miércoles, 10 de mayo de 2017

UN SECTOR PÚBLICO EN LA ONDA DEL LARGO PLAZO


Mariana Mazzucato, entrevistada en lavanguardia por Lluís Amiguet (1), propone una reconsideración de lo público como vía indispensable para la eficiencia de la economía productiva. El secreto, en su opinión, consiste en dotar al sector público de una autonomía consistente de gestión, capacitándolo así para desarrollar sus iniciativas sin depender de los avatares de los partidos políticos ni de los resultados de las sucesivas elecciones.
El invento es tan brillante como el de la sopa de ajo: me refiero a que es una receta sencilla, no es nueva, y está comprobado que funciona de maravilla. El problema, entonces, es cómo alejar a los partidos políticos triunfantes de lo que consideran preseas concomitantes a su victoria electoral; es decir, negarles el reparto del gran pastel de lo público y su utilización: 1, parasitaria (es decir, en beneficio de los bolsillos privados de sus detentadores en primer lugar, y de su círculo directo de influencia), y 2, clientelista (con la creación de circuitos privilegiados de favores así materiales como meramente honoríficos, dirigidos a aglutinar las más amplias voluntades en torno a una opción de gobierno concreta).
Los ejemplos a nuestro alcance son numerosos y notorios. La concepción del Estado como una finca particular sometida a criterios meramente extractivos de rentas no es historia antigua ni se va corrigiendo con paciencia y severidad; es la noticia de hoy mismo, el pan de cada día, y no hay propósito de enmienda sino de insistencia.
He aquí la fórmula de Mazzucato para evitar la politización de lo público: «Gestionar a largo plazo. Evitar que los gestores vayan cambiando en cada elección y crear agencias independientes y mecanismos democráticos –no partidistas– que nombren gestores capaces. Sin amiguismos ni improvisación al ritmo de encuestas y urnas. Ya lo hacen en parte Alemania, Israel y hasta EE.UU.»
No es fácil cumplir ese programa. El primer paso sería cambiar la concepción corriente del Estado, parecida a la imagen de una marrana recién parida a cuyas ubres se amorran los lechoncillos para chupar todo el líquido nutriente que puedan por sí mismos y que les permitan sus rivales en el empeño. Un Estado activo, no pasivo, que trabaje y promueva iniciativas con un criterio de cooperación y de síntesis extensible a todos los que, con un término algo anticuado en la literatura ultimísima, llamaríamos sus “súbditos”. Un Estado, también, escalonado; no resumible en un gran aparato central, sino extensible a una pluralidad de ámbitos menores provistos de iniciativa y de autonomía propias, muy capaces de generar sinergias positivas para el conjunto. Un Estado, además, diverso, de modo que no se produzcan continuos encontronazos entre las diferentes opciones políticas que conviven en su interior, sino que se generen elementos de consenso beneficiosos a la larga para todos. Un Estado democrático, en fin, si no limitamos la idea de la democracia a una dictadura de las urnas, por la cual quien gana la baza se lleva toda la puesta.
 

 

martes, 9 de mayo de 2017

LOS MISALES DE SOR MARTA


Si se examinan los hechos con cruda objetividad, se trata de un delito; pero uno no puede dejar de admirar el acompañamiento escenográfico soberbio.
La madre superiora ruega al mosén que traslade dos misales de su biblioteca a la del capellán del convento, que él ya le dirá dónde los tiene que poner. Es el contenido de una esquela manuscrita, firmada por “Marta”. La fecha, 1995. El contenido debe entenderse del modo siguiente: la esposa del president de la Generalitat catalana, Marta Ferrusola, indica al gestor de las cuentas opacas de la familia en Andorra que debe trasladar dos millones de pesetas de su propia cuenta a la de su hijo Jordi Pujol Ferrusola, y que este ya le indicará más adelante cómo debe invertirlos.
Una primera interpretación de la maniobra, a bote pronto, es que la señora deseaba precaverse del qué dirán; disimulaba para pasar desapercibida ante la eventual proximidad de miradas o de oídos indiscretos. Yo soy de la opinión de que hay algo más, en el fondo. No es tanto un disimulo delante de terceros, como delante de ella misma.
Hay una forma de transitar por la política, específica de personas muy bien pensantes, consistente en no meterse jamás en política (1). Sentó cátedra en este modelo de comportamiento el fenecido caudillo de España, pero Jordi Pujol comparte con él una actitud similar en muchos aspectos. No era su vocación, en efecto, la política, oficio como se sabe turbio y bastante infecto, sino el ideal del servicio a una Catalunya (alternativamente, una España) radiante, que merecía todos los sacrificios, incluido, para Pujol, el de chapotear y revolcarse en el cieno madrileño. El espejo deslumbrante de una Catalunya inmaculada servía de biombo para ocultar algunos enjuagues antiestéticos que tenían lugar a su socaire.
Del mismo modo doña Marta, en el momento de entregarse a transacciones que lastimaban su escrupulosa conciencia de católica muy practicante, las disimulaba con metáforas piadosas o cultas. No eran millones, sino misales; no cuentas corrientes, sino bibliotecas. La única vanidad que se autopermitió, el título de madre superiora de boquilla.
Ese tipo de metáfora o traslación semántica de un campo a otro de la realidad permite mantener impoluta y en estado de revista una parte cuando menos de una conciencia escrupulosa escindida, de modo que el peso de la culpa no se haga del todo insoportable. Imagino los rodeos alambicados que habrán construido para sí mismas la monjita que vendía bebés en adopción a parejas adineradas y decía a las madres biológicas que habían muerto; o esa otra, la noticia es muy reciente, que proporcionaba víctimas infantiles sumisas a un sacerdote pederasta.
 

(1) Javier Aristu ha reflexionado recientemente sobre estos temas de la política y la moral. Ver https://encampoabierto.com/2017/04/28/politica-o-moral/

 

lunes, 8 de mayo de 2017

DAR SENTIDO AL FUTURO


La elección de Emmanuel Macron ha sido excelente, a la vista de cuál era la alternativa. Se ha apostado por un futuro – aun incierto –, que será necesario ir perfilando poco a poco, con avances y previsibles retrocesos, para darle concreción y sentido. Le Pen significaba, por el contrario, la negación de cualquier futuro. Así de simple. Podemos visualizar un panorama aproximado de lo que habría sido su presidencia, gracias a Trump: retrocesos en los derechos individuales, en las prestaciones sociales, construcción de nuevos muros y barreras y guetos, ascenso en espiral de la intolerancia y del odio, posverdad como norma en la información oficial. El Gran Hermano de Orwell, no como una pesadilla del colectivismo sino como opción deliberada de un individualismo ultra agresivo.
Estamos entonces de enhorabuena. Pero sigue pendiente la tarea de dar sentido a un futuro al que se ha apuntado una mayoría holgada. Será un trabajo arduo, porque son muchas las personas que tienen la sensación de haberlo perdido todo: personas que carecen de medios de subsistencia, de cultura, de trabajo digno de ese nombre, de protección social, y de derechos significativos que no sean el del voto, que ejercen como una venganza personal contra un entorno hostil.
Este es el análisis de Loretta Napoleoni (en “bez”) sobre ellos: «Dos son las reacciones más comunes entre estas personas sin derechos: ira y desesperación. Un estudio realizado en Estados Unidos entre 1998 y 2013 por Anne Case y Angus Deaton, con una muestra de trabajadores de diferentes edades, ha registrado un aumento de los suicidios y las muertes por abuso de alcohol y antidepresivos en edades comprendidas entre 45 y 54 años. Los porcentajes son tan altos que llegan a poner en peligro la tendencia al alza en la esperanza de vida en los Estados Unidos. La mayoría de esos trabajadores consumidos por la ira son los que votaron a favor de Donald Trump y del Brexit en Reino Unido.»
Le Pen ha tenido 11 millones de votos en Francia. Trump tuvo los de 63 millones de estadounidenses. Votaron a favor del Brexit 17,4 millones de británicos. Estamos hablando del centro del centro; de la elite de los países occidentales avanzados. Son sociedades duales, que juntan en su interior la prosperidad más alta y la desesperación más negra; esta última no en términos absolutos, pero sí relativos, porque los perdedores de la globalización ven pasar la afluencia todos los días por la otra acera, y se les niegan los medios de cruzar la calle.
Dar sentido al futuro de personas que han perdido la noción misma de un futuro: una tarea para las izquierdas y para los centros-izquierda, para el plantel variopinto de ideas que se inspiran en el progreso como un valor colectivo.
 

sábado, 6 de mayo de 2017

RAIMON, UNA VEGADA MÉS


Con doce recitales públicos en el mes de mayo se despide Raimon de los recitales públicos. Estuvimos Carmen y yo en el segundo piso del Palau, para asistir al primero de ellos. No había asientos vacíos. Nunca hemos dejado de arropar como público a Raimon, porque tampoco él ha faltado nunca a la cita con nosotros. Es un caso notable de fidelidad mutua a lo largo de la trayectoria imaginada de una vida, la de la generación a la que él y nosotros pertenecemos.
Anunció de entrada que iba a cantar 36 canciones. Y las cantó, sin más que una breve pausa después de la número 30. Su arranque fue ya un programa, una exposición de motivos: Entre la nota i el so, / amb la paraula cantada, / el gruix de tot el meu viure / vos intente donar cada vegada.”  
Y a continuación nos trasladó, nota a nota, todo el grosor de su vida, con la palabra cantada. Una vez más. Como cada vez, cada vegada.
No faltó la presencia discreta de Annalisa, nunca citada por su nombre, en L’unica seguretat, en Com un puny (único golpe de efecto en todo el recital; al final de la canción se apagaron todas las luces del escenario salvo un foco dirigido a aquella mano que se cerraba lentamente en un puño) o en la encantadora Napolitana per tu, que muchos escuchamos por primera vez.
Cantó Raimon, a lo largo de la noche, a la noche, al agua, a la piedra, al mar, al viento, a la paz, a los orígenes. Atacó muchas canciones íntimas, reflexivas, y volvió a vibrar con las vivencias sociales que nos siguen reclamando: lo que hem vist, todo aquello que jo sent junt amb altres. Gritó Diguem no!, muy fuerte.
Y cantó también a “sus” poetas, Espriu el primero, y con él los viejos maestros de la lengua, Ausiàs, Timoneda, Turmeda, Roís de Corella. Y la “Amanda” de Víctor Jara, el compañero chileno siempre vivo aún para nosotros.
Se detuvo Raimon solo un par de minutos, después de cantar Com un puny. Volvió luego con sus cuatro músicos al escenario, aferró la guitarra y cantó seis “propinas”: Veles e vents, He mirat aquesta terra, Jo vinc d’un silenci, Diguem No, D’un temps d’un país y Al vent.
Después de Al vent, la canción con la que empezó todo, se encendieron las luces y acabó la magia sobre el escenario, pero seguimos aplaudiendo. Aquello no fue propiamente una despedida; lo que venía a decirnos Raimon es que sigue ahí, para lo que haga falta. Así lo entendí yo, así lo entendimos todos.
 

viernes, 5 de mayo de 2017

EL JUEGO Y EL AUTO SACRAMENTAL


El forcejeo frenético entre las dos formaciones principales de la izquierda española, PSOE y Podemos, ha inspirado a José Luis López Bulla un texto importante, “El cainismo de las izquierdas”. Con gusto citaría aquí alguno de los párrafos centrales de su razonamiento, pero no me veo capaz de elegir entre uno u otro, todos me parecen igualmente necesarios. De modo que, por si alguno no conoce aún el camino para llegar hasta él, lo dejo aquí indicado:
A modo de comentario colateral, añadiré aún un par de cosas.
Esta situación no se había dado antes en la izquierda porque antes la izquierda no era así. Los viejos partidos se caracterizaban por un centralismo riguroso y por un sectarismo a flor de piel. El cemento de la ideología unificaba el discurso propio de cada opción, independientemente de sus apoyos reales, y cada disentimiento interno se convertía rápidamente en una traición. Había una seriedad infinita en el reclamo al fiel seguimiento de la “línea”. Las “líneas” eran tantas como los partidos en presencia. El nacimiento de una “línea” distinta precipitaba sin remedio una escisión. Por eso decía Luciano Lama (certera la cita de Bulla) que el enfrentamiento se teoriza, y en cambio la unidad se abre paso solo cuando se dejan a un lado las teologías, las variantes ideológicas al uso.
Como vivimos en tiempos de posmodernidad, y los partidos ya no son estructuras pesadas sino ligeras, meras plataformas electorales, el esquema anterior ya no es utilizable. Ahora se persiguen las preferencias del electorado detectadas por medio de sondeos sofisticados; y esas preferencias, ay, varían de un día para otro, oscilan al compás de la actualidad inmediata movidas por impulsos pasionales – indignaciones – de recorrido muy corto. El papel de los medios es decisivo para conformar una opinión nueva al hilo de cada nuevo telediario. Un desahucio traumático, un caso sangriento de violencia de género, la muerte de una anciana como consecuencia de la pobreza energética, un atentado terrorista en un aeropuerto, van reconfigurando día a día la lista de prioridades que los partidos recalientan en la cocina apresuradamente y ofrecen a los votantes. Nadie se detiene a elaborar políticas a medio y largo plazo; y cuando a pesar de todo las hay, se ocultan detrás del reclamo inmediatista a la impresión más reciente de la audiencia según el último noticiario de las cadenas de televisión.
No hay entonces tanto un enfrentamiento en la izquierda (lo que se propone es más o menos lo mismo) sino un forcejeo por ocupar el primer plano. La iniciativa de Podemos al proponer una moción de censura en el momento neurálgico en el que se conocen los mensajes cruzados por los protagonistas de una de tantas tramas corruptas, obedece a la intención de ocupar el centro del tablero. La respuesta de Javier Fernández a la proposición de Iglesias se sitúa en la misma sintonía, cuando le acusa de “hacer de la política un juego de apariencias”, y señala que la moción “busca desviar el foco de la atención”.
He leído en un artículo reciente de Josep Ramoneda un eco de la primera acusación. Dice Ramoneda que Podemos “juega a la política, más que hacer política”. El reproche es justo. Es, por otra parte, lo que puede esperarse de una formación dirigida a seducir antes que a resolver. Siempre me ha parecido que la fuerza principal de Podemos está en las confluencias en los niveles locales, donde se pisa el terreno de la unidad haciendo cosas en común, tal como proponía Lama; y que su mayor debilidad está en la dirección nacional, en la que ni Pablo, ni Íñigo, ni Tania, ni Irene, etc., han conseguido que les tomemos en serio.
La segunda acusación de Fernández a Iglesias tiene todo el aire de un lapsus freudiano. Desviar el foco de atención, ¿de qué? La respuesta más lógica me parece la siguiente: el PSOE necesita centrar la atención de los medios en el proceso de primarias, un duelo-espectáculo en el OK Ferraz para el que ya se han asignado los papeles estelares de la buena, el feo y el malo. La corrupción puede esperar, el debate de los presupuestos también. Hasta el día 21 todo el partido oficia el trance con la escenografía alambicada de un auto sacramental, que por lo demás tiene un aire irresistible de déjà vu. Es «La persecución y muerte de Pedro Sánchez Castejón tal y como fue representada en la sede de Ferraz bajo la dirección del Marqués de Zapatero».
Esta función teatrera, por mucha solemnidad y charanga que se le ponga, es en definitiva otro “juego de apariencias”, tanto por lo menos como la moción podemita. La realidad apremiante, los problemas urgentes, las cosas que importan de verdad, están ahí esperando que los líderes políticos ensimismados abran las ventanas y miren hacia fuera.
 

jueves, 4 de mayo de 2017

EL DESCUBRIDOR DE PLACAS


Lector paciente, puedes saltarte sin escrúpulo el post de hoy, no aprenderás nada de provecho. Estas breves pero sentidas líneas están dedicadas al duque de Edimburgo, una de las personalidades punteras del otium cum dignitate a nivel planetario, y que a sus 96 años, a partir del mes de setiembre próximo, se desembarazará de forma definitiva de las numerosísimas obligaciones protocolarias que invaden su agenda. Felipe de Battenberg (Mountbatten en su versión inglesa) se retira de la vida pública. ¿En qué consistía su vida pública? Él mismo la ha definido así: «Soy el descubridor de placas más experimentado del mundo.» Allí donde había una placa, o una lápida, o un monumento conmemorativo en tres dimensiones por descubrir, en todo el ámbito de la Commonwealth, allí era requerido el Duque para llevar a cabo la faena con pulcritud y precisión. Lo ha hecho, según una estadística rigurosa, 22.191 veces desde 1952. De aquí a finales de agosto aún podrá añadir algunas unidades más a su portentoso récord. Con dedicación, tiene a su alcance una cifra preciosa: 22.222, los cinco patitos en fila.
En sus prolongados descansos en Balmoral, y en algunos actos públicos de raigambre tradicional escocesa, al Duque le gusta lucir el kilt, esa faldilla a cuadros de colorines. Desde Braveheart, nadie como Felipe había lucido el kilt escocés con sobria elegancia y al mismo tiempo con una potente sugestión de virilidad sublimada. Es un portento. Su señora, la reina Elizabeth, ha dicho de él: «Es mi roca, ha sido mi fuerza y mi sostén», palabras que deberían constar en su epitafio cuando, vete a saber dentro de cuántos años, acabe por sucumbir al destino común de los humanos.
Mientras llega ese momento, podrá pasar buenos ratos de charla menuda y esparcimiento alcohólico en el aristocrático barrio londinense de Mayfair, como adorno destacado de la barra del bar del muy exclusivo Club de los Zánganos, institución debida a la pluma de P.G. Wodehouse. Freddie Widgeon, el hombre que tuvo diez mil novias y fue abandonado por las diez mil antes de llegar al altar, había sido hasta ahora el miembro más distinguido del club. El Duque podría ser su patrón honorario.
 

miércoles, 3 de mayo de 2017

NO CREO QUE LO VAYA A ENTENDER


Javier Fernández, cabeza visible de la gestora del PSOE, dice a Pablo Iglesias Turrión en una carta abierta, dada a conocer esta mañana por la prensa, que la moción de censura a Rajoy, primero no es útil; segundo, beneficia a Rajoy; y tercero, desvía el foco de atención. Ahora bien, la moción va dirigida a resolver la situación creada desde la investidura del gobierno monocolor del PP en minoría, en la que han sido constantes la obstrucción parlamentaria a las iniciativas opositoras y el intento de taponar el escándalo de los casos desbordados de corrupción, que afectan a la gestión política del PP en diversos ámbitos, mediante el sometimiento forzado de los fiscales a disciplina inglesa (látigo de nueve colas, para entendernos).
De qué modo una moción de censura compartida por las fuerzas de oposición y dirigida a poner remedio a esa situación asfixiante pueda no ser útil, no alcanzo a concebirlo; por qué beneficiaría a Rajoy, me resulta un misterio insoluble; y hacia dónde se quiere desviar el foco de atención, o cuál es el foco de atención alternativo que resulta prioritario para la política en este momento, me es imposible adivinarlo. Por tanto, me siento concernido por la coletilla final de don Javier a don Pablo: «Si todavía no lo has entendido no creo que lo vayas a entender.»
Pues no creo que, por mi parte, yo lo vaya a entender, la verdad. Tampoco se me ocurre cómo va a remediar el PSOE la actual sangría de votos en todos los frentes, a partir de la línea política subterránea que sigue desde que don Javier se ha puesto al mando de una comisión gestora improvisada después de aquella bronca monumental que tuvo lugar precisamente en torno a la definición de una línea política. La llamo subterránea porque ningún tramo de la línea, hasta el momento, ha aflorado a la superficie. Tampoco en el trance de la moción de censura aparece una alternativa clara, descontado el “no es no”. Dice don Javier a don Pablo el Joven que «en lugar de hacer de la política un juego de apariencias, deberíamos propiciar acuerdos.» Pero de un lado, no parece mostrar ninguna prisa en “propiciar acuerdos”. Y de otro, el primer acuerdo hacedero sería precisamente en torno a la moción de censura, siquiera para encarrilarla de forma adecuada en el caso de que en Ferraz les parezca que urge colocar el foco de atención en otro lugar. Por lo demás, el “juego de apariencias” que está difundiendo a su alrededor el actual núcleo socialista es el del secretismo y el ensimismamiento. Ninguna relación con lo que, a juicio del electorado, sería exigible a una institución tan arraigada.
No sé don Pablo, pero yo desde luego no lo he entendido todavía, y no creo que lo vaya a entender.
 

martes, 2 de mayo de 2017

FEO, MONÁRQUICO Y SENTIMENTAL


Son los tres adjetivos con los que don Ramón del Valle-Inclán definía al marqués de Bradomín, salvo que él puso “católico” en lugar de “monárquico”. La diferencia es escasa, los monárquicos suelen ser católicos y el acento sigue siendo esdrújulo; pero el segundo calificativo me parece que define de forma más certera a ABC, la cabecera decana de nuestra prensa diaria. ABC es en realidad las cuatro cosas: católico, monárquico, sentimental y francamente feo.
Ayer mismo, día 1 de Mayo (no confundir con el Primero de Mayo, que es cosa muy distinta como ha explicado en su blog José Luis López Bulla), ABC colocó en su portada a Susana Díaz, en una fotografía de cuerpo entero, caminando sonriente y solitaria por una calle de Hinojos, Huelva. Acompañaba a la imagen un mapa de España en el que aparecían coloreadas en rojo las autonomías favorables a Díaz en las primarias inminentes (todas, desde Madrid hacia abajo); en negro el territorio de Patxi López (Euskadi y gracias), y en rosa el de Pedro Sánchez (Cataluña). El resto del territorio, de un tono gris perla, era calificado de “indefinido”. En el breve texto se afirmaba que Díaz espera superar a Sánchez en más de 20.000 votos.
No se dedica ninguna alabanza a Díaz, si bien el hecho de ocupar la portada de forma tan rotunda, y sin que se añada ninguna descalificación, es en sí misma una entronización, dadas las características del medio en el que aparece. Se deja al lector sacar las conclusiones por sí mismo. Susana va vestida de negro, con zapatos también negros de tacón, medias oscuras y una chaquetilla blanca, corta. Sin guardaespaldas, sin ningún acompañante visible. Detrás de ella solo se divisan un coche aparcado, un par de faroles y un señor mayor que mira a la lideresa de lejos y tapa a medias uno de los faroles.
El mensaje es sibilino a menos que teoricemos, con McLuhan, que el medio es en sí mismo el mensaje. Me arriesgaría a sostener que ABC está indicando que preferiría la victoria de Díaz a la de Sánchez, descontado de antemano el outsider López. Yendo algo más allá, se puede defender la idea de que el socialismo propugnado por Díaz le resulta más simpático, o más adecuado, que el de su rival, al órgano de la derechona monárquica.
Pero este último extremo no está respaldado por pruebas inequívocas. Ni Díaz ha manifestado hasta ahora preferencias por una coalición con la gran derecha (ella lo único que quiere es “ganar”), ni, a la inversa, la gran derecha ha avanzado ninguna propuesta en ese sentido. A un Mariano Rajoy en minoría parlamentaria le basta por el momento con vetar cualquier proposición de ley que venga de las filas opositoras, sin hacer distingos entre ellas; y con descabezar fiscales ariscos cuando desobedecen las órdenes perentorias de tapar con tapujos a la medida la corrupción que aflora.
Habrá que esperar, entonces, para saber si la portada de ABC obedece simplemente a una efusión primaveral, dado que el órgano de prensa es, como se ha avanzado, sentimental (además de feo y monárquico); o bien si, tal como algunos tuits han voceado ya sin pruebas, habría en efecto un por qué paladino detrás de tanto enigma.
 

lunes, 1 de mayo de 2017

TODOS LOS MALES MENORES


El Primero de Mayo es el día idóneo para una reflexión de cierto calado, desde criterios de clase. Es decir, desde la óptica propia de unas clases trabajadoras maltratadas a fondo, a lo largo de los últimos treinta años, desde todos los ángulos de tiro. Se ha anunciado a bombo y platillo, desde los medios de signo neoliberal, su obsolescencia irreversible, cuando no su inexistencia pura y simple. Salvo que de pronto, y de forma coyuntural, esos mismos medios, inquietos por los síntomas de desmoronamiento de las leyes físicas de la estática del poder, suspiran sotto voce por un mayor apoyo electoral desde las denostadas bases trabajadoras en las actuales angustias, con el fin de salvar por lo menos los muebles.
Se depositó en las altas finanzas, en la voz autorizada de los mercados, el nuevo orden mundial, la idea de un reequilibrio automático de los poderes y los contrapesos sociales para facilitar el nacimiento de un mundo más armonioso y más “transversal”, pletórico de oportunidades para todos, despojado de las trabas paralizadoras de las luchas de clases. La desregulación del trabajo, la fragmentación y la precarización del colectivo asalariado, las manos libres para los empresarios en tanto que “únicos” creadores de riqueza, la liberalización del comercio mundial y las bandas anchas para el movimiento acelerado de los capitales, han sido los presupuestos considerados indispensables para ese Brave New World soñado. Se esperaba, tal vez, un amplio consenso social de las flamantes “clases medias” para abordar la nueva etapa del mundo global después del fin de la Historia. Algunos de los resultados obtenidos están ahora en el escaparate: el Brexit, Trump, la reactivación de viejas hostilidades y la inminencia de nuevas guerras.
Más la eventualidad de que Le Pen acceda a la presidencia de Francia con el apoyo tácito de la “izquierda insumisa”. Algo que a todos nos parece urgente evitar. Mélenchon debería definirse con rapidez: cualquier mal es menor frente al representado por una opción que conduce al torpedeamiento de la democracia representativa y de la idea común de Europa.
Pero es dudoso que Mélenchon disponga de una autoridad decisiva sobre ese 19,6% que lo votó. El voto desestructurado tiene hoy una fluidez desconocida en épocas anteriores de mayor espesor social. El precariado, según los estudios sociológicos que se ocupan del asunto, no se sitúa en la derecha ni en la izquierda, y su voto es cortoplacista y antiestablishment. La sustitución de los conceptos de la derecha y la izquierda por el arriba y el abajo tienen estos inconvenientes engorrosos. Quienes prefirieron a Mélenchon como primera opción podrían tal vez elegir a Le Pen como segunda. Su cálculo no va más allá de la angustia que les provoca la falta absoluta de perspectivas razonables. Que todo pete, puede ser su elección final desesperada.
Ocurra lo que ocurra el 7 de mayo, hemos llegado a una línea roja evidente. Las autoridades europeas y mundiales deberían recapitular, primero, y rectificar inmediatamente después su línea de actuación. La cohesión social no nacía de las ambiciones dirigidas por el capital, sino del progreso promovido por el trabajo bien remunerado. Quienes han menospreciado el valor de la solidaridad y la cooperación para proclamar el egoísmo individual como agente privilegiado del progreso, tienen ocasión de calibrar a dónde está conduciendo ese progreso. El trabajo digno no es un lujo que la sociedad no pueda permitirse, sino el único futuro viable para esa sociedad. Los sindicatos cumplen una función positiva en la medida en que encauzan las demandas sociales y contribuyen a la redistribución de forma ordenada de la riqueza generada, entre capital y trabajo. La lógica “de clase” de los trabajadores es al mismo tiempo, al contrario que la de los capitalistas, una lógica “general”, pensada y esgrimida para la sociedad en su conjunto. En ella el progreso común no se crea de forma rectilínea sino en zigzag, a partir del conflicto y de su solución compartida. Cientos, miles de males menores van configurando un bien también menor en relación con las expectativas de las partes, pero que acaba por aprovechar a todos. Y el consenso provisional generado por esa dialéctica es el único elemento capaz de legitimar de forma suficiente a los representantes del pueblo que nos gobiernan.
De nuevo, un año más, los trabajadores desfilaremos hoy al grito de «Aquí están, estos son, los que aguantan la nación.» Una verdad tan palmaria que alguien, en las instituciones, debería tomar nota.
 

sábado, 29 de abril de 2017

PUJOLANDIA


Josep Ramoneda recuerda (en elpais) las palabras de Marta Ferrusola, esposa de Jordi Pujol, cuando Pasqual Maragall, al frente del primer tripartito (PSC, ERC, ICV), ocupó la presidencia de la Generalitat: Ens han fet fora de casa, nos han echado de casa.
Aquella primera humillación fue vivida por el tardopujolismo como un sacrilegio, más que como la derrota de una opción política. Las esencias sagradas se estremecieron; el pueblo del Patriarca había sido expulsado con violencia (la violencia de unos votos “foráneos”) de su hábitat natural; tal y como los mossos desahucian a un mindundi cualquiera de su vivienda de protección oficial.
Ferrusola profetizó en otra ocasión, con amargura, la llegada de tiempos difíciles en los que las torres románicas de las iglesias catalanas serían reconvertidas en minaretes. Hay un fuerte sentido mesiánico en la parábola. Equipara a los catalanes con el Pueblo elegido, que desde el destierro y el oprobio espera llegar algún día a la Tierra prometida. Las vejaciones implícitas a la larga travesía del desierto se resolverán entonces en una nueva Jerusalén en la que manarán ríos de leche y miel (tal vez de mel i mató, más idiosincrásico).
En cualquier caso, ha existido siempre un fuerte sentido patrimonial, además del religioso, en el nacionalismo catalán. Esta es una tierra de acogida en la que se tolera bien a los advenedizos (el propio Pujol habló de convertir Catalunya en una gran pista de aterrizaje para las multinacionales), siempre que paguen puntualmente el arrendamiento convenido a los amos del lugar.
Y los amos no cambian. Son, en primerísima fila, unas cuantas familias protagonistas de una larga saga, promotoras de todo (el comercio, la cultura, la religión, la industria, los juegos florales) y a las que todo es debido. Existe una jerarquía espiritual, además de la material, pero ambas están estrechamente unidas. Como sucedía con el calvinismo, la riqueza es aquí un signo de predestinación.
Ahora el juez De la Mata sitúa a Marta Ferrusola (Això és una dona!, la aclamaban sus fieles en un multitudinario homenaje ¿espontáneo?) en el centro del patrimonio ilegítimo amasado por la familia Pujol. Ella era, al parecer, la que controlaba la trama. No es una trama espectacular, imposible compararla con los grandes pelotazos que se generan en la capital del reino, con el palco del Bernabeu como péndulo de Foucault invisible que recorre sucesivamente todas las posiciones del círculo. Pero este es un país pequeño, ya lo dijo Pep Guardiola, otro profeta desarmado.
Los Pujol no formaban parte originaria de la oligarquía de las grandes familias catalanas, pero para Ferrusola no era concebible que el rango espiritual de su marido en el país no se viera equiparado y confirmado por una posición similar en el rango patrimonial. Así fue, al parecer, como empezó a crecer esa burbuja oculta, no tanto invisible como omitida y sobreentendida, que solo ha reventado cuando se ha perdido la sintonía sutil de la Catalunya "de siempre" con el poder central.
Y es que las culpas del enriquecimiento ilícito de los Pujol no son únicamente una cuestión catalana. También esto lo señala Ramoneda en su artículo.
 

viernes, 28 de abril de 2017

AQUÍ NO HAY PLAYA


Una vez acordada la prioridad política absoluta del corredor Mediterráneo, ahora de lo que se trata, al parecer, es de decidir por dónde pasa el Mediterráneo. De la geopolítica, hemos pasado a la clase de geografía a secas. La moción presentada por el PSOE ha configurado el citado corredor con un trazado que une Algeciras con Barcelona pasando por Sevilla, los Montes de Toledo, Madrid y Zaragoza. En palabras de un senador valenciano, se sustituyen los puertos de mar por puertos de montaña.
La rompedora moción del PSOE, sin embargo, no ha podido ser debatida en el Senado, debido al veto interpuesto por Unidos Podemos, ERC y Compromís. Una situación que ha enfurecido a Susana Díaz.
No sé si recuerdan ustedes a Susana Díaz: es esa chica rubia que se postula con toda ilusión a unas primarias para liderar su partido, con todo en su contra dado que su doble condición de mujer y andaluza ha disparado los prejuicios ancestrales de los varones catalanes y del universo populista en general.
El tema del corredor Mediterráneo ha dado ocasión de que se exhiban descarnadamente tales prejuicios. No es que Susana haya sido la ponente de la moción de su partido, pero ha volcado en el tema todo su dinamismo y su considerable temperamento. La operación de colocar la línea costera del Mediterráneo entre Despeñaperros y Tardienta pasando ¡oh casualidad! por Madrid, por donde todo pasa necesariamente pero no hay playa, era singularmente delicada y estratégica. Los valencianos no tenían derecho a protestar, porque ellos sí tienen playa y en cambio, ahora, ya no tienen gobierno del PP.
La retirada final de la moción ha sido un revolcón para el nuevo PSOE que, de la mano de Susana, se define a sí mismo como “ganador”. No es extraño que a Susana se le haya calentado la boca. Esto es lo que ha dicho: «Y así estamos con quienes no saben que las instituciones sirven para cambiarle la vida a la gente y esa es la diferencia de la política de la izquierda útil que somos los socialistas y de la izquierda inútil que actúa como los tontos útiles de la derecha.»
Palabras tan llenas de equilibrio y de sensatez que huelga comentarlas en esta bitácora. Tan solo me permito destacar la guinda del pastel, ese “revival” de un viejo concepto, el de los tontos útiles, que tanto juego dio en el régimen ya fenecido y que ahora podría volver a ser trending topic en un contexto novedoso y rejuvenecido.
Díaz acaba de dar, o no, un paso de gigante en dirección a las primarias de su partido. Abran paso.
 

jueves, 27 de abril de 2017

EN EL ANIVERSARIO DE GRAMSCI


Hoy hace ochenta años que murió en Roma Antonio Gramsci. Estaba internado en la clínica Quisisana debido al deterioro irreversible de su salud, y técnicamente se encontraba en libertad condicional después de muchos años de prisión y de maltrato en las cárceles mussolinianas. En la tarde del 25 de abril sufrió una hemorragia cerebral, y murió a las 16.10 del día 27. Junto a él estuvo en todo momento su cuñada Tatiana Schucht. Su hermano Carlo se presentó en la clínica al conocer la noticia. Fueron las dos únicas personas a las que se permitió asistir al traslado del féretro al depósito; porque Giulia o Julca, la esposa, y los dos hijos de ambos, Delio y Giuliano, estaban a miles de kilómetros, en Moscú. El questore de Roma hizo la siguiente relación de los funerales, el 28 de abril (dejo el texto en italiano, creo que se entiende bien): «Comunico che questa sera, alle 19,30, ha avuto luogo il trasporto salma noto Gramsci Antonio, seguito soltanto dai famigliari. Il carro ha proceduto al trotto dalla clinica al Verano dove la salma è stata posta in deposito in attesa di essere cremata.»
Hay enterradores de vocación que persisten, ochenta años después, en tratar de incinerar a Gramsci; curas y barberos ansiosos por expurgar su biblioteca. Anoten el nombre de uno de ellos: Ramón Vargas-Machuca, filósofo y columnista de elpais. Publica hoy una tribuna bajo el título “El Gramsci de todos”, decidido a instalar sus cenizas en un panteón y a cerrar el sepulcro con siete llaves. Su Gramsci “de todos” es, más bien, el Gramsci de nadie. Atiendan a esta perorata insólita: «Tomarse a Gramsci en serio es no obviar su condición radical de “pasado ausente”. Respetando su historicidad podremos rastrear con cierta corrección epistémica e integridad intelectual al Gramsci real. De esta manera, se desvanece también la ingenua pretensión de hallar en él un menú de recetas para tratar un presente cuyos rasgos básicos se obvian. A los textos de Gramsci podría aplicarse aquello de que “con fecha se entienden todos; sin fecha, ninguno”. En fin, tratemos a Gramsci como un clásico.»
Si Gramsci es “pasado ausente”; si sus escritos solo se entienden cuando se les pone fecha, no tiene objeto plantearse tratar a Gramsci “como un clásico”. Un clásico trasciende su época, coloca su legado en una onda temporal más larga y reclama ser escuchado y atendido desde la posteridad. La pretensión del articulista es exactamente la contraria, a pesar de esta bonita frase final: «Un clásico es aquel cuyo proyecto ya no cabe aplicar pero de cuyo bagaje no podemos prescindir.» La distinción entre “proyecto” y “bagaje” es gratuita, y difícil de aplicar incluso desde una perspectiva estrechamente casuística. ¿Se ve el profesor Vargas-Machuca capaz de aplicarla a la obra de Montesquieu, de Stuart Mill, de Platón? ¿A la de Mahoma, de Jesucristo, de Gautama Buda? Lo que está proponiendo con Gramsci es cancelar toda posible pretensión de vigencia de sus textos porque, una vez examinada su fecha de caducidad, se comprueba que ha pasado con mucho.
Dejo de lado la cuestión de que Vargas-Machuca, como tantos otros componentes de la caterva paisiana, a lo que se dedica en ese texto generosamente pagado (supongo) es a disparar a mansalva contra Podemos; en este caso, contra los discutibles fundamentos teóricos del trío Laclau-Mouffe-Errejón. No me importa que lo haga, o no me importa “tanto”; pero, cuando lo hace utilizando a Gramsci como munición, está tirando por la ventana el niño junto al agua sucia de la palangana.  
 

miércoles, 26 de abril de 2017

PATRIA, DE FERNANDO ARAMBURU


Gran lección de anatomía la de Fernando Aramburu, que ha utilizado el escalpelo con precisión y al mismo tiempo con delicadeza, para hacernos visibles las entretelas de unos personajes abrumados en sus vidas cotidianas y en sus relaciones sociales rutinarias, simplemente humanas, por el peso insoportable de una patria omnipresente.
De “una” patria.
Hay muchas patrias, y todas ellas son potencialmente venenosas. Se equivocan quienes piensen que lo que se cuenta en la novela de Aramburu son cosas de Euzkadi, localismos idiosincráticos no trasplantables a otras latitudes. Las patrias, en plural, están ahí, reclamando insistentes, como Shylock, su libra de carne. Lo vemos en el despliegue de egoísmos sagrados que campean en estos precisos momentos por el mundo y condicionan los resultados de todas las elecciones democráticas. Patria como «lo nuestro», lo inefable, la última trinchera frente a “los otros”. «Todo por la patria» sigue siendo una consigna emblemática. «Es dulce y adecuado morir por la patria», si lo decimos tal y como lo dejaron escrito los antiguos.
Aramburu suprime cualquier énfasis y va al meollo, al deseo íntimo de normalidad e incluso de rutina por parte de unas personas obligadas por las circunstancias a asumir con todas las consecuencias, en su trayectoria vital, nada menos que el curso de la Historia. Una Historia que gravita sobre ellos hasta asfixiarlos, decidida a ser quien tome todas las decisiones.
Cada cual, metido en el ojo del huracán, reacciona como puede, como mejor sabe. Unos asumen sin reservas la presión social que padecen – desde el púlpito, desde las instituciones que les señalan el camino de los deberes sagrados, desde la herriko taberna donde nadie desea aparecer como un apestado –, y otros buscan alternativas, vías de escape. Todos tienen que adaptarse de un modo u otro a la presión para poder vivir, operación difícil con ese bulto tremendo, la patria, encajado en su interior. Bienvenido o no, se ven forzados a hacerle un hueco, simplemente para poder subsistir, para trampear desde la conciencia de no estar a la altura de las circunstancias históricas, para ir sobreviviendo a duras penas.
La novela me parece magnífica. Estoy haciendo un juicio literario, no político. Pero desde la conciencia de que la literatura es ante todo un ajuste de cuentas implacable con la vida, con la vida política también.
Me alegra el Premio de la Crítica, me alegran las cifras de ventas, la difusión imparable de un libro que ha prendido en la gente a pesar de que no gustará a los ideólogos, ni a los santones de las diferentes causas todas ellas loables, ni, tal vez, a los moralistas que esperan invariablemente el triunfo apoteósico del Bien absoluto (¿qué es eso?), y la reprobación eterna del Mal con mayúscula.
 

martes, 25 de abril de 2017

ESTEREOTIPANDO


El penúltimo jefe de gobierno que hemos tenido la desdicha de conocer, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, de visita en Barcelona, ha llamado a “deshacer los prejuicios” de los catalanes contra la candidata Susana Díaz, por ser mujer y andaluza.
Esta es una llamada a ZP para deshacer sus propios prejuicios en relación con este asunto. No es de recibo acusar a nadie sin pruebas, solo mediante la puesta en funcionamiento de un estereotipo mecánico. La libertad de expresión establecida por la constitución permite decir toda clase de tonterías en privado, pero en el ámbito público la responsabilidad de un político exige fundamentar las afirmaciones que se hacen. ¿Qué datos, qué resultados de sondeos llevan a ZP a señalar la existencia de ese extraño prejuicio por parte de los catalanes? ¿Qué catalanes, en primer lugar? Por los datos que están a nuestro alcance, Tele 5 tiene hoy más audiencia en Catalunya que TV3; y Belén Esteban, que reúne en su persona la doble condición de mujer y andaluza, tiene en estas tierras un predicamento y una popularidad notables. Estamos hablando de una sociedad muy mestiza y muy mezclada, señor Zapatero. Inés Arrimadas vino de Andalucía a hacer política, y no precisamente a favor del procès. Sus resultados electorales no son nada desdeñables; hoy por hoy es ella la cabeza de la oposición parlamentaria al govern.
Yo no puedo ni quiero hablar por todos los catalanes; hablo por mí mismo. No siento prejuicios en contra de Susana Díaz, sino prevenciones. Dichas prevenciones no derivan del hecho de que sea mujer, y tampoco de que sea andaluza. Las dos condiciones merecen todo mi respeto. Mis prevenciones hacia Susana son laicas. No es una recién llegada a la política, tiene una trayectoria detrás; unas actuaciones, unos discursos, unas tomas de posición determinadas. Es eso lo que juzgo, y no me gusta. Tampoco me gustan los tejemanejes de bricolaje y fontanería política en los que anda metida cierta personalidad del ámbito socialista que no es mujer ni andaluza, sino varón y leonés.
Quim Monzó lo ha expresado mejor de lo que yo podría hacerlo en lavanguardia. Les remito a su artículo, que encontrarán con facilidad en la sección de Opinión. El título reza así: «Rodríguez Zapatero es uno de los mayores jetas de la historia contemporánea.»
 

lunes, 24 de abril de 2017

LAS DOS (O MÁS) FRACTURAS FRANCESAS


Javier Aristu nos hace el regalo de una interpretación ready-made de los resultados de las elecciones francesas de ayer mismo. Patrick Roger, en Le Monde, traducido para comodidad nuestra en el blog de referencia En Campo Abierto (1), detecta una doble fractura en el electorado: desde un punto de vista sociológico, el voto rural y periurbano va hacia el Frente Nacional de Marine Le Pen, mientras que en las grandes ciudades Emmanuel Macron consigue sus mejores resultados; desde el punto de vista geográfico, se detecta una preferencia hacia las posiciones neoliberales de Macron en las regiones atlánticas, mientras en los departamentos orientales predomina el voto ultra lepeniano.
El esquema es interesante, pero no es más que un esquema. Estábamos en la primera vuelta electoral, no en la segunda. Los candidatos eran más, y Patrick Roger solo habla de los dos que acceden a una segunda vuelta caracterizada siempre por el síndrome del mal menor. Es más interesante, creo, ver lo que ha ocurrido con las dos opciones históricamente preferidas por una ciudadanía famosa por su racionalidad, su estabilidad y su consecuencia.
El partido socialista gobernaba hasta ayer, y el movimiento republicano gaullista le disputaba la hegemonía hasta hace apenas cuatro días. ¿Qué ha sido de ellos? Hamon derrotó en las primarias a los pesos pesados del socialismo establecido, para luego resultar que nadie lo quería ni en pintura. Su fracaso y el de Fillon (que había dejado en la cuneta de las eliminatorias a Sarkozy y Juppé) son a mi entender el dato más significativo de la jornada: Francia se ha vuelto de espaldas a las sombras alargadas de De Gaulle y Mitterrand, a una grandeur impostada, con vocación de mando en el ámbito internacional. Se ha roto de alguna manera el eje París-Berlín, y esta es otra fractura no mencionada, tal vez no apreciada, por Roger. El liberalismo de Macron puede ser europeísta (lo señala Xavier Vidal-Folch en elpais, en un apunte de urgencia que me parece demasiado alborozado), pero sobre todo se remite al orden mundial de los mercados financieros y los supertratados comerciales. Macron “es” Unión Europea, pero tal como funciona ahora la UE, sin ninguna idea anunciada de plantear correcciones precisas a sus mecanismos de decisión y de gestión de los problemas comunes. También ha sido el ministro que ha hecho saltar el Code du Travail francés, en favor de una desestructuración a fondo del mercado laboral.
Su performance electoral ha sido tan solo levemente superior a la del “insumiso” Jean-Luc Mélenchon, candidato a contrapelo sobre el que han disparado sus baterías todos los medios informativos favorables al orden y al statu quo (también en nuestro país). Mélenchon ha quedado situado en una tercera posición dignísima, pero que lo descarta para el ballotage. Con todo, conviene no olvidarles, ni a él ni al bloque de más del 19% de voto popular que lo ha señalado con sus preferencias. Macron debería negociar aprisa políticas sociales compartidas con las que asegurar el apoyo táctico de una “indignación” consistente de izquierda, frente a la marea lepenista. Hillary Clinton cometió el error de desdeñar lo que representaba Bernie Sanders en su propio partido demócrata, y solo prestó atención a la aprobación de su programa por parte del establishment financiero e industrial. Luego sucedió lo que sucedió.
 


  

domingo, 23 de abril de 2017

SEMANA TRAGICÓMICA


Los diarios la llaman “semana trágica” para el PP, pero exageran. No es para tanto, caramba. Fíjense en Esperanza y las ranas, vaya imagen chusca para los aficionados a los memes. La mujer que amonestaba a Manuela Carmena con el apotegma de que para ir a la política se debe salir de casa llorada, no ha podido contener algunas lagrimitas (¿de despecho? ¿de nostalgia por cualquiera tiempo pasado?) dedicadas a su alférez de complemento, caballero cadete Ignacio González, que a su vez ha reaccionado a la prisión incondicional dictada por el juez con imprecaciones entre dientes contra Cristina Cifuentes (“esa gilipollas no esconde nada”). Cristina, por su parte, ha dado en la flor de “hacerse la rubia” como fórmula ideal para esquivar complicaciones de alto voltaje.
Visto en conjunto, tiene todo un aire de guión de una clásica película de enredo de Pedro Almodóvar: “Qué hace una chica como tú al borde de un ataque de nervios como este”. Por ejemplo.
Para semanas trágicas, aviso, las que se avecinan. La postura del PP en relación con la corrupción parece bastante perfilada hasta el momento. Rafa Hernando, el portavoz, ha podido hablar más alto, pero no más claro: «Me preocupa Venezuela.» La frase, sin quererlo él, se asemeja mucho en estructura y eufonía a esta otra: «Viva Cartagena.» Incluso riman. En asonante.
El jefe del gobierno, Mariano Rajoy, ha reaccionado a las malas noticias sobre su tropa saludando la actual bonanza económica. “Sí – debe pensar –, hay algunas víctimas de la coyuntura, es fatal que suceda así, pero no debemos entretenernos en guardar los lutos a la antigua, sino seguir adelante con mayor ahínco, trabajando por un futuro esplendoroso que tal vez llegue a depararme la plusmarca europea en la especialidad de resistencia en poltrona. Los muertos al hoyo y los vivos al bollo.”
Mientras, el PSOE sigue su fatigosa campaña hacia unas primarias en las que no tiene nada que ganar, y sí todo que perder. Y Podemos ha aparcado la política para subirse en un tramabús. Y Ciudadanos saca pecho porque cuanto mayores las cuitas del PP, tanto mejores las perspectivas electorales para su marca blanca o su cara B. Mors tua vita mea.
Y no se olviden de Carles Puigdemont llamando a somatén a la sociedad civil catalana, como una estructura más de estado (1). El temporal no amaina. Son tiempos de desolación en los que, siguiendo la fórmula ignaciana, todos cierran filas y nadie encuentra oportuno hacer mudanza.
Tal como están las cosas, se perfilan para el gobierno y para la clase política más semanas trágicas, y peores que la presente. Un síntoma: a quienes apostaron en su día todo su capital por la judicialización de la política, han empezado a estallarles en las manos las juntas de fiscales.
 

(1) Ver en relación con este curioso lapsus – si no es otra cosa – del president catalán, el siguiente certero apunte: http://lopezbulla.blogspot.com.es/2017/04/la-version-totalizante-de-puigdemont.html

 

sábado, 22 de abril de 2017

OMERTÀ


Visita sorpresa en mi modesto apartamento de Poldemarx (1). Suena el timbre del portero automático, y a la pregunta ritual de quién es, responde una voz de barítono, con un deje inequívoco de autoridad: «Montalbano sono.» El comisario de Vigata, al que conozco desde hace muchísimos años, cuando era un joven inquieto que se iniciaba con talento innato en el oficio de esbirro.
¿Qué le trae por aquí, Salvo? Me contesta que se ha ofrecido a su amigo Andrea Camilleri para firmar en su nombre unos ejemplares para la Diada de Sant Jordi. En realidad él tenía que venir de todos modos por una investigación en curso; pero no a Barcelona, en Barcelona nunca pasa nada, solo menudencias, sino a Madrid, un hervidero de intrigas y crímenes.
– ¿Y quién es su sospechoso en este nuevo caso?
– ¡Ah, cualquiera! Tenemos lo que los franceses llaman embarras de choix. En Vigata, para cualquier delito en el que aparecen relacionados la política y los negocios privados, sabemos que de un modo u otro la familia Lupara estará detrás. En Madrid, salvando diferencias de detalle, ocurre más o menos lo mismo. Todo es un gran caldo de cultivo, todo está relacionado.
– No se estará refiriendo a…
– Lo siento, caro Roderigo, no puedo dar nombres ni datos. Esto es estrictamente confidencial.
– Entiendo.
– Mejor. Lo llamativo, si me permite la precisión, son ciertas concordancias colaterales. Cuando actúan, los Lupara avanzan en cuadro, como dice la historia que hacían los ejércitos napoleónicos. Todo el escuadrón unido, codo con codo. Bajo el fuego enemigo, los que caen son reemplazados sin vacilación por los de la segunda fila, y así sucesivamente, de modo que el frente sigue compacto y avanza implacable al asalto a la fortaleza. Ahora no se trata de tomar fuertes sino de esa operación peculiar llamada comúnmente “extracción de rentas”, pero el principio es el mismo: la formación compacta de combate, el codo con codo, la cobertura y la protección recíprocas para los asaltantes. Incluso algún detalle accesorio muy curioso.
– Usted dirá, mi querido Salvo.
– Entre los Lupara, “fare la bionda”, hacerse la rubia, designa una forma muy concreta de afrontar un interrogatorio policial. El sentido de la expresión es oscuro, pero viene a equivaler a salirse por la tangente, “Ah de eso yo no sé nada, señor comisario. Yo llegué al lugar de los hechos por casualidad, cómo iba a saber que alguien se había dejado cruzado en mi camino un catafero apiolado a punta de navaja y con la lengua seccionada por soplón. Yo tomé ese callejón trasero en concreto para atajar, mi intención era llevarle unos bombones a una sobrina de mi mujer que cumplía años ese día. Doce años, señor comisario. Un encanto de niña.”
– Curioso, el detalle de la rubia.
– Banal, más bien. Todo deriva de la regla básica de la omertà, la ley del silencio de la mafia. No siempre se puede callar todo, esconderlo todo, y entonces son los lugartenientes los que se comen los marrones. La mierda, con perdón, no debe salpicar nunca a los de arriba; solo al escalón intermedio, el de los cabos gastadores, los que marchan en primera fila. Las normas son estrictas. Los señalados con el dedo irán a la cárcel, pero la magistratura y las autoridades carcelarias procurarán ser amables con ellos. Después, habrá mil ocasiones para indultos estratégicos. La santa madre iglesia es muy eficaz en estos menesteres. Ya sabe, perdonar es de cristianos.
– Me deja usted de piedra, Salvo.
– Vamos, vamos, Roderigo. Sabe que en estas cuestiones los Lupara son meros aprendices. El gran juego, el de verdad, tiene lugar en las grandes capitales, en contacto estrecho con los aparatos del estado: la policía, la magistratura, el parlamento, los medios de comunicación al servicio del poder, los palcos de los estadios deportivos…
– ¡Ah, vaya, se está usted refiriendo a…!
– Ni una palabra más, caro Roderigo. Mis labios están sellados. No puedo dar nombres ni datos. Este es un asunto confidencial.
Anochece. Cruza el mar delante de nuestra terraza un gran crucero cuajado de luces, deslizándose silencioso por el agua en calma.
– Esos van a mi paese, a Génova. ¡Maldita sea mi estampa! – rezonga entre dientes el comisario. No parece que esté muy a gusto con su misión.


(1) Para quien carezca de informaciones geográficas precisas. Poldemarx es un diminuto enclave costero que forma parte de la república libre de Parapanda. No consta su situación en Google Earth debido a un veto directo emanado de la administración Trump, pero es fácil llegar allí desde Barcelona en una noche serena, tomando como referencia la segunda estrella por la derecha y siguiendo todo recto en dirección nordeste, hasta encontrar un espolón de roca a flor de agua que constituye un área de descanso para cormoranes (corbs marins en catalán). El pueblo propiamente dicho está detrás de los pájaros. Algunos residentes de Poldemarx somos también un poco cormoranes.


viernes, 21 de abril de 2017

EL CERVANTES DE MENDOZA


Eduardo Mendoza no imaginó nunca que la gente seria de ahí afuera encontraría dignos de premio los frutos de su compulsión literaria. Menos que de ningún otro, claro, dignos del premio Cervantes. Y sin embargo, los dos estaban hechos el uno para el otro. Cervantes y Mendoza, quiero decir, Miguel y Eduardo; no los premios. Seguro que a Miguel no se le llegó a ocurrir nunca que en su nombre se otorgaría el galardón mayor de la lengua castellana; pero puestas las cosas como están, seguro también que se alegraría de ver recibir el premio de su nombre a un autor como Eduardo. Con preferencia incluso sobre Javier Marías, que lo recibirá también cualquier año de estos. Con preferencia sobre otros miembros selectos de la república de las letras que renuncio a nombrar para que no piensen que les quito méritos.
En el discurso que ha pronunciado en Alcalá de Henares, ha dicho Mendoza sobre Cervantes cosas de mucha sustancia en el tono zumbón que acostumbra usar. La zumba es una estrategia en Mendoza; Brecht lo llamaba distanciamiento, que suena más serio, pero en el fondo la zumba o la sorna vienen a ser modalidades oblicuas de esa misma condición.
Y eso es lo que Mendoza apunta que ocurre también respecto del Quijote. Con referencia a una de sus cuatro lecturas canónicas, creo que la tercera, ha hablado del humor de Cervantes, y señala que no nace de las situaciones (algunas son más bien penosas, por más que nos hagan reír) ni de los chistes sobre ellas; sino de la mirada particular del autor sobre el mundo en el que está inmerso. Cuanto más loco aparece Quijano, más cuerdo lo hace parecer la habilidad de su autor para señalar los contrastes con otros personajes, pobladores de un mundo salido de quicio. Don Quijote se equivoca, y mucho (“en eso nadie nos gana”, apostilla Mendoza), pero sus errores lo configuran como un héroe trágico, apto para seguir siendo de utilidad al lector de forma permanente, a diferencia del héroe épico, “que cuando ya ha hecho lo suyo se vuelve un pelma.”
Y es que, esta es la segunda intuición prodigiosa de Eduardo Mendoza, Don Quijote está loco, sabe que está loco, y sabe además que los demás están cuerdos, y en consecuencia le dejarán hacer cualquier disparate que se le ocurra. Propone su locura a los que le rodean, y recibe sin quejarse la respuesta, a veces jocosa y a veces mezquina, que provocan en las gentes sensatas sus iniciativas descabelladas. Acaba tundido a golpes de cuando en cuando, pero da el experimento por bueno, y sigue adelante con su papel de reactivo químico, de papel de tornasol que mide el punto de acidez de la sustancia social.
Comenta entonces Mendoza: «Es justo lo contrario de lo que me ocurre a mí. Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo.» Es “justo lo contrario” de Don Quijote tal vez, pero no de Miguel de Cervantes. Cervantes podría haber firmado esas palabras de Mendoza. También él pensaba que el mundo, en el muy renombrado siglo de Oro, iba catastróficamente mal y todos estaban como una regadera: el cura y el barbero, el bachiller Carrasco, los duques, los cabreros, Maese Pedro y su retablo de títeres, la doncella Altisidora, Dulcinea, el doctor Pedro Recio de Tirteafuera. Todos los que a lo largo de la aventura hacen buena, con sus pedradas o sus manteos, sus chanzas o sus desdenes, la locura con retranca de Don Quijote.