viernes, 21 de junio de 2019

PRIVATIZACIÓN DE LA MEMORIA Y LA DESMEMORIA HISTÓRICA



Busto de Abderramán III, obra de Fernando Ortiz Villarroya, retirado de la plaza de Cadrete (Zaragoza) por el nuevo concejal de Urbanismo, de Vox.

El nombre del poeta y soldado republicano Miguel Hernández ha sido traído a descuento en las noticias de actualidad reciente, en dos ocasiones. La primera, cuando el portavoz de Ciudadanos en la Comunidad Valenciana, Toni Cantó, acusó a Ximo Puig de que su administración “habría” vetado la publicación de los versos del poeta por estar escritos en castellano. Cantó estableció de esa sencilla manera un cortocircuito de la memoria histórica, al defender el verso en castellano de Miguel Hernández, muerto en las cárceles franquistas, y defender asimismo y de forma simultánea el pacto de su propia formación política con Vox, plataforma reivindicativa desacomplejada del franquismo sociológico.

En el mismo tipo de cortocircuito ha incurrido la Universidad de Alicante al ordenar el borrado del nombre del alférez que ejerció de secretario en el tribunal militar que condenó a Miguel Hernández, citado en varios artículos publicados por el historiador Juan Antonio Ríos Carratalá.

Se ampara de ese modo el deseo comprensible de desmemoria familiar de los herederos de Antonio Baena, pero al precio de mutilar la verdad histórica. Recurre el hijo del alférez Baena a la actual Ley de Protección de Datos, pero debería distinguir (y si no lo hace él, debería hacerlo la Universidad de Alicante) entre los datos que corresponden al ámbito privado y los que pertenecen al dominio público. ¿O es que se trata de privatizar también la historia?

Los nombres de Franco, Mola, Yagüe, Queipo de Llano, Millán Astray o los Caídos de la División Azul siguen presentes en los callejeros de algunas de nuestras ciudades, y algunas de sus momias descansan en mausoleos religiosos que honran su memoria pública. Estaría bien que sus herederos de sangre pidieran la retirada de esos nombres y esos huesos del pedestal de lo público, y los reintegrasen con humildad al culto privado. Pero no ocurre así, es al contrario.

Al mismo tiempo un busto del califa Abderramán III, que era rubio, ojizarco y andaluz, pero que no pertenece a la memoria histórica privatizada por un determinado nacionalismo rancio, ha sido retirado del lugar que ocupaba en Cadrete por el flamante concejal de Urbanismo, de Vox.

En esas estamos. Se trata de saber si la memoria y la desmemoria histórica son propiedad privada, moldeable y utilizable a voluntad por quienes se han apropiado de ella por la fuerza de los hechos o de los votos; o si la memoria íntegra, compleja, contradictoria, de la Historia de todos forma parte intrínseca de algunos conceptos muy maltratados en general por el uso político y/o mediático que de ellos se hace: el pueblo, la ciudadanía, el común, la soberanía popular.


miércoles, 19 de junio de 2019

MIL Y UNA MUJERES MUERTAS



La princesa Shehrezade, símbolo de supervivencia femenina durante mil y una noches frente a la rutinaria “violencia intrafamiliar” del sultán. Mil y una Shehrezades, sin embargo, han muerto en España a manos de sus sultanes respectivos, desde 2003,

Mil mujeres han muerto víctimas de violencia de género en España desde que en 2003 empezaron a contarlas. Murieron muchas antes de esa fecha; también después, han muerto algunas que no han sido contabilizadas debido a que no encajaban en el criterio administrativo. O sea, si un energúmeno se lleva por delante a la mujer y a la cuñada que intentó defenderla, la mujer vale como víctima de género, pero la cuñada no. La cuñada entra en otra casilla y es contabilizada en otra estadística, en función de parámetros distintos.

Lo mismo ocurre con los hijos/as; unos, muertos en el mismo rapto de ira justiciera; otros, huérfanos.

Quedémonos con la cifra redonda, sin embargo. Mil mujeres. Más una, dado que fuera ya de cómputo ha aparecido el cuerpo de Mònica Borràs enterrado en el jardín de la casa de su ex pareja, en Terrassa.

Mil y una. De ellas sería plausible descontar a muchas, siguiendo los criterios penales de la Audiencia de Pamplona: las que se lo merecieron, las que provocaron, las que lo pedían a gritos, las que hacían la vida imposible al santo varón hasta que un día perdió la paciencia. La casuística es infinita. Si las descontamos con tanto cuidado discriminatorio, quizás únicamente deberíamos contabilizar a tres, Santa María Goretti por supuesto y dos más, una de ellas dudosa.

Quizás sea esa la razón por la que el nuevo alcalde de Madrid ha retirado de la plaza de la Cibeles las pancartas contra la violencia de género que había mandado colocar la Abuelita. De esas cosas no se habla. La forma más adecuada para hacer desaparecer la violencia de género, según el nuevo consistorio, es no hablar de ella. Silenciarla. Clasificarla como “violencia intrafamiliar”.

[ José Luis Martínez-Almeida ha extendido la doctrina del silencio administrativo también a otras áreas: la contaminación atmosférica, por ejemplo. Se supone que no hay contaminación, si no se combate: entonces, es no solo posible sino loable dar paso libre a toda clase de vehículos por el casco urbano, y permitir los libres atascos de la circulación en Madrid Central. Tan típicos, tan bonitos, tan añorados por Isabel Díaz Ayuso. ¡Dios! La Abuelita no hacía más que regañar a todo el mundo y dar malas noticias. ¡Cuánto mejor se está sin sus cantarelas, todos piripis de dióxido de carbono after hours! ]

¿Quién dice que las derechas no tienen un plan de país? Son las pioneras de un nuevo “Estado del bienestar añejo” en el que tiene generosa cabida la violencia intrafamiliar dentro de un orden acorde siempre con las tradiciones; y también la respiración gozosa de esa atmósfera espesada por los tubos de escape que por lo demás tampoco antes, cuando el aire venía puro de la sierra, era inocua, como se comprueba en el refranero: «El aire de Madrid, que mata a un hombre y no apaga un candil.» 

Cualquier hombre en este Madrid recasticizado podrá ser un sultán, y cualquier mujer, su Shehrezade. Dependerá de ella únicamente sobrevivir a cada velada y ver la luz del alba siguiente. Habrá de aguzar su ingenio para entretener a su hombre con historias y leyendas, de modo que nunca caiga en el tedio y el aburrimiento. Le va el cuello en el lance. Ninguna institución municipal la va a amparar de la rutinaria violencia intrafamiliar, que es algo muy nuestro, muy enraizado y muy entrañable.

Con el pequeño inconveniente añadido de que mata, eso sí. Como los atascos de tráfico.


LAS LÁGRIMAS DE COLAU Y EL CRECIMIENTO DE LOS TROLLS


Ada Colau lloró en su rueda de prensa (“hemos oído que nos llamaban de todo”) y adelantó que posiblemente esta sea su última etapa en la política activa. “Pienso en mis hijos”, señaló.

El candidato de la parte contraria, Ernest Maragall, destacó a su vez el hecho irrefutable de que, de haber accedido Colau a “pactar” ─es decir, a abandonar la alcaldía en manos de gentes “in” (inexpertas, incompetentes, independentistas, indignas)─, “el ambiente en la plaza de Sant Jaume habría sido muy distinto.”

Es tanto como decir que Colau ha recibido lo que se merecía.

Ya lo sabíamos, por otra parte. Meritxell Budó nos lo había anticipado. Pueden reprocharse al independentismo muchas cosas, pero no falta de claridad en el trato que está dispuesto a dar a cualquiera que rompa la unidad última de propósito enraizada en los valores de la tribu. A quien no haga piña, le lloverán piñas.

Crecen los trolls, y su radio de acción es progresivamente más amplio. En Santa Coloma de Farners fue necesaria la intervención directa del Molt Honorable para impedir una alianza incómoda de ERC con los socialistas nefandos, en perjuicio de JxCat. Lo mismo que encontraba contra natura Maragall el Chico en Barcelona, lo aprobaban sus partidarios en el mismísimo feudo del exponente máximo de la unidad de destino.

El cual terció en persona en la contienda, después de haberlo hecho por la brava su cónyuge, amparados ambos en una concepción de la democracia que se parece al viejo caciquismo como dos gotas de agua.

Mientras tanto, elpais publicó ayer una noticia desestabilizadora: la cancelación por parte de Twitter de 130 cuentas fake  (1). Tales cuentas, que según todos los indicios no son las únicas pero sí las rigurosamente verificadas, iban dirigidas a la amplificación de determinadas campañas de opinión, y estaban directamente vinculadas a políticos de ERC. Alfred Bosch, que fue portavoz del grupo municipal de ERC en Barcelona hasta el Santo Advenimiento del Chico, habría ejercido al parecer el papel de corifeo más activo en ese troleo virtual a la oposición unionista en general y a la alcaldesa de Barcelona en particular.

Dudo que Alfred Bosch supiera reconocer la democracia y el juego limpio en política ni sirviéndosela en bandeja, cocinada al horno y con guarnición de patatas. Por desgracia, no está solo; las cifras estadísticas indican un proceso de crecimiento acelerado de los trolls en el circo catalán.

Y no solo en el catalán, para ser justos. Lo que está ocurriendo en latitudes más o menos vecinas viene a evidenciar que el acoso y el troleo se están convirtiendo en una continuación de la democracia por otros medios.



martes, 18 de junio de 2019

LA INFALIBILIDAD EN POLÍTICA



Mauro Scoccimarro (Udine 1895 – Roma 1972)

Ningún político presume ahora de ser infalible. Por una parte se habla demasiado, y por otra la hemeroteca digital se encarga de registrar los casos numerosísimos de desmemoria y de bandazos bruscos de opinión. La coyuntura manda, de modo que las consignas políticas de los líderes no pueden ser sino coyunturales; y no se les altera ni la posición de una ceja cuando alguien les recuerda que tres años ─o tres semanas─ atrás defendieron exactamente lo contrario de lo que ahora sostienen.

Las cosas no siempre han sido así, y los partidos comunistas, por poner un ejemplo sonado, vivieron durante muchos años en la certeza de poseer la clave del desarrollo ordenado de la historia, la razón última del por qué todo lo que sucedía era exactamente lo que debía suceder.

Sucedieron en ese papel de oráculos del presente en función de un futuro ineluctable a los jesuitas; pero no es a eso a lo que me refiero, sino a cómo esa capacidad de anular las contradicciones en el gran movimiento unánime que se percibe como trasfondo generó un tipo determinado de dirigente que siempre estaba seguro de todo y sabía exactamente qué era lo que había que hacer en cada momento. Lo cual que había que hacer coincidía siempre, oh maravilla, con la última consigna llegada de la dirección.

Todos los que hemos pasado por el seminario de la militancia comunista hemos conocido a dirigentes de ese tipo. Pongamos, sin embargo, que hablo de Mauro Scoccimarro, relevante miembro de la dirección del PCI desde los tiempos heroicos del Ordine Nuovo. Estoy leyendo las memorias de Altiero Spinelli (Cómo traté de hacerme sabio, Icaria, Barcelona, 2019; edición a cargo de Marcello Belotti; traducción de Francisco José Rodríguez Mesa). Spinelli estuvo preso en Civitavecchia entre 1932 y 1937 (después seguiría su presidio en las islas de Ponza y Ventotene), y allí fue destinado a la sección de las llamadas “separate” (celdas separadas) con otros dirigentes comunistas encarcelados por Mussolini. Por la prisión de Civitavecchia pasaron Terracini, Secchia, Scoccimarro, Sereni, Li Causi, Parodi, Rossi-Doria… En el ámbito de las “separate” se celebraban de forma regular reuniones de debate sobre la situación política y la línea del partido.

Umberto Terracini tenía al principio la mayor autoridad entre los presos. Él, como Gramsci, había polemizado por escrito con Stalin; él era el exponente máximo del ordinovismo que había apartado de la dirección la pureza ideológica inflexible de Bordiga; él defendía una política amplia de alianzas con otras fuerzas a fin de crear las condiciones de un tránsito al socialismo por la vía de la libertad, incluso en las condiciones restringidas de una dictadura del proletariado.

Scoccimarro estaba contento con su posición de número dos y de eco en todas las cosas de Terracini. «Había pasado ─y seguía pasando─ entre numerosos libros de autoridades marxistas en economía, historia y filosofía sin haber experimentado jamás el menor atisbo de lo que podía ser un pensamiento original»,  cuenta Spinelli. 

Pero cuando apareció en la prisión Secchia, en la primavera de 1933, informó a los camaradas de la svolta en la política de la Internacional, según la cual tanto los socialistas como Roosevelt eran esbirros del capitalismo en el mismo nivel que Hitler; de que Togliatti había sido puesto bajo la vigilancia de Longo, y Gramsci (en prisión en Turi) acusado de desviacionismo, y el partido “aplazaba” las medidas contra él en consideración a su situación personal. Scoccimarro arrinconó entonces rápidamente a Terracini, lo puso entre paréntesis por no haber comprendido la identidad sustancial entre el “antes” y el “después” de la svolta, y se encaramó a la posición alfa de la autoridad ideológica entre los dirigentes presos. 

Secchia le secundó de buen grado, pero cuando se produjo la rectificación de la Internacional y se abrió paso la política de los frentes populares, exitosa tanto en Francia como en la República española, Scoccimarro pasó rápidamente a reprochar a Secchia su incomprensión histórica de que las tres fases del antes de la svolta, la svolta misma y la nueva política estaban unidas por la misma armonía entre medios y fines y el mismo propósito dirigido a un objetivo ineluctable. (Secchia, demasiado honesto para hacerse trampas a sí mismo, solo estaba convencido de que, cuando conociera a fondo las razones del cambio y su verdadero alcance, aceptaría sin dudar una política que por el momento le parecía oportunista y no auténticamente revolucionaria.)

Spinelli, que apreciaba poco a Soccimarro, cuenta que en una ocasión le preguntó si atribuía a la Internacional “una infalibilidad aún mayor que la del papa”. A lo que el otro contestó, «con un brillo de malicia en los ojos por haber sido capaz de encontrar la conciliación perfecta entre dos exigencias contrarias, que no; ¡la Internacional no era y no podía ser infalible, pero hasta entonces no se había equivocado nunca, del mismo modo que jamás se habían equivocado Marx, Engels y Lenin!»


lunes, 17 de junio de 2019

NUEVAS DINÁMICAS PARA CUANDO NO TODO VIENE RODADO


Los resultados de las elecciones autonómicas y municipales han venido a corregir la impresión inicial de que el camino de Pedro Sánchez hacia la investidura sería un paseíllo triunfal sobre la alfombra roja. La democracia es compleja, y el país también lo es: una y otro tienden a primar los equilibrios de fuerzas y descalificar las escapadas en solitario.

La pregunta ahora es qué podrá hacer Pedro Sánchez una vez instalado en el gobierno. Descarto la posibilidad ─que existe─ de que finalmente no sea investido y vayamos a una repetición de las generales. La descarto porque sería indicio de una fragilidad inesperada en un hombre ─y en un equipo admirable y compacto de personas─ que han dado muestras hasta ahora de una solidez psicológica y política notable.

Sánchez no tiene Madrid, y Madrid va a configurarse como centro de maniobra alternativo de las tres derechas. Es un inconveniente serio, pero nada más. De hecho, en la etapa Rajoy Madrid ejerció como segunda en el mando, y la conexión telepática entre gobierno estatal y gobierno comunitario funcionó en la forma de una lógica de fondo recentralizadora guiada por una mentalidad administrativa: dar un trato uniformemente burocrático a todas las entidades jerárquicas subalternas, pese a sus muy diferentes pesos específicos y dinámicas. Madrid ocupaba un rango aparte en ese organigrama porque ejercía por las mañanas de autonomía y por las tardes de capital del reino. Omito en este análisis esquemático la presencia continuada de la corrupción, que alimentó la fórmula y se retroalimentó de ella.

La contradicción ideológica entre el gobierno central y el autonómico madrileño tal como van presumiblemente a quedar configurados, romperá la vieja dinámica y puede dar mayor protagonismo a algunas autonomías punteras y a grandes ciudades de negocios como Barcelona, Valencia y Sevilla. Euzkadi y Navarra seguirán como hasta ahora: desligadas ya antes de la dinámica recentralizadora, ni van a ganar ni a perder en la nueva situación.

No hay nada escrito al respecto, sin embargo: lo que aparece son ventanas de oportunidad para cambios en las coordenadas de país y en los ejes principales de circulación de las propuestas innovadoras. Las dinámicas capaces de empujar adelante las posibilidades presentes en esta situación no vendrán solas; va a ser necesario crearlas.

Valencia está hoy en una posición óptima para aprovechar las oportunidades que se abren. Sevilla va a verse previsiblemente frenada por el “pacto a la andaluza” que las tres momias incorruptas de Francisco Franco intentan extender desde allí al conjunto del territorio.

Y Cataluña tendrá que detener una acusada parábola descendente y reajustar con urgencia sus potencialidades reales. Que eso no va a ser fácil se demostró en la ceremonia institucional de la toma de posesión de la alcaldía por Ada Colau. El cruce de la emblemática plaza de Sant Jaume se vio amenizado por insultos (“putas, guarras, zorras”, ¡todo tan previsible!) y un intento de botellazo. Las/los concejales del bloque independentista jaleaban a los manifestantes y se abrazaban a ellos, según cuentan testigos del suceso. Debió de ser eso lo que Meritxell Budó había anunciado como una “respuesta de país”.

El “país” tendrá que elevar mucho el listón de su respuesta si quiere situarse en consonancia con el nivel de las potencialidades de la nueva etapa que se abrirá, ya sin más dilaciones, con la investidura de Pedro Sánchez.


domingo, 16 de junio de 2019

LA LECCIÓN DE VALLS


Allí donde las derechas han tenido la lista más votada, han sostenido que ese era el resultado electoral que debía ser reconocido por todos; donde no la han tenido, después de unos comicios en los que, en conjunto, el voto popular les ha descalificado ampliamente, las mismas derechas han impuesto unas reglas del juego diferentes para medrar.

El débilmente insinuado cordón sanitario a Vox ha saltado en pedazos al primer envite. Sigue en pie, por el contrario y con el apoyo activo de Vox, la intención de imponer para la investidura de Pedro Sánchez un cordón sanitario respecto de los independentistas catalanes y vascos.

Es la misma lógica espuria que han querido aplicar las derechas independentistas catalanas ─llámense o no esquerres─ en la constitución de los ayuntamientos. Han formado las mayorías que les ha parecido donde han podido, incluidas intentonas bastante chuscas, en Santa Coloma de Farners por ejemplo; pero han reivindicado con fuerza el tabú de la lista más votada en Barcelona. Por conveniencia, no por ética.

Y solo les ha fallado la jugada porque el abominado Manuel Valls ha dado una lección de principios políticos inédita en el mercado persa de cambalaches recíprocos en el que se han convertido los consistorios.

Ha dado al rival que le parecía preferible su voto decisivo, a cambio de nada.

En “Públic” (la sección en catalán de “Público”), un artículo de Marc Font analiza los programas municipales de BeC, ERC y PSC, y concluye que existía una coincidencia del 83% entre BeC y ERC, y tan solo un 32% entre BeC y PSC. Consecuencia que extrae: «Si la voluntat era tancar un acord de govern basant-se en les coincidències programàtiques, el pacte més lògic era entre ERC i Barcelona en Comú

Dicho de otra manera: si prescindiéramos del punto programático primero y crucial entre todos los puntos posibles, y del que deriva la escisión en dos partes irreconciliables del electorado catalán, Colau habría hecho mejor entregando el bastón de mando a Maragall.

¿Por qué tendría BeC que prescindir de ese punto ─la implementación de la República catalana─ en su trato con ERC, y por qué en cambio debía ser una exigencia ética ineludible para la formación no contaminarse con los votos de Manuel Valls? En el fondo de esta cuestión aparece el mismo tipo de lógica camaleónica que el procesisme está utilizando en todas sus argumentaciones. A saber: es democrático lo que me conviene a mí, no lo es lo que a mí no me interesa.

Nadie pone objeción a que el independentismo catalán y las derechas tríplices españolas utilicen con laxitud los aspectos meramente formales de la norma democrática en el sentido en el que más les convenga; pero no es de recibo que intenten obligar a las izquierdas a un compromiso ético mucho más estricto que el que ellas mismas asumen.

Pedro Sánchez hará bien en aceptar en su investidura votos que no desea, a fin de afirmar con ellos puntos esenciales en los que coincide una mayoría amplia del electorado. Después, cada cual a lo suyo. Sería exquisitamente absurdo que cuando el voto de Vox ha derribado la lista más votada de Carmena en el Ayuntamiento de Madrid, Sánchez prefiriera entregar a Vox y sus cómplices el gobierno de la nación, por escrúpulo de apoyarse en Bildu.


sábado, 15 de junio de 2019

POPULISMO DE CASINO



Queda para otro día una evaluación de los colores del mapa político después de la toma de posesión de alcaldes y presidentes autonómicos. En el compás de espera hacia tantos desenlaces en buena parte ya cantados, dejo aquí la anotación impresionista de Enric Juliana sobre lo que está ocurriendo en el corto plazo hacia la constitución de consistorios y asambleas: «un mercado persa». Es decir, un zoco en el que se sustancian cambalaches de todo tipo.

En efecto, no ha predominado la coherencia ni la visión a largo plazo, sino (en general y salvando las excepciones) el compadreo efímero teniendo en mente la ganancia instantánea.

Ha destacado en tal suerte de birlibirloque Ciudadanos, que creó nada menos que una comisión ad hoc para estudiar los pactos, y cuya consigna para las negociaciones parece haber sido lo primero pillar cacho, y solo en segundo lugar favorecer a las derechas globales, que tanto y tan bien se han portado en todo momento con su formación.

Emmanuel Macron reprocha a Alberto Rivera haberse aliado con la ultraderecha. Macron sueña. Rivera es ya la ultraderecha con desodorante, es decir sin el olor acentuado a sobaquina, y situados los toros y las procesiones religiosas en un segundo plano respecto de lo que de verdad importa (lo que importa, descarnadamente, es pillar cacho).

Entonces, sin ánimo de enmendar la plana a Juliana, yo definiría más bien el panorama como un populismo de casino, ejercido mancomunadamente por las tres derechas para arramblar con todas las puestas situadas a su alcance y después de mí el diluvio, y el que venga detrás que arree. Hace poco escribí sobre el capitalismo de casino (1). Es lo que hemos visto ahora, trasladado a la matemática política en lugar de la económica: codicia ilimitada, dirigida a la extracción de rentas inmediatas con las que satisfacer las apetencias de los accionistas.

Este último punto es importante.

El maestro Josep Ramoneda nos ha dejado una cita de Carey Robin, en “La mente reaccionaria” (debo decir que no he encontrado en Google ni el autor, ni el libro, salvo en la referencia al propio artículo de Ramoneda. En cualquier caso, la cita es buena): «Esta es la tarea del populismo de derechas: apelar a la masa sin perturbar el orden de las elites o, por decirlo de manera precisa, aprovechar la energía de la masa para reforzar o restaurar el poder de las elites.»

Solemos pensar, al describir el populismo, en el qué y en el cómo, pero pocas veces en el para qué y el para quién. Es desde este último punto de vista, sin embargo, como se aprecia mejor la perspectiva. En la ultraderecha son todos los que están, pero la diferencia decisiva entre ellos es precisamente el “estar” y no simplemente el ser.



viernes, 14 de junio de 2019

LAS CLAVES DEL GÉNERO POLICÍACO



De derecha a izquierda, Maj Sjöwall y Per Walöö, autores de culto

He releído El coche de bomberos que desapareció, de Max Sjöwall y Per Walöö (RBA 2010, traducción de Martin Lexell y Manuel Abella), después de prestarlo a un amigo y ya que lo tenía sobre la mesa de mi escritorio. La relectura me ha producido el mismo placer de la primera vez. El placer intelectual de seguir el desarrollo de una trama bien construida en la que todos los elementos dispersos acaban por encajar.

En esa trama, la concatenación de una serie de pequeños azares permite avanzar pasito a pasito una investigación en riesgo permanente de estancamiento, acerca de unos hechos aparentemente imposibles. Como explica Leif G.W. Persson en el prólogo, «de lo que realmente trata la historia es del propio proceso a través del cual la verdad es desvelada».

Ninguno de los policías implicados en la solución del caso está libre de defectos ni dotado de una clarividencia y unas aptitudes especialmente relevantes de observación y de lógica. De otro lado el jefe, el burócrata Hammar, está decidido desde el mismo principio a archivar por la vía rápida el expediente como un suicidio, o un accidente, o un caso irresuelto en la peor de las alternativas. Entonces, como explica Jo Nesbö en el prólogo a otra de las novelas de la serie Beck, «la redacción es invisible y la sucesión de los hechos viene aparentemente determinada por lo que Bob Dylan, otra de las voces de la época, llamó a simple twist of fate [un simple empujoncito del azar]».

Hay otro ingrediente reseñable aún en ese “proceso a través del cual la verdad es desvelada”, y es que abarca a muchas más circunstancias y estructuras sociales que las referidas estrictamente a la(s) víctima(s) y su(s) asesino(s). Otro prologuista de la serie (también, como los antes citados, autor de novelas del género), Michael Connelly, lo señala: «Los libros de Martin Beck nos cuentan mucho más que cómo se resuelve un crimen. […] Nos dicen cómo se comete un crimen y cómo una ciudad, un país y toda una sociedad a menudo pueden ser cómplices.»

Otra clave de lectura reside en la evolución de los personajes principales a lo largo de la serie de diez novelas. Son policías frágilmente humanos, con sus problemas personales y sus flaquezas sociales: el irascible Gunvald Larsson y su único amigo Einar Rönn, Lennart Kollberg el sibarita, o Martin Beck, aburrido de un matrimonio insatisfactorio y perpetuamente resfriado, que acabará por encontrar un refugio cálido en la casa grande y revuelta de Rhea Nielsen, en su sensualidad a flor de piel, en su inconformismo militante, y en sus tostas o sus espaguetis a la boloñesa.

El ejercicio de la profesión modifica novela a novela la personalidad de los investigadores. Algo que distingue a los grandes tótems del género clásico, como Holmes o Poirot, de la nueva hornada de investigadores del tipo Montalbano, Wallander, Brunetti o Martin Beck.

Beck o Wallberg, sumergidos en el tiempo/duración que filosofó Bergson (el que marca arrugas en la piel), cambian de perspectiva y de convicciones, no solo debido a que han sufrido heridas graves, que ellos asumen como gajes del oficio, ocasionadas por los criminales a los que perseguían, sino por otra razón más sutil que nos revela otro experto aún en el género, Joseph Wambaugh (citado por Connelly): «Las mejores historias policíacas no van de cómo un policía trabaja en un caso, sino de cómo un caso trabaja sobre un policía.»

Entonces, para resumir todo lo anterior sin salirme de la reflexión “experta” de los escritores prologuistas, esto es lo que dice en conclusión Jo Nesbö: «Sjöwall y Walöö, al igual que otros escritores como Raymond Chandler, Dashiell Hammett y Georges Simenon, han creado el género, las expectativas del lector de cómo ha de ser una novela policíaca y, con ello, el punto de partida, el grado cero a partir del cual todo escritor cuya obra lleve en la cubierta la promesa de “novela policíaca” comienza su comunicación con el lector.»


miércoles, 12 de junio de 2019

GUERRA SANTA



Alberto Rivera imponiendo el artículo 155 a las cabilas catalanas. Visión onírica debida al pincel de Francisco Sans Cabot.

El mismo día se han producido tres acontecimientos políticos relevantes: ha quedado visto para sentencia el juicio al procés catalán en el Supremo, Ada Colau ha renunciado a seguir negociando con ERC un tripartito de progreso para Barcelona, y Alberto Carlos Rivera se ha decantado finalmente ─después de algún suspense mínimo, pero también de varios gestos públicos que se prestaban poco al equívoco─ por la guerra santa, al levantar de forma definitiva sus reparos a Vox y dar su bendición a un modelo de pacto “a la andaluza” válido para Madrid, Murcia, Castilla y León, la Rioja y un puñado de ayuntamientos.

No hay mucho que comentar. Los mecenas de Rivera le han instado repetidamente a pactar con Pedro Sánchez. No hacía ni dos telediarios que Juan Luis Cebrián había propuesto en un artículo publicado en su periódico la alianza PSOE-Cs como la mejor solución posible para una legislatura “pacificada”. No ocurrirá tal cosa, el cuerpo le pide a Rivera otro remusguillo muy diferente.

Muy bien, nadie ha dicho que para las izquierdas esto fuera a ser fácil. Los augurios de las sibilas eran bastante peores incluso, antes del 28A. Y el talante belicoso de los Tres Jinetes hace más verosímil la solución deseada de una contra-alianza duradera de Sánchez con los restos del naufragio de Podemos.

Tampoco va a ser fácil la situación en Cataluña a la espera de las sentencias, que no llegarán hasta después del verano, y además lo harán sin libertad preventiva de los implicados.

La capacidad de los independentistas para urdir relatos contradictorios ha sido infinita. Han alegado, delante de auditorios distintos pero a renglón seguido, estar cumpliendo un mandato sagrado e irrenunciable del pueblo catalán por una parte, y jugar de farol para forzar un diálogo que el Estado les negaba, por otra. Si era una cosa, no era la otra. Imposible sostener ambas versiones al mismo tiempo sin estar loco, como decía aquel bolero.

Nadie más tiene la culpa, entonces, de que se haya resentido hasta extremos penosos la credibilidad de los políticos, que es siempre la base indispensable de la democracia representativa.

Ahora mismo, en relación con la posibilidad cierta de que Ada Colau y Jaume Collboni lleguen a un principio de acuerdo para el gobierno de Barcelona sin la participación de ERC, las mesnadas indepes se rasgan las vestiduras hablando de una conspiración de Estado dirigida a enterrar la victoria legítima de su candidato (uno de sus candidatos, porque el binomio Forn/Artadi llegó a la meta electoral distanciado en muchos cuerpos).

No es de recibo reclamar negociación y ningunear o trolear al mismo tiempo a aquel con quien se pretende negociar. A la guerra santa declarada por Rivera, que se niega a dar sus votos para la investidura de nadie a menos que firme la propuesta de la aplicación de un 155 eterno para Cataluña, se suma la del cuarteado bloque indepe, que exige ser escuchado y tenido en cuenta pero hablando siempre ex cathedra desde su poltrona institucional, y sin más objetivo que el bloqueo de cualquier solución política que no sea la propia.

Son hipotecas muy grandes que pesan sobre nuestro país y sobre nuestro pequeño país común, en la encrucijada a la que hemos llegado.

De acuerdo. Ya sabíamos de antemano que las cosas no iban a ser fáciles.


RESPUESTA DE PAÍS


En la rueda de prensa de ayer, la portavoz de la Generalitat, Meritxell Budó, impartió una nueva lección magistral de Más de lo Mismo. La chica promete, desde que llegara a la alcaldía de La Garriga en 2007 gracias al voto de un concejal del PP. Nadie se lo afeó, entonces.

Budó exigió ayer que las preguntas que le hacían en castellano fueran las mismas que le habían hecho antes en catalán. Hubo desconcierto entre los presentes. La exigencia no parecía muy lógica. La lógica, sin embargo, no es el punto fuerte de la actual Generalitat, y en consecuencia tampoco de su portavoz.

Budó anunció además que si Colau consigue finalmente hacerse con la alcaldía de Barcelona, habrá “una respuesta de país”. Al parecer sigue firme en la matemática según la cual 15 son más que 18, y 18 más 3 no son mayoría absoluta en el Consistorio. Esa sería tal vez una matemática castellana, ergo no homologable con la del “país”, el cual daría una respuesta espontánea a la presunta cacicada de la intrusa.

Estamos todos advertidos. Yo lo escribí ayer, sin ir más lejos, en esta misma bitácora: el principio por el que se rige la actual minoría absoluta gobernante es el de que no existe más “país” que el suyo, desconfíen de las imitaciones; y cualquier acto contrario a la voluntad de ese “petit país” enteramente virtual tendrá consecuencias. Consecuencias de baja intensidad, claro es, porque los catalanes somos gente pacífica y no nos gusta chillar.

Escraches, en una palabra.

Las consecuencias derivan de las causas. A distintas causas, distintas consecuencias; pero consecuencias, todas lo son. Los alardes de matonismo pacífico que propone Budó desde la portavocía peripatética de una institución sola, fané, descangayada y desprestigiada, son más bien risibles. La respuesta del país se dio ya, en el día de las elecciones. Esa respuesta ampliamente mayoritaria es la que importa gestionar. Lo demás son gabinas de cochero, como decimos en Parapanda.


martes, 11 de junio de 2019

PACTO O ESCRACHE



Imagen idealizada del hermano menos listo de Sherlock Holmes empeñado en la investigación del conocido como “pavoroso caso de los Comuns”.

El día después de que el hermano menos listo de Sherlock Holmes diera por concluidas las negociaciones con Ada Colau dirigidas a que esta se rindiera sin condiciones a la Barcelona cap i casal del procesismo, manos anónimas mancharon de amarillo la puerta de la sede de los Comuns y dibujaron en la acera lazos amarillos simétricamente dispuestos.

Algo parecido había sucedido antes con la puerta de la sede de CCOO, cuando el sindicato rehusó adherirse a la convocatoria de una llamada "huelga de país", promovida sobre todo por la patronal. En aquel caso hubo también huevos rotos. Se trata de represalias de baja intensidad tomadas para animar a los primos hermanos indecisos (a los que “no se mojan”) a cerrar de una vez los ojos y dejarse caer confiadamente en el vacío.

Las represalias de baja intensidad se ejecutan desde el sobreentendido de que la intensidad podría crecer más adelante, como en la cantinela del “Som gent pacífica, no ens agrada cridar”, que acaba a voz en cuello.

No es ese el dato peor, sino una forma de entender la democracia en el sentido de que quien no se comporta como “nosotros” queremos que se comporte, debe automáticamente saber que su conducta tendrá consecuencias.

Dicho de otro modo, “democracia” sin convivencia pacífica. “Democracia” impuesta. Pactos obtenidos por la fuerza de las personas y no por la fuerza de las cosas.

Sigue pensándose que Esquerra representa un mal menor en relación con los alumbrados de Waterloo. Es una mera inercia a partir de análisis que han perdido actualidad. Se tiende a pensar en el santón Junqueras, predicando paz y buena voluntad desde la prisión que todos (también los que “no nos mojamos”) lamentamos pública y profusamente.

Nadie se refiere en cambio a la implacable cruzada de Ernest Maragall contra los socialistas, emulando a Groucho Marx, que se negaba a pertenecer a un club con un nivel de admisión tan bajo que lo aceptara a él como socio. Maragall fue, en su etapa socialista, conseller de Ensenyament, y desde ese puesto coordinó los recortes más profundos a la escuela pública catalana de todo el Estado español, solo comparables a la privatización neoliberal de la sanidad también catalana llevada a cabo por Boi Ruiz, actual vicepresidente de la Fundación Humans, dirigida a la promoción de una atención sociosanitaria basada en el humanismo. ¿Son ellos los pilotos adecuados para guiar la navegación hacia la República soñada? ¿De ellos hemos de recibir lecciones de progresismo, y ser desdeñosamente tratados de botiflers?

A todo lo cual cabe añadir el reciente fichaje para ERC de Elisenda Alamany y Joan Josep Nuet, los cuales, por no mencionar a Jordi Salvador i Duch que acaba de firmar en “Público” un artículo de opinión particularmente infame (“¿De qué lado estáis, Podemos y confluencias?”), han dirigido sus esfuerzos a reventar los Comuns con la intención de uncir después los despojos a su carro.

No estoy seguro aún de que no vayan a conseguirlo, pero sí lo estoy de que: 1) se trata de la operación política de más baja estofa que hemos vivido en Cataluña desde los lejanos tiempos en los que aún no había empezado a funcionar la Coordinadora de Fuerzas Políticas contra el franquismo; y 2) que los beneficiarios de dicha operación no serán quienes la promueven sino otras fuerzas interesadas en la quiebra de Cataluña como realidad política diferente.


lunes, 10 de junio de 2019

RESURRECCIÓN DE HELENA



Helena de Troya, detalle del mosaico de la Villa romana de Noheda, Cuenca. (Reproducción a partir de la serie fotográfica publicada en El País)

Di cuenta hace pocos meses de la resurrección de Leda de debajo de las lavas acumuladas en una mansión de Pompeya (1). Ahora le ha tocado el turno a la hija de Zeus y Leda, Helena, rescatada por las excavaciones recientes en Noheda, en el municipio conquense de Villar de Domingo García.

Los griegos antiguos contemplaban a Helena (el catedrático de Lengua Griega Manuel Fernández Galiano escribe Hélena, en esdrújulo, supongo que por buenos motivos) de forma ambivalente. Era hija de un dios, y bellísima además, según fama constatada. Tal vez no se portó del todo bien con su esposo Menelao, rey de Esparta, en el asunto aquel con Paris, y de algún modo provocó un auténtico cataclismo entre el mundo micénico y las colonias jónicas del Asia Menor. Sin embargo, Eurípides recurre a un expediente exculpatorio poco verosímil para explicar el lío: todo habría sido cosa de los dioses Apolo y Afrodita, que clonaron a la irreprochable esposa de Menelao y mandaron a su doble a retozar a Troya, solo por ganas de armar maraña, debido a algunos sacrificios que les fueron ofrecidos de modo no enteramente satisfactorio.

Homero, más sobrio, apela para justificar el perdón de los graves pecados de Helena al arrepentimiento y la reparación. En los primeros compases de la Odisea, cuando Telémaco visita Esparta en busca de su padre desaparecido, es recibido y agasajado por Menelao y la propia Helena, ya regresados de la guerra y después de una estancia en la isla egipcia de Faros.

Se explica en el texto que la aparición del chico de Ulises, tan parecido en todo a su padre, supone una conmoción tan grande para Helena que ella recurre para superar el shock a una droga que vierte en su copa de vino. Cito según la “traslación en verso” de Fernando Gutiérrez (José Janés editor, 1951) que es la que vengo manejando desde antes de que me creciera bigote: «Una droga, de pronto, echó al vino que estaba bebiendo, / contra el llanto y la ira, que hacía olvidar cualquier pena.»

Así confortada, recuerda Helena en el canto homérico cómo reconoció a Ulises disfrazado de mendigo dentro de las murallas de Troya, y lo bañó, lo ungió con óleo, le hizo muchas preguntas («mas él hábilmente evadíase») e hizo juramento solemne de no revelar a nadie su presencia.

«Y después de matar con su bronce a troyanos innúmeros,
Regresó a los argivos, sabiendo muchísimas cosas.
Las mujeres de Troya gimieron, mas yo estaba alegre
Porque en mi corazón ya sentía el afán del regreso
A mi casa, y lloré la ceguera que diome Afrodita
Cuando se me llevó de la tierra paterna muy lejos.»

La culpa, entonces, habría sido enteramente de Afrodita, que la cegó. Su reparación fue facilitar a los héroes llegados en el vientre de un caballo de madera la matanza de “troyanos innúmeros”. Así funcionaban las cosas en los viejos tiempos.

Admiren a Helena, en cualquier caso, en el mosaico recién destapado en Noheda. Es un atisbo felizmente intacto del esplendor perdido del mundo antiguo.



domingo, 9 de junio de 2019

NOCTURNO Y DELIRIO. PEQUEÑA ANTOLOGÍA


Amamos y tememos la claridad, sobre todo la claridad excesiva, y buscamos refugio en la tiniebla a sabiendas de que en ella nos acecha, paciente, lo innombrable.

Los/las poetas han expresado con precisión sonámbula esta ambigüedad. Hago un recorrido por algunos de mis favoritos. Empiezo por Ausiàs, cantado por Raimon:

            Lo jorn ha por de perdre sa claror
            Quan ve la nit que expandeix ses tenebres

(El día teme perder su claridad / cuando la noche extiende sus tinieblas). La composición concluye con una angustiosa llamada de auxilio:

            Plena de seny, mon enteniment pensa
            Com abtament lo llaç d’amor se meta.
            Sens aturar, pas tenint via dreta;
            Vaig a la fi si Mercè no’m defensa.

No traduzco los versos, porque no sé. Se me ocurren al menos dos mensajes distintos en las mismas palabras; he mencionado antes la ambigüedad, y posiblemente mis dos interpretaciones alternativas responden al pensamiento del poeta. En cualquier caso, está pidiendo a Plena de Seny, la amada, que le defienda con su amor de un crimen o una abominación urdida por él mismo en la noche. El crimen puede consistir en su obsesión por consumar el amor ilícito que siente por ella; o por el contrario, el "lazo de amor" puede ser la defensa que le salvaría de sus ideas criminales. El poeta espera seguramente que la amada dicte la sentencia definitiva: o bien rechazar su amor pecaminoso, o acogerlo y de ese modo absolverlo.

Antonio Machado escinde una ambigüedad parecida en dos composiciones distintas pero que coloca en forma de díptico, con los números LXIII y LXIV de sus “Soledades, galerías y otros poemas”. Primero aparece el “demonio, el ángel más hermoso”:

… Y avancé en mi sueño,
Cegado por la roja luminaria.
Y en la cripta sentí sonar cadenas
Y rebullir de fieras enjauladas.

En el segundo sueño oye “la buena voz, la voz querida” y avanza igual,

            Por una larga, escueta galería,
            Sintiendo el roce de la veste pura
            Y el palpitar suave de la mano amiga.

El rebullir de fieras de la primera de las dos composiciones recuerda a Salvador Espriu, cuando en las “Cançons de la roda del temps” se adentra, después del “matí encalmat”, de la “mort resplendent”, de la “vinguda de la tarda” y del estremecedor “capvespre”, en el “triomf de la nit”, el triunfo de la noche.

           Escolta una remor
de moltes aigües:
           Amb el vent, contra tu,
cavalls salvatges.
           Quan et sentis cridat
pels corns de caça,
           Ja per sempre seràs
del fosc reialme.
           Ai, el vell arrelat
dolor que no té alba! (1)

Raimon, que ha puesto música tanto a Ausiàs como a Espriu, también ha dedicado su propio homenaje ambiguo a la noche:

            … De cremar amor, nit vella,
            De sentir la mort tot sol.
            La nit.
La nit és llarga, la nit. (2)

Hasta ahora solo he colocado poetas hombres en mi antología. Pero en las poetas mujeres encuentro la misma mezcla de atracción/aprensión, a veces expresada en síntesis fulgurantes. De Olga Orozco (“En tu inmensa pupila”):

            Me reconoces, noche,
            Me palpas, me recuentas,
            No como avara sino como una falsa ciega…

De Alejandra Pizarnik:

            EL CORAZÓN DE LO QUE EXISTE
            No me entregues,
            Tristísima medianoche,
            Al impuro mediodía blanco.

(1) Escucha un rebullir / de muchas aguas: / con el viento y contra ti / caballos salvajes. / Cuando oigas que te llaman / los cuernos de caza / ya serás para siempre / del reino oscuro. / ¡Ay, el viejo dolor arraigado / que no tiene alba!

(2) Noche vieja, de quemar amor, / de sentir la muerte muy solo. / La noche. Es larga, la noche.