lunes, 13 de septiembre de 2021

ECOLOGÍA E IDEOLOGÍA

 


Estatua de Venus que fue hallada sumergida en el puerto de Rodas hacia 1945, en la época en que Lawrence Durrell estaba destinado en la isla como oficial de inteligencia. El escritor se sintió fascinado por aquel renacimiento de una Venus surgida de un fondo marino límpido, en una coyuntura particular en la que el medio ambiente en gran parte del mundo estaba infectado por la suciedad,la podredumbre y la crueldad de una guerra de dimensiones nunca vistas antes.

 

No fue una manifestación arrolladora, pero tampoco desdeñable. Siempre conviene hablar de los que son distintos de nosotros con respeto. De los muy distintos, y con mayor razón de los “no tan” distintos. Pero, por lo que leo, me temo que tampoco en esta ocasión están dando con la tecla ciertas izquierdas vincentes. Son demasiado proclives a despejar las incógnitas de la ecuación desde el sobreentendido de que, puesto que se ha demostrado que “equis” e “y griega” no equivalen a infinito, podemos considerarlas más menos igual a cero, y en consecuencia, obrar en todo como si no existieran.

Ahora mismo corremos el peligro de correr hacia una falsa solución desarrollista. Propongo a la consideración de mis lectores el siguiente análisis, entresacado de las redes sociales: «Sobre el asunto que verdaderamente importa, la ampliación del aeropuerto saboteada por la espuria alianza entre el fanatismo y la gazmoñería, escribía Enric Juliana: "En Catalunya asistimos al auge cuasi religioso del ecologismo en una sociedad de clases medias política y culturalmente proclives  a las grandes causas redentoras. En Barcelona hay sectores de la izquierda que ya abogan abiertamente por el decrecimiento. En Madrid, esas voces apenas se oyen…”»

El texto (no el de Juliana, sino el de su glosador) concluye con la acusación de que este es el trasfondo ideológico del “asesinato” del aeropuerto del Prat. Excuso el comentario. Respecto de la primera frase, es un ejemplo acabado de la fuerza resistible con la que irrumpen por norma los elefantes en las cacharrerías, al grito de: “¡No se preocupen por los daños, el Estado paga!” Resultaría que lo que verdaderamente “importa” es la ampliación del aeropuerto, de modo que defender el medio ambiente es, a) gazmoñería, y b) sabotaje.

La segunda parte del texto citado me preocupa más, porque la firma Enric Juliana. El ecologismo sería “ideología” propia de clases medias, cabría apuntarla en la lista de las “causas redentoras”. Ahora bien, no es posible ignorar que existe una preocupación creciente, la prensa lo constata, debido a que toda una franja creciente del litoral catalán está desapareciendo. Respecto de esa preocupación, seguramente poco razonable, ¿qué peso puede tener en el conjunto de los avatares la suerte de una Ricarda más o menos?

Tanta gazmoñería se alinea armónicamente con una conjura universal de gazmoños dirigida a frenar el cambio climático, a extremar la protección del medio ambiente y a facilitar una transición rápida a fuentes de energía limpias y sostenibles. Son cosas, dice Juliana, que no preocupan en Madrid. Y tiene razón Juliana, pero quien no tiene razón es Madrid, o sea Ayuso, Casado, Almeida y toda la banda de música. Era imprescindible añadir esta coletilla, en aras a clarificar.

Estamos delante de una nueva oportunidad para solucionar el tema Prat, en una mesa de diálogo. Se ha anunciado que estará en ella Yolanda Díaz, y eso no ha gustado en los cuarteles generales. Díaz se ha manifestado ya con claridad en contra de la ampliación de la tercera pista hacia el este; como lo ha hecho Colau, que sigue irritando de forma permanente a sus aliados de consistorio. Pero oigan, esta no es una cuestión de programa de gobierno, no es tema de gabinete, no exige brazos de madera alzados a la consigna del muñidor.

No reclama tampoco preparativos para una noche de cuchillos largos en el seno de la izquierda coaligada.

Requiere, sencillamente, más cultura de coalición, y poner sobre la mesa más argumentos y menos órganos corporales.

Porque la ecología no es ideología en el mal sentido con el que suele emplearse el término a partir de Marx; sino una nueva racionalidad económica, presidida por la conciencia de que existen límites insoslayables a la destrucción de recursos naturales; de que el PIB “no” es la unidad de medida de todas las cosas, y de que ni la cifra de participantes en una manifestación. ni menos aún el plan de ampliación del aeropuerto, son, ni han sido, ni serán nunca, “lo verdaderamente importante” en cualquier mesa de negociación sobre Cataluña y su encaje adecuado en el Estado español.

 

domingo, 12 de septiembre de 2021

TEMPLOS Y PISTACHOS EN EGINA

 


Egina no aparece en ningún ranking de bellezas isleñas griegas, pero no es de ninguna manera despreciable. Tal vez la comodidad de su visita (está a hora y media corta en ferry desde El Pireo, y desde toda la fachada norte se divisa a la distancia la aglomeración de Atenas) juegue en definitiva en su contra a la hora de las preferencias; los humanos apreciamos más las cosas a las que cuesta mucho llegar. Pero, como le ocurre a Salamina, son muchos los atenienses que tienen en la isla una segunda residencia, o bien se embarcan con su coche particular y pasan aquí algún fin de semana o día señalado.

Es justo lo que hicimos nosotros ayer. Tomamos temprano el primer ferry, y realizamos nuestro particular inicio de cántico en el templo, en el de Afaea (muchos prefieren decir Afaya, que queda más eufónico). Después regresamos a la capital de la isla para una visita minuciosa al Museo Arqueológico, que está en el mismísimo yacimiento de Colona, una aglomeración de viviendas, locales y templos que se remonta al neolítico y, siguiendo todas las fases de la civilización helénica (arcaico, preclásico, clásico, etc.), siguió siendo habitada en época romana e incluso bizantina. El nombre se lo pusieron marinos italianos que tomaban como referencia para la navegación las columnas del templo de Apolo, que domina desde lo alto de un montículo las rutas marítimas del golfo Sarónico. Hoy queda solo una columna, muy característica, partida al bies de forma que semeja un cuchillo apuntado al cielo.

Después de la visita arqueológica, hicimos una buena comida griega en una taberna en la que tenían, como es de rigor, unos pulpos colgados y puestos a secar al sol; y nos dedicamos a callejear por la ciudad, entre los cientos de nuevas terrazas reconvertidas, y a comprar pistachos de diferentes modalidades. Los de aquí son los mejores del mundo mundial, ya sean crudos, tostados, salados, garrapiñados o en pasta. Todo el norte de la isla está plantado de campos de pistacheros, que alternan con los olivos y a veces se barajan con ellos.

Y para hacer tiempo hasta el regreso, nos chapuzamos con el sol ya en descenso en la playa de un lugar que no llegamos a precisar bien, al este de Souvala. Las evoluciones de las gaviotas acompañaron a nuestro ferry en la corta travesía de vuelta, durante la cual se encendieron todas las luces urbanas de Atenas y El Pireo.

 


Incluyo tres fotos del templo de Afaea, visto desde el sur (arriba), el este (centro) y el oeste (abajo). He leído que en tiempos clásicos formó parte de un “triángulo sagrado” con el Partenón de Atenas y el templo de Posidón en Sounio. A mí me parece especulación ociosa lo del triángulo, como si las mediciones de las distancias y las figuras geométricas sobre un mapa dieran un peso mayor a las creencias religiosas. Hubo muchos centenares de templos no menores dentro y fuera de ese “triángulo”, de cualquier forma; cada localidad tenía uno o más. Pero el templo de Afaea fue grande y hermoso, de orden dórico, construido con mármoles de Paros. Hubo de ser muy visitado en la antigüedad, y sigue siendo singular por varias razones: los relieves de sus frontones, que hoy están expuestos en la Gliptoteca de Munich, por ejemplo. Y la existencia de un “piso alto”, también con columnas, para sostener la cubierta, más alta y angulada que la de otros templos de referencia, por ejemplo el mismo Partenón.


 

viernes, 10 de septiembre de 2021

TRES CUARTOS DE MENTIRA

 


Lee SIEVAN, ‘Salvation Army Lassie in front of a Woolworth store’ (1940). O de cómo las músicas celestiales tienen escaso efecto en las almas más vírgenes. (Mi agradecimiento a Pilar Hidalgo, de cuya paciencia abuso al compartir esta fotografía prodigiosa aparecida hace unos días en su muro de Facebook.)

 

No son el 52%, no van a congregar a un gentío de seis cifras, no se están jugando el futuro en una movilización. Lamento hacer de aguafiestas, pero nada de eso es verdad. Son medias verdades en el mejor de los casos, tres cuartos de mentira en el peor. Tres cuartos de mentira es el camino que ha elegido ─una vez más─ la ANC, el Ejército Catalán de Salvación, para mantener altos los espíritus de sus fieles ante la fiesta de mañana, que ya no es la fiesta de todos los catalanes sino, todo lo más, la celebración privada de la libélula vaga de una vaga ilusión.

El País titula hoy que «El fiasco de El Prat complica el plan de Sánchez para desactivar el independentismo». Yendo por partes, ni ha habido un “fiasco” en El Prat, ni existe un “plan” de Sánchez en el sentido del maquiavelismo conspiranoico que parecen atribuirle Carlos E. Cué y Camilo S. Baquero, ni el independentismo catalán es algo desactivable en ningún caso desde un despacho, dondequiera que esté situado dicho despacho. La noticia en conjunto es una mezcla confusa de información parcial y opinión sesgada, que avergonzaría al llamado Defensor del Lector, de no ser porque dicho defensor está puesto ahí para otras labores.

Mi opinión (insisto, mi opinión, conste que no estoy vendiendo a nadie información fidedigna) es que al independentismo le está pasando como a los huracanes, cuando decaen en forma de tormentas tropicales; o como al sida, disculpen lo crudo de la comparación, que en tiempos tuvo efectos patógenos letales y ahora se ha reconvertido en una dolencia crónica más o menos llevadera.

Los sondeos recientes afirman que los más jóvenes, incluso en zonas de la ruralia, se desentienden del procès porque lo consideran un armatoste dirigido a inflar la autoestima de algunas gentes, pero sin ningún efecto positivo o negativo sobre sus propias expectativas de futuro. Cuando la señora Paluzíe nos arenga con el himno “Ens hi juguem el futur!”, más o menos todos hemos entendido ya que solo está hablando de “su” propio futuro, y no del país.

Cuando habla de una movilización “de seis cifras”, solo quiere decir que no espera más de 100.000 asistentes mañana en la plaza Urquinaona, y en rigor espera a bastantes menos. Cuando afirma orgullosa que “som el 52%”, sabe que la cifra responde a una aritmética parlamentaria alterada para dar sobrerrepresentación a las comarcas menos pobladas.

Construir un país sobre fundamentos tan precarios y verdades tan manipuladas, es una tarea vana en el sentido bíblico: “vanidad de vanidades, todo vanidad”. Los “nyordos” ya lo hemos entendido hace mucho, y nos ayudamos a tragar el sapo con mucha conllevancia y mucho sarcasmo. Sería de agradecer que El País no interfiriese en las posibles microsoluciones (concepto que debemos a Joan Coscubiela) a problemas tan hondos, con estrategias de hazañas bélicas de play station.

 

jueves, 9 de septiembre de 2021

CARTA DE BATALLA POR UNA NUEVA NEGOCIACIÓN

 


Paso a paso hacia un futuro mejor. Metáfora griega aplicable a Cataluña.

 

No se puede decir que haya saltado la sorpresa en el tema de la ampliación del aeropuerto del Prat; todas las cartas estaban marcadas. El gobierno central ofrecía pero no ofrecía algo que el govern catalán aceptaba pero no aceptaba, con manifestación en contra incluida. Mientras, el Júpiter tonante de Waterloo era de la opinión de que tanto el sí como el no a la ampliación eran traiciones nefandas a las esencias de la ratafía, y lo que había de hacerse en la tesitura era fulminar a todas las partes contratantes con justicieros rayos olímpicos

Nadie habría explicado el desenlace que ha tenido el entremés cómico mejor que mi abuela Pilar, que sostenía que “cuando las cosas van como van, luego pasa lo que pasa.”

─ ¿En serio, abuela?

─ Lo que te digo va a misa, Paquillo.

Si iba a misa, eso quería decir que no había más que hablar.

¿Es el caso del aeropuerto del Prat, sin embargo?

Nos encontramos de nuevo en la casilla de salida, se han perdido cuantiosas fechas de calendario y, todavía peor, cualquiera que se anime a hacer una propuesta diferente habrá de tentarse antes la ropa, porque son muchas las palabras gruesas que han retumbado en los medios: deslealtad, engaño, chantaje, etc.

Oriol Junqueras ha sido especialmente desafortunado en sus manifestaciones públicas. Como ya es tradición en los líderes históricos de Esquerra, Junqueras se precipita a desperdiciar por sistema todos los triunfos que le vienen a las manos en la partida de cartas de la política. En tanto que historiador, su preferencia es siempre mirar atrás. Pero atrás, el único referente que encuentra es el del año 1714: el estigma de una derrota absoluta.

El tema del relanzamiento de las infraestructuras en Cataluña merece una reconsideración y una nueva oportunidad. Más allá de lo que vaya a acontecer el próximo 11S. Más allá de la preservación de la Ricarda, cuestión que ahora aparece más factible. Es cuestión de debatir las medidas pertinentes y todo el contexto, con seriedad y con datos a la vista, en mesas solventes de negociación. Esas mesas pueden tener una constitución u otra, contar con participantes presenciales competentes y con personalidades decisivas no presentes en la brega pero sí representadas adecuadamente. Lo importante de una mesa de negociación no es quién acude a ella, sino qué se acuerda, y con qué garantías se lleva a la práctica.

Entonces apúrense, compañeros, apúrense y no demoren. Llevamos en dimes y diretes lo que no está en los escritos, y mientras, Cataluña se desangra lentamente.

 

miércoles, 8 de septiembre de 2021

EL TRIUNFO DEL SUCEDÁNEO



Encuentro inesperado ayer, en el mercadillo de Egáleo. “¡Cancillera!”, saludé, y ella me dirigió una mirada triste. “Yo no cancillerra, dijo, usted no Herr Gottráiguetz, ciruelas moradas no ciruelas, todo kaputt.” Nos giramos los dos de espaldas, y seguimos nuestro paseo cada cual por su lado, en solitario.

 

La realidad real es la única que existe, desconfíe de las imitaciones. La hemos llamado “analógica” y le hemos colocado al lado otra “realidad”, la virtual, para mudar ágilmente de contexto siempre que nos conviene. Háganme caso: esa operación no sirve de nada.

La realidad virtual no es más que un sucedáneo que utilizamos como subterfugio (lean la última frase dos veces, antes de seguir). Los ejemplos abundan: Carlos Lesmes es un subterfugio; Pablo Casado, un mero sucedáneo; Pablo Iglesias probablemente también lo era hasta que se cansó y se dedicó a comentarista político, lo que no deja de ser otro subterfugio un poco más alambicado.

La República catalana es un sucedáneo. El Puchi y la Laura hacen la garagara como si hablaran de cosas serias y ellos mismos fueran estadistas de cuya decisión última depende la operatividad del vital cordón umbilical consistente en una mesa de diálogo bilateral que tal vez permitiría a España hacerse perdonar sus prolijos desvíos. No es así, les doy mi palabra.

Jordi Cuixart ha hecho su parusía particular en el skyline catalán y se ha declarado ampliamente dispuesto a salvar a la humanidad. Es un bocazas, no le hagan caso.

Hemos llegado a un grado de solipsismo tan sofisticado, que asusta. No nos interesa la realidad real, esa que todas las mañanas nos trae noticias desagradables. Solo los sucedáneos nos dan entera satisfacción. En “La Vanguardia” leí ayer el titular de una noticia cuyo contexto ignoro por completo; el titular era el siguiente: «El culturista que se casó con una muñeca hinchable afirma ahora haberse enamorado de un cenicero.»

Bueno, ser culturista no está mal para empezar; contraer matrimonio con una muñeca implica dimensiones inéditas de solipsismo, y traicionar al artefacto en cuestión con un cenicero que probablemente ni siquiera es hinchable, revela ya un despegue total de la realidad, un vuelo virtual enteramente libre, un negacionismo ilimitado, más allá de terraplanismos y de problemas con las vacunas. Alcanzado ese punto, al catecúmeno en Ciencias Sucedáneas solo le queda refugiarse en la caverna de Platón (vaya otro…), y ver reflejarse en el muro las sombras como si fueran ideas.

El último supuesto mencionado parece decididamente inverosímil, pero en los laboratorios donde se estudia la evolución de los parámetros del movimiento independentista catalán, podría llegarse en breve a conclusiones muy parecidas.

  

martes, 7 de septiembre de 2021

A LA SOMBRA DE BELMONDO



Sophia y yo, en pantalla. Ella está clavada; yo, en cambio, no me parezco gran cosa personalmente de persona.

 

No sabría decir si fue un gran actor, o bien si su naturalidad y desenvoltura eran tantas que dábamos por bueno, y por fácil, todo lo que hacía en la pantalla. Yo no lo recuerdo tanto en À bout de souffle, o en Pierrot le Fou (siempre me ha costado llegar a un entendimiento pacífico con Godard y con su visión del mundo), como en La Ciociara, dando la réplica a una inconmensurable Sophia Loren (también he sido siempre más de heroínas que de héroes, qué se le va a hacer). Jean-Paul Belmondo, que falleció ayer para nuestro desconsuelo, interpretaba a Michele, un intelectual comunista atrapado en la misma tierra de nadie que la viuda campesina y su hija aún no adolescente, a las que acompañaba en una desbandada sin esperanza. El director era De Sica, el argumento procedía de una novela de Moravia. Grandes nombres.

Leo ahora que llamaban a Belmondo con el sobrenombre afectuoso de “Bebel”, pero el que recuerdo yo es “Popaul”. Me identifiqué totalmente con Popaul en aquella película de De Sica; me identifiqué, por expresarlo de alguna manera, para siempre, de modo que durante años he visto su rostro en la pantalla imaginaria en la que intentaba mirarme a mí mismo.

Un caso raro de transferencia.

  

lunes, 6 de septiembre de 2021

EL OBISPO ENAMORADO DE LA LUNA

 


El metafórico camino empinado de la virtud (rincón de una calle en la isla de Naxos).

 

Es seguramente lo más hermoso que ha ocurrido en este verano bastante impresentable: Xavier Novell, obispo de Solsona, ha dimitido de su cargo por motivos “estrictamente personales”. Yo no habría indagado más en el asunto, tampoco me importan tanto las jerarquías eclesiales, pero los medios generalistas me han servido la explicación completa en primera plana. El ya ex obispo se marcha a vivir con una mujer, una costumbre muy extendida entre eclesiásticos hetero, pero calificada por el Derecho Canónico de incompatible con el ejercicio de un ministerio espiritual de cura de almas.

Albricias, alguien dimite en este país. Más aún, alguien dimite por amor. Más todavía, alguien dimite sin utilización concomitante de puertas giratorias. Novell está buscando trabajo en una cooperativa leridana, ya que, al margen de su carrera eclesial, tiene el título de ingeniero agrónomo.

Todo el asunto revela una coherencia ética admirable. Puesto en una encrucijada engorrosa, Novell había de elegir entre dos opciones, y se ha decidido con todas las consecuencias por una de ellas. De haber razonado como los miembros de nuestro Consejo General del Poder Judicial, sin embargo, habría seguido impertérrito con sus amores laicos por un lado y su ministerio sagrado por el otro, despotricando además de los partidos políticos (en general, ojo, nunca en particular) por no apresurarse a resolverle de forma adecuada la papeleta.

De haber razonado como otra jerarquía del Estado aún más alta, que no nombraré por respeto reverencial hacia ella y hacia todo lo que representa, Novell habría compatibilizado a Sofía con Corina, el deber constitucional con la tarea lucrativa de muñidor de negocios multinacionales, y el patriotismo acendrado con la evasión de capitales; todo ello facilitado por una inmunidad de regalo, ofrecida de forma espontánea por todos los españoles.

Dicen que Novell se decantaba como obispo más bien del lado del integrismo religioso y del ultranacionalismo político. Pecadillos perdonables en una persona que nos ha dado una lección de ética enorme, además de demostrar que los tiene bien puestos.

Loor a Novell. Loor a todo espíritu fuerte que tenga la coherencia suprema de dejar bien separados y sin confusión posible su culo y las témporas, en lugar de darse de baja de su partido, mantener sin escrúpulos su cargo público, y buscar un acomodo vergonzante en el Grupo Mixto para el resto de la legislatura.

 

domingo, 5 de septiembre de 2021

CONSTANZA

 


Carmen posa delante de la Schnetztor, la puerta fortificada de la ciudad de Constanza que da a la frontera suiza. En alguno de los edificios del lado derecho de la calle, ocupado entonces por una posada de nombre ‘Die Rote Kane’, (La Jarra Roja), se alojó Jan Hus, invitado al concilio por el emperador para exponer libremente sus ideas. No le dieron tiempo para hacerlo; lo cargaron de cadenas, lo encerraron en la Rheintor, la torre-prisión bañada por el curso del Rin, le montaron un juicio sumario y le prendieron fuego en un lugar incierto extramuros, del otro lado de la Schnetzor que aparece al fondo.

 

Hace diez años, en septiembre de 2011, hicimos Carmen y yo un viaje ampliamente argonáutico a la antigua ciudad imperial de Constanza. Yo seguía entonces la pista de un manuscrito y del hombre, Gianfrancesco Poggio, que lo encontró oculto en los anaqueles de una abadía próxima tal vez al lugar. El libro era el tratado en verso ‘De rerum natura’, de Tito Lucrecio, y su historia fue ampliamente relatada, poco después de mi visita, por Stephen Greenblatt, en un libro memorable, The Swerve (El giro).

Pero también respiramos allí el ambiente de lo que pudo representar un concilio monumental, gigantesco, en una pequeña ciudad; y comimos pescado blanco del lago, y bebimos vino blanco (flojo) de las viñas vecinas, en el hoy restaurante Konzil, situado en el mamotreto arquitectónico, antiguo almacén, que fue acondicionado como sede de los debates para las últimas sesiones conciliares, cuando la expectación del mundo conocido había quedado fija allí, y eclesiásticos, militares, diplomáticos, espías y prostitutas de altísimo nivel conspiraban y movían hilos para encontrar una salida al inmenso embrollo del Cisma de Occidente, que fuera favorable a los intereses del bando que cada cual representaba.

 


Placa conmemorativa del Concilio, en la plaza del Mercado. Los tres pavos reales representan a los tres papas que había que eliminar en aras de una parroquia unida.

 

Constanza ha quedado convertida en un monumento conmemorativo de sí misma. Fue durante cinco años el centro neurálgico de la Cristiandad, que a principios del siglo XV era tanto como decir el Orbe; después, se refugió en sus recuerdos, y se durmió en los laureles. Los ecos de sus sueños siguen siendo magníficos, palabra de Argonauta.


 

Frente al Ayuntamiento, con Carmen.

 

sábado, 4 de septiembre de 2021

LA CASA SIN BARRER


 

Vista de la laguna de la Ricarda, en el municipio de El Prat de Llobregat, Barcelona, un humedal protegido por la Unión Europea. (Fuente, NIUS)

 

El alcalde de El Prat, Lluís Mijoler, ha puesto el dedo en la llaga: «El aeropuerto más verde de Europa se va a cargar un espacio de la red Natura 2000».

Lo de “más verde de Europa” es un eufemismo con el que se ha venido describiendo al aeropuerto del Prat ampliado. Sin embargo, el DORA (Documento de Regulación Aeroportuaria) presentado por Aena ayer viernes, mantiene la ampliación hacia el este de la “pista 07R/25L y sus rodaduras asociadas”, con afectación de espacios naturales protegidos, debido a lo cual serán necesarias “medidas compensatorias”.

Se ha estado jugando al sí pero no. La idea general en la que todos los intereses políticos coincidían era ampliar la pista, sin tocar el espacio natural. Como eso era imposible (es posible, sin embargo, ampliar la capacidad del aeropuerto sin ampliar la pista, una solución sobre la que se ha debatido más bien poco), la línea de consenso más aproximativa a la que se ha llegado es ampliar lo menos posible la pista, a fin de tocar lo menos posible la laguna. De alguna forma, lo mismo que le pedía Don Juan Tenorio a Doña Inés de Ulloa, según la maledicencia popular: “la puntita nada más.”

Aena se ha dejado de remilgos, y ha puesto los puntos sobre las íes: su plan pasa por ampliación + afectación + compensación (¿? - ¿Qué compensación cabe, si la destrucción de un espacio natural es en sí misma irreparable? ¿Crear un parque temático?)

Lluís Mijoler y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, han estado desde el principio y de forma consistente en contra de la solución de Aena. En cambio la actitud de Raquel Sánchez, que fue alcaldesa de Gavà y es ahora ministra de Transportes, ha sido bastante más ambigua. Lo mismo le ha ocurrido, según fuentes, a Salvador Illa. En el Govern de Cataluña las posiciones están divididas: quienes dicen “no”, no lo hacen por salvar la Ricarda sino porque el “no a todo” les parece la mejor táctica para aproximarse a sus propios objetivos: “A la república por la Ricarda (o por cualquier otro lugar, siempre que no sea el marcado desde el centro opresor), sería su divisa.

Entre los procesistas posibilistas, la Ricarda sí sería una posible moneda de cambio, en la dirección de un consenso presupuestario bilateral; y me temo que la misma valoración ─moneda de cambio─ se le ha dado a la laguna desde las casamatas del Gobierno central. O mucho me equivoco.

El uno por el otro, la casa ha quedado sin barrer. Como nadie ha hablado con la claridad suficiente, Aena ha seguido adelante con su librillo. La idea que sobrevuela de algún modo el galimatías es que de todos modos la UE vetará el proyecto del “aeropuerto más verde de Europa”, precisamente por su coloración marronácea.

Pero nadie puede estar seguro de que vaya a ocurrir así. Y además, sería infinitamente preferible proyectar las intervenciones hacia la creación de algo tan serio como un hub (intersección, punto de encuentro, nudo del tráfico internacional) a partir de estudios específicos sobre su necesidad, su practicidad, su viabilidad y su sostenibilidad.

No nos vaya a suceder que tiremos por el balcón a la niña ─la Ricarda─, y guardemos en cambio celosamente como oro en paño el agua sucia de la palangana.

 

viernes, 3 de septiembre de 2021

AYUSO, DE SURIPANTA EN EL SHOW

 


Publicidad reciente de Isabel Díaz Ayuso en cueros vivos.

 

IDA se ha despojado de golpe de los tres pedacitos de tela fiscal que aún conservaba para decoro de la Comunidad de Madrid, y las audiencias han rugido de rijo: “¡Así, así, Isabel, a pelo!”

No es el show de la lideresa lo importante, sin embargo, sino la guerra fiscal al gobierno. IDA es solo la foto de portada, puro brilli-brilli, pero el texto de fondo configura un Madrid reafirmado como paraíso fiscal interior tras la “caída de la hoja” en Patrimonio, Sucesiones y Donaciones.

Los ricos se apuntan a Madrid en masa. Y los ricos ejercen de influencers en sus ambientes propios: los campos de golf, las playas de moda, los restaurantes caros, las cadenas privadas/públicas de televisión y la prensa de papel satinado en colorines.

María Jesús Montero está que trina, con razón. Los impuestos tienen un sentido determinado, son indispensables para la justicia social y su estructura debe ser equilibrada y sostenible. Lo contrario conduce a aquello que en términos económicos globales se llama “dumping”. No me pidan que traduzca el concepto al español cervantino, no me da la gana, hace siglos que no vivimos en la España de Cervantes.

Madrid se desmarca del país, una vez más, chulaponamente. “Ahí os quedáis, pringaos”.

Lo hace desde los privilegios reconocidos desde siempre al dinero. Su intención es reventar el marco común de convivencia mediante el torpedeo submarino de la acción del gobierno con un acto de sabotaje deliberado.

No es el primero. El actual sabotaje fiscal de IDA sucede al sabotaje del recibo de la luz, que a su vez ha ocurrido de forma simultánea con el sabotaje del desembalse de Iberdrola. Nos han programado un verano movido, antes de la rentrée. La secuencia de explosiones controladas está llena de sentido en sí misma, de modo que no se queden ustedes boquiabiertos ante las formas turgentes de la señora o señorita Ayuso, no es ella quien lleva la manija, es nada más una figuranta, una “suripanta” como decían nuestros bisabuelos, en el espectáculo al que nos someten nuestros/as ricos/as solo para que veamos de lo que son capaces con tal de seguir mandando mil años más en nuestros destinos.

Se oyen voces aquí y allá, culpando al gobierno de ineficacia o, peor aún, de impotencia. Escuchen, las cosas no irían mejor con más radicalidad y velocidad en el cumplimiento del programa de coalición. La guerra sería más cruda, simplemente. Necesitamos aliados en esta guerra, y a más radicalidad, menos aliados.

La última trampa es hacernos creer que hay buenos y malos en este gobierno. Si aceptamos eso, habremos aceptado todo lo demás. Estamos corriendo una maratón, no una carrera de cien metros lisos.

 

jueves, 2 de septiembre de 2021

ARTE, TRABAJO, TECNOLOGÍA, MERCADO



Alegoría de las artes, pintura de Jan Vermeer (detalle). Kunsthistorisches Museum de Viena.

 

«El arte es trabajo. El hecho de que alguien lo haga porque le gusta o como forma de expresión personal o política, no hace que deje de serlo.»

La frase es del crítico estadounidense William Deresiewicz, y procede de su libro “La muerte del artista” (versión española en Capitán Swing 2021, traducción de Mercedes Vaquero Granados), un análisis de “cómo los creadores luchan por sobrevivir en la era de los billonarios y la tecnología”. Me llega noticia del libro a través de una reseña firmada por Marta Moreira en culturplaza, bajo el título “La difícil yinkana de vivir del arte en la era digital”. Completo el círculo de mis reconocimientos con la mención de Blanca Vilà, que colgó dicha reseña en su muro de Facebook.

El arte, todo arte, es una forma de trabajo. Visto a la inversa, toda forma de trabajo es también un arte. Hay fuertes intentos de disociar los dos conceptos, pero la realidad es tozuda. Se entiende mejor la cuestión en todas sus implicaciones recurriendo al pensamiento griego, que dio al arte el nombre de techné. Trabajo, arte, técnica, todo está situado en la misma constelación, no hay barreras divisorias impermeabilizadas entre ellos.

Cierto que todos trabajamos y no todos somos artistas, pero esa no es una objeción seria. Tampoco somos todos ingenieros, ni maquinistas, ni barrenderos. El trabajo tiene mil expresiones, codificadas unas (asalariadas normalmente), y otras voluntarias (casi siempre no remuneradas). El arte en tanto que forma de trabajo se sale de lo común; de un lado por su originalidad y su capacidad de representación, y de otro, por la relación peculiar entre el artista y su cliente.

Pero sigue siendo trabajo, afirma Deresiewicz, y en consecuencia genera un valor que debería retribuir principalmente al creador.

En la era de los billonarios y de la tecnología no ocurre así, sin embargo. Aquí el artista es un trabajador precario más; un esclavo de las vicisitudes de un mercado muy mediatizado, y del capricho de las grandes corporaciones que marcan las tendencias y manipulan así el gusto de las audiencias.

No es su talento entonces lo que le permite al artista abrirse paso; no lo es tampoco la aceptación de un público global, que solo puede tener noticia de él a través de los grandes medios de divulgación cultural. (Los medios “son” el mensaje, parafraseando a McLuhan).

En el actual escalón tecnológico, tiende a darse por sentado que los contenidos se ofrecen universalmente de forma gratuita porque no incorporan un valor económico. Lo que sí se valora, en cambio, es el acceso universal, fácil e instantáneo del público global a esos contenidos.

Ocurre entonces que las nuevas plataformas tipo Google, Amazon y demás, desvían la remuneración desde los creadores de contenidos hacia ellas mismas, las distribuidoras.

Eso supone un peligro cierto para la calidad de los contenidos que difunden, y para la sostenibilidad del esfuerzo de los trabajadores creativos. La globalización supone una pauta de adocenamiento, de uniformidad de los contenidos ofrecidos. Ninguna forma de arte es considerada primordial e insustituible; y la actividad artística, de la misma forma que el trabajo asalariado de todo tipo, se trata como una “fuerza” abstracta, fungible, infinitamente sustituible, a la que únicamente confiere un valor sustancial (es decir, económico) el toque mágico de la tecnología de la comunicación más sofisticada, que tiene la capacidad de colocar esa fuerza innominada, en buenas condiciones, en el mercado global.

Urge una reflexión más ajustada sobre la creación de valor, y sobre el trabajo y la cultura, el arte y la tecnología, la vanguardia artística y el mercado global del arte.

  

miércoles, 1 de septiembre de 2021

REAPARICIÓN DE CUPIDO

 


La “Muchacha leyendo una carta” de Vermeer de Delft, antes de su restauración y en el curso de la misma. Fuente, Colecciones Estatales de Arte, de Dresde.

 

Una restauración que ha durado dos años y medio ha permitido a las Staatliche Kunstsammlungen de Dresde devolver al público la integridad de una pintura de Johannes Vermeer tal y como fue pintada por el artista. Se trata de la “Muchacha leyendo una carta” (1657-59), una obra de un encanto especial, de uno de los artistas punteros del barroco burgués europeo.

Una cortina de color verde se descorre hacia la derecha ante nuestros ojos, dejándonos atisbar parcialmente un espacio íntimo ocupado por una sola persona, una mujer joven. En primer plano, frutas colocadas en un plato de cerámica, sobre un tapete historiado. Más allá, la muchacha se arrima a la ventana en busca de luz para leer una carta. El rostro de la muchacha aparece serio, concentrado en la lectura; lleva el cabello, bien peinado, recogido en un moño con redecilla, y su vestido a la moda engama con el color de la cortina de terciopelo.

La pared del fondo ha sido durante muchos años de un blanco liso. El tema de la carta podría haber sido cualquiera, si bien la actitud de la lectora y su presencia ─se supone que voluntaria y buscada─ en un espacio recogido (una habitación propia, como habría dicho la Woolf), dejaban suponer una implicación sentimental entre la lectora y la persona que escribió el billete.

Todas esas suposiciones se han visto confirmadas cuando los restauradores de la institución vieron por los rayos X, oculto debajo de la pintura blanca del fondo, un tapiz con un Cupido de buen tamaño que preside toda la escena con su autoridad divina.

Se creyó inicialmente en un “arrepentimiento” del propio pintor, pero los instrumentos de datación revelaron que el tapiz era de mano del artista, y el blanco que lo ocultaba había sido añadido varias décadas después. Algún propietario timorato encontró hermosas la escena y composición, pero inconveniente la figurilla prepotente del dios desnudo.

El sentido transparente que prestaba la presencia de Cupido a la lectura plasmada por el artista fue “opacado” mediante un “velo” blanco convenientemente dispuesto; una especie de hiyab preventivo de malos pensamientos. Los beaterios no son muy distintos en Dresde y en Kabul; se trata en todos los casos de esconder todo lo que la naturaleza deja patente, bajo una capa de religión dirigida a oscurecerlo todo.

 

martes, 31 de agosto de 2021

TRANSVERBERACIÓN

 Relámpagos de agosto

 


Gian Lorenzo BERNINI, ‘Éxtasis (o transverberación) de Santa Teresa’ (detalle). Roma, Santa Maria della Vittoria.

 

«Veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla. [...] No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman Querubines [...]. Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios.»

Teresa de Ávila, ‘Libro de la Vida’. Capítulo XXIX.3

 

Bernini plasmó la transverberación, que algunos llaman éxtasis, de Santa Teresa en un grupo escultórico en mármol que le encargó el cardenal Cornaro para el lugar en el que tenía dispuesto ser enterrado, en una capilla de la Iglesia de Santa Maria della Vittoria, en Roma. El cardenal se excedió en su gusto indiscreto por lo que los ingleses llaman peeping, ya que hizo que el artista les inmortalizase a él y algunos familiares sentados en un balcón desde el que podían observar a su sabor los pormenores de una escena que por naturaleza ha de tener un carácter rigurosamente íntimo.

Lo que Bernini cinceló con rigor es lo mismo que queda descrito en el Libro de la Vida de la santa, y no hay que darle más vueltas. Se las dio don imPío Baroja, cuando comentó que se trata de una escena de cama en la que se ha escamoteado el galán. El comentario resulta cínico, habida cuenta que la santa aparece, en sus propias palabras, “toda abrasada en amor grande de Dios”, aunque da alguna justificación al mismo el voyeurismo en manada de los Cornaro asomados al balcón.

La transverberación es, pueden verlo en el diccionario, una experiencia mística. Todos tenemos nuestra propia idea de lo que es y no es la mística y lo que es y no es una experiencia. En la más terrenal de las interpretaciones posibles, el rostro en primer plano de Teresa expresa mucho más que una adocenada “escena de cama” como ocurren cada día millones en el planeta.

Valorar de forma adecuada esta singular pieza escultórica (no conozco otro ejemplo en el que el “alma”, para expresarlo con un término equívoco, de la protagonista quede tan al descubierto) es posiblemente, también, un acto de feminismo. Por mi parte siento un enorme respeto y admiración, tanto por el “arpa” arrumbada en el ángulo oscuro del salón, como por la “mano de nieve” del artista que ha sabido pintarla.

 


Los Cornaro, amontonados en su balcón de proscenio.

 

domingo, 29 de agosto de 2021

FASCISMO E INTEGRISMO, VASOS COMUNICANTES

 No es la primera vez, ni será la última, que doy voz a Tarso Genro, emblema de la oposición trabajadora y democrática de Brasil, en este blog. En este caso, desarrolla un análisis certero ─desde la periferia del imperio─ según el cual fascismo e integrismo, dos opciones aparentemente contrarias, son en la práctica vasos comunicantes por los que circula una misma sustancia vicaria, enfeudada a poderes fácticos bien conocidos.

 

Niños muertos de Kabul enganchados en alambradas de espino, o la barbarie que nos arrasa (*)

El aeropuerto de Kabul es el pequeño espacio global donde, hoy, civilización y barbarie se miran desde los dos lados de la valla

Tarso Genro (**)


 


El ex Secretario de Estado de EUA, Michael R. Pompeo, reunido con el delegado de los talibanes en Doha, Qatar, el 12 de septiembre de 2020. [Foto del Departamento de Estado: Ron Przysucha / Domínio Público]

 

Bolsonaro se ríe en público de quienes pasan hambre y dice, a la “capillita” de idiotas que le adulan, que representan solo a una pequeña parte de nuestro pueblo: «¡No compraremos alubias, compraremos fusiles!”. Repite así la fórmula fascista, degradada por su proyecto de poder miliciano –sin partido, sin ideas, sin compasión─, y recomienda, como quería el Duce, el “armamento general del pueblo”. Quiere sustituir a las Fuerzas Armadas, cuyo deber constitucional es defender la soberanía nacional y la estructura republicana del Gobierno, por una milicia dispersa, sin ley y al margen del orden.

Bolsonaro disuelve el Estado y los poderes soberanos con una frase letal: «¡Compraremos fusiles, no alubias!» Es la fórmula mediante la cual extiende la barbarie por el territorio y alimenta la utopía de la derecha, que imagina un país sin Derecho y sin Estado, reducido a un espacio de mercado controlado por milicias criadas en las sentinas clandestinas de la ilegalidad. Las Fuerzas Armadas no dicen nada. ¿Quién lo dirá?

En el apogeo de la Europa democrática y burguesa, su civilización pensaba en sí misma como la vanguardia (Mattei) ante la cual “la ignorancia se disiparía con el aumento de las luces del conocimiento, el deseo se plegaría a las órdenes de la razón, y la barbarie se sometería a la civilización en una conversión de todo su ser…” Esta encarnación de la razón democrática por parte de la Europa civilizada no ha prosperado, y están en peligro los fundamentos del Estado público asediado por los bárbaros.

Los reflejos tenues de aquella civilización rompieron durante siglos en las playas de América Latina, en una gigantesca sucesión de convulsiones. Sus desdoblamientos bárbaros y civilizatorios persisten: los bárbaros, representados en un fascismo transmutado por las élites locales en autoritarismo oligárquico; y los reflejos civilizatorios, sobreviviendo en los resquicios de vida democrática que han conseguido mantener. Es preciso pensar en Kabul, no como un eslabón perdido de este proceso, sino como una metáfora del desastre histórico que está poniendo en crisis lo que queda aún de la democracia liberal.

El aeropuerto de Kabul es el pequeño espacio global donde, hoy, civilización y barbarie se miran desde los dos lados de la valla. En un lado están los soldados americanos, que cumplen las órdenes de controlar las vías de escape, demasiado exiguas; y, en el otro, el talibán victorioso, que tolera que los “ultra radicales” hagan estallar bombas en medio de las personas en fuga, desesperadas por el abandono. Los niños muertos que los soldados del Tío Sam desenganchan de las alambradas de espino de las vallas de Kabul marcan la trayectoria de un siglo que comenzó en crisis y se aproxima al desastre.

Los soldados americanos son del mismo país que armó y organizó a los talibanes, y en 1994 permanecieron inmóviles –durante la administración de Bill Clinton– ante el asesinato programado, en Ruanda, de 800.000 tutsis en 100 días de carnicería. No podemos olvidar que buena parte de los iluministas europeos de derechas siempre han considerado el colonialismo como un “proceso civilizatorio.”

La barbarie por omisión, en el caso de Ruanda, fue un reflejo tardío del pensamiento crítico de las clases dominantes del mundo, escenificado por quien se presentaba como “estado-policía” mundial, con la intención exclusiva de proteger sus intereses de dominio de la tierra y de las riquezas minerales. A esos espacios coloniales y neocoloniales se les adjudicaba una “policía” cuando el costo de la intervención quedaba compensado por una tasa de retorno aceptable en términos de felicidad imperial.

El acuerdo con los talibanes ─en Afganistán– tiene aún el mismo sentido, coherente para quien, durante décadas, ha seguido actuando en territorio latinoamericano apoyando las dictaduras terroristas que nos infestaron en el siglo XX. El régimen talibán se constituyó y apoyó para enfrentarlo a los soviéticos, no para organizar un “estado de derecho” en un país de tradición fuertemente tribal. La reflexión que aportan los acontecimientos de Kabul a nuestro país infeliz, ahora que incluso el establishment considera que nos gobierna un energúmeno, es todavía más compleja.

Nuestro talibán, aquí, es un hombre al frente de un movimiento que penetró en el recinto del Estado y viene alimentando poco a poco, en una parte del pueblo, un espíritu belicista: no es una organización política asentada en una estructura de clase, ni un núcleo de poder formal, sustentado por el dinero de los ricos tradicionales. Es un grupo de aventureros amparado por recursos de una “lumpen” burguesía sin grandes riquezas pero “experta” en trampas y pelotazos rentables.

Cuando Bolsonaro tiene el valor de decir que los fusiles son más importantes que las alubias, que la armas pasan por delante de los alimentos, que la guerra es preferible a la paz, su gobierno ya no es tan solo ilegal e ilegítimo. Entonces se identifica con las dos barbaries de Kabul: la que hace estallar bombas en medio del pueblo indefenso y proyecta criaturas contra las alambradas de espino, y la que organizó a los talibanes para llevarlos al poder en nombre de la civilización, con sus secuelas de fracaso y sangre derramada.

 

(*) Publicado originalmente en la revista Sul 21, número de agosto 2021. La traducción, muy de circunstancias, es mía.

(**) Tarso Genro ha sido gobernador del estado de Rio Grande do Sul, alcalde de Porto Alegre, ministro de Justicia, ministro de Educación y ministro de Relaciones Institucionales de Brasil.

 

LA ANUNCIACIÓN CON UN LIBRO

 


Detalle de la jamba derecha del portal de la catedral de Altamura, Puglia. Corresponde a la mitad de una Anunciación. El Ángel está en la jamba izquierda, y todo aquel que cruza la puerta del recinto sagrado se cruza también con el Espíritu Santo que vuela, cumpliendo órdenes, en dirección a la doncella que lo seguirá siendo incluso después del parto. La foto es de Carmen Martorell, a ruego mío.

 

Toda la anécdota es muy conocida: quiero decir el ángel, el espíritu que fecunda a la virgen “ancilla Domini”, y el “hágase en mí según tu palabra”. Me detengo en el libro, por dos razones: la primera, porque es un anacronismo, no existía ─no podía existir─ en la situación original; la segunda, porque aparece suspendido en el aire. Levita.

No existían libros de este porte en Nazaret, año 1. Cuando fue labrado el portal de Altamura, ya avanzado el siglo XIV, eran una novedad rabiosa. Recuerden que Gutenberg aún no había nacido, que los libros se recopiaban en los scriptoriums, se miniaban y se confeccionaban artesanalmente, protegiéndolos entre tapas de cuero a menudo fileteadas de oro y trabajadas como joyas. Solo disponían de tales artículos de lujo personas con una alta capacidad adquisitiva, que por lo general encargaban su confección a artesanos itinerantes, muy escasos y muy hábiles, que eran invitados a las cortes de los reyes y los nobles.

La presencia del libro en la escena tiene una intención ejemplarizante. Se trata de hacer visible para el vulgo que, en un instante tan excepcional de su vida, María está concentrada en sus rezos, y no atenta a su placer.

Pero además el librito de oraciones era un símbolo de estatus en el Trecento, y quizás es esa la razón última de que el ejemplar abierto en el aire (o sostenido por un soporte invisible, al que el escultor no da ninguna importancia) que lee María, levite ante la Virgen con un realismo apabullante, de forma que todo su pequeño volumen sobresale de la piedra en un audaz "escorzo" (no sé de qué otra forma llamarlo) en altorrelieve.

El libro levitante, las manos cruzadas, la sonrisa inefable, los pliegues dulces del vestido casto, el sagrario esbozado con dos columnas que sostienen un arco lobulado con motivos vegetales. Esta es una de mis representaciones favoritas de María, dócil y enigmática, trascendiendo en su persona el misterio que la traspasa sin tocarla.

     

sábado, 28 de agosto de 2021

EL PUDRIMIENTO PROGRESIVO DE LA DERECHA

 


Thatcher y Reagan, los padres fundadores de la perversión original de la derecha que está llevando a sus discípulos, o bien a la inanidad, o bien a las casamatas, depende del gusto.

 

Hay cierto derrotismo en el ambiente. En las redes sociales aparecen voces que advierten de que las izquierdas (es decir, nosotros) nos estamos derechizando, y el tsunami PP-Vox se nos va a tragar en los comicios venideros, a no ser que espabilemos pronto.

No lo creo. O sea, si la izquierda está así de mal, yo pregunto, ¿dónde está la derecha?

Oigan, la derecha ha tirado la toalla de la política y se dedica a otra cosa. Luego se lo explico aquí de forma pormenorizada, pero mientras tanto me hacen el favor de leer un post reciente de José Luis López Bulla, “Casado, perdido y hallado en el búnker” (lo encuentran en http://lopezbulla.blogspot.com/2021/08/casado-perdido-y-hallado-en-el-bunker.html)

La derecha, en una palabra, se ha tirado al búnker, del mismo modo que la judicatura se ha tirado al monte. José Luis termina su ejercicio de redacción preguntándose qué postura tomará el búnker frente a la reforma de las pensiones y la subida del salario mínimo. La pregunta es retórica: el búnker estará en contra, por descontado. Pero no porque tenga un proyecto alternativo ni porque el tema choque con sus convicciones ni con sus “raíces profundas”, sino porque no tiene ganas de ponerse a pensar ahora, lo que faltaba para el duro.

Tenemos un país en el que la izquierda gobernante se ve obligada a ejercer también de derecha. Ojo, no es que se derechice, la cuestión es distinta; ocurre que tiene que velar por el común de los ciudadanos y no exclusivamente por quienes considera “suyos”; y en ese trance, tratar de conservar equilibrios delicados que los señores Casado y Abascal, de un lado, y Lesmes y Marchena del otro, se pasan por el arco de triunfo. (Menciono solo a los cabecillas más a la vista; el gang implicado es notablemente numeroso.)

En una entrada reciente de mi blog, preguntaba dónde están las derechas de antaño. Me ratifico y enfatizo. La izquierda siempre ha reivindicado la ética en la política, es de alguna manera su punto fuerte, y la derecha ostentaba  por su parte tres superioridades difíciles de contrastar: la superioridad de los saberes, la del capital financiero que inyecta en la estructura productiva, y la de ser portadora de un proyecto de progreso desigual pero no, en principio, excluyente.

En dicha entrada (ver http://vamosapuntoycontrapunto.blogspot.com/2021/08/donde-estan-las-derechas-de-antano.html) comentaba hasta qué punto la derecha ha desertado de sus tres responsabilidades clásicas, y no tiene nada que ofrecer a la sociedad en el terreno de la política. El conglomerado financiero-industrial se ha convertido más o menos en una enorme maquinaria extractora-aspiradora de rentas, dirigida de preferencia a negociar las carencias de los humildes y lucrarse con sus necesidades. La educación, la sanidad, los alquileres de viviendas, las hipotecas, la previsión social, las pensiones, las vacunas, las residencias para ancianos, ofrecen un campo amplísimo para el revoloteo de los buitres. Su única preocupación al respecto es que no intervenga la “política” (en forma de normas taxativas legisladas según los protocolos de las mayorías parlamentarias) a fin de imponer restricciones en sus cazaderos de rentas preferidos. Por eso la actividad política principal y casi única de la derecha, hoy, es la de bloqueo.

La situación no es buena, pero tampoco tan mala como para caer en el desánimo. Se está avanzando en la corrección de las desigualdades, siquiera sea entre ataques de nervios porque no se va lo bastante deprisa.

Pero se avanza, ese es el dato que importa.