miércoles, 14 de julio de 2021

PROMOVER LA NATALIDAD



Dos imágenes de la reunión de la comisión paritaria ─perdón, paritoria─ creada por @IdiazAyuso con el fin de expresar el compromiso trnsversal e innovador de la Región con las políticas favorecedoras de la natalidad madrileña. (Fuente, The Huffington Post)

 

La derecha española rechaza la subida del salario mínimo, pero en cambio desea fomentar la natalidad. Isabel Díaz Ayuso está tan preocupada por el asunto que ha creado una “comisión para el diseño de la Estrategia regional a favor de la natalidad”. Lo pongo entre comillas porque de otro modo ustedes no se lo creerían, y supondrían que otra vez estoy de coña con asuntos tan serios.

En la comisión sobreabundan los varones, se supone que todos ellos muy dispuestos a sacrificarse para que crezca la natalidad.

Las mujeres están menos por la labor, sin embargo. Es un inconveniente menor, en ningún caso grave. A una voz de mando sonora y contundente, es seguro que las mujeres madrileñas, modelo de las virtudes de la raza, abarrotarán los paritorios. Todo dependerá que entiendan de forma adecuada la Estrategia (con mayúscula) regional diseñada por la comisión ad hoc.

El consejero de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid, don Enrique López López, ha explicado de forma escueta pero suficiente el intríngulis de la creación de la flamante comisión, en el siguiente tuit, que reproduzco tal cual, en la suposición de que la Oficina del Español liderada en solitario por Toni Cantó habrá dado el correspondiente visto bueno al redactado:

«Un compromiso del Gobierno de @IdiazAyuso, con medidas transversales y innovadoras, que nace con el objetivo de implantar políticas que faciliten la vida familiar a los madrileños.»

El texto es modélico en más de un sentido: breve, pero confuso. Las medidas transversales “y” innovadoras parecen referidas al compromiso, porque han sido colocadas decididamente antes que las políticas facilitadoras de la vida familiar de los madrileños (¿de las madrileñas también?, la pregunta no sobra, dado que, según estudios científicos solventes, van a ser ellas las que pongan a contribución la parte más trabajosa del objetivo anhelado).

Según algunas fuentes, las medidas favorecedoras del natalicio se limitarían a un cheque-bebé no muy sustancioso. Se gastará más en dietas para las reuniones de la comisión que en ayudas públicas a los/las madrileños/as para que forniquen dentro de un orden católico-romano o se enreden en el peligroso manejo de probetas, previamente asperjadas con el hisopo por el obispo de la archidiócesis porque es sabido que las probetas siempre las carga el diablo.

Para otras objeciones a la medida, no tan sustanciales, lean ustedes los comentarios de las ministras Irene Montero e Ione Belarra. Luego me cuentan.

  

martes, 13 de julio de 2021

DOS CAMBIOS DE DIRECCIÓN: 1962-2022

 


Bo BARTLETT, “El final de una era”. Por lo común, nada anuncia el final de una era o de un ciclo; solo advertimos los cambios al recordarlos de forma retrospectiva.

 

Ayer asistí en el Espai Assemblea de CCOO de Barcelona a una charla entre Enric Juliana e Isidor Boix, presentados por Paola Lo Cascio, bajo ese título y con la siguiente coletilla: “La Historia no se repite, pero rima.”

Lo que se dijo ayer me interesó mucho, pero no agotó ni mucho menos el tema. El tema es apasionante: “dos cambios”, por más que se aclare que son solo (¿son solo?) cambios de “dirección”. Una Historia que rima. Es decir, cadencias, homologías, continuidades y discontinuidades…

Frente a 2022, que está ahí a la vuelta de la esquina, nos encontramos en un cambio de dirección prácticamente obligado por las circunstancias del entorno. Hay cambio climático, cada vez más bestia. Hay agotamiento de los recursos no renovables del planeta, después de siglos de abusos continuados. Hay una necesidad de replanteamiento del modelo de crecimiento económico, que han venido utilizando tanto los neoliberales como quienes en principio no lo son, por pura rutina, sin pensar demasiado en ello.

No es cuestión, sin embargo, de crecer más deprisa o más despacio, sino de crecer de forma distinta; y sobre todo para gente distinta. Crecer ─crecer más, o crecer menos─ para los de siempre, no tiene ninguna gracia, todo se reduciría a más de lo mismo.

Bien, estamos en un cruce de caminos e importa cuál es el que tomamos. En 1962 el régimen de Franco pudo contar de pronto con una cantidad respetable de ayuda externa para salir del marasmo de la autarquía. Éramos en cierto modo lo que ahora es Albania en Europa, un cero a la izquierda, y solo contábamos para algo con don Foster Dulles más el apoyo muy matizado de algunos intelectuales (Hemingway, Montherlant) que buscaban el exotismo de una autenticidad más primitiva en la fiesta de los toros. Curiosamente, el mismo recurso que enarbolan ahora algunas opciones convencidas de que cuanto más diferentes seamos del guiri, más aceptados seremos por él.

Las costuras de la Dictadura empezaron a estallar en 1962, cuando, finiquitada la autarquía, se completó la estabilización. Dos años después se lanzó el primer plan de desarrollo, comisariado por don Laureano. Las jerarquías (los generales, los obispos, los ministros de uniforme) se atrevieron con la jugada porque se consideraron capaces de controlar los efectos indeseados. Se hablaba entonces (¿recuerdan a don Gonzalo Fernández de la Mora?) del “crepúsculo de las ideologías”, en cuya penumbra tecnocrática no importaba gran cosa que tu gato fuera blanco o negro, con tal de que te cazara los ratones.

Los planes de desarrollo lanzados con la ayuda de grandes volúmenes de capital foráneo crearon nuevas condiciones en el interior del país: cientos y cientos de miles de nuevos puestos de trabajo, una migración interna masiva, la fe de vida de una nueva clase trabajadora, en la industria sobre todo, también en el comercio y los servicios. Una clase nueva de trinca, joven (escandalosamente joven) y decidida a afirmarse en el nuevo contexto, y recibir lo justo por aquello que daba.

Era una clase trabajadora que tenía además esa característica que señaló Bruno Trentin de los protagonistas del otoño caliente italiano: personas que nunca habían sido derrotadas antes, en cuyos cálculos no entraban la derrota ni la retirada.

En el 62 se hicieron visibles todavía solo unos pocos indicios de lo que venía. Como todos los virus, el nuevo trabajo organizado fue creciendo internamente de forma casi inadvertida, hasta llegar a su madurez y a su eclosión repentina. Pensemos en la situación doce años más tarde, en 1974, y advertiremos la diferencia. Por ejemplo, si comparamos la estadística de horas perdidas por huelga en los dos años. Todo había empezado como un movimiento circunscrito a unas pocas concentraciones de trabajadores casi exclusivamente varones, en la minería y en la industria, en empresas grandes, a través de una forma nueva de gestionar los conflictos mediante comisiones internas de representantes elegidos directamente por la plantilla. Doce años después las Comisiones habían conquistado el entorno social, el territorio, se manifestaban en la calle, recurrían a los locales de las parroquias, de las asociaciones de vecinos, de los sindicatos verticales, y aglutinaban un consenso social altísimo.

Y aparecieron las mujeres como un colectivo aguerrido con características propias, en algún momento próximo al año 69. La tasa de actividad femenina creció en flecha, la vanguardia se pobló de chicas muy, muy jóvenes, recién llegadas de lugares perdidos en la geografía donde las expectativas estaban muy limitadas. Esas chicas entraban a la fábrica para conquistarla, para crearse un futuro personal y familiar y social más libre y con mayor horizonte, a partir del fruto de su trabajo.

¿Dónde estaban los partidos políticos, el Partido por antonomasia si se prefiere, en ese proceso? El Partido estuvo ahí desde el principio, ayudó desde sus propias estructuras, orientó, atendió como pudo a los problemas de seguridad de los nuevos liderazgos demasiado audaces y demasiado inexpertos, dirigió todo lo que le fue posible dirigir, proporcionó materiales para el estudio (“aquí habíamos venido a estudiar…”)

Y sufrió él mismo el cataclismo de los nuevos tiempos. Las Comisiones Obreras ya no eran iguales en 1974 a como fueron en 1962; pero el cambio fue mucho mayor todavía en las estructuras de los partidos políticos, y en las del Partido Príncipe moderno en particular. Toda una categoría de cuadros nuevos, obreros, profesionales, estudiantes, intelectuales, mujeres conscientes de su condición femenina, empezaron a chicolear en los comités centrales para asombro de los veteranos, convencidos todavía de que el sindicato había de ser tan solo una correa de transmisión fiable, y mucho más acostumbrados a las restricciones de la clandestinidad que al nuevo contexto de calle, de aire libre, de creación de espacios de libertad aún limitados pero cada vez más extensos.

Se puede sacar muchas conclusiones de la comparación entre esas dos encrucijadas separadas por sesenta años de historia cotidiana y contradictoria. Yo aquí lo dejo, de momento. La conclusión importante me parece de cajón: cuando la situación de fondo cambia abruptamente, cuando los elementos nuevos desbordan el marco cauteloso que antes se había tomado como terreno de juego inamovible, es un pecado seguir pensando igual, seguir haciendo las mismas cosas.

 

lunes, 12 de julio de 2021

POSFÚTBOL

 


Un penalti fallado por Inglaterra, anoche en el estadio de Wembley (fuente, El Mundo Deportivo)

 

Hoy la cosa va de fútbol, me parece honesto advertirlo a los lectores alérgicos al llamado deporte-rey. También me parece honesto avisar de que en este blog no se va a tratar, ni hoy ni en breve, de la remodelación gubernamental. A mí me gusta hablar solo de lo que entiendo, y no alcanzo a ver las claves del meneo ministerial presente, de modo que me rindo. Podría suceder que en algún momento del devenir inmediato echemos de menos a Carmen Calvo, o a José Luis Ábalos. ¿Se han desgastado? Sí, claro. Duque ha sido tal vez el ministro que menos desgaste ha sufrido, pero él es astronauta y todo le cae un poco lejos. Y además, también ha sido cesado. La manera de mover el banquillo de Pedro Sánchez sigue siendo un misterio absoluto para mí. Salvo alguna cosa, que diría don Mariano.

Vamos al fútbol, entonces. El clima de fondo de la recién finalizada Eurocopa lo da el hecho, revelado por algunos seleccionados, de que nunca antes habían ensayado tanto los penaltis. El ejercicio deportivo parece haberse concentrado en ese medio de decisión. Los ciento veinte minutos anteriores de juego son un prolegómeno fastidioso que es necesario cubrir con decoro hasta jugárselo todo a la tanda.

Ayer el locutor anunció, en tono alegre: «Parece que nos vamos a la prórroga», y yo, cosas de mi deficiencia auditiva, entendí «… nos vamos a la porra». Luego vi algo inédito para mis muchas horas de espectador de fútbol: el míster inglés había reservado a dos jugadores estimables, Rashford y Jadon Sancho, hasta el minuto 118, y los sacó al campo exclusivamente para tirar los penaltis. Rashford tiró el suyo al palo, y el de Sancho lo paró el portero italiano Donnarumma, verdadero héroe del festejo.

Gente como el criticadísimo Pep Guardiola desprecia el recurso a los penaltis y quiere ganar al fútbol jugando al fútbol, una aberración en el actual estado de cosas. Pero Pep viene a conseguir más o menos dos de cada tres títulos en los que participa su equipo. «Sí, pero con dopaje económico», le reprocha el señor Tebas, que no es precisamente un fanático del jogo bonito y conoce el dopaje económico lo suficiente para saber que el caso del City no es la excepción sino la regla, en el mundo de la alta competición. Si el dopaje económico bastara para ganar, Floren no se habría quedado en blanco este año, y Laporta habría conseguido bastante más que la Copa del Rey, el título entre todos que más le fastidiaba.

La receta adecuada que proponen los managers cualificados del fútbol internacional silencia en absoluto cualquier relación con la economía y se ciñe al juego físico, la disciplina táctica y ensayar más los penaltis. A Mancini le ha valido; a Southgate, no. Eso supone una media de tan solo un 50% de efectividad.

Y no vean lo que nos hemos aburrido en el entretanto.

 

domingo, 11 de julio de 2021

LA "O" CON UN CANUTO

 


Isabel Díaz Ayuso atiende las indicaciones del pinganillo, visión retrospectiva. (Logo de la compañía de gramófonos La Voz de su Amo)

 

Isabel Díaz Ayuso se reunió con el presidente Sánchez, y todo lo que dijo en la entrevista lo llevaba escrito de antes. Algunos afirman que son modos novísimos de la política que viene, pero eso ya lo hacíamos nosotros en los exámenes comprometidos del cole.

Preparar un examen consistía en escribir las respuestas en letra diminuta y guardarlas en el puño de la camisa. Si la cosa salía bien, tenías el aprobado; si salía mal, te quedaba el recurso de echar pestes del profe porque había ido deliberadamente a por ti. Es exactamente el “método Ayuso”, tantos años después y cuando el viento se ha llevado ya tantas cosas.

Vi una película que me gustó mucho, en la cual daban el Premio Nobel a un autor cuyas obras las había escrito en realidad su mujer (ella era Glenn Close, no recuerdo mucho más del elenco). El premiado sucumbía oportunamente a un infarto y la cosa no llegaba a mayores. Pero imagínense, aquellos que siguen creyendo que Ayuso es una lideresa sólida, si llega finalmente a presidir un gobierno de España. La cruda realidad es que Ayuso no es capaz de hacer una “o” con un canuto. Hasta dónde llegaría el doblaje a bote pronto encomendado a un grupo de expertos de toda confianza del establishment.

Sánchez mete la pata de vez en cuando, como con el famoso chuletón a punto, pero se le puede perdonar porque todos tenemos días malos, y el fake de la existencia de una conspiración contra Garzón se ha disuelto al pasar el ministro de Consumo la reválida de la remodelación del Gobierno. Casado es al mismo tiempo más incontinente y más ignorante que Sánchez; tiene una idea muy vaga del mapa de África y de todo lo que cae de ese lado, por ejemplo. Acostumbra repetirse mucho en sus ataques al gobierno, y es porque le cuesta memorizar los detalles, de modo que su recurso es generalizar: «Es que este hombre lo hace todo mal, todo de todo». Así no cae tanto en contradicciones y renuncios.

Pero lo de IDA es punto y aparte, obliga a sus mentores a ir siempre con el pinganillo por rastrojos, y si está inspirada ya pueden echarse a temblar la FAES, Génova y el Sursum Corda: «¡Isabel, coño, por tus muertos, haz el favor de leer lo que llevas escrito y ni una palabra más!»

Lo lleva crudo el Partido Popular, que sigue al alza en los sondeos de todos modos. En los sondeos escritos por adelantado, matizo.

 

sábado, 10 de julio de 2021

TRES HIGAS A LA OMS

 


Antonio Ruda, veterano de muy distintas enfermedades no bien clasificadas, entona el “En pie famélica legión” junto a la Plaza Mayor de la Villa y Corte. (Foto tomada de su muro en Facebook)

 

Buena orina y buen color,

Y tres higas al doctor.

(Luis de GÓNGORA)

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene en proyecto incluir la vejez en el censo de enfermedades, a partir de 1º de enero de 2022. La OMS es muy dueña de hacerlo, pero no deja de ser una insensatez caballuna. Puede que la vejez sea una enfermedad, según se considere cuestión tan delicada; pero resulta indudable que la alternativa es notablemente peor, como le gusta decir a mi cuñado José Manuel, que es una eminencia médica.

Yo, así por libre, estaría sin embargo dispuesto a negociar el asunto, sin vetos y sin líneas rojas. Rodríguez versus OMS, en una mesa de uno contra uno. Yo, fíjense, estaría dispuesto a la inclusión de la Vejez en el censo de Enfermedades, a condición de que se incluyeran asimismo la Niñez, la Adolescencia, la Juventud y la Madurez. A todos estos estadios de la vida van asociadas diversas patologías, como le ocurre a la vejez. Curémonos entonces en salud, nunca mejor dicho, y abordemos la Vida misma como una enfermedad desde el punto de vista científico, institucional y administrativo.

Solo de ese modo podrá satisfacerse el ansia de globalidad de la globalización en el mundo. O todos moros, o todos cristianos, se decía antes. O todos sanos, o todos enfermos, sería la contrarréplica actual. Y si se quiere llevar el tema al delirio de parcelización tan del gusto de los legisladores de las hornadas recientes, prepárese una Ley Trans por la cual cada persona podrá decidir, no solo sobre su propio sexo, sino además sobre su eventual condición de Joven, Maduro/a o Vetusto/a. Los certificados auténticos expedidos por la Administración rubricarán y defenderán la adscripción motu proprio de cada cual a una de las dichas clasificaciones, y cada persona será hospitalariamente tratada en función de la enfermedad a la que esté administrativamente adscrita. Se acabó de una vez por todas el poti-poti.

Mientras me llega el momento de asumir ese trago, tengo intención de solicitar de la autoridad competente que me sea concedido, como a todos los condenados, un último deseo antes de que se cumpla la sentencia en todo su rigor. Elijo acompañar a mi amigo de Facebook Antonio Ruda, presidente de la ONG Parroquianos sin Fronteras, en uno de sus garbeos por los Madriles vetustos o suburbanos, en busca de caldos generosos y tapas sabrosas de todo tipo y condición. Desde la enfermedad senil que ya no consigo ocultar al círculo de mis íntimos, suspiro casi cada mañana al ver las fotos que cuelga Antonio y sus textos concisos, informativos y bien regodeados. ¡Antonio, espérame que ahora voy!

 

viernes, 9 de julio de 2021

DE BOLOS

 


Un ‘envelat’ como se estilaban en los buenos viejos tiempos.

 

Vuelven Los Jordis un año más con sus éxitos de siempre, y aprovechan la Festa Major de los meses estivales en los pueblos de secano para recitar sus gracias en el envelat. Esto es lo que acaba de decir Jordi Sánchez: «O pactamos un nuevo referéndum, o ya tenemos el mandato del 1-O.»

Estupendo, solo que el mandato del 1-O es el camino más seguro hacia ninguna parte. En el mejor de los casos, los Jordis podrían afirmar que de aquella jornada deriva un compromiso suyo personal con la gente que participó en el happening y en algunos casos fue lamentablemente golpeada por una fuerza pública venida de los cuatro puntos cardinales de nuestra geografía al grito de “A por ellos, oé”.

Aquel día se buscó la provocación (la jugada de “farol”) desde una parte, y desde la otra se reprimió con el ánimo igualmente espeso y alicorto de calificar como delito de rebelión una manifestación con urnas. El “sensato” Mariano Rajoy se comportó en aquella fecha de forma tan errática y ocurrente como lo está haciendo ahora el alegre tarambana Pablo Casado; se da en el Partido Popular una contumacia en la irresponsabilidad. Los populares españoles tampoco se han atrevido a votar a favor de la decisión del Parlamento europeo de sancionar a Orban, ese amigo de los Abascales. La suya es otra vía segura para no llegar a ninguna parte: encerrarse y echar siete llaves al santuario de la raza, los toros y las hogueras de los autos de fe.

Pero exhibir el “mandato” del 1-O por las ferias de los pueblos es engañar al respetable público. No hubo censo, nunca se han dado cifras puntuales de votantes, no había una pregunta homologada, faltaron todos los requisitos necesarios para la validez de un acto electoral democrático “normal” (es decir, con unas normas plausibles de funcionamiento). La misma Europa que sanciona a Orban sería muy severa con Jordi Sánchez, si Jordi Sánchez pretendiera auparse al frente de una fantasmal República catalana con base al “mandato” del 1-O.

La ley común no contempla la posibilidad de marginaciones, todas las opiniones son válidas y respetables; las que más, aquellas que no nos gustan. La noción de “pueblo” como equivalente de “ciudadanía” no admite retranqueamientos, no hay votos que valgan más que otros, ni lenguas superiores a otras, ni sectores del territorio que sea posible obviar cuando se proclama una patria común. Una patria común lo es para todos y con todas las consecuencias.

Aprovechando las calores, vuelve a montarse el tinglado de la antigua farsa en estas tierras. La ANC está preparando una doble manifestación, para el 11-S y el 1-O. Donec perficiam, dicen algunos: hasta conseguirlo. ¿Son conscientes de que lo que consiguen es la división y el enfrentamiento permanente?

 

jueves, 8 de julio de 2021

LA HISTORIA FALSIFICADA

 


Arriba, Winslow HOMER, “Escena de playa”. Al pie de estas líneas, Peder Severin KROYER, “Día de verano en Skagen”. La misma situación, plasmada en una y otra orilla del océano Atlántico.

 

Mi amiga Isabel Huete se hace eco de una noticia del El Diario, según la cual las galerías caras no quieren mujeres artistas. Ni siquiera ARCO. Para los galeristas, las mujeres artistas son materia prima de calidad inferior; nunca alcanzarán en su trabajo los niveles de cotización de un artista varón suficientemente afirmado en el mercado, incluso si a veces se le adorna en el catálogo con una aureola de inconformista y de rebelde.

Así se falsifica desde hace siglos la Historia del Arte. También se falsifica la Historia a secas, en función de los mismos criterios. Una parte de la historia desaparece de la superficie, es cuidadosamente ocultada. Ocurre algo parecido, incluso, con la Historia de las clases subalternas (pongamos que hablo del Movimiento Obrero), que viene ya viciada de origen al no ser tomada en cuenta como motor de la Historia en general, salvo en momentos excepcionales. Las revoluciones entran en el cómputo, sí, salvo que entonces viene a resultar que también la Revolución es cosa de hombres, y las mujeres dan en ella solo ese tono de fondo de color neutro indispensable para que resalte más el coraje emancipatorio de los varones.

No sé si la cosa tiene remedio a corto plazo; en las distancias largas, mantengo siempre el optimismo. La clave del asunto es que la mujer es considerada distinta al varón: conformada de otra pasta distinta, con ideales distintos, sentimientos distintos y diversiones distintas.

También les ocurre a los perros y los gatos. Como ellos, las mujeres son consideradas un acompañamiento ideal de los ocios de los varones (“la ocupación del desocupado y el descanso del guerrero”, según fórmula consagrada); pero, como con ellos, se prescinde en absoluto de sus sentimientos particulares. Los sentimientos, les vienen adjudicados desde fuera. Llegado el caso, si un perro o un gato exhibe sus sentimientos más profundos sin complejos y sin recato, se le perdona la impertinencia en aras a su animalidad. A una mujer, en cambio, si se deja ir hasta ese punto, se le critica.

Dos artistas, ambos varones, ambos de países del Norte, han captado con agudeza dos escenas de playa en las que se aprecia una situación muy especial, la ola como oscuro objeto del deseo de unas jóvenes en esa edad en la que ya han perdido la inocencia y la inconsciencia de la niñez, y están obligadas a mostrarse muy atentas al “qué dirán”. Ocurre todo en una época anterior a los bikinis, las cremas bronceadoras y la conquista definitiva de la orilla del mar por el género femenino. Los varoncitos chapotean con soltura, con plena conciencia pero ninguna preocupación del hecho de que sus madres les reñirán luego; las jovencitas, por el contrario, se apartan, miran y suspiran, aprisionadas por los faldones, las medias, las enaguas, las cintas, los cordones y los lazos que constituyen su muerte anunciada. Un día de playa es para ellas solo un día más de suplicio refinado.




miércoles, 7 de julio de 2021

"EL SHOW DEBE CONTINUAR"

 


Liza Minnelli y Joel Grey en el número “Money, money” de la película «Cabaret» (Bob Fosse 1972)

 

La velocidad de contagio de las nuevas cepas de coronavirus es tan alta o más que en los inicios del año pasado, según informaciones solventes de fuentes científicas. Por tal razón, en varias autonomías se ha vuelto a cerrar el negocio del ocio nocturno. El objetivo es preservar la salud pública y salvar vidas (mueren menos personas ahora, es cierto, pero son más jóvenes; y las secuelas de quienes no pierden la vida en el envite tampoco son moco de pavo).

Nada de todo eso es argumento para el sector de las discotecas de Barcelona. Esto es lo que han declarado: «Es fácil cerrar negocios desde el sillón de una consejería.» Dicho de otro modo, “el show debe continuar”.

Para una determinada visión de los negocios, una determinada economía circular desbloquearía la actual emergencia del mejor modo posible para (casi) todos: el sector privado del ocio nocturno pondría los contagios, y la sanidad privada el remedio, los paganos pagarían dos veces, y el PIB ascendería en flecha. Habría un cierto número de víctimas por fuego amigo, sí, pero prácticamente despreciable. En resumen, todo un bello panorama en cinemascope y technicolor al que se están poniendo palos en las ruedas desde el lugar más impensable: ¡la poltrona de una consejería, por dios!

Es todo un despropósito, para la patronal de las discotecas: se ponen trabas en lugar de facilitar el negocio como sería razonable. El estado de alarma dictado por el gobierno fue recurrido, en su momento. ¿Qué alarma, si las cosas iban sobre ruedas? Morían algunos viejos aparcados en residencias, es verdad, pero la juventud estaba disfrutando del derecho inalienable a una resaca bien merecida, una resaca “con fundamento” que diría Arguiñano.

Y ahora que por fin se había acabado la alarma y se abría cautelosamente la mano en cuestión de “libertades” que diría Ayuso, he aquí que de pronto vuelve la burra al trigo. El derecho sacrosanto de los neoliberales a hacer “lo que les da la gana” a ellos sin mirar alrededor, sufre de nuevo injerencias y cortapisas administrativas. Los discotequeros están que trinan. Ellos abogan por la religión calvinista del trabajo: abrir puntualmente el local a su hora nocturna, tener a punto tanto el DJ y sus cintas como los refrescos pertinentes, cobrar religiosamente entrada y consumiciones, evitar peleas por medio de gorilas de musculatura suficientemente disuasoria, y poner de madrugada a una brigadilla de limpieza alquilada para dejar el local como una patena, listo para la siguiente sesión. Todo legal más o menos, todo transparente o por lo menos traslúcido. Son buenos ciudadanos y (no tan) buenos contribuyentes, que deberían merecer solo parabienes por parte de las poltronas de las consejerías.

Lo malo del negocio privado es su incapacidad para percibir el interés público en ninguna de sus formas. Para el negociante privado, lo público es solo una fuente de prohibiciones injustificadas y de gastos adicionales. “¿En nombre de qué me impiden a mí abrir mi local, que está en regla, por una cuestión de salud pública?”, se dice el dueño de la discoteca. “¿Qué tengo yo que ver con la salud pública?”

De forma parecida, en un chat de Facebook me metí ayer a polemizar (¿para qué haré yo esas cosas?) con dos caballeros que defendían a la agencia de viajes que organizó el macroviaje “de estudios” a Mallorca que desembocó en macrocontagio. Para ellos, había culpa en la permisividad de las autoridades y en el comportamiento descerebrado de los estudiantes; pero no, de ninguna forma, por ningún concepto, en la intermediación de la agencia de viajes que se lucró con la iniciativa y declinó toda responsabilidad por la misma.

Estamos a años luz de una educación para la ciudadanía que esté a la altura de una sociedad democrática.

 

martes, 6 de julio de 2021

LA JUSTICIA SE ECHA AL MONTE

 


Ilustración del artículo de Antonio Baylos “Cansancio” (ver https://baylos.blogspot.com/2021/07/cansancio.html), del que lo que sigue abajo es mera exégesis o comentario.

 

Puede que sea debido a esa norma casi de obligado cumplimiento que figura en un lugar destacado de nuestro refranero: «Para lo que me queda dentro, me cago en el prior y en el convento.» Es decir, por la constatación de que se va haciendo insostenible a la corta ignorar que la fecha de caducidad de nuestra cúpula judicial está batiendo récords no ya históricos sino casi arqueológicos, por lo que los presuntos implicados tal vez anden diciéndose entre ellos por lo bajini lo mismo que cantábamos nosotros a gritos destemplados en la mili, después de la retreta de cada día: «Esto se acaba, no hay quien lo pare, chunda-chunda-chunda…»

Está esa sentencia sobre el cartel de Vox que ataca a los Mena con una mentira; pero que se deja pasar con una argumentación (son un problema social; ergo, no son personas, no son sujetos de derecho) que ni siquiera se molesta en guardar las formas. Hablo de las formas jurídicas, pero pongan en su lugar cualquier otro tipo de formas, y tampoco las guarda. Es una sentencia racista y chulesca, a lo viva Cartagena y que me disculpen los cartageneros.

También está el caso de Isa Serra, a la que en cambio se condena con todos los agravantes por el hecho de que pasaba por ahí. Aquí el tribunal desatiende las presunciones de inocencia, las garantías establecidas y los datos suministrados por las grabaciones puestas a su disposición, y eleva su propia convicción en conciencia a la categoría de prueba del delito. Lo mismo hizo pocos años atrás el juez Moro con Lula da Silva, y ahora los tribunales superiores de Brasil han rectificado el principio por la razón de que, una vez establecido ese patrón subjetivo para medir los delitos y las penas, todo el andamiaje jurídico penosamente construido para mantener en su fiel la balanza de la Justicia, se viene por los suelos y en el caos resultante solo queda en pie, tan campante, la arbitrariedad pura.

España empieza a dejar de ser un Estado de Derecho, así de claro, cuando algunos jueces ya no se conforman con interpretar las normas aplicables, sino que las innovan a su criterio; un criterio que tiene mucho que ver con el color de la ideología desde la que analizan la realidad. La Justicia española padece violencia, y sus funcionarios más notorios se están moviendo con armas y bagajes hacia la ultraderecha, donde se encuentran sus más íntimos contertulianos, aquellos con los que comparten el último güisquito after hours en un reservado del Madrid ideal dibujado por la musa Ida, adonde no llegan ni las variantes delta del virus ni los preceptos constitucionales que consideran iguales ante la ley a todos los ciudadanos, sin excepción ni acepción de personas.

 

lunes, 5 de julio de 2021

ESQUIZOFRENIA DE LA IZQUIERDA

 


Radiografía de una estructura social: las élites, arriba; el pueblo llano, amontonado abajo; entre ambos, el grueso muro divisorio. (Fotografía aérea de la Rocca Imperiale de Cosenza.)

 

Leo en la prensa que Almeida, el minialcalde de Madrid, pasado por fin el sofocón de los días del Orgullo, busca una aproximación en estos temas a las “tesis de Vox”.

Pongo entre comillas eso de “tesis de Vox”. Se decía en tiempos que el “pensamiento navarro” era un oxímoron. Imaginen entonces las tesis de Vox. Si hay Vox, no son tesis; si hay tesis, no es Vox. Han saltado a las portadas de los medios gays jubilosos afirmando que ellos son de Vox, claro que sí, por qué no, hay libertad, ¿no?

No. El joven asesinado en A Coruña podría explicarlo a suficiencia, si le hubieran dejado la posibilidad de hacerlo. Quiero recordar aquí que un linchamiento parecido desembocó en Grecia en la ilegalización del partido ultra Amanecer Dorado. ¿Y aquí? Nuestros magistrados tienen la palabra. Si el Supremo considerara que el asesinato forma parte de la libertad de expresión reconocida por la Constitución, pasaría a alinearse con los asesinos. No es probable que lo haga, pero sí que condene a los mindundis y deje seguir vegetando en la maceración de sus propios venenos a los Smiths y las Olonas, los Abascales y las Monasterios. El señor Lesmes debería hacérselo mirar, con urgencia.

No va por ahí, sin embargo, mi reflexión del día. La cosa es que, mientras el PP sigue retrocediendo hacia territorio ultra, el centro político va quedando desguarnecido. Y dado el horror vacui de la naturaleza en todas sus manifestaciones, el gobierno de coalición progresista ha ampliado sus límites primigenios y sus alianzas, que ahora llegan (ojo, solo en determinados temas) hasta los terrenos cultivados desde siempre por los empresarios y los obispos.

El asunto podría ser grave si la coalición de gobierno llegara a resquebrajarse a lo largo del trayecto debido a las tensiones crecientes, y acabara por morir de éxito.

No estoy pensando en siglas, ni en grupos políticos homogéneos. Oigan, no hay grupos políticos homogéneos, no desde luego en el PSOE y tampoco en UP, todos los días se habla de nuevas picabarallas y dimes y diretes en los distintos cuarteles generales.

De lo que hablo es de la esquizofrenia habitual en los territorios de la izquierda política. No me digan que no se han dado cuenta. Ahora mismo hay mar de fondo en relación con el reciente pacto de las pensiones, unos señalan sus ventajas (indudables) respecto de la situación anterior, y otros lo consideran una bajada de pantalones y una invitación a la irrupción del fascismo. Hay quien especula con lo que diría Marcelino Camacho si levantara la cabeza; pero también Marcelino fue acusado en su tiempo de traicionar los principios de un sector obrero particularmente intransigente. Estés donde estés, siempre hay alguien colocado a tu izquierda para abroncarte.

La bronca llevará razón, alguna vez; muchas otras, en cambio, no. Y es que la “línea dura” se mueve por lo general en un terreno estrechamente corporativo, se erige a sí misma como representación de la “clase”, pero responde nada más a intereses fragmentarios de algunos sectores de la clase. A veces se trata de sectores colocados en una posición marginal, inermes ante las políticas; pero otras veces son sectores bien situados, que defienden de forma encarnizada los pequeños privilegios que les favorecen frente a otros sectores más desamparados.

Visto el problema en su conjunto, Isidor Boix diría (lo ha dicho ya) que a ese modo radical de razonar le falta la síntesis de la síntesis de la síntesis, es decir el espacio donde se juega en definitiva el porvenir de la clase obrera, considerada realmente como clase social y no como grupos aislados con intereses fragmentarios y contrapuestos entre ellos.

Bruno Trentin expresó algo muy parecido, de modo más abstracto y elegante. Habla en sus Diarios, apunte de 11 junio 1994, de «una izquierda de la gobernabilidad como condición para asegurar una distribución más equitativa de la riqueza (que no es ya el medio sino el fin), y una izquierda que ve en el gobierno la disolución de su identidad redentora» (las cursivas son mías).

Controlar el gobierno no lo permite todo (contra lo que algunos creen), ni es en sí mismo una garantía de cambio para mejor; pero sin gobierno, o llevado el argumento al extremo, sin política, a la clase obrera solo le queda como solución un holocausto heroico, aplastada por un enemigo muy superior. Es necesaria entonces esa “síntesis de la síntesis de la síntesis” que preconiza Isidor Boix. Quizás Isidor hable de eso el próximo día 12, en la charla que va a tener con Enric Juliana en el Espai Assemblea de CCOO de Barcelona. Me he apuntado al evento y espero, si hay suerte, estar allí en modo presencial para escucharles.

 

domingo, 4 de julio de 2021

EL HOMBRE Y SU CIRCUITO

 


Circuito de Barcelona-Catalunya, en Montmeló. Al fondo, el macizo del Montseny. (Fuente, motorpasión)

 

Roger Torrent ha sido presidente del Parlament de Catalunya durante una etapa bastante crítica. La situación más normal durante su mandato ha sido el cierre del hemiciclo para no molestar al president Quim Torra, que llevaba muy a mal el cumplimiento de sus funciones estatutarias porque nunca creyó en el Estatut. Lo que sí le gustaban a Torra eran los lazos, de modo que, cuando no había más remedio que programar una sesión, se colocaban unos lazos amarillos enormes en los asientos de los Ausentes. El recurso resultaba poco operativo, aunque fotogénico. Torrent, digámoslo de una vez y con entera franqueza, tenía muy poco que presidir. De haber cobrado a destajo, en lugar de un fijo con primas, dietas y contornos varios, se habría muerto de gana.

Ahora es conseller de Empresa i Treball en el govern de Pere Aragonès, y nada hace suponer que le falte faena, pero por si acaso le han adjudicado una función más, la de presidir el Circuit de Barcelona-Catalunya; es decir, Montmeló.

Se preguntarán ustedes qué hace precisamente ese hombre presidiendo precisamente ese circuito. Por qué no dejarlo a cargo de, por ejemplo, Toni Cantó. Cantó habría sido un gran presidente de circuito, él mismo no ha parado de dar vueltas más o menos cronometradas a la noria, desde hace algunos años.

Montmeló, sin embargo, es una instalación pública, y su manejo financiero es como mínimo delicado. No hay un superávit que repartir entre la hinchada; la situación es exactamente la contraria. Según información de Wikipedia: «Desde como mínimo el año 2009, el circuito es deficitario económicamente,​ y en el período 2009-2018 se generaron 50,5 millones de € de pérdidas.​ Solamente se sostiene gracias a cuantiosos caudales de dinero público, que tanto la Diputación Provincial de Barcelona como la Generalidad de Cataluña, aportan en forma de subvenciones y enjuague de pérdidas… Debido a las irregularidades detectadas en la última auditoría, el Ayuntamiento de Barcelona decidió anular la subvención económica que hasta este momento recibía el circuito, agravando su economía.»

Desde el punto de vista de la economía, entonces, lo más sensato parecería dejar escurrirse el circuito por el desagüe; pero hay dos razones, aún, para seguir manteniendo en alto la oriflama del Circuit: una, la repercusión internacional de unas carreras que llevarán el nombre de Barcelona-Catalunya a todos los televisores del mundo; la otra, la esperanza de un cambio de viento y el advenimiento de una racha de suerte que llene las arcas de euros contantes en los años de la pospandemia.

Todo lo cual se comprende sin esfuerzo con una mirada “desde fuera” de las instituciones. Lo que no es comprensible es que el elegido para revertir un agujero de 50,5 millones sea el responsable de Empresa y Treball de la Generalitat, que bastantes agujeros habrá de tratar de cubrir ya en su tarannà normal. Un indicio del comportamiento que se espera de él nos lo da el orden en que se detallan sus quehaceres en el título: primero la empresa; luego, si hay tiempo para ello, el trabajo. Ahora el orden será, me temo, Circuit, Empresa i Treball. De las cuestiones del treball, el flamante conceller se ocupará, según organigrama, los viernes por la tarde de cinco menos veinte a cinco, para de inmediato trasladarse a su villa natal de Sarriá de Ter a pasar el fin de semana.

Qué bien se hacen las cosas cuando se hacen bien.

 

sábado, 3 de julio de 2021

DIVAGACIONES SOBRE TONI CANTÓ Y EL FÚTBOL

 


Graffiti en una calle de Naxos.

 

Ayer leí una definición perfecta de Toni Cantó, solo que no fue escrita para él; es de Umberto Eco, y está en la página 60 de “El péndulo de Foucault”, una novela que derrocha inteligencia y travesura pero que no caló en el público lector, tal vez por llegar detrás de “El nombre de la rosa”, que tuvo un éxito posiblemente desmedido, o por lo menos debido a un equívoco afortunado.

Vamos por partes. Yo hice ayer tarde lo que había declarado previamente que haría: encendí el televisor para ver el partido de la Roja, y como sabía que me iba a aburrir, dejé un libro a mano. Era el libro de Eco.

¿Por qué elegí el Péndulo? Porque Pilar Hidalgo lo elogiaba el otro día en Facebook, y a mí me había gustado mucho cuando lo leí, hace tropecientos años. Aquello me dio entre los amigos una fama casi peor que haberme leído entero el “Ulysses” de Joyce. Un conocido se ofreció, por pura compasión según declaró, a demostrarme gratis et amore de forma incontrovertible por qué el Péndulo era un bodrio sin circunstancias atenuantes. Lo dejamos en ese punto, ni yo habría aceptado sus razones, ni él las mías.

Pues bien, el partido de fútbol de ayer siguió el desarrollo ampliamente previsible: el gol español lo hizo un suizo en propia puerta, y el gol suizo vino de un choque entre dos defensas españoles que, con toda la ventaja a su favor, dejaron suelto un balón que un suizo llamado Shaqiri (tres cuartas partes del seleccionado suizo eran mercenarios de la periferia global) empujó junto al poste. El resto hasta los penaltis fue alarde físico, orden táctico y algunos coitus interruptus, por parte sobre todo de la delantera española.

Ahora nos enfrentaremos en semifinales a Italia. Tenemos opciones, ante ellos. Son más físicos y más disciplinados tácticamente que los nuestros, pero los comentaristas deportivos ven un indicio de esperanza en la lesión de Spinazzola. Era un peligro cierto, ya conocen la canción: «Eres una spinazzola que se me ha clavao en el corasón, suave que me estás matando…», etc.

Me encantan esos apellidos italianos, ahí se ve que estamos ante un pueblo de poetas: ante Bélgica, Immobile estuvo demasiado estático, y en cambio el comportamiento de Insigne fue sobresaliente, con un gol decisivo. En Italia el apellido es un indicio seguro para que el seleccionador conozca el potencial real del jugador en cuestión. El portero de Italia se llama Donnarumma, y ahí, me parece a mí, queda dicho todo.

Estoy divagando. Ya llego al asunto de Toni Cantó. Ocurre en la página 60 del libro, Belbo y Casaubon se han encontrado por primera vez y están bebiendo y charlando en el pub Pilades. Belbo hace una distinción llena de matices entre los cretinos, los imbéciles, los estúpidos y los locos. No son lo mismo. Imbécil es Murat condecorando a un oficial de la Martinica, a quien pregunta: «Vous êtes nègre?» «Oui, mon général.» «Bravo, bravo, continuez!»

El estúpido, en cambio, no se equivoca de comportamiento, sino de razonamiento. “Incluso puede decir algo correcto, señala Belbo, pero por razones equivocadas.”

Y ahí llegamos al punto en cuestión. Toni Cantó no es ni imbécil ni estúpido; es un cretino. El cretino, atiendan bien, según afirma Belbo, “entra en la puerta giratoria por el lado opuesto.

─ ¿Cómo es posible?

─ Él lo consigue. Por eso es un cretino.”

Ayer tarde no solo conseguí rebañar esta perla de sabiduría práctica, sino que además la Roja se clasificó para las semifinales, y ahora, ocurra lo que ocurra, ya no habrá fracasado. Pedro Sánchez seguirá en la Moncloa, y Sergio Ramos parece que finalmente jugará en el PSG. Suerte para los dos.

 

viernes, 2 de julio de 2021

RETRATO DE FAMILIA EN UN INTERIOR

 


Puestos a adivinar, la imagen que encabeza estas líneas podría corresponder a algún momento de principios o mediados los años cuarenta, en un lugar no determinado de nuestro país, tal vez un casón solariego de un pueblo no muy grande de Castilla la Vieja.

La actitud de los personajes no es espontánea; el fotógrafo debió de disponerlos en dos grupos ─en torno a la mesa camilla, unos; otros, en el tresillo─, y recomendarles muchas veces que no miraran a la cámara y que sonrieran con naturalidad, cuestión en la que no obtuvo un gran resultado. La cámara, de esas de fuelle, debió de ser nueva, recién estrenada por un aficionado entusiasta dispuesto a utilizarla en esta ocasión con un propósito especial.

La ausencia de una lente gran angular (entonces aún no habían llegado al mercado nacional) debió de obligar al fotógrafo a apretarse contra una esquina del salón para disparar la foto; y aun así, dejó cortada la figura colocada más a la derecha, de la que solo se ven las piernas. Por las piernas sabemos que se trata de una mujer, y la supongo hermana de la que ocupa, radiante, el centro de la escena. Según esta suposición, un tanto gratuita, el caballero joven sería asimismo hermano de la mujer que hace ganchillo, y el hombre y la mujer de la mesa camilla serían los padres de los tres.

El fotógrafo, sigo suponiendo, pudo ser el marido de la que llamaré mujer central. Aún voy a arriesgar otra suposición: el trabajo de ganchillo y la sonrisa feliz de la mujer, que recibe toda la iluminación del balcón abierto de par en par para la ocasión, tienen tal vez una función expresiva: la de indicar que el fotógrafo y ella esperan descendencia.

También la mujer de la mesa camilla, la abuela in péctore, sostiene lo que parece una aguja de ganchillo. Con poca convicción, diría yo. Es una mujer siempre ocupada, y seguramente está pensando que todas estas recomendaciones fatigosas de su yerno para una simple y tonta fotografía, son pura pérdida de tiempo.

Todos los personajes están vestidos de fiesta. Quizás es domingo, y han vuelto ya o se disponen a ir a la misa de la Colegiata, para lo cual les basta recorrer cuatro pasos hasta la esquina de la plaza y atravesar luego esta, en sentido transversal. Claro que ahí estará presente todo el pueblo, el boticario y sus simpáticas hijas en particular, y es obligatorio en una familia destacada del lugar mostrarse en sus mejores galas. La mujer central lleva puesto un collar de perlas cultivadas de dos vueltas; la de la derecha usa zapatos de tacón; los hombres visten trajes completos y están encorbatados.

Examinemos finalmente el mobiliario de la sala. Son notorios el bargueño de la esquina, la pieza de cerámica que lo corona, y el cuadro de la Virgen de Guadalupe, feísimo pero indicador de un respeto por la religión. Sobre la mesa camilla hay un velón antiguo; los hilos eléctricos vistos y el interruptor colocado a la derecha de la puerta que lleva al interior de la casa, indican que la iluminación no depende de velas ni lámparas de aceite, de modo que cabe concluir que el velón cumple una función decorativa. Pero además está ahí a mano en caso de que falle la electricidad, por una tormenta o por las restricciones, que no eran desconocidas en los años y en las áreas en las que se sitúa la fotografía.

El suelo, de maderamen bruñido, está cubierto en buena parte por esteras, que lo protegen de daños posibles debidos al auge de la moda de los tacones femeninos y de los cigarrillos masculinos (exclusivamente masculinos, estamos en una familia rigurosamente respetuosa de las convenciones sociales).

Y finalmente, el mamotreto que tiene abierto ante los ojos el hombre de la mesa camilla podría ser un gran diccionario enciclopédico, el Hispano-Americano por ejemplo, al que él recurre con frecuencia para dar horizontes más amplios y mayor exactitud a su prosa, tanto si la utiliza en su trabajo (estamos delante de un profesional del derecho), como si lo hace en su correspondencia habitual y familiar.

La fotografía fue creada para saludar, según creo, la presencia novedosa, en su entorno veraniego habitual, de dos generaciones y media de una familia. Me acojo a la hipótesis para reproducir aquí con tanto desenfado un documento de índole íntima en principio. No tanto íntima, diré en mi defensa, como conmemorativa, y por lo demás, ahora ya, testimonio gráfico de un mundo que ha dejado de existir. Ninguna de las personas que aparecen a la vista es ya de este mundo. En memoria histórica de todas ellas incluyo la imagen en este blog, pero de ninguna manera querría ser acusado por ese motivo de indiscreción.

 

jueves, 1 de julio de 2021

ESTAMOS TOCANDO EL FONDO

 


El jeroglífico último definitorio de la situación en la que nos encontramos. (Astipalea, fotografía tomada a préstamo del muro de Blanca Vilà en Facebook.)

 

ZERLINA

Vorrei, e non vorrei,

Mi trema un poco il cor

Felice, è ver, sarei,

Ma può burlarmi ancor. (*)

DA PONTE y MOZART, “Don Giovanni”, Acto I

 

 

Esta no es una historia de seducción, sino un esbozo de compromiso serio a medio-largo plazo. No es un revolcón sin consecuencias, sino un contrato en el que las partes se señalan condiciones y obligaciones recíprocas. No es un farol en una partida de póquer, sino una prospección de objetivos alcanzables para ambas partes, entre las cuales además no se da una posición de igual a igual, sino una relación jerárquica. Está de un lado el gobierno del “Estado de las autonomías”, y del otro el representante de una entre diecisiete autonomías que son todas ellas Estado, también.

Tienen mucho sobre lo que hablar los dos gobiernos, en esta coyuntura precisa; pero entiendo que los temas de la amnistía y de un referéndum de autodeterminación no están en la agenda, ni se les espera. Decía don Venancio Sacristán, según una información privilegiada que me ha llegado, que lo primero es antes. La descripción es tan sobria que ahorra cualquier otro comentario.

Lo primero son las cosas de comer.

Pablo Echenique dice que su formación está dispuesta a desempolvar el “derecho a decidir”, pero esa no es sino la peor forma de poesía. Le vendría bien a Echenique releer a Gabriel Celaya: «Nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno, estamos tocando el fondo.»

Estamos tocando el fondo.

Y lo que viene asomando por la amura de estribor no es agradable, de modo que el problema no consiste en discutir cómo se va a repartir el pastel, sino en conseguir que haya algún pastel para repartir. Hay que concretar un objetivo de reconstrucción económica imperioso, otro de creación de empleo de calidad, un tercero de transición energética. Etcétera, omito muchos campos en los que la cooperación entre todas las fuerzas en presencia, cada cual en su escalón, sería manifiestamente mejorable.

Delante, del otro lado de las fronteras, tenemos un mundo que necesita como el agua (nunca mejor dicho) una colaboración y una solidaridad más amplias, una mayor eficiencia en la producción de bienes y servicios, una relación entre las personas, los territorios y la naturaleza, más inclusiva y más sostenible a largo plazo.

¿Le parece a alguien que eso pueda conseguirse mediante un encaje adecuado de Cataluña en el Estado español consistente en la organización de ese referéndum imprescindible en el que se darían a los ciudadanos/as/es tres opciones como respuesta?

Discutamos enhorabuena las tres opciones posibles a finales del decenio próximo o el sucesivo, o cuando quiera que sea que hayamos conseguido por fin nadar en la ambulancia y atar a nuestros queridos perros (los únicos que conservan en estas coordenadas geográficas algo de sensatez) con longanizas.

 

(*) Querría y no querría. / Me tiembla el corazón. / Me haría feliz, cierto, / pero podría ser otro engaño.

 

miércoles, 30 de junio de 2021

DEL FÚTBOL COMO REALIDAD PARALELA

 


Sergi Busquets en un partido de la selección española. (Fuente, El Mundo.)

 

Leo en la prensa que la cofradía de los Patriotas Anónimos (PA) de este país anda mohína porque el seleccionador Luis Enrique, traidor por segunda o tercera vez a las esencias, no ha incluido ningún jugador del Real Madrid en la selección. Ahora la muy extensa cofradía no sabe si desear que España gane o pierda contra Suiza. Todo era más fácil cuando estaba Sergio Ramos en el once inicial de la Roja, porque entonces había una seguridad en el momento de cantar la alineación (salen Sergio Ramos y diez más) y se sabía con certeza que, en el caso de que nos pitaran un penalti a favor, Sergio la metería a lo Panenka o la mandaría al segundo anfiteatro, pero en uno y otro caso con furia española garantizada.

Ahora los penaltis nos los falla Morata, y no es lo mismo, porque Morata ya no es del Madrid. Sergio Ramos tampoco, pero esos son misterios hurtados a la comprensión de los mortales, que los aceptan a duras penas y gracias a la providencial fe de Carbonero (doña Sara) puesta en seres superiores tales como don Florentino, que no explica nunca nada, o Pedrerol, que lo explica todo pero al revés.

Entonces, como suele pasarle de forma cíclica, la peña de los PA se ha dividido en dos bandos o banderías trágicamente enfrentadas. De un lado se agrupan los “¡Vivajpaña!”, que estiman que la selección es lo más de lo más, y las críticas al gobierno chavista-podemita vienen necesariamente después. Y de otro lado, los “Cuanto peor, mejor”, que estiman que una derrota humillante ante Suiza traería ─según efecto inducido por la teoría del dominó─ el ansiado cambio de gobierno, o como mínimo una moción de censura a la que se adherirían gustosos no pocos procuradores en Cortes de la derecha socialista, desengañados definitivamente de Pedro Sánchez y bien dispuestos para volver al redil del que nunca debieron salir.

En esas estamos. El esencialismo español pasa página y empieza a olvidar los indultos catalanes. España se rompe una vez más, sin embargo, y ahora es porque las veleidades del sorteo nos enfrentan precisamente a Suiza, el país que acumula en las cajas fuertes de sus entidades bancarias la mayor cantidad mundial de patriotismo primigenio de nuestras élites. Y ya, perdido totalmente el oremus, el patriota español anónimo abandona de golpe todas las certezas que lo han sostenido en las últimas crisis, y no sabe si es preferible ganar a Suiza con un gol de Pedri y con Busquets de MVP, o bien que nos gane Suiza debido a una pérdida de balón de Pedri y a un gol en propia puerta de Busquets.

No me digan que frivolizo, por favor, este blog es muy serio. Quien frivoliza es el país, no yo.