lunes, 8 de octubre de 2018

LA IZQUIERDA SUBALTERNA


En mitad de varias lecturas de fondo acerca de la naturaleza de la izquierda, de su superioridad moral y de su caída en la trampa de la diversidad, tropiezo con una tribuna de Sami Naïr en elpais que lleva el siguiente título: «¡La ‘izquierda’ reaccionaria existe!»
Lleva razón Naïr, y no hacía falta entrecomillar el término ‘izquierda’. Tenemos la costumbre inveterada de concebir la izquierda como un lugar concreto, o mejor aún como un ejército en orden de batalla. Luego se hacen distinciones: la izquierda ‘clásica’, la ‘nueva’ izquierda, la izquierda ‘populista’, y ahora ¿por qué no? la izquierda ‘reaccionaria’. Es posible todo ello, dado que la izquierda es un término meramente orientativo: si nos colocamos mirando al sur, tendremos a nuestra izquierda el sol que amanece; si nos volvemos hacia el norte, quedará a nuestra derecha. Dice Íñigo Errejón que la izquierda es una metáfora «para agrupar a los partidarios de un orden más justo». La afirmación no basta, sin embargo, porque todos los sustantivos incluidos en ella resultan discutibles: habremos de ponernos de acuerdo primero sobre lo que es justo, qué orden sería deseable, qué significa ser partidarios, e incluso cómo se hace eso de agrupar.
Si existe realmente un territorio de la izquierda, se parece a un acerico atravesado en todas direcciones por contradicciones y transversalidades. No mejora las cosas la propuesta del propio Errejón de hablar de ‘los de abajo’, porque el abajo no tiene menos estratos y diferenciaciones, y llegado el caso esas diferenciaciones importan mucho.
Jordi Gracia ha intentado llegar a conclusiones sobre la izquierda ‘del siglo XXI’ (otra subdivisión interna del concepto) en un panfleto ─ en el buen sentido de la expresión ─ ingenioso y tal vez un poco pasado de cubatas, Contra la izquierda (Cuadernos Anagrama). Algunas de sus afirmaciones resultan sorprendentes: «La izquierda ha perdido el discurso porque la Historia se ha terminado ─ Fukuyama sabía lo que decía, tenía razón ─ …» O bien esta pincelada poco menos que definitiva: «El nuevo capitalismo ha ganado por goleada, pero ha añadido todavía una vuelta de tuerca más… Ha logrado inculcar la culpa a la izquierda por su pecaminosa propensión a ser de izquierdas mientras cambia de casa y de coche y consume vinos caros y calza zapatos carísimos. La izquierda, hoy, también es capitalista.»
En el tsunami neoliberal que todo lo arrasa, en consecuencia, la izquierda quedaría reducida a un papel subalterno en el que solo se le permitirían tímidas gesticulaciones estéticas, lastradas de otro lado por la mala conciencia.
Pero esa es solo la izquierda ‘bienestante’, permitan que añada otro calificativo a la panoplia. También está la izquierda de la precariedad, del horizonte de la miseria creciente, de la rabia. La que no da por acabada la Historia por más que no vea salida al mundo como es, y aunque no alcance a razonar políticamente con frialdad. Una izquierda potencial que se inclina en ocasiones por la opción más drástica entre las distintas derechas, incluso desde la ‘mala conciencia’, también en este caso, de que esa opción va directamente contra sus intereses. «Muera Sansón, y mueran con él todos los filisteos», sería el lema catastrofista de la izquierda virtual de la impaciencia y del derrumbe.
Son los soldados de la izquierda derrotada que votaron a Trump y a Salvini, no porque estuvieran de acuerdo con su línea de actuación, sino porque, desesperanzados en cuanto a sus propias expectativas de futuro, esperaban de los líderes populistas que dieran caña al establishment, cuanta más mejor.
La izquierda que ahora ha votado a Bolsonaro. ¿O es que creemos que los salvapatrias de turno no alimentan sus ambiciones con votos venidos del territorio de la izquierda, de la ‘izquierda reaccionaria’ como la define Sami Naïr?


Posdata.- Colgado ya este post, veo en Nueva Tribuna un artículo de Francisco Saura Pérez que encuentro coincidente en todo con las anteriores reflexiones sobre la izquierda 'reaccionaria' y la izquierda inerme que trata de ascender desde los subterráneos de la Historia en el momento en que algunos nos aseguran que la Historia ya se ha acabado. Es este: https://www.nuevatribuna.es/opinion/francisco-saura-perez/una-parte-de-la-izquierda/20181008113141156306.HTML

 

domingo, 7 de octubre de 2018

DEMOCRACIA O PLEBISCITO


Hay otra Catalunya, no incluida en los estadillos de la ANC: otra sociedad civil, otra ciudadanía movilizada. En la foto, representantes de los colectivos Libélulas y Mujeres P'Alante se retratan con la estatuilla del premio Aurora Gómez, ayer en la plaza de la Cultura de Bellvitge, en la Festa del Treball Digne de CCOO. (Foto: Carmen Martorell)
La Assemblea Nacional de Catalunya (ANC), por boca de su actual dirigente principal, Elisenda Paluzie, ha dado un golpe sobre la mesa para advertir a los partidos políticos independentistas (los únicos que cuentan para dicha organización) de que deben solucionar sus discrepancias y alinearse a la chita callando en el objetivo supremo de “hacer efectiva la república”, un año después de que esta fuese “legítimamente” proclamada en función de los resultados “inequívocos” del “referéndum” del 1 octubre 2017. (Habrán observado ustedes la inflación de comillas en el último párrafo. Es para evitar que se tomen en su sentido habitual las palabras y los conceptos utilizados sui generis por la señora.)
Considera Paluzie, en su calidad de portavoz del secretariado nacional de la ANC, que solo es factible la vía unilateral para llegar al resultado deseado, una república catalana “efectiva”, sea ello lo que fuere. Y que para poder alcanzar esta meta, «hay que alinear al Govern, Instituciones, sociedad civil y ciudadanía movilizada.»
La incompetencia del president Torra está resultando ya demasiado obvia incluso para sus incondicionales, de modo que Paluzie le pide, literalmente: «Quien no se vea capaz, que dé un paso al lado.» No obstante, no propone nuevas elecciones; con lo que hay, considera que ya tiene suficiente: «Creemos que ahora mismo las elecciones no cambian nada. Pedimos a los 70 diputados soberanistas que tracen un plan y una estrategia unitaria y que sea creíble. La situación se puede reconducir.»
Remarco, por si a alguien le ha pasado inadvertido, que a pesar de nombrar antes a las Instituciones, con mayúscula, Paluzie se dirige de forma específica a los “70 diputados soberanistas” y no al Parlament. La institución es el Parlament, señora, no la mayoría numérica del Parlament escindida del resto. Cualquier institución democrática incluye en sí misma a la leal oposición. Eso se estudia en política en el nivel de párvulos.
Sorprende en todo caso que desde la ANC, que no forma parte del govern ni de las instituciones y difícilmente puede representar a la sociedad civil, sino solo a una parte de la “ciudadanía movilizada” (comillas de nuevo, con lo que quiero ahorrar la coletilla del “sea ello lo que fuere”), dé la orden de alinearse, en modo cuartelero, a todo el resto. La plebe viene a sustituir al demos, por lo que solo ficticiamente puede hablarse de democracia en la Cataluña soñada por la ANC. Ni cuadran los números, ni hay concierto de voluntades, ni se ha dado un debate constructivo sobre el asunto, ni se prevé una votación contrastada con las garantías habituales que exigen todos los pueblos civilizados de algunos siglos a esta parte. Solamente con lo que hay, al parecer, basta para tirar millas.
Paluzie lanza su clarinazo y vocea la orden del día desde el rincón oscuro por donde circulan los escuadristas encapuchados. La dignidad de Cataluña requiere una respuesta en consonancia.
Democrática; no plebiscitaria.
 

sábado, 6 de octubre de 2018

DE FIESTA CON LAS COCOS


Comisiones Obreras tiene una mala salud de hierro. Dicen que los sindicatos están en crisis, y puesto que CCOO es un sindicato, la lógica aristotélica demuestra de forma irrebatible que CCOO está en crisis.
Vale, lo está, no discutamos más. Ahora echen un vistazo a la foto de arriba, tomada este mediodía en la plaza de la Cultura del barrio de Bellvitge, en l’Hospitalet, durante la segunda edición de la Festa del Treball Digne. En el escenario, el colectivo Libélulas está recibiendo el premio Aurora Gómez a la lucha sindical por la condición femenina. La foto es de Carmen Martorell.
Tuve el privilegio, hace años, de conocer a Aurora Gómez, de trabajar con ella, de buscar al ritmo que ella marcaba un entorno más amistoso para las reivindicaciones de las mujeres desde el sindicato y también “en” el sindicato. Entonces parecíamos en CCOO las doce tribus de Israel cruzando el desierto: líderes en el sobrio estilo Moisés y Aarón, viriles, enjutos, barbados y desastrados, señalando hacia la invisible Tierra prometida mientras intentábamos esquivar tanto los carros de guerra enviados por Faraón como las funestas tentaciones del Becerro de Oro. Llevábamos a las mujeres bastante a remolque en aquella caravana, pero ellas nunca aceptaron ser remolcadas y exigieron su propio espacio, en las fábricas como en la dirección sindical.
Los resultados a treinta y tantos años vista son bastante perceptibles en la instantánea de arriba. Unai Sordo y Javier Pacheco (magníficos ambos en sus parlamentos) observan desde el lateral de la escena la entrega del premio, mientras habla la líder del colectivo de inmigradas que ha encabezado la consecución del reconocimiento de los convenios de la OIT a las trabajadoras que dispensan cuidados asistenciales a domicilio. Ella finalizó su parlamento con una petición conmovedora: «Cuiden de las que cuidan a sus seres queridos.»
Finalizados los discursos y los diversos actos de homenaje y reconocimiento, todos nos pusimos en cola con nuestros tickets para recabar los platos de arroz confeccionado en paellas enormes ante nuestros ojos, y los vasos de cerveza helada tirada del barril ahí mismo. Y nos sentamos a comer, en hermandad alegre, en largas mesas dispuestas en filas paralelas. Y la fiesta continuó. Fiesta de una vieja crisis que anticipa un nuevo florecimiento.
  

viernes, 5 de octubre de 2018

EL PREMIO


Sonaba con insistencia Carles Puigdemont para el Premio Nobel de la Paz de 2018. A la hora de la verdad, sin embargo, ha sido descabalgado en el sprint final de la carrera por Denis Mukwege, un ginecólogo congoleño, y Nadia Murad, una militante víctima del yihadismo.
Nada que objetar, el mundo indepe puede esperar un año más. Incluso veinte o treinta, según ha deslizado Puchi en una de sus celebradas epístolas a los efesios desde Waterloo.
La decepción, sin embargo, se suma a otras de calibre parecido que vienen a revelar que toda la cuestión del procés no ha sido asimilada aún en un grado suficiente en el ámbito internacional. Por ejemplo, el president Torra ha escrito a Donald Trump y al papa Francisco pidiéndoles que apoyen desde sus respectivas autoridades las esperanzas de un pueblo irredento. No ha habido respuesta de ninguno de los dos.
Ni Trump, ni el papa, ni el comité del Nobel, empujan como deberían para desatascar el carro, a pesar de que se les ha pedido su ayuda con una educación y un respeto exquisitos. Quizá Torra debería ahora subir el tono, y darles un ultimátum. Si ellos no nos ayudan, nosotros tampoco les ayudaremos. Se tramitará una ley en el Parlament de desconexión unilateral con el mundo mundial. Ellos se lo van a perder.
El inconveniente grave de este plan drástico es que para dictar la ley de desconexión primero va a ser necesario recuperar el Parlament. El Parlament se reabrió por fin después de meses de inacción, pero ha habido que volverlo a cerrar de forma apresurada.
El problema no ha sido que Inés Arrimadas se sacara del bolso una bandera de España, no. Al respecto somos todos personas civilizadas y tolerantes. Lo que está en discusión es el tema de la delegación del voto de los ausentes por prisión y exilio. Los letrados de la institución tampoco ayudan en este conflicto, dicho sea de pasada, y se da una divergencia de opiniones muy pronunciada entre Junts x Cat y Esquerra Republicana, dos formaciones que ven crecer geométricamente de día en día entre ellas un abismo de suspicacias y de resquemores. Han llegado finalmente a un acuerdo precario de mantenimiento de la unidad, pero no hasta la implementación de la República, ojo, sino solo hasta que el Tribunal Supremo español dicte sentencia sobre los encausados. Luego, tanto si hay fumata blanca como negra, allá cada cual.
Esto no va a tener remedio. Si el dramaturgo Samuel Beckett levantara cabeza, escribiría sobre el tema una pieza de teatro del absurdo titulada “Fin de partida”.
Ah, ¿ya la ha escrito? Más a mi favor.
 

jueves, 4 de octubre de 2018

LA INDEFENSIÓN DE LA VÍCTIMA ANTE EL JUEZ


Finalizada la vista de la causa, el juez, la fiscal y la letrada de la administración de justicia entablaron una conversación privada, que nunca habría sido divulgada de no haber quedado los micrófonos abiertos por inadvertencia de quien fuera. Hubo risas, chacotas e insultos descarnados a cuenta de una mujer víctima de violencia de género, que no había comparecido en estrados porque la noche anterior ingresó en las urgencias de un hospital con un ataque de pánico sobrevenido al saber que se le había retirado la protección policial. La valoración policial sobre la denunciante, dato que conviene hacer constar, era de “riesgo extremo”, una calificación que solo se da en casos excepcionalmente graves, el 0,01% del total según la SER, la emisora que ha dado publicidad al suceso.
Cuando yo estudié la carrera de Derecho, vi muchas veces escrita en los libros la palabra “deontología”, referida al deber ético del juez en relación con la persona que ha solicitado su amparo. ¿Han cambiado en este punto los planes de estudios?
Se trataba, alega el juez, de una conversación privada. ¿Cesa el deber de amparo del juez en el momento en que cruza la línea invisible entre la función pública y el desahogo privado?
Vamos a suponer que tiene razón el juez en su sospecha de que la víctima fingió el ataque de pánico, y que la verá en el próximo programa televisivo de “Sálvame” poniéndole a parir panteras. Tal circunstancia, sin embargo, no se ha dado aún. Es más, las estadísticas de muertes violentas de mujeres y de niños (en este caso hay que contar con la existencia de dos bebés de 21 y 10 meses) no animan a reírse del problema. ¿No es el desprecio del juzgador a la víctima puesta bajo su amparo, un desprecio generalizado a todas las víctimas desprotegidas por sus juzgadores, los cuales de forma reiterada han evaluado incorrectamente la existencia de “riesgos” reales, algunas veces días u horas antes de que ellas fueran objeto de ataques irreparables?
Si quien tiene por su profesión el deber de amparar al débil, no lo defiende y se burla de él, ¿quién lo defenderá en el estado de derecho al que, en hipótesis, todos tenemos derecho?
Una última pregunta, a la espera de la decisión final del Consejo General del Poder Judicial: ¿quién es el “bicho” y el “hijoputa” en este caso, la mujer o el juez?
 

miércoles, 3 de octubre de 2018

DE PÉREZ REVERTE A PERO GRULLO


Leo en elpais retazos de la presentación de la última novela de Arturo Pérez Reverte. En ella el autor trata, según explica Silvia Ayuso, de «recrear “sin caer en los tópicos” una ciudad [París] y una época [1937] que, una vez eliminada la pátina de romanticismo y heroicidades…»
No es mal comienzo para una persona que pretende evitar los tópicos.
Pero APR va todavía más allá por ese camino. Oigámoslo: «El mundo real nunca es blanco o negro, no es azul o rojo, es una gama de grises.»
Cuán cierto.
Y cierra el párrafo: «No todos son héroes ni actúan por motivos meramente altruistas, empezando por un Picasso que “no pintó el Guernica por patriotismo ni por democracia; lo pintó por muchísimo dinero”.»
APR sabe bien de lo que habla: él mismo escribe por dinero. Hay otras cuestiones colaterales, sin embargo, a las que no ha prestado la misma atención. La primera. Si hoy se vendiera el Guernica, el precio sería kilométricamente superior al que cobró Picasso (fuera dicho precio el que fuere, que no lo sé). Lo cual sugiere que algún mérito intrínseco hay en ese curro despachado al desgaire por el eximio artista en consideración a motivos de orden gastronómico. La segunda. Cuando APR sugiere que Picasso fue un mercenario ─ sin intención de ofensa, estoy seguro, ya que él mismo presume de serlo ─ al que importaban poco o nada las ideologías, el propio APR, el cínico, el descreído, se está alineando con una ideología precisa, la que campea en la divisa de la multinacional Dinero SL. Puesto que para él todo es mercancía, y todo es susceptible de ser tratado como mercancía.
No es eso lo peor, sin embargo, sino que esa alineación la lleva a cabo con refocile, apuntando al topicazo al mismo tiempo que asegura huir de él. La psicología de un artista tan sobresaliente y significativo como Pablo Picasso merecía al menos cierta finura de trato, no todo se puede explicar a través de la brocha gorda.
Además, el dinero no lo es todo en esta vida. Por lo menos para algunas personas. Recomiendo al respecto a Don Arturo el estudio atento de este “diálogo” entre Chico y Harpo Marx. Diría que pertenece a la película “El hotel de los líos”, pero no estoy del todo seguro.
Chico.- “Dinero, dinero, necesito dinero, haría cualquier cosa por dinero. Mataría por dinero, ¡te mataría a ti por dinero!”
(Señala a Harpo. Harpo empieza a hacer pucheros, desconsolado. Chico reacciona al verlo, y rectifica:)
Chico.- ¡No, no, qué digo! ¡Tú eres un amigo! ¡A ti te mataría gratis!
(Harpo hace gestos de alegría desbordada, y toca la bocina, exultante.)
 

martes, 2 de octubre de 2018

TORRA DIMISSIÓ !!


Ayer se cerró en la Ciutadella el círculo vicioso del procés. Todo había empezado, si recuerdan, con el Parlament cercado por una multitud de “indignados” herederos del 15-M, que obligó al entonces baranda de la “Gene”, el molt honorable Artur Mas, a aterrizar de emergencia en helicóptero. Fue a partir de ahí como el Astuto urdió una vía de escape a través de la promesa de una fakeindependencia que se conseguiría con facilidad pasmosa, atiborraría de divisas las arcas del Tesoro patrio y permitiría a la ciudadanía atar los perros con longanizas.
El procés fue trampeando con altibajos, primero bajo la dirección de Mas el Enredón y luego de Puigdemont el Polichinela. Los dos acabaron por causar baja en el parte de incidencias, víctimas de sendos accidentes laborales en el ejercicio de sus delicadas funciones. Los dos, de otra parte, padecieron el viacrucis de ser llamados traidores en algún momento por una plebe soliviantada, si bien tal circunstancia no les ha impedido seguir en nómina como próceres de la patria.
Detrás de ellos llegó Quim Torra, el Jardinero Fiel del procés. A Puchi se le podía criticar su excesivo juego de cintura, los vaivenes imprevisibles que le han paseado por toda Europa y lo tienen ahora amarrado a su Waterloo personal, a la espera de tropecientos juicios. Torra, por el contrario, carece por completo de cintura. Su inutilidad es clamorosa. Siempre que habla parece estar pensando en otra cosa, tan desligado aparece de la realidad que lo rodea.
Así se ha llegado a la situación surrealista de anoche, con los Mossos de Buch formando un cordón policial para impedir el asalto de un centenar de encapuchados con antorchas a la sede de la soberanía representativa del pueblo catalán, al grito de «Torra dimissió!!», mientras el aludido, president nominal de todos los catalanes, les dirigía guiños y esbozaba gestos de aplauso: “¡Adelante! ¡Presionad! No cedáis!”   
Nos hemos preguntado repetidamente en qué se ocupa Quim Torra, sin llegar a ninguna conclusión cierta. Ha llegado el momento de preguntarnos además a quién representa. No a todo el vasto conjunto de la oposición, dado que ni siquiera ha hecho un gesto de reconocimiento hacia ella: lo que no pertenece a la Catalunya prístina no existe para Torra.
Tampoco a la CUP, que lo ha enfilado desde hace tiempo. Ni a Esquerra Republicana, que multiplica los gestos de diferenciación de esa peste. No al PDeCAT en tanto que partido, ni a sus diversos avatares recién nacidos a la vida política o a punto de nacer. No a los empresarios que reclamaban en vano hace pocos días su presencia en el acto de la reivindicación, económicamente crucial, del corredor mediterráneo. No, finalmente, a los CDR, que exigen su dimisión y la del conseller de Interior.
Quizá la dimisión en pleno del Govern y la convocatoria de elecciones no sea una idea tan mala, en un momento en el que el prestigio de las instituciones del país, desbaratado y por los suelos, no puede ya caer más bajo.
 

lunes, 1 de octubre de 2018

ENGAÑO TELEDIRIGIDO


Despierto este nuevo 1-O con la noticia de cortes de carreteras, bloqueo de líneas férreas y ocupación de arterias urbanas, por parte de los CDR. La estrategia soberanista vira progresivamente del baño de masas pacífico al escuadrismo. Lo hace en nombre de la democracia, pero la democracia no está presente en este comistrajo, ni se la espera. Hay un falseamiento de origen en toda esta movida: ni hubo una votación el año pasado, ni se ganó, ni se legitimó nada salvo una ficción pasajera. No se celebró un referéndum; se escenificó. Jordi Amat lo explica en elpais, véase “El doble engaño del Uno de Octubre”. Todo fue una pipirrana, como la califica López Bulla en su bitácora. El engaño teledirigido, es decir, dirigido a través de la televisión catalana con la colaboración de otros medios afines, no iba destinado al país en su conjunto, y menos aún al mundo mundial (los corresponsales extranjeros hablaron de situación surrealista), sino precisamente a los fieles, a los creyentes. Con un guiño añadido de conchabeo: “hagamos como si…”
Leo en lavanguardia los titulares de los artículos de opinión de dos intelectuales orgánicos de la cosa. Jordi Juan titula “La combinación de la inacción política de Rajoy con la injustificable represión provocó hace un año la desconexión de miles de catalanes.” Francesc-Marc Álvaro, por su parte: “El 1-O el Estado fracasó doblemente: no impidió las votaciones y exhibió una imagen impropia de una democracia.” Los dos se centran en la “respuesta” manifiestamente torpe del Gobierno del PP (atención al matiz de Álvaro, que prefiere hablar de “Estado”) y pasan de puntillas sobre la “pregunta” hecha desde el Govern catalán. También la actitud del Govern fue injustificable, también fue impropia de una democracia. No lo dicen.
En esta revuelta del camino, un año después, debería haber consenso en que aquello fue un farol, como lo calificó la ex consellera Ponsati. Que no valió para nada más que para dividir; que es un obstáculo de muchas toneladas plantado en mitad del futuro de Cataluña, que de día en día se ensombrece y se hace más problemático.
No hay indicios de tal consenso. Quim Torra llama a no desfallecer para no perder los avances conseguidos (avances ilusorios, con un Govern en plena retirada). Carles Puigdemont convoca al “pueblo” a no desviarse del objetivo de la República. No es poco desvío el que va desde el Palau de la Generalitat a Waterloo.
Ellos siguen jugando con las palabras y con los sentimientos, y a falta de iniciativas viables apuestan por el embolica que fa fort. Cuando se disipe la cortina de humo que están generando, la luz cruda del día nuevo revelará el estado real del campo de batalla, y para entonces Cataluña habrá dado otro paso más hacia la irrelevancia. Hacia el culo del mundo.
 

domingo, 30 de septiembre de 2018

A CONTRA CORRIENTE


(Viaje a Eslovenia)

Figura de dragón en el puente del Liublianica, en Liubliana. Al fondo a la izquierda, la silueta del castillo. (Foto: Carmen Martorell)
De la información a la propaganda
El cielo apareció nublado el último día en Eslovenia y, cuando cruzamos después de comer la frontera de Croacia, tomó un color plomizo. Bárbara, nuestra guía, nos hizo un pronóstico del tiempo para el día siguiente: «Puede que llueve, puede que no. Esto pasa. También en Eslovenia hay mal tiempo ahora mismo.»
Debimos haber hecho sonar la banda de música y ponerle una medalla en ese momento. Era la primera vez que había algo malo de lo que no tenían la culpa los croatas y/o sus amigos inseparables, los rumanos y los albaneses “con pasaporte croata”.
Bárbara nos fue dando a lo largo de los días una información políticamente dirigida, y caía con frecuencia en una propaganda sin matices en favor de la eslovenidad sin tacha y sin reproche. Lo toleramos sin problema, y si exageraba demasiado la abucheábamos cariñosamente. Ella insistía: «No, es verdad, es como digo, nosotros nos llevaríamos bien con los croatas, pero ellos no nos quieren.»
Tuvimos el reverso de la medalla con la guía croata que nos enseñó la ciudad alta de Zagreb. Algunas informaciones suyas nos dejaron estupefactos. Luego me referiré a esa cuestión.
Los lagos de Plitvice
En Karlovac y más al sur vimos las huellas de la guerra pasada: campos sin cultivar, bosques abandonados, casas con los postigos cerrados o con impactos de bala, y otras literalmente despanzurradas. Ruina y vacío demográfico en toda la región interior que separa a las dos locomotoras de la economía croata: Zagreb, la capital, y la costa dálmata.
Plitvice era la excepción, en este sentido. Es un lugar del patrimonio mundial, justamente famoso. En el ingreso al parque había largas colas en las taquillas, en la cafetería, en los aseos. Muchas, muchísimas caras asiáticas. Unas muchachas nos preguntaron de dónde éramos. Dijimos “Catalunya”, y no entendieron. “Barcelona”, y tampoco. “Spain”, y algo así como una reminiscencia asomó a sus caras redondas. “¿Y vosotras?” “Shanghai” fue la respuesta acompañada con una sonrisa radiante.
Cayó un fuerte aguacero cuando estábamos justo delante de la gran cascada. El grupo se deshizo. “¡Mucho cuidado!”, reclamaba la guía, porque los infames croatas no han puesto barandillas en las pasarelas de madera que salvan las formaciones de travertino, los saltos de agua y la vegetación frondosa que brota entre los lagos de color turquesa situados a distintos niveles.
Seguimos nuestro camino imperturbables y con los ojos bien abiertos: aunque se moje, Comisiones no se encoge. En el embarcadero, la cola era kilométrica. En fila, contemplamos con paciencia el ir y venir de las barcas lanzadera, hasta que nos llegó el turno y cruzamos el lago hasta unas instalaciones próximas a otra entrada al recinto. Allí estaba previsto tomar un trenecito para volver al punto de partida, pero era ya muy tarde y las guías optaron por telefonear a los autobuses para que se acercaran a recogernos. Para entonces ya no llovía, pero muchos no teníamos un centímetro seco de ropa a pesar de nuestros impermeables y chubasqueros.
Reconstrucciones
Zagreb tiene empaque de gran ciudad: más de un millón de habitantes en el área metropolitana, algo más de la cuarta parte de la población del país. La guía croata nos condujo por las dos colinas vecinas de Kaptol y Gradec, el asentamiento histórico primitivo. Al pie de ambas se sitúa el gran espacio urbano de la plaza del Ban Josip Jelacic, y a partir de ahí se despliega la ciudad moderna, con amplias plazas y grandes edificios públicos: la Ópera, la Bolsa, la Universidad, el Teatro Nacional, etc.
Lo más sustancial del núcleo antiguo hubo de ser reconstruido después del gran terremoto de 1880. La catedral, por ejemplo, levantada de nuevo en estilo neogótico. O la iglesia de San Marcos, que ocupa el centro de la plaza del mismo nombre, que agrupa a su alrededor el Parlamento, la sede del gobierno, el Ayuntamiento antiguo y el Museo Histórico.
No solo los edificios; también ha sido preciso “reconstruir” la historia, después de las feroces guerras identitarias de los años noventa. Frente al altar mayor de la catedral está de cuerpo presente en una urna de cristal, recubierta de oro y con la mitra y el báculo de su ministerio, la momia del obispo Aloysius Stepinac, uno de los primeros apóstoles de la “limpieza étnica” que llegaría a su apogeo decenios después de su muerte en 1960. Los partisanos de Tito juzgaron y condenaron a prisión al obispo por su colaboración y apoyo al régimen pro nazi de Ante Pavelic, que había dirigido el país en las últimas fases de la guerra. Pío XII reaccionó nombrándolo cardenal. Juan Pablo II lo beatificó en 1998, después de las guerras balcánicas, y le dio tratamiento de “mártir”. El Vaticano fue el primer Estado en reconocer la independencia de Croacia, proclamada mientras las Naciones Unidas hacían esfuerzos por preservar el carácter multiétnico y plurirreligioso de una Yugoslavia en trance de derrumbe. En la inscripción que figura en el exterior de la catedral, Stepinac es descrito como un “defensor de los derechos humanos”. No derechos humanos universales, sin embargo, sino restringidos a una facción y negados al resto de grupos étnicos y religiosos. La Iglesia, cuando políticamente le interesa, desconoce los pilares fundamentales de la religión que predica, el precepto «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» por ejemplo, y se comporta con la fachenda del fariseo que agradecía en el templo no ser como el publicano arrodillado a poca distancia.
En la iglesia de San Marcos la “reconstrucción” viró de la tragedia a la farsa. Como el trabajo del arquitecto encargado de la misma, el alemán Hermann Bollé, no pareció suficientemente “nacional”, se dibujaron en el tejado, en los colores blanco, rojo y azul de la bandera croata, los escudos del reino de Croacia, Dalmacia y Eslavonia, y de la ciudad de Zagreb. Una toma de posesión arbitraria de un patrimonio religioso que solo tiene sentido si es universal, no exclusivista ni supremacista.
A contra corriente
Domènec Martínez, compañero de viaje que no necesita presentación ni en el sindicato ni en la izquierda catalana, me pasó fotocopia de un artículo suyo sobre Yugoslavia publicado en Treball en mayo de 1999. Habla de otra “reconstrucción” o reescritura de la historia, la relacionada con el campo de exterminio nazi de Jasenovac, donde los ustachas de Pavelic llevaron a cabo atrocidades bendecidas por monseñor Stepinac. El campo, todas sus instalaciones y el mismo nombre de la población han desaparecido del mapa de la nueva Croacia, urgida a recomponer su autoestima nacional borrando la memoria histórica y los testimonios materiales de actuaciones pasadas impropias de un mundo civilizado.
El artículo se titula A contracorrent, y contiene íntegro el ADN del PSUC que fue: su apertura al exterior, su carácter inclusivo y no excluyente, su firmeza ética. Reclama la articulación inmediata de una solidaridad activa con Bosnia y Kosovo, con Montenegro y Macedonia, a través del hermanamiento de poblaciones catalanas con otras balcánicas para aportar la ayuda necesaria y contribuir a crear una red multicultural de ciudades por la paz y la democracia, que intercambie personas, conocimientos, información y cultura. No quedan excluidas de la propuesta Serbia, Croacia ni Eslovenia, porque Domènec no encuentra naciones culpables ni inocentes en aquel fracaso colectivo, aunque sí reclama el derrocamiento de Milosevic y de Tudjman, los dos presidentes que azuzaron el exterminio. Y llama la atención sobre iniciativas como la del grupo Mujeres de Negro, de Belgrado, y la posibilidad de extender, a través de manifestaciones parecidas, círculos amplios de personas comprometidas en favor de la paz y los derechos de todos.
Comentamos su artículo una tarde soleada, en una terraza junto al río de Liubliana, cerca de una chocolatería y de una tienda de antigüedades. «Fuimos ingenuos», dijo él. «Lo seguimos siendo», repliqué yo.
Porque la ingenuidad es un valor positivo. No valen de nada los resabios, solo empujar a contra corriente, sin doblez ni reserva, con el objetivo de mitigar en lo posible el dolor, la injusticia y la desigualdad presentes en el mundo de hoy.
Y este es el mensaje final de un viaje memorable por tantas cosas.
 

sábado, 29 de septiembre de 2018

SALIDA AL ADRIÁTICO


(Viaje a Eslovenia)

Plaza Mayor de Piran. En el "skyline"´, de izquierda a derecha, el ábside, el campanil y el baptisterio poligonal de San Giorgio. En primer plano, a la izquierda, el Ayuntamiento. Al fondo, en la esquina, la casa veneciana. A la derecha, desde lo alto del pedestal Tartini esboza una reverencia. (Foto: Carmen Martorell)
Llegamos a Piran a la hora de comer, después de la visita a Lipica. El restaurante era uno más en una hilera de terrazas alineadas en el lungomare separado del mar Adriático por una simple escollera. La gente se desvestía en las terrazas mismas después de almorzar, para chapuzarse de inmediato en el agua: un plan tentador si hubiéramos ido provistos de bañadores, porque el día era caluroso y el sol apretaba de firme.
Fuego y sal
El nombre de la ciudad viene al parecer del griego “pir”, fuego, y alude al faro que en la Edad Antigua dirigía la navegación entre la costa de Istria y el seno marino de Trieste. El faro, ahora eléctrico, no ha dejado de cumplir su misión al paso de los siglos. Está en el extremo del promontorio, detrás de la iglesia, hoy desacralizada, de la Salute.
“Pirano” perteneció a Venecia durante cinco siglos, del XIII al XVIII, y toda su fisonomía urbana es aún característicamente veneciana. Su importancia económica se basó en el suministro en exclusiva de sal marina para la República de los Dogos. También las salinas siguen activas en la actualidad.
En su nueva etapa histórica como ciudad eslovena ocupa un lugar singular en la estrecha salida al mar del país, entre los tinglados portuarios de Koper (Capo d’Istria) e Izola (Isola d’Istria), por el oeste, y el “resort” turístico para ricos de Portoroz (Porto Rose) hacia el este. Apartada del tráfico comercial por un lado, y de la privacidad exclusivista de los potentados por el otro, Piran es la localidad más abierta de este tramo de costa, y también la más monumental y la más hermosa: una Venecia en miniatura.
Desde la altura en la que se alzan las tres estructuras alineadas de San Giorgio Maggiore (la iglesia en sí, el campanile exento copia del de Venecia, y el baptisterio también exento), se divisan hacia el oeste el arco amplio del golfo de Trieste, hasta Monfalcone y Grado, y del otro lado del promontorio, la línea baja de la costa de la península de Istria. Dicho de otro modo, la vista abarca sin solución de continuidad un solo mar y las tierras indistinguibles de tres naciones distintas: Italia, Eslovenia y Croacia. A la unidad geográfica natural se contrapone en esta esquina de Europa la fragmentación artificial de la política; a la interdependencia cada vez mayor en un mundo global, la pretensión comprensible, pero absurda a partir de cierto punto, de seguir cada cual un camino separado.
Desde la plaza del Primo Maggio subimos a San Giorgio por callejuelas de sabor veneciano, y descendimos después a la plaza Mayor, abierta al puerto de recreo. Le da nombre Giuseppe Tartini, violinista y compositor barroco, hijo de veneciano y eslovena y nacido ahí mismo, en uno de los edificios nobles del fondo de la plaza. Una estatua en el centro del amplio espacio público celebra adecuadamente a esta gloria local.
Lassa pur dir
En la esquina más interior de la plaza de Tartini, allí donde desemboca la calle que desciende desde San Giorgio, está la “casa veneciana” (en realidad muchas podrían llevar el nombre con los mismos merecimientos), llamada así por la decoración suntuosa de sus ventanales y del balcón de esquina. Según consta en las guías, la casa fue adquirida por un mercader veneciano para instalar en ella a su querida, una muchacha piranesa. Cuando las murmuraciones del vecindario se hicieron ensordecedoras, el fatuo mercader hizo inscribir en la fachada de la casa la leyenda «Lassa pur dir», “deja que digan” en dialecto veneciano. No queda rastro de tales palabras pintadas o grabadas, de modo que me es imposible certificar la veracidad de la historia.
Los edificios nobles del Ayuntamiento y de los Tribunales, colocados en ángulo recto, cierran la plaza por el lado oeste y el sur respectivamente. Desde ambos lados del consistorio parten calles que se adentran en el corazón de la ciudad, y que ofrecen en su recorrido diversos arcos y pasos cubiertos, placitas y otros rincones muy agradables. Por el otro lado de la plaza, en la altura corre un tramo de las antiguas murallas, muy bien conservado y accesible, según las guías, a los paseantes. Pero nadie que yo sepa, en la expedición, se animó a subir hasta allí.

viernes, 28 de septiembre de 2018

LO QUE HE APRENDIDO SOBRE LOS CABALLOS


(Viaje a Eslovenia)

                    Un caso de amor a primera vista. (Foto: Cecília Guillamon)
Recibí mucho más de lo que esperaba de la visita al antiguo establecimiento imperial dedicado, en Lipica, a la cría de caballos para la Escuela española de equitación de Viena. No siento un interés especial por los caballos; me sedujeron los saberes pormenorizados y la pasión por su trabajo del hombre que nos habló de ellos.
El hombre que amaba a los caballos
Se llama Boris. El apellido constaba en su tarjeta de identificación, pero no lo registré. Tenía asignados cincuenta minutos como guía de nuestro grupo; los consumió hablando muy deprisa y casi sin parar en un castellano dubitativo, con mucha mezcla de italiano, y llevándonos de un lado a otro de las instalaciones, para que lo viéramos todo, a un ritmo muy superior al que estábamos acostumbrados. No estoy en condiciones de reproducir con exactitud sus palabras; en lo que sigue habrá inevitablemente fallos de interpretación.
La raza y la selección genética
Los lipizzanos o lipizaners no son en la actualidad una raza equina particular, sino el resultado muy sofisticado de una evolución compleja guiada por procesos de selección genética. El mismo misterio de la capa del pelaje, oscura al nacer y que se aclara progresivamente pasados unos años, es una cuestión que depende del laboratorio, y no de la naturaleza. Si los caballos son blancos es porque así los quería el emperador Francisco José, influido seguramente por los gustos de Napoleón. Los potrillos lipizzanos exhibían originalmente pelajes de colores distintos, hasta que el apareamiento y la inseminación dirigidos fueron imponiendo de forma mayoritaria muy amplia ese “blanco de fondo oscuro”. Nacen aún caballos de otros colores, pero son pocos y se destinan a clientes distintos de la Escuela vienesa de Doma.
Hubo un momento en la historia de los lipizzanos en los que una epidemia dejó al criadero sin sementales. Fue hacia 1880, creo recordar, aunque solo puedo fiarme en esto de mi memoria. Se compró entonces en Andalucía un semental de raza árabe, de nombre Vikir, y él solo relanzó la producción. Un buen semental puede atender a unas treinta yeguas de forma habitual. Otra cosa distinta es que los potrillos nazcan con la docilidad, la agilidad, la inteligencia y la empatía necesarias para afrontar el proceso larguísimo y exigente de la doma.
Los lipizzanos son dóciles y longevos; eso tienen a su favor, pero solo animales de condiciones excepcionales resultan aptos para un aprendizaje acabado. Esa exigencia es la razón de que Lipica sea un laboratorio, y no una fábrica de caballos al por mayor. Empieza el adiestramiento a los tres años cumplidos, y concluye cerca de los treinta. Se necesita mucha empatía entre el animal y su adiestrador; en caso contrario, se hace imposible un aprendizaje que consiste en interminables repeticiones de las mismas órdenes y los mismos movimientos hasta conseguir la perfección sin falla de un automatismo.
Un tribunal de expertos valora año tras año los resultados de la crianza. El destino de las yeguas es, en este sentido, privilegiado respecto de la indignidad a la que son sometidos los machos que quedan por debajo de las altas exigencias de la procreación. Ellas socializan felices, en grandes manadas que corren libres por los pastos; ellos son castrados antes de destinarlos a otros usos, porque, siguiendo la tendencia perversa común a muchas otras especies zoológicas, de no hacérseles imposible el acceso a las hembras, se enzarzarían en peleas continuas de machos en celo.
Los pocos ejemplares de padres que llegan intactos al final de su capacidad reproductiva, hacia los veintiocho años, se convierten en monumentos reconocidos en los establos de la institución. Disfrutan de todas las atenciones y mimos de sus cuidadores y contemplan, desde el pináculo de su vejez dorada, el paso de las sucesivas generaciones que ellos han contribuido activamente a poblar.
Historia social del caballo
El caballo de la prehistoria era un animal tímido y desconfiado. Presa favorita de los carnívoros depredadores, los grandes felinos y los cánidos, solo contaba con la rapidez de su galope y la protección relativa de la manada para esquivar asaltos sangrientos. La especie pudo evitar la extinción gracias a su larga asociación con el hombre, que la protegió de lobos y de leones. Animal agradecido si los hay, el caballo procuró por todos los medios hacerse útil al benefactor providencial que garantizaba su supervivencia.
La paradoja de esa gran amistad, que aún persiste, es que el hombre convirtió a aquel animal asustadizo y permanentemente fugitivo en una máquina bélica sofisticada.
La evolución genética del caballo de raza ha seguido paso a paso la de las tácticas de la guerra terrestre. La caballería pesada de la Edad Media precisaba de animales poderosos y resistentes, capaces de sostener sobre su grupa el peso de hombres revestidos de acero, y de galopar agrupados en una línea de carga que arrollaba todo lo que se oponía a su paso.
La artillería acabó con la leyenda del corcel de batalla. En las guerras napoleónicas la caballería ligera estaba destinada a otro tipo de misiones ─ reconocimiento, hostigamiento, persecución de los fugitivos ─ que requerían una montura mucho más ágil, capaz de saltar obstáculos de cierta altura, moverse en terrenos quebrados y cambiar rápidamente de dirección según las necesidades. En la guía, la presión con las rodillas y el estímulo de la espuela perdieron importancia; el caballo se hizo más esbelto y longilíneo, y aprendió con tesón nuevos trucos a partir de las señales de la rienda larga y de la fusta.
Paralelamente los ricos empezaron a comprar caballos de capricho, para el paseo en carricoche, para la caza, para el hipódromo. El mercado equino se diversificó y se sofisticó. La doma, como disciplina rigurosa para una élite de animales superdotados, recibió una nueva atención de los expertos. La doma representa el ápice de la evolución histórica del caballo. Hoy los concursos de doma han entrado en el programa oficial de los juegos olímpicos. Es el no va más, también en el sentido de que seguramente no hay nada más allá.
 

jueves, 27 de septiembre de 2018

CUMBRES Y SIMAS

(Viaje a Eslovenia)


Panorámica de la plaza Presenkov, en Liubliana. El edificio del centro presenta un ejemplo perfecto de lo que llamo "tribuna esquinera". No hace falta ir tan lejos para admirar ese tipo de estructura, sin embargo; en el "quadrat d'or" del Eixample de Barcelona hay cosas muy similares. Si no resultan exactamente igual, es porque aquí todas las esquinas son achaflanadas. (Foto: Carmen Martorell)
Desde la base estratégica del hotel Radisson Blu de Liubliana hicimos en los días siguientes tres excursiones a los ases de triunfo con los que cuenta Eslovenia para atraer a una clientela turística selecta: las cumbres de los Alpes Julianos, los abismos cársicos, y la sucinta orilla mediterránea. Esta última excursión la contaré en próximos capítulos.
La “segunda Suiza”
En el momento del referéndum para la independencia de Eslovenia, en diciembre de 1990, pesó mucho la ambición popular de convertir el país en una “segunda Suiza”: un país pequeño, céntrico, rico y bien relacionado.
Suiza, sin embargo, es como la madre: no hay más que una. Quizá por suerte en este caso, dado que su situación privilegiada en el mundo se basa en la eficacia y la discreción de su banca, que atrae capitales de todos los lugares y de todos los colores, en particular el negro.
Eslovenia se ha quedado más o menos a la mitad del recorrido que ambicionaba, pero eso no quiere decir que su performance como Estado independiente sea despreciable. Consideremos dos indicadores estadísticos aceptados universalmente para evaluar la riqueza y el bienestar (no son enteramente objetivos, sin embargo, ni enteramente fiables; pero esa es una discusión que no corresponde a estas notas de viaje).
En renta por habitante, estimación de 2018, fuente FMI, Eslovenia figura con 36.566 dólares en el lugar 39 del ranking de las naciones del mundo. Su renta representa poco más de la mitad de la de Suiza (9ª, con 63.379 $). Como orientación complementaria, España (29ª) cuenta con 40.289 $, y Croacia (56ª) con 25.806 $.
En la escala del índice de desarrollo humano, estimación oficial de 2017, Eslovenia ocupa el lugar 25 con un 0,896, justo por delante de España, 26ª con 0,891. Croacia queda bastante más atrás (46ª, 0,831), y Suiza muy por delante (2ª con 0,944).
La inversión de posiciones entre España y Eslovenia en los dos indicadores viene a mostrar, dicho sea de pasada, que la renta eslovena está mejor repartida entre la población que la española, y el bienestar alcanza a un estrato más amplio de habitantes.

Bled, el escenario romántico
La visión del lago glaciar de Bled, con el castillo colgado del acantilado y abajo, en la isla, el campanario de la iglesia de la Asunción reflejado en las aguas de color turquesa, resulta irresistible. Demasiado bella para ser real, y sin embargo “es” real. Las parejas acuden a casarse a la iglesia del lago y, siguiendo una tradición arraigada, el novio sube en brazos a la novia por los 99 escalones de piedra que llevan del embarcadero a la puerta del templo. A la novia se le impone una obligación paralela: la de no decir palabra mientras dura el ascenso. Después de la ceremonia ambos pueden dar tres toques de campana, que se supone que atraen la buena suerte.
Una clientela internacional selecta y fiel acude a Bled todos los años debido a lo idílico del marco y al reclamo de sus aguas termales  El pueblo y las numerosas instalaciones hoteleras y balnearias quedan disimuladas detrás del promontorio del castillo, en un segundo plano discreto. No visitamos, porque el recorrido solo puede hacerse a pie por senderos de montaña, los parajes naturales situados al oeste de Bled: el lago de Bohinj y el parque nacional del macizo de Triglav, en el que se sitúa el punto más alto del país. Toda la zona está poblada de bosques espesos de coníferas. El trayecto de ida y vuelta desde la orilla hasta la isla del lago, lo hicimos en barcas ligeras de dos remos verticales, manejados por un solo remero.
Comimos en Radovljica, un pueblo al sudeste de Bled preservado milagrosamente de las maldiciones del progreso porque la estación de ferrocarril prevista inicialmente acabó por construirse unos kilómetros más allá, en Lesce. Entramos en el restaurante por el taller de pastelería anexo. Apenas cabíamos los noventa en aquel semisótano, pero apreciamos el ritual de bienvenida que nos fue dedicado con buen humor y cierta solemnidad. Luego el almuerzo fue abundante y sabroso, amenizado por valses y polkas cantadas con acompañamiento de armónica, acordeón y violón.
El paseo por el pueblo, después del café, nos dejó una impresión de serenidad. La iglesia, de una fachada original y armoniosa, estaba cerrada. Muchos templos en todo el territorio han sido desafectados del culto, y no hay tal cosa como una confesión religiosa de carácter nacional en el país. Este espíritu cívico laico es otro rasgo diferencial con Croacia, y una de las razones por las que prefiero con mucho la calidad de vida eslovena a la de sus vecinos.

En el subsuelo
Como aperitivo a la inmersión en las cuevas de Postojna visitamos el castillo-cueva de Predjama, donde un bandolero de nombre Erasmus tuvo en jaque durante años a las mesnadas de los gobernantes locales. Escuchamos varias versiones de la leyenda, ninguna de ellas demasiado creíble. Después, al llegar a Postojna nos vimos abducidos sin remedio por el tiovivo estridente de los circuitos de turismo masivo.
Es duro, pero no hay otra forma de visitar las cuevas. Dentro la temperatura es fría y la humedad prácticamente del cien por cien; hay que abrigarse. Montamos en un trenecito que recorrió como una exhalación espacios y más espacios subterráneos de todas las formas y tamaños, adornados con estalactitas de una variedad admirable de diseños y de colores. El tren paró después de adentrarse cinco kilómetros en la roca horadada, y nos dejó delante de una oquedad de dimensiones inmensas. Caminamos en largas filas, primero por un caminillo en cuesta hasta el punto más alto del recorrido señalado, y desde allí en un descenso sinuoso que nos descubría en cada recodo perspectivas nuevas; cruzamos pasarelas, recorrimos túneles estrechos, nos asomamos a abismos, y cruzamos salas tan amplias, y decoradas con tal derroche de recursos ornamentales basados solo en la acción del agua sobre la piedra caliza, que se dirían dignas de un Versalles hundido por algún conjuro bajo tierra. Los móviles echaban humo de tanto fotografiar. Los flashes estaban prohibidos, y dejo constancia de que ninguna de las fotos tiradas por Carmen ha merecido la pena de conservarla.

De vuelta en Liubliana, recuperamos el tempo lento de los paseos y las terrazas junto al río, hasta que los autocares nos recogieron para llevarnos al hotel.
 

miércoles, 26 de septiembre de 2018

NO PODRÁS NAVEGAR DOS VECES POR EL MISMO RÍO


(Viaje a Eslovenia)

Talla del s. XV en la catedral de Ptuj. San Jorge muestra cómo alancear eficazmente a un dragón sin perder la compostura y la elegancia intrínseca. (Foto: Carmen Martorell)

La vieja parra
En Maribor, pegada a la fachada de un museíllo del vino llamado Old Vine House, frente al río Drava, está la parra “más antigua del mundo”, plantada hacia 1580 según documentación descubierta por el archiduque Johann de Habsburgo-Lorena, el hombre que impulsó los cultivos vitícolas en la región en la primera mitad del siglo XIX. La parra no tenía un gran aspecto; tampoco el vino esloveno va muy allá en excelencia. “Le falta sol”, según Bárbara, nuestra guía. La primavera es tardía en Eslovenia, y el verano corto, aunque caluroso. Luego vienen las nieblas, una larga temporada de lluvias y un frío sobrecogedor en invierno (- 15 ºC).
Perlas de la propaganda
Sin embargo, leo en un folleto de propaganda turística que las viñas eslovenas «se encuentran entre el 5% de las mejores del mundo.» Este tipo de precisión jerárquica tiene que ser muy grato a los eslovenos, porque lo utilizan a menudo. Ya he mencionado el récord de la vieja parra; las cuevas de Postojna son «las segundas más grandes del mundo»; el castillo-cueva de Predjama está inscrito en el libro Guinness como el mayor en su categoría, etc. Y en cuanto a eslovenos ilustres (cito del folleto mencionado antes), «Slavko Avsenic es conocido como el rey mundial de la polka», y los deportistas eslovenos «son simplemente excepcionales, tanto en los deportes individuales como en los de equipo.»
Ptuj
Es el nombre esloveno impronunciable de la antigua ciudad de Petuvium, en su origen un campamento militar romano, mencionada por Tácito ya en el año 69. La catedral guarda una talla primorosa de San Jorge pisando al dragón y alanceándolo al estilo barrendero. En el punto más alto de la ciudad se asienta un castillo parecido a los que luego veríamos en Liubliana o Bled: una residencia nobiliaria sin nobles que residan en ella, que ha pasado a ser patrimonio del Estado y ofrece al visitante, descontadas las magníficas vistas, poca cosa más que una terraza donde tomar café, algún puestecito de souvenirs y los aseos.
La casa, el automóvil y el tractor
La llegada a Liubliana fue un anticlímax. El hotel, muy cómodo y bien provisto, era un gran cubo acristalado de quince pisos, pero estaba lejos del centro, junto a un área comercial de dimensiones casi gigantescas, y lo que había más allá eran instalaciones de almacenaje, un McDonald y largas hileras de bloques de viviendas-colmena desparramados a uno y otro lado de las avenidas sin la menor gracia ni pretensión estética.
Puede que sea la consecuencia de una etapa de “socialismo real” practicado con rigor implacable. En todo caso, el paisaje rural visto desde las ventanillas del autocar era, aunque modesto, mucho más atractivo. Cultivos bien delimitados, bosques limpios, casas de labor aisladas o agrupadas en pueblos pequeños. Casi todas estaban pintadas del mismo color amarillento y tenían unas dimensiones parecidas: planta cuadrada, dos pisos ─ muy raramente tres ─, y altillo limitado por un tejado a dos aguas en pico muy pronunciado.
La guía nos contó que el campesino esloveno no tiene grandes pretensiones en cuanto a lujos en la vivienda, pero sí quiere un automóvil más grande y moderno que el del vecino, y sobre todo el mejor tractor que exista en el mercado. El garaje se reserva para el tractor, que es objeto de todos los mimos; el coche se aparca fuera.
Esa teoría de “el tractor, lo primero de todo”, me pareció bastante convincente.
La tribuna esquinera
El centro de Liubliana es deslumbrante, más aún porque resulta inesperado para quien llega como nosotros de un extrarradio monótono y adocenado. Varios puentes cruzan el río Liublianica; son muy bellos el Puente Triple y el del Dragón. En una orilla quedan el castillo, al que se sube en funicular, y una calle peatonal ancha, bien adoquinada y flanqueada por edificios señoriales. Al otro lado, cruzado el Puente Triple, está la monumental plaza Presenkov, dominada por la fachada de la iglesia franciscana de la Anunciación.
Yo había visto ya lo que llamo tribunas esquineras en el sur de Alemania; en Tubinga, por ejemplo, y en poblaciones de Baden-Wurttemberg. Las reencontré en Maribor y en Liubliana (Laibach en alemán), lo que vendría a confirmar el carácter mitteleuropeo de sus centros históricos. Entiendo por tribunas unas estructuras suntuarias encastradas en las esquinas de edificios que fueron en tiempos palacetes o similares. En su forma más difundida se trata de torrecillas cilíndricas, parecidas a las de los baluartes defensivos de las fortalezas barrocas, que arrancan a alguna distancia del suelo, ofrecen buenas vistas en ángulo a las dos calles correspondientes a través de ventanales amplios, y rematan en un chirimbolo o caperuza de lo más estético.
En el río
Las orillas del Liublianica están repletas de terrazas entoldadas, tentadoras para el paseante, en particular en días de fuerte calor. Por allí pulula la juventud autóctona, y allí recalan los turistas de cualquier edad, incluida la nuestra. Nada más agradable que un rato de descanso merecido y de charla, con una bebida al alcance de la mano, mientras se ve fluir el río.
El último día de estancia en Liubliana ocupamos dos barcazas que nos dieron vuelta y vuelta por las aguas oscuras del río, entre la neblina matinal, desde la represa por un lado hasta las instalaciones de las regatas por el otro. Teníamos ya las maletas hechas y cargadas en los autocares. Dejábamos Eslovenia y nos íbamos a Zagreb. “No podrás navegar dos veces por el mismo río”, me dije a mí mismo, plagiando a Heráclito. Carpe diem, “disfruta el momento”, me contestó en un susurro el agua que fluía, siempre igual, siempre diferente, bajo la quilla.