domingo, 15 de enero de 2017

SEXO DESPUÉS DE LA MEDIANOCHE


La mejor recomendación para el año nuevo que he leído hasta el presente se la ha dado Eric Cantona a Pep Guardiola. Guardiola, ya lo saben, debutó como entrenador en el FC Barcelona de Víctor Valdés, Puyol, Piqué, Xavi Hernández, Andrés Iniesta y Leo Messi, un muchacho que a pesar de su juventud ya había dado muestras antes de sus portentosas posibilidades. Guardiola lo ganó todo con aquel equipo, y al cabo de unos años que a todos los culés se nos hicieron cortos, marchó a predicar su evangelio a los gentiles. Recaló en el Bayern, donde también obtuvo éxitos – no tantos – y recibió algunas críticas, las primeras que no venían directamente del entorno mediático de don Florentino Pérez.
Sea por inquietud efervescente de la mente o por estar dotado por la naturaleza con lo que se conoce como un culo de mal asiento, Pep se ha marchado también del Bayern para entrenar al Manchester City. Su desempeño hasta ahora no es malo, pero no deja de ser el de un club más en la prestigiosa Premier League. El choque cotidiano con la realidad debe de haber hecho dudar a Pep de los poderes taumatúrgicos que estaba convencido de poseer. Para elevar las prestaciones de sus muchachos les prohibió tener sexo después de la medianoche. Los resultados han sido imperceptibles. En unas declaraciones amargas a la prensa, ha manifestado su intención de cumplir contrato con el City y tal vez, después, retirarse del oficio.
Esto es lo que le ha dicho Cantona, que fue jugador carismático en el Manchester United, rival empecinado del City, en sus deseos para 2017: “¿Cinco meses tan solo en el City y hablas de retirarte? ¡Sé fuerte, Pep! Y tal vez, ten algo de sexo después de la medianoche.”
El consejo es fantástico. El sexo es una forma óptima de mantenerse en la relación adecuada con la realidad, y de ajustar los deseos y las posibilidades de cada persona a los condicionamientos internos y externos que nos coartan a todos. Los higienistas recomiendan tener sexo con regularidad, sin insistir demasiado en la moderación. La práctica contraria, es decir la abstinencia, alimenta ensueños evanescentes y en algunas ocasiones compensaciones desorbitadas, de la misma forma que la anorexia desata la bulimia. Don Quijote, uno de los arquetipos literarios de Pep Guardiola, cayó en la confusión por exceso de teoría y ausencia de práctica, como indican sus relaciones, cuidadosamente reseñadas por el Cide Hamete Benengeli, con Dulcinea de un lado y Maritornes de otro. Escuchen ustedes, de otro lado, las homilías de algunos de nuestros párrocos y obispos, y percibirán de inmediato los efectos deletéreos del celibato eclesiástico.
Pep, sé fuerte y practica más el sexo. Después de la medianoche de preferencia, Pep. Te lo suplicamos Eric Cantona y yo, porque te queremos y porque eres un lujo en los banquillos, aunque ya no tengas a tus órdenes en el campo a Xavi, ni a Puyol, ni a Iniesta, ni a Messi.
 

sábado, 14 de enero de 2017

LA NO DIMISIÓN DE TRILLO Y OTRAS NOVELAS EJEMPLARES


Amenicé mis últimas horas en Atenas con la bonita historia de la dimisión de Federico Trillo como embajador en Londres. Se trata de una historia complicada. Algunos la presentan como un “finiquito en diferido” de su cargo de ministro de Defensa, sustanciado por Cospedal por hechos ocurridos trece años antes. Se declara a Cospedal “vencedora” a los puntos en no sé qué combate con Santamaría. El galimatías no tiene ni pies ni cabeza. Méndez de Vigo aclara que Trillo se va porque quiere, puesto que nadie le ha echado. Lo dice horas después de haber filtrado la noticia de que Trillo no seguiría en su cargo después de un relevo en varias embajadas previsto para febrero. El propio Trillo había anunciado su reingreso en el Consejo de Estado, en el que tiene un asiento por oposición. Como en otras ocasiones, el partido del Gobierno, descolocado por la rapidez de los acontecimientos a pesar de que estos se suceden a paso de tortuga, viene a salir al paso de los rumores con una batería de explicaciones inconexas, que se contradicen unas a otras. ¡Este es nuestro gobierno, reconocible entre mil!
Es más importante en este caso el personaje que su historia. En efecto, si Federico Trillo ocupa un cargo cualquiera en la maquinaria de la administración del Estado, lo que cuenta no es la función en sí, sino el hecho de que lo ocupa nada menos que Federico Trillo. Todo lo que ocurra después dependerá de esa premisa principal. Porque Trillo tiene serios problemas en relación con la realidad. Su ego es demasiado grande, por lo cual se empeña continuamente en achicar cuanto le rodea, en busca de un urgente “espacio vital”. Dado que la realidad no es propicia a componendas en relación con su propio protagonismo, el choque entre ella y Trillo ha generado numerosas chispas. En su desempeño del ministerio de Defensa, nuestro hombre tuvo dos serios desencuentros con la realidad, uno por exceso y otro por defecto. Por exceso, organizó una expedición anfibio-aero-terrestre para reconquistar un islote desierto en el que una patrulla marroquí había plantado una bandera. Le movía al parecer la épica, la grandeza inmarcesible de España; pero el ejercicio de matar moscas a cañonazos parece en comparación pura rutina casera.
Por defecto, decidió que no tenían mayor importancia los cadáveres desperdigados en una ladera de sesenta y dos militares españoles, muertos en un accidente de aviación perfectamente previsible, previsto y anunciado incluso por los interfectos, dado que se alquilaba para el transporte de tropas un aparato de desecho en un estado de mantenimiento cochambroso. Una vez ocurrida la catástrofe, la única preocupación de Trillo fue acelerar los trámites de identificación y devolver a las familias ataúdes sellados y cubiertos por la bandera de la patria, sin ninguna comprobación de lo que iba dentro. Su cálculo era pasar página rápidamente sobre aquel resbalón, y seguir escribiendo como si nada la crónica esplendorosa de los éxitos del gobierno del PP. En esos avatares fue un buen discípulo y seguidor de aquel otro político (se me ha olvidado su nombre) que declaró que las pérdidas insignificantes de un petrolero naufragado eran como inocuos hilillos de plastilina sin mayor trascendencia. Hay en los dos personajes una voluntad prometeica de someter la realidad a la voluntad del mando, como si la realidad fuera un quinto recién llegado al cuartel con el último alistamiento.
Trillo no dimitió entonces como ministro de Defensa. Defendió su gestión con la chulería y la prepotencia de un cabo furriel, insultando y humillando de paso a los familiares de las víctimas inoportunas. Fue protegido en esa actitud por su superior jerárquico, José María Aznar. Siguió su brillante carrera política con la ocupación de otros cargos, entre ellos la presidencia del Congreso de los Diputados, en los que siempre dejó su impronta característica, la importancia inconcebible de llamarse Federico Trillo. Ahora se va de la embajada de Londres, porque ha elegido borrarse a sí mismo y evitar así que sea otro, un cualquiera, quien lo borre. Se le puede llamar dimisión, si se quiere; yo prefiero llamarlo contumacia.
 

viernes, 13 de enero de 2017

DOS PROPUESTAS PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE EUROPA


Ha salido el número 7 de «Pasos a la izquierda» (1), y ese es un acontecimiento, en la medida en que las estadísticas dicen que la mitad de los/las españoles/as no leen nada. Porque se trata de un porcentaje muy penoso, y todos los incentivos tendentes a que se lea más, y se lea mejor, son en consecuencia una buena noticia.
Pero no es tanto mi intención hacer propaganda extra de un producto con el que mantengo una relación bien conocida (si bien toda la buena propaganda que se haga será poca, aviso), como proseguir, con nuevos ejemplos y argumentos, la línea de reflexión acerca de los Estados y la política que comencé en una entrada aparecida hace pocos días en estas mismas páginas (2). Les recuerdo el párrafo clave:
«Lo cual sugiere la necesidad de variar tanto los objetivos a corto, medio y largo plazo, como las formas concretas de hacer política. Las razones de la “desubicación” que padece la izquierda, según constatan numerosos analistas, podrían tener relación con el hecho de que sus posiciones de partida en la batalla están mal orientadas; apuntan al asalto al Estado para realizar desde arriba los cambios necesarios, en lugar de promover cambios concretos en los mecanismos de funcionamiento de las cosas para avanzar a partir de ahí en el consenso necesario para formular al final de todo un proyecto político de Estado con cara y ojos.»
Dos textos de autores prestigiosos aparecidos en el número 7 de “Pasos” me permiten ejemplificar de forma cristalina esta cuestión. El problema al que se refieren es la crisis de Europa, agravada por la defección reciente y aún no consumada de Gran Bretaña, el Brexit. P.N. Rasmussen y U. Bullman, bajo el título «La socialdemocracia que viene», desde un coraje personal magnífico y con una claridad de ideas y de propuestas deslumbrante en ocasiones, abordan en un texto largo y denso los errores cometidos por la socialdemocracia, y la crisis existencial en la que se encuentra en muchos países; y señalan algunas vías posibles para la regeneración.
En lo que respecta a la Unión Europea, esto es lo que dicen: «… seguimos siendo incapaces de proyectar una visión realmente común y una agenda política de transformación que implique a toda la familia socialdemocrática, en esencia porque no acertamos a reunir todas nuestras fuerzas -nacionales y europeas- en una estrategia de cambio común, clara y articulada. Es un viejo problema, causado por muchas y diferentes razones; pero ahora, el tiempo se nos puede estar acabando de verdad, a nosotros y a la UE. Tenemos que afrontarlo juntos con rapidez, limando nuestras diferencias con el fin de actuar juntos en todas las instituciones europeas, incluido el Consejo de Ministros.»
El problema europeo se aborda a la manera clásica: limar las diferencias, consensuar una estrategia común de cambio, reunir todas las fuerzas de la gran familia socialdemócrata, y “actuar juntos en todas las instituciones europeas”. Las instituciones funcionarán, se supone, mediante el mismo juego de participación paritaria de los estados, y con idénticas mayorías exigibles y derechos de veto. También la representación de los partidos europeos será la misma, y otro tanto cabe decir (se menciona explícitamente) del Consejo de Ministros; pero una drástica mejora de la correlación de fuerzas debida a una mayor coordinación y eficacia de las propuestas, inclinará la balanza desde las tesis neoliberales a las socialdemócratas.
Wolfgang Streeck, en «¿Qué hemos hecho? Respuestas al referéndum», parte de un enfoque muy distinto: «La descomposición del estado moderno ha alcanzado una nueva etapa, en el mismo país en el que fue inventado el estado moderno.» De entrada, el problema se sitúa en un lugar distinto, y las soluciones que aparecen como posibles son necesariamente diferentes a las convocadas por Rasmussen y Bullman. Es la naturaleza torpe y rígida de esos grandes navíos portacontenedores herméticos que son los Estados actuales, lo que obstaculiza la realización de una adecuada política de las cosas también en el terreno europeo. Las políticas diseñadas desde Bruselas están tan condicionadas por los vértices, tan burocratizadas y pasadas por los filtros sucesivos de los lobistas, que no pueden sino aumentar el desastre cada vez que intentan recomponerlo.
Es una Europa basada, no en la cooperación, sino en la desconfianza mutua; no en la iniciativa, sino en la defensa férrea de las particularidades, las subvenciones y los pequeños privilegios. De alguna forma, una nueva línea Maginot. Lo que propone Streeck para salir del deshilachamiento iniciado con el Brexit es una Unión Europea «más flexible, menos jerárquica, más voluntaria, y más en línea con lo que se conoce como subsidiariedad en la eurolengua.»
Es importante la cuestión de la subsidiariedad; significa que no se debe supervisar necesariamente, y mucho menos frenar, desde los vértices estatales las iniciativas positivas surgidas en los escalones más bajos de las sociedades políticas; antes bien, se les debe dar libre curso, e intervenir por arriba solo cuando falta esa iniciativa desde abajo. Eso implica el reconocimiento de la autonomía, la inteligencia creativa, el aprovechamiento de ventanas concretas de oportunidad, por parte de organizaciones que, al no alcanzar la categoría de Estados, no tienen existencia propia hoy a los efectos de la Unión, a menos que estén avaladas (y eso supone el pago obligatorio de determinados peajes) por el Estado correspondiente.
Esta es la idea de Streeck: «Una estructura así debería crearse de abajo arriba, puenteando al Leviatán, o Behemoth, de Bruselas; y ofrecería un modelo alternativo de integración europea y tal vez, por añadidura, de estructuración estatal internacional moderna, situado por debajo de las proporciones colosales del superestado proyectado bajo la fórmula de la ‘unión cada vez más estrecha’ de los viejos tratados, hoy desfasados […] No una Europa de dos velocidades, como han propuesto en ocasiones integracionistas franceses y alemanes, sino de dos especies, que compitan por la adhesión nacional y subnacional.»
Eso representaría difuminar las jerarquías, convertir los grandes tratados comerciales internacionales en papel mojado y dejar de repartirse el mundo desde las cancillerías o desde los consejos de administración. Es poco probable que la idea de Streeck prospere, pero eso solo significará que, a partir de la idea genial que la impulsó en su momento, la Unión Europea habrá trazado toda su línea parabólica de ascenso, clímax y decadencia, y se hundirá por sí sola en el desván de las cosas inservibles.
 



 

miércoles, 11 de enero de 2017

ESPAÑA PARAÍSO FISCAL


En la apertura del VII Spain Investors Day, un evento celebrado en Madrid cuya función es animar la inversión extranjera, el rey Felipe VI ha dado por cerrada la etapa de “atonía” económica en España, y ha atribuido esta circunstancia “en gran parte” a un cambio de modelo de crecimiento económico, debido a la apuesta decidida por la apertura al sector exterior. «Gracias al trabajo duro y a la contribución de toda su población, España se está moviendo», afirmó el monarca.
Hay cierta diferencia, como suele ocurrir en toda exposición de los entresijos de la economía, entre lo que expresan las palabras y el mensaje real que se está entregando, más allá de ellas. Da la razón al monarca Benito Berceruelo, presidente del simposio, al manifestar que España «vuelve a ser interesante para los inversores extranjeros». Las razones reales, sin embargo, posiblemente tienen poco que ver con las tres bondades de la internacionalización, según Felipe VI: «crea empleo, expande la base de empresas exportadoras residentes en España, y ayuda a cimentar un nuevo modelo de crecimiento, basado en una economía abierta e innovadora.»
Los datos descarnados muestran una realidad distinta. Por ejemplo, según el Tribunal de Cuentas, el agujero determinado por el rescate a la banca se sitúa a fecha de hoy en una cifra superior a los 60.000 millones de euros. Por ejemplo, la ministra de Empleo ha reconocido que los fondos para la Formación recaudados a partir del 0,7% de la base de cotización de los trabajadores asalariados, fueron destinados a otros usos; y en 2015, una vez determinado en los tribunales que tal cosa no era posible, se dejaron sin gastar 240 millones. Por ejemplo, las ocho autopistas de peaje actualmente en quiebra y riesgo de liquidación, soportan una deuda conjunta de 3.400 millones, y el ministro de Fomento Íñigo de la Serna ha anunciado que el Estado se quedará finalmente con ellas, haya o no haya rescate.
En todas estas actuaciones, o no existen responsabilidades de los promotores de los desastres, o tales responsabilidades no se depuran. No es que se haya decretado una amnistía, es que existe impunidad.
Un dato muy atractivo, en efecto, para potenciales inversores extranjeros: el Estado se hará cargo de los potenciales pufos que vayan apareciendo.
Tal perspectiva se ve considerablemente reforzada si se examina el comportamiento del impuesto de sociedades en nuestro país. En 2007, Hacienda recaudó 44.833 millones de euros por ese concepto; en 2015, menos de la mitad: 20.649 millones. Lo cierto es que el dato no avala la afirmación de que “se ha cerrado la etapa de atonía” anterior. Sí puede sostenerse, en cambio, que se ha generado un nuevo modelo de crecimiento económico. Como mal puede mantenerse que los ingresos reales de las empresas que operan en territorio español se sitúan hoy en torno al 40% de los del año 2007, la conclusión forzosa es que dicho modelo se basa en la elusión de sus obligaciones fiscales por parte de las empresas. Otro dato de gran atractivo para el inversor foráneo.
No me resisto a dar, como conclusión, otros datos fiscales aún, que tomo como los anteriores de una tribuna de Jesús Mota en elpais: en 2014, los ciudadanos españoles que declararon por el IRPF ingresos anuales superiores a los 601.000 euros, fueron 5.394, algo menos del 0,01% de los declarantes; en 2007 habían sido 10.580. En el escalón inmediatamente inferior (entre 150.000 y 601.000 euros), las cifras han pasado de 96.477 declarantes (2007) a 63.122 (2014). Cuando el rey habla del trabajo duro y la contribución de “toda la población”, está desconociendo el hecho de que los ricos se borran. La solidaridad solo es de recibo entre los perdedores de la crisis.
María Luisa Poncela, secretaria de Estado de Comercio, ha anunciado: «España es el noveno país más abierto a la inversión extranjera.» Convendría que especificara también cuál es nuestra posición actual en el ranking de paraísos fiscales.
 

martes, 10 de enero de 2017

RODANDO POR LA PENDIENTE


Noticas frescas de Catalunya. Oriol Junqueras se prepara para comunicar a Soraya Sáenz de Santamaría que el referéndum por la independencia de Catalunya es “irrevocable”; la mitad del Parlament sigue trabajando sobre las leyes de desconexión, en riguroso secreto incluso para la otra mitad del Parlament; y dentro de esa mitad “procesista” que está en el ajo, Anna Gabriel (CUP) ha contado en confidencia delante de los micrófonos a Pablo Iglesias que los de Junts pel Sí les tienen acorralados y han puesto en marcha la apisonadora para triturarlos. El fatal evento ocurrirá cualquier día de estos.
Hay de pronto muchas novedades en Catalunya, si bien no referidas al tema del referéndum y la desconexión, que sigue sensiblemente igual que estaba a pesar de la política de gestos, sino a una eventualidad distinta. Ha sido Xavier Doménech quien ha destapado la caja de los truenos al demandar la convocatoria de nuevas elecciones autonómicas. Su petición ha tenido un efecto dominó curioso: Carles Puigdemont, el actual titular, ha declinado ser candidato a la presidencia de la Generalitat, y Neus Munté tampoco se anima, mientras que Artur Mas y Carme Forcadell parecen moverse en ese terreno movedizo conocido en el reglamento del fútbol como “offside”, con hipotéticos juicios gravitando sobre sus cabezas. ¿Alguien ha pensado en la posibilidad de Raül Romeva como cabeza de lista?
Por su parte, Esquerra podría reafirmarse como opción en solitario, con el viento de las encuestas a favor, y el equipo colorado, tutelado por la alcaldesa Ada Colau, ha inscrito ya en el registro el nombre de un nuevo partido, “Comuns”, pendiente aún de la aprobación de todos los numerosos socios.
Las fuerzas liberales catalanas, un sector de opinión siempre boyante, también se han descolgado con nuevas ofertas preelectorales diferenciadas del PDECat, en un acto en el Ateneu de Barcelona.
Salvo que el sector no se plantea una nueva formación, sino dos. Una, Col·lectiu Catalans Lliures, es favorable al procès; la otra, Moviment Lliures, contraria. El portavoz de esta segunda opción, Roger Muntañola, que se define como “liberal realista”, ha calificado el sueño de la independencia unilateral como una «tomadura de pelo». «Se confunde el deseo con la realidad. Se está engañando a mucha gente», ha afirmado Muntañola, que fue en tiempos diputado por CiU.
En una evocación emparentada con los más acreditados cómics de ciencia-ficción, Guillem Laporta, de Moviment Lliures, describió las consecuencias de una declaración unilateral de independencia: la ciudadanía movilizada organizándose para expulsar de territorio catalán a las autoridades españolas, tomando el aeropuerto del Prat, cortando las autopistas y protegiendo con cordones humanos las sedes de las instituciones catalanas. La revolución, en una palabra. El moderador del acto, Pau Miserachs, solo consiguió añadir más ciencia-ficción en su intento de restablecer el seny: afirmó que tal cosa no ocurriría porque Naciones Unidas tomaría medidas contra el Estado español por no respetar el derecho de autodeterminación de Catalunya.
Si los nuevos liberales ruedan de ese modo por la pendiente del despropósito, ¿qué será a corto plazo de algunas de nuestras más bellas tradiciones? La efervescencia provocada por la posible inminencia de una nueva contienda electoral no debería hacer descarrilar las neuronas liberal-realistas hasta ese punto. Al fin y al cabo, ya llevamos unas cuantas elecciones y consultas en el zurrón, en los últimos tiempos. La experiencia no tendría que tomar a nadie de nuevas.
 

lunes, 9 de enero de 2017

POLÍTICA DE ESTADO O POLÍTICA DE LAS COSAS


Estas líneas no parten de una reflexión acabada; son más bien un ejercicio de estilo, en parte inspirado por la larga entrevista que Sol Gallego y Guillem Martínez han hecho a Ada Colau en CTXT. Dense por avisados mis sufridos e irreductibles lectores.
Nos hemos acostumbrado a hablar de “cambio de paradigma” en relación con la organización de los sistemas productivos, debido a la introducción masiva de nuevas tecnologías que han desplazado de forma rápida y drástica los puntos cardinales de la metodología de la producción, y, más allá, de la política económica (Umberto Romagnoli habla de “seísmo”, y en la expresión no hay asomo de exageración ni ganas de “colocar” un titular llamativo).
Nos hemos acostumbrado a parcelar las esferas de la economía y la política como compartimientos estancos, cada uno con su propia autonomía. Desde este punto de vista, el nuevo paradigma económico no afectaría a la política.
A pesar de eso, reivindicamos todos los días la centralidad del trabajo y del mundo del trabajo en la política.
El ejercicio de la política se ha venido enfocando hacia la organización y el funcionamiento del Estado, en exclusiva, o casi. Pero el nuevo paradigma económico afecta también profundamente al Estado, de varias maneras: al Estado redistribuidor de rentas, al Estado benefactor y providente, al Estado empresario (en tiempos de la guerra fría el Estado era “el” empresario por antonomasia, el detentador del monopolio en todos los sectores “estratégicos”: energía, comunicaciones, minería, industria pesada, banca… ¿Lo recuerdan? Nuestras centrales eléctricas, nuestras materias primas, nuestros ferrocarriles, nuestras reservas monetarias, no podían estar al albur de centros de decisión susceptibles de ser controlados por el “enemigo”).
En las nuevas condiciones, el Estado paga a las alianzas internacionales los gastos más o menos comunes de defensa (tema tabú en la confección de los presupuestos), presta y recibe ayudas en virtud de compromisos internacionales establecidos, y se encarga en exclusiva de los temas represivos y de orden público, para lo cual sigue adjudicándose porciones sustanciosas de renta de una parte de la ciudadanía, al tiempo que exime del todo o parte de los pagos a particulares a los que delega en régimen de concesión casi todas las cuestiones sustanciales antes englobadas en el “sector público” de la economía (sanidad, educación, vivienda, transportes, etc.)
Si consideramos la institución al viejo modo, como Estado-nación, observamos lo siguiente: la primera parte del binomio, la que corresponde a una racionalidad rigurosa en el manejo de medios y fines, la que supone un poder abstracto y equilibrador sustentado en la soberanía popular y que por tanto no debe rendir cuentas a nadie (a nadie, repito, dentro ni fuera de las fronteras) de sus decisiones y de la forma de llevarlas a término, está de capa caída.
En cambio la segunda parte del binomio, la nación, experimenta un impetuoso reflorecimiento. Las naciones, como las religiones, basadas en códigos de pertenencia y en diferenciaciones cualitativas de orden enteramente subjetivo, se enfrentan hoy a los Estados en plan reivindicativo y belicoso: reclaman “lo suyo”, lo que les es debido por “derecho natural”, y la historia ya nos enseña qué clase de monstruo puede ser en ocasiones un derecho natural.
La causa última de esta súbita rebelión de las naciones, una rebelión por lo común muy escorada a la derecha en las convenciones habituales para designar los contenidos de la política, es que el Estado ya no es lo que era. En la medida en que el Estado no garantiza ya en todos sus capítulos, cláusulas y parágrafos el gran pacto welfariano que llevó a las naciones tecnológicamente avanzadas a la mayor prosperidad conocida en la historia, ha pasado a ser bombardeado por las reclamaciones de todos los damnificados, y desde todos los ángulos posibles de tiro.
Ante este panorama, los partidos políticos progresistas solo avizoran una solución: acumular voto suficiente para tomar, en solitario o mancomunadamente, las riendas del Estado (el clásico 50% + 1 como desiderátum), y pilotar entonces el cambio social mediante leyes más justas y benéficas.
Es más que dudoso que tal esquema fuera posible incluso en la época de esplendor del Estado-nación. Después de lo ocurrido en setiembre de 1973 con la Unidad Popular de Allende en Chile, el secretario del PCI Enrico Berlinguer hizo un papel razonado en el que explicó de forma bastante convincente por qué el 50% + 1 era insuficiente para emprender nuevos caminos. Quizás aquel análisis ha caído demasiado pronto en el olvido.
De todos modos, hoy por hoy las cosas están bastante más claras. Una mayoría parlamentaria, incluso si es más sustancial que la mitad más uno de los votos, o de los escaños, no sirve para nada si no va correlativa con un entorno social de compromiso y de movilización (lo cual no significa necesariamente ocupar la calle, sino participar en la práctica de cambiar cosas concretas con una implicación personal y activa, no con tuits). Tantas leyes empedradas de buenas intenciones han quedado a fin de cuentas en papel mojado.
Lo cual sugiere la necesidad de variar tanto los objetivos a corto, medio y largo plazo, como las formas concretas de hacer política. Las razones de la “desubicación” que padece la izquierda, según constatan numerosos analistas, podrían tener relación con el hecho de que sus posiciones de partida en la batalla están mal orientadas; apuntan al asalto al Estado para realizar desde arriba los cambios necesarios, en lugar de promover cambios concretos en los mecanismos de funcionamiento de las cosas para avanzar a partir de ahí en el consenso necesario para formular al final de todo un proyecto político de Estado con cara y ojos.
Ni los cambios en la Constitución serían la forma de empezar la tarea – tanto más con una correlación de fuerzas que chirría en todos sus ejes –, ni la política mediática puede constituir un mecanismo de seducción de las audiencias capaz de cristalizar en forma de amplias mayorías de progreso en el país. Esto no es tele-reality.
 

sábado, 7 de enero de 2017

ATENTADOS CONTRA LA CONVIVENCIA


Cuenta Antonio Baylos que el alcalde de Casasimarro (Cuenca), hombre del PP y en consecuencia demócrata de toda la vida, se niega a colocar una placa en recuerdo del sindicalista Ángel Rodríguez Leal, hijo del pueblo y muerto a tiros en el despacho laboralista de la calle madrileña de Atocha, en los momentos más duros de la transición. El alcalde se opone a la iniciativa «para no herir sensibilidades». (1)
Es decir, hablando en plata: nada de memoria histórica, nada de reparación; caminemos francamente, y yo el primero, por la senda del olvido interesado de quienes fueron muertos y de quienes fueron sus asesinos. Tengamos unos y otros la fiesta en paz.
El ministro Catalá defiende la misma doctrina en relación con la corrupción. Sus efectos, dice, han sido depurados por los resultados de las urnas, de modo que no hay más responsabilidades políticas que exigir. Olvido de nuevo, en aras de la convivencia.
En el trasfondo de las dos afirmaciones se esconde una implicación sutil, que no aparece expresa pero se deja colgar en el aire: “Si te pones a hurgar en mi sensibilidad, las cosas pueden ponerse bastante peor para ti, de modo que mejor nos tenemos todos en lo nuestro.”
Lo nuestro es, se supone, el compromiso por parte del poder de no matar, encarcelar, torturar ni humillar, por lo menos de forma gratuita y siempre salvadas determinadas situaciones que requieren una estrategia algo diferenciada (ley mordaza); y asimismo, no corromperse ni trapichear en el ejercicio del cargo más de lo que prudentemente deba ser considerado tolerable por parte de la opinión pública, habida cuenta de que las tragaderas de una opinión pública convenientemente dirigida desde los medios de comunicación afines ya son razonablemente holgadas.
Dada la generosidad y el altruismo considerables de estos planteamientos, no acaban de entender sus promotores las resistencias que generan. Por ejemplo, ¿a quién se le puede ocurrir la propuesta de colocar una placa en recuerdo de un sindicalista, en un parque público; o bien, retirar un monumento al alférez provisional de otro parque público; o bien, obligar a un padre de la patria a abandonar su cargo diplomático en Londres por tiquismiquis de los que ya casi nadie se acuerda? Tales actitudes presuponen que el poder debe estar sometido a limitaciones y responsabilidades ajenas por completo a su esencia última. Solo se les puede calificar, por tanto, de resabios “guerracivilistas” y de voluntad pertinaz de atentar incívicamente contra la convivencia que tanto ha costado implantar.
 

 

viernes, 6 de enero de 2017

EL TRIANGULILLO


– Sepas que en un golpe de viento la falda se ha volado y se te ha visto el triangulillo – dijeron voces amigas a una presentadora de la televisión canaria que había presentado a la intemperie las uvas de Nochevieja ataviada con una espléndida falda recolorada abierta hasta arriba por un costado.
A la presentadora la noticia no le ha dado frío ni calor. Ella dice que llevaba bragas de color carne, de modo que la sonrisa vertical que endulzó por unas décimas de segundo su entrepierna expuesta habría sido nada más una costura del panti. Posible. La descarga de adrenalina de los espectadores que presenciaron el visto y no visto en directo o en pantalla, debió de ser en cualquier caso rigurosamente auténtica.
Pocas cosas, por no decir ninguna, nos alegran más a los varones que la visión del triangulillo, siempre que sea fresco y esté bien puesto. Dejó sentenciado Stendhal que la belleza es una promesa de felicidad, y nada más promisorio, en esa línea de pensamiento, que determinado rinconcito de la anatomía femenina, ya esté florido o bien curiosamente depilado, moda reciente a la que no tengo argumentos serios que oponer.
Georges Brassens, tenido desde siempre como un experto indiscutible en el tema, lo calificó de “gran amigo del hombre”, y lamentó en estrofas vehementes el nombre bajo y soez con el que es conocido vulgarmente un lugar que acumula tantos méritos que su descripción rigurosa requeriría el concurso de la más alta poesía.
Precisamente a esa tarea se dedicó en su momento Pablo Neruda en “Los versos del capitán”, donde expresa de esta forma su asombro ante el imprevisto montículo que encuentra, travestido de “insecto”, en el curso de la larga caminata “de tus caderas a tus pies”: «Aquí hay una montaña. / No saldré nunca de ella. / ¡Oh qué musgo gigante! / Y un cráter, una rosa / de fuego humedecido.»  
La metáfora de la rosa la habían utilizado varios siglos antes Guillaume de Lorris y Jean de Meung, coautores no se sabe si de forma simultánea o sucesiva del “Roman de la Rose”, uno de los más celebrados bestsellers de época medieval. También fue puntualmente recogida en “El nombre de la rosa” por el profesor Umberto Eco, ilustre semiólogo y admirador conspicuo de los encantos femeninos.
Una consejera de la radio televisión canaria manifestó, en referencia al episodio de la Nochevieja mentado arriba, su vergüenza porque la mujer aparezca en estas situaciones como un mero “pedazo de carne que debe mostrar cacho”.
Tiene toda la razón, desde luego, y de ninguna forma ha de entenderse este post como un argumento en su contra. Solo me siento capaz de oponer a la cuestión una levísima objeción en contrapunto. Desde la aguda conciencia de que las mujeres son mucho más que un pedazo de carne, siento – lo he sentido siempre – un respeto inmenso, que llega incluso a la adoración (por lo general nocturna), por cada uno de los pedazos de carne que forman parte inescindible de ellas. La única excusa que puedo dar es que también yo soy así: un mero pedazo de carne, por más que no solo eso.
 

jueves, 5 de enero de 2017

EL ESTADIO PANATENAICO


El tiempo inclemente que padecemos en Grecia nos está impidiendo a Carmen y a mí hacer la excursión que proyectábamos a alguna isla aún no visitada (¿Naxos, Cefalonia, Skiathos?), y en cambio ha dado opciones de visita a algunas alternativas atenienses que año tras año íbamos dejando de lado por estar situadas en la parte baja de nuestra lista de prioridades.
Pero siempre hay sorpresas imprevistas en una ciudad donde el tiempo es transparente, y la antigüedad heroica se adapta como un guante al presente prosaico. El estadio de los Juegos Panateneos no merecía el olvido en que lo teníamos por el simple hecho de haber sido reconstruido casi por completo a finales del siglo XIX para ser escenario de las primeras Olimpiadas modernas.
El lugar en el que se encuentra es sugerente en sí mismo, el lecho de un valle fluvial por el que corría el río Ilissos, entre el monte Ardettos y una loma más baja, innominada. Hoy el conjunto prolonga el gran espacio verde del parque situado entre el edificio del Parlamento y los restos del antiguo templo de Zeus, al que sería más propio llamar de Júpiter, porque es de construcción romana.
Fue en el siglo IV antes de la era cristiana, siendo arconte Licurgo, cuando se emprendieron las obras para levantar el estadio. Se aplanó a conciencia el terreno del valle del Ilissos, se diseñó una pista atlética de un estadio (185 metros) de longitud, y se instaló una doble gradería aprovechando la pendiente suave de las laderas de las dos alturas que flanqueaban el valle. Las instalaciones se estrenaron en 330/329 a. C. para la celebración de las Grandes Panateneas, fiestas religiosas en el curso de las cuales varones del país competían desnudos en carreras a pie, lanzamientos y pruebas de lucha.
Varios siglos después, en 139-144 de la era cristiana, el emperador romano Adriano patrocinó una remodelación del estadio, costeada por Herodes Ático, y convirtió la pista atlética recta en un anillo, para posibilitar las carreras de carros; unió además las dos graderías enfrentadas por medio de una sección curva, y hermoseó los asientos al recubrir las gradas de piedra con mármol blanco extraído del Pentélico. En uno de los lados de la pista se practicó un amplio pasaje abovedado (aún subiste) para la entrada y salida del estadio, y en la cima del monte Ardettos se construyó un templo a la diosa Fortuna (Tyché). Espléndidas estatuas adornaban el recinto. Se conservan actualmente las de los dos Hermes bifrontes, por un lado barbados y por el otro imberbes, en un extremo de la pista; las dobles cabezas coronan sendos pilares cuadrangulares lisos, pero a la altura correspondiente el escultor añadió los atributos, en estado de reposo pero de tamaño ciertamente respetable, correspondientes al dios joven y al veterano.
El estadio, según los escritos de la época, no tenía igual en todo el mundo helénico; ni siquiera el de Olimpia podía comparársele en lujo y grandeza. Pero las edades oscuras trataron mal al conjunto arqueológico. Las nuevas religiones consideraron pecaminoso el culto al cuerpo, y heréticos a los dioses prístinos; y procedieron al acoso y derribo de la satánica construcción. Los mármoles pentélicos fueron saqueados por atenienses que los utilizaron para adornar sus propios domicilios. La intemperie hizo el resto.
Y sin embargo, el viejo estadio en ruinas gozó de una inesperada segunda oportunidad, cuando la Conferencia Olímpica Internacional de París, presidida por el griego Demetrios Vikelas y el francés barón de Coubertin, decidió restaurar la celebración de los Juegos y celebrar en Atenas la primera edición de las Olimpiadas modernas. El estadio fue reconstruido en el mismo lugar gracias a la generosa ayuda financiera del magnate griego Georgios Averoff, con una estimable fidelidad al antiguo monumento. Participaron en los juegos 14 países y, siguiendo la tradición antigua, solo compitieron atletas varones. Los espectadores griegos que abarrotaron el estadio y sus alrededores durante los eventos, incluidos los no tan griegos reyes Jorge I (danés de origen) y Olga (rusa, de la familia imperial de los Románov), tuvieron la satisfacción de ver a un compatriota, Spyros Louis, ganar la prueba de la maratón.
En los Juegos de 2004, celebrados de nuevo en Atenas, el estadio tuvo un protagonismo menor, pero altamente simbólico. Se celebraron en él las pruebas de tiro con arco y se colocó en la pista la cinta de llegada de la maratón, que siguió el trazado clásico de después de la batalla.
En un edificio adjunto al estadio y al que se accede por el pasaje abovedado antes mencionado, se ha acondicionado un modesto Museo Olímpico. Apenas guarda nada más que los carteles anunciadores de todos los Juegos Olímpicos modernos y algunas fotografías de gran formato; es, con todo, un complemento muy agradable de la visita al viejo/nuevo monumento.
 

miércoles, 4 de enero de 2017

BRINDIS AL SOL POR LA UNANIMIDAD DE ESPAÑA


Puesta en la tesitura de preparar las condiciones idóneas para un Congreso que se anuncia borrascoso, la gestora del PSOE ha dado dos pasos significativos de sus intenciones: el primero es el patrocinio indisimulado de una “cena estratégica” cuyos comensales han sido José Luis Rodríguez Zapatero, Susana Díaz y Ximo Puig. La conjunción tuvo lugar “en un céntrico hotel madrileño”, según fuentes periodísticas, y las partes interesadas han coincidido en restarle importancia (es normal que los dos principales barones, andaluza y valenciano, y el último presidente de Gobierno socialista, leonés, cenen juntos en Madrid y en fechas, como se sabe, festivas y de distensión. Las fuentes no precisan quién pagó el convite, pero Sherlock Holmes definiría la deducción como “elemental”.) El segundo paso ha sido la enésima llamada de atención al PSC, en este caso acerca de sus posibles alianzas electorales en Catalunya, en particular con el conglomerado de izquierdas plurales cuya cabeza más visible es la alcaldesa de Barcelona Ada Colau. El portavoz de la gestora Mario Jiménez ha señalado que el PSC es la “marca” del PSOE en Catalunya, y por el PSOE solo puede decidir el PSOE. Centralismo no democrático, desde el momento en que el PSOE es ahora mismo un puñado de gestores encerrados sin luz ni taquígrafos en una dependencia de Ferraz.
Si, a guisa de experimento, ponemos en relación entre sí los dos movimientos tácticos de la gestora, y añadimos a ambos los globos sonda que van apareciendo protagonizados por Madina y por Patxi López para una posible bicefalia, la conclusión (meramente provisional) es que la gestora del partido se encamina con paso firme al mismo caladero de votos ya casi esquilmado al que se ha recurrido en todas las anteriores consultas: recentralización más que centralidad, recurso retórico a las hoy casi inexistentes “clases medias bien pensantes”, desconfianza en relación con el socio catalán, exorcismo a todo lo que huela a izquierda radical, e insistencia en la unanimidad, más que unidad, de España. Algo que vendría a confirmar la paciente labor de Antonio Hernando en funciones de rosa de Alejandría: desplantes al PP cuando calienta el sol, y enjuagues diversos con el PP cuando renacen las sombras.
Cada cual es libre de hacer de su capa un sayo, pero todo este entramado tiene el aspecto de un brindis al sol sin ninguna consistencia. El próximo congreso podría convertirse en un marramiau de pronóstico, o bien, y la alternativa es peor, nacer ya difunto. Hará bien la gestora en tomar nota de que los sondeos presentes indican un ascenso en las expectativas del PP gobernante y nuevos declives en la ya muy mermada intención de voto al primer partido – por el momento – de la oposición. De que la sufrida militancia va a afrontar el congreso, y las primarias consiguientes en el caso no del todo confirmado de que se mantengan, con una disposición reivindicativa y aguerrida. Y, en conclusión, de que la consigna guerrista clásica de que quien se mueva no sale en la foto ha quedado enteramente démodée, desde el momento en que ya no hay foto en la que salir.
 

martes, 3 de enero de 2017

EN EL REINO MÁGICO DE LA POSVERDAD


La idea de llenar de estelades la cabalgata de los Magos no es mala, pero sí muy triste. Todo el mundo sabe lo que son los Reyes Magos: una ilusión infantil. Antes llamábamos mentirijillas a cosas así, ahora se ha inventado para ellas el nombre de posverdad. Así pues, seamos modernos y llevemos nuestras estelades a la cabalgata de la Posverdad. En la puerta del Corte Inglés Sus Majestades recibirán envueltos en capas cuatribarradas y esteladas las peticiones de los niños catalanes: un tren eléctrico, una pelota, lápices de colores y un juego de construcción de independencias. Será una manifestación popular, festiva y multitudinaria. Habrá correfoc y globos de colores. Los pajes repartirán caramelos a voleo desde lo alto de los camellos.
Si los niños menores de siete años, que es a quienes está dedicada la efemérides, tuvieran voto en el referéndum pactado o unilateral previsto sin falta para este año, sería plausible que la iniciativa tuviera algún efecto positivo desde el punto de vista de los convocantes. Tal como están las cosas, no se ve qué provecho puede hacer a nadie infantilizar a una masa anónima y fervorosa de independentistas con la finalidad última de mezclar el culo con las témporas, dicho pronto y mal.
Sus Majestades los Reyes de Oriente no otorgan independencias a los niños que se han portado bien a lo largo del año; como no sean independencias de juguete. La Catalunya indepe que se vislumbra a partir de iniciativas como la de la cabalgata tendrá todo el aspecto de una nueva isla de Nunca Jamás, a la que se llegará volando gracias a una inmersión en polvo de hada y siguiendo la dirección canónica para todos los Peter Pan dispuestos a no crecer nunca: girar a la izquierda en la segunda estrella, y seguir todo recto hasta la mañana.
 

lunes, 2 de enero de 2017

POR UNA SOCIEDAD DE LA INTELIGENCIA QUE NO SEA SOLO ARTIFICIAL


Mi admirada Milagros Pérez Oliva ha escrito en las páginas de elpais un alegato formidable en favor de “Una renta básica en la sociedad de la inteligencia” (1). Estoy de acuerdo con ella, con un matiz importante: la renta básica universal no es – no puede ser – la solución al problema, sino tan solo el primer paso hacia la solución. O dicho de otra manera, la red de seguridad que utilizan como opción B quienes se dedican a hacer volatines en el trapecio. La opción A sigue siendo el volatín, la destreza, la sincronización en el espacio y en el tiempo, la belleza del triple mortal en pleno vuelo; la red es solo el plan B, la forma de evitar secuelas importantes e incluso irreversibles caso de producirse un tozolón.
Doy al respecto tres argumentos, a continuación. Son argumentos acumulativos, no alternativos; se suman los unos a los otros para indicar que la renta básica, en Finlandia o allá donde se aplique, será solo un parche paliativo a menos que esté inspirada en objetivos distintos de los que mueven la economía de nuestra orgullosa sociedad de la inteligencia.
Primero. La proposición, tan repetida, de que ya nunca volverá a haber trabajo para todos porque cada vez más trabajo será asumido por las máquinas inteligentes, sigue siendo un futurible anunciado por profetas variopintos siempre a partir de la observación del vuelo de las aves, que en el caso de nuestra sociedad tecnológica son las estadísticas de todo tipo. Ahora bien, al mismo tiempo que se nos dice que debemos desengañarnos de una visión de la historia como trayectoria siempre ascendente hacia una mayor libertad y confort social, se están interpretando precisamente en ese sentido viejo y criticado las estadísticas disponibles. En los datos citados por Milagros: si un estudio de Oxford de hace unos años indicaba que el 47% de los empleos estaban en riesgo, y ahora un estudio similar de los mismos autores eleva la cifra al 57%, se concluye que en el futuro la cosa irá rápidamente a peor.
No necesariamente ha de ser así. Se olvida que estamos inmersos en una de las crisis periódicas de reestructuración del capitalismo; la más seria y la más aguda de todas, porque es la menos compatible con el bienestar de la población y con el funcionamiento normal de las instituciones que rigen las sociedades democráticas. Tomar un momento de paroxismo de todas las patologías como el indicador más fiable del futuro, puede ser un error profundo. Hay demasiadas presuposiciones ideologizadas por medio: “el progreso tecnológico y el social son incompatibles”; “no hay alternativa”.
Segundo. De hecho, quienes desvinculan progreso tecnológico y progreso social es porque han elegido ya entre los dos objetivos, y consideran el enriquecimiento privado como la única racionalidad posible. Es la visión cruda de unas elites extractivas y de un capitalismo de rapiña. Sin embargo, las mismas estadísticas que se invocan para condenar a una porción creciente de la humanidad a la marginación, están señalando con toda claridad el hecho de que las materias primas escasean, de que su precio de mercado tenderá a subir cada vez más, y de que las mismas condiciones climáticas que han hecho posible la vida en el planeta están tan en riesgo – más aún – que el trabajo productivo por cuenta ajena. Por algún arte de birlibirloque, mientras se declara ineluctable el proceso de defunción del trabajo humano asalariado, se confía en cambio en encontrar soluciones milagrosas al cambio climático sin necesidad de alterar la “racionalidad” que está llevando al planeta a una degradación crítica de todas las condiciones de existencia.
Tercero. Se advierte que los nuevos empleos van a requerir cada vez más de una “alta capacitación”, y en eso estamos todos plenamente de acuerdo. Es el trabajo puramente mecánico, rutinario, no cualificado, el que tiende a desaparecer; el del gorila amaestrado del ingeniero Taylor. Volvemos a la constatación de que la fábrica fordista es pura chatarra.
No sobra trabajo, entonces, sino trabajo no cualificado; hace falta más trabajo con una capacitación más alta, y no parece que tal cosa vaya a ser un problema difícil para una “sociedad de la inteligencia”. Lo malo será que tal inteligencia sea únicamente la artificial; que los humanos propicien una sociedad que privilegie a los robots y margine en cambio a otros humanos. ¿Vamos, de veras y con todas sus consecuencias, hacia un mundo robotizado? Mayor capacitación significa mayor inversión en formación y en educación integral; ampliación de horizontes para los sectores más desasistidos; preocupación por los jóvenes; puesta en valor del material humano, como se hace con cualquier otra materia prima necesaria.
La vieja concepción del ciudadano como mero consumidor ya no se sostiene. Si es preciso innovar en esta situación de crisis, siempre será preferible innovar con inteligencia. Con inteligencia humana.
 


 

sábado, 31 de diciembre de 2016

DAMA Y ARMIÑO


Nos cuentan los periódicos que el retrato, obra de Leonardo da Vinci, conocido como la Dama del Armiño permanecerá indefinidamente en Polonia, después del acuerdo de venta, casi donación por lo moderado del precio, a que han llegado sus propietarios con el Estado polaco.
La literatura periodística sobre el cuadro nos ha dado detalles curiosos. Leonardo cambiaba de idea con frecuencia, por lo que sus pinturas se eternizaban en el caballete. Hubo primero, según los rayos X, una ventana a la derecha, que luego dio paso a un fondo neutro pero que permanece en “idea”, porque de ese lado procede la luz que baña la figura de Cecilia Gallerani, amante a los diecisiete años de Ludovico Sforza, señor de Milán y mecenas del pintor. También al principio no había armiño; hubo luego uno bastante más pequeño, y finalmente creció y obligó a cambiar la posición de la mano que lo acaricia.
Todo ello pudo estar motivado simplemente por la necesidad de equilibrar las líneas de fuerza de la pintura, y proporcionar al ojo del espectador un motivo secundario en el que descansar la vista, en un nivel más bajo que el bello rostro de la mujer. El armiño era un animal heráldico; ningún armiño se habría estado quieto el tiempo suficiente para ser retratado en el regazo de una dama, porque se trata de un animal arisco y nervioso.
La figura femenina está tomada en una posición de tres cuartos – ni de frente ni de perfil – y gira la cabeza hacia su izquierda, como si escuchara a alguien hablar desde ese lado. Es una bella innovación de Leonardo respecto de las convenciones muy estrictas que regían en su tiempo el retrato de aparato, es decir el de personas nobles y cuya importancia social debía quedar plasmada adecuadamente en el lienzo. Consiguió con ese leve giro del cuerpo y la actitud de la modelo, atenta a alguna conversación y desentendida del hecho de estar siendo pintada, dar  mayor dinamismo y verosimilitud a la escena. La Gioconda, tan puesta en los cuernos de la luna por su sonrisa, es en ese sentido mucho más convencional.
Leonardo volvió a intentar algo parecido en dos ocasiones. En el retrato de la Belle Ferronière, del Louvre, hay un giro parecido de la cabeza – no del cuerpo y de la actitud – para mirar al pintor desde la posición de tres cuartos, en lugar de dirigir la mirada al frente. Se ha especulado mucho sobre quien fue la Ferronière, pero el extraño tocado femenino con la cintilla metálica que ciñe la frente se repite en los dos retratos, y hay un parecido muy sensible entre las dos modelos, con diferencias explicables por los cinco años transcurridos y el parto que tuvo lugar entre la primera pintura y la segunda.
El otro retrato con giro corporal del modelo es mucho más misterioso: el de San Juan Bautista, que ladea la cabeza, perfila un hombro y señala con el dedo al cielo mientras en su rostro se dibuja la sonrisa indefinible característica de algunas figuras del pintor de Vinci. Como sobre la sexualidad de Leonardo se ha dicho ya todo, no me extenderé sobre el asunto. En cuanto al personaje, podría tratarse tanto del Bautista como de Baco, duda también planteada en el caso del otro retrato, mucho menos “sfumato”, del mismo joven de melena rizada y sonrisa ambigua.
 

viernes, 30 de diciembre de 2016

RENOVAR EL 15M


Acabamos el año pasado repletos de expectativas: alboreaba el cambio, el bipartidismo hincaba el pico, y el bonito juego de salón de la independencia catalana se había dotado de una hoja de ruta impecable, gracias al paso a un lado de Artur Mas después de aquella votación tan graciosa en una asamblea de la CUP; pero también había perdido la mayoría virtual en los sondeos, ese 50% + 1 por el que suspira Puigdemont. Éramos de un tiempo y de un país que ya eran un poco nuestros, como había cantado Raimon mucho antes, quizás premonitoriamente.
Bueno, hoy estamos igual que hace un año pero peor.
Rajoy sigue encabezando un gobierno monocolor (y qué gobierno), el bipartidismo ha descubierto la forma de sobrevivirse a sí mismo gracias a la pareja cómica Hernando & Hernando, y la hoja de ruta catalana hacia la desconexión sigue presentando carta de batalla, a pesar de que se parece al GPS del coche de mi cuñado en que llevamos dadas siete vueltas a la misma rotonda.
En eso estamos igual que antes, inmovilizados en el marasmo; estamos peor por la inercia perdedora que hemos adquirido a lo largo de una elección repetida y fallida, y porque aquellas grandes expectativas del pasado diciembre se han escurrido por el desagüe. Nos encontramos inermes delante del mismo Rajoy puro y duro, que se manifiesta decidido a agotar el período de la legislatura (¿alguien lo dudaba? ¿alguien cree haber conseguido ponerle incómodo en su poltrona?); de una Susana Díaz en resistible ascensión dentro de las filas rectas y marciales de un PSOE “the way we were”; de un Podemos en rectificación permanente, y de unas “ciudades rebeldes” atrincheradas para detener la avalancha hostil de las derechas. Colau sin presupuestos, y Carmena cuestionada por enésima vez, ahora mismo por intentar aliviar la polución desbocada en la capital restringiendo el tráfico, y mañana por la cabalgata de los reyes, sea la que sea.
Se anuncia que las pensiones perderán poder adquisitivo; que los salarios no remontarán; que los empleos crecerán indefinidamente sobre la base de contar como un empleo entero cada cachito utilizado en una economía asilvestrada que no planifica jamás sus objetivos. Y, sensacional noticia, ¡vuelve el ladrillo! Para completar el bucle temporal, solo falta que los bancos vuelvan a emitir preferentes y a repartir tarjetas black entre sus consejeros. Eso daría a 2017 el adecuado toque retro, o vintage, que convertiría al país en el asombro, una vez más, del mundo, y en trending topic en las redes sociales. Piel de Elefante Rajoy Brey puede muy bien conseguir eso, incluso más.
Puestos a retroceder en el tiempo, tal vez nos sea posible regresar al 15M de 2011. Los sindicatos han hecho un primer amago de plante; va a hacer falta más madera en esa guerra. Va a hacer falta que a la movida se sumen también tantas gentes que sienten tirria por los sindicatos; y tantos movimientos sociales celosos de su independencia insobornable; y tantos rebeldes para tantas causas distintas, hay donde escoger.
Difícil, sin duda; pero más nos va a resultar seguir oyendo mensajes navideños de la corona, adormecedoras ruedas de prensa del señor Méndez de Vigo y promesas de creación de miles de millones de empleos por parte de la señora Báñez, mientras el Delenda anuncia una prolongación indefinida de sus vacaciones de invierno.
Habíamos acumulado un impulso estimable, y lo hemos perdido. Hemos desperdiciado un año completo, y no nos sobran. Que no se nos escurra 2017 por el mismo desagüe por el que se ha echado a perder 2016.
 

jueves, 29 de diciembre de 2016

EL AÑO EN QUE SE NOS MORÍAN LAS MUJERES


Cuarenta y ocho horas tan solo después de que se nos fuera la princesa Leia, y cuando aún no habíamos digerido la desaparición consecutiva de su madre, Debbie Reynolds, llega a nuestros cuarteles de invierno en Egáleo la noticia del fallecimiento inesperado y doloroso de otra madre mítica, al menos para la familia que estamos aquí a merced de una ola de frío y una tormenta de nieve. En Barcelona, María Costa se nos ha ido en silencio, lejos de nosotros ya de forma definitiva y para siempre.
Había asumido el papel de “madre de Glòria” (Gutiérrez) hacia nosotros de forma tan entregada como eficaz, ya en los años en los que acogía en Verges a Carmen y a nuestros dos hijos en los fines de semana en los que yo andaba enredado con reuniones de consells sindicales o de comités centrales; y les consolaba de mi ausencia con manjares deliciosos y contundentes, conseguidos en la cansaladería de cuatro puertas más allá, convertida a todos los efectos en institución benéfica. Y en las ocasiones en las que también yo estuve libre para subir al Empordanet, se desvivía en rodearme de mimo y de seques amb botifarra, en cantidades homéricas ambas cosas, hasta el punto de convertir en compromisos difíciles no solo mis digestiones, que ya tal, sino incluso las de su marido Antoni, cuyo saque fue siempre bastante más poderoso que el mío.
Esa especial aura de protección generosamente alimenticia hacia mí se mantuvo siempre. María era una mujer chapada a la antigua, y los hombres de su vida – entre los que fui un intruso benévolamente acogido – ocupábamos un lugar siempre destacado y blindado por completo contra los sinsabores ordinarios de la vida. Hace pocos años, en una de las ocasiones en las que la tuvimos de invitada, con Glòria, en Sant Pol de Mar, sufrió un acceso de angustia cuando vio después de los postres y el café que me estaba reservada la tarea humilde, pero no por tal razón necesariamente femenina, de fregar platos y cubiertos. Mientras Carmen y Glòria seguían su charla apacible en la terraza, ella tomó la iniciativa de levantarse para ayudarme, e incluso se puso un delantal que encontró colgado de un gancho.
– María, tú eres la invitada aquí, no tienes que ayudarme – le encarecí, al ver que se colocaba muy decidida a mi lado.
Y a ella, por única vez en relación conmigo, después de tantos años de amistad infaltable, le borboteó la indignación en la voz al reivindicar con dureza su libertad y su albedrío:
– ¡Yo hago lo que me da la gana!
En mi corazón se ha abierto un hueco para ella.
 

miércoles, 28 de diciembre de 2016

INOCENTES


El arte de hacer pagar a justos por pecadores ha sido una de las constantes de la estrategia política más sofisticada, en todos los tiempos. Se considera al tetrarca Herodes el Grande su inventor, pero se trata de un galardón dudoso; de hecho, la idea es tan lógica que cae por su propio peso, como la manzana de Newton. Hoy mismo, los ataques yihadistas con bomba o con camioneta en Bruselas, Niza o París, son puntualmente respondidos con bombardeos masivos en Raqqa o bien en Alepo. Son bombardeos “a la sanfasón”, como explica Camilleri que fue el célebre “bummardamento dei miricani” en Vigáta, el año 42, en un libro que empecé a leer anoche. O sea, para entendernos, el lanzamiento de los proyectiles explosivos no sigue un orden estricto inscrito en los protocolos de la guerra, sino que se ajusta al viejo principio de a quien Dios se la dé (la bomba, claro), San Pedro se la bendiga.
Retrocediendo en el tiempo, Simón de Montfort ordenó pasar a cuchillo a todos los cátaros después de tomar Béziers por asalto. Le preguntaron sus acólitos cómo podrían reconocer a los herejes en aquella multitud, puesto que todos parecían iguales. Su respuesta fue digna de Herodes, o para el caso de Hollande: “Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos.”
Celebramos hoy el día de los Inocentes, y es el recuerdo más tierno, más delicado y a propósito de todo el santoral. Inocentes que cargan con las culpas de otros: inocentes de presupuestos deficitarios, de rescates bancarios, de reestructuraciones de sectores productivos, etcétera, sobre cuyas espaldas ya baqueteadas desde antes vienen a recaer las culpas nuevas de las alegrías y los despilfarros de tantos expertos, tantos ministros, tantas troikas como pasan por el mundo sin reproche, después de dejar «sus cuidados entre las azucenas olvidados», según se expresó con elocuencia, a propósito de otro asunto, San Juan de la Cruz.
Herodes, puesto ante diez mil infantes de uno de los cuales, pero a saber cuál en concreto, una información privilegiada le había dado noticia de que había de suplantarle llegado el tiempo oportuno en el trono de Galilea, consideró una medida prudente y enérgica ordenar la degollina de los diez mil. Mataba de ese modo dos pájaros de un tiro, como suele decirse: con aquella gente ruda y levantisca, si no los eliminaba ahora, lo más probable era que treinta años más tarde hubiera de colgarlos de diez mil cruces, cosa obviamente antieconómica; y de paso se ahorraba una pasta en trigo importado del delta del Nilo para el sustento de la población.
– Pero es una barbaridad matarlos a todos, Hero – debió de protestar, imagino, su señora a la hora del desayuno.
– Qué sabrás tú de alta política – replicaría el tetrarca de mal humor, ajustándose la toga.
No invento nada que no esté ocurriendo todos los días.
 

martes, 27 de diciembre de 2016

HISTORIA O ADOCTRINAMIENTO


No ha sido una sorpresa morrocotuda enterarme, gracias a mi nieta Carmelina, de la visión de la historia de Grecia que se imparte en las escuelas de aquí. La guerra contra los persas, por ejemplo, ocupa un lugar mucho más destacado que la del Peloponeso; la primera es una epopeya nacional; la segunda, un conflicto civil demasiado lejano para proyectar sombras en la actualidad, como ocurre con el nuestro. Jerjes viene a ocupar el lugar de nuestro moro Muza, prolongado en el tiempo por los turcos otomanos, que remataron con la toma de Constantinopla la faena que aquel había dejado inconclusa. Después viene sin transición la reconquista nacional frente a los usurpadores, de cuya cultura e instituciones apenas se dice alguna cosa, y no buena. En medio de todo ello ocupa su lugar un capítulo desconcertante, «El Renacimiento», especie de cajón de sastre en el que conviven los grandes artistas (Botticelli, Leonardo, Miguel Ángel), los navegantes y descubridores (Colón, Magallanes, Cook), los sabios (Galileo, Newton) y los estadistas (Enrique VIII, Luis XIV, Napoleón).
Carmelina sacó una nota baja porque en la procelosa sección dedicada a la Edad Media, una de las cosas por la que se preguntaba en el examen escrito era la educación de los niños en Bizancio, y ella dejó la respuesta en blanco. La respuesta correcta dice así, más o menos literalmente, compulsada con el libro de texto: “A los niños se les ponía un tutor para adelantar en los estudios; las niñas aprendían a bordar.” Carmelina se había saltado ese párrafo en el repaso. Por objeción de conciencia, diríamos nosotros; por indignación, dice ella. Y se le bloqueó la memoria. La maestra explicó a mi hija que la niña es lista pero no sabe distinguir aún las cosas importantes de las que no lo son. No es que la maestra (esta, en concreto; me guardaré de generalizar) objete la educación bizantina de las niñas; al contrario, le parece importante subrayarla.
La historia como disciplina educativa tiene un carácter de adoctrinamiento muy parecido al de la religión. La verdad religiosa se da por sentada desde antes del principio, y entonces lo que se enseña son solo algunos ejemplos prácticos de la teoría establecida: la manzana de Eva, el homicidio de Caín, el sacrificio de Isaac, y un rápido paso hacia las bienaventuranzas, la expulsión de los mercaderes del templo, el camello por el ojo de la aguja y el paso de Herodes a Pilatos, para acabar con la cruz y las apoteosis sucesivas de Jesús y María. Algún espacio puede dedicarse también a las lenguas de fuego y a la tarea ingente de la conversión de los infieles.
Con la historia ocurre tres cuartos de lo mismo, toda la sucesión de acontecimientos se selecciona y se ordena a partir de la teoría del presente que se desea inculcar. Ese método tiene la consecuencia inevitable de resultar inútil sin paliativos a efectos de formación. Solo sirve como adoctrinamiento. Es decir, no se enseña a los/las niños/niñas a pensar, sino que se les señala con trazo grueso cómo deben pensar.
El adoctrinamiento iniciado en la escuela prosigue a lo largo de toda la vida. En particular, se nos indica sin duda posible cuál es el gobierno óptimo por el que nos conviene ser gobernados, y en consecuencia cómo debemos votar en cada una de las elecciones sucesivas que nos proponen. Eso ahora, que hay elecciones; cuando yo estudié, lo que nos explicaban era la razón por la cual las elecciones eran un invento extranjerizante nefasto para los recovecos de nuestra particular idiosincrasia. ¿Alguna pregunta?
– ¿Qué significa “indiosincracia”, mosén?
 Significa “castigados sin recreo”.