martes, 15 de diciembre de 2020

NEOFEUDALISMO

 


La base del sistema feudal (fuente, arteguias.com)

 

Ha dicho Teodoro García Egea, secretario general del Partido Popular, que Pablo Iglesias tendría que nacer siete veces para conseguir hacer parte de lo que el ex rey Juan Carlos ha hecho por la democracia.

Dejemos a un lado la hipérbole. Es imposible que ni Iglesias ni, para el caso, cualquier otra persona, nazca siete veces. Y de todos modos, alguien podría nacer todo eso y sin embargo no hacer nada en sus siete vidas por la democracia.

Vayamos a la sustancia, y la sustancia nos dice que el prohombre de Cieza, hablando en nombre de su partido y en presencia de su presidente Pablo Casado que lo miraba alborozado, ha despachado al líder de Podemos de un bajonazo en lo que en tiempos fue conocido como el “rincón de Ordóñez”, y ha dado una coba gratuita e inmerecida al Demérito.

En esa actitud obsequiosa y exageradamente servil de la cúpula del Partido Popular, pero también en la resistencia del Partido Socialista a pedir responsabilidades políticas a quien es en último término un engranaje político funcional a nuestro ordenamiento constitucional, y no la emanación o el reflejo de instancias transmundanas superiores, se advierte otra manifestación de algo que el sindicalista y político italiano Gaetano Sateriale ha definido hace pocos días como “neofeudalismo” en la práctica política.

El feudalismo fue una solución política de urgencia ante la quiebra del imperio de la ley impuesto por Roma a toda la ecúmene conocida. El Derecho romano afectaba a los ciudadanos del imperio, que desde el edicto de Caracalla fueron todos los habitantes de los territorios incluidos. Fuera quedaban únicamente los bárbaros, un contingente residual refractario a la civilización. (Los vascos siempre han presumido de no haber sido civilizados jamás por Roma, pero recientes hallazgos de una joven arqueóloga han colocado esa afirmación bajo sospecha, según leo en los periódicos. Después queda el asunto de la irreductible aldea gala de Astérix, pero se trata tan solo de una historieta.)

Cuando la barbarie del Norte asaltó por la brava el paradigma civilizatorio, lo que quebró en primer lugar fue la superestructura poderosa aunque invisible de la lex romana. La anomia se extendió, los despoblados pasaron a ser peligrosos y las ciudades se recogieron en sí mismas. En ninguna parte había garantía de seguridad para las personas y para los trabajos. La economía decayó, y el campanario pasó a ser la unidad de medida de todas las cosas.

El constructo del feudalismo puso un (mal) remedio a la situación partir del florecimiento de los vínculos personales. Los familiares de los generales exitosos se hacían cargo de la dirección de las provincias conquistadas y acudían en auxilio del jefe cuando este les necesitaba. (La mafia había de repetir en un contexto diferente la misma pauta de fidelidad personal y apoyo mutuo.) Cada alianza, cada cruzada propuesta por un rey teóricamente señalado por Dios para ocupar el trono, habían de ser negociadas minuciosamente en lo concreto con sus barones. Y los barones recibían mercedes del soberano teórico en proporción al número de vasallos (jinetes y ballesteros) que aportaban a las guerras peleadas por su referente.

En todo aquel asunto no entraba para nada la democracia. La democracia había existido antes, de una forma aún rudimentaria y excluyente, y sería reinventada y perfeccionada después, al concluir una larga etapa intermedia en la que los nobles levantiscos fueron reducidos poco a poco por la maquinaria burocrática y el ejército regular de un poder central absoluto, omnímodo e indiscutido.

Pues bien, lo que expresa el dicharacho de Teodoro García Egea es el retorno mental y sentimental a aquella vetusta concepción de los siglos oscuros: la Corona está por encima de la ley, ha venido a decir, y cuenta con nosotros como sus más firmes valedores, que no dudaremos en silenciar (la omertà) cualquier posible desmán porque para eso nos unen a su persona lazos de mutuo reconocimiento y de gratitud.

Pero no se puede salvar la democracia sin garantizar en primerísimo lugar el imperio absoluto de la ley. Esa es la raíz de la democracia, del constitucionalismo. La forma del Estado (monarquía o república) es indiferente ante ese principio superior: quien manda aquí no es el rey o el presidente, quien manda es la ley.

 

lunes, 14 de diciembre de 2020

SMILEY NO HA MUERTO

 


Alec Guinness en un fotograma de la miniserie de BBC TV ‘Tinker, Tailor, Soldier, Spy’ (El topo), 1979.

 

Dice la prensa que ha fallecido David Cornwell a los 89 años. Es algo que puede sucedernos a todos un día, pero solo uno, como nos advertía Snoopy en una viñeta. John Le Carré, el nom de plume de Cornwell, sigue muy vivo al día siguiente, y George Smiley, su personaje más conseguido, vivirá siempre entre los inmortales.

He dedicado a Smiley algunos capitulillos de este blog, porque me parece un testigo de excepción de un mundo en el que las instituciones tienden a descarrilar y son las personas privadas las que deben cargar a fin de cuentas, sobre sus hombros desprotegidos, el peso de los asuntos públicos. Ese drama decisivo suele tener como escenario los cuartos traseros de los grandes edificios de las oficinas del Estado, habitaciones oscuras sin ventanales que den a las avenidas concurridas. O los pisos francos, con solo el mobiliario imprescindible y sin ningún detalle personal; o ciertos reservados anónimos de algunas cervecerías ubicadas en calles secundarias. Lugares lejanos en cualquier caso de las miradas del público curioso.

Smiley lucha contra las maniobras de Karla, el as del espionaje soviético; pero lucha sobre todo contra los intentos de obstrucción de los “suyos”, los figurones colocados en los puestos de mayor visibilidad mediática, atentos siempre a sostener una “verdad” oficial que funciona como cortina de humo con la que ocultar otra verdad subterránea, la de la gente. La “gente” de Smiley, en más de un sentido.

La vida sentimental de Smiley fracasa porque determinadas estructuras extraen beneficios pingües de la infidelidad de su mujer. Su amor es también su punto débil, para un mundo deshumanizado. También Karla es humano, una persona con una familia a la que desea proteger por encima de todo, y eso anuda entre los dos un compañerismo oscuro. Karla lleva siempre como amuleto el encendedor de Smiley, un encendedor con una inscripción.

Las novelas de Le Carré empiezan siempre muy lejos del núcleo central de la narración. Un personaje episódico, un acontecimiento fortuito, una coincidencia extraña, algo que a una persona común, la portera de un inmueble parisino por ejemplo, le parece fuera de lugar. A partir de ahí la narración empieza a tirar de hilos, a recoger cabos sueltos, a retroceder en el tiempo para resucitar asuntos a los que en su momento se dio carpetazo administrativo. El resultado es una intrahistoria íntima, el reverso nudoso del tapiz coloreado y brillante de la realidad oficial, aquella en la que nadie se equivoca nunca.

Gloria a George Smiley, el héroe auténtico, el viejo topo de nuestra era de espionaje industrial y disimulo organizado. Gloria a John Le Carré. Nunca fue ni siquiera candidato in pectore para el Nobel de Literatura, pero disfrutará eternamente de la atención y la admiración de nosotros los seres humanos anónimos.  

 

sábado, 12 de diciembre de 2020

ROMPER ESPAÑA PARA QUE NO LA ROMPAN OTROS

 


El poeta y yo, delante del casino de Baeza. Año 2014. Yo soy el de la izquierda. (Foto, Carmen Martorell)

 

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y de alma quieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y por ventura pasajero.

Antonio MACHADO, ‘El mañana efímero’

 

Isabel Díaz Ayuso lo ha dicho: “¡Claro que no somos todos iguales ante la ley!” Ayuso tiene en muy escasa cantidad el don divino de la corrección política, pero en cambio aporta una considerable bocanada de aire fresco a la España de cerrado y sacristía representada por esa derechita cobarde que declara amar la Constitución y al mismo tiempo la ignora, y siempre que declara una cosa en voz alta es para que se le entienda otra distinta de tapadillo.

Así pues, Ayuso dixit, no todos somos iguales ante la ley. La ley común no rige para las personas tocadas por el derecho divino, por ejemplo los monarcas, y tampoco es de aplicación para el caso de otras inmunidades y privilegios. Se trata de un axioma rompedor. Quiero decir que rompe abiertamente con el Estado de Derecho concebido a la manera clásica. El Estado de Derecho es una conquista democrática. Allá cuidados con la democracia, es preciso ahora mismo romper España, dice Ayuso, para que no la rompan quienes quieren romperla reclamando derechos iguales para todos. Dónde se ha visto, derechos iguales para todos. Aquí, desde luego, no.

En el mismo orden de ideas circulan esos militares que fusilarían a 26 millones de españoles para salvar a España. Gran idea, salvar a España de los españoles. Otros la tuvieron antes, pero se quedaron más o menos en el millón de muertos. Poca cosa en comparación con don Francisco Beca. Claro que lo suyo ha sido solo una charla informal entre amigos, no vayan a malinterpretarlo, él es gente cabal, de orden.

Queda el sustrato, sin embargo. El sustrato es la nostalgia del ordeno y mando, la añoranza de épocas en las que la ciudadanía no había de pensar por su cuenta sino limitarse a obedecer a la voz de mando. Aquel “vano ayer” al que se refirió el poeta Antonio Machado en uno de sus poemas más cargados de profecía. Estos son los versos, para quien quiera entenderlos: «El vano ayer engendrará un mañana / vacío y por ventura pasajero.»

Ánimo, ese mañana vacío que tiene en Ayuso su poeta, está pasando ya.

REFRIEGA POR MEIRÁS

 


Vista de las Torres de Meirás, construidas en estilo romántico a finales del siglo XIX. (Fuente, el Diario.es)

 

Conviene fijar la atención en Alberto Núñez Feijóo, un personaje que suele pasar inadvertido ─excepto en las contiendas electorales gallegas, terreno que domina como nadie─ sobre todo por la razón de que es hombre poco hablador y aficionado a situarse fuera de foco en las grandes maniobras de su partido, el PP, contra los eternos enemigos de España.

Algunos tienen por “moderado” a este virrey de Galiza, amigo de narcos. Sin embargo, en la reciente reunión con la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, y los alcaldes de A Coruña y Sada, para decidir sobre la futura titularidad y gestión del pazo de Meirás, Feijóo cantó un órdago a la grande: quiere el pazo para la Xunta, en exclusiva.

Sus argumentos son endebles desde el punto de vista de la lógica, pero henchidos de soberbia. Argumentó ante los representantes del gobierno, de la provincia y del municipio, que “Estado somos todos”. Pero no reclamó la titularidad de Meirás para todos, que era justamente la propuesta de Calvo, sino para la Xunta en exclusiva.

¿Por qué? Feijóo dice querer convertir el lugar en monumento imperecedero en recuerdo de la escritora Emilia Pardo Bazán, que hizo construir las Torres y fue su propietaria desde 1868 hasta su muerte en 1921. Es lícito, sin embargo, suponer que en su perspectiva particular entra asimismo honrar la memoria, no solo de doña Emilia, a la que hasta ahora no había prestado una gran atención, sino de otros gallegos ilustres que han señoreado el pazo durante décadas.

Feijóo ha defendido hasta el final los derechos de propiedad de los Franco sobre el lugar, incluso cuando la familia Franco lo puso a la venta, a pesar de tratarse de un Bien de Interés Cultural según declaración de la propia Xunta. Hace tan solo tres años, ordenó a su gente votar en contra de la restitución del pazo al Estado (que “somos todos”).

La discusión con Calvo fue tensa, y Feijóo dio pruebas de prepotencia y de grosería tanto hacia ella como hacia los alcaldes. En el planteamiento neofeudal que postulan el Partido Popular y sus monaguillos de Vox para España, el virrey de Galicia resulta tener más peso que el gobierno central, del cual siguen cuestionando ambas formaciones la legitimidad con un empeño próximo a la ceguera voluntaria. (“Por encima de la Constitución están los Evangelios”, ha dicho hace unos días Jair Bolsonaro, y la frase podría ser suscrita, si no lo ha sido ya, por el cardenal Cañizares y su grey de devotos.)

Para la posteridad quedan un par de perlas recogidas en el fragor de la batalla dialéctica. Feijóo estaba tan apasionadamente volcado en honrar el recuerdo de Emilia Pardo Bazán, que le costó reconocer que en el inmueble en cuestión había veraneado ocasionalmente “un general”, dijo textualmente (“ese general del que usted me habla”, habría apostillado don Mariano Rajoy, otro galaico universal). Cuando Carmen Calvo le replicó: “No un general, sino un caudillo”, Feijóo contraatacó: «Si el Gobierno quiere ahondar en la historia, mejor vayan al Palacio del Pardo, porque allí vivió Franco todo el rato.»

El lehendakari gallego ha anunciado que no piensa renunciar a su pretensión, y ha escrito a Pedro Sánchez reclamando para la Xunta la titularidad exclusiva del monumento que nunca había reclamado de la familia Franco. A su vez, los herederos del dictador tienen la intención de pleitear por la titularidad. Veremos cómo acaba este pintoresco fregado.

 

viernes, 11 de diciembre de 2020

EL ESLABÓN DÉBIL DEL PP

 


Día, 10 de diciembre de 2020. Hora, 17.05. Lugar, parque municipal de Egáleo. No nos disponíamos a atracar un banco, es que ha llegado el frío.

 

El problema para el Partido Popular no es el liderazgo errático de Pablo Casado, sino el eslabón ausente en la cadena de conseguimientos.

O sea, Casado serviría para el cargo si formase parte del gobierno. Aunque no fuera el presidente. Sí, el chico se inventó algunos títulos académicos, pero eso no es obstáculo, otros lo han hecho y no ha pasado nada. Peor currículo tiene Ayuso y miren lo bien que lo está haciendo. El rojerío inventa tropecientos memes al día con IDA de protagonista, ¿y qué? También lo hacía con Mariano y Cospedal, los memes dan popularidad a las personas, a todo el mundo le gusta reírse de un presidente del gobierno o de una ministra, y pensar que él/ella sin ir más lejos lo haría mejor.

El meme da vidilla al negocio de la política, y el negocio incrementa el PIB y permite a las grandes corporaciones repartir dividendos.

¿Quién era la persona importante del partido en la época dorada de Mariano? Luis Bárcenas, sin la menor duda. (“Luis, sé fuerte”. Ahí se veía la fuerza del PP).

Luego estaban todos los conseguidores adjuntos a líderes y lideresas, los Francisco Granados, Ignacio González, David Marjaliza. Muchos de ellos están ahora en la trena o pendientes de juicios que tal vez no puedan retrasarse tanto como para que los delitos prescriban. El sistema de inmunidades aún no está suficientemente perfeccionado y no puede abarcarlo todo. Da igual, los buenos conseguidores son asimismo excelentes chivos expiatorios. De alguna forma, son como los obreros bien avenidos: por uno que despides, se te ofrecen diez. Con ellos no hay problema de reposición.

Bárcenas en la clave de bóveda, los conseguidores expiatorios a su alrededor, los barones de los territorios autonómicos promoviendo sin parar gasto público-privado, Génova como gran oficina de transacciones negociales con comisiones jugosas para sostener el cotarro. Ese ha sido el esquema. Y funcionaba, ya lo creo. Las comisiones bajo mano, escúchenme bien que hablo en serio, también contribuyen al crecimiento del PIB. Y mucho. En el tema de la extracción de rentas, todo se aprovecha.

Las dos guindas del pavo así horneado eran el Jefe del Gobierno y el Demérito. Ambos tenían una función mayormente decorativa, pero también actuaban en otro plano como Conseguidores con mayúscula, inmunes, a escala internacional. Con ambas figuras tiene en la actualidad problemas el Partido Popular. No con Ayuso, que acaba de inaugurar un hospital enorme y costosísimo con nombre de enfermera que sin embargo tiene tan escasa utilidad práctica como algunos aeropuertos y tramos ferroviarios de Ave también promovidos por el PP y financiados por el erario. Ayuso podría dar un rendimiento bastante mayor incluso, y si no lo hace la culpa no es suya sino del covid, porque el palco del estadio Bernabeu está cerrado a cal y canto y la comunicación con Florentino Pérez y demás élite ha perdido fluidez (las comunicaciones electrónicas no son suficientemente seguras, hay pruebas a diario de sus peligros).

El Demérito anda lejos, y la Casa Real estima imprudente su regreso por navidad. Otro contratiempo. Pero lo peor con mucho es lo de la jefatura del gobierno. Casado lo haría bien, es un chico listo, con pedigrí de las Nuevas Generaciones, y dócil a las indicaciones del mando. Pero ha pinchado en hueso, en la Misión Rescate que se le había encomendado. La jefatura del gobierno se mantendrá durante cierto tiempo, salvo implosión o intervención milagrosa de la divina providencia, en manos bolivaristas.

Y Casado no tiene un sustituto fácil en esta tesitura. Feijoo no está por la labor, Ayuso es insustituible en el lugar donde está, y operaciones de alto riesgo como colocar a Felipe González o Rodrigo Rato al frente de una propuesta de Gran Coalición tropezarían con la imagen que uno y otro tienen acreditada después de sendas trayectorias demasiado prolongadas y demasiado visibles.

Casado seguirá siendo durante algún tiempo el eslabón más débil de la fuerza del PP.

 

Advertencia final.- Oigan, la fotografía de arriba no tiene nada que ver con el texto de este post. No vayamos ahora a joder la marrana.

 

jueves, 10 de diciembre de 2020

UN DESCUBRIMIENTO DEL MUNDO EN PARALELO

 


La mención fugaz a la escritora Pearl S. Buck en un blog de culto provocó ayer un chat improvisado en FB, en el que algunos lectores y lectoras de mi generación aproximada hablamos (con cierto pudor) de los autores que amueblaron en su momento nuestro descubrimiento paralelo del mundo.

Comprábamos o intercambiábamos libros “de bolsillo” que se nos deshojaban como flores: en particular los de Plaza Janés, de cubiertas con dibujos de comic para adultos y colorines chillones. Austral, de Espasa Calpe, encuadernaba mucho mejor. Novelas y Cuentos ni siquiera tenía tapas, era una especie de periódico en papel prensa y con impresión casi ilegible a dos columnas y letra diminuta. Había también libros precarios llegados de Argentina o de México (Losada, Sur, FCE) que contenían verdaderas maravillas imposibles de encontrar en la grisácea España de Franco.

Cuando hablo de descubrimiento paralelo quiero decir que nuestra norma de lectura, ociosa y carente de cualquier disciplina o programa, la veíamos como un más allá separado por severas líneas rojas de lo que aprendíamos en el bachillerato. El Quijote y el Buscón, Garcilaso y Bécquer, Pereda y Azorín, Menéndez Pelayo y el Padre Coloma, eran sencillamente “putrefactos”. A nadie le apetecía leer más de aquel tipo de material después de habernos estrujado las meninges resolviendo exámenes de comentario de textos.

Galdós era otra cosa, por supuesto. Nuestros maestros de Lengua ensotanados le hacían ascos a don Benito, y eso nos bastaba para buscar las claves del país tan raro donde habíamos venido a parar en sus Episodios Nacionales, en particular las dos primeras series, las de Araceli y Monsalud.

También fuimos adictos a la Nada de Laforet y al Jarama de Ferlosio, pero como aquello no bastaba para saciar nuestra hambre de información acerca de la vida real, recurríamos a los pocos bestsellers extranjeros de prestigio que se nos ofrecían, tales como los primeros libros de la señora S. Buck (gran sorpresa al buscarla ahora en Google: la “S” venía de su apellido de soltera, Sydenstricker, quién iba a imaginarlo), Stefan Zweig y sus Momentos estelares, Morris West y sus sandalias, ingleses cosmopolitas como Somerset Maugham, o franceses ídem como André Maurois.

Supongo que fue ese mismo afán de descubrimiento el que nos llevó en derechura al Poirot de Agatha Christie, al Padre Brown de G.K. Chesterton y, por extensión, a todo el género negrocriminal. Como señaló Umberto Eco, un nombre llegado mucho más tarde al jardín de nuestras lecturas, la pregunta esencial de la novela de detectives es la misma de la metafísica y de la teología: “¿Quién es el culpable del desorden del mundo?” No es de extrañar, por tanto, que en nuestro afán por descubrir las claves de esa tremenda incógnita, recurriéramos una y otra vez a la solución garantizada de algunos misterios menores, antes de atrevernos con Marx, Freud y otros grandes descubridores de los resortes ocultos que explican el mundo tal como se nos aparece.

 

miércoles, 9 de diciembre de 2020

NO MANOSEEN LAS LEYENDAS

 


José María Belausteguigoitia, alias Belauste, luciendo la camiseta del Athletic de Bilbao. Admiren el cachirulo, frecuente en los jugadores vascos de la época para rematar con comodidad de cabeza, debido a que el reglamento prohibía jugar con boina, que era lo propio y natural. Belauste habría reclamado el pelotón de su coequipier Sabino Bilbao, que lanzaba una falta, y lo habría colocado a base de “furia española” en las redes de la portería de la selección sueca, en un partido jugado en Amberes 1920.

 

Leo en Babelia un titular llamativo, «La verdad sobre la Armada Invencible». En letra más pequeña se predica sobre la escasa resonancia internacional de la “gran victoria de Felipe sobre Isabel”, consecutiva al revés de la Armada. Se refieren a la expedición de Drake contra A Coruña y Lisboa, nada nuevo. La plaza más bonita de A Coruña lleva el nombre de María Pita, que se distinguió en aquella ocasión. Probablemente su hazaña (atravesar con una pica a un alférez inglés) no ocurriera de la forma exacta como nos la han contado, pero hace siglos que estamos acostumbrados a no dejar que la verdad estricta nos estropee una buena historia.

Lo cual vale también para los ingleses, que difundieron la Leyenda Negra. Sobre la Leyenda Negra hay dos hechos incontrovertibles: primero, que es leyenda; segundo, que es negra. No le den más vueltas.

Cuentan los ingleses que el almirante Drake estaba jugando a los bolos cuando llegó la alarma de que habían avistado una armada formidable. Y dijo: “Acabemos primero la partida, que tiempo habrá de ocuparse de los españoles.”

Falso, evidentemente. Pero también aquello de “A mí, Sabino, que los arrollo”, que habría dicho Belauste en un encuentro internacional de football como se lo llamaba antes de que interviniera la Academia en el asunto, resulta discutible. Algunos historiadores (tal vez británicos) sostienen que lo que dijo Belauste fue “Corta el rollo, Sabino”, porque este entretenía demasiado el pelotón.

Mary Beard ha objetado con vehemencia el discurso de Isabel I en Tilbury, también en relación con la llegada inesperada de la Armada a las costas de Dover. En las Islas es aún dogma de fe que la reina se expresó del modo siguiente: «Sé que tengo el cuerpo de una débil mujer, pero tengo el corazón y el estómago de un rey, y además de un rey de Inglaterra.»

Tal discurso es altamente inverosímil, como señala con buen juicio la doctora Beard. Es más probable que Beth, que era de temperamento tempestuoso, dijera algo por este estilo: «Machirulos, si os pensáis que por ser mujer no tengo cojones para darle guerra al Felipe hasta cansarlo, os digo desde ya que vais más errados que un caballo percherón.» Pero los escribas sentados prefirieron registrar en las actas de la reunión un speech más convencional, y de paso abiertamente machista.

Más vale, señores periodistas y tertulianos, si no les importa, dejar descansar tranquilas en su lugar las leyendas, sin manosearlas demasiado. Cierto que no son del todo verdad de la buena, pero cumplen una función. En eso son como los libros de autoayuda, que también contienen un montón de mentiras sostenidas de buena fe por una causa loable.

 

martes, 8 de diciembre de 2020

¿HACIA UNA FORMACIÓN POLÍTICA 5.0?

 


Massimo D’Alema.

 

«Hay vida a la izquierda», ha asegurado Massimo D’Alema en la presentación de la publicación de un número de la revista Italianieuropei dedicado a la reconstrucción de un espacio de izquierda. Y ha preconizado la puesta en pie de «una nueva fuerza política con un proyecto de reforma del capitalismo que haga posible la reducción de las desigualdades y la tutela del medio ambiente.» No un partido “ligero”, precisó a continuación, «no una suma de comités electorales», porque «solo los partidos han sabido conectar a las élites con el pueblo.»

Se trata en cierto modo de una rectificación política por parte de D’Alema. La enésima. En 2017 protagonizó junto a Pier Luigi Bersani una escisión del PD de Matteo Renzi. En 2019 fue Renzi quien se escindió, después del fiasco de su referéndum constitucional. Pedro Flinstone, que ha colgado en FB la reseña del debate en il manifesto, apostilla: «¿D’Alema cabalga de nuevo? Demasiadas cuerdas para un violín que no desafine.» Quizá convenga recordar en este momento una frase ácida del gran Riccardo Terzi: «Las escisiones nos hacen a todos un poco más tontos.»

Nicola Zingaretti, actual secretario del PD, ha reaccionado con frialdad a la propuesta dalemiana: «No a las ingenierías organizativas.»

Supongamos sin embargo que, al margen de quien la presenta, la idea sirve. Un partido amplio, con una composición transversal (todos los partidos son transversales, tiene sentido hablar de un sindicato de clase porque su origen es estamental, pero los partidos agrupan a las personas en virtud de su ideología, son la urdimbre vertical que vertebra la trama horizontal de las clases en el tejido social). Con un proyecto reformista, de un reformismo “fuerte” del capitalismo tal como aparece. Con insistencia en los valores de la libertad, la igualdad, la solidaridad, el trabajo, la protección de las personas, la defensa de un estado del bienestar más adaptado a la deriva de las personas y de los territorios en los últimos años, la valorización de los bienes comunes (que no son ni estatales ni privados, y suponen una fuente de riqueza sostenible para las comunidades en la medida en que no sean engullidos por capitales privados y sometidos a la dura ley del beneficio). Y seguramente alguna cosa más, pero no muchas. Muchas prioridades son igual a ninguna.

En ese partido hipotético, deberían tener una gran importancia la circulación de ideas y de propuestas de abajo arriba (la circulación en sentido contrario no ha presentado nunca un problema), y la recepción adecuada de las mismas por parte de lo que D’Alema llama “élites”, pero quedan mejor definidas como “aparatos”. Élites pero no tanto, surgidas de abajo y con billete de ida y vuelta; aparatos no afectados por la tendencia recurrente a la inmovilidad, incluso a la parálisis. Nada de hiperliderazgos ni caudillismos populistas. Estas serían las premisas para una nueva formación de tipo 5.0, dicho sea con una expresión luminosa utilizada hace muy poco por José Luis López Bulla.

Me cito a mí mismo, en una elucubración que se remonta a 2014: «La izquierda necesita ser pensada, definida, proyectada, una y otra vez, porque se alimenta de una realidad cambiante; y la derecha no, porque el poder está ahí, igual a sí mismo, desde siempre.»

 

lunes, 7 de diciembre de 2020

NO ES LA CONSTITUCIÓN

 


No es la Constitución lo que defiende la derechona, sino las sucesivas reformas laborales, la ley mordaza, las exenciones y moratorias fiscales, la inmunidad como principio rector de las conductas públicas, el control férreo del poder judicial. ¿Es justo llamar “régimen del 78” a esa tela de araña de privilegios solapados y llamadas a la injusticia para reprimir toda veleidad de “desorden”, concebido éste como un orden distinto y menos favorable a los ricos?

Evidentemente, no.

Hay un constitucionalismo fake que aparece ahora de nuevas, entre fantasías de fusilamientos que servirían para conseguir lo que las urnas están negando. Algunos carcamales ─no solo jubilados y eméritos─ recién empiezan a considerar la democracia en peligro, después de cuarenta años de echar sapos y culebras contra la funesta partitocracia que se nos venía encima. Se llenan la boca con el mismo Estado de Derecho que están saboteando con su trabajo de zapa. Alertan del peligro de convertirnos en una segunda Venezuela, cuando no sabrían localizar correctamente a la primera en un mapamundi.

No se trata de una pulsión espontánea, no lo crean. Estamos hablando de gente encuadrada, que vive la disciplina y la jerarquía como cosas innatas en la naturaleza del hombre en tanto que “mitad monje y mitad soldado”. No están acostumbrados a pensar por su cuenta, y lo del “pensamiento único” que han leído en el último boletín de la cofradía, les parece algo temible sobre todo por lo incógnito. “Eso es malo, ¿verdad?”, se dicen unos a otros señalando con el índice extendido el renglón en el que aparece escrita negro sobre blanco la abominación.

Tenemos que volver del revés aquello que decía Adolfo Suárez en el 78, y llevar a la calle como normal lo que en nuestro ordenamiento jurídico es simplemente normal. Sacar brillo a todo ese articulado magnífico, hoy deslucido por su utilización como arma arrojadiza por capas de la sociedad que nunca habían defendido antes la Constitución porque preferían las viejas Leyes Fundamentales del Movimiento.

Cierto que el mecanismo constitucional va quedando anticuado en algunos aspectos, debido a las profundas mutaciones que se están dando en nuestra sociedad. Como una imagen vale más que mil palabras, basta para comprobarlo el cartel que tienen arriba, editado por CCOO para llamar al mundo del trabajo a votar “SÍ”, sin tener miedo a lo nuevo, a la Constitución que abría las puertas del país a la democracia sin adjetivos.

Se constata en el cartel en cuestión que la idea que teníamos del mundo del trabajo era inequívocamente ruda, feísta y viril. Sin duda hoy mismo el cartel que difundiría el sindicato sería muy distinto.

 

domingo, 6 de diciembre de 2020

VARIEDAD DE PENSAMIENTOS ÚNICOS

 


Imagen del match Kaspárov vs. Deep Blue, en 1997. La creatividad humana cedió ante el poder de cálculo de una supercomputadora creada por IBM. El acontecimiento representó, para muchos tertulianos, el “fin de la historia” tal como la habíamos imaginado.

 

Es llamativo que el último manifiesto de las clases pasivas militares y el último discurso de la lideresa Ayuso coincidan en denunciar que el actual gobierno de coalición intenta imponer el “pensamiento único”. Esta idea peregrina viene sin duda de un argumentario común, elaborado por think tanks muy conspicuos y utilizado en dosis masivas para denunciar que lo que pretende la coalición nefanda de los eternos resentidos es, a la vez, uniformizar España y romperla. Para prevenir esa catástrofe incierta, algunos exaltados están proponiendo el remedio infalible de eliminar físicamente a la parte discrepante, con el objetivo de salvar la unidad.

Es, de nuevo, la vieja tesis del “cirujano de hierro” que amputa las ramas para salvar el tronco. Nada nuevo bajo el sol. Pero volvamos al curioso manejo que se está haciendo de los pensamientos únicos.

No hace mucho, recuerden, el pensamiento único era la panacea. El mantra de moda era entonces el TINA (“There Is No Alternative”, no hay alternativa). Estábamos en el fin de la lucha de clases porque la clase obrera había dejado de existir y todos éramos clases medias, desde las limpiadoras de hotel hasta los banqueros y los duques. Además estábamos en el fin de la historia porque las democracias habían derrotado al totalitarismo soviético. También estábamos en el fin del pensamiento, porque los algoritmos pensaban y decidían por nosotros, e incluso el campeón mundial Garri Kaspárov había sido derrotado en un match por un ajedrecista cibernético.

Aquella Edad de Oro en la que floreció incontestable el único pensamiento único, desconfíen de las imitaciones, fue replicada en nuestros lares por el gobierno del Partido Popular liderado por Mariano Rajoy, primero con mayoría absoluta (como corresponde cuando el pensamiento es único, y las alternativas inexistentes), y luego, debido algunos de esos incidentes de importancia menor de los que usted me habla (escándalos financieros, tráfico de influencias, cajas B, discos duros atacados a martillazos, tarjetas black, fraudes monumentales, estafas gigantescas), mediante una mayoría relativa de gentes de orden, amparadas desde una oposición “blanda” por jarrones chinos reconocidos y algunos paragüeros made in Taiwan.

Ahora que por fin hemos pasado página, desde el hartazgo hacia una determinada política impuesta y como legítima defensa colectiva contra el crecimiento abrumador de las desigualdades sociales de todo tipo, la etapa anterior ha pasado a ser defendida, en el argumentario mecánico de una oposición multiforme pero monótona, como la expresión genuina de la libertad.

En cambio, según el mismo argumentario, resultan abominables las nuevas leyes igualadoras en lo relativo al trabajo y a la educación, que son tachadas, precisamente, de “pensamiento único”. Es decir, de aquello que se preconizaba, desde la perspectiva simétricamente contraria, cuando se estaba en el gobierno.

Así pues, lo que fue triaca pasa a ser veneno.

Por fuerza habrá que concluir que existe más de un pensamiento único, así de un color como del otro. Nos topamos así con un oxímoron, a no ser que tomemos los conceptos “pensamiento” y “único” en acepciones diferentes, alternativas e incluso contradictorias.

Pero esa dificultad semántica no arredra a los bravos escribidores de argumentarios de los think tanks, cómodamente instalados en sus poltronas y con el cubata siempre a mano para inspirarse en sus elucubraciones.

 

sábado, 5 de diciembre de 2020

"NUESTROS" HIJOS DE P...


Franklin Delano y Eleanor Roosevelt. El presidente promovió eficazmente la doctrina de la pertenencia particular de los HDP. (Fuente, Getty Images)

 

En 1939 el presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt invitó a una visita oficial a su homólogo nicaragüense Tacho (Anastasio) Somoza. No he podido confirmar el dato pero creo que fue su secretario de Estado quien se escandalizó: “¡Pero si ese hombre es un hijo de puta!” Y el presidente le reconvino con suavidad: “Ya lo sé, pero es ‘nuestro’ hijo de puta.”

La que podríamos llamar “doctrina Roosevelt” (DR en adelante) ha hecho fortuna. Dos ejemplos recientes, en nuestras latitudes: el primero, la asistencia del vicepresidente del Parlament, Josep Costa (JxCat), a una reunión telemática de ocho formaciones independentistas minoritarias con la idea de presentar una candidatura común a las próximas elecciones catalanas. Entre ellas estaba el Front Nacional de Catalunya (FNC), adscribible a la ultraderecha. ERC se ha escandalizado (“¡Pero si son unos…!”) En este caso Costa ha recogido velas y se ha refugiado en un malentendido en el que cayó de buena fe. Por debajo de sus excusas electoralistas, late la lógica de la DR (“sí, pero son nuestros…”)

La video reunión había sido convocada por la plataforma “Donec Perficiam” (Hasta Conseguirlo, en latín), constituida por dirigentes procedentes de la ANC. Mi pregunta es en qué espacio político se ubican en el momento presente la ANC, Donec Perficiam y JxCat. Puede que sean Antisistema, como la CUP. La CUP dijo en su momento que Artur Mas era “uno de los nuestros” (DR). ¿Ocupa la CUP algún lugar concreto en el terreno de la izquierda, o de la derecha, o definitivamente su reino no es de este mundo?

La diputada Macarena Olona, portavoz parlamentaria de Vox, ha dicho que su formación no tiene nada que ver con el chat de los militares jubilados, pero que, evidentemente, “son de los nuestros” (DR). Se le agradece la franqueza. Vox es un partido de ultraderecha pero al parecer no tanto, siempre hay matices, y jamás se plantearía el fusilamiento de 26 millones de personas, tal vez solamente cuarto y mitad de dicha cifra. La Fiscalía y el Tribunal Supremo deberían tener el dato en cuenta en sus apreciaciones.

El rey guarda silencio. Es más que evidente que no participa en esos enjuagues de cantina de oficiales en los que su nombre sale continuamente a relucir. Los ex altos mandos esperan mucho de él. Él mira a otro lado. Tal vez piense para sus adentros que todos ellos son unos HDP, pero “sus” HDP. Mientras no lo aclare, no podremos saberlo.

Tacho Somoza, su esposa Salvadorita Debayle y varios familiares que formaban parte del séquito presidencial nicaragüense fueron recibidos el 5 de mayo de 1939 en la estación de ferrocarril de Washington por el presidente Roosevelt, el vicepresidente, el gabinete presidencial y el presidente de la Corte Suprema de Justicia, todos ellos con sus respectivas esposas. En su honor se llevó a cabo un desfile militar que incluyó a 751 oficiales de policía, 400 miembros del cuerpo de bomberos, nueve bombarderos pesados Boeing-14 conocidos como «fortalezas volantes», 30 carros de combate y un regimiento de artillería (datos de Wikipedia).

Somoza llevaba a Estados Unidos un ambicioso programa de cooperación que incluía la ayuda yanqui para financiar diversas obras públicas (un canal interoceánico, una red de carreteras, un aeropuerto, el dragado de Puerto Corinto), y todos sus proyectos le fueron denegados de forma sistemática. Con todo, el beneficio propagandístico que extrajo de su viaje el asesino de Augusto César Sandino le ayudó a apuntalar en el poder de Nicaragua a su dinastía familiar.

  

viernes, 4 de diciembre de 2020

LOS SILENCIOS DE LA CORONA

 


Ayer el rey Felipe concluía su cuarentena, y eligió para reaparecer en público la ocasión de la XXXI reunión del Patronato de la Fundación Carolina. Un acto importante, sin duda. El rey presidió, y asistieron asimismo el presidente Sánchez, la vicepresidenta Calvo y algunas autoridades de mucho relieve. El acto en cuestión se celebró en El Pardo, vaya por dios, que nadie vea fantasmas en esta reaparición escenarial o escenográfica, el día mismo de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado.

Felipe VI habló en la clausura de la reunión, y estuvo impecable. Destacó «la singularidad de la Fundación Carolina, en virtud de su perfil institucional público-privado que vincula la innovación científica con la actividad empresarial, y apuesta por la juventud en el marco de un espacio eurolatinoamericano de conocimiento.» Asimismo, subrayó «el papel de la Fundación como centro de pensamiento, y su función como instrumento idóneo para la cooperación internacional y el intercambio abierto de ideas que hoy se requiere.»

No se refirió ─cierto que no tenía por qué hacerlo, no encajaba en el marco de la reunión─ ni a la feliz aprobación de los presupuestos del Estado por una mayoría holgada de fuerzas parlamentarias, ni al estridente ruido de sables generado por algunos ex altos mandos militares.

Aprovechando el paso del Pisuerga por Valladolid, y aplazando una vez más su tantas veces anunciado “viaje al centro”, Pablo Casado sí ha comentado a los medios, en tono distendido, la inquietud supuestamente presente en las salas de banderas, que obedece, en opinión del líder opositor, a una incompatibilidad radical entre “dos Españas” contrapuestas (simplificando mucho su pensamiento, la España de los eternos fusiladores y la de los fusilados eternos.)

He aquí una paradoja, si las hay: quienes se oponen a “romper España”, se proponen salvarla rompiéndola. Es decir, mediante el silenciamiento ─físico o legal, da lo mismo─ de porciones legítimamente integrantes del conjunto. La porción sobrante la ha calculado un militar jubilado en 26 millones de personas, sobre un total de 46,9 en 2019. Más de la mitad.

Casado juega con fuego, como viene haciéndolo desde que ocupa un cargo que le viene manifiestamente ancho, largo y alto. Felipe guarda silencio.

Felipe ha entendido mal sus deberes y sus prerrogativas. Su deber es la neutralidad exquisita entre las diversas opciones democráticas que se conforman en el seno de la ciudadanía. No lo es, en cambio, la neutralidad entre las opciones democráticas y las no democráticas presentes en el escenario. Su figura no puede amparar a Vox ni a Francisco Beca, por más que ellos se reclamen de su persona, y más precisamente por el hecho de que ellos están apelando directamente a su persona.

El deber constitucional de la Corona es la representación y la defensa del Estado de Derecho. Debe, en consecuencia, dar el capón sonoro que corresponde en esta situación a los paragolpistas de cantina de oficiales, al jefe oficial de la oposición y al jefe en funciones del poder judicial, que cada vez muestran una tendencia mayor a olvidar sus deberes estrictos en democracia, para campar a sus anchas por los verdes campos del edén. Si no lo hace y mantiene indefinidamente su silencio, llegaremos rápidamente a la conclusión de que la institución de la monarquía no nos sirve para nada.

 

jueves, 3 de diciembre de 2020

TODOS SOMOS FUSILABLES

 


Los fiscales, que para eso están, habrán de decidir si el ex general Beca incurrió en un delito de odio al explayarse en su grupo de whatsapp sobre la conveniencia de fusilar a 26 millones de españoles/as para tirar adelante sin estorbos un país como a él le gusta.

El odio está ahí, intacto y de alguna forma prístino e incontaminado como los fluidos naturales a los que se refería el general de aquella película de Stanley Kubrick que dio la orden de bombardear la Unión Soviética con cabezas atómicas.

En lo que se refiere al programa destructivo del ciudadano Beca, se pueden enumerar, sin embargo, dos circunstancias atenuantes y una dificultad logística grave. Las dos atenuantes son que el dolor de espalda “le estaba matando”, y que seguramente había consumido un exceso de carajillos bien cargados de anís Machaquito para afrontar las embestidas de ese maldito reuma bolivariano y antiespañol.

En cuanto a la dificultad logística, figúrense ustedes. Hacen falta 26 millones de balas en el supuesto improbable de que todas sean certeras, un número indeterminado de pelotones de fusilamiento trabajando sin parar durante meses, una cantidad de paredones evaluable en unos 800.000 tirando por lo bajo. Y luego, ¿qué hacer con veintiséis millones de cuerpos pasados por las armas alfombrando el paisaje? ¿Hornos crematorios, con lo que contaminan el medio ambiente? ¿26 millones de picos, palas y azadones para proceder a una exhumación forzosamente superficial? ¿26.000 kilómetros lineales de cunetas en las que ubicar los despojos?

Una novela nada complaciente de Marta Sanz, “pequeñas mujeres rojas”, cuenta la historia del arriba y el abajo de un pueblo donde algunos vivos han medrado a costa del fusilamiento sumario de bastantes personas, casi siempre por motivos estrictamente económicos. La fortuna de los delatores se asienta físicamente sobre el solar donde se exhumó a las víctimas.

Quizá sea algo así lo que pretende nuestro odiador/odioso ex general. Quizá todo se reduzca a que el pensamiento del formidable estampido que producirían 26 millones de balas, disparadas contra otras tantas personas minuciosamente aborrecidas por él, alivia su terrible reuma agudo.

El caso es que media España, entre la que me cuento, es fusilable sin más para el bravucón ex general. “Fusilamiento, se le supone”, constaría en nuestra hoja de servicios, como pasaba con el valor cuando hicimos la mili.

Siempre será preferible alinearse con los objetivamente fusilables que con la otra media España, la que está libre de pecado.

 

miércoles, 2 de diciembre de 2020

TIEMPOS MUERTOS

 


Comentaba ayer José Luis López Bulla, en el curso de uno de sus provechosos viajes en ambulancia desde Pineda de Marx a Can Ruti y regreso, lo oportuno de la “ley del tiempo” en la que están trabajando Joaquín Pérez Rey y el equipo de la ministra Yolanda Díaz (1).

Para ser rigurosos, no sería exactamente una ley del tiempo, que ya tiene una muy severa, enunciada por Jorge Cafrune del modo siguiente en su ‘Zamba de la esperanza’: «El tiempo, que va pasando, como la vida no vuelve más…»

Por lo demás, como señalaba el propio José Luis en el pequeño chat que se improvisó en su muro de facebook, hay ‘tiempos’ imposibles de medir bajo los mismos parámetros: el tiempo de las cerezas y el de Maricastaña, en el ejemplo puesto por él mismo, no tienen la misma sustancia y no pueden ser nunca ni contemporáneos ni sucesivos, ni compatibles ni incompatibles.

Entonces, lo que pretende el equipo del Ministerio, en palabras de Pérez Rey, es, más sencillamente, «una ´ley de usos del tiempo´ en la que el tiempo de trabajo deje de ser el único y que empiece a estar condicionado por los ritmos de  vida.»

 Ahí le duele. A los efectos del trabajo remunerado, los ritmos de vida son “tiempo muerto”. Ya saben a lo que me refiero. En un partido de baloncesto, hay “tiempos muertos” reglamentarios, y cuando el árbitro los concede a petición de los coachs de los respectivos equipos, el cronómetro se detiene. La vida y el tiempo corren igual y jamás vuelven sobre sí mismos, pero ese lapso “al margen” no cuenta para el cómputo del juego.

En la fábrica ocurría lo mismo. Uno podía solicitar un tiempo muerto para sus asuntos particulares, y ese tiempo vital, que seguía transcurriendo para el trabajador, dejaba de contar como tiempo debido de fábrica. En unos casos el tiempo “muerto” había de ser recuperado; en otros, no, por estar catalogado el motivo debidamente justificado como derecho individual del trabajador.

El derribo sistemático de los muros de la fábrica en los procesos productivos actuales, las nuevas formas de contratación o de “colaboración” de falsos autónomos y falsos emprendedores, y las formas de prestación laboral con el soporte de las nuevas tecnologías informáticas, tienden a una invasión del tiempo de vida por parte de las obligaciones laborales. Es el “7 x 24” que denunció Luciano Gallino (2): la nueva servidumbre, la obligación del mandado de estar en todo momento y siempre a disposición del mandante. Ese problema, que afecta gravemente al núcleo último y esencial del carácter y de la personalidad, tiende a “normalizarse” por la extensión que están adquiriendo el teletrabajo y el trabajo en plataformas; y por esa razón es necesario regularlo de una forma clara y tajante. Lo primero es antes, y si se pierde esa batalla, será imposible ganar ninguna otra.

Un tema fundamental y un tema nuevo, nunca examinado antes, y que en consecuencia no se puede arreglar con la simple derogación de las últimas reformas laborales.

 

(1) Ver http://lopezbulla.blogspot.com/2020/12/meditaciones-desde-mi-ambulancia-16.html

(2) Ver https://pasosalaizquierda.com/la-sociedad-7x24/

 

martes, 1 de diciembre de 2020

AHÍ VIENE LA PLAGA

 


Moisés y Aarón en el desierto, delante del tabernáculo del Arca de la Alianza, según horrenda pintura de Leopold Layer. (Fuente: mitos y más)

 

Cataluña es la ciudad alegre y confiada, la Pompeya que banquetea en la línea recta que va desde el inofensivo cráter del Vesubio hasta la orilla del Mare Nostrum. Es inverosímil que en el Edén que habitamos nos veamos afectados por plagas bíblicas, nos decimos, porque aquellos tiempos se fueron para siempre y nosotros somos, considerados en conjunto y visto todo en perspectiva, gente afortunada. Sí, es cierto que estamos padeciendo un simulacro de plaga con el covid, pero desde una sensatez conspiranoica que se aviene mucho con nuestro carácter, tendemos a verla como un invento del doctor Simón y el ministro Illa para restringir nuestra libertad última de viajar los “findes” (palabra de ley según reciente disposición de la RAE) a nuestra segunda o tercera residencia en la Cerdaña, lugar próximo a la Andorra donde guardamos nuestros ahorros en la banca opaca de nuestra predilección.

Conviene, sin embargo, examinar con detenimiento los datos que tenemos a nuestro alcance sobre las plagas bíblicas. Los manuscritos antiguos dicen que fueron siete y las mandó Jehová para liberar a su Pueblo Elegido, dado que Faraón insistía en utilizarlo en la industria de la construcción de pirámides como mano de obra barata.

La analogía es fácil: Jehová sería Jordi Pujol, Faraón el gobierno de Madrit, y el Pueblo Elegido el de los buenos catalanes agrupados en ANC y Omnium.

Hasta el momento, entonces, habríamos sufrido tres plagas: Mas, Puigdemont y Torra. Faltan cuatro aún para que se ablande el corazón pétreo de Faraón. A propósito, convendría ir pintando con sangre de cordero pascual el dintel de nuestras viviendas, de modo los fieles a Jehová Pujol seamos reconocidos por el Ángel que pasará de noche e invisible. No vayamos a pifiarla por un descuido u omisión involuntaria.

Laura Borràs podría muy bien ser la cuarta plaga. Ha arrasado en las casi desiertas primarias de la formación Esmicolats x Cat, y aspira a okupar su banda de la plaça Sant Jaume, que contiene el tabernáculo donde se guarda el Arca de la Aliança (rota por el momento). Ya sé que las encuestas dan pocas opciones a Laura, pero las encuestas solo son encuestas, y la chica, reconocerlo es de justicia, tiene una pinta de plaga que no se lame.

Quien avisa no es traidor. Ahí viene la plaga, y será la cuarta. Luego, todavía nos quedará pasar por tres más. Finalmente, tendrá que funcionar otra vez el viejo truco del mar Rojo para detener a los carros de Faraón, y nos quedará todavía por delante la perspectiva de una larga travesía del desierto.

Son los pequeños inconvenientes históricos que presenta nuestra indudable condición de Pueblo Elegido.

 

lunes, 30 de noviembre de 2020

BEAU GESTE

 


Paula Dapena, sentada y de espaldas, durante el minuto de silencio en homenaje a Maradona. (Fuente, El Periódico)

 

No, no me refiero a aquella película en la que Gary Cooper se alistaba en la Legión por amor a su seductora tía, después de robar para encubrirla el diamante falso guardado en la caja fuerte de la mansión familiar, al saber que ella había vendido el auténtico para pagar sus deudas.

El análisis de la situación mencionada daría para muchos folios, pero lo que ahora me ocupa es el bello gesto de Paula Dapena, jugadora del Viajes Interrias FF que, en el minuto de silencio por la muerte de Diego Armando Maradona previo a un partido, se sentó en el suelo de espaldas a sus compañeras, para protestar contra los homenajes a un “violador, putero, pedófilo y maltratador”, cito literalmente sus calificativos.

No es fácil lo que hizo Paula. A mi nieta Carmelina se lo ha explicado su maestra en una clase on-line, al diferenciar entre el “ejemplo a seguir” (omito los términos griegos, la lengua griega es muy precisa y al mismo tiempo muy plástica) y el “ídolo al que admirar”. Desde un tiempo tan antiguo como el de la Biblia, sabemos que los ídolos tienen los pies de barro, y uno no debe ─literalmente, no debe─ imitar su conducta. Los ídolos cuestionan límites, no proponen ejemplos.

Mi amiga Isabel me escribió a propósito de estas cosas que ella debe de ser medio india, porque sintió pena por la muerte de un alce blanco y no la sintió por un futbolista genial. Estoy enteramente de acuerdo con Isabel en esta cuestión; con Isabel y con Paula, que también es sin duda medio india. Amo a Maradona y al mismo tiempo lo aborrezco. Me costaría expresarlo con palabras mías, pero por fortuna dispongo de las de Ausiàs March, en el “pus bell catalanesc” que se ha escrito nunca: «Jo sent hair aquell del qual tinc festa, / E plau-me ço de que vinch tost en ira.» (“Odio lo que tanto alabo, y me complazco en lo que luego me enfurece.”)