jueves, 19 de diciembre de 2019

SIT AND TALK



Tsunami Democràtic colocó anoche en la gradería del Nou Camp una pancarta gigante con la leyenda «Spain sit and talk», España siéntate a hablar.

Este es un juego de despropósitos. El gobierno está sentado y hablando con Esquerra Republicana. La negociación avanza, si bien parece que a juicio de ERC lo está haciendo demasiado deprisa; en ERC critican las urgencias del gobierno en funciones del PSOE. No hay tanta urgencia, caramba, por más que llevemos años sin presupuestos y con gobiernos en funciones. Y no solo en España, por cierto; el empantanamiento afecta muy en particular también a Cataluña y al Ayuntamiento de Barcelona. ¿No aprecian, entonces, ninguna urgencia en ERC? Quizás opinan que las pelotas del electorado todavía no están suficientemente hinchadas.

Esquerra se encuentra actualmente de Congreso, con una fuerte división interna por el tema de la unilateralidad. ¡De la unilateralidad, Ángela María! Hay sectores que no desean renunciar a la unilateralidad así como así. ¿Qué es exactamente la unilateralidad y para qué sirve?, podríamos preguntar al unísono don Immanuel Kant y yo. A don Immanuel y a mí nos parece que la consigna «Spain sit and talk» y la unilateralidad son contradictorias en sus términos, no caben sencillamente en el mismo sistema lógico, es necesariamente o lo uno o lo otro.

Pero es característico de los diversos frentes secesionistas el tocar al mismo tiempo todas las teclas posibles, por si suena la flauta inesperadamente en alguno de esos toqueteos compulsivos.

De suceder así ─en contra de todas las leyes de probabilidades establecidas─, la flamante República Catalana independiente nacería bajo el signo de la incoherencia. No se sabría exactamente para qué habría venido a este mundo, tan concreto y por así decirlo terrenal; ni qué lugar ocuparía en él. Quim Torra, en un éxtasis de felicidad, dimitiría para dar paso… para dar paso ¿a qué exactamente? Me temo que las ideas que tienen al respecto Junts per Cat, Esquerra y la CUP, no son idénticas, ni asimilables, ni compatibles entre ellas. Es dudoso incluso que las tres plataformas políticas oficiales, más las oficiosas añadidas de la ANC, los CDR y el Tsunami, estuvieran dispuestas a sentarse juntas a discutir con calma los entresijos de la cosa.

La ciudadanía nos reuniríamos entonces en el Nou Camp bajo una pancarta gigante con el lema «Catalonia Sit and Talk», y lanzaríamos al césped pelotas hinchables de color amarillo, u otro cualquiera.


martes, 17 de diciembre de 2019

FUTBOLIZACIÓN DE LA POLÍTICA



La vertiente más oscura del Clásico.


Tsunami Democràtic prepara una inundación de pelotas hinchables, hoy en el Camp Nou. No se me ocurre una definición mejor de la Cataluña actual, todos andamos con las pelotas hinchadas, y la circulación se hace difícil.

Los dos equipos que se disponen a contender han pasado la noche juntos en un hotel discreto, almorzarán en fraternidad y se dirigirán al campo juntos en el mismo autocar. Estamos innovando en el terreno de la futbolización de la política. Podría dirigir el encuentro el juez Marchena, y el juez Lesmes estar a cargo del VAR. Las decisiones del VAR deberían tomarse por unanimidad, y después de oídos los alegatos de la parte contraria. En lugar de tarjetas se dispensarían sentencias, amarillas o rojas en los casos más graves. De este modo habríamos conseguido por el mismo precio la futbolización de la judicialización de la política. Un récord Guinness.

Se me ocurre que también podría pactarse el resultado. Los sectores independentistas no quieren menos de una manita (5-0) al centralismo opresor, en tanto que sus rivales se conformarían con un empate siempre y cuando el Real Madrid metiera un gol más. Un gol más por lo civil o por lo criminal, santificado por el VAR o salido de las pelotas hinchables del árbitro, que será el colegiado Hernández Hernández, de funesta memoria para los culés como por otra parte lo son casi todos los trencillas en activo.

Faltan pocas horas para saber a qué atenernos. Esta es, según algunas estimaciones probablemente exageradas, la coyuntura más significativa para Cataluña desde aquello tan gordo que ocurrió en 1714, y salvando la noche de Guruceta. 

El día después, la vida seguirá. Si gana el Barça, probablemente habrá romería a Montserrat para ofrendar a la Moreneta una, o mejor dos, pelotas hinchables. Si gana el Madrid, la fecha quedará incluida entre las nefastas en el memorial de greuges de la infamia, y el síndic Rafael Ribó hará una declaración en el sentido de que el gol decisivo de Sergio Ramos fue precedido de falta en ataque.


FRACASO ANUNCIADO DE LA CUMBRE DEL CLIMA



Se dice en los mentideros de la villa y corte, y en los de todas las villas y cortes que andan desperdigadas por el mundo, que la cumbre del clima ha fracasado. Añaden que se trata de un fracaso “anunciado”. Tienen razón en lo del anuncio. Mientras tanto la adolescente sueca Greta Thunberg, convertida de alguna manera por los media en el icono más reconocible de la lucha contra el cambio climático, se ha vuelto a su país agotada físicamente y con la moral de los suelos, después de haber coleccionado insultos de todos los colores durante su largo periplo de Suecia a Chile y de Chile a España.

Es hora de proclamar urbi et orbi con profunda satisfacción el éxito (éxito anunciado) de los tertulianos que apostaron oportunamente por el fracaso de las políticas para una transición ecológica en el planeta. En los mentideros se respira cierta guasa: qué se habían creído esos. Para el año que viene nos esperan los mismos perros con los mismos collares en Glasgow, en otra cumbre sobre lo mismo cuyo futuro fracaso están anunciando ya a los cuatro vientos los claros clarines.

Y qué.

Decía Altiero Spinelli, el líder histórico del federalismo europeo, que el valor de una idea no se mide por su éxito, sino por su capacidad de resurgir de las derrotas (1). Claro que el “fracaso” de la COP25 se daba por descontado, claro que el capitalismo de la rapiña y la contaminación sin límites se ha declarado dispuesto a dominar y medrar a nuestra costa mil años más. Volverá a encontrarnos enfrente, sin embargo, a todos los que sostenemos junto al pesimismo de la inteligencia el optimismo de la voluntad. El año que viene, y el otro, seguiremos estando en el mismo sitio exacto de ahora, dispuestos a perder tantas batallas como sea preciso para ganar en definitiva la guerra.

Solo por una razón. Porque es un objetivo urgente y necesario. Cada año más urgente. Cada año más necesario.


(1) Sobre Altiero Spinelli, el lector interesado puede consultar en esta misma colección: https://vamosapollas.blogspot.com/2019/07/la-triple-leccion-de-altiero-spinelli.html


lunes, 16 de diciembre de 2019

FALTA DE CREDIBILIDAD, FALTA DE ALTERNATIVA


Milagros Pérez Oliva se aplica en elpais.cat a extraer lecciones del resultado electoral en Gran Bretaña, y nos explica con su lucidez habitual cómo un mentiroso congénito, facha, elitista y fanfarrón, es capaz de seducir y de conseguir los votos de aquellas capas vulnerables de la población que deberían precisamente movilizarse “en contra” de ese programa que les condena a la marginalidad y a la miseria; a más marginalidad y miseria de la que ya padecen.

Mientras tanto, el socialismo laborista, “preso de sus ambigüedades tácticas y con un líder poco valorado”, ha conseguido introducir en el debate electoral los temas más candentes de una agenda social, pero ha fracasado cuando ha intentado resultar creíble haciendo pedagogía en el filo de la navaja con destino a su propia clientela.

De hecho, la apuesta perdedora de Corbyn podría resumirse (esto lo digo yo, no mi admirada Milagros) así: “Brexit sí, pero guardando las formas y con una agenda social añadida.”

Subrayo que la apuesta ha sido perdedora. Lo ha sido debido a la tremenda polarización social, cuando el tema decisivo para todos era “Brexit Sí o No”. En una circunstancia tal, tratar de virar el debate hacia la precarización del Servicio Nacional de la Salud, tenía un efecto de sustitución de la cuestión polémica y directamente polarizadora, por otra prioridad muy respetable pero distinta. El resultado ha sido que el considerable esfuerzo del equipo laborista se ha visto desbaratado por la apasionada “convicción” de Johnson acerca de las bondades de un Brexit capaz de poner a Europa de rodillas.

No es que la masa de votantes de clases desfavorecidas (incluidas capas medias precarizadas) ignore lo que les conviene. Es que no se creen que ni el partido laborista británico de un lado, ni las instituciones europeas y globales del otro, estén por la labor de tratarles como ellas estiman que se merecen.

Lo cual tiene ecos lejanos y repercusiones en sordina, también en nuestras latitudes. No estaría de más una mayor decisión por parte de nuestra socialdemocracia vincente, y una mayor concreción de un programa radical en el sentido justo de la palabra, lo cual significa más o menos que no debe partir de la premisa de no molestar a la gran patronal en los temas sociales, ni a los patriotas del arriba España en los temas de encaje constitucional.

En cuanto al procés, tiene importancia en esta coyuntura, claro está, pero no tanta. Suele decirse que el gran problema de España hoy es Cataluña, pero es más cierto que el procesismo es solo una parte de Cataluña. Enredado en su laberinto, el impulso secesionista catalán sigue dividiéndose e intrincándose, y ahora ya solo reclama diálogo para obtener más monólogo.

La búsqueda de un gran consenso social no pasa por hacer que se sientan cómodos con la política gubernamental de la coalición que finalmente surja, ni el patrón Garamendi, ni el obispo Cañizares ni el president Puigdemont. Ninguno de los tres quiere dialogar, sino mantener todo el tiempo posible su desafío particular al consenso general.


domingo, 15 de diciembre de 2019

COYUNDAS RESONANTES DEL VALENTINO Y LA VIRAGO



Retrato de Caterina Sforza, por Lorenzo di Credi. Pinacoteca Comunale de Forlí. A la izquierda, por la ventana, bella panorámica de la Rocca de Forlí.


Ha vuelto a llover mucho en Atenas; bien preparado como estoy, he aprovechado para avanzar en mis lecturas. Una de ellas es la historia de los Borgia, por Paul Strathern. Allí he encontrado este sucedido verídico, que me apresuro a compartir.

En 1499 César Borgia, liberado ya por su padre el Papa del cardenalato para cumplir objetivos militares ineludibles, entró en Milán con las tropas del rey francés Luis XII. Era el paso siguiente en una ambiciosa campaña de reconquista de la Romaña para el papado. César había sido nombrado antes duque de Valentinois y se había casado con una princesa (no la prevista en principio) de sangre real, que garantizaba la alianza entre Francia y los Borgia (Milán correspondería a Luis XII en el reparto; la Romaña, a Alejandro VI).

El duque de Valentinois, llamado entonces en toda Italia “il Valentino” (1), se hizo con el apoyo crítico de tropas francesas y suizas más una sustancial artillería, arte por entonces novedoso que aún no había entrado de forma afianzada en los manuales militares, y comenzó su propia campaña de conquista de los pequeños señoríos romañolos. La entrada en Imola fue un cataclismo; los temibles alabarderos suizos mostraron su propensión, afinada en siglos posteriores, a apoderarse sin contemplaciones de los ahorros ajenos. A la rapiña añadieron la violación masiva y sin distinciones de solteras, casadas y mozalbetes.

La señora de Imola, Caterina Sforza, huyendo de la quema se refugió en la Rocca (la fortaleza) de Forlí. No era la primera vez que lo hacía. Años antes su primer marido, Girolamo Riario, al mando entonces en Imola, había sido acuchillado por los Orsi, que ambicionaban el cargo, en el curso de un conspire. Caterina pudo salvarse acogiéndose a la Rocca. La Rocca tenía fama de inexpugnable. Los Orsi le pusieron sitio y exigieron a la viuda su rendición a cambio de la vida de sus dos hijos pequeños, que guardaban como rehenes.

Es el mismo dilema que se planteó a Guzmán el Bueno en Tarifa, y la respuesta fue la misma en sustancia, aunque con una variante vistosa. Caterina era una mujer hermosa (vean arriba su retrato) e indómita. Se asomó a las almenas y se levantó las faldas hasta la cintura. Debajo no llevaba otra cosa que lo que le concedió natura. El toisón pelirrojo debía relucir a los rayos del sol. “Mirad bien, dicen que dijo a los sitiadores. Si matáis a mis hijos, tengo todo lo necesario para hacer otros.”

Los Orsi abandonaron el asedio; lo suyo no es equiparable a la visión que derribó del caballo a Pablo de Tarso en el camino de Damasco, pero los efectos vinieron a ser similares. Caterina recibió desde entonces el sobrenombre de la Virago, a medias infamante y admirativo. Es decir, la mujer que tenía los redaños que se le suponen a un hombre.

En la Rocca de Forlí la Virago, dueña de todos sus encantos a sus treinta y siete años, volvió a verse asediada, ahora por il Valentino, un pipiolo de veinticuatro. Antes ella había consolado su viudez con algunos muchachos jóvenes, y se había vuelto a casar con un miembro de la rama menor de los Médici florentinos, que la dejó viuda de nuevo (2).

Il Valentino se comportó con caballerosidad para con ella, hasta que se cansó. Primero la bella sitiada afirmó que solo se rendiría ante el papa, y mandó a Roma una carta metida en un cilindro hermético, en la que se allanaba a entregar la plaza sin condiciones; pero la carta había sido pasada por las ropas de un hombre muerto por la peste. Solo una indiscreción del mensajero en una noche de borrachera libró al papa Borgia de una muerte súbita.

Luego Caterina invitó a César a entrar en el castillo para discutir cara a cara con ella las condiciones de la entrega. César se avino, pero cruzó el foso con armadura y a caballo. Eso le salvó. Pudo recruzar el foso bajo una lluvia de flechas y regresar más o menos ileso a su campo.

Il Valentino no era persona que se tomara ese tipo de contratiempos con deportividad. Los generales franceses que le respaldaban mantenían la opinión de que no se debía bombardear a una sitiada del bello sexo, pero él empezó a batir las murallas con su propia artillería. Los franceses decidieron entonces hacer una excepción a sus altos ideales. Los cañones batieron sin descanso los muros durante diez días hasta abrir una brecha por la que se colaron los temibles suizos. La Virago fue apresada y presentada ante il Valentino. Para no correr más riesgos con una persona tan peligrosa, César decidió no perderla jamás de vista, llegando incluso al extremo de encerrarse en la habitación de ella por las noches.

La aventura de la Romaña finalizó poco después, cuando Ludovico Sforza, pariente de Caterina, se lanzó a la reconquista de Milán. Los franceses dejaron el ejército de César para atender a la emergencia, y este se encaminó a Roma. Allá la Virago fue guardada en unas estancias de los jardines del Belvedere, con toda clase de consideraciones, hasta que intentó una fuga excesivamente audaz. Alejandro VI la encerró entonces en el Castel Sant’Angelo, del que salió meses después convertida en una ruina, y solo debido a la intercesión poderosa de Yves d’Alègre, el general francés siempre caballeroso.

La Virago murió poco tiempo después, a los cuarenta y siete años, en un convento de Florencia. Nunca quiso hablar de lo que había ocurrido entre il Valentino y ella en los meses de cohabitación forzada. Se ha especulado mucho sobre si hubo sadismo o ternura en el Borgia, y si hubo rechazo o colaboración por parte de ella. A lo más que nos permiten aproximarnos los documentos de la época es a las palabras de la propia Caterina, ya muy cerca del final, cuando alguien le pidió que dejara testimonio escrito de su desventura. Dijo: «Si escribiera lo que ocurrió, el mundo se quedaría estupefacto.»


(1) El remoquete pudo inspirar siglos más tarde a Rodolfo Guglielmi para darse el nombre de Valentino cuando intentaba abrirse paso en Hollywood. A imagen de la divisa Borgia, «O César, o nada», Rodolfo pudo haber adoptado la de «O Valentino, o nada».

(2) De ese matrimonio había nacido Giovanni dalle Bande Nere, condottiero renombrado y héroe nacional italiano. Pero esa es otra historia.


sábado, 14 de diciembre de 2019

¿DERECHO A SER MEDIOCRES?



Algunas mujeres nada mediocres en un acto de la Fundación Cipriano García de CCOO, en Barcelona.

La escritora Espido Freire, entrevistada en lavanguardia, afirma que toda mujer tiene el mismo derecho que el hombre a ser mediocre. No he podido bucear más en el contexto de esta frase sorprendente, porque lavanguardia me exige inscribirme como lector acreditado, y yo no quiero inscribirme, a la vista de lo que eso viene a implicar de colonización de mi fuero íntimo por algoritmos que determinan con precisión mis gustos y mis necesidades de consumo, al margen absolutamente de mi voluntad y participación.

Ahora bien, tomada la afirmación de la escritora tal cual, es decir desgajada del contexto que seguramente le dará algún sentido, resulta incoherente. Es oportuno que las mujeres reivindiquen igualdad con los varones sobre la base de unas capacidades equivalentes que en general son poco, o nada, reconocidas. Lo que resulta paradójico en exceso es la reivindicación de un derecho cualquiera a la sinsustancia. 

No existe como tal, ni es concebible desde cualquier parámetro, un derecho a la mediocridad. Todo lo más, cabe admitir la existencia, criticable, de una tolerancia social desigual hacia la mediocridad del varón y de la mujer. Pero el mundo de los derechos es uno, y muy otro el del laissez faire, laisser passer en la vida social de las personas.

Reivindicar un “derecho” a la mediocridad de género sería, además, contraproducente. Las mujeres pueden quejarse con razón ─imagino que por ahí van en realidad los tiros de Espido Freire─ de que la excelencia y el prestigio resultan más fáciles y más “baratos” en muchas facetas de la vida para los varones. Pero todos/as saldríamos perdiendo si existiera un derecho, adquirido o reivindicable, a la facilidad y a la baratura en la conquista de un estatus social reconocido. Es decir, si bajáramos el listón de la autoexigencia.

Demasiados/as mediocres tenemos ya en tantos campos del saber y de la actividad, para que reivindiquemos ahora derechos de cualquier tipo para la situación de quienes ya vienen ejerciendo a tiempo completo y remunerado de sansirolés.


viernes, 13 de diciembre de 2019

UN MUNDO ENCABRONADO



Mercadillo callejero de los viernes en Egáleo: un lugar idóneo para meditar sobre la globalización. (Foto, Carmen Martorell)


Boris Johnson se ha salido con su mayoría absoluta, y la Gran Bretaña irá al Brexit duro. Posiblemente se deje jirones en la operación: esos jirones podrían llamarse Escocia e Irlanda del Norte, territorios en los que las embestidas del Pájaro Loco están provocando un resurgimiento de los impulsos centrífugos que ya antes estuvieron a punto de acabar con el Reino Unido y con su símbolo inevitable y eviterno, la Queen.

La pregunta que procede en este ápice de la coyuntura es si el mundo va a cambiar a partir de ahora, o si seguiremos teniendo el mismo mundo de antes, solo que en un grado más avanzado de encabronamiento. Todos los inputs estaban ya dados de antes: la financiarización campa por sus respetos; la locomotora estadounidense tira millas a pesar de ser consciente de que cada vez son más los vagones desenganchados del convoy, incluso en el propio territorio; y la Unión Europea está practicando un seguidismo vergonzante en lugar de plantear una alternativa acorde con el grado de civilización que se supone a las viejas tradiciones del continente.

La victoria de Johnson representa, así, un éxito del «sálvese quien pueda», eslogan muy en uso en los naufragios de los grandes paquebotes. Algunos teóricos de la izquierda aseguran que se trata del naufragio nada menos que del capitalismo. No me lo parece: Lo que viene a resultar, creo yo,  es que el capitalismo está barriendo con todo lo demás. Incluido el planeta.

Dejó escrito Carlos Marx que un gran sistema económico no muta en otro nuevo mientras el viejo no ha agotado todas sus posibilidades. No es necesario tomar al pie de la letra al Barbudo de Tréveris en esta profecía. Por ejemplo, eso significaría que el feudalismo desapareció de la faz económica de la Tierra con el advenimiento del capitalismo; y sin embargo el feudalismo, o cuando menos un avatar novedoso del viejo feudalismo, está de vuelta en la constitución de constelaciones de empresas dominantes, precarias y sumergidas, que entran desigualmente en la composición de la actual red de relaciones económicas en el neocapitalismo postindustrial, y se comportan entre ellas en términos de señorío y vasallaje.

Pero sí se le puede conceder “algo” de razón a la profecía de Marx, y en ese algo me baso para argumentar que nos encontramos ante una nueva posibilidad del mismo mundo encabronado, caracterizada por la proyección política imparable de un grave hecho previo, ocurrido a mediados de los años setenta del siglo anterior: la rotura consciente de los lazos sociales establecidos, la negación, la fragmentación en cachos minúsculos del trabajo y de la sociedad que trabaja, en un mundo liderado por las corporateds. Es ese “pecado original” el que está dando al traste con todo un formidable esfuerzo secular anterior, en pro de la libertad, la igualdad, la fraternidad, la cohesión, la inclusión, la solidaridad, y el derecho a la autonomía de las partes en el interior de un sistema amable, “de rostro humano” como se decía en tiempos. 

Ahora las cosas van por otro camino: la amabilidad no está de moda, y el encabronamiento prevalece. Un botón, como muestra: los insultos en twitter a Greta Thunberg, icono mundial de la lucha contra el cambio climático, que han sido recogidos y estudiados por Borja Andrino, Jordi Pérez Colomé y Rubén Rodríguez, y presentados en elpais (1).

Los autores han analizado más de 400.000 tuits españoles, emitidos entre el 20 de noviembre y el 11 de diciembre; unos 70.000, originales, y el resto retuiteados. Primera constatación: el 66% provienen de varones, el tercio restante de mujeres. Los calificativos insultantes varían levemente en un caso y en otro: los varones prefieren llamarla histérica, estúpida, puta y majareta; las mujeres optan por marioneta, niñata y loca. Todos ellos se comportan como si la descalificación de Greta hubiera de significar el punto final de la lucha contra la contaminación y en favor de las energías limpias y de un futuro sostenible. Greta ejerce de muñeca vudú en la que se clavan más y más alfileres con la intención de hacer daño a otras personas, a otras autoridades, a otras concepciones del mundo que resultan, al parecer, extraordinariamente molestas para esas personas.

Puede en definitiva que el final del capitalismo venga a coincidir con el fin del mundo. Habrá sido un éxito formidable para los accionistas y los propietarios de las patentes que configuran el mundo actual tal como es, pero será un éxito difícilmente aprovechable. Esa es la razón por la que algunos seguiremos proponiendo, con amabilidad pero también con firmeza, una alternativa radicalmente diferente.



jueves, 12 de diciembre de 2019

FACILITADORES



Vista panorámica de Singapur.


La facilitación me parece un mecanismo importante para las negociaciones complejas, tan frecuentes en las relaciones políticas. Al señor García-Page, presidente socialista de la comunidad de Castilla-La Mancha, en cambio, no se lo parece. Yo desearía que los Reyes Magos me trajeran de regalo, en los primeros días de enero si antes no es posible, un bonito y flamante gobierno de coalición. No me importa mucho quién esté dentro y quién quede fuera, pero sí pediría que fuera un gobierno estable, sin el remoquete de “en funciones”, y que empezara sin prisa pero sin pausa a hacer su trabajo de cara al bienestar material y moral de todos nosotros, “los antes bienhadados y los agora tristes y afligidos”, como lo habría expresado Fray Luis de León.

Emiliano García-Page desea por encima de todo que los Magos no le traigan vaselina de regalo. La alusión parece transparente: si es de necesidad que se la hinquen por retambufa, el honorable barón prefiere que sea al modo viril, sin “facilitaciones” ni amaneramientos que solo pueden llevarnos a perder la recia tradición carpetovetónica de dar (y tomar) por culo todo lo que se pueda y más.

Por mi parte, estoy encantado de que la ONU haya nombrado dos facilitadores oficiales (vulgo “vaselina”) para alcanzar un acuerdo final en condiciones para los trabajos del COP25. El asunto estuvo a punto de descarrilar (aún es posible que suceda) por la cuestión de las políticas de género, que desde Katowice se habían planteado como una incógnita más del problema del cambio climático, inescindible de la sostenibilidad del hábitat humano en el planeta.

Hay al parecer numerosos partidarios de detener el cambio climático sin frenar por ello las situaciones de desigualdad concreta entre las personas, que incide de forma lateral pero sustancial en las políticas ambientales. Hay quien quiere hacer como si las relaciones sociales y las relaciones medioambientales fueran dos compartimientos herméticamente aislados. Otros, ahí está Vox para confirmarlo, niegan de plano y con la misma fuerza el cambio climático por un lado, y la desigualdad de género por otro. A ese ganado le han reservado quienes yo me sé una vicepresidencia en el Congreso de los Diputados.

Los facilitadores elegidos por la ONU son Teresa Ribera, ministra española, y Masagos Zulkifli, su homólogo de Singapur. Singapur es un Estado insular que tiene una extensión de 697 km2 y una densidad de población de 7796 habitantes por km2. Algunos comentaristas lo definen como una “ciudad inteligente”. Se comprende que en ese hábitat, Zulkifli tenga amplia experiencia en pelear por el medio ambiente y los recursos hídricos. En cuanto a Ribera, se está afirmando como una de las esperanzas más sólidas para el futuro gobierno de coalición español in pectore.

Si no es demasiado pedir, me atrevería a pedir a los Reyes Magos en mi carta para 2020 que Ribera y Zulkifli, una vez concluidos sus buenos oficios en la cumbre del clima, se añadieran a los equipos implicados en las negociaciones secreto-públicas del PSOE y ERC, con la finalidad de alcanzar el fatigoso acuerdo de investidura que muchos anhelamos, bien sea con o sin vaselina para el señor García-Page.


miércoles, 11 de diciembre de 2019

DIFERENTES, ÚNICOS, VÍCTIMAS



Monasterio benedictino de Sant Pere de Casserres, erigido sobre un meandro del río Ter; una parábola de la Catalunya diferente y de la Catalunya rodeada.


Peru Erroteta ha entrevistado al psicólogo Ricard Cayuela en El Triangle. Al resultado de la conversación, bastante llamativo, pueden acceder ustedes desde el link a pie de página (1).

Habla Cayuela de un trastorno obsesivo-compulsivo que ha afectado a dos millones de personas. El motor de tal obsesión es una triple consideración de los catalanes, o si prefieren la expresión, de la catalanidad, como diferentes, como únicos, como víctimas.

Es difícil argumentar cualquiera de los tres términos. Es más cierto, a partir de un somero examen teórico de la cuestión, que los catalanes no somos únicos (estamos sobradamente acompañados en el mundo), no somos diferentes (de hecho la mayoría inmensa de los catalanes somos mestizos, y la circunstancia de hablar una lengua diferente de la de nuestros vecinos más bien tiende a igualarnos que a distinguirnos ─si bien se mira, también los vecinos hablan una lengua diferente de la nuestra─), y no somos víctimas, bajo ninguna acepción admitida del término. Cierto que estamos mal gobernados, pero la misma queja pueden esgrimir miles de millones de personas en este mundo mal globalizado. De otro lado, los defensores del buen gobierno se verían en un apuro para explicar por qué prefieren el estilo de gobernar de Quim Torra al de Pedro Sánchez.

Y si se trata de las famosas sentencias en el macrojuicio, mal se puede alegar que las leyes no son las que son, y que los presos no fueron oportunamente avisados ─incluso por los letrados del Parlament─ de las consecuencias de unos actos claramente situados al margen de cualquier legalidad establecida (la de las leyes estatales, la del Estatut vigente, la de la jurisprudencia europea e internacional). En tales circunstancias, el castigo legal no obedece al hecho de que sean catalanes, sino al de que han tenido una conducta punible según toda clase de leyes aplicables al supuesto.

Lo que más me impacta de la interpretación de Cayuela es el protagonismo de la “buena gente” en este disparate. La “buena gente” sería el pueblo llano idealizado, por oposición al estamento político. La “buena gente” es capaz de muchas aberraciones para defender lo que tiene por “suyo”, de la implicación de otras buenas gentes a las que consideran sin derechos para inmiscuirse en su preciada posesión. Ese es precisamente el germen del fascismo como doctrina, porque a partir de dicho axioma central (“yo estoy defendiendo lo mío, yo enarbolo en este pleito la razón de la víctima, del diferente, del único”), se justifica cualquier agresión al “otro”, cualquier consideración de que puedan existir buenas gentes más allá y al margen de “nosotros”, el pronombre peligroso, como constataba hace ya algún tiempo Richard Sennett en un libro glosado también en estas páginas (2).




martes, 10 de diciembre de 2019

SENSACIONES INSTANTÁNEAS


Imagen de un succionador, la chisma mecánica capaz de conducir a las mujeres al paraíso en ocho segundos.


Il pleut sur la ville. Atenas está empapada, y las temperaturas han caído de bruces como si hubieran sufrido un tropezón inesperado. Nos lo estamos pensando antes de salir a la intemperie, y de momento hemos encendido la estufa en el cuarto de estar y nos hemos echado un chaquetón encima.

En el libro que abro para seguir leyendo a deshora (Monjas y soldados, de Iris Murdoch, Impedimenta, traducción de Mar Gutiérrez Ortiz y Joaquín Gutiérrez Calderón. Tengo una predilección particular desde hace años por las representaciones complejas y los personajes voluntaristas y cerebrales de Murdoch), una mujer confiesa a otra que ha sufrido inesperadamente un coup de foudre, un flechazo. Con un hombre inverosímil, por otra parte.

─ ¿Cuánto dura un coup de foudre? ─pregunta la amiga, escéptica.

─ Unos cuatro segundos. ¡Eso es lo que pueden tardar dos seres humanos en cambiar el mundo!

Medito que un succionador de clítoris como los que ahora aparecen profusamente anunciados directa e indirectamente en los medios electrónicos, no es tan rápido: invierte de ocho a diez segundos en provocar el orgasmo. Puede tardar menos en llegar a la meta que Usain Bolt en su mejor momento, pero, respecto del coup de foudre enunciado por Gertrude (un trasunto de Titania, la reina de las hadas en la tradición mitológico-literaria británica), presenta dos carencias: primera, es más lento; segunda, no cambia el mundo sino que lo deja igual que estaba.

La velocidad parece superar, en las preferencias de los consumidores de ahora mismo, a la calidad de las sensaciones. Del mismo modo que se impone el fast food, con perjuicio del sentido del gusto, ahora se predica el fast sex, la instantaneidad de un sexo solitario sin consecuencia.

Ocho segundos de succionador garantizan una total satisfacción física, pero no permiten, según una usuaria desilusionada, ni siquiera el espacio mental necesario para esbozar una fantasía. El coup de foudre es absolutamente lo contrario: fantasía pura y dura, que avizora su culminación física erótica a medio o incluso a largo plazo. Rapidez subitánea en el encendido de la mecha, y en cambio, explosión retardada aunque de una eficiencia más o menos absoluta: cambia el mundo, siquiera sea para dos personas elegidas (tal vez al azar) por los dioses.

Georges Brassens dedicó a las prácticas sexuales de una bella una canción que tituló significativamente Le mouton de Panurge, el carnero de Panurgo. La expresión, poco usual hoy, viene del Pantagruel de Rabelais, y se refiere a quienes, incapaces de juzgar las cosas por sí mismos, prefieren seguir la opinión de los demás, incluso si se trata de despeñarse por un desmonte. Concluye Brassens en la última estrofa que, posiblemente, cosas más raras se han visto, su heroína sabrá rectificar a tiempo: «Elle ira jouer à son tour / les Vénus de la vieille école / celles qui font l’amour par amour.»

O sea, puestos a copiar a alguien, la muchacha podría dedicarse provechosamente a imitar a las “Venus de la vieja escuela”, las que “hacen el amor por amor”.

Aún me gustaría recordar en este asunto a otro poeta, Constantin Cavafis. En El viaje a Ítaca, nos impartió la misma lección, con otras palabras y otros horizontes. Llegar a la meta, pisar el suelo de Ítaca, explicó en verso, no tiene una gran significación. Lo interesante es el viaje.


lunes, 9 de diciembre de 2019

TEMPORALIDAD INSOPORTABLE



Limpieza de oficinas, un ámbito laboral en el que la fijeza en el empleo es prácticamente inexistente.


De “temporalidad insoportable” califica Antonio Baylos la conclusión que cabe extraer de un informe sobre el mercado de trabajo en 2018, realizado por Alberto Pérez, de ADECCO Group. El lector podrá encontrar el comentario pormenorizado del catedrático de Derecho Laboral y maestro de laboralistas en https://baylos.blogspot.com/2019/12/los-resultados-de-la-contratacion-en.html.

Las cifras son terribles: 21,5 millones de contratos para un censo laboral de 16,45 millones de personas, lo que supone ya una primera anomalía. Y solo el 6,74% de esos contratos tuvieron carácter de indefinidos; lo que en las actuales circunstancias del mercado de trabajo no significa tampoco que su duración esté garantizada: más del 40% de ellos no resisten los seis meses de vigencia.

De los contratos temporales (93,26% del total), un 29,82% fueron extendidos para un periodo que no llegaba a los 7 días; en un 43%, la duración fue inferior a un mes. La gran mayoría de estos contratos temporales desatendieron las modalidades de contratación para la formación y en prácticas, y recurrieron a dos figuras jurídicas concretas: “circunstancias de la producción” (9.829.687 contratos, lo que significaría una imprevisión asombrosa por parte de la dirección de la empresa acerca de las circunstancias de la producción, si no significara otra cosa) y “obra y servicios” (8.267.138) lo que sugiere que la plantilla teóricamente “normal” con la que la empresa afronta su actividad regular, o no existe, o está reducida al mínimo mínimo.

Subraya Baylos que el peso incuestionable de las cifras citadas indica que existe una contratación irregular, practicada en fraude de ley y contra los preceptos constitucionales que amparan el derecho al trabajo; y que esa irregularidad está “consentida” por las autoridades laborales. Los empresarios trasladan todas las incertidumbres y los contratiempos del proceso productivo a sus asalariados, se aseguran de su docilidad, e infringen los derechos que les corresponderían en un estado de derecho en tanto que personas y ciudadanos.

Estamos hablando de empresarios “normales”. Además de esa fuerza de trabajo asalariada cifrada en 16,45 millones de personas, sería preciso hacer entrar en el cómputo global a los “autónomos dependientes”, oxímoron por desgracia muy real en el trabajo organizado en plataformas como Uber o Glovo, y los “emprendedores” que se explotan a sí mismos con jornadas agotadoras o con trabajo “a la espera”, para grandes empresas que recurren a ellos como una forma aceptada, que no aceptable, de incrementar la cuenta de resultados a partir de un ahorro sustancioso en fuerza de trabajo limpia de polvo y paja, ya que cotiza por sí misma las cuotas correspondientes a la asistencia sanitaria y la previsión social.

Un último dato significativo del informe de Alberto Pérez incide en la geografía de la precariedad. Precariedad la hay en todas partes, desde luego, pero en el microscopio del análisis pueden apreciarse diferencias sensibles entre aquellas provincias que no llegan al 2% de contratación fija (son cuatro: Jaén, Huelva, Córdoba y Badajoz) y las otras cuatro que superan el 10% (Madrid en cabeza con el 14; Baleares, 12; Girona, 11,2, y Barcelona, 10,59).


domingo, 8 de diciembre de 2019

ESTÚPIDOS




Ilustración de la graciosa aventura del rebuzno, en Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes.


El actor Javier Bardem ha pedido disculpas públicas por haberse dejado llevar por “un impulso nada constructivo” al final de la manifestación madrileña por el clima, y haber llamado estúpido al alcalde madrileño del PP, José Luis Martínez Almeida (también se lo llamó a Donald Trump).

Almeida calificó en su momento de “fracaso” el plan Madrid Central puesto en marcha por su antecesora en el cargo Manuela Carmena, y empezó a desmantelarlo proclamando que la libertad de expresión recogida en la Constitución como derecho fundamental de las personas, incluía asimismo la libertad de circulación sin restricciones. No se entiende muy bien, entonces, que ponga reparos a la libertad de expresión del actor, aplicándole el remoquete de “ese listo tan progre”. En el vocabulario de las personas como Almeida, tanto el calificativo de “listo” como el de “progre” son claramente insultantes.

La reacción de la ciudadanía madrileña y el amago de los tribunales de intervenir frenaron su inicial impulso desmantelador (y por consiguiente “nada constructivo” tampoco, para decirlo con las palabras de Bardem). Después del episodio, y restaurado Madrid Central en toda su dimensión inicial, el alcalde varió la música y la letra de su cantinela, sacó pecho ante la acogida ─que él ni había soñado en pedir─ de la COP25 en su ciudad, y alardeó de la mejora del aire como si esta hubiera sido cosa suya.

Llamarle “estúpido” es de mala educación, de acuerdo; pero no es tan exageradamente ridículo como llamarle “alcalde”. A no ser que lo equiparemos con los munícipes cervantinos que, cada cual por su lado, tan bien buscaban a un asno perdido en las espesuras imitando sus rebuznos, que acabaron encontrándose ellos dos.


viernes, 6 de diciembre de 2019

EL TIRANO (II). TRUMP SECUNDUM SHAKESPEARE



Orson Welles, en un fotograma de la película ‘Macbeth’ (1948), dirigida y protagonizada por él, con Jeanette Nolan en el papel de Lady Macbeth.


Stephen Greenblatt disecciona al tirano tipo, descrito por William Shakespeare en diferentes obras, según el método de los ángulos oblicuos que he procurado explicar en un post anterior (1). Como su disección ocupa muchas páginas, yo las resumo aquí en una breve síntesis que también, y no por casualidad, es oblicua. La intención de Greenblatt viene a resumirse en una desvaloración del mandato presidencial de Donald Trump; la mía, voy a dejarla sin expresar.

Estas son las características del tirano secundum Shakespeare, que Greenblatt relaciona de forma no expresa con la ascensión de Trump a la Casa Blanca:

1. El tirano surge de una polarización política extrema en un país. En momentos de una confrontación radical entre dos opciones, el rival político se desliza inevitablemente a la categoría de un enemigo al que conviene eliminar como sea. El fin justifica los medios; todo vale, y no se admiten las posiciones templadas ni las medias tintas. Se pertenece a un partido (a un bando, a una facción), con todas sus consecuencias, incluidas las no deseadas en principio. Tal sucedió, por ejemplo, con Ricardo de Gloucester (III) como culminación de la guerra de las Dos Rosas en Inglaterra, y con Julio César en la guerra civil en la que degeneró la república romana.

2. El aspirante a tirano shakespeariano utiliza lo que Greenblatt denomina un “populismo fraudulento”. Adula al pueblo y lo manipula con promesas de prosperidad o de redención deslumbrantes, que generan en los sectores más crédulos de la población la ilusión de una nueva Jerusalén celeste donde manarán de forma espontánea ríos de leche y de miel. Todo ello es falso, porque lo que mueve al tirano en su ascenso es un narcisismo exacerbado, un deseo compulsivo de dominio. No es un líder surgido del pueblo; más cierto es que odia al pueblo. Coriolano, ejemplo extremo de esta actitud, fracasa en su intento de llegar a tribuno de Roma por su incapacidad de reprimir su visión de patricio y su asco visceral a la plebe. Ricardo de Gloucester, que siente el mismo odio, en su escalada inverosímil hacia el poder lejano se siente capaz de ocultarlo con éxito, como muestra este parlamento de la tercera parte de Enrique VI: «¡Diantre! Puedo sonreír y asesinar mientras sonrío, puedo gritar: “Contento” a lo que desuela mi corazón; puedo mojar mis mejillas con lágrimas hipócritas y arreglar mi cara según las circunstancias.»

3. El tirano cuenta con numerosos cómplices para afirmar su dominio. Este es un punto crucial: no es posible la tiranía sin complicidades. El tirano suele finalizar la parábola de su trayectoria en la soledad más absoluta, como veremos después; pero en sus inicios cuenta con un gran número de voluntades a su disposición. Greenblatt esboza una tipología somera de los cómplices, a partir del Ricardo III. Son estos:

a) En primer lugar los que, «auténticamente engañados por Ricardo, dan validez a sus pretensiones, dan crédito a sus promesas y toman al pie de la letra sus demostraciones de emoción.»

b) «Los que se sienten atemorizados o impotentes ante la intimidación o la amenaza de violencia.»

c) Los que se sienten atraídos irresistiblemente a normalizar lo que no es normal, porque no consiguen creer que las verdaderas hechuras del tirano sean las que saltan a la vista.

d) Los que, aun captando la maldad auténtica del tirano, confían en que las cosas seguirán a fin de cuentas su curso normal. “La sensatez se impondrá”, piensan, cuando la sensatez ha sido ya desplazada por la desmesura.

e) Los que se convencen a sí mismos de que pueden sacar provecho personal de la ascensión al poder del tirano.

f) Y finalmente, está «una variopinta multitud de individuos que ejecutan las órdenes del tirano. Unos a regañadientes, ansiosos simplemente de no meterse en líos; otros, de mil amores, con la esperanza de obtener de paso algún beneficio para sí mismos…» Y añade Greenblatt, oblicuando a conciencia fuera del contexto de la obra que analiza: «Al aspirante a tirano no le faltan nunca gentes de esta calaña, tanto en Shakespeare como, por lo que yo sé, en la vida real.»

4. El tirano llega por fin a ostentar el poder que ambicionaba, y entonces genera un caos que se desborda más y más. «Los tiranos por lo general carecen por completo de competencia administrativa y de visión de lo que significa un cambio constructivo … Incluso sociedades relativamente sanas y estables tienen pocos recursos, pensaba Shakespeare, que les permitan mantener a raya el daño causado por alguien lo bastante despiadado y carente de escrúpulos, y tampoco están equipadas para hacer frente a los gobernantes legítimos que empiezan a dar muestras de un comportamiento inestable e irracional.»

5. El fin de la aventura llega por la incapacidad del tirano de controlar los acontecimientos, a partir del derrumbe de las esperanzas colectivas puestas en su figura carismática. Dicho de otra forma, a partir de los efectos del desencanto en un número creciente de personas que regresan poco a poco desde la obnubilación al sentido de la realidad.

Entonces, a cada paso dado por el tirano florece un “traidor”, y la represión de los traidores engendra nuevas traiciones. Es el bosque de Birnam, como en Macbeth, que se alza contra la fortaleza de Dunsinane y le pone cerco. El tirano acaba su trayectoria solo, temeroso de las sombras, de las consejas y de los presagios. Su ambición desatada, su deseo de dominio, se disuelven en el absurdo, como en el famoso parlamento del mismo Macbeth: «La vida no es más que una sombra que pasa, un pobre cómico que se pavonea y se agita una hora sobre la escena, y después no se le oye más…; un cuento narrado por un idiota con estrépito y furia, y que nada significa.»

El baño de sangre que corona algunas de las biografías teatrales de tiranos de Shakespeare no es preceptivo para esta breve historia; sí lo son la huella negativa, la conmoción profunda que dejan en el reino, la violencia, las penalidades, la dificultad para enderezar las cosas.

Sostiene Greenblatt que Shakespeare pensaba, hacia el final de su carrera como dramaturgo, que la mayor esperanza para acabar con la tiranía radica precisamente en la imprevisibilidad de la vida colectiva, en el número incalculable de factores que actúan en todo momento. Llega un punto en que la sociedad se niega a marchar al paso de las órdenes dictadas por un autócrata al que los acontecimientos han dejado claramente atrás. El hilo sutil que ha unido la ambición de dominio del tirano con las expectativas colectivas de mejora de la situación, se rompe en pedazos.

Pero siempre queda entonces una deuda muy pesada por pagar, y un difícil camino de regreso hacia la normalidad, hacia el reconocimiento de los derechos de las personas y las colectividades, hacia la igualdad de oportunidades como aspiración, hacia la democracia como marco de convivencia.


(1) El lector desprevenido podrá encontrar el texto anterior al que me refiero en http://vamosapollas.blogspot.com/2019/12/el-tirano-i-la-mirada-oblicua.html