martes, 12 de enero de 2016

ESTADO DE DERECHO PARA SEGÚN QUIÉN


«El Estado de derecho no está en funciones.» Altivas, las palabras dirigidas por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría al flamante president catalán Carles Puigdemont, que sin embargo se han visto desmentidas de inmediato por los esfuerzos ímprobos de la fiscalía y la abogacía del Estado para “desinculpar” a la infanta Cristina de Borbón y Grecia de sus potenciales responsabilidades en una estafa millonaria de caudales públicos.
La primera norma definidora del Estado de derecho, la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, es abiertamente ignorada o, peor aún, retorcida, por la acusación pública en el caso Nóos. Se trae a cuento a propósito de la infanta un recurso leguleyo, la llamada “doctrina Botín”, puesto en pie en 2007 para darle otro tantarantán a la igualdad de los españoles ante la justicia, en aquel caso en beneficio de un banquero. La “doctrina Botín” fue de inmediato desactivada cuando intentó esgrimirla en su favor Juan María Atutxa, el cual era ante la ley igual que Emilio Botín, sin duda, pero quizás no “tan” igual. A Atutxa no se le aplicó la doctrina.
Ahora sin embargo el mismo recurso arbitrado con fecha de caducidad para exculpar a una persona singular, se quiere resucitar, en un alarde de casuística que asombraría a los mismos jesuitas. Dice la abogada del Estado que la afirmación «Hacienda somos todos» es nada más un eslogan publicitario. Bueno, pues por esa vía de agua está mandando al garete todo el Estado de derecho. Si cabe la acepción de personas en cosas tales como la deuda tributaria, no hay más que discutir, no estamos en el territorio de Solón o de Ulpiano, sino en el del Chapo Guzmán.
Por fortuna el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha venido a poner las cosas en su punto y ha aclarado las palabras de Santamaría, al recordar a todos que la Guardia civil es un instrumento de defensa del ordenamiento jurídico y de la Constitución cuyas funciones no están limitadas en periodos de interinidad. Acabáramos. No es el Estado de derecho, entonces, sino los aparatos de Estado. Hacía falta esa explicación crucial.
En 1516 el cardenal Cisneros asumió la regencia de España en tanto llegaba desde Flandes el nuevo rey legítimo, un mozancón imberbe que ni siquiera hablaba castellano. El cardenal debió de tomarle gusto al bastón de mando, de modo que cuando alguien le preguntó qué poder respaldaba alguna decisión suya controvertida, lo llevó a la ventana y le enseñó el escuadrón de artillería formado en el patio de armas, con los instrumentos de su oficio (los cañones) bien a la vista. «Estos son mis poderes», dicen que dijo el estadista, en lugar de dedicarse a marear la perdiz con el Estado de derecho y el mando en funciones.
Así todos nos entendemos. Por lo menos, los ciudadanos de a pie, catalanes o vascos o lo que sea cada cual. En cambio, cuando nuestras autoridades han de tratar con banqueros o con infantas, pueden poner en funcionamiento las consabidas disquisiciones casuísticas y alargar la frase de Cisneros, adaptando para ello la coletilla de Groucho Marx: «Estos son mis poderes, pero si no les gustan, no se preocupen: tenemos otros.»
 
Posdata.- A punto de colgar este post, me llega un recordatorio en vivo de la ruina real de las instituciones del Estado de derecho en nuestro país. El 9 de febrero se iniciará en Getafe el juicio contra ocho miembros del comité de empresa de Airbus, por “delitos” conectados con el ejercicio del derecho de huelga. Antonio Baylos propone el borrador de un manifiesto contra la criminalización de unos derechos reconocidos por la constitución. Suscribo hasta la última coma la iniciativa, y le doy publicidad desde aquí por si a algún despistado no le había llegado aún la onda. Ver http://lopezbulla.blogspot.com.es/2016/01/contra-la-criminalizacion-del-derecho.html

 

domingo, 10 de enero de 2016

PALINODIA


El pescado remanente en el mostrador de la lonja encontró comprador en el tramo final de la subasta, a pesar de su olor no precisamente de ámbar. Digamos que este era uno de los escenarios previsibles. El más previsible quizá, dado lo aleatorio de otros escenarios alternativos. Ninguna sorpresa, pues. No es un dato desdeñable, sin embargo, que Artur Mas, el gran conducator del procès, el Palinuro que había de empuñar el timón de la nave para evitar los escollos previsibles en el viaje a Ítaca, se haya visto obligado a dar un paso al lado. El paso es corto, según lo estipulado en la letra de los tratados redactados a toda prisa: él encabezará la renovación de su grupo político, él asesorará de forma permanente al president bisoño, y él supervisará muy de cerca la buena conducta de los cupaires redimidos en el seno de unas instituciones que no les merecen. Sigue vigente su calidad de macho alfa, imprescindible para la salud de la grey, y se postula su omnipresencia en la dirección de las operaciones que deberán llevarse a cabo según una nueva hoja de ruta por acordar.
Así se estipula en la letra de los tratados convenientemente firmados y rubricados en las cancillerías o similares. Va una gran diferencia, sin embargo, entre ser la cabeza visible del procès, su mascarón de proa, o ser su eminencia gris; característica imprescindible de una eminencia gris es permanecer siempre en la sombra, según se desprende de toda la literatura acumulada sobre el tema. La sombra podría ser considerablemente alargada para Mas, en más de un sentido. Y dada la humedad reinante en los archivos de las cancillerías o similares, la letra de los tratados, por mucho que se escriba con tinta indeleble, tiende a convertirse con rapidez en papel mojado.
Sea de ello lo que fuere, vuelve a montarse el viejo tinglado de la antigua farsa. Se han repintado a conciencia las tablas carcomidas del teatrillo, se han sacudido los tapices polvorientos, se han combinado nuevos efectos de luz y han avanzado hacia la línea de candilejas nuevos comparsas, antes semiocultos entre las sombras del fondo del escenario. Vuelve a representarse la ilusión, en los dos sentidos de la palabra.
Todo se ha diseñado con cierto apresuramiento y en condiciones más bien precarias, con una consistencia a medio plazo más presumida que comprobada, como le ocurría al baciyelmo de Mambrino fabricado artesanalmente por Don Quijote. Comparece Carles Puigdemont en el papel de sucesor de Raül Romeva como polarizador de la atención mediática, pero carece de su fotogenia y de su cartel entre el elemento femenino de alguna edad. Su comportamiento es una incógnita para todos, y la sensación que produce es la de haber sido arrastrado hasta la primera línea de fuego como Poncio Pilatos en el Credo, a remolque de una conjunción súbita y explosiva de todas las circunstancias imaginables e inimaginables.
Si Puigdemont se adelanta hacia las candilejas, la decena cupaire presente en el Parlament se recompone en aras, según se nos dice, a su domesticación programada. Dos unidades – aún por determinar – serán enviadas como rehenes permanentes al campamento enemigo, el grupo parlamentario de JxS, y allí serán sometidas a un cursillo acelerado de reeducación soberanista oficialista. Por lo demás, la CUP ofrece «renovar, tanto como sea necesario, el propio grupo parlamentario con el objetivo de visualizar un cambio de etapa y asumir implícitamente la parte de autocrítica que le corresponde en la gestión del proceso negociador.»
Así consta en los escritos. Ocurre sin embargo que los cambios, anunciados por Benet Salellas en una soflama improvisada para la prensa ante la sede del grupo político, no “visualizan” absolutamente nada. Usall ya se había ido “por razones estrictamente personales” y De Jódar es persona que ha defendido durante todo el conflicto el voto a Mas en beneficio del procès. Baños estaba en la misma posición que De Jódar, y justamente era esa la razón de su dimisión anunciada, que de todos modos posiblemente va a ser reconsiderada. Lo único que se visualiza con ese meneo al grupo parlamentario es la imposición por parte de JxS a la segunda parte contratante, como elemento decorativo oportuno dentro del ritual acordado, de una “penitencia” simbólica; y la aceptación correspondiente por parte de la CUP de una palinodia en la que, aprovechando el paso del río Pisuerga por la ciudad de Valladolid, se incluyen algunas renuncias voluntarias de personas que han aburrido a lo largo de los Cien Días pasados las durezas y las miserias de la política real.
Lo cual ha sido resumido bombásticamente por Salellas con la afirmación estupenda de que la CUP ha enviado a la «papelera de la Historia» a Mas, a Boi Ruiz, a Felip Puig y al pujolismo. Va a resultar que solo votaron ellos.
 

sábado, 9 de enero de 2016

IL VOTO È MOBILE


A partir de la constatación marianista de que un plato es un plato y un vaso es un vaso, y que ambos objetos ni son intercambiables ni aparecen a la mente como ontológicamente dudosos, no resulta demasiado difícil establecer una previsión contable de los vasos y los platos que caben, por ejemplo, en una alacena. El voto es cuestión distinta. El voto sí es un objeto característicamente intercambiable y ontológicamente dudoso, debido a lo cual, cualquier cálculo matemático tendente a estimar una proyección futura cuantificable a partir de las papeletas depositadas en una ocasión anterior, no pasa de ser lo que los filósofos griegos antiguos denominaron con elegancia una entelequia.
Es lo que ocurre con un artículo publicado en La Vanguardia por Carles Castro, bajo el siguiente titular: «La división interna y el fracaso operativo de la CUP pueden costarle hasta la mitad del voto.»
El artículo empieza con una afirmación incontestable: «Parece evidente que el método asambleario resulta algo engorroso para decidir la evacuación de un edificio en llamas.» Convengamos en que así es, pero no dejemos de preguntarnos a continuación quién ha propuesto nunca semejante mentecatez, y por qué razón oblicua se trae la casa en llamas a cuento de los métodos decisorios de la CUP. Igual que un plato no es adecuado para beber líquidos, ni un vaso como plataforma de sostén de un alimento sólido, los métodos asamblearios sirven para unas cosas y no sirven para otras. El buen juicio del usuario suele determinar con escaso margen de error las circunstancias idóneas para la utilidad o no de cada cachivache democrático.
La misma sencilla norma vale en casos de división interna de una organización respecto de un tema dudoso: hay soluciones que sirven, y otras que no. La decisión desde las alturas, el voto “de autoridad” de los dirigentes, podría acarrear un desastre en las bases. Eso sí habría sido un “fracaso operativo” en una organización basada en la militancia combativa, y no en la adhesión incondicional.
Desmontadas las dos premisas, resta por ver qué es lo que ofrece de sustancia un artículo periodístico tan mal planteado. Lo que hay, es un cálculo de la pérdida presumible de votos cupaires desde los dos flancos del “voto independentista” y del “voto de izquierda”. Un No a Mas le costaría a la CUP en marzo 100.000 votos de castigo; un Sí le resultaría más caro: 170.000 votos.
Para expresarlo con claridad, lo que nos presenta Carles Castro es un horóscopo. Debería incluir en el mismo, además de los cruces de las trayectorias de los planetas en los idus de marzo, los agüeros deducibles del hígado de las reses sacrificadas en loor a los dioses, los pronósticos a partir de la observación del vuelo de las aves, y los turbios presagios del tarot. Pretende Castro partir de una base matemática, pero esta es débil desde el momento en que la única variable que se plantea es el voto a la CUP. ¿No es lícito pensar en un desencanto respecto de la fórmula del JxS, en el caso aún no confirmado de que se propongan repetir la experiencia? ¿No cabe pensar en un trasvase de votos desde el sector de ERC que ha estado reclamando con insistencia a Mas “un paso a un lado”? ¿Es concebible que el desinflamiento de Ciutadans, perceptible a partir de la campaña de las generales, no altere los números que consiguió el 27S en su momento de mayor auge?
Son todos ellos elementos eficaces ante la opinión pero difícilmente cuantificables, dada la naturaleza volátil ya mencionada del voto. Por lo que cabe concluir que la bajada de 100.000/170.000 votos auspiciada por Castro para la CUP es un mero brindis al sol.
O bien otra cosa. Por las sedes centrales de varios partidos catalanes corre un escalofrío de nervios en tensión al pensar en lo que puedan cantar las urnas el próximo mes de marzo. Está a la orden del día el “¡Virgencita, que me quede como estoy!” de la paralítica de Lourdes en trance de despeñarse con su silla de ruedas. De ahí que se estén llevando a cabo esfuerzos ímprobos – que no improbables – para llegar a un consenso soberanista de último minuto. Desde Pineda de Marx viene advirtiendo en estos días mi maestro que no está todo el pescado vendido. Que aún queda media banasta de japutas en el mostrador de la pescadería.
 

viernes, 8 de enero de 2016

QUÉ FEO ES EL CAMBIO


Las cosas están cambiando deprisa y para peor, damas y caballeros. La alarma cunde en las redes sociales. Abrió la veda una dulce mamá de alta cuna y currículum como diputada del PP por Madrid: «No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena. Jamás.» El problema era que el Baltasar de la cabalgata de los Magos iba hecho un adefesio, y su hijita de seis años se dio cuenta de que “aquello” no era de verdad. La beautiful people acosada en sus trincheras por una alcaldesa feísta.
El cantante Francisco González, émulo de aquel Petronio árbitro de las elegancias en la Roma imperial, la ha tomado con Mónica Oltra. El problema también deriva al parecer de una cabalgata con tres reinas magas “más parecidas a las prostitutas de un western”. O sea, alegres y un poco descocadas, nada parecido a las reinas como estamos acostumbrados a verlas desde el accidente de tráfico nocturno de Diana de Gales. Pero Francisco no se queda en la anécdota y despelleja así a la vicepresidenta valenciana en un tuit: «Me encanta su estilismo, qué figura más espléndida tiene la señora, única e inimitable. Con sus gafitas, sus botitas, su vocecita y sus manitas. Es para comérsela… los leones de Bio-Park.» Luego la llamó “escoria”, y luego aún pidió perdón y prometió no volverlo a hacer, un recurso que va haciéndose recurrente entre nuestro famoseo después de ser trending topic debido a alguna animalada o atentado contra las conveniencias.
En el mismo registro del cantante se mueve el periodista Antonio Burgos, un hombre que se declara monárquico “por razones estéticas” (¿cuáles?, siente uno la tentación de preguntar) y que en un artículo publicado en el diario ABC, bajo el título «Las Flequis», se interroga: «¿Por qué las tiorras separatistas, ora vascongadas, ora catalanas, ora de Bildu, ora de la CUP, han de ser tan feas?»
La pregunta es retórica. No son feas las tiorras, ni mucho menos. A Antonio Burgos se lo parecen, por razones que no son propiamente estéticas, o que tienen que ver con una estética propia de los crepúsculos de hace “noventa o novecientos años”, como escribió Mario Benedetti en un poema contra los puentes levadizos compuesto en un momento parecido al presente, con los puentes “a medio descender o a medio levantar, que no es lo mismo” (1).
Que sí, Antonio, créetelo, las flequis son cojonudas, no solo hacen el amor mejor que esas princesas lánguidas que se morían «de breves tisis o de espinas de rosa»; además, son capaces de hacer muchas cosas más. Vienen malos tiempos para la estética retro, y en la tesitura solo caben dos opciones: evolucionar con los tiempos, o escribir en twitter, el corazón dolorido prendido de cada nota musical arrancada por el llanto de los violines del otoño, un mensaje desesperado del tenor siguiente: «No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena. Jamás.»
 


 

jueves, 7 de enero de 2016

CULTURETA


Fue el crítico Joan de Sagarra quien, en los siglos oscuros que precedieron al luminoso procès que vivimos hoy los catalanes, acuñó el término “cultureta” para indicar el sueño de vida de una generación deslumbrada por los horizontes ambiciosos del Sis-cents y la segunda residencia. José Luis López Bulla nos da cuenta en su blog del enorme paso dado desde entonces por el país, en opinión autorizada de la ex presidenta de Omnium Culturalet y actual diputada del Parlamentet catalán, Muriel Casals (1). Quien ha proporcionado un ideal de vida y un objetivo a nuestra gente es, según Casals, Artur Mas. O sea, «Artur Mas representa la aspiración de las clases populares de llegar a ser la clase media culta, libre, despierta y feliz.»
Atiendan a estos cuatro adjetivos: culta, libre, despierta y feliz. No es una enumeración casual, es una cita. Casals ha pasado, como yo mismo, por una época en la que leíamos a escondidas poesía prohibida o arrinconada por las autoridades franquistas y llegamos a aprendernos de memoria poemas enteros de La pell de brau, de Salvador Espriu. De ahí proviene la cita oculta, para ser exactos del poema Assaig de càntic en el temple. Solo que Casals ha variado el sentido de los versos. Oigamos lo que dijo exactamente el profeta del catalanismo popular, hoy negado tres veces (más incluso) por sus antes enfervorizados discípulos:
 
Oh, que cansat estic de la meva
Covarda, vella, tan salvatge terra,
I com m’agradaria d’allunyar-me’n,
Nord enllà,
On diuen que la gent és neta
I noble, culta, rica, lliure,
Desvetllada i feliç!
 
Ahí tenemos la ristra de adjetivos. Casals ha introducido dos variaciones, no mínimas. Primera, ha omitido el adjetivo “rica” entre “culta” y “libre”, sin duda para enfatizar que se está dirigiendo a las clases medias. Segunda, la gente culta y feliz de la que habla el poeta no se encuentra aquí, en esta tierra cobarde, vieja y salvaje, sino lejos, “nord enllà”, hacia el norte, quizás en Bruselas, en Berlín o en Estrasburgo.
Y Artur Mas, dispensen ustedes, ni está presente en tales lugares ni se le espera, con procès o sin procès. Artur Mas, que no distingue entre el griego y el latín, es algo inconfundiblemente nuestro, una versión rigurosamente actualizada y digital del secular y analógico “quiero y no puedo” de unas clases medias adictas a la cultureta como variante menor de la cultura, y casi para nada felices.
 


 

miércoles, 6 de enero de 2016

LA LEY DEL REVÓLVER


Las lágrimas de Barack Obama en el momento de anunciar su decisión de controlar por decreto la venta de armas de fuego en su país casi vinieron a coincidir con el final de la aventura política de Gisela Mota Ocampo.
Gisela, una mujer “aguerrida y comprometida con la lucha social” según sus vecinos, había librado una batalla importante por la paridad de género en las listas de todas las candidaturas para las elecciones municipales en el estado de Morelos, México. En Temixco, el cabildo por el que se presentaba, no solo consiguió la elección de un 50% de mujeres, sino que ella misma fue elegida alcaldesa, la primera en la historia de la población.
Eso ocurrió el viernes 1 de enero. El sábado 2, mientras desayunaba, varios sicarios de uno de los carteles de la droga dominantes en la zona irrumpieron violentamente en su casa y la acribillaron a balazos.
Obama pudo haber llorado por ella, aunque, según las crónicas, su emoción se desató al recordar la matanza de la escuela Sandy Hook, en Connecticut, una de las cíclicas orgías de sangre que se desatan en Estados Unidos cuando un psicópata irrumpe en un espacio comunitario disparando a diestro y siniestro. Aquel día murieron veinte niños de primaria y seis adultos.
Lo cual no ha impedido a los republicanos, mayoritarios en el Congreso, seguir asociando las armas de fuego con la libertad. Mueren cada año por disparos de armas de fuego 32.000 ciudadanos estadounidenses: 1000 de ellos por disparos de la policía, lo cual ya es de por sí un pésimo indicador; 31.000 en otros tiroteos de diversas índoles. Cuando ocurrió la masacre terrorista de París, el candidato republicano Donald Trump moralizó con el argumento de que si los parisinos fueran armados a los conciertos, se habrían defendido mejor. Un argumento tan insensato como el personaje que lo enunció.
Algunos políticos opinan que la ley debemos llevarla los ciudadanos enfundada en la cartuchera. No conciben más legalidad que la que cada cual consigue imponer por la fuerza o la puntería. El estado de derecho son monsergas, y solo merece vivir el superviviente de un duelo a muerte omnipresente y continuado.
Struggle for life. Los débiles, los indefensos, los marginados por esa teoría de una coexistencia no pacífica, se amontonan hoy en las fronteras cerradas de países (pre)potentes. En el interior de esos países, la violencia se ejerce también contra quien no cuenta con medios para evitar ser expoliado de sus derechos legítimos en nombre de la libertad y la igualdad individuales. En nombre del “porque sí”, del “no hay alternativa”.
Pero la violencia no equivale a libertad ni a justicia, tampoco en los lugares en los que ha usurpado el lugar de la ley. Son las víctimas, no los sicarios ni los descerebrados, las que enaltecen la humanidad. Estamos todos en deuda con Gisela Mota Ocampo.
 

lunes, 4 de enero de 2016

NUEVA POLÍTICA O POLÍTICA DE SIEMPRE


A veces la nueva política se parece tanto a la política de siempre – me refiero a la política de buena ley, no a la calderilla (xavalla en catalán) a la que estamos demasiado acostumbrados en los tiempos que corren – que provoca sorpresas comprensibles. María Dolores Amorós habla en Nueva Tribuna de “pitorreo” de la CUP con Artur Mas (1). Deberíamos ponernos de acuerdo sobre lo que entendemos por “pitorreo”. A mí me parece que lo que ha habido es otra cosa, a saber, un duro pulso democrático “a la antigua” entre las dos almas de la CUP, el alma soberanista y el alma anticapitalista.
Un pulso de ese calibre, la nueva política corre a resolverlo online, reclamando de cada cual su opinión prefabricada (ready-made) y sin matices, y tramitándola en tiempo real a las terminales cibernéticas, que vomitan en centésimas de segundo el veredicto en clave binaria: Sí o No.
Pero un método político “a la antigua” no es lo mismo que vieja política. Es posible en política, como en enología, hacer vino nuevo con los odres viejos. La CUP lo ha demostrado, honor a la CUP. Chapeau.
La dirección del partido ha afrontado el conflicto que dividía a las bases desde una neutralidad irreprochable, y se ha preocupado de dotar al mecanismo asambleario correspondiente de todas las garantías posibles para que las dos almas se expresaran con entera libertad. Luego ha acatado el resultado aritmético y le ha dado curso legal, conforme a los manuales más antiguos y prestigiosos de la política, por lo menos desde que Sócrates (otro antisistema irredento) se bebió la cicuta en obediencia estricta a esos principios.
Que a partir de un escrúpulo minucioso en las formas y un respeto cuidadoso a las dos opciones encontradas se generaran dilaciones, contradicciones con los plazos institucionales, un enfadoso empate en votos asamblearios no previsto por nadie, y a la postre un “pitorreo” objetivo en relación con las altas esperanzas que tenía Mas de renovar su magistratura, es harina de otro costal.
Seamos sinceros: de haber tenido el conteo final en el Consell de la CUP un signo opuesto, también se habría sentenciado que el enojoso método seguido para la toma de la decisión había sido un paripé, y todo, incluso las dilaciones, estaba conchabado desde un principio. La CUP, en ese caso, no se habría pitorreado de Mas sino de todos nosotros, en loor de Mas. Desacostumbrados como estamos a la trabajosa mecánica de la democracia directa, resulta más cómodo para el opinante arrojar una sombra de duda sistemática sobre la eventualidad de un juego limpio sostenido en todo el transcurso de una travesía tan complicada.
Yo sí creo que ha habido juego limpio. Se exigía un Sí o un No a la investidura de Artur Mas, pero un sí y un no tampoco son tan sencillos de decidir en democracia. Así sucede cuando no hay “esencias” imperecederas a las que atender de preferencia, sino opciones políticas cada una de las cuales comporta riesgos, dudas y contradicciones. Así sucede cuando, en el último fondo de la decisión, en el ánimo de los militantes de la CUP pesa sin remedio la grave sospecha de que Mas no tiene la menor intención de cumplir las promesas y contrapromesas que ha ido desgranando con la sola finalidad de ser investido, y allá cuidados. Cuando la verdadera probabilidad está, no en que la CUP se pitorree de Mas, sino en que Mas se esté pitorreando de la CUP.
 

 

domingo, 3 de enero de 2016

LA PRIVATIZACIÓN DEL ESTADO


Bruno Trentin resaltó en una conferencia profética en el Istituto Gramsci de Torino (noviembre de 1997) la paradoja de que la izquierda haya de asumir con todas sus consecuencias la defensa del estado, cuando históricamente el movimiento obrero consideró el estado como una construcción no solo ajena, sino decididamente hostil a su propia dinámica, puesta en pie por la clase dominante para oprimir “legalmente” a la clase subordinada.
En esas estamos. La multinacional Dinero Inc., en su búsqueda obsesiva de todas aquellas instancias que generan “valor” (léase beneficio para el accionista), y después de privatizar la banca, las empresas del sector energético, los ferrocarriles, las autopistas, los puertos, los aeropuertos, las telecomunicaciones, la sanidad, la educación, la asistencia social y las pensiones, está presentando ya en todas partes una OPA hostil por el resto del paquete. Es decir, por el estado, o al menos lo que resta del estado tal y como solía ser en otro tiempo. Dinero Inc. se ha marginado ya voluntaria y benévolamente de la función de pagar impuestos por los ingresos que obtiene dentro de los límites convencionales de los estados; ahora está interviniendo además en la redistribución de los caudales públicos según sus propios criterios.
Lo afirmó Wolfgang Streeck y lo recuerda Javier Aristu en un post de ayer mismo: caminamos hacia “un estado deudor dependiente de sistemas financieros internacionales privatizados” (1). ¿De qué otra forma se puede calificar el gigantesco rescate de la banca con dineros públicos, ocurrido a partir del crash de 2008? Esa diligente gestión de la catástrofe, llevada a cabo a través de una movilización general convocada por instituciones no exactamente públicas, creadas a partir de un consenso más bien tácito de cúpulas dirigentes de estados demediadamente soberanos, nos ha “enriquecido” con un retoque añadido a nuestra Constitución intocable. Un retoque minúsculo en la letra pero enorme en la significación puesto que establece el mandamiento que resume todos los demás, toda la ley y los profetas del mundo nuevo. A saber: la deuda es pública, y el beneficio privado.
Situar el cambio político en el largo plazo, como propone Aristu en su artículo, ha de significar un replanteamiento de las coordenadas mismas en las que se mueve la izquierda. Ha habido mucha dejadez en este aspecto, mucho desplante pinturero mirando al tendido de sol y sombra. La izquierda se vio capaz de manejar el trabajo, tal y como lo definió el ingeniero Taylor, y el estado, en la concepción acuñada al alimón por Bismarck y lord Beveridge, y conducir ese conjunto ajeno a todas sus tradiciones hacia un futuro socialista, sin necesidad de repensar el yo y las circunstancias de unos inventos tan prodigiosos. Hoy, a la vista del burujón que se ha montado en el patio después de tanto laissez faire, laissez passer, se impone hincar los codos en la mesa y empezar a estudiar de forma colectiva qué trabajo y qué estado queremos, si tenemos la intención de legar a las generaciones futuras alguna cosa de más sustancia que el comistrajo impresentable y tóxico que nos ofrece, en incómodos plazos, Dinero Inc.
Como mínimo, la iniciativa mentada debería formar parte de los buenos propósitos inspirados por la ingestión de las uvas durante las campanadas de final/comienzo de año.
 


 

sábado, 2 de enero de 2016

DIABOLUS IN MATHEMATICA


Dicen las crónicas que Antonio Baños, líder de la CUP, examinaba incrédulo los estadillos que detallaban el resultado final de la votación secreta llevada a cabo por su grupo en el polideportivo de Sabadell para aprobar, o no, la investidura de Artur Mas como president. A favor 1515, en contra 1515. «Es una matemática diabólica», concluyó Baños, descolocado. José Luis López Bulla se ha ocupado de ilustrarnos en todo lo que toca al origen divino, diabólico o humano de las matemáticas (1). Por mi parte, me adhiero a la hipótesis de un tal Leopold Kronecker, según el cual Dios es responsable de los números enteros, y los hombres de todos los demás. Esa distinción mesurada pone un punto de temple a la espinosa cuestión. Leo en El País la siguiente entradilla: «Tres años después, la comunidad matemática no es capaz de decidir si la demostración de la conjetura ‘a,b,c’ por el japonés Shinichi Michozuki es correcta.»
Leer cosas así reconforta. Resulta que no todo está escrito de antemano en la ciencia de los números; es posible una matemática creativa. Michozuki no es el único en innovar; tampoco es posible averiguar por medios humanos si son o no correctas las contabilidades de algunas empresas del Ibex35. Es un misterio cuya solución debe quedar al arbitrio de Dios o del Diablo, y en el que los humanos, limitados como somos en nuestras capacidades, no tenemos arte ni parte ni perro que nos ladre.
Quizá sea del mismo género la que podríamos llamar “conjetura de Baños”, expresada de la siguiente forma: 1515 +/- 1515 = 0. La prensa canallesca se ha apresurado a calcular la probabilidad de que se diera ese resultado preciso, el único entre todos los posibles que no resolvía la cuestión. Sobre un campo de 3030 votos la probabilidad de un empate es ínfima, despreciable, prácticamente imposible. La prensa se ha olvidado de añadir que esa probabilidad imposible es, sin embargo, matemáticamente la misma atribuible a cualquier otro resultado.
Las matemáticas son así, tanto si las consideramos divinas como diabólicas. Un resultado típico de un referéndum “a la búlgara” arrojaría 3030 votos a favor y 0 en contra. En los referéndums franquistas, más sutiles (más pedagógicos también), el resultado sobre 3030 votos habría sido de unos 4000 y pico a favor y exactamente 4 en contra, la eterna minoría insignificante de resentidos.
Eran resultados comprensibles a primera vista: humanos, demasiado humanos.
Pero es inevitable también que el Diabolus in Mathematica, el Gran Enredador, se mezcle de vez en cuando en los asuntos de los de abajo. Y, permítanme la audacia cuasi herética, está bien que así sea. Cuando el Dios de los Números, hablando ex cathedra desde la regia columnata de mármol que preside el templo augusto del Banco Mundial consagrado a su poder, truena que «There Is No Alternative», a muchos descontentos no nos queda sino recurrir a la desesperada a Mefistófeles en busca de una alternativa. En estos tiempos calamitosos, el diablo resulta ser más humano que dios.
 


 

jueves, 31 de diciembre de 2015

LOS TRABAJADORES NO SON MÁQUINAS


Suscribo en el fondo y en la forma el artículo publicado ayer por Quim González Muntadas bajo el título “Los trabajadores mayores no son máquinas oxidadas” (1). Quim sabe de lo que habla, y lo expone muy bien. El título que ha elegido, sin embargo, abre un resquicio a la ambigüedad. Podría entenderse que los trabajadores mayores “sí” son máquinas capaces de funcionar a pleno rendimiento, o que ese es el caso para los trabajadores que no son mayores, por más que su condición de “seniors” permita a los veteranos conocer y utilizar atajos para incrementar su productividad. Por eso retitulo como puede verse al frente de esta nota de urgencia. No lo hago por Quim, que lo entiende muy bien, sino porque detrás de la formulación hay un cliché centenario muy extendido.
El equívoco parte de la “organización científica del trabajo”, un artilugio teorizado por un ingeniero empeñado en elevar a la purria humana que poblaba las fábricas de su época a la condición de máquinas relucientes, bien engrasadas y eficaces por encima de toda ponderación. Un salto cualitativo, se entiende, en una época en la que toda la producción de bienes y servicios se colocaba bajo el lema del maquinismo. La máquina era lo más de lo más, los humanos habían de aproximarse todo lo posible – igualarse era impensable – a su perfección. Hoy ese mismo paradigma inalcanzable subsiste, pero se ha desplazado desde las máquinas a los ordenadores.
El sueño de dicha del hombre-máquina hizo fortuna. Fue una de las claves del gran despegue industrial estadounidense, acompañó muy de cerca a los delirios de razas superiores de los nazismos y fascismos emergentes, y fue sancionado y bendecido también por el socialismo real (Iósif Stalin: El capital más precioso es el hombre. Versión española en Ediciones Europa-América, Barcelona 1935). La tradición prosiguió en las nuevas condiciones de la posguerra mundial y durante los treinta años gloriosos de desarrollo sostenido (Gary S. Becker, Human Capital. A Theoretical and Empirical Analysis, With Special Reference to Education, University of Chicago Press, 1964).
Pocas voces se alzaron en contra de esa cosificación universal según la cual la economía no es un instrumento dedicado a servir objetivos humanos, sino al revés, el hombre es instrumento de objetivos económicos. Entre ellas, Simone Weil: «Las cosas desempeñan el papel de los hombres, y los hombres el papel de las cosas» (en La condition ouvrière).
El equívoco hoy ha empeorado, si cabe. La situación de los trabajadores mayores de 55 años, que analiza con acierto Quim González en el artículo citado arriba, se repite en relación con otros grupos cuya adaptabilidad a las exigencias empíreas de los “mercados” es difícil: las mujeres, los jóvenes sin experiencia y las personas sin arraigo. Bruselas acaba de amonestar de nuevo a nuestro gobierno por no suprimir las “rigideces” que aún afectan a nuestro mercado de trabajo. Las llamadas rigideces son residuos del viejo sistema de protección, un sistema derivado del pacto fordista, en virtud del cual, a cambio de trabajar como una máquina sometida a presiones considerables, se garantizaba al obrero la seguridad de su puesto en la fábrica, un salario suficiente y una cierta conciliación entre su tiempo de trabajo y una vida personal y familiar capaz de garantizar en el largo plazo la reproducción unitaria de la “fuerza de trabajo” abstractamente considerada.
Hoy el pacto se fue al carajo, el largo plazo no se contempla, hay fuerza de trabajo de sobra en un mundo superpoblado, y el criterio predominante para la selección de los trabajadores es su “empleabilidad”. La empleabilidad significa lo mismo que denunciaba Weil en los años treinta del siglo pasado: colocar a las cosas en el lugar de las personas, y viceversa. El aspirante a empleado debe ser despojado de todo mecanismo de protección colectivo, inoculado contra la influencia perversa de los sindicatos de clase, y provisto desde las instancias estatales de la enseñanza de una formación, no genérica y omnicomprensiva (las humanidades son paparruchas), sino específica en las técnicas y los saberes necesarios para el bienestar a corto plazo de los mercados. La realización y el bienestar personal del trabajador/ra, así como su vida familiar, quedan en segundo plano, son solo variables dependientes del gran imperativo categórico que representa el mercado. Y el mercado es un dios mudable, arbitrario y feroz, que exige sacrificios mayores cada día de sus adoradores.
Bruselas nos reprende una vez más, pero con una cantinela gastada y sin sentido. Su sueño de gobernanza se hundió con estrépito en 2008. La operación de rescate a gran escala de la banca pagada con recortes drásticos de los servicios sociales ha sido un crimen contra la humanidad por el que muchos gobernantes deberían sentarse en el banquillo. Desde aquel crac sonado cuyos ecos se esfuerzan en amortiguar los turiferarios del TINA (sigla de There is no alternative, no hay alternativa), se sigue predicando la supresión de todas las trabas para la instalación de los capitales transnacionales en todos los escenarios económicos posibles, y al mismo tiempo se multiplican los muros que se creyeron abolidos, se erigen nuevas barreras y aduanas, se afilan las concertinas contra los indigentes del cuarto mundo, y se instalan en el espacio de libertad común controles policiales contra quienes llegan en busca de refugio desde países arrasados por guerras imperiales iniciadas para controlar las materias primas exigidas por el crecimiento económico “mundial”.
Mientras no lo enderecemos entre todos, este es un mundo al revés.
 


 

miércoles, 30 de diciembre de 2015

CRÍTICOS VISCERALES


Según el enseñante y escritor francés Daniel Pennac, una de las características fundamentales de la lectura es que se trata de un placer, y en consecuencia a nadie se le ha de obligar a terminar un libro que no le gusta. No importan el libro ni las circunstancias, no debe haber excepciones a esa regla.
Gog, el personaje creado por Giovanni Papini, decidió un día culturizarse y pidió a un asesor competente que le preparara un listado de las obras literarias indispensables de todos los tiempos. Cuando las leyó, no daba crédito. ¡Aquello era basura! No recuerdo la mayoría de sus juicios sumarísimos (al lector adolescente que fui yo, “Gog” no le gustó nada; no puedo compulsar la cita, el libro debe de andar perdido en algún cajón de algún trastero), pero sí uno de ellos, referido a Don Quijote de la Mancha: «Un loco hético y un loco gordo que van por el mundo en busca de palizas.» Casi inmejorable, como tuit.
Leo en elpais.com opiniones parecidas de jóvenes, en la mayoría de los casos obligados por sus maestros a leer cimas literarias y valorarlas. No se cortan un pelo. Algunos ejemplos:
Gagandeep Kaur  (sobre la Odisea): No me gustó el libro porque es confuso. No está en orden cronológico. Hay flashbacks por todas partes. Está escrito con forma de poema épico. Además, las palabras del libro son de hace mucho y difíciles de entender.
Hay un esfuerzo en este caso por ser objetivo y tocar aspectos técnicos. Otros críticos se preocupan por la salud mental del autor.
Vahagn Tumayan (sobre la Divina Comedia):  No puedo ni imaginar qué pasaba por la cabeza de Dante cuando escribió todas esas torturas. Mi teoría personal es que tenía un desorden mental grave.
Algunos se dedican a una reclasificación urgente.
Dawn (sobre Don Quijote): Nuestro hombre de la Mancha está simplemente sobrevalorado. Leedlo otra vez y sed sinceros. ¡Sabéis que está sobrevalorado!
Otros tiran de sarcasmo.
Bonnie Hansley (sobre Hamlet): Todo el mundo muere por motivos estúpidos.
Wendy (sobre Guerra y paz): ¿Cuántos árboles han tenido que morir para que se imprimiera este libro?
Collin (sobre Cien años de soledad): Estoy seguro de que el autor se inventa estas chorradas a medida que escribe.
Y finalmente, a algunos la lectura acaba por provocarles un ataque de nervios.
Amanda (sobre Ulysses): No puedo insistir lo suficiente en lo mucho que odio a James Joyce por existir.
Del ramillete de opiniones perfectamente respetables aquí expuesto, solo puede extraerse una certeza, siquiera sea aproximativa: es más fácil y descansado ejercer de crítico, que de autor.
 

martes, 29 de diciembre de 2015

OFF THE RECORD


Félix de Azúa ha irrumpido por la escondida senda abierta pocas fechas atrás por Mario Vargas Llosa, en beneficio de una “gran coalición” ampliada. Hay entre los dos literatos una connivencia que se remonta a las fechas pretéritas del “boom”; Carlos Barral los unió. Ninguna sorpresa, pues, por ese lado.
Tal vez sí resulte sorprendente para algunos admiradores de Azúa, entre los que me cuento sin reservas, el tono soez utilizado en el ataque a Podemos. Diríamos que es impropio, de no tener en cuenta que Félix es un profesional, un condottiero literario, y que aquello que expresa no lo expresa en su nombre, sino en nombre de la comandita que le retribuye.
¿Cuál sería esa comandita fantasmal, o “sindicato de intereses” como yo mismo lo califiqué en una ocasión anterior? (1) Algunos nombres propios van saliendo al retortero, y si me hago eco de ellos en este ejercicio ocioso de redacción, lo hago sin asumir ninguna responsabilidad personal en ello. Filtro el material off the record, como se dice en los medios de cotilleos satinados.
He aquí, pues, algunos “pesos pesados” de la vieja política que ya se habrían significado en la exigencia de la formación rápida de un gobierno de “gran coalición + 1” que calme las inquietudes de Bruselas, Berlín y las más variadas Bolsas de valores, por el bien supremo de España y en particular de su marca más acreditada en tales foros, a saber Ibex35.
Son ellos: Carlos Solchaga, Luis Carlos Croissier, Javier Gómez-Navarro, Eduardo Serra, José Luis Corcuera, Valeriano Gómez, Rafael Arias Salgado, Juan Miguel Villar Mir y Jaime Mayor Oreja. Lo mejor de cada casa, con amplia experiencia en el uso y disfrute de puertas giratorias entre la alta administración y la alta finanza.
Estos prohombres, y se supone que el censo completo no acaba ni mucho menos con ellos, habrían llegado a la conclusión de que los españoles nos hemos excedido en la delicada maniobra de poner la democracia en el disparadero, y que los daños para el sistema pueden llegar a ser irreparables. Se ha rebasado el margen prudencial para que los Indignados se desfoguen, y ahora es urgente reconducir las opciones hacia terrenos más seguros. Nada de Podemos, nada de Mareas ni Ahoras, ni de nacionalismos periféricos aunque no sean soberanistas sensu strictu. El vehículo para desatascar la coyuntura ha de tener tres ruedas, las dos del viejo bipartidismo que tantos buenos oficios ha prestado en el pasado ciclo político, más la incorporación de Ciudadanos como toque convincente de renovación.
De hecho, debió de pensarse que Albert Rivera tendría mejores cifras que ofrecer, como mínimo un sorpasso al odioso Podemos. No siendo así, es difícil postularlo como presidenciable: le falta peso, manifiestamente, y es probable que también le falte un hervor, dado que sus chances se despeñaron demasiado deprisa a lo largo de la campaña. No está descartado de forma definitiva, sin embargo, sino guardado en el congelador a la espera de ser rápidamente reciclado en el horno microondas si en algún momento su presencia se hiciera indispensable en la cocina. Dependerá ello del juego que ofrezcan las opciones mejor posicionadas: Susana Díaz por el ppsoe, y algún nuevo mosquetero del pp genuino, siempre que emerja de forma oportuna, respaldado por un congreso express, y que la orla de su manto no haya sido mancillada por los lodos pestilenciales tan sobreabundantes en la etapa anterior.
Este es el sudoku que hace falta cuadrar. A ello están dedicados los mejores muñidores, conseguidores y cazatalentos que pueden ofrecer hoy día, al alimón, nuestra resistente vieja clase política y nuestras acreditadas finanzas.
 


 

lunes, 28 de diciembre de 2015

EL EFECTO MATEO


Fue el economista estadounidense Robert C. Merton quien llamó la atención del mundillo financiero sobre un mecanismo descrito en un pasaje de los Evangelios y popularizado como «efecto Mateo».
Merton fue galardonado en 1997 con el premio Nobel de Economía por proporcionar una base de cálculo científica sobre el valor de los derivados financieros, los hedge funds. Es, en consecuencia, un pájaro de cuenta sin la menor duda. En cuanto al apóstol y evangelista Mateo, él mismo nos cuenta que era recaudador de impuestos, y que Jesús lo reclamó a su lado. En una capilla lateral de la iglesia romana de San Luis de los Franceses hay un hermosísimo cuadro de Caravaggio titulado “La vocación de San Mateo”. El recaudador está sentado a la mesa, absorto en la tarea de contar monedas o de arrambar con ellas, y desde el costado derecho de la escena Jesús lo señala con el índice extendido. Uno de los contribuyentes reunidos con el recaudador refuerza el llamamiento divino señalando también a Mateo con el índice. La escena está bañada en una luz cruda que penetra desde detrás de la figura de Jesús y “horada” casi literalmente las tinieblas aposentadas en el rincón ocupado por el futuro apóstol. Pueden verlo en Wikipedia, vale la pena.
Pudo ser deformación profesional, el caso es que en el pasaje de la parábola de los talentos el Mateo evangelista lanzó por boca de su Maestro una maldición terrible contra quienes, trabajando para el medro de un capitalista, se desempeñan sin iniciativa, sin ambición y con falta de productividad manifiesta. En los versículos en cuestión (Mateo 25,26-30), un siervo a sueldo entrega al señor el talento que recibió de él y le explica que, por miedo a perderlo, lo enterró, y así está ahora en condiciones de devolverlo íntegro. Esta es la respuesta del señor: «Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí. Debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros. Y así, al volver yo, hubiese recobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tenga, se le dará y le sobrará; pero al que no tenga, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»
En cursiva, la frase concreta que define el “efecto Mateo”. Ha sido utilizada con frecuencia para señalar el efecto perverso que tienen los beneficios sociales dispensados por el Estado providencia. Los derechos son en principio los mismos para todos los ciudadanos, pero los beneficios tienden a concentrarse en quienes menos los necesitan, y en cambio pasan de largo ante los más necesitados. Otro tanto ocurre con los créditos bancarios: no se conceden a quien de verdad los necesita sino a quien especula con ellos a fin de multiplicar indefinidamente los talentos de su patrimonio.
Se exime de las comisiones bancarias a las cuentas corrientes más infladas, pero se cobran de forma implacable a los clientes dudosos; se reducen los tipos impositivos a las sociedades más boyantes, y se acrecientan para emprendedores de medio pelo; los fondos de pensiones millonarios recaen a través de contratos blindados en los altos ejecutivos, mientras el precariado a duras penas conseguirá en el momento de su jubilación la cuantía mínima de la pensión. Los plutócratas han encontrado una coartada excelente para sus prácticas en el texto evangélico; y en efecto, cosechan donde no han sembrado y recogen donde no esparcieron.
Para ellos el Estado del Bienestar no se ha desvanecido, sino muy al contrario, sigue a su servicio para darles a manos llenas cuanto desean. Viven en Jauja. Tal y como constata Alain Supiot (en El espíritu de Filadelfia, Península 2011, p. 52), las reformas ultraliberales no han hecho desaparecer las instituciones basadas en la solidaridad, sino que han facilitado su depredación.
 

domingo, 27 de diciembre de 2015

TAMBIÉN MATAN A LOS CABALLOS


Las páginas de la prensa de sustancia vienen pobladas hoy de artículos de opinión firmados por las mejores plumas de la panoplia actual, con un tema en común: la definición del próximo gobierno.
Enric Juliana, en La Vanguardia, intuye un nexo íntimo entre el acto al que se está dedicando, en los momentos en que escribo, la CUP en Sabadell, y el devenir político general en España. La vía libre o no a la investidura de Mas, es su argumento, sería el resorte que pondría en marcha la concreción de una u otra serie de futuribles hipotéticos en una escala más amplia de realidades. La pelota ha topado con el borde superior de la red, está en el aire y puede caer en uno u otro lado de la pista. Matchpoint.
Me atrevo a decir que el maestro no atina en esta ocasión. El resto de analistas de primera fila que comparecen hoy en las páginas de El País apenas se refieren a Cataluña, y lo que decida hacer en definitiva la CUP con sus diez votos en sede parlamentaria no les empacha la digestión del desayuno. Sol Gallego centra su análisis en Mariano Rajoy, ¿por qué insiste en presentar su candidatura al gobierno de la nación si sabe perfectamente que no va a encontrar apoyos en otros grupos? Ernesto Ekaizer, por su parte, coloca en el punto de mira a Pedro Sánchez. Tiene como candidato el problema opuesto al de Rajoy: podría encontrar apoyos externos para su candidatura, pero le falla el necesario respaldo de su grupo. Voces de muerte están sonando cerca del Guadalquivir.
Así pues, Mas sería una variable despreciable en la ecuación, gane o no gane la investidura. El procès con Mas, después del 20D, tendría un recorrido muy corto; y para el procès sin Mas, no habría recorrido en absoluto. La mera idea de Cataluña gobernada por una tetrarquía semeja de ópera bufa. No se ha visto cosa igual desde las postrimerías del imperio romano. Y entonces, si a alguien le interesa recordarlo, no acabó bien.
La bronca está instalada en las dos grandes casas del bipartidismo residual. En ambas se pide a voces congreso. En el PP no se discute (aún) la figura de Rajoy, pero sí todo lo demás. Y el propio Rajoy es enarbolado como un recurso provisional, con el que ganar el tiempo necesario para una sucesión ordenada. En el PSOE ya llevan tiempo paseando por el filo de la navaja: la idea predominante es que, puesto que Pedro no ha dado la talla, se le cambia, y cuanto antes mejor. También matan a los caballos, como dejó dicho para la eternidad Horace McCoy.
He dejado para el final la perla de los análisis de hoy domingo. La firma en El País Mario Vargas Llosa, y lleva por título «La gran coalición». Muchos de ustedes se asombrarán de que califique de “perla” un texto semejante. De hecho, es pura huachafería, para expresarlo con un término propio del autor. Pero Mario no escribe estas cosas motu proprio, ni siquiera las piensa probablemente. Su firma es una pantalla interpuesta para la expresión coral de un sindicato de intereses (en la peor acepción del término “sindicato”), y en ese sentido vale la pena leer el artículo, y más aún leer entre líneas.
Esta es la propuesta, en sus propios términos: «… la única fórmula que puede funcionar si las tres fuerzas inequívocamente democráticas, proeuropeas y modernas —el Partido Popular, el Partido Socialista y Ciudadanos—, deponiendo sus diferencias y enemistades en aras del futuro de España, elaboran seriamente un programa común de mínimos que garantice la operatividad del próximo Gobierno y, en vez de debilitarlas, fortalezca las instituciones, dé una base popular sólida a las reformas necesarias y de este modo consiga los apoyos financieros, económicos y políticos internacionales que permitan a España salir cuanto antes de la crisis que todavía frena la creación de empleo y demora el crecimiento de la economía.»
Anoten ustedes la cascada de beneficios que representaría la suma de las tres fuerzas “inequívocamente democráticas, proeuropeas y modernas” (los tres adjetivos y el adverbio utilizados dan ya materia en sí mismos para un sugerente análisis semántico): a) en aras del futuro de España; b) fortalecimiento de las instituciones; c) base sólida a las reformas necesarias; d) apoyos financieros, económicos y políticos (por este orden preciso) internacionales; e) salida “cuanto antes” de la crisis que todavía etcétera.
Esta retahíla representa la continuación por otros medios de la política emprendida en los seis últimos años por los dos gobiernos que han tenido que afrontar la crisis en España. La enunciación sigue siendo la misma que se hizo en 2008. No hay ninguna evaluación de los resultados obtenidos en este tiempo, ni de las novedades en el marco internacional, ni el menor signo de rectificación. Todo lo cual nos lleva, más allá de la literatura del egregio premionóbel que firma el panfleto, a adivinar quiénes forman parte del sindicato de intereses antes aludido. Gente seria, gente de negocios.
Lo interesante, el único dato nuevo, es que se reclama de las tres fuerzas generosidad y “sacrificios” (sic) para abordar la nueva etapa con el mandato que una mayoría de electores ha expresado a través de las “ánforas” (sic de nuevo). ¿Sacrificios? ¿Qué sacrificios pueden reclamar las ánforas en la presente tesitura, si todas las bondades que se ofrecen son las mismas que estaban ya en el escaparate hace seis años, y sobre las cuales han jurado en vano nuestros líderes con tanto entusiasmo como contumacia?
Si leemos entre líneas, quizá lleguemos a la conclusión de que lo que se reclama por nóbel interpuesto en este panfleto sibilino son las cabezas de Arturo, de Pedro y de Mariano, en aras de un futuro radiante. ¿Por qué no? ¿Acaso no matan a los caballos?