sábado, 16 de marzo de 2019

CUANDO LOS ROBOTS NO TIENEN LA CULPA


Los robots no tienen la culpa de que el trabajo escasee. De hecho, el trabajo no escasea, todo lo contrario; pero en torno de él se está produciendo un cierto espejismo porque su naturaleza y su lógica misma han mutado en buena medida.

Y no solo su naturaleza y su lógica interna. Lo que ha cambiado (a la baja) de forma apabullante en el trabajo en nuestro siglo XXI es su remuneración. Y de esto último no han tenido la culpa los robots.

Tampoco la han tenido las “leyes implacables” del mercado, como sostienen los ventajistas al estilo de Rodrigo Rato. No hay leyes propiamente dichas del mercado, implacables o no. El mercado es una creación de los hombres, y son los hombres los que determinan sus reglas y su manera de actuar. La hegemonía de los robots o de unos algoritmos omniscientes que ordenarían los intercambios globales son puro fake news.

Lo explica con mucho sentido común el economista Paul Krugman (1). Cito la frase clave de su argumento: «El cambio tecnológico es una vieja historia. La novedad es que los trabajadores no están compartiendo los frutos de ese cambio tecnológico.»

Los robots, diseñados para ahorrar trabajo físico y ayudar a la producción, están acabando con los trabajos más penosos y repetitivos: los menos “humanos”. Los robots son amigos, no enemigos del progreso. Pero históricamente, lo dice Krugman, todo cambio tecnológico (y se han producido muchos desde la primera revolución industrial), al llevar aparejada un alza de la productividad, inducía también un incremento general de los salarios y del bienestar social.

Si esto no ocurre ahora, no es culpa de los robots. Hay una pista clara para averiguar quién es el verdadero culpable: tampoco el Estado recibe y redistribuye los jugosos frutos de ese cambio tecnológico impulsado en primer lugar a partir de su inversión básica y de su dirección.

Las agencias transnacionales como el FMI y el Banco Mundial, con el apoyo de una banca financiarizada, son las que en última instancia están regulando el tráfico. Su credo es la supresión de las trabas que impedían bajo el viejo paradigma económico desarrollarse todo el potencial de la innovación tecnológica. Se han desregulado las normas laborales, se ha acorralado a los sindicatos democráticos de trabajadores, y se ha colocado a la fuerza de trabajo en condiciones de abierta inferioridad y fragmentación frente al capital.

Y se ha forzado al Estado a mirar a otro lado en todo ese proceso. A no comprometer capitales públicos en lo que hoy se ha convertido en un coto de financiación privado y opaco. A promover exenciones y rebajas de impuestos a las sociedades más ricas, a costa del incremento de la carga fiscal para la ciudadanía de a pie. A mantener un equilibrio financiero inocuo e inútil, porque la ausencia de déficit presupuestario es simplemente ausencia de política económica.

Se lo dice Ramón Górriz al gobierno actual, que estando como está en equilibrio precario, debería serlo todo menos cauteloso ante las elecciones inminentes: «Ya no quedan excusas para alcanzar el reino de los fines.» (2)



viernes, 15 de marzo de 2019

UNO DE LOS NUESTROS


Ha muerto uno de los nuestros, de nuestra restringida cofradía de plumíferos impenitentes. Un traductor excelso y un escritor valioso: Enrique de Hériz.

Nunca lo conocí en persona, aunque supe que trabajaba como director literario en Ediciones B, para la que yo entregaba de tanto en tanto traducciones de libros, por lo general del inglés. Para mí, artesano de las equivalencias y celoso guardián de mi oficio, encontrar la mención de Hériz como traductor de una obra cualquiera era una garantía de algo bien hecho. La cuestión tiene su importancia, una traducción adecuada nos abre una puerta recatada a un conocimiento nuevo; una mala traducción, y son muchas, nos cierra esa puerta sin remedio posible y con estrépito.

Tengo aún sobre la mesa la última traducción de Hériz que he leído. Se trata de un libro de servicios secretos, Caballos lentos, de Mark Herron. La historia no pasa de ingeniosa; la traducción es excelente.

Alguien (creo que fue Gloria Gutiérrez, gran agente literaria y gran amiga) me regaló en una ocasión una novela de Hériz, Manual de la oscuridad, la historia de Víctor Losa, un mago que se queda ciego pero consigue a pesar de todo seguir siendo un mago. El libro iba acompañado por una recomendación calurosa. La recibí a beneficio de inventario; cuando nos dicen que un libro es muy bueno ─esta es una observación de Marcel Proust─, entendemos ese “muy bueno” como una síntesis de todos los libros buenos que hemos leído antes, una especie de suma y sigue. Sin embargo, la característica de un buen libro es la novedad irreductible que aporta; por eso, siempre nos sorprende.

Manual de la oscuridad es un gran libro. Durante un tiempo estuve buscando Mentira, el gran éxito anterior del mismo autor. Después, me olvidé de él. Volveré a buscarlo ahora que me llega la noticia de que no encontraré más la firma de Enrique de Hériz en productos nuevos.

La noticia de su muerte me deja una cierta sensación de vacío (era uno de esos nombres con los que contaba en mi subconsciente de forma incondicional), y también de pánico. Hériz tenía veinte años menos que yo; por dios, ¿qué estoy haciendo todavía en este mundo?


jueves, 14 de marzo de 2019

INDEPE'S LONELY HEARTS CLUB BAND



De izquierda a derecha, Carles Puigdemont, Quim Torra, Artur Mas y Oriol Junqueras ataviados con uniformes de gala, al frente de algunos miembros conspicuos del club. A la derecha, Elsa Artadi de amarillo.

Elsa Artadi tuvo el descaro de hacer un paralelo entre la prohibición por parte de la Junta Electoral de los lazos amarillos y otras hierbas en la fachada de las instituciones catalanas (Generalitat, ayuntamientos), y la persecución sufrida por los judíos ─en concreto, Anna Frank─ bajo el nazismo.

Las instituciones, esto no debería ser necesario explicarlo, tienen por su misma naturaleza la obligación de ser exquisitamente neutrales en el juego de mayorías y minorías; de modo que amparen a todos en las contiendas políticas. Es un elemento esencial de la democracia, cuando se trata de una democracia en la que caben todas las posiciones, y no solo las de quienes se significan a favor del poder en general, y en su caso también del contrapoder regional, que en lo concreto y lo cotidiano resulta ser más poderoso incluso, por su proximidad, que el poder central más altivo pero también más lejano.

A la “democracia” en la que solo caben las posiciones instaladas en, o satelizadas por, el poder, se la suele llamar de otra manera. No la escribo aquí por no herir los castos oídos de Elsa Artadi, que se tiene por Anna Frank rediviva a punto de ser enviada a un campo de exterminio.

José Luis López Bulla hace, en el blog de aquí al lado, un recuento de la colección de selfies que llevan haciéndose los indepes a cuenta de algunas figuras estelares de la humanidad: Gandhi, Mandela, Martin Luther King, y también Sócrates, Séneca, Cicerón…

La lista, sugiere José Luis, podría abarcar a Cristo en la cruz en algún momento próximo. Creo recordar que ya Artur Mas se postuló hace pocos años para la foto. Si no era la Crucifixión de Cristo era la Vida de Brian, pero el icono era inconfundible. En cuestiones de autorreferencia y autobombo, los impulsores del procés nunca han pecado de tímidos: la epopeya catalana ha sido lo más importante que ha ocurrido en el mundo después del descubrimiento de América, han dicho algunos. Otros opinan que “por delante” incluso del descubrimiento, por más que Colom era de casa nuestra y zarpó del puerto de Pals con tres carabelas fabricadas en las dressanes de Blanes.

Así se va tejiendo una fábula épica en torno a una travesía a Ítaca que recoge las esencias de muchos siglos de historia de la humanidad, y que alcanzará su cenit ─así confiadamente se espera─ en el momento, siempre inminente pero aplazado de día en día, de la implementación de la nueva República. En tal aventura gótica anda comprometida la Banda en pleno del Club de los Corazones Solitarios Indepes.

Que ahora luchan en estrados, desperdigados y cada cual a su bola, contra la sombra negra de la acusación de malversación. Un delito sin prestigio ni pedigrí.


martes, 12 de marzo de 2019

FIEBRE DE CAMPAÑA


La Junta Electoral Central ha echado atrás la pretensión del PP de prohibir las ruedas de prensa consecuentes a los consejos de ministras. Para Pablo Casado, las medidas de gobierno, que se están tomando por decreto debido al riguroso bloqueo parlamentario, son puro electoralismo.

Una de dos, podría considerarse que lo son siempre, y entonces habría que prohibirlas siempre; o se trata simplemente de medidas de gobierno, y en ese caso silenciarlas sería un agravio a la ciudadanía.

Pablo C., en cualquier caso, está on fire, y ahora nos sale con la sospecha de que no lo sabemos todo sobre el atentado de Atocha de hace ya quince años por estas fechas. Exige que se sepa la verdad, la verdad verdadera, la verdad por estas. Una comezón urgente le rebasa. Se diría, por el ardor que pone en la tarea, que va a por todas con la intención de ganar ahora las elecciones de 2004.

Alguien tendría que explicarle que la historia no se reescribe. Igual Pablo C. querría además anular todo lo que le ha pasado al Real Madrid desde que se fue Zidane, con el argumento de que ahora Zidane ha vuelto. Se siente, pero lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible. Tampoco Theresa May va a poder colocar en órbita aquel Brexit luminoso que soñó en su momento, y habrá de contentarse con recoger del suelo la vajilla rota, y hacer limpieza general en su casa.

En el cuartel general de los otros aspirantes a liderar la gran derecha patriótica, Albert Rivera también pasa por momentos febriles. Su candidata a la Junta de Castilla y León se impuso en las primarias, pero las cuentas no acababan de cuadrar: no coincidían los votos emitidos con los votos escrutados, que fueron 82 más, todos ellos introducidos en las urnas con nocturnidad y sigilo.

El candidato no preferido por Rivera y directamente perjudicado por la literalmente oscura maniobra, reclamó. Los datos eran incontestables. Nadie exigió en este caso “saber toda la verdad” y el lance se resolvió con manifestaciones un tanto bombásticas de Girauta, en las que proclamó a su formación como la más democrática y transparente del mundo mundial. Quien no se consuela es porque no quiere.

Lo de Vox va también de fantasía electoralista, pero con un cariz más psiquiátrico. En las redes oficiales del partido se denunció la agresión en un hipermercado de Son Servera, Mallorca, a dos niñas que no quisieron ponerse lazos morados el día 8 de marzo. Se dieron detalles: una había perdido un diente en la refriega, la otra fue arrastrada por el suelo. Se exhibió en redes un pantallazo de un parte médico en el que no aparecían nombres ni fechas (era de febrero). Santi Abascal tuiteó acerca de “feminazis enloquecidas” y nos preguntó hasta cuándo habíamos de soportarlo. Se anunció una denuncia de los hechos ante la guardia civil.

No hubo tal denuncia, ni diente perdido, ni restregón por el suelo. No se pudo detectar en las cercanías del híper a ninguna feminazi enloquecida. Todo fue un sueño húmedo. Se rectificó a medias al cabo de unas horas: «Hemos sido manipulados.» Mala utilización de la voz del verbo, la frase correcta era: «Hemos manipulado.»

 Así están las cosas en los barrios de la derecha grande, la mediana y la pequeña. Fiebre electoral de sábado noche. Si estos ganan en abril, por el mar correrán las liebres y por el monte las sardinas, tralalá.


lunes, 11 de marzo de 2019

EL ESTADO IMPRESCINDIBLE



Mariana Mazzucato

Leo el artículo de Javier Martín-Arroyo en elpais, “La estricta dieta para el empleo de Abengoa”, con una sensación de déjà-vu. De la empresa hablaba Javier Aristu en el último número de Pasos a la Izquierda (1), encabezando su análisis con un aviso prudente a navegantes: “Aprender del pasado, no repetirlo”. Lo decía por otras cosas, pero el consejo también es pertinente respecto del sueño de una empresa familiar andaluza que llegó a ser puntera en tecnologías limpias. Hoy Abengoa, ya con un formato distinto y asumidas sus limitaciones, se niega a desaparecer. Buena noticia. Martín-Arroyo señala cómo, después de 40 EREs en tres años y de perder más de la mitad de su plantilla, afronta la última etapa de una reestructuración dramática que puede contar en su apoyo con algunos grandes contratos internacionales por un global de 1.500 millones de euros: entre ellos la instalación del parque solar mayor del mundo en Dubai, y de una desalinizadora en Arabia Saudí.

Mientras, el mercado interior de las tecnologías limpias sigue prácticamente parado en España. Abengoa no ha sido profeta en su patria. Tampoco lo fue la empresa Solyndra en California, obligada a cerrar por un accionariado impaciente, que no quería oír hablar de innovación ni de futuro, sino únicamente de dividendos a corto plazo. Estoy leyendo su historia en el libro de Mariana Mazzucato “The Entrepreneurial State” (El Estado emprendedor).

Mazzucato es profesora de Economía de la Innovación y del Valor Público en el University College de Londres. No es una cualquiera en este terreno; ha recibido en 2018 el Premio Leontieff que se concede a los avances en las fronteras del pensamiento económico.

Sus análisis giran en torno a dos grandes temas relacionados con la innovación: el primero es que, en el I+D, la “I” (investigación básica) es sobre todo cosa del Estado, porque requiere periodos de tiempo muy amplios, de quince a veinte años como mínimo, de trabajo paciente de altísimo nivel, antes de empezar a dar frutos, si entendemos por “frutos” el rendimiento comercial capaz de generar beneficios financieros. El Estado está obligado a “pensar en grande” (think big), porque trabaja para el bien común, para el ciudadano y el contribuyente. El Estado debe asumir y dirigir una línea económica orientada al progreso social, y ser en ese campo no solo una instancia que allane el camino a los capitales privados, sino un patrón activo y paciente, porque con el trabajo de sus institutos, agencias y universidades está creando oportunidades reales de mejora para todos.

El capitalista privado responde a estímulos muy distintos: es egoísta y en muchos casos ruin, tiende a apostar siempre sobre seguro, está orientado hacia el beneficio privado, y el bien común y el progreso social son las menores de sus preocupaciones.

El segundo tema en el que insisten en particular los análisis de Mazzucato es la propuesta de un reequilibrio entre lo público y lo privado a partir de una simbiosis de intereses económicos que beneficie a ambos, en lugar del parasitismo de lo público por lo privado actualmente predominante.

Dicho con las palabras de Mazzucato: «El sector privado extrae beneficios de un Estado al que simultáneamente rehúsa financiar.» La situación después de la última crisis global es tal que se imponen trabas férreas al Estado (prohibición de déficit en los presupuestos, sin que se plantee en ningún momento el para qué de ese déficit y la lógica de esos presupuestos) y se le pide en cambio que incentive mediante exenciones de impuestos, o tratos fiscales de favor, a las grandes compañías que en teoría (solo en teoría) son la punta de lanza de la innovación.

De ese modo el Estado se desangra, y se obstaculiza la repetición de historias de éxito tales como la expansión mundial de Internet y de las startups de Silicon Valley, flores brotadas después de un largo trabajo de abono y regadío realizado por el Estado empresario. El sector privado se centra sobre todo en la “D” (desarrollo, o investigación aplicada) del I+D. Trabaja a partir de los hallazgos básicos de científicos y técnicos formados en las aulas de las universidades públicas y contratados por las agencias estatales para desarrollar programas concretos relacionados con la innovación. Ese trabajo cristaliza finalmente en patentes comerciales, que derivan el gran río de la innovación hacia canales, canalillos y acequias con las que los inversores privados riegan sus beneficios privados. Pero la gran corriente generada desde las finanzas públicas no revierte en beneficios para el conjunto de quienes las hicieron posibles con el pago puntual de sus impuestos. El capital privado chupa esa sangre y engorda a costa del común.

Ahora mismo falta además la predisposición del Estado a intervenir activamente en la economía, en un contexto geopolítico que ha dado una vuelta completa de dentro afuera, como un calcetín puesto del revés. Las potencias que están invirtiendo actualmente en innovación en torno a las energías limpias son, sobre todo, China y Alemania, que se toma muy en serio no solo el plan Industrie 4.0, sino también la Energiewende, la transición energética. Estados Unidos está en una situación ambigua de start and stop, Gran Bretaña se deja arrastrar perezosamente por la corriente, y una parte al menos de España se sitúa orgullosamente en el pelotón de los torpes. Recuerden al hombre de Pontevedra negando el cambio climático porque su primo, que es doctor en Física, no sabe qué tiempo hará de aquí a dos semanas.

No todo es negativo. En España tenemos desde hace muy poco tiempo un ministerio de la Transición Ecológica. ¿Les suena? Demasiado poco tiempo, sin embargo, para que su titular, Teresa Ribera, haya podido generar dinámicas positivas en torno a programas avanzados susceptibles de cambiar nuestras vidas de una forma más radical todavía a como lo ha hecho Internet. De un mundo no renovable que agoniza utilizando las energías contaminantes generadas por el carbón y los hidrocarburos, se trata de pasar a otro que va a utilizar energías sostenibles, hídricas, solares, eólicas y geotérmicas. Una revolución verde potenciada por toda la tecnología punta que hemos incorporado recientemente a nuestra forma de vivir.

Las penurias de Abengoa y de Solyndra se inscriben en los errores propios de concepción y de organización de empresas que pretendieron situarse en la vanguardia de un tiempo nuevo, pero también en el parón a la investigación y a la innovación consecuente a la gran crisis global de 2008. Fue entonces cuando agencias transnacionales y troikas impusieron a los Estados el diktat de la contención en abstracto del gasto, a cambio de liberar las supuestas energías innovadoras de los conglomerados de empresas y grupos financieros transnacionales.

Abengoa no solo se vio perjudicada en su trayectoria por la perspectiva errónea de unos beneficios inminentes que nunca llegaron, sino también por la campaña de lobbying de las eléctricas tradicionales, decididas a hundir las alternativas para sacar el máximo provecho de sus infraestructuras ya obsoletas y de sus economías de escala plenamente desarrolladas, con la complicidad de un Estado gazmoño y pusilánime que prefirió cortar las alas de las tecnologías limpias para entregarse a “lo seguro”, a cambio en ciertos casos de pingües comisiones y colocaciones remuneradas en los consejos de administración para políticos destacados que están en la mente de todos.

Esa es la historia que importa revertir.



domingo, 10 de marzo de 2019

EL CUENTO DE LA BUENA PIPA



Isco Alarcón

Mientras yo estaba en Londres, paseando mis ocios y “dejando mi cuidado / entre las azucenas olvidado” al estilo de San Juan de la Cruz, aquí siguieron pasando diariamente cosas gravísimas. Me refiero al juicio del procés, claro, ese sinvivir continuo. Enric Millo, por ejemplo, protagonizó unas declaraciones inverosímiles pero trascendentales en opinión tanto de la defensa como de la fiscalía, sin contar los medios de comunicación de uno y otro signo. John Carlin las ha calificado de fairy tale, denominación ambivalente que puede traducirse, bien como “cuento de hadas”, o bien como “historieta del fairy”.

Mientras tanto, y justamente en el curso de la misma semana estratégica, el Real Madrid se daba de baja de todo, al perder sucesivamente sus opciones en la Copa y en la Liga (contra el Barça), y en “su” Champions (contra el Ajax), en ambos casos en el estadio Bernabeu.

De inmediato pasamos del estruendo inacabable del procés catalán al ídem de ídem del carismático club madrileño. Nunca un equipo tan reincidentemente caído en el terreno de juego había dado pie a tanto juego en el otro terreno, el mediático. Anoten los siguientes titulares de elpais de hoy, a varias fechas ya de producirse la sonada catástrofe: 1, “El Real Madrid y el estruendo del gigante caído”. 2, “Crisis de gobernanza en el Real Madrid”. 3, “Solari dispara contra su plantilla”. 4, “El Madrid expedienta a Isco”. 5, “A Valladolid con Solari y Sergio Ramos”. 6, “Courtois, goleado en el campo y perseguido por los paparazis”.

Si sumamos a los de hoy los comentarios de los días pasados, hechos más bien a bote pronto, y los que de seguro vendrán más adelante, con análisis técnicos y soluciones financieras viables e incluso brillantes para remozar la plantilla y asegurar nuevos triunfos a capazos, nos habremos plantado sin darnos cuenta en el mes de agosto, y entonces el Real Madrid volverá de pronto a tener intactas todas sus posibilidades de triplete letal.

Lo que haya pasado mientras tanto en los grandes torneos patrios y continentales será historia olvidable; un pie de página insustancial para un capítulo definitivamente pasado.

No hace tanto, Isco, Asensio, Carvajal y Lucas Vázquez nos iban a llevar derechos, de la mano del seleccionador Julen Lopetegui, a la consecución infalible de un nuevo Mundial. Se urgió entonces desde algunos medios (son siempre los mismos, así en el fútbol como en la política, y siempre chillan más que nadie y mandan callar de malos modos a los contraopinantes), a apartar a Andrés Iniesta de la titularidad para dar paso a Isco, la nueva estrella rutilante que capitanearía la gran empresa. El resultado es conocido, pero no merece ningún comentario, ningún vistazo retrospectivo de quienes pontificaron con pompa y con circunstancia. Todo se reduce ahora a un «No pudo ser…», y sanseacabó.

Con el procés va pasando más o menos lo mismo, si bien cambian en este caso las cabeceras de los medios y los voceros del asunto empeñados en tener razón sí o sí con sus quimeras.

No sé si el asunto genera beneficios sustanciosos a quienes promueven este estruendo inacabable y cacofónico. Lo que sí sé (lo dice Lola García en lavanguardia de hoy) es que el programa del independentismo viene a concretarse en la aspiración a bloquear permanentemente la política española si el 28 de abril consigue la llave de la gobernabilidad.

Viene a ser la misma hazaña llevada a cabo históricamente por el perro del hortelano, que ni comía ni dejaba comer. Pero en el arranque de las próximas Grandes Ligas tendremos ocasión de ver de nuevo al equipo soberanista convenientemente remozado y con la misma aspiración de los madridistas a acapararlo todo.

Esto se parece sospechosamente al cuento de la buena pipa.


sábado, 9 de marzo de 2019

BRECHA SALARIAL


Ayer, día de la mujer trabajadora, la CEOE demostró cuánto le desvela la preocupación por la situación de desigualdad de género desgraciadamente existente, y hasta qué punto se está esforzando en superarla.

Lo ha hecho a través de la presentación de un folleto lujosamente editado, que recoge las conclusiones de un estudio encargado por nuestra entrañable patronal a la consultora PWC.

Un inciso, para evitarnos malos entendidos a todos: las siglas PWC no significan “Para el wáter closet”, como cualquier lector desprevenido y apresurado podría deducir del tenor de la tal publicación. Quieren decir Price Waterhouse Coopers, signifique ello lo que signifique. Si llega usted a la conclusión de que los dos significantes resumidos en las siglas confluyen en un único significado, la responsabilidad será enteramente suya, no mía. Yo me limito a escribir derecho con renglones derechos, y allá cuidados.

Pues bien, PWC trata para CEOE la brecha salarial como podría hacerlo con la lluvia en Sevilla. Es decir, como una realidad que no depende de la forma en que unos empresarios concretos están remunerando la aportación laboral de un concreto colectivo amplio de mujeres (y correlativamente, de varones), sino de unos entresijos enteramente debidos a causas ajenas a la voluntad abiertamente feminista de la institución, y que conviene estudiar a fondo para averiguar a qué recóndita conjunción de fenómenos imprevisibles responden.

PWC empieza por maquillar y relativizar los datos en bruto de la situación (1). De semejante tipo de análisis extrae las conclusiones que era de esperar. O sea, más o menos: a) otros están peor, b) la situación mejora aceleradamente, y c) no es de recibo echar a los patronos culpas que son atribuibles a las propias mujeres.

Como la maternidad, por dios, ¿no habían caído ustedes en la cuenta?

(Sin embargo, y esta cuestión la omite con elegancia PWC, la situación laboral de las mujeres es, sin duda metódica ninguna, la responsable de que las cifras de natalidad en España se sitúen entre las más bajas del mundo mundial. No es, para decirlo claro, que los deberes maternales aparten a las españolas del mercado de trabajo, sino que las exigencias del mercado de trabajo ─ la precariedad, la incertidumbre, la carestía y la pobreza ─ están interponiendo un freno taxativo a la tasa de reproducción que sería normal y deseable en nuestra sociedad.)

Hay evidentemente otras causas que explican la brecha, aunque poco, la verdad. El informe las agrupa como «rasgos psicológicos y habilidades no cognitivas». He rebuscado en las páginas a todo color del informe alguna base documental para tales afirmaciones. No consta en ninguna parte de dónde salen, si excluimos la remisión genérica a “distintos estudios”.

Según tales distintos estudios, «los hombres parecen contar con una mayor propensión a asumir riesgos y a negociar y a competir.»

¿Una propensión genérica, y no estrictamente individual? No hay dios que se lo crea, y tampoco PWC, porque inmediatamente después de soltarla se retrae diciendo que este factor es poco significativo.

Digámoslo claro. Hay muchas mujeres muy dispuestas a asumir riesgos, a negociar y a competir; y hay muchas otras, que menos. Con los varones sucede lo mismo. Una división por géneros del trabajo social bajo esas premisas no está justificada en los tiempos modernos. Sí era válida, en cambio, cuando se trataba de cazar mamuts y las personas menos musculadas, por propensas que fueran a correr riesgos, se quedaban en la cueva dedicadas a mantener el fuego, a atender a la chiquillería y a tejer prendas de abrigo ensamblando pieles de animales.

Todo lo cual no tiene nada que ver con la actual brecha salarial, porque la brecha se produce en la remuneración del mismo trabajo, según lo desempeñe un varón o una mujer.

Pero escuchen aún otra cosa, y con esto acabo por hoy: si tal “rasgo psicológico y habilidad no cognitiva” existiera realmente, toda la plana mayor de nuestra gran patronal debería estar comandada por mujeres. Puesto que nuestros empresarios son enteramente alérgicos al riesgo, sienten una aversión profunda a negociar con su contraparte, y prefieren con mucho parasitar las cuentas públicas antes que competir en un mercado realmente abierto.

Son extremos tan interesantes de la psicología empresarial que me propongo dedicarles en fecha próxima otro post.


(1) Encontrarán esta información “en bruto”, expuesta de forma objetiva y ponderada, en una entrada del blog de Antonio Baylos, a quien algún día habrá que agradecer de forma explícita e institucional su esfuerzo por poner al alcance de todo el mundo del trabajo los datos, los conceptos y las herramientas necesarios para el cambio estructural sustancial que deseamos y que necesitamos: http://baylos.blogspot.com/2019/03/el-trabajo-remunerado-de-las-mujeres-en.html


viernes, 8 de marzo de 2019

LONDRES DE LAS MUJERES. CRÓNICA SENTIMENTAL



Mary Beard, historiadora, académica y charlista eminente sobre el mundo clásico grecolatino y sus prolongaciones en el mundo en que vivimos. Según cuenta, en cada ocasión en que se asoma a la pantalla pequeña para hablar de nuestras cosas, hay tuiteros que a) se acuerdan intensamente de su familia, y b) le recuerdan que lo suyo, por estricta limitación de género, no es disertar sino fregar suelos.

Carmen y yo hemos pasado una semana en Londres. Hemos ido a visitar a nuestros hijos Carles y Karina, que se han instalado a vivir y a trabajar en un piso alto y muy luminoso de un barrio un poco suburbano y un mucho multicultural aunque, por esa misma razón, típicamente británico. Son paradojas de la vida, nada es sencillo, ni siquiera la mentalidad que conduce al Brexit.

Carmen y yo no solo íbamos a visitarles a ellos, también a nosotros mismos. Cumplimos (ayer) cuarenta y nueve años de casados. A estas alturas, no sabemos del todo si se trata de una celebración o de una maldición (nada es sencillo, queda dicho en el párrafo anterior). En alguna ocasión en la que ha sido presentada como “mi mujer”, Carmen ha precisado: «Bueno, eso además.» Quiere decir que ella es ella en primer lugar. Normal. ¿Obvio? No del todo. A veces me viene un ramalazo orteguiano y pienso de mí mismo que yo somos nosotros.

Y luego estaba ahí Londres, una ciudad grandilocuente y arrogante. Dos recorridos urbanos pueden resumir lo que tiene de “fachada” universal, global. El primero es un paseo a pie por Regent Street, entre los dos Circus de Oxford y de Piccadilly. Verán allí una de las mayores acumulaciones por metro cuadrado de columnas exentas, pilastras encastradas, frontones, arcos truncados, medallones en piedra y guirnaldas y marcos florales esculpidos en torno a grandes ventanales. Toda la pretenciosidad arquitectónica de la capital de un imperio mundial ya fenecido.

El otro es un paseo en motonave por el Támesis, desde el Westminster Pier hasta el Bankside, donde está la Tate Modern. El skyline se ha poblado, junto a los grandes monumentos clásicos, de extrañas burbujas irregulares de cristal, de agujas arquitectónicas metálicas que parecen querer penetrar el techo de nubarrones bajos, y de construcciones extravagantes que varían de forma y de volumen según el punto de vista; por no hablar de una noria gigantesca que emite de noche un resplandor carmesí. Es el Londres posmoderno, más pretencioso todavía que el imperial, que afronta el Brexit desde la extraña convicción de que «ellos nos necesitan más de lo que nosotros les necesitamos a ellos.» Difícil diálogo.

Ayer fue nuestro aniversario de boda y hoy es el día de las mujeres trabajadoras (las únicas mujeres auténticas, si es que hay otras). En Londres nos cruzamos con varias damas notables. Muy cerca del cuchitril de Fitzrovia donde recalamos Carmen y yo en un intento poco fructuoso de contener el déficit insostenible de nuestro presupuesto, estaba la casa de Virginia Woolf. La vimos a ella de refilón, pálida y como desorientada, subir a un cab para ir a visitar a algún amigo, quizá Keynes, o a alguna amiga del alma, quizá Vita.

En los jardines de Kensington, cerca del Serpentine, vimos pasar, a lomos de una magnífica yegua, a Lady Chatterley, seguida a un par de pasos de distancia por un atlético mozo de cuadra también jinete sobre un percherón poderoso. La dama respiraba a pleno pulmón el aire frío de primera hora de la tarde. No llovía, pero había llovido una hora antes y podía volver a caer en cualquier momento. La atmósfera estaba cargada de electricidad y de inestabilidad.

En un día más bonancible y en otro jardín, Ranelagh Gardens, en Chelsea, Chuli Christie paseaba a pie con un perro de raza afgana inverosímilmente grande y estilizado. La saludé al pasar:

─ ¡Cuánto nos hemos amado tú y yo, Chuli!

La edad venerable ha respetado en buena medida los bellos rasgos del rostro de la actriz, y en particular sus ojos ¿verdes?, inmensos y profundos, que se detuvieron un instante a mirarme sin curiosidad.

─ ¿Debería acordarme? ─ me preguntó.

─ Tú fuiste Lara Fiodorovna y yo era Zhivago ─ le recordé en voz baja y sobrecogida.

─ ¡Jesús! ─ exclamó por todo comentario. Y siguió imperturbable su paseo.

En Foley’s compré dos libros, los dos escritos por mujeres. De Mariana Mazzucato y su Entrepreneurial State (nueva edición, 2018), hablaré en otra ocasión. El panfleto, en el mejor sentido de la palabra, Women & Power, de Mary Beard (“Las mujeres y el poder”; veo que, a pesar de su aparición muy reciente, ya tiene traducción española, en Crítica. Lo recomiendo sin reservas), que compré para regalarlo a mi hija (los dos somos fans de Mary), viene como pedrada en ojo de boticario en el día de hoy, día de tantas mujeres como están haciendo cosas continuamente, y a las que muchos, demasiados, varones intentan silenciar, o recluir, o “domar”. Una de las comedias más idiotas de Will Shakespeare, que también las tiene, es La doma de la bravía (The Taming of the Shrew), que alguna alma de cántaro vino a traducir como La fierecilla domada.

Varios siglos después, es el momento de comprobar que las bravías siguen indomables.


martes, 26 de febrero de 2019

QUÉ SIGNIFICA "DEMOCRACIA INDUSTRIAL"

Pasos a la izquierda


Está en la red el número 15 de la revista digital Pasos a la Izquierda, el primero en el que ha participado como editor el historiador Steven Forti, junto a la dupla habitual Aristu y Lecea. El contenido del número hace honor al título de la publicación: es un repaso cariñoso pero fuertemente crítico de lo que las izquierdas están haciendo ahora mismo aquí, y también un poco más allá, en la Europa del Sur.

Hay donde elegir, en sus páginas digitales. Por querencia personal voy a comentar, entre todas las ricas posibilidades que se ofrecen, la aportación de Antonio Baylos, que el lector puede encontrar clicando aquí: http://pasosalaizquierda.com/?p=4578

El tema ya había aparecido en estas páginas: el comité de empresa de CAF de Beasain cuestionó un contrato de la compañía con el Estado de Israel para construir ferrocarriles que debían unir entre ellos asentamientos ilegales de colonos, a través de territorio palestino.

La resolución es un dato nuevo, y José Luis López Bulla (en adelante JLLB) no dudó en calificarlo de “histórico”.

Es histórico, en efecto, en la medida en que abre la puerta a una dimensión sindical teorizada muchas veces, pero hasta ahora no incluida entre las buenas prácticas de las organizaciones en concreto.

Recurro en la argumentación siguiente a un texto canónico de JLLB, “La parábola del sindicato” (1). Dice, en el apartado 3.2:

«Entiendo que es preciso superar que el dador de trabajo tenga todo el poder a la hora de fijar la organización del trabajo. En ese sentido es fundamental que se proponga el instrumento de la «codeterminación»; si se lee e interpreta adecuadamente se verá que no estamos hablando de la cogestión que, a mi entender, ni está ni afortunadamente se la espera. Entendemos la  cotederminación  como  la fijación negociada, como punto de encuentro, entre el sujeto social y el empresario, anterior a decisiones "definitivas" en relación, por ejemplo, a la innovación tecnológica, al diseño de los sistemas de organización del trabajo y de las condiciones que se desprenden de ella. A mi juicio, la codeterminación es el derecho más importante a conseguir en el centro de trabajo.» 

No está específicamente planteada en este texto la cuestión de un trabajo que vulnere derechos sustanciales de personas  o grupos, pero el tema encaja a la perfección en lo que aquí se dice. El fondo del asunto, en todos los casos, afecta a lo que se viene llamando por unos “democracia industrial” y por otros, en un sentido más amplio, “democracia económica”. Afecta también, faltaría más, y este es un tema especialmente importante y delicado, a la independencia del sindicato.

La independencia sindical no se predica solo de la relación con uno o más partidos políticos que ejercen de amorosa guía de los trabajadores (doblemente) subordinados en los vericuetos de las decisiones propiamente políticas. La independencia se refiere también a las «decisiones “definitivas”» que se deberían tomar en el centro mismo de trabajo en relación con la naturaleza y el destino de aquello que se produce en los plazos, en las condiciones y mediante las técnicas codeterminadas entre la alta dirección, de un lado, y el general intellect de la empresa, por otro.

Un lejano precedente del tema lo trae a colación JLLB en el mismo texto citado:

En el epistolario de Bruno Trentin se encontró una carta que Trentin dirigió a Palmiro Togliatti el 2 de febrero de 1957. En ella el sindicalista responde a Togliatti sobre una intervención en el Comité Central del PCI. El secretario general comunista afirmó que «no correspondía a los trabajadores tomar iniciativas para promover y dirigir el progreso técnico» y que «la función de propulsión en torno al progreso técnico se ejerce únicamente a través de la lucha por el aumento de los salarios». Trentin no está de acuerdo y le escribe a Togliatti:  «Francamente, nosotros pensamos que la lucha por el control y una justa orientación de las inversiones en la empresa presupone en muchos casos una capacidad de iniciativa por parte de la clase obrera sobre los problemas relacionados con el progreso técnico y la organización del trabajo, intentando quitar al patrón la posibilidad de decidir unilateralmente sobre la entidad, las orientaciones, los tiempos de realización de las transformaciones tecnológicas y organizativas».

En la controversia entre Togliatti y Trentin están en juego las dos independencias, la del partido y la del patrón. Desde el orgullo justificado del líder de un partido obrero de masas, Togliatti define campos de actuación: la promoción y dirección del progreso técnico corresponde al partido, la presión salarial al patrón desde abajo, al sindicato. Es la traslación de las ideas de F.W. Taylor a la política: un estamento dirigente que piensa, y una base ejecutante que obedece. Trentin ve las cosas de otro modo, y su punto de vista se sostiene incluso mucho mejor ahora que tanto la organización fordista del trabajo como los partidos obreros de masas están arrumbados en el taller de desguace de la historia.

JLLB propone que el tema de la codeterminación en los centros de trabajo esté presente en todas las plataformas negociadoras de los sindicatos. No es una cuestión cualquiera. De momento, la resolución del comité de CAF supone un hito histórico en un tema que representa a medio plazo algo así como, y no creo exagerar, el ser o no ser de las organizaciones democráticas (sindicatos, genéricamente hablando, los hay de muchos tipos, incluso sindicatos del crimen) creadas de forma autónoma por los trabajadores para la defensa de sus intereses legítimos.

De “todos” sus intereses legítimos. Entre ellos, del destino y la utilidad que va a tener en el mundo exterior su aportación laboral hecha desde el lugar de trabajo.



lunes, 25 de febrero de 2019

LA PUTA Y EL SEÑOR DE BARCELONA


Algunos chistes son tan personales e intransferibles como los pedos. Molestan y enfadan a todo el entorno, y mientras, quien soltó el desahogo sigue tan campante, considerándose a sí mismo la hostia bajo palio. El refranero sostiene ─y algo de razón debe de tener─ que “a nadie le jié su peo, ni su hijo le parece feo”. Prácticamente lo mismo cabría decir de ciertos chistes dirigidos con intención claramente descalificadora a otras personas. Descalifican, sí, pero a quien emite el recado y no a su receptor.

Lo digo por Toni Albà, actor cómico de rancio abolengo catalanista secesionista. Le ha hecho un chiste tuitero a Inés Arrimadas con motivo de la excursión (innecesaria y ridícula, no pretendo negarlo) emprendida por ella para hacerse la foto detrás de una pancarta y en selecta compañía delante de la casa de Carles Puigdemont. «¡Buen viaje a Waterloo!!! Y vigila de no pasarte e ir a petarla a Amsterdam, donde te sentirías como en casa y tendrías tus derechos laborales asegurados.»

El concepto es retorcido, la gracia no aparece por ningún lado, y visto en conjunto puede afirmarse sin entrar en ulteriores consideraciones que “jié” a machismo y a supremacismo. No es humor de ningún tipo, es un dardo lanzado desde una elevada estima de la propia posición privilegiada respecto del vulgo necio. Algo que han compartido a lo largo de la historia los adeptos a muchas sectas políticas y sociales, desde que el fariseo del Evangelio se comparó con el publicano, y que viene a resumirse en un mensaje breve: “yo soy más que tú, yo soy mejor que tú.”

El chiste de Albà ha causado bochorno en propios y extraños, en colegas indepes y en círculos de la oposición no obligatoriamente vinculados a Arrimadas. Me ha causado bochorno a mí.

Dado el coro de imprecaciones que ha levantado, el interesado ha tenido a bien disculparse. Lo ha hecho con otra gracieta. Se ha disculpado por lo que ha dicho “si alguien se ha sentido ofendido”, pero ha declinado disculparse “por lo que no ha dicho”. Que la gente haya entendido lo que ha entendido, dice Albà, se debe a “un mal muy extendido”, a saber el déficit en la comprensión lectora.

Otro menosprecio del señor de Barcelona a la concurrencia en general. Otro cuesco dejado caer graciosamente en medio de la multitud, desde la conciencia de clase de que esta no se merece una fragancia tan sutil como se le está dispensando.

No te merecemos, querido Toni Albà. Mejor vete a atufar a otra parte.


domingo, 24 de febrero de 2019

STANLEY DONEN



La fábrica de sueños ha perdido, el pasado día 21, al último de sus magos. Stanley Donen tenía 94 años y vivía desde hace muchos en un honroso retiro. Había conocido a Gene Kelly en 1946, en el casting de un musical en Hollywood; los dos eran bailarines y coreógrafos, pero Donen doce años más joven.

Kelly lo tomó como ayudante de dirección para un proyecto fascinante, rodar escenas de danza en la calle, y no en un estudio. Aquello fue On the Town (“Un día en Nueva York”), 1949. Donen tenía solo veinticinco años.

El dúo se atrevió a continuar la historia sentimental de los tres marineros en la gran ciudad, también en clave musical, con Siempre hace buen tiempo, 1955. Una cita veinte años después para saber cada uno qué había pasado con los otros dos amigos mientras tanto (fracasos sentimentales y profesionales, penurias, mediocridad, úlcera, ciática). Los fracasos acumulados de tres perdedores se transfiguraban de pronto, en el curso de otro día loco en la gran ciudad.

Entre las dos memorables películas, Donen y Kelly firmaron conjuntamente otro musical, Cantando bajo la lluvia, 1952. Una historia de un momento clave de la industria del cine, llena de humor y de sagacidad, que la industria del cine no quiso premiar por miopía. Me he referido en un post antiguo a esta película, que sigo poniéndome de cuando en cuando para cargar pilas, gracias a la magia del DVD. Me centraba en aquel comentario en Cyd Charisse, que es seguramente lo menos importante que sucede en la película, y en el efecto que tuvo en el repentino despertar de mis hormonas (1). La magia de la película consiste en que hace historia de la magia implícita en el cine mismo. Vemos en un desfile deslumbrante de gags, de bailes y de canciones, cómo nace el cine sonoro, cómo lo aborda la industria, cómo el invento del doblaje solventa las primeras dificultades técnicas, cómo toda una generación de actores y de directores consagrados, incapaces de asimilar la mutación, se ve arrinconada, irritada y sin empleo, mientras otra generación más joven, empoderada por el avance tecnológico, se lanza a ocupar su lugar.

Durante el rodaje de Siempre hace buen tiempo, Kelly y Donen riñeron, y Donen optó por rescindir su contrato con MGM y volar solo. Kelly hizo lo mismo.

Hasta ese momento había dudas sobre cuál de los dos era el genio. Kelly era el mayor, en edad y en popularidad. Era un bailarín y coreógrafo excepcional, y un actor mediocre. La continuación de su carrera cinematográfica lo mostró como un gran director de coreografía, y un deficiente narrador en imágenes.

Stanley Donen, por el contrario, siguió sacando conejos blancos de su galera de mago. Anoten: Indiscreta (1958), Charada (1963), Arabesco (1966), Dos en la carretera (1967). En 1968 Hollywood rectificó con él y le dio un óscar honorífico por el conjunto de su carrera. Donen siguió haciendo películas a partir de esa fecha, pero ya bastante menos memorables.

Hay dos frases suyas que lo definen como profesional modesto y como hombre feliz. La primera (las cito de memoria, de modo que las palabras no son las exactas, pero sí la idea): “Dirigir es fácil. Basta con rodearse de los mejores en cada campo, y cuando empieza el rodaje no pretender interferir en su trabajo.” La segunda: “El cine es como el sexo: cuando es bueno, es muy bueno, y cuando es malo, aún sigue siendo bastante bueno.”

Se refería, claro está, al cine como magia narrativa, a la ilusión de realidad, a la materia de la que están hechos los sueños. No a otras vertientes, o senderos, o posibilidades del cine, perfectamente válidas y respetables, pero en las cuales las cosas suceden de forma distinta: lo que es bueno es siempre bueno, y lo que es malo es escuetamente malo.