en común de intenciones, proyectos, iniciativas y trayectorias diversas. Hay nombres. Hay ganas de trabajar. Todos a una, como en Fuenteovejuna.
El proceso puede marcar una pauta a seguir en otras realidades, próximas y menos próximas. Cuando se da una convergencia firme de sensibilidades diferenciadas, la última preocupación de cada una de ellas ha de ser que su propia personalidad quede diluida en el proceso, o que su color no aparezca con claridad suficiente en el resultado final. Aparecerá. Todo suma, todo cuenta. Y el objetivo final de tanto esfuerzo y tanta renuncia personal consiste nada menos que en sacudir hasta resquebrajarlos los cimientos de un sistema corrompido y tergiversador de la voluntad y de la soberanía popular.
En ese proceso no vale la distinción entre derechas e izquierdas. (Respiren hondo, cuenten hasta tres. Ahora me explico.) Lo que importa en primer término es la visión del país como totalidad. Izquierda y derecha son, a fin de cuentas, posiciones topográficas para un debate parlamentario, y de lo que se trata ahora es de otra cosa. La apuesta es más alta. Nos encontramos en una emergencia, en una situación de excepción. Lo que se está intentando, desde el proceso colectivo de una gran originalidad que se ha emprendido a partir de distintos epicentros de gravedad, es llevar a cabo una «reforma intelectual y moral», con profundas repercusiones en todos los órdenes de la vida. He entrecomillado una expresión que fue acuñada por Antonio Gramsci desde la cárcel. Él lo expresó así: «En Italia no ha habido nunca una reforma intelectual y moral que implique a las masas populares. […] Por eso el materialismo histórico tendrá, o podrá tener, esta función no solo totalitaria como concepción del mundo, sino totalitaria en la medida en que abarcará a toda la sociedad, hasta sus raíces más profundas.»
La cita es literal. A efectos de lo que hablamos, en lugar de Italia habrá que poner España (o incluso Europa), y en cuanto al término “totalitario”, conviene recordar que, en la época en que fueron escritas esas líneas, no tenía las connotaciones aborrecibles que hoy se le han adherido. Lo que Gramsci quiso decir es que una reforma de tanta envergadura va mucho más allá de las vanguardias, de las instituciones de que se dota en cada momento el sujeto protagonista del cambio, y por supuesto del estamento político en su conjunto; porque afectan a todos, independientemente de la posición que ocupen en el tablero. Literalmente, afectan «a toda la sociedad, hasta sus raíces más profundas.»
 

viernes, 20 de febrero de 2015

LA PIEDRA ES UNA ESPALDA PARA LLEVAR EL TIEMPO


Ayer el filósofo Víctor Gómez Pin y el sindicalista José Luis López Bulla nos convocaron, a unos cuantos privilegiados que les oíamos en el Speaker’s Corner del Museu d’Història (echaremos de menos ese rincón de libre debate), a la «resistencia obligada» contra el programa de deshumanización que están desarrollando los poderosos de la tierra en una doble dirección: primero, desnaturalizan el trabajo hasta convertirlo en un bien escaso y precario dirigido únicamente a cubrir las necesidades de subsistencia de los trabajadores; segundo, mutilan la educación para convertirla en un adiestramiento parcial con fines limitados de orden práctico. Es decir, la educación de los «animales de razón» (las personas) se concibe como un medio de adaptación al ciclo productivo, desdeñando lo que en tiempos se llamó “humanidades” y cualquier otra materia susceptible de distraer al futuro productor de su obligación esclava.
Quizá viene bien recordar al respecto el énfasis puesto por Bruno Trentin en la formación integral del trabajador, sin condicionamientos ni límites. Si lo que desea el obrero es estudiar el violonchelo, dice Trentin, debe dársele tiempo para tomar clases de violonchelo. Porque lo específicamente humano es la curiosidad, el deseo de aprender y la libertad para llevar a cabo un proyecto personal; y lo que desean los poderosos, por el contrario, son animales más o menos desprovistos de razón y adiestrados para llevar a cabo con eficiencia una tarea concreta y limitada.
Dejo a la web del sindicato el cuidado de informar de lo que fue la charla. Me detengo solo en uno de tantos chispazos cegadores como provocó el maestro, el amigo Víctor, en su discurso. Habló del lenguaje y de la evolución del lenguaje, desde lo puramente funcional hasta lo que es enteramente otra cosa. Desde el punto de vista funcional, es difícil de superar el muy complejo y elaborado sistema de comunicación de las abejas. Las abejas bailan. Pero ese baile tiene un techo: nunca rebasa las finalidades prácticas para la vida y la supervivencia del enjambre. Los animales humanos han desarrollado varios cientos o miles de lenguajes, todos ellos también complejos y funcionales. Y los han llevado más allá. He aquí el ejemplo que nos puso para demostrarlo: «La piedra es una espalda para llevar al tiempo.»
No hay funcionalidad capaz de dar sentido a esa frase, que pertenece al Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, de Federico García Lorca. Descoloca por completo al lector, lo sitúa en una encrucijada que le obliga a intentar racionalizar sentimientos (realidades) irracionales. Es una cumbre, en un sentido: un Everest que pocos alpinistas pueden conquistar.
Demos un par de pasos atrás. Otros grandes poetas han expresado su dolor, su planto por la muerte de un amigo querido, el rechazo visceral de algo que es, sin embargo, una realidad inscrita en nuestra naturaleza. Morir es, como vivir, algo plena y profundamente humano.
Así se expresa Jorge Manrique en el duelo por la muerte de su padre: «Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir.» Una imagen clara y comprensible nos traslada una verdad de orden moral. Lo mismo hace Miguel Hernández en la Elegía por Ramón Sijé, con algo más de complicación: «Yo quiero ser llorando el hortelano / de la tierra que ocupas y estercolas, / compañero del alma, tan temprano.» Pero lo que hace Federico va más allá, hasta un punto inesperado. Después de los redobles fúnebres, repetitivos, de la primera parte del poema (“La cogida y la muerte”), «A las cinco de la tarde…», y de la segunda (“La sangre derramada”), «¡Que no quiero verla!», la tercera parte (“Cuerpo presente”) empieza como sigue:
La piedra es una frente donde los sueños gimen
Sin tener agua curva ni cipreses helados.

La piedra es una espalda para llevar al tiempo

Con árboles de lágrimas y cintas y planetas.

La cosa sigue por el mismo tenor, y el lector no tiene literalmente dónde agarrarse hasta el inicio de la cuarta estrofa: «Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido. Ya se acabó…» A partir de ese momento el poema se reconduce hacia los esquemas de Manrique o de Hernández: el rechazo telúrico de lo inevitable, el río de la vida, la tierra abonada por la carne y regada por las lágrimas. La imagen de la espalda de piedra regresará brevemente en la cuarta parte del poema (“Alma ausente”): «No te conoce el lomo de la piedra…»
Valga el ejemplo como indicación de aquello que es precisa, específicamente humano: el dominio sobre la materia, sea esta la naturaleza o el lenguaje. Dominio, además, transmutado en maestría, es decir, en algo que se da de buen grado y se comparte graciosamente con otros.
Esa es la mejor definición posible de cultura. En los versos de Federico hay cultura porque hay elaboración y recomposición de otras voces anteriores, hay conciencia de un límite que se tantea y de un camino para rebasarlo. No quedan en el poema residuos funcionales del lenguaje como recurso práctico y rutinario, al contrario, se desafía abiertamente la comprensión lógica.
De la misma forma, una evolución ambiciosa en el universo del trabajo, guiada por la lucha contra corriente de tantas dificultades puestas y sobrepuestas, podría elevarnos algún día desde el terreno angosto de la necesidad a la esfera de la libertad.
 

miércoles, 18 de febrero de 2015

LA TÉCNICA DE HINCHAR EL PERRO


El País, primer periódico global signifique ello lo que signifique, ha desvelado un “escándalo” en las cuentas de la Federación de Banca de CC.OO. “Delegados” del sindicato cobraban jugosos “sobresueldos”. Solo que no se trataba de delegados, sino de dirigentes, y tampoco de sobresueldos, sino de complementos salariales por gastos de viaje. Se hace cruces el articulista de que la mayor parte de esos gastos de viaje, justificados, pormenorizados y reflejados de forma transparente en la contabilidad, consistan en facturas de hoteles y de restaurantes y gastos de preparación de congresos. Hombre, lo raro sería otra cosa
Queda por ver si todo ese revuelo mediático es fruto de la incompetencia de un articulista (incompetencia, haberla, hayla) o se inscribe en una línea editorial determinada. En mis tiempos se ensayó la creación de unos consejos de redacción que tenían voz (no voto) sobre los asuntos que concernían a la línea editorial del periódico. Hace mucho que ese “trámite” se ha obviado y todo se deja a la discreción suprema del “señorito”, como se llamaba entonces y seguramente se sigue llamando hoy al director.
Hay muchas maneras de denominar lo que el “señorito” de El País está haciendo con el sindicato de CC.OO. Una metáfora deportiva adecuada al asunto sería la de “jugar al límite”. Para quien no lo sepa, consiste en dar patadas en la espinilla al contrario, y mientras se retuerce en el suelo protestar al árbitro: «Comedia, apenas si lo he tocao.» Si cuela, cuela.
Ocurre que los golpes siempre recaen sobre los mismos. Gabriel Celaya dejó escrito, y Paco Ibáñez lo cantó con su voz rota: «porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir qué somos quién somos…» Citar en relación con las CC.OO. actuales esos versos escritos bajo el franquismo puede parecer exagerado y victimista, pero hoy mismo nos movilizamos muchos para que el derecho de huelga no nos lo conviertan en delito de huelga. Sin que El País se rasgue las vestiduras por ello.
Vivimos a golpes.
Otra manera menos dramática de describir lo que ha hecho el articulista de El País, con o sin órdenes de arriba, es la de pintar una gallina como si fuera un pavo real (“un ave noble, de andares majestuosos, de brillante y colorido plumaje”, etc.). O bien, hinchar el perro. No menosprecien ustedes la dificultad del asunto. Cervantes cuenta en el Prólogo a la segunda parte del Quijote el caso de un loco de Sevilla que «hizo un cañuto de caña, puntiagudo en el fin, y en cogiendo algún perro en la calle, con el un pie le cogía el suyo y el otro le alzaba con la mano, y como mejor podía le acomodaba el cañuto en la parte que, soplándole, le ponía redondo como una pelota, y en teniéndolo desta suerte le daba dos palmaditas en la barriga y le soltaba, diciendo a los circunstantes (que siempre eran muchos): “¿Pensarán vuesas mercedes ahora que es poco trabajo hinchar un perro?»
De acuerdo, con solo una objeción. Hay que hacerlo con gracia.
 

martes, 17 de febrero de 2015

VAROUFAKIS: "APLASTAREMOS A LAS MAFIAS"


Entrevista con el ministro griego de Finanzas Yannis Varoufakis

Por Marc Goergen y Andreas Hoffmann

 

Señor Varoufakis, ¿le deja tiempo esta febril diplomacia itinerante para reflexionar sobre su trabajo?
Desearía disponer de más tiempo. Somos un gobierno sin experiencia, y nos ha faltado tiempo para familiarizarnos con el trabajo de nuestros ministerios. En rigor, necesitaríamos algunas semanas para deliberar y diseñar nuestro programa, pero nos está apuntando el cañón de una pistola. Las carreras precipitadas de una reunión a la siguiente, después de noches en blanco, son la muestra de la severidad con que la crisis ha socavado la integridad, el alma incluso de Europa.
¿Funciona la política de la manera que usted esperaba? 
Por desgracia en el caso de Europa, sí, funciona así. Nunca tuve unas expectativas muy altas en relación con el proceso político. Salté al ruedo porque me horroriza el estado actual de la democracia europea. Si existe un déficit en esta Europa nuestra, es la falta de democracia. Estamos convirtiendo las instituciones que toman decisiones que afectan a la vida de la gente en zonas carentes de democracia. Y eso beneficia a las fuerzas oscuras que buscan socavar la democracia y los derechos humanos.
Como ministro de Finanzas, una sola palabra suya es suficiente para hacer temblar a los mercados. ¿Qué se siente en esa situación? 
Yo no poseo ese poder. Hablando más en general, el poder es algo que no deseo. Puede sonar hipócrita, pero lo digo con toda sinceridad. Y lo mismo vale para muchos miembros de nuestro gabinete. Preferirían vivir en la oposición, después de todo resulta bastante cómodo ser una minoría de izquierdas. (Ríe).
Entonces, ¿por qué aceptó el cargo? 
Me había pasado cinco años criticando a los poderes establecidos que sostienen que no hay alternativa a la línea que estamos siguiendo. Y entonces, un día un joven llamado Alexis Tsipras me preguntó: 'Si llegamos al poder, ¿estás dispuesto a intentar desarrollar tus ideas?' En momentos así tienes que apostar todo tu capital por lo que estás predicando. No es cuestión de si quieres o no hacerlo, es más bien como el imperativo categórico de Immanuel Kant. Lo haces porque es lo que debes hacer.
Es usted un académico y un profesor. ¿Qué le hace pensar que está preparado para desempeñar la tarea de un político? 
Absolutamente nada. No tengo ni idea de si podré estar a la altura de mi trabajo. Procuro hacerlo lo mejor que sé, pero eso no quiere decir necesariamente que vaya a tener éxito. Si estuviera seguro sería un idiota o un mentiroso, y no soy ninguna de las dos cosas. Todo lo que puedo hacer es trabajar día a día, y después ya veremos.
Da usted la impresión de cambiar de opiniones con mucha frecuencia: a veces pide ayuda a Rusia, y otras veces la rechaza …
No es así. Siempre he sido muy claro en mis propósitos.
A veces quiere una rebaja de la deuda, y a veces no. 
No, no. Llevo años diciendo lo mismo: una deuda no sostenible no puede ser pagada, lo cual conduce automáticamente a una rebaja. Hay muchas maneras de decirlo, y las lenguas alemana y griega son particularmente ricas al respecto. La cuestión de fondo, sin embargo, es la imposibilidad de pagar la deuda griega en un plazo corto. En 2010, conseguimos una nueva moratoria para el pago de la deuda. En ese momento Grecia estaba en bancarrota, pero los europeos fingieron que no era así. Sobre los contribuyentes griegos cayó la pesada carga de las pérdidas de los bancos como consecuencia del rescate, y después esa carga se traspasó a Bruselas, Berlín y Frankfurt. Fue un caso de cinismo. El préstamo europeo no tuvo nada de solidaridad. El dinero fue a parar a los bancos. Pero ahora queremos cambiar eso. Queremos minimizar los costos para los contribuyentes, tanto en Grecia como en Europa.
¿Qué espera de Angela Merkel y de Wolfgang Schäuble? 
Angela Merkel es de lejos la política más astuta de Europa. No hay duda posible. Y Wolfgang Schäuble, su ministro de Finanzas, es tal vez el político europeo de mayor altura intelectual. Es un hombre genuinamente comprometido con Europa y un federalista convencido.
En una ocasión acusó usted a Angela Merkel de "pensamiento mágico".
¿Cuándo fue eso?
Hace dos años. 
Dos años es mucho tiempo en política europea. Pero creo que el factor clave es cómo vamos a conseguir salir de esta crisis. En aquella época, la administración estadounidense de Barack Obama practicaba una política fiscal expansionista, y la Reserva Federal ensayaba una política monetaria también expansionista. En Gran Bretaña probaron un poco de contracción fiscal combinada con una expansión en el terreno monetario. En Europa se recetaba contracción y contracción. Nunca funcionó, y no hay ejemplos que respalden la receta en la historia ni en la teoría económica. Creer en eso es pensamiento mágico.
Entonces todo va a ir bien si acabamos con la austeridad. Si es tan sencillo, ¿por qué nadie más en Europa defiende esa solución? 
Estamos ante un problema político. Necesitamos más discusión y más coordinación. Muchos políticos de Europa están demasiado asustados para salirse del rebaño.
Las naciones atienden a sus propios intereses. 
Y lo que consiguen es exactamente lo contrario. Podrían crear un equilibrio de intereses, pero lo que hay en definitiva es un equilibrio de terror que puede conducirnos a una gran depresión, como ocurrió en los años treinta. O bien a un período de deflación como el que estamos sufriendo ahora en Europa. Tenemos una carga pesada de deuda en Europa, y sin embargo hay miles de millones de euros inmovilizados y ociosos en el sector financiero de Frankfurt. Todo el mundo piensa ‘que inviertan otros’, y en definitiva lo que ocurre es que nadie invierte. Esa situación solo podrá superarse si ponemos en marcha un New Deal como hicieron los Estados Unidos en los años treinta: el gobierno movilizó el ahorro ocioso y lo invirtió. Cuando la gente vio que se construían casas y autopistas, y los trabajadores tuvieron dinero que gastar, también ellos empezaron a invertir.
Así pues los alemanes deberían pensar más en el beneficio de Europa y menos en atender a sus intereses particulares.
Creo que los alemanes son muy buenos europeos, mejores incluso que los franceses o los griegos. Muchos alemanes ven en Europa el medio de escapar del Estado nación. Es una de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Pero señalar con el dedo a otros me parece un ejercicio muy estúpido. Por el contrario, deberíamos superar la costumbre de pensar en términos de nación. Deberíamos estar pensando como europeos.
Usted también se vio afectado personalmente por la crisis y marchó de Grecia hace dos años para enseñar en la Universidad de Texas. 
No pude continuar mi trabajo en la universidad porque se suprimieron los fondos de la facultad. Cuando fui nombrado ministro de Finanzas, algunas personas me dijeron: Puedes considerarte afortunado. Si esto sale mal siempre puedes subirte a un avión y volar de vuelta a Texas. Pero no es eso lo que quiero. Dimití de mi puesto en Austin, y mientras hablamos mi esposa se está ocupando de empaquetar todas nuestras pertenencias para dejar el piso que tenemos allí.
Dicen que recibió usted amenazas de muerte. 
Eso ocurrió en 2011.
¿Por qué? 
En esa época colaboraba con algunos periodistas que investigaban varios escándalos bancarios. Una noche, me llamaron por teléfono y un desconocido me preguntó si mi hijo había vuelto ya a casa. Luego describió el camino que había seguido mi hijo y añadió: si desea verle llegar sano y salvo en el futuro, deje de investigar asuntos de bancos. Ha sido otra razón por la que nos hemos ido de Texas.
¿Quién estaba detrás de esas amenazas? 
No lo sé. No me asusté por mí mismo, pero cuando el objetivo de las amenazas es tu hijo, tienes la obligación moral de tomarlo en cuenta.
Los bancos de Grecia forman parte de una elite de super-ricos que se han beneficiado de la crisis. 
Sí, pero los aplastaremos.
¿Cómo? 
Aún no lo sé, pero los pararemos. Necesitamos la ayuda de los alemanes. Somos el primer gobierno griego realmente dispuesto a acabar con las mafias de nuestro país.
Pero Grecia ni siquiera ha conseguido aún montar una administración fiscal eficiente. 
El gobierno anterior solo simulaba interesarse en las reformas. Mire las leyes fiscales. Cobraban tasas de personas exentas de tributación. Es como preguntar a los pavos si desean que les corten el pescuezo por Navidad.
¿Cómo piensa cambiar esa situación?
Ahora contamos con una base de datos muy buena y sabemos con exactitud cuánto capital se está evadiendo de Grecia y depositándose en cuentas en Europa o en otras partes del mundo. Por lo menos es lo que me dice la gente de mi departamento. Sabría las cifras exactas si no me viese obligado a viajar por toda Europa suplicando un poco más de espacio para respirar. Conocemos  casos de personas que han transferido mil quinientos millones de euros a cuentas extranjeras el año pasado y que en los últimos 20 años solo han cotizado a Hacienda 5000 euros anuales. ¿Cómo puede ser? Esas listas existían, pero nunca fueron utilizadas.
¿Se refiere usted a los datos de la lista que Christine Lagarde, la directora gerente del Fondo Monetario internacional, envió a Atenas?
La lista Lagarde solo se refería a un banco. Tenemos una lista de todos los bancos y de todas las transferencias. Pero la gente de mi departamento me dice que autoridades del más alto nivel les prohibieron taxativamente perseguir esos casos.
Cultiva usted una imagen opuesta al arquetipo del político. Vuela en clase económica y conduce una motocicleta. ¿Intenta distanciarse con ese simbolismo de los problemas actuales? 
No tiene nada que ver con el simbolismo. Hace unos días, en Roma, nos acompañó una escolta policial. Me puso enfermo, ¡ni siquiera llegábamos tarde! Todavía faltaba una hora para la reunión con el ministro de Finanzas italiano. La idea de que somos personas especiales y de que hay que interrumpir el tráfico para dejarnos pasar, me provoca infelicidad. Quiero seguir viviendo mi propia vida. Quiero conducir mi moto y volver caminando a casa si me apetece. ¿Debo ser infeliz por el hecho de que soy un ministro? Hay gente que me pregunta por qué me visto así. ¡Siempre me he vestido así! ¿Por qué tendría que cambiar?
En sus primeros días como ministro de Finanzas, casi siempre lo veíamos vestido con una cazadora de cuero. Ahora ya no. ¿Por qué? 
Si estuviéramos en Grecia, todavía la llevaría. No me he puesto una corbata en mi vida. Ni siquiera cuando me invitaron a dar un discurso en la Cámara de los Lores. ¿He de empezar a llevar corbata solo por ser un ministro del gobierno? Si vistes a alguien de romano, se sentirá incómodo y empezará a pensar de otra manera. No quiero sentirme incómodo, y desde luego no tengo intención de empezar a pensar de otra manera.
Hace algún tiempo, mencionó usted en su blog que no quiere convertirse en un político. ¿Por qué? 
Tengo en muy alta estima los debates y la dialéctica socrática. El único objeto válido de una discusión es aprender cada uno del otro. Pero mire los debates de los políticos en el parlamento o en la televisión: su propósito es aniquilar y destruir a sus oponentes. Si me comporto así, alguien acabará por pegarme un tiro.
 

(Publicado en Stern, 12 febrero 2015. Por la traducción, Paco Rodríguez de Lecea)