jueves, 13 de agosto de 2020

TODOS LOS MOMENTOS SON BUENOS PARA EJERCER LA DEMOCRACIA

La Libertad guiando al pueblo, de Eugène Delacroix, Museo del Louvre. La vida real pocas veces se parece a las obras de los artistas.

 

Claro que sí, la democracia es siempre indispensable, siempre es buen momento para practicarla. Lo están diciendo muchos amigos impacientes. Pero hay muchas maneras de practicar la democracia. Forzar una votación para perderla, sea en el Parlamento o en un referéndum, puede ser muy democrático, pero no es sensato.

Democracia significa contar con todos, no solo con los nuestros. “Contar” implica también echar números, tener una idea clara de cuántos somos los que pensamos igual, y si somos suficientes. Los “otros” no son unos traidores, solo piensan distinto. Democracia es, también, aceptar esa realidad.

La democracia tiene un filo cortante, no es un refugio acogedor, en muchas ocasiones es un sapo viscoso que te ves obligado a tragar. Puedes decir que la culpa la tiene tanta “gente” idiota, la gente no piensa como tú en unas cuestiones.

En otras, sí. En otras cuestiones es posible contar con el apoyo de esos “traidores” que tanto nos molestan. Las cosas no están en blanco y negro, hay matices. Tenemos que consolarnos con eso y tirar para adelante, con el máximo número posible de compañeros de viaje incluso indeseables, por allí donde la trocha parece menos empinada.

Todos deberíamos ser más humildes, porque no poseemos la Verdad luminosa, la Razón flamígera que cegarán y confundirán a nuestros enemigos corruptos.

Avanzar siempre comporta elegir, elegir siempre significa descartar opciones. No descartarlas para siempre, claro, pero sí por fuerza para más adelante, para un “luego” vagaroso y tentativo.

Es un ejercicio penoso pero instructivo, que conviene realizar teniendo siempre muy en cuenta la reflexión de don Venancio Sacristán que José Luis López Bulla nos repite con machacona pedagogía todos los días: “Lo primero es antes.”

Así sea.

  

miércoles, 12 de agosto de 2020

LA MILITANCIA OBRERA FEMENINA EN EL TARDOFRANQUISMO

 

El Seat 600 y el nuevo movimiento sindical comparecieron en las mismas fechas, y fueron de algún modo corresponsables de profundas transformaciones de la sociedad y las costumbres españolas.

 

 

Dediqué hace unos días una entrada del blog (1) a la participación de las mujeres en el amplio movimiento (“tan nuevo como el Seat 600”, señala Enric Juliana) de las Comisiones Obreras.

Falta en buena parte una historia seria de esa participación. Existen jalones, sin embargo, que apuntan a lo que podría ser algún día una crónica extensa y documentada de un enorme movimiento de las masas asalariadas que transformó de raíz nuestro país y lo ubicó de golpe en la segunda mitad del siglo XX, sacándolo del congelador donde lo tenía encerrado el franquismo sociológico.

Mis fuentes bibliográficas en esta temática son dos, y las dos se limitan a una sola porción del territorio, la provincia de Barcelona. Son: Javier Tébar Hurtado ed., “Resistencia ordinaria”. La militancia y el antifranquismo catalán ante el Tribunal de Orden Público (1963-1977), Publicaciones de la Universitat de València y Fundació Cipriano García, 2012, y Nadia Varo Moral, Las militantes ante el espejo. Clase y género en las CCOO del área de Barcelona (1964-1978), Fundació Cipriano García de las CCOO de Cataluña, 2014.

Los dos historiadores han trabajado sobre los expedientes ante el TOP, a partir de las actas del tribunal y de los archivos de varios bufetes laboralistas. Los represaliados por el franquismo no dan toda la medida del movimiento de oposición (o de “resistencia ordinaria”, término muy plástico que utiliza Tébar), pero sí son muy significativos. Las “caídas” tenían algo de aleatorio siempre, pero quienes pasaron por el tribunal y fueron condenados a penas a veces considerables formaron parte sin duda de una muy amplia vanguardia sociopolítica, término que indica que sus militantes se batían por mejoras sociales y al mismo tiempo por cambios políticos de sustancia.

Ambos autores señalan dos momentos diferenciados en la etapa cronológica que manejan. Las mujeres aparecen aún muy poco en 1964-69; el antifranquismo sigue siendo en esos años una prerrogativa viril, de alguna forma. Penélope guarda la casa. El cambio ocurre a partir de 1970, en los años más calientes del tardofranquismo.

Voy a ser muy escueto con las cifras. Las mujeres procesadas por el TOP en la provincia de Barcelona, 1969-76, fueron 139. La media de edad era de 22,5 años, y prácticamente las tres cuartas partes (el 74,7%) estaban en la horquilla de edad entre los 17 y los 24 años. Es decir, eran jovencísimas.

Casi la mitad de ellas (47,4%) habían nacido en Cataluña; el 21% eran andaluzas de origen; el 7,4%, extremeñas. El resto, un mosaico regional muy diverso.

Por militancia, CCOO se lleva la palma, 58; siguen PCE(m-l) con 14, PSUC con 13, Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona con 8, y otras formaciones políticas y sindicales.

Por profesión, predominan las trabajadoras textiles (26%), estudiantes (19%), metalúrgicas (16%) y administrativas (14%). Las trabajadoras manuales son el 47%, seguidas por las no cualificadas académicamente (23%), estudiantes (19%) y amas de casa (7%). Desglosando las series por años, se aprecia (escribe Varo) «una reducción de trabajadoras “de cuello blanco”, estudiantes y amas de casa, mientras aumentaba la proporción de mujeres que trabajaban en la industria textil y metalúrgica. Así pues, según los datos policiales, durante los años setenta predominaron las obreras.»

Son huellas estadísticas, sombras, falta aún la sustancia. Pero se trata de síntomas ciertos de una presencia y de una actividad poco estudiadas y poco valoradas, que tuvieron un significado gigantesco en la modernización acelerada de España.

Algo de eso intuimos en CCOO cuando incluimos estatutariamente, en los secretariados de todas nuestras Federaciones y Uniones, una secretaría de la Mujer. Algo que hoy puede resultar risible, pero que tuvo un significado histórico.

 

(1) Ver http://vamosapollas.blogspot.com/2020/08/una-vida-menos-clandestina.html

 

martes, 11 de agosto de 2020

VAMOS A CAZAR RATONES

 

Fotograma de 'Golfus de Roma' (Richard Lester 1966, EEUU). El despistado Erronius (Buster Keaton), que busca a sus hijos raptados por los piratas, pide información al liante Pseudolus (Zero Mostel). Veo en las redes cinéfilas que aquella actualización desmadrada de una comedia de Plauto nació con una intención transgresora, pero estaba tan afinada respecto de determinados usos de la política, que rápidamente se convirtió en un clásico de la sátira de sal gruesa.


La escena sigue siendo actual. Podría tratarse de Torronius pidiendo a Pseudemontius la dirección correcta para encontrar la patria perdida. «Siga derecho hasta la próxima declaración unilateral, gire en el cruce y luego todo seguido a la derecha», le respondería el patricio.

Podría tratarse también de Isadel Yíez Abuso preguntando a Pseudopaulus el Sacramentado la forma de acabar con la pandemia sin acabar demasiado con ella (puede ser útil más adelante como arma arrojadiza), y sin que se note demasiado la maniobra: «Recurre a Quirón, hija mía, son de los nuestros.» «¿Y funcionará el truco, Pseudopaulus?» «Un truco que te deja el tres por ciento limpio garantizado, es siempre un truco que funciona, Isadel.»

Un amigo impaciente, Manuel Rodríguez Lorenzo, me pregunta cuándo empezamos a moverles las sillas a los parásitos. Tenemos un buen calendario: en septiembre la moción de censura de Vox debe dar cuenta de la existencia de un frente amplio antifascista que los reduzca a la mínima expresión parlamentaria: no hay que dejar que se salgan de rositas de su emboscada a plazo.

Después vendrán las elecciones catalanas, y algo habrá que hacer para que no se repita la historia de las vascas y las gallegas. Todas las fuerzas plurales de progreso deberán ponerse de acuerdo en que lo primero, antes de empezar a pelearse entre ellas, es acabar con un gobierno que se ha salido de los carriles del Estado de Derecho y ha perdido toda clase de legitimidad de cualquier especie, además de abocar el país a la ruina. De la Cataluña de Maragall, que aspiraba a ser la locomotora de la recuperación española, hemos pasado a vegetar en el furgón de cola, con un govern satisfecho de su farolillo rojo y de su vocación perenne de mosca cojonera.

El bocinazo en Cataluña tiene que ser atronador.

Después ya vendrán los debates sobre la sanidad, la transición ecológica, la reindustrialización por objetivos, las garantías laborales plenas. Y cuando se tercie, no antes, la cuestión de la monarquía o la república. Nos pierde el nominalismo. Deng Xiao Ping decía que tanto le daba el gato blanco como el negro, siempre que cazara ratones. Felipe González recogió entonces aquella máxima de realpolitik, pero ahora más bien parece que le gusta solo el gato blanco sí o sí, por más que los ratones campen a sus anchas.

Vamos a ir acumulando fuerzas para cazar uno tras otro todos los ratones que andan por ahí. Lo pide mi impaciente amigo Manuel Rodríguez Lorenzo, y la impaciencia ─no la precipitación─ también es una virtud.

  

lunes, 10 de agosto de 2020

UNA VIDA MENOS CLANDESTINA



Trabajadoras de la construcción.


He empezado por fin a leer Aquí no hemos venido a estudiar, de Enric Juliana, un ejercicio de “memoria intrahistórica” documentado con minuciosidad. Aún no he llegado a la página 100. Estoy, en concreto, en la 99, en el titular del capítulo “Tito se rebela”.

Es como examinar una fotografía de tus antepasados: “Mendiola” el roble vasco, “Puig” el vendedor de huevos; hombres solitarios, héroes de la vida clandestina forjados de una pieza, aventureros y metódicos, sacrificados. Ramón Ormazábal pasó diez años en París junto a una mujer de familia de exiliados, Louise Perla; ocurrió porque había incurrido en sospechas y el Comité central no contaba con él. Dice Juliana: «Vivirá como un verdadero tormento la pérdida de confianza durante diez años que se le harán eternos.» Los diez años con Louise; luego volverá a la "normalidad": el trabajo clandestino de organización, la cárcel. En cuanto a Marieta Sarriera, no quiso acompañar a su marido al exilio en Francia porque estaba apegada a su familia, a su barrio, a la educación de su hijo Felip. «No se volverán a ver sin rejas por medio hasta dieciocho años más tarde», acota Juliana. Manuel Moreno, llegado a París, le envía a ella a Badalona una postal de la Ópera con el siguiente texto: «Te mando este recuerdo, estoy bien.» Seis palabras. No aclara el biógrafo ─hasta donde llevo leído─ si hubo más cartas, más palabras cruzadas. Posiblemente no, los escritos eran siempre comprometedores, vivir en la clandestinidad exigía soledad y silencio. Lo sabemos también por lo que ha escrito Teresa Pàmies de Gregorio López Raimundo.

La vida a secas era un asunto de mujeres. Para los hombres, la revolución; para las sufridas “compañeras”, la inmersión en una trama cotidiana de pequeños quehaceres siempre iguales. Así se despliega también el esquema narrativo de la Odisea: el héroe combate en Troya, la esposa teje y desteje para guardar de forma conveniente las ausencias.

No me reconozco en esa imagen en sepia de mis antepasados. Lo “nuestro” fue enteramente otra cosa. Aquello que le dijo Stalin a Pasionaria el año 48 no fue ninguna prefiguración de las Comisiones Obreras de los años sesenta. Era la labor del viejo topo en las organizaciones sindicales del franquismo, avalada por la autoridad de Lenin. Era un llamamiento a la paciencia (terpenie) en una situación en la que el vuelco político se hacía imposible por la relación de fuerzas internacional. Y en una España empobrecida, autárquica, despoblada, estigmatizada en el mundo por su relación estrecha con el nazifascismo.

«Se podría decir, con más fundamento, que Comisiones Obreras es un hijo del Plan de Estabilización de 1959. Comisiones Obreras será la más genuina construcción social del pueblo español durante el franquismo. El primer gran sujeto colectivo opuesto a la dictadura que no lleva el sello de la República y de los tiempos anteriores. Comisiones Obreras es una realidad tan nueva como el Seat 600.»

Lo dice Juliana. También lo he dicho yo en alguna ocasión, en charlas en público. Y he añadido otras dos diferencias con la situación anterior. La primera, que fuimos fundamentalmente un movimiento joven y que nos autoorganizamos, no se nos organizó desde los comités centrales porque ninguno de ellos (había varios), ni el mejor situado, tenía capacidad para montar una cosa así.

Y más importante todavía, las mujeres estuvieron presentes en las Comisiones desde el principio. Sin remilgos, sin aspavientos, y sin ningún complejo de inferioridad. Eran trabajadoras, cumplían como todos los horarios, las pautas y los requisitos de productividad. Y reclamaban la igualdad en todo, y reclamaban además conciliación, una cuestión que a muchos de nosotros los varones ni se nos había ocurrido aún que fuera un problema laboral.

Y querían además casarse con hombres que ayudaran en la casa, con compañeros, no con figuras ausentes consagradas en el altar de la memoria.

Y también eso, en general, lo consiguieron.

Estuvieron ahí, muy visibles, las estadísticas lo muestran. La tasa de actividad femenina dio un salto de gigante en los años del desarrollismo, y fue también esa realidad lo que hizo que las cosas fueran como fueron.

La vida se hizo menos clandestina, la utopía más cotidiana, el temple de las personas siguió siendo igual de heroico seguramente.


domingo, 9 de agosto de 2020

"HIMPERATIBOS" Y SUBJUNTIVOS DE LA POLÍTICA



Carambola a tres bandas.



Por hábil jugador de billar que uno sea, muchas veces le sale la carambola de chiripa. 

Valga este pensamiento genérico (el cual, advierto lealmente a la concurrencia, ni está en el Quijote, ni lo escribieron Winston Churchill o Paulo Coelho o García Márquez, como les ocurre a tantas ocurrencias espurias que corren por la red), para contarles algo que me sucedió ayer.

Estaba leyendo en el muro de facebook de José Luis López Bulla un chat interesante del titular con Antoni Cuadras. Se trataba allí de la oportunidad de centralizar en una instancia gubernamental todo lo referente a la pandemia que nos sigue afligiendo con rara tenacidad, a fin de evitar desparrames lamentables de contagios debidos a que las estructuras sanitarias no se han reforzado en absoluto desde el mes de marzo; a que las contraórdenes cruzadas de los distintos niveles de autoridad están a la (contra)orden del día, y a que el modo mejor que encuentran las autonomías de abordar el problema que ha vuelto a recaer sobre sus competencias es despotricar del maestro armero y reclamar nuevas instrucciones más precisas de la superioridad.

Pues bien, en cierto momento de la charla ajena me apeteció intervenir sobre el fondo del asunto (relación poder central / autonomías). Y escribí:

«Una cuestión de lo más interesante, desde el principio de subsidiariedad: ¿qué corresponde a cada escalón de mando? Parece razonable que el campanario sea prerrogativa de la aldea, y la pandemia se aborde de una forma lo más centralizada y erga omnes posible. Las cuadrículas de los estadillos funcionariales nunca han sido un fin en sí mismo, hay que conjugarlas en subjuntivo.»

La respuesta de JLLB fue inmediata y contundente:

«Pero la clase política española no entiende de subjuntivos sólo de himperatibos cuarteleros, especialidad de la casa. Es chocante que el castellano haya creado un modo verbal tan poco usado en el ambigú de la derecha.»

Y solo en ese momento me di cuenta de que mi última frase, que había escrito a modo de redondeo retórico, tenía un sentido, si les apetece la palabra, “profundo”.

O sea, que la política es una estructura, lo mismo que la lengua, y que también en la política hay modos indicativos, subjuntivos que se usan muy poco, gerundios que se repiten en bucle, e “himperatibos”, de los que se abusa demasiado. También hay ablativos absolutos, utilizados por lo general a troche y moche y sin venir a cuento.

Puede parecer un derroche de retórica. Seguimos en general una tendencia a simplificar los problemas, y también el problema del lenguaje, a fin de abordar con toda rapidez las soluciones, ni que sean apresuradas y meramente tentativas.

Pero la solución preferible con mucho, sobre todo en problemas complejos, sería la utilización de una buena sintaxis gramatical y política (¿la llamaríamos "federalismo"?), que dejara bien diferenciadas las oraciones y/o instancias de poder principales, las coordinadas y las subordinadas, cada cual en su sitio y en su función adecuada. La organización cuidadosa implicaría un incremento de la eficiencia. «Las ideas, amigo Sancho, no viven sin organización», como “no” dijo Don Quijote en su libro.

Sí lo dijo, en cambio, Manolo Vázquez Montalbán, aunque la frase que utilizó tampoco es suya, sino una cita tomada de un catón: «Lo que bien se concibe, bien se expresa / con palabras que acuden con presteza.»

En el balance final de todo ello, valga la salvedad, no cuentan ciertas carambolas retóricas conseguidas de chiripa.
  

sábado, 8 de agosto de 2020

DEMÓCRATAS ASINTOMÁTICOS



El virus letal de la democracia ha calado muy hondo. Pongo como ejemplo al periodista Carlos Herrera, que confiesa compungido “Me tengo por un demócrata”, y añade a continuación que Franco sabía cómo tratar a la “bazofia” de la gente de Podemos, y, de vivir él, ellos “estarían en las cunetas”.

Se le entiende de sobra la forma y la condición como estarían en las cunetas los podemitas si Franco levantara cabeza, lo que nos permite respirar en lo que toca a la cuestión de fondo: Herrera es tal vez un demócrata, en todo caso se ve a sí mismo como tal; pero es un demócrata absolutamente asintomático. Yo añadiría más: inmune. No hay riesgo de que contagie su democracia a nadie.

Vamos ahora a otro ejemplar, Salvador Sostres. Sus afirmaciones en ABC son de carácter novedoso en el sentido de que no ancla la legitimidad de la monarquía en la Constitución del 78, sino en el derecho divino. Oigan, les parecerá que exagero, de modo que cito literal, entre comillas dobles que son más comillas aún que las otras: «La monarquía es un don, una encarnación divina. Los reyes, como los papas, no tienen que ver con los hombres sino con Dios. Es estúpido juzgar a los monarcas con criterios terrenales y no sirve de nada. Un rey no nos representa a nosotros sino a Dios.»

Un alegato tan vehemente debe venir a cuento de algo. Si yo fuera policía de tráfico, le haría soplar por el tubo para determinar la tasa de alcoholemia. Nunca había oído ensalzar hasta ese punto la alianza del Altar y el Trono desde que un cronista medieval se inventó la batalla de Clavijo para dar ánimos al personal y estimularlo a fin de que enviara a las Mareas en pleamar de la morisma a florecer en las cunetas como si fueran los actuales energúmenos de Podemos.

El razonamiento de Sostres ─claramente otro demócrata asintomático, como Herrera─ es revolucionario en un sentido, y sus consecuencias se desprenden con una claridad que tal vez él no ha calculado suficientemente. Ha declarado, y cito de nuevo entre comillas, que el lenguaje de Juan Carlos I «es el de la eternidad, y es nuestra tarea de mortales tratar con devoción de traducirlo». Resulta, entonces, si lo he entendido bien y lo he traducido con devoción, que la figura del rey se sitúa más allá de nuestra Constitución y es una emanación de Dios, un avatar de la eternidad.

Conformes. Retiremos entonces (cuando resulte posible y factible en virtud de la legalidad vigente, que es cosa del todo intramundana) la institución monárquica de nuestra Constitución, y centremos nuestros esfuerzos mortales en asuntos menos escabrosos. Juan Carlos es tan solo un “alma de Dios”, como aquella que dio título a una zarzuela del maestro Serrano, con libreto de Carlos Arniches y Enrique García Álvarez. Les recuerdo una tonada aún popular cuando yo era niño:

Canta vagabundo
tus miserias por el mundo
que tu canción quizá
el viento llevará
hasta la tierra donde tu amor está…

Las “miserias” resultarían ser en este caso una cantidad indeterminada de millones adquiridos gracias a suntuosos regalos por mediaciones solicitadas; y la tierra adonde le lleva el viento se sabrá más adelante, porque la República Dominicana tiene todo el aspecto de ser tan solo un final de etapa provisional.

PS importante.- Me avisan de que Carlos Herrera niega ser autor del tuit citado, y de que no hay pruebas de que haya sido publicado en su cuenta. Lamento haber sido víctima de un fake de "fuego amigo". La verdad escueta es siempre más atractiva que una mentira adornada para hacer efecto.

viernes, 7 de agosto de 2020

HABRÁ UNA RESOLUCIÓN MUY DURA



Mosca cojonera.


El Parlament catalán va a celebrar un pleno dedicado a la monarquía española. ¡Albricias, un pleno! Desde que la legislatura quedó teóricamente agotada con la aprobación de unos presupuestos generosamente otorgados por una parte de la oposición, y utilizados de inmediato para subir los sueldos del funcionariado, todo estaba transcurriendo entre visillos, y salvados los avatares de los “presos políticos”, ningún tema asomaba a la plaza pública.

En teoría, la monarquía española debería ser la menor de las preocupaciones de un Govern que considera que no es la suya. Es admirable en cualquier caso que, con la pandemia encima, la caída vertiginosa del PIB, y la necesidad urgente de una reconstrucción industrial, el Govern ponga en el calendario de forma prioritaria un plenario dedicado enteramente a la labor humilde de ejercer de mosca cojonera.

La mosca cojonera, como es sabido, es un animal no muy inteligente pero altamente tenaz. Quizá la misma definición sirve para el Govern de la Generalitat.

Yo soy, por edad, una persona de riesgo. Sé positivamente, que si detecto en mí mismo síntomas compatibles con el coronavirus, no voy a tener más remedio que contactar telefónicamente a mi CAP, y ahí me van a aconsejar que no salga de casa, me medique con paracetamol y guarde cama si la fiebre se encona.

No hay infraestructuras sanitarias suficientes para afrontar la actual continuación de la pandemia por otros medios. Ni grandes estructuras hospitalarias ni consultorios suficientes en los barrios y en los pueblos. Tampoco hay síntomas de rectificación del desamparo sanitario en el que nos dejaron Artur Mas y Boi Ruiz. Todo se reduce, al parecer, a que los burócratas examinen cada mañana las estadísticas de contagios y muertos del día anterior: si mejoran las cifras de anteayer, vamos bien; si empeoran, esperaremos a mañana para estar seguros de la tendencia. Si la curva ascendente de contagios se prolonga el tiempo suficiente, se cerrarán algunas discotecas y se restringirá el acceso a algunas playas. Punto. Nada como la eficiencia administrativa para mantener una buena conciencia robusta.

Al parecer el asunto de la salud no merece, ni de lejos, un Plan elaborado de forma seria ni un Pleno del Parlament para debatir los puntos principales de dicho plan. Ahora mismo tenemos los presupuestos aprobados, y hemos pedido oficialmente treinta mil millones al gobierno central de lo que nos caiga de Europa, sin explicar ¡Dios nos libre! para qué lo necesitamos; pero la sanidad pública no figura entre las prioridades políticas, ni presupuestarias.

Hablo de Cataluña, pero lo mismo ocurre en el resto de las comunidades. En Madrid, ejemplo sangrante, piden para el rastreo de contagios a voluntarios gratis et amore; el dinero se reserva sin duda para cuestiones de más enjundia.

No parece el modo mejor de preparar la “nueva normalidad”, cuando voces muy insistentes de expertos internacionales alertan de que el virus ha venido para quedarse y es incluso posible que nunca se encuentre una vacuna. También se está pidiendo, leo en la prensa, una auditoría sobre la frecuencia y la violencia de los rebrotes en España desde el momento en que el avance incontenible de las “fases” salvó a las autonomías del “insoportable autoritarismo” de “auténticos incapaces” como Salvador Illa y Fernando Simón (adviertan las comillas, los calificativos no son míos, son de Herrera, Motos, Inda, Losantos y otros “patriotas irreprochables”, adviertan otra vez las comillas).

Es sin duda el momento oportuno e impostergable para un gran pleno del Parlament catalán que ponga a la monarquía en su sitio. Habrá una resolución muy dura, a no dudarlo. Se fortalecerá la cohesión interna de las fuerzas de la Cataluña prístina frente al enemigo común. Ciudadanos ya ha anunciado su recurso inmediato al Tribunal Constitucional, lo cual aumentará en proporción geométrica la brillantez de los festejos.

Ese es el panorama que se avizora. Seguiremos informando.


jueves, 6 de agosto de 2020

DEL EMÉRITO COMO FALSO NUEVE


Ilustración de la teoría del falso nueve.



No intento convencer a nadie de las bondades del régimen del 78: yo hace mucho que dejé de creer en los Reyes Magos.

Fue Santiago Carrillo, hace unos cuarenta y cinco años ya, quien nos convenció de la necesidad de aceptar la bandera, el himno y la institución monárquica, a cambio del permiso para competir en el terreno de juego realmente existente y en igualdad relativa de condiciones.

Le pasábamos factura a Santiago cada vez que las cosas se torcían. Las cosas, por cierto, se torcieron mucho y con mucha frecuencia. Queda en el terreno de los futuribles qué habría ocurrido de haber sido nosotros más intransigentes en tales cuestiones superestructurales y habernos atrincherado en nuestras fábricas, dispuestos a darlo todo en la lucha final.

La paciencia no ha sido nunca una virtud de la izquierda: más bien se ha cultivado la impaciencia, como dejó escrito en un verso Bertolt Brecht.

Algunas herramientas eficaces que parecían sólidas se rompieron en las manos de quienes forcejeaban para mantenerlas unidas. Nos vimos de pronto apartados al rincón de los que no tienen remedio, en una España solchaguiana en la que “quien no se enriquecía era porque no quería”.

Perdimos la credibilidad ante el electorado. No me chillen, fue así. Decimos que el electorado “vota mal” porque miramos la grandeza de nuestro ideal y no la miseria de nuestra propuesta. Los corruptos tuvieron más credibilidad que nosotros; su estribillo era: “Imitadnos, y veréis qué bien os va”.

Cambió el siglo, cayeron las torres gemelas, Irak fue invadido, Lehman Brothers quebró, y las troicas dieron instrucciones a todo el mundo sobre lo que debía ser hecho: austeridad, más austeridad, sacrificios, más sacrificios, habíamos vivido claramente por encima de nuestras posibilidades.

(Habían sido ellos mismos los que nos dijeron antes que nuestras posibilidades eran infinitas.)

Era el momento para nosotros de corregir errores en la pedagogía, de recurrir a los razonamientos en lugar de las consignas, de recomponer una unidad más flexible de las fuerzas de progreso, tan castigada por el horror que cada una de ellas sentía hacia las demás.

Costó, pero se consiguió. Cuando llegó la última pandemia (no fue la primera, caramba con todas las que habían venido antes), estábamos jugando de nuevo en Primera División.

Las combinaciones conjuntas del equipo de gobierno actual en el complejo juego táctico forzado por los destrozos del virus, han sido estupendas. No hemos ganado aún el partido pero vamos por delante en el marcador, imponemos el ritmo y disfrutamos de nuevo de aquella credibilidad añorada, mientras los Casado, las Ayuso y los Abascales de los Monteros de toda especie son recibidos con rechiflas allí donde van.

Ahora se ha ido de España, no el rey, ojo, no la institución, ojo, sino el figurón desacreditado. Un hecho trivial. Está protegido por una inmunidad muy discutible. Discútanla los juristas.

Lo verdaderamente penoso sería que el Emérito ejerciera de falso nueve, descolocara a nuestra defensa en línea y nos metiera un gol por la escuadra.

Ahora que vamos por delante en el marcador.


miércoles, 5 de agosto de 2020

QUÉ HACEMOS CON LAS ESTATUAS



Estatua de Juan Carlos I y doña Sofía, en el Patio Herreriano. Foto El Día de Valladolid.



Me escribe mi sobrino Paquito Rodríguez de la Rodriguera

O sea, tito Paco, akí andamos todos confusos, porke madre dice ke Juáncar hace muy bien largándose de este país podrido de ingratitud y ke la monarkía es lo más grande, sin ella adónde habríamos ido cuando la trancixión creo ke lo he escrito mal. Y padre dice ke de todos los borbones, el mejor no da un duro por él.

Entonces madre dice ke el Emérito ha hecho muy reketebién de irse, akí ya no pinta nada, y padre dice ke muy mal, no ha tenido los eso ya me entiendes de kedarse cuando lo reclaman. Y yo ando confundido, porke si es tan bueno mejor se kedaba ¿no?, y si tan malo ke se vaya, como el Puchi ke se ha ido al Waterló igualito ke hizo Napoleón cuando se hartó de todo.

Yo les he preguntado por ké a la República Dominicana si es monárkico, parece ke ya lo había dicho Évole, y padre dice ke no lo kieren en ninguna monarkía decente. Y madre contesta ke no hay ninguna monarkía decente en Europa, todas van contra la Iglesia católica y contra España por haber sido luz de Trento, y lo ke hay es mucha leyenda negra.

Y ahí, tito Paco, o sea, yo ya sí ke no entiendo nada, ké luz ni ké leyenda. Y además no sé ya si son mejores las monarkías o las repúblicas porke haber, Donal Trum es republicano y es un desastre, Puchi es republicano y otro desastre, las monarkías van todas a su bola, y Corina no sé si es monárkica o republicana pero nos debe 65 millones a los españoles y no suelta prenda, dice ke fue un regalo de amor ay ke me tuerzo de risa.

Esto no sé cómo lo vamos a arreglar, tito Paco, en confianza. Padre está muy pesimista y dice que el Coleta tendría ke plantarse e irse a casa por diznidá. Y madre dice ke ké diznidá, ke ahora ke el Coleta tiene un trabajo bien pagado, ke se lo curre. Yo estoi con ella en ese punto, si todos empiezan a marcharse cómo lo arreglamos, el último ke apague la luz?

O sea, hay otra cosa ke me preocupa y es ké van a hacer con las estatuas. Si ya no valen las de Colón, las del Cid y las de Abderramán, haber, las de Juáncar mucho menos. En vez de derribarlas del pedestal o de mancharlas con pintura, ke ensucia mucho el medio anviente, yo propongo ke se le envíen a su casa de la República Dominicana, a cobro revertido. Él ya encontrará un rincón donde ponerlas. Y si no le caben, en último extremo se las puede regalar a Corina, si tanto la kiere.


lunes, 3 de agosto de 2020

GANAS DE BRONCA


El carro delante de los bueyes (tomado de un tuit de @japtapias)


Hoy vengo al blog de mala hostia, aviso. Quien no esté dispuesto/a a aguantar mi bronca, mejor se busca otra página.

Tres son los motivos de mi mal café. De menor a mayor: a) un artículo elogioso de Ramón de España a Paco Frutos; b) la reclamación por parte de sectores de la izquierda de un referéndum ¡ahora!, sobre monarquía o república; y c), el peor, la propuesta de Carrizosa y Arrimadas de apoyar los presupuestos de Sánchez si este expulsa del gobierno a los ministros de UP.

Si se fijan bien, las tres noticias ominosas cojean del mismo pie, de una consideración de la izquierda como adorno estético, como elemento de contraste para que el fondo del cuadro político quede más mono, en un caso, o bien para eliminarlo porque “hace feo”, en el último y más grave de mis motivos de mal humor.

Empezando por España (don Ramón de): ¿quién es, para tener vela en el entierro de Paco Frutos? ¿Por qué no ha tenido la decencia de callarse? El elogio que ha perpetrado tiene más veneno para la izquierda real y actual, que mieles para aquel “hombre íntegro” tallado de una pieza que él colocaría encima del aparador de su salita, como un bibelot vintage. Él era, según dice España, lo puro, lo incontaminado, lo etéreo, lo prescindible pero que, visto en la debida perspectiva, “hace mono”.

Me cago en Ramón de España.

Me cago en quienes salen con prisas para abolir la monarquía justo ahora. La izquierda tiene en esta coyuntura una ventana de oportunidad para revertir un lastre pesadísimo de desigualdad creciente. La mínima prudencia exige no tocar las superestructuras cuando se está trabajando de firme en la reforma de las estructuras. A Felipe VI se le debe exigir neutralidad en la batalla principal. Pretender moverle el asiento en momentos en que tantas cosas están en juego para nuestra gente, para los trabajadores precarios y empobrecidos, es el peor síntoma de la enfermedad infantil que denunció Lenin en todos los tonos. Si se coloca a la Corona como primer objetivo de las reformas, la Corona nos caerá encima y nos aplastará.

Mera lógica, pero los “duros” se empeñan en poner el carro delante de los bueyes, incluso cuando no tenemos aún suficientes bueyes para empujar con comodidad el carro hacia donde deseamos llevarlo.

Y ahí aparecen Carrizosa y Arrimadas, con la intención de recortar las alas del gobierno a cambio de apoyar unos presupuestos generales del Estado “de consenso”. El “consenso” sería frenar, porque se ha ido ya demasiado lejos. Un consenso al que se han apuntado ya Pepe Bono y Felipe González, que cantinflean por el escenario, aupados por los medios y alabados por Vox.

El consenso que se propone incluiría a Vox, porque hay gente de peso que opina que algunas de las cosas que dice no van tan descaminadas, y excluiría en cambio a UP, que reúne todos esos males que Ramón de España atribuye a nuestra izquierda realmente existente, justo en el momento en que ha dejado de ser una izquierda inerte, cerrada y dogmática, y es ya una izquierda eficiente, plural, activa, empeñada en cambiar de raíz determinadas estructuras sociales, laborales y económicas.

Me cago en Arrimadas y en Carrizosa, me cago en Felipe González y en Pepe Bono, me cago en el rey actual y en el emérito, en la Judicatura y en el TS. Pero los quiero a todos ahí, en fila, donde pueda verlos.


domingo, 2 de agosto de 2020

UNA POSIBLE HIJA DE HOMERO


Hace un año justo, escribí un post dedicado a Penélope, la primera heroína femenina de la literatura (1). Estuve buscando entonces por todas partes, y no lo encontré, mi ejemplar de La hija de Homero, una novela de Robert Graves publicada originariamente en 1955, que solo por aproximación podría llamarse histórica. Graves parte de una hipótesis apuntada por Samuel Butler en 1896, según la cual la Odisea tal como la conocemos sería una reelaboración o remake del mito original. La audaz reivindicadora del universo femenino antiguo que la habría escrito sería una princesa siciliana, que conocía a la perfección su isla pero no había visto jamás Ítaca, Zacinto, Same y el resto de las islas jonias que fueron la patria de Odiseo; por lo que cometió algunos errores geográficos.

El motivo que habría tenido esa “hija de Homero” al recopilar los cantos antiguos y darles un sentido nuevo habría sido sacar a Penélope de la compañía de las grandes adúlteras de la guerra troyana ─Helena y Clitemnestra en cabeza─ y convertirla en un modelo de lo contrario: la lealtad, la constancia, la firmeza de ánimo, virtudes femeninas ejemplares pero poco valoradas, así en el mundo antiguo como, por desgracia, en el contemporáneo.

Pues bien, ayer, revolviendo en busca de un volumen distinto, encontré el libro desaparecido, “del estante en un ángulo oscuro”: Edhasa 1980 (hay ediciones anteriores), traducción de Floreal Mazia.

Y me he puesto a releerlo. Se supone que quien escribe es la princesa Nausícaa (el nombre significa “quema de barcos”), descendiente del héroe Egesto, que luchó en Troya junto a Príamo, escapó de la matanza junto a Eneas, y fundó en la punta occidental de Sicilia, frente a las islas Égadas, la ciudad de Erix (actual Erice, junto a Trápani).

Nausícaa, y aquí el libro se aleja de la estricta hipótesis histórica para entrar directamente en la ficción, reconvierte a la zascandil de Penélope (según los mitos primitivos, se acostaba con todos los pretendientes para acabar con las dudas de si le interesaba más este o el otro) a partir de su vivencia propia, de modo que se propone a sí misma como modelo de mujer, además de duplicarse en la Nausícaa del poema, un personaje secundario en las aventuras de Odiseo, pero que ayuda positivamente al héroe.

Graves sitúa la existencia de esa rapsoda ─“hija de Homero”─ hacia el 700 a.C., mucho después del relato de la Ilíada. La narradora define a los dorios como bárbaros y ensalza la civilización refinada del entorno mediterráneo, desde Cnossos hasta la propia Sicilia, Mauritania o Tartessos, en Iberia. Es una civilización donde el elemento femenino importa, donde la diosa-madre Rea no ha sido sustituida enteramente por Zeus, donde el orden social se construye en torno a los telares de los gineceos, y no en las salas de banquete en las que fanfarronean los héroes voraces, sacrificadores de bueyes, cerdos y cabritos sin número, y bebedores de litros y más litros de vino rojo hasta perder todo sentido de la decencia y de los contornos de la realidad.

La hipótesis de Butler es seductora, y la novela de Graves es espléndida. En cualquier caso, me apunto a la idea de que las dos grandes epopeyas de Homero no son correlativas entre sí respecto de una misma realidad, sino que dibujan dos mundos muy distintos: brutal sin más el de la Ilíada, sujeto al capricho de los dioses; y abierto a la libertad de elegir y al progreso humano, el de la Odisea.



sábado, 1 de agosto de 2020

ESTAR SIN ESTAR EN ELLOS



Teresa de Ávila, la santa que vivía sin vivir en ella, por José de Ribera. Museo del Prado.


Leído esta mañana en titulares de La Vanguardia: «El Govern confía en que la Moncloa no use la ausencia de Torra para perjudicarlo.»

La proposición es una joya semántica: por lo que dice, y por cómo lo dice. El sujeto de la frase principal es “el Govern” (genuino representante de la legitimidad existente, se supone); y en cambio, el de la frase subordinada es “la Moncloa”, circunstancia que acompaña aleatoriamente al Gobierno de España, esa entelequia claudicante. Se expresa, por lo demás, la esperanza de que un hecho tan nimio como la ausencia de Torra en una reunión no sea “usado” por la Moncloa para “perjudicar” al Govern.

De forma parecida a como Teresa de Ávila vivía sin vivir en ella, hay una manera cómoda de estar en los sitios decisivos sin estar en ellos: consiste en denunciar de antemano con severidad las represalias eventuales que podría tomar la contraparte, represalias que ni se han producido ni se han anunciado siquiera.

Dicho de un modo más claro y comprensible: yo te atizo un golpe por debajo del cinturón, y corro enseguida al árbitro de la opinión pública a quejarme de que tú estás intentando sacarme del ring de un guantazo.

Con esta triquiñuela, el “Govern” perezoso intenta conseguir su cuota de fondos europeos, íntegra y no enturbiada por compromisos enojosos hacia la Moncloa opresora y sus adláteres. Pero los fondos europeos no son en ningún caso una tómbola (lo dice hoy Enric Juliana, también en La Vanguardia): están sujetos a compromisos concretos, a interacciones, a planificaciones a medio y largo plazo y a realizaciones que hoy por hoy quedan fuera del horizonte de un Govern presa del “qué hay de lo mío”, donde “lo mío” es para el caso una independencia nebulosa que colocaría a Cataluña fuera del ámbito de los deberes de todo tipo hacia el Estado opresor, pero, por lo que parece, dentro del círculo de los derechos frente al mismo Estado, o gobierno, o “Moncloa”.

Y en concreto, dentro del derecho a la recepción puntillosamente exigida de la parte más que alícuota de los fondos presentes, y de cualquier otra parte más que alícuota correspondiente a nuevas tómbolas anunciadas para más adelante.

La Generalitat sigue sin tener un plan, ni sobre la sanidad pública, ya que el sector sigue en la privatización estranguladora en que lo dejó el conseller Boi Ruiz, ni sobre la reconstrucción de la economía sobre bases diferentes de aquella “pista de aterrizaje de las multinacionales” que teorizó el patriarca Pujol Soley.

No es que el resto de las autonomías esté mucho mejor. Las noticias que llegan del Madrid de Ayuso y la Andalucía de Moreno son inequívocas: ambos gobiernos autonómicos tienen el chiringuito montado de determinada manera, y no les apetece introducir novedades peligrosas: la igualdad frente al privilegio, dónde se ha visto, esto parecería Venezuela.

Tampoco la patronal está a gusto. Se sentía cómoda con las reformas laborales, y ley a ley, decreto a decreto, la pérfida “Moncloa” les está quitando el suelo de debajo de los pies. Ponen el grito en el cielo, y si no se insubordinan abiertamente (recuerden la amenaza de la patronal agraria: no vamos a ser pacíficos), es por un motivo contundente.

Ese motivo, el argumento último de que dispone el Gobierno de Sánchez para aunar voluntades reticentes, es un fondo europeo de ciento cuarenta mil millones de euros. Se dice pronto. La cantidad da para tragar muchos sapos. El presidente ha asumido el mando de las operaciones y anuncia “cogobernanza”.

Cogobernanza implica colaboración. Íñigo Urkullu ha rectificado su posición inicial con un ágil juego de piernas, y se ha presentado a última hora donde no quería ir, negociando de paso un pequeño caramelo aparte a cambio del efecto moral de su presencia en la Cogolla.

No me hace ninguna gracia, personalmente, el jueguecito de Urkullu, pero hay que reconocerle agilidad de reflejos. El tándem Torra-Arragonés sigue a estas alturas revolcándose en su inepcia y soñando con cuánto mejor lo habrían hecho ellos, y cómo se habrían arremangado para la faena, de estar solos en el mismo fregado en el que ahora se hacen la ilusión de que está metida de pleno “Moncloa”, mientras ellos mismos están sin estar en ellos.