miércoles, 25 de enero de 2023

ALCALDABLES A LA FUGA

 




Particular del monumento a Francisco de Paula Rius i Taulet, alcalde de Barcelona en varias ocasiones entre 1872 y 1889.

 

Xavier Trias i Vidal de Llobatera, alcaldable de Barcelona por Junts, se desentendió de la manifestación de protesta de su grupo por el cuajo con el que se presentaron en Barcelona Pedro Sánchez y Emmanuel Macron, dos “colonos”, con vistas a tomar decisiones sobre las que el “Govern legítim”, que afortunadamente no reside en Barcelona sino en Waterloo – es decir, in partibus infidelium –, no quiere definirse ni a favor ni en contra. Llobatera, en consecuencia, se declaró tibiamente partidario de la protesta popular y excusó su ausencia de la movida debido a la imperiosa urgencia de visitar a un amigo.

De forma simétricamente contraria, Jaume Collboni ha dejado sus responsabilidades de vicealcalde mucho antes de lo que prescribe la ley electoral, y va a preparar el asalto a la alcaldía no desde dentro, como ha venido haciendo hasta ahora, sino desde fuera y mirando al soslayo, no sea que alguien le relacione con el nefasto consistorio que ha vicepresidido.

Ha afirmado un bloguero de mi entera confianza, hará tan solo un par de días, que según “los analistas” (lo ha dicho así, sin más precisión), la alcaldía de Barcelona es el elemento decisivo para decantar la batalla por las mayorías suficientes que puedan dar salida al atasco político generado hace más de un quinquenio por la serie de acontecimientos conocida, para simplificar, bajo la etiqueta de “el procès”.

Si es así, y no tengo motivos para ponerlo en duda, no se entiende mucho el disimulo de un alcaldable y ex alcalde que se promociona para una misión crucial por el procedimiento de fingirse un ciudadano que simplemente pasaba por ahí, y ha decidido por pura afición entretener su tiempo en regar las margaritas del Parc de la Ciutadella. Y lo mismo cabe decir de quien se proyecta a sí mismo al suelo desde el balcón de la Casa Gran, con la pretensión de que sea reescrita desde el principio la historia de sus años pasados allí dentro, y se eche al olvido de las azucenas su corresponsabilidad con todos los acuerdos tomados con su asistencia y refrendados por su firma.

Lejos quedan los dos del perfil imponente de un alcalde de Barcelona a la vieja usanza. Recordemos la actitud de Rius i Taulet cuando hubo de hacer frente a la negativa general de apoyo financiero a una Exposición Universal, en una reunión con asistencia del gobernador, el capitán general, el presidente de la Diputación, el rector de la Universidad, el presidente del Ateneo, etcétera. Nos lo cuenta Eduardo Mendoza en un pasaje, tal vez no rigurosamente histórico pero aleccionador, de “La ciudad de los prodigios” (p. 37):

«Al final Rius y Taulet dio un golpazo en la mesa con una carpeta de cuero y cortó en seco tanta garrulería. Hòstia, la mare de Déu!, gritó a pleno pulmón. El vibrante exordio se oyó en la plaza de San Jaime, pasó a ser de dominio público y figura hoy, con otros dichos célebres, labrado en un costado del monumento al alcalde infatigable.»

Trias y Collboni, en comparación, ni chicha ni limoná.

 

jueves, 19 de enero de 2023

UN ÉXODO EN CADENA

 


Angelina Puig. (Fuente, Diario digital de Sabadell)

 

A lo largo de los años sesenta, una marea humana de dimensiones bíblicas se desplazó desde miles de localidades andaluzas y de otras regiones (extremeñas, murcianas), hacia lugares lejanos que ofrecían, si más no, la esperanza de trabajo remunerado y de una vida con algunas (muy pocas, en verdad) comodidades a las que los migrantes no tenían acceso en sus comunidades de origen. Ese fue el origen de un vínculo peculiar entre Andalucía y Cataluña, puntos mayoritarios de origen y de destino de aquella riada humana, que han sido tema para estudios recientes de diferente tipo pero en todo caso de gran enjundia, en particular en Andalucía. (*)

La Jerusalén celeste era un lugar de delicias en el que, según los creyentes, manaban fuentes de leche y miel. Cuesta reconocerlo en la descripción que Angelina Puig (**) hace de la “Tierra prometida” adonde se dirigieron miles de familias granadinas en las décadas de 1950 y 1960. «En 1950 el barrio de Torre-romeu no existe. Es un espacio situado al este de la ciudad [Sabadell], a la izquierda del río Ripoll, que se extiende desde el río hasta la parte más alta de la montaña … Es un lugar desequilibrado, inhóspito, de fuertes pendientes, que en los días de lluvia tienen más el aspecto de torrentes que de caminos. Algunas escaleras salvan los desniveles abruptos.»

No hay luz eléctrica, ni agua corriente, ni alcantarillado, ni calles propiamente dichas. En octubre de 1950, fecha del Plan General de Ordenación de Sabadell, viven allí 2.111 personas en 354 casas, 70 “semi-casas”, 292 cobertizos. 94 barracas y 182 cuevas. Unas 1.550 lo hacen en cuevas y barracas. El propietario de la mayor parte del terreno es don Segimon Homs. El precio de una cueva en 1950 podía ser, según el historiador sabadellense Antoni Castells, de unas 3.000 pesetas.

Angelina ha trazado de forma pormenorizada la historia del éxodo prodigioso que llevó a este lugar, entre 1950 y 1972, a más de mil personas procedentes de Pedro Martínez, población de los montes de Granada. Parte destacada del libro es la palabra de los/las protagonistas, que cuentan en primera persona su antes y su después. Memoria oral, admirablemente encajada en el relato.

La mayoría llegaron por tren, en grupos grandes, porque así era más barato. Traían consigo todos sus enseres, sus muebles. La primera oleada se produjo en los años cincuenta: fueron gentes con menos arraigo en su pueblo de origen, problemáticas para los propietarios, o los curas, o la guardia civil. Estuvieron primero en el Pirineo, en la construcción de embalses para las compañías hidroeléctricas. Un trabajo duro y peligroso. Hubo accidentes, muertos que llorar. Desde Pont de Suert, recalaron en Sabadell buscando trabajos más asequibles y refugio.

La primera oleada fue entonces la de los inquietos, los desarraigados, los descontentos, los directamente antifranquistas, algunos de ellos directamente organizados. En los años sesenta, las condiciones de trabajo en los latifundios de Andalucía empeoraron. Se compraron máquinas para las faenas del campo, la demanda de mano de obra disminuyó, los jornales menguaron. La segunda oleada de migrantes incluyó a todos, desde los jambríos hasta una parte de las clases medias. Angelina define aquel movimiento colectivo de forma interesante, como una “migración en cadena”. Las gentes de Pedro Martínez no eligieron como punto de destino Torre-romeu como un desiderátum, sino porque otros lo habían hecho antes. Un instinto de grupo les llevó a mantener a toda costa la familiaridad y la coherencia de su origen común.

Todos trabajaron: quien podía, con un contrato de trabajo; quien no, con “faenas” de ocasión pagadas en negro, en la economía sumergida; las mujeres, auténticas cabezas de familia, en cuidados de todo tipo, a familiares y a vecinos necesitados, que nunca tuvieron remuneración dineraria, pero fueron esenciales para la supervivencia y para la cohesión.

Todos trabajaron además en convertir el desmonte en un suburbio. Las cuevas se limpiaron, se ampliaron y compartimentaron; las barracas se reformaron y se consolidaron, incluso se convirtieron en casas dignas de ese nombre, algunas de más de un piso. Los propios vecinos construyeron aceras, con cemento y tochos. Por agua se iba a las fuentes, se repartía acorde con las necesidades, y por ella se pagaba al propietario. Cada vivienda mínima era habitada por tantas personas como podían ocuparla. La densidad de población era altísima.

Aquello ocurrió bajo el franquismo, bajo el nacionalcatolicismo, con la “buena gente” mirando a otro lado. Solo con la llegada del primer alcalde democrático, Antoni Farrés, del PSUC, llegaron los servicios esenciales, y el espacio primigenio junto al río que inundaba las cuevas en los otoños lluviosos, se convirtió en un barrio “normal”.

El trabajo, sobre todo en las fábricas textiles y de la construcción, y la lucha vecinal por mejorar el espacio comunitario, estuvieron también presentes en el proceso de integración de los migrantes en un territorio y una cultura diferentes. De Pedro Martínez trajeron muchas de las personas migrantes semillas cuidadosamente atesoradas de antifranquismo, de anhelos democráticos y de reivindicación de derechos igualitarios. La lucha sindical y vecinal fue a partir de los setenta un cemento social y cultural poderoso en el mosaico de comunidades que convivieron en un Sabadell, un foco tradicional de inmigración que triplicó su población censada en tres decenios y medio (1950 = 59.494 hab.; 1985 = 187.506).

 

* Quiero referirme en particular a dos libros recientes de dos grandes amigos: el póstumo del inolvidable Javier ARISTU, “Señoritos, periodistas y viajeros”, (2022) y al último estudio de Carlos ARENAS POSADAS, “Lo andaluz. Historia de un hecho diferencial”, del mismo año.

** Una reelaboración de la tesis doctoral de Angelina PUIG I VALLS, “De Pedro Martínez a Sabadell: la inmigració, una realitat no exclusivamente económica”, ha sido editada en la forma de un volumen de la colección Serie General Universitaria (SGU) de Edicions Bellaterra, junto a otro estudio de Teresa M. ORTEGA, bajo el título común de Andalucía y Cataluña: dictadura y emigración (Barcelona 2020).



sábado, 14 de enero de 2023

SUMANDO DOS MÁS DOS EN EL AUDITORIO

 


Los ponentes, al finalizar el acto en la Sala 1 del Auditorio de Barcelona, esta mañana. Mi gratitud a Lluís Filella Carballo, de cuyo muro de FB he tomado en préstamo la imagen.

 

El acto de “Sumar” celebrado esta mañana ha desbordado por completo el aforo de la sala grande de conciertos del Auditorio de Barcelona. Yolanda Díaz y Ada Colau nos han hecho esperar, a los madrugadores que sí habíamos encontrado sitio, entretenidas durante un buen rato en una charla “de calle” improvisada con las más de mil personas que seguían plantadas en la cola después de una hora de espera frustrada para entrar. De modo que el acto en sí, previsto para las 11, ha empezado en realidad una hora después.

Busquen la noticia en las redes sociales, porque las primeras planas de la prensa digital no la recogen, al menos aún, volcadas como están con los dicharachos entre Shakira y Piqué, y otras fantasías.

No digan que eso es cosa del país, la prensa funciona lo mismo en todos los demás sitios. Quien manda, manda.

No digan (se ha dicho ya) que la iniciativa encabezada por Yolanda Díaz solo sirve para dividir a la izquierda: estamos delante de una izquierda sórdidamente dividida, y las iniciativas como “Sumar”, que tienden a reconstruir la esperanza, la ilusión y la libertad, trabajan en favor de una reconstrucción de la unidad popular.

No voy a hacer juicios de valor en relación con el acto en sí. Me felicito de haber estado allí, porque a estas alturas de mi vida y de mi militancia me conforta sentir la adrenalina recorriendo mis arterias endurecidas, de tanto en tanto. Soy optimista en general respecto de la situación política actual y futura del país, considerando como tal, no el breve lapso que nos separa de las próximas elecciones generales, sino una perspectiva menos cortoplacista y situada a una mayor altura. En este sentido, destaco tres notas de la encrucijada en la que nos encontramos, que he ido anotando mentalmente al hilo de la intervención de Yolanda Díaz:

 

- estamos en un cambio de época;

- arrancamos un nuevo modelo productivo;

- no solo necesitamos más salario, más protección y más derechos personales y sociales para las personas trabajadoras, sino más democracia económica.

 

La conciencia, asumida de forma colectiva (partidos, sindicatos, movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales), de esta encrucijada histórica concreta implica el diseño de un proyecto unitario también concreto, cuyo avance será difícil pero posible, ha señalado Yolanda. Y la maravilla es que ella ha entrado en este jardín, mientras que no lo han hecho, ni por alusiones, otros líderes de la izquierda vieja y nueva que han venido ocupando el escenario en los últimos años.

 

martes, 10 de enero de 2023

EL EFECTO ARBELOA

 


Don Ramón de Campoamor, poeta relativista.

 

Lo que quiso Cuca Gamarra en su célebre tuit, fue hacer una comparación atrevida entre las hordas comandadas por Pedro Sánchez, que han irrumpido al asalto y al desmadre en las venerables instituciones de gobierno del país, y los dignísimos ciudadanos bolsonaristas (no confundir con los bolivaristas, estos son la hez) que intentaron remediar el curso de las cosas después de que unas elecciones fraudulentas apartaran a su líder del encomiable empeño democrático en el que se hallaba enfrascado.

Gamarra comparte punto de vista (o color del cristal con que se mira, en palabras de don Ramón de Campoamor) con un friqui al que he conocido debido a un rebote inesperado, e involuntario por mi parte, de los fastos del Mundial de fútbol celebrado por ahí hace poco. Se trata de un tertuliano criado en los basureros mediáticos, llamado Juanma Rodríguez y apodado “Gargamel”, que está llevando adelante una cruzada esforzada para desinflar lo que él llama la “burbuja Messi”.

Messi no es el mejor futbolista de todos los tiempos, señala Gargamel; está muy, pero que muy, sobrevalorado. Currículo por currículo, lo tiene mucho mejor Álvaro Arbeloa, sin ir más lejos.

No sé si se acuerdan de Arbeloa. Se distinguió en el Chelsea * por su manera de frenar a Messi, en una época en la que estaba a las órdenes de José Mourinho. Lionel fue derecho a la enfermería, y Álvaro fue premiado con una tarjeta roja. “Mou” protestó mucho aquella tarjeta, según él no había sido para tanto. En tarjetas rojas, dicho sea por escrúpulo de la verdad, Arbeloa va muy por delante de Messi en cualquier ranking que se considere.

Arbeloa (y al año siguiente, también Mourinho) fichó por el Real Madrid en 2009. La idea de la alta dirección era parar a Messi como fuera. La ficha de Arbeloa fue de 4 millones por 5 años. Estuvo ahí en la gran mayoría de las alineaciones de Mourinho y sucesores. También apareció en la selección española que ganó el Mundial de Sudáfrica. Del Bosque, un hombre siempre discreto y sensible, nunca olvidó incluir en su grupo a jugadores madridistas, con el fin de no enemistarse con las autoridades federativas.

(Su ejemplar comportamiento, de todos modos, no alcanzó su objetivo. A horas de hoy, Don Vicente sigue siendo considerado un disidente de la Iglesia de San Floren; y me temo que el asunto tiene ya poco remedio, aunque al seleccionador que ganó una Copa del Mundo, el resquemor de los despachos debe de traerle muy al fresco.)

Arbeloa fue, por consiguiente, un jugador “de cupo”; fue seleccionado porque el once representativo de España estaba obligado a incluir sí o sí un porcentaje estimable de unos colores determinados.

Gerard Piqué, un extravagante de lengua larga, llamó en una ocasión “cono” al defensa madridista. Cuando le preguntaron a qué se refería, explicó que cuando desde Tráfico no quieren que la circulación pase por un lugar determinado, colocan ahí un cono que obliga a todos a dar un rodeo. Y esa exactamente era, según Piqué, la función de Arbeloa en la banda derecha de la defensa.

Metió sin embargo algunos goles, a lo largo de su carrera. No tantos como Messi, sin duda, pero metió tres. Lo digo de memoria, es posible que me descuente, y esté contabilizado oficialmente alguno más. Recuerdo uno de ellos: Cristiano armó un belén porque Arbeloa había rematado a puerta una asistencia dirigida claramente hacia el portugués.

Arbeloa permaneció cinco años en el club blanco y luego se fue, resignado a buscarse la vida porque no estaba en condiciones de competir con los mejores.

Y ese es el crack que supera a Messi en currículo, según Gargamel.

Gamarra valora de modo parecido la trayectoria de Pedro Sánchez, infravalorado según ella como golpista al lado de un estadista tan sumamente respetuoso de la Constitución de su país como Bolsonaro. En este mundo cruel, valgan los versos como conclusión, nada es verdad ni es mentira.

* Dejo constancia de un error de memoria, después de comprobación en Wikipedia. Arbeloa no jugaba en el Chelsea sino en el Liverpool, y no estaba a las órdenes de Mourinho sino de Rafa Benítez. Lo demás, vale.

lunes, 9 de enero de 2023

ULTRAS EN BUCLE

 


Lula 2023, o el símbolo de la paloma cuando las aguas del diluvio comienzan a remansarse.

 

Dos años después, se ha repetido el asalto multitudinario de Washington a las instituciones democráticas de gobierno del Estado. Ha ocurrido en otro país y con otros nombres propios, pero con una lógica, e incluso una táctica, idénticas. Cabe sospechar que algunas personas hayan tenido una intervención presencial en las dos movidas; y no me refiero a las ovejas, sino a los pastores. Las movilizaciones de masas tienen por lo general poco de espontáneas.

El de Tejero en las Cortes madrileñas, hace un montón de años, fue tal vez el último golpe a la antigua, herencia del viejo golpismo del siglo XIX: uniformes, tiros al aire, se sienten coño. Se intentó entonces impedir la transmisión por televisión de lo que estaba ocurriendo, mientras que ahora el intríngulis va en la dirección contraria, facilitar imágenes en directo de la debilidad de las sedes de las instituciones democráticas frente a una turbamulta.

La intención, en cualquier caso, es muy parecida en ambos casos: no ya un pronunciamiento en apoyo de un cambio de gobierno, sino un intento de deslegitimar el acceso al poder de nuevos grupos políticos potencialmente contrarios al establishment constituido.

Al hablar de establishment no apunto, claro es, a la política. Hoy es la economía la que manda, y la política “debe”, según los expertos, estar a su servicio (at your beck and call, para expresarlo en lenguaje vintage). Tenemos situada en el puente de mando de la aldea global, y de muchas de sus franquicias, una élite adiestrada en las finanzas virtuales y la contabilidad creativa, decidida a marcar el rumbo de los negocios en los próximos tres o cuatro siglos. Esas élites se fotografían poco, y siempre tienen a mano un Steve Bannon capaz de remediar cualquier roto en las costuras del invento, con un puñado de dólares bien exhibidos y repartidos.

Pensar que nuestros jueces y fiscales son enteramente otra cosa, y que persiguen objetivos específicos, particulares de su corporación, es fantasía. Al cuartelazo y el mogollón, han añadido ellos una tercera modalidad de asalto a las instituciones: el bloqueo de la administración de justicia. Y esa es toda la diferencia.

Tenemos a la ultraderecha en bucle.

 

viernes, 6 de enero de 2023

REYES CAMINO DEL PORTAL

 


Cabalgata de los reyes, en las proximidades del Portal de un Belén del Eixample de Barcelona. El hilo blanco tachonado de puntos de luz, visible entre los camellos, no tiene una explicación teológica adecuada. Las figuras son herencia de familia, hoy ya no se fabrican así, todo degenera.

 

Noticias de Belén, datadas de hoy mismo, señalan que a lo largo de toda la noche pasada hubo aglomeración de gentes y revoloteo de ángeles en el Portal ubicado en las afueras de la villa. Pudo deberse tal circunstancia a la actuación estelar de Ella Fitzgerald, que arropó con su voz (“All of me”) a un niño maravilloso, nacido hace pocos días y sobre el cual el Madrí de Floren posee ya una opción millonaria de compra, para cuando madure, dentro de unos años, el talento futbolístico que atesora. ¡Será mejor incluso que Benzema, se asegura por los chiringuitos!

El gentío y el angelío reunidos allí pudieron ser también consecuencia colateral de la timba de unos popes que se sentaron al ladito a jugar a las cartas, con menosprecio de un grupo de migrantes que contaban tan solo, para resguardarse de la baja temperatura ambiente, con el calor animal de una mula y un buey, pacientes ambos y sufridores como es su costumbre. Los popes contaron para calentarse con su propio brasero, de oro de ley recamado con piedras semipreciosas. Normal, es notorio que la Iglesia atiende siempre de preferencia y en línea de principio a las comodidades terrenales, y es dura de oído para las músicas celestiales. No digan ustedes después que nadie les ha advertido.

Se añadieron al gentío pastores curiosos, acompañados por sus ovejas, y un trasiego constante de gente del común volcada a ver el prodigio. Destacó al respecto la refinada amabilidad de las mujeres, que aparecieron puntuales para aportar sus presentes de todo tipo y sobre todo su presencia, tan necesaria para una historia completa del evento.

Por desgracia, todo ello perjudicó la epifanía de unos reyes venidos desde lejos y guiados en su viaje por complejos cálculos astronómicos y por profecías difíciles de desentrañar. Los reyes, que traían incienso, además de oro y perfumes, llegaron justamente al humo de las velas, pero el público en general se sintió satisfecho con la visión lejana, por entre las palmeras del skyline, de una cabalgata con camellos silueteados a la luz de la luna.

Las autoridades municipales, que son quienes tienen la última palabra en estos asuntos, anuncian ya que el exitoso acontecimiento se repetirá el año que viene, si todo funciona como debe en las inminentes elecciones.



El Portal, a vista de pájaro. Ella Fitzgerald y su grupo proporcionan el hilo musical. El otro hilo, el eléctrico, es un misterio insoluble, los expertos hablan de un posible anacronismo, concepto que no sabemos qué significa porque aún no lo han definido en Pasapalabra.

 

martes, 3 de enero de 2023

EL DOGMA Y LA VERDAD

 


La Verdad. Detalle del lienzo de Sandro Botticelli “La calumnia de Apeles” (Galería de los Uffizi, Florencia)

 

Emiliano García-Page, presidente autónomo de Castilla-La Mancha, se ha condolido por Twitter de la muerte del papa emérito Benedicto XVI, «un gran defensor de la verdad».

Quizás yo debería escribir aquí Verdad, con mayúscula; Ratzinger fue prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, antes que papa Benedicto, y desde aquel puesto trascendente defendió con ardor el Dogma católico. No es seguro, en cambio, que defendiera asimismo la Verdad a secas, a menos que consideremos que Dogma y Verdad, considerados bajo el prisma de la religión, son una misma cosa.

Pero los dogmas no cambian nunca, y las verdades sí, siempre y en todos los casos en los que cambian las circunstancias. Dios es Uno y Trino siempre, según un dogma indemostrable; mientras que la verdad comprobada dice que a unas horas es de día en un lugar determinado, y a otras es de noche.

Noten la diferencia. El prefecto Ratzinger la notaba; Page, en cambio, no. (Ayuso, tampoco, dicho sea de paso.) Cuando una persona está convencida de que la Verdad desciende de los cielos por Revelación divina, tiende a caer en confusiones deplorables. Page y Ayuso creen firmemente en una Santísima Trinidad que gobierna nuestros destinos, a saber: Banca, Monarquía y OTAN. Las tres componentes tienen una existencia que solo depende de sí misma y no puede ser cambiada; a eso se le llama “aseidad” en teología. Las tres gravitan desde las alturas sobre los mortales, y son de necesidad estricta en un sentido riguroso. De ellas se desprenden algunos corolarios: el Salario Mínimo, por ejemplo, tiene que ser en efecto mínimo, como sostiene el gobernador del Banco de España señor Hernández de Cos; porque otra cosa sería herejía y desestabilización.

El economista Niño Becerra acaba de declarar que es incoherente no contar como parados a los trabajadores fijos discontinuos. Confunde el dato con el dogma, eso es todo. Lo cierto es que hay una diferencia clara entre ambos: los discontinuos mantienen su expectativa de puesto trabajo, cobran regularmente el subsidio, tienen protección legal, son sujetos de derechos ante la empresa y el Estado.

Los parados, no. El paro visto como dogma económico es similar al Diluvio Universal de la Biblia: una calamidad sin remedio. Llueve sobre justos y pecadores, y al que le toca le tocó. Los humanos no pueden rebelarse contra el destino fatal implícito en su condición de parados potenciales, sin caer en sacrilegio.

Si de los dogmas pasamos a las simples verdades, estas carecen de halo sagrado, son de naturaleza terrenal, y pueden ser compartidas, negociadas, y generar consensos amplios.

¿Qué defendió el papa Benedicto, el dogma religioso o la verdad mundana? Cada cual busque la respuesta a esa pregunta. Yo me atrevería a apuntar que ciertas verdades del barquero nunca acabaron de entrarle en la mollera. Todo se reducía para él a un gran misterio sacro. En sus peores momentos, convirtió ese misterio en una alfombra bajo la cual se escondían cosas que no interesaba que se mostraran a la vista.

 

viernes, 30 de diciembre de 2022

OPOSICIÓN DE PENE CHICO

 


La activista sueca por las energías limpias Greta Thunberg. (Fuente, Cadena SER).

 

Andrew Tate, un ex boxeador machista y provocón, le tuiteó hace pocos días a Greta Thunberg que, si a ella le parecía bien, podían quedar algún rato para hablar de sus 33 coches de gran potencia y de la polución que provocaban. Aquello lo consideraba él “únicamente el principio”. La chiquilla le contestó, también por twitter, que estaba ansiosa de oír más sobre toda aquella “energía de pene chico” (small-dick energy).

Existe en la literatura científica una small-dick energy, que sin embargo no está relacionada de ninguna forma con la longitud de los atributos viriles. Calificar de ese modo el penoso alarde del fantasmón ha sido por parte de Greta solo un “zasca” ingenioso, que ha cosechado al parecer millones de likes. Añado el mío. Los argumentos de los negacionistas, de los populistas a la violeta y de la derecha extrema en general, contienen en demasiadas ocasiones alguna dosis ese tipo de regodeo bravucón en su propia impotencia.

Los ejemplos son incontables pero, sin necesidad de buscar más lejos, la reacción del jefe oficial de la oposición en España al nombramiento por el Gobierno de dos vocales para el Tribunal Constitucional, bloqueado políticamente desde hace más de cuatro años, ha consistido en declarar: a) que denunciará en Europa los nombramientos; b) que actuará judicialmente contra los dos magistrados nombrados; c) que presentará un plan de “calidad institucional”, en el que figurará, supongo, la sutil medida de validar legalmente el bloqueo del funcionamiento de las instituciones por tiempo indefinido, incluso cuando estas tienen, como es normal en democracia, fecha precisa de caducidad.

No hagan caso de un Feijoo desmoralizado, fané y descangayado, que se defiende del mundo en general irradiando en su torno míseras bravuconadas de pene diminuto. Nada que deba preocuparnos.

 

jueves, 29 de diciembre de 2022

INOCENTADAS

 


En mi familia tenemos fama de despistados. El récord histórico en nuestros anales de uso interno lo tiene mi tío Santiago, cuando asistió a una merienda familiar un 28 de diciembre. Había bocaditos de queso, rosquillas, y luego mi tía Concha pasó a la redonda una bandeja de buñuelos confeccionados por ella. Con trampa. Uno de los buñuelos era un copo de algodón enharinado y pasado por la sartén con habilidad, de modo que a la vista apenas se distinguía de los demás. Concha se quedó perpleja cuando la bandeja se vació del todo, sin que nadie protestara por el bromazo.

– Pero bueno – dijo con cierta alarma –, ¿nadie ha notado que había un buñuelo de pega? Preparé uno con algodón…

Mi tío Santiago, por costumbre, prestaba muy poca atención a lo que comía, y solo entonces se dio cuenta cabal de lo que había pasado.

– Ya me parecía que el buñuelo estaba muy soso, y he pensado qué raro, con la buena mano que suele tener Concha para la cocina… – explicó a la concurrencia.

– ¿Pero te lo has comido entero?

– Me ha costado un poco tragarlo, pero con dos sorbos de cocacola ha acabado por pasar.

Mejor no abusar de la inocencia de nosotros los Rodríguez, sería la moraleja, porque podemos ir a parar a la UCI sin habernos enterado de por qué.

Este año, el 28 de diciembre dos amigos han recibido sendas proposiciones espléndidas: José Luis López Bulla ha sido nominado por el Gobierno como embajador en la Santa Sede, aunque el papa Francisco ha negado finalmente el placet (mejor así, José Luis, me han dicho que aquello es un nido de víboras); y a Jordi Ribó le ofrecieron los Stones sustituir a Mick Jagger como vocalista en una gira. La negociación quedó en agua de borrajas porque Jordi no está dispuesto a adelgazar los 30 kilos que se le exigían por contrato. (Imagino que piensa lo mismo que Julio Camba cuando le urgían a que adelgazara: “¿Tú sabes el dinero que me ha costado ponerme esos kilos?”)   

Lo demás que nos ha dejado la jornada han sido cosas de poca enjundia: Mbappé ha fichado por el Barça, Pedroche está embarazada, han reñido Preysler y Vargas Llosa, se ha desbloqueado el Tribunal Constitucional, y Mateu Lahoz arbitrará el Barça-Español de la Liga.

Alguna de esas noticias puede que no sea al cien por cien cierta. Son avatares que ocurren el día de los Inocentes y también todos los demás del año.

 

martes, 27 de diciembre de 2022

NO SABER PERDER

 


Un jugador de la selección francesa celebra un gol frente a Australia, en el reciente Campeonato del Mundo de fútbol. (Fuente, Eurosport)

 

De la prensa diaria me llega la noticia de que en Francia se están reuniendo firmas para exigir a la FIFA la repetición de la final del último campeonato mundial de selecciones nacionales de fútbol. Del otro lado de los Pirineos cunde la idea de que no es de recibo que un país con un ADN de ganador se vea apeado de su condición natural por la incompetencia o la malevolencia de un árbitro.

El árbitro, dicen, se equivocó sin querer o a sabiendas en un lance del juego, y perjudicó a los bleus. Yo personalmente no vi el partido, estaba ejerciendo un riguroso boicot a la FIFA y a su torneo, como de seguro ha sido muy notado y comentado en todos los mentideros internacionales del evento. Pongamos sin embargo que me creo lo del error arbitral. No sería el primero en la historia del deporte, sin ir más lejos Maradona marcó en otra final un gol decisivo con la mano.

Sí sería en cambio la primera vez que se repitiera un partido oficial de fútbol por esa causa. Si hiláramos fino en la actuación de los trencillas, habría que repetir absolutamente todos los partidos que se han jugado desde que “furbo es furbo”, como le gustaba decir a Radomir Antic.

Hay otros motivos, sin embargo, que justificarían la protesta con pliegos de firmas ante la FIFA. El alto organismo debería implicarse en el caso de un futbolista iraní condenado a muerte por defender los derechos de las mujeres de su país. Sobre este asunto, las fuerzas vivas francesas no dicen nada, y la FIFA tampoco. Nada de nada, enfatizo.

Portavoces cualificados de la República Islámica de Irán han manifestado su sorpresa por la marea de fondo levantada por el caso, y niegan la mayor al alegar que el futbolista en cuestión no ha sido condenado a muerte, de modo que mal se le puede indultar.

Lo cual bastaría para tranquilizarnos de no añadir las mismas fuentes que ese criminal, al que se atribuyen graves delitos de sangre contra las fuerzas policiales de su país, está, de hecho, pendiente aún de juicio. Es cosica hecha, entonces, que si no ahora mismo, el futbolista será condenado en fecha más o menos próxima; ya sabemos cómo suelen gastarlas los consejos generales de los poderes judiciales de este o aquel país, y lo menciono sin ánimo de señalar a nadie.

Valdría la pena entonces que la recogida de firmas chovinistas en el país vecino tomara una dirección distinta. Incluso se podría dar un empujoncito en la misma dirección desde aquí, dado que también nuestra selección se ha visto seriamente perjudicada por la ausencia manifiesta de Sergio Ramos en la selección urdida de mala fe por Luis Enrique. No hacer nada, y recibir un día la noticia del ahorcamiento del futbolista iraní y de otros deportistas igualmente significados e incluidos en la misma causa penal, sería la peor forma de no saber perder.

 

lunes, 26 de diciembre de 2022

ESCAPANDO DEL VASALLAJE

 


Una instantánea histórica: el recientemente fallecido Umberto Romagnoli escucha un vehemente alegato de José Luis López Bulla, en presencia de Narcís Esteva. Pocas dudas de que el maestro iuslaboralista y el sindicalista debatían acerca del “seísmo” que se ha llevado por el desagüe buena parte de los derechos que el sistema de producción fordista vinculaba al trabajo asalariado por cuenta ajena. (Foto Archivo López Bulla)

 

El párrafo añadido anteayer al artículo 311 del Código penal sanciona «a quienes impongan condiciones ilegales a las personas trabajadoras mediante su contratación bajo fórmulas ajenas al contrato de trabajo, o las mantengan en contra de requerimiento o sanción administrativa.»

No se trata de un supuesto altamente improbable; de hecho, está ocurriendo todos los días. Los empleadores tienden a considerar que, puesto que pagan a sus empleados cantidades faraónicas – por minúsculas que sean –, tienen derecho moral a verse resarcidos mediante el añadido, más allá de lo dispuesto en la ley, de otras obligaciones varias y consideradas por lo general abusivas pero es que, oiga, hay que vivir.

Es “normal”, por ejemplo, exigir a la conclusión de la jornada laboral que la camarera del bar o la vendimiadora consuele al patrón de sus frustraciones sexuales de todo tipo. La prestación extra va incluida en el salario estrictamente recortado, faltaba más. Se trata de una variante chunga del “sí es sí”, más conectada al antiguo derecho de pernada que a unas relaciones sexuales consideradas desde estándares contemporáneos.

También se trata de delegar en el/la empleado/da responsabilidades de un tipo diferente. Un reciente anuncio por palabras pedía un perfil de trabajador “inmune al estrés”. Es obvio que también en este caso se trata de proporcionar, a cambio de dinero, una firmeza de ánimo vicaria para el empleador, el cual adolece de una insuficiencia seria si se ve reducido a sus propios recursos.

Lo más normal, sin embargo, es conceder la consideración de “socios” o “colegas” a personas a las que se maneja sin contemplaciones, se escatima la paga, se amplía de forma ilimitada la jornada laboral y se obliga sobre todo a estar disponibles siempre que se les necesite, y a desaparecer de la nómina cuando no. Los déficits consiguientes en el bolsillo de los “socios” asalariados podrían quedar cubiertos, en parte al menos, por las propinas, tal y como lo ha señalado Ayuso, siempre certera en la definición de los modelos de éxito en las sociedades neourbanas. Sin embargo las leyes vigentes, tanto en este país reducto de la ultraizquierda bolivarista, como en el común de las naciones del mundo mundial ahora que han desaparecido de golpe Trump, Bolsonaro y Johnson; las leyes, digo, indican de forma taxativa que la relación laboral típica no puede abarcar este tipo de licencias fantasiosas por parte del empresario.

¿Qué hacer, entonces? Una porción numéricamente difícil de evaluar de nuestros empleadores, se ha decidido a invertir parte de sus excedentes de cash en un golpe de estado bien judicial o bien de tipo clásico, y mientras tanto tira por la calle de en medio, insiste en mantenella y no enmendalla, y participa en manifestaciones poco multitudinarias enarbolando banderas preconstitucionales en defensa de la constitución, sea esta lo que fuere.

Todo lo cual nos retrotrae a épocas antañonas de nuestra historia. Estamos de nuevo con un pie puesto en la España feudal, la definida por el vasallaje los siervos de la gleba y la concesión a los señores del derecho a maltratar o “ius maltractandi”.

Por todas estas razones viene como la proverbial pedrada en ojo de boticario la modificación del art. 311 CP, con ese segundo párrafo que atiende a que toda relación laboral realmente existente se mantenga en los términos que le son propios, sin el añadido de propinas que ni son de buen gusto ni hacen al caso.

En el blog “Según Antonio Baylos”, pueden encontrar todo lo relacionado con la modificación de nuestro código penal y la repercusión que va a significar en la consolidación de derechos fundamentales de los trabajadores que estaban siendo atropellados impunemente desde las últimas reformas laborales.

No tienen más que clicar aquí: https://baylos.blogspot.com/2022/12/una-reforma-penal-importante-imposicion.html

 

lunes, 19 de diciembre de 2022

PROPINA

 


Terraza de bar en la Plaza Mayor de Madrid.

 

En los tiempos del capitalismo feliz, allá por los roaring twenties del siglo pasado, los medios aireaban la noticia verídica de que, en un porcentaje estimable, los multimillonarios estadounidenses (en aquellos tiempos, no había multimillonarios fuera de la Gran Manzana) habían empezado su carrera en los negocios vendiendo periódicos en la calle. Los futuros tiburones de Wall Street tenían un instinto infalible para ganarse propinas voceando titulares sensacionales a la salida de los teatros, los restaurantes de postín y los estadios como el Madison Square Garden, donde se jugaban las grandes ligas de béisbol. Como aún no se había inventado el transistor, la tinta de las rotativas era siempre la primera en informar al ciudadano de todas las cuestiones candentes de su interés. Y el chaval equipado con gorra de visera y pantalones bombachos capaz de proporcionar a la clientela la primicia codiciada, podía acumular unos cuantos cuartos de dólar al día sobre los que edificar algo que entonces aún no se llamaba una start-up.

Todo el relato era una leyenda urbana, por supuesto, pero Isabel Ayuso se ha educado en esa religión y está sinceramente abierta a lo maravilloso. Cree por ejemplo, o al menos finge creer, que la civilización comenzó en el Portal de Belén, y antes del feliz natalicio del Niño Dios los lobos socialcomunistas imponían sus leyes totalitarias en todas las partes del ecúmene.

En el estadio actual de la civilización globalizada, mucho más desarrollado que el de la época de los pioneros, estima Ayuso que lo que puede relanzar una economía que tiende a desfallecer por culpa del presidente Sánchez, no son los contratos de trabajo legales, firmados y registrados, sino las propinas. Un camarero espabilado y servicial puede reunir cientos de euros a la semana sirviendo birras en terrazas estratégicamente situadas, o cafés con leche junto a los soportales de la Plaza Mayor de Madrid. Y gracias a ese pan concienzudamente ganado con el sudor de su frente, no tiene ninguna necesidad de recurrir a la pamplina dudosa de un trabajo “decente”.

La decencia, se la meta cada cual donde le quepa. Por lo menos, así ocurre entre las altas jerarquías de gobierno de la Comunidad Madrileña, todas las cuales dejan, en cambio, generosas propinas para el servicio en los platillos de los after hours.

Así se va generando, entre la intelectualidad postinera de la capital, una ley más infalible que la de la gravedad, inventada por Newton con la única ayuda de una manzana.

A saber: contra más indecencia, más propina. Y viceversa.  

 

domingo, 11 de diciembre de 2022

LA BELLEZA DEL CAMPANILE

 


Apoteosis del campanile giottesco de la catedral de Florencia, en una fotografía de I. Manfredi. La luz casi sobrenatural añade maravilla sobre maravilla.

 

No faltan opiniones que sostienen que el de Giotto en Florencia es el campanile más bello del mundo. Lo dijo Ruskin en “Las siete lámparas de la arquitectura”, pero casi nada de lo que haya escrito Ruskin, pelmazo dogmático donde los haya, es enteramente de fiar, y uno de los fastidios más grandes que nos agobian a los mortales es esa necesidad de los poncios de clasificar la belleza – algo inclasificable por naturaleza – en una espiral ascendente de menos a más, a fin de confeccionar listas oficiosas de excelencias. Se hace con las cervezas artesanales o los cocidos madrileños; con las bandas de reguetón o con las películas de Frances McDormand; con los castillos roqueros o con las catedrales góticas.

Olvídense entonces de clasificaciones. A mediados del siglo XIII la venerable iglesia florentina de Santa Reparata se caía literalmente a pedazos, y el commune (el municipio, dispensen, no tenía intención de hacer ningún apunte político) encargó al arquitecto Arnolfo di Cambio la traza de una nueva catedral que había de ser la más grande y hermosa de la Cristiandad, o por lo menos claramente superior a los dos bellísimos templos recién levantados en Pisa y Siena, que acaparaban la admiración de los viajeros.

Eran tiempos de soberbia municipal, y Florencia tenía empeño en quedar por delante de cualquiera en la competición. Uno de sus hijos más ilustres (aunque no predilecto, nunca pudo regresar del exilio debido a una condena a muerte que pesaba sobre él), Dante Alighieri, expresó esta situación en dos versos de su Commedia, que me voy a permitir citar pudorosamente en su lengua original, sin traducirlos: «… la rabbia fiorentina, che superba / fu a quel tempo sí com’ora è putta».

Sea ello como fuere, la construcción de Santa Maria del Fiore (la flor en cuestión era, parece, el lirio que aparecía en el escudo de la ciudad) se prolongó durante más de siglo y medio, y alcanzó finalmente con creces las dosis de magnificencia previstas. Uno de sus maestros de obras, hacia el 1330, fue Giotto di Bondone, contemporáneo riguroso de Dante y conocido sobre todo como pintor, que fue el autor de la traza del campanile exento que se levanta a un costado de la fábrica principal. A diferencia del de Pisa, que además no quedó del todo bien asentado sobre sus cimientos, Giotto lo imaginó como una serie de pisos superpuestos, pero no exactamente iguales. Ahí entraron en juego las dos circunstancias que le dan superioridad sobre cualquier otro, según Ruskin: por un lado la inclusión del color en la arquitectura; por otro, el juego de las proporciones, de manera que, dado que la función de la torre es sobre todo “ser vista”, su manera de ofrecerse a los paseantes tiene muy en cuenta que estos la ven desde abajo.

La estética de la construcción de Giotto se vio comprometida en el siglo siguiente por el añadido de una cúpula gigantesca imaginada por Filippo Brunelleschi. Un prodigio técnico, pero un hiper volumen visible desde todos los acimuts y capaz de oscurecer el fino tallo de lirio, el “Fiore” emblemático, concebido por Giotto.

La fotografía de Manfredi resalta la esbeltez y la proporción del campanile, y disimula el volumen del cupulón que lo vigila de cerca. En la foto aérea bajo estas líneas aparece el conjunto completo, presidido por el Baptisterio octogonal cuyas puertas de bronce, labradas por Lorenzo Ghiberti, dieron fe de bautismo a la amplia revolución estética que había de ser conocida en las historias del arte como Renacimiento.



jueves, 8 de diciembre de 2022

LAWFARE

 


El presidente de Perú Pedro Castillo (Fuente, RTVE)

 

La eliminación de la selección de fútbol de mi país en un torneíllo fake y anecdótico no me ha producido ningún alivio, ni tan solo pasajero, dado que el bombardeo mediático sobre un tema tan baladí prosigue con ánimos redoblados. Este será para siempre el Mundial de Qatar, y nadie más se alzará de ahí con el santo y la limosna; pero habrá muchos que compartan una dosis creciente de vergüenza retrospectiva.

Voy a poner un ejemplo a bote pronto de la mentalidad colectiva que acompaña tanto esta como otras efemérides muy mediáticas (Juegos Olímpicos, por ejemplo), y algunos me dirán que no tiene nada que ver, y otros pensarán que he empezado demasiado temprano mi tanda de after hours para celebrar la Inmaculada Constitución. Pero ahí va:

Así pues, “sostiene Pereira” que si la selección de Perú estuviera entre las ocho supervivientes de un evento para el que no llegó ni siquiera a clasificarse, Pedro Castillo aún sería su presidente, y aún (subrayo el repetido “aún”) no estaría preso en la celda vecina a la de Fujimori. El pueblo está muy lejos de ser soberano en las actuales neodemocracias, pero su ardor patriótico, elevado hasta el fanatismo en las grandes citas deportivas, sigue siendo oscuro objeto de respeto por parte de las élites.

Castillo llegó a la presidencia de su país al frente de una coalición heterogénea e inestable amontonada a toda prisa con el objetivo a cortísimo plazo de cerrar el paso a Keiko. La efímera unidad duró “lo que tarda en llegar el invierno” (*), y ha sido desbaratada por la actuación de unos tribunales convencidos de que su función en este mundo es corregir al pueblo cuando el pueblo “vota mal” (**). Ya había ocurrido antes en Brasil, cuando se forzaron un juicio y una pena de prisión azarosa para Lula, en beneficio exclusivo de Bolsonaro. (A propósito, ¿de qué me suena a mí ese Bolsonaro? ¿No es el amiguete al que respaldó el semidiós Neymar en las últimas elecciones brasileñas? Con tanto aluvión de fútbol diario, ese detalle no se trasluce nunca, tal vez porque no es de recibo mezclar el deporte con la política, a menos que la política esté interesada en lo contrario.)

La observación de estos eventos consuetudinarios podría traer alguna lección útil al ánimo belicoso de quienes proponen resolver por la tremenda, con ceses fulminantes a porrillo, las contradicciones existentes en el seno del partido mayoritario de la coalición del gobierno, y en su línea política. Castillo disolvió el Parlamento peruano y proclamó el estado de excepción, medidas que habrían agradado a quienes consideran que, cuanto más fastidias al adversario, mejor política estás haciendo.

Pero esa es política de mosca cojonera, sin aliento ni perspectiva, inútil en el ámbito de una democracia donde cuentan, y mucho, las correlaciones de fuerzas, sin mencionar esos penaltis con querencia de irse al palo.

Quienes se mueven a impulsos de pulsiones momentáneas y desatienden las condiciones objetivas y el entorno, no son buenos políticos. Pietro Ingrao ya nos había advertido de que “indignarse no basta”.

 

* La imagen poética es de Sabina.

** La imagen poética es de Vargas Llosa.

 

martes, 6 de diciembre de 2022

NAVEGAR ES PRECISO; VIVIR, NO

 


Yolanda Díaz y Teresa Ribera, dos políticas clave con un modo muy parecido de abordar las tareas políticas por objetivos, en un contexto tan nuevo como difícil. (Fuente, El País).

 

Unos sondeos aparecidos en El País han revolucionado la opinión política en el terreno de la izquierda. Los datos vienen envueltos en la magia de unas cifras porcentuales concretas. Por lo general creemos en los números solo cuando nos confirman sensaciones, pálpitos y barruntos que ya teníamos interiorizados de antes. Y es lógico, porque los números de los sondeos están confeccionados con esa vaga y mórbida sustancia de las sensaciones y los barruntos sociales. Las cifras no nos aportan nada, entonces, que no supiéramos ya de otro modo.

En el caso actual, los números facilitados por El País vienen a mostrar que la unidad a efectos electorales de la izquierda del PSOE ayudaría a conformar una mayoría parlamentaria más sólida y duradera. El efecto máximo de la unidad así acotada se daría si Yolanda Díaz fuera la persona elegida para encabezar esa opción, por la que una porción estimable del electorado suspira como el Moisés bíblico suspiraba por llegar a la Tierra Prometida.

La cosa no es tan sencilla, sin embargo, porque los partidos involucrados se resisten a abandonar la liza. Podemos ha advertido de que presentará su propia candidatura; otras organizaciones están a la espera, y se puede presumir que su mayor o menor entusiasmo por el nuevo sujeto político dependerá de la confección definitiva de las listas.

Hay un error de fondo en todo este tejemaneje. Porque los partidos (dejo aparte a Podemos, que se ha expresado con claridad) se inhiben en la operación inicial para reaparecer luego en la forma de personas organizadas presentes en las listas. Y las listas no se deberían cuadrar conforme a un equilibrio de influencias, sino en torno al trabajo necesario para avanzar en una política previamente acordada.

Tenemos ya en el censo un número excesivo de influencers de una política concebida en buena manera como algo trendy. Debería alertarnos lo ocurrido con la ley del “Sí es Sí”, que fue aprovechada de forma torticera por los fiscales opuestos al Gobierno para sugerir a los abogados la posibilidad de rebajar penas a violadores ya juzgados.

Esto es serio, la política no es una tarea meramente legislativa; también lo es el seguimiento gubernativo (ejecutivo) de esa provisión de leyes adecuadas, e incluso su tutela judicial, una pata de la mesa que por el momento aún sigue en el limbo de los futuribles, si entendemos por limbo una resistencia agresiva a encauzar las tareas de la judicatura en cooperación con los objetivos generales señalados por el bloque político gobernante. Extremando, por supuesto, el garantismo como cualidad templada capaz de ayudar a quienes se sientan perjudicados en sus derechos legítimos; no, en cambio, en sus privilegios tradicionales, porque se trata precisamente de abolir estos últimos.

Incluso cojeando de la pata judicial, una política de progreso tiene poco que ver con personas y liderazgos, y mucho con la representación de la ciudadanía y el reconocimiento a todos los efectos de sus derechos sustanciales. El nuevo sujeto político pensado para organizar a unos estamentos sociales, ahora desasistidos de una representación adecuada, debe empezar a Sumar a partir de la concreción de unas prioridades estratégicas – no coyunturales porque entonces nos perderíamos en la selva de la casuística – compartidas, capaces de enhebrar un hilo legislativo, una acción gubernativa y una tutela judicial coherentes.

Para todo ello sería conveniente, aunque no estrictamente necesaria, la creación de un partido político de nuevo cuño. Cuando digo “de nuevo cuño”, me refiero a que acredite una distancia menor entre dirección y militancia, una información interna fluida, unas normas estatutarias flexibles y un talante democrático amplio, para nada centralista. Debería darse un respeto exquisito hacia el pluralismo ideológico, e incentivarse las iniciativas surgidas desde abajo, encontrando formas para desarrollarlas y proyectarlas a la sociedad. El mundo del trabajo, en sus múltiples formas, habría de ser el centro gravitatorio de toda la nueva construcción partidista.

En estas circunstancias, sería posible a mi entender un movimiento plural de progreso que aproxime y permita la cooperación a muy largo plazo de los dos hemisferios de la izquierda que de forma convencional e inexacta venimos llamando socialista y comunista. Esas etiquetas tienen poco sentido en un mundo cuyos puntos cardinales han variado, y por el que es difícil adentrarse manteniendo como mapa un dibujo de prejuicios viejos y certezas herrumbrosas. Posiblemente hayamos salido ya colectivamente de lo que se denominó Edad Contemporánea, y estemos explorando algo sustancialmente nuevo, que aún no sabemos manejar bien.

“Navegar es preciso, vivir no lo es”, según frase que Plutarco atribuyó a Cneo Pompeyo (Navigare necesse est, vivere non est necesse). La frase resulta seguramente demasiado impostada si se la toma en general; pero se adecúa a la perfección a la situación de los partidos políticos, en esta tercera década del siglo XXI.

 

martes, 29 de noviembre de 2022

DISLOCACIONES

 


Figuras en equilibrio inestable, pintura del artista ruso, nacido en Kiev, Kazimir Malévich. Elegí esta imagen para la portada de “Un mundo dislocado”. Evoca el terremoto ocurrido en las relaciones laborales a partir de los años noventa, y la necesidad de una recomposición de tantas estructuras y volúmenes superpuestos. Además, tiene la virtud de resultar un garabato inconfundible, incluso visto de lejos.

 

Editorial Bomarzo saca un libro mío. El título es «Un mundo dislocado». Surgió el título un poco por casualidad, como una forma de decir que el mundo actual se encuentra en una situación económica, política y laboral muy enrevesada, pero con posibilidades de solución viable (de un “final feliz”, diría una propaganda de masajes).

No tengo intención de defender a ultranza lo que, al fin y al cabo, solo fue una ocurrencia. “Dislocado” me vino a la cabeza a partir del término, novísimo en economía, “deslocalizado”. La idea misma de recurrir a una fuerza de trabajo lejana para sustituir a la mano de obra local, que además es experta en los procedimientos, sabia en las técnicas y bien dispuesta, pero ¡ay! pide un salario más alto que la media vigente, según mercado, en el Alto Senegal o en la isla de Timor, es enteramente rocambolesca. La deslocalización me pareció una dislocación, y había otras más que incluir en el censo de burradas capitalistas recientes, abonadas al ventajismo descarado y a la desigualdad impuesta con métodos autoritarios.

Bueno, esa es toda la explicación. Cierto que ha habido antes muchas otras dislocaciones en los procesos productivos, pero no las mismas. Mis admirados José Luis López Bulla y Javier Tébar sugieren en su prólogo a cuatro manos la variante “Un mundo alocado”, y me parece bien. Esa racha de locura descontrolada que señalan indica de forma muy justa lo que está sucediendo en el casino capitalista neoliberal: Elon Musk, Elizabeth Truss o nuestra Isabel Díaz Ayuso son ejemplos excelentes de una carrera ciega a por el todo o nada, que suele quedar en nada por el funcionamiento metronómico e infalible de la ley de la gravedad.

Ahora bien, he tenido hace unos días una retro justificación brillante e inesperada de la dislocación del mundo. Al fin y al cabo, nuestros problemas se resumen en la insistencia con que se está mirando atrás en lugar de adelante: se prosigue la destrucción del Estado social con la privatización de los servicios esenciales, se vuelve en la economía productiva al taylorismo crudo, y se recuperan en la política los acentos caducos de la guerra fría y de la disuasión nuclear como norma de coexistencia.

Esto es lo que dice al respecto Gloria Fuertes en el poema “Todo el pasado”:

«Todo el pasado se quiere apoderar de mí, / y yo me quiero apoderar del futuro. / Me dislocan la cabeza para que mire atrás, / y yo quiero mirar adelante.»

Me parece un buen resumen de la idea capital del libro.