sábado, 12 de agosto de 2023

COINCIDENCIAS QUE NO LO SON

 




Edgar Degas, “La toilette” (arriba), y Mary Cassatt, “El baño” (abajo). Un mismo tema y dos espléndidas soluciones artísticas de mano de dos grandes artistas contemporáneos entre ellos.

 

Mary Cassatt, nacida en Pennsylvania en 1844 pero afincada en París desde la voluntad de seguir una carrera artística, vio en 1877 como el Salón de la Academia rechazaba las dos obras que había presentado a la exposición anual. Era la primera vez que le ocurría una cosa así, en siete años. De su estado de confusión la sacó Edgar Degas al invitarla a presentar alguna cosa al Salón paralelo de los impresionistas, gente peligrosa que prefería utilizar colores puros, que se mezclaban en la retina del espectador, a efectuar previamente de forma ortodoxa la mezcla en la paleta.

Cassatt y Degas no eran dos desconocidos en 1877, y ella tenía ya una buena aliada en las filas de los transgresores, en la persona de Berthe Morisot. Cassat se sumó decididamente al grupo, y Degas le dio lecciones de grabado y pintura al pastel. Tenían sus talleres respectivos a menos de cinco minutos de distancia a pie, y Degas solía acabar su jornada con una visita a su vecina para ver su obra in progress y charlar de pintura.

Los dos tenían preferencia por la figura humana como tema, y muchas inquietudes comunes. No es probable que se diese un romance entre ambos: Cassatt había descartado la vida en pareja como nociva para su carrera, y Degas, diez años mayor que ella, era un soltero empedernido con puntos de vista abiertamente misóginos.

Pero desde el punto de vista artístico, los dos se influyeron y de alguna manera se complementaron. La composición de Cassatt se remonta a 1891. No tengo noticia de la fecha en que fue pintado el cuadro de Degas, pero tanto pudo haber sido antes como después del de ella.

 

jueves, 10 de agosto de 2023

TRANSFIGURACIONES ESTIVALES

 


Federico Martín Bahamontes negociando una revuelta en la “grande route” francesa. Ha fallecido a los 95 años. Ganó un Tour, en 1959, y seis Premios de la Montaña, además de otras carreras en Italia y en España.

 

Todos éramos Bahamontes, en la segunda mitad de los cincuenta. El Tour de Francia tenía una mística propia, e inspiraba un temor reverencial. No era para ciclistas españoles, “nosotros” no sabíamos correr en pelotón, no entendíamos las tácticas, íbamos a nuestro aire sin formar adecuadamente “la grande boucle”, nos dejábamos desbaratar sin abanicos cuando soplaba el mistral. Éramos soldados de guerra de guerrillas, escapadas en solitario, machadas sin apenas consecuencias en la clasificación general.

Teníamos, sí, a Bernardo Ruiz, que subió al podio del Parque de los Príncipes el año 52, y a Miquel Poblet, que ganó al esprint una primera etapa y fue dos días de amarillo: nada en comparación con Louison Bobet o los grandes italianos Bartali y Coppi, o incluso el suizo Koblet y el luxemburgués Charly Gaul.

Y en estas llegó Federico, que se subió en solitario al Tourmalet y se detuvo en la cumbre a la espera del pelotón tomando un helado, porque le daba miedo bajar solo por aquellos vericuetos. ¡Tan español, tan nuestro!, decía la prensa, que le dio el título de Águila de Toledo.

En el pueblo de la sierra donde pasaba el verano con mi primo en casa de las tías, les sonsacábamos una pesetilla para comprar la Marca; entonces no había tele, y tampoco radio que siguiese el evento en román paladino. Nos conectábamos a una emisora francesa de deportes, pero ellos solo hablaban de Anquetil y Poulidor, la nueva generación de maravillas de la ruta. Y la verdad es que no se les entendía, solo pescábamos algún retazo de información.

La Marca lo traía todo negro sobre blanco, con un día de retraso. En las primeras etapas, perdidas para la causa si no estaba Poblet, nuestra Águila llegaba a la meta el 132º, por ejemplo, y perdía regularmente un buen cuarto de hora al día. Todo cambiaba cuando la Grande Boucle llegaba a Pau y empezaban los Pirineos (Luchon, Bagnères de Bigorre…). Ahí éramos los amos, Federico se empinaba sobre el sillín y se hacía el vacío a sus espaldas. El Aubisque (nunca pronunciamos “Obisc”) por las dos caras y el Tourmalet de postre. Federico iba solo, Anquetil solo estaba atento a la rueda de Poupou, el Gran Perdedor. Nosotros hacíamos cola delante del quiosco de la plaza a partir de las diez, cuando ya había llegado el tren de Madrid que traía la prensa, para ser de los primeros en leer la Marca con toda la información y clasificaciones de la etapa del día anterior. El único galardón que avizorábamos en esos días críticos era el Premio de la Montaña. El Tour, con su prestigio intacto, era el Nunca-Jamás de nuestros sueños, durante tres semanas. Nos habíamos transfigurado en Bahamontes alzado sobre su sillín.


miércoles, 2 de agosto de 2023

LA DUDOSA UTILIDAD DE LO PRÁCTICO

 


Descanso durante una excursión a Petaludes, el Valle de las Mariposas, en el centro de la isla de Rodas. La foto es del mes de junio; por fortuna, los incendios recientes han respetado este santuario natural. (Foto, Carmen.)

 

Una caída tonta me ha dejado un dolor intermitente en el costado izquierdo. Soportable a ratos, a ratos no. Después de varios días de convivencia asidua con antiinflamatorios y paracetamoles, he acabado por recurrir a las Urgencias del Hospital de Calella, aquí al lado. Resulta que tengo dos costillas rotas, la octava y novena del costillar izquierdo, para ser precisos. Me estoy tratando, pero mi minusvalía añadida no favorece mi inspiración escritora. No sé la razón, solo que es así. Ignoro cómo pudo arreglárselas Cervantes, con todo su altísimo ingenio, para escribir a pesar de esa mano izquierda seca.

Sin ganas de escribir, entonces, he encontrado el tiempo y la paciencia para leer “La utilidad de lo inútil”, de Nuccio Ordine (Barcelona, Acantilado Quaderns Crema 2013, traducción de Jordi Bayod, 29ª edición). Ordine ha recibido el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2023, y fallecido muy recientemente de forma inesperada.

El libro es excelente. La idea central se desarrolla a partir de un entramado de voces singulares de épocas diferentes. Aristóteles, por poner un ejemplo, reclama una ciencia libre para un hombre libre; Leopardi desprecia la “utilidad” de vuelo rasante por la que el hombre se identifica a sí mismo con el dinero.

Quizás el apunte más significativo (pág. 81) sea la afirmación de Marc Fumaroli que relaciona la adquisición de conocimientos con el crecimiento de la autonomía humana. Este crecimiento se relaciona directamente con la prestación de trabajo (onerosa o gratuita, subordinada o autónoma, trabajo de cualquier clase). Lo “útil” sería entonces lo “práctico”, lo mensurable, lo hacedero a corto plazo en un círculo estrecho de posibilidades; mientras que el único progreso real accesible a la humanidad ha de llegar a través de nuevos contenidos universales, no codificados previamente, y grávidos de potencialidades de cambios futuros.

Lo cual tiene poco que ver con los algoritmos y las inteligencias artificiales, que conforman a los humanos como inteligencias subordinadas a una “utilidad” exterior y aleatoria, relacionada con la posición en los mercados y la ganancia material.

Del iluminista Gotthold Ephraim Lessing (citado en pág. 133) es la siguiente afirmación comprometida: «La valía del ser humano no reside en la verdad que uno posee o cree poseer, sino en el sincero esfuerzo que realiza para alcanzarla. Porque las fuerzas que incrementan su perfección solo se amplían mediante la búsqueda de la verdad, no mediante su posesión. La posesión aquieta, vuelve perezoso y soberbio.»

En el mundo actual los avances científicos de orden práctico reposan por lo general en forma de patentes de explotación en las cajas fuertes de los bancos, y el esfuerzo de las personas individuales y los colectivos sociales por alcanzar verdades más duraderas y universales, es desestimado. Nuccio Ordine apostilla: «La posesión y el beneficio matan, mientras que la búsqueda, desligada de cualquier utilitarismo, puede hacer a la humanidad más libre, más tolerante y más humana.»

 

martes, 25 de julio de 2023

EL DIOS DE LOS PEQUEÑOS FAVORES

 


Cartel de la Feria del Libro de Kiev 2023. (Imagen tomada en préstamo de Facebook).

 

Algunos esperaban al dios de los grandes milagros y las remontadas heroicas, pero solo ha comparecido el habitante del altar más pequeño y peor iluminado de todos: el dios humilde de los pequeños favores.

La izquierda no ha sido barrida en las elecciones generales, como se había anunciado profusamente en los medios de uniformización con redoble de timbales y alarde de trompetería. Ha aguantado atrincherada en un rincón del tablero, contando los minutos para el silbido final, pidiendo la hora, despejando fuera de banda una y otra vez balones perdidos.

Se han salvado los muebles. Nada de lo que enorgullecerse. El intento de “Sumar” voluntades no ha llegado hasta donde habría sido deseable. obstaculizado por la minucia y el énfasis de muchos de los sumandos, de un lado, y de otro por la “boria di partito” que ha dirigido los movimientos de la casa común, que no desea de ningún modo que la presencia de construcciones sólidas a la izquierda de la izquierda le tapen las vistas a poniente. porque las considera una merma de la importancia de sus propias decisiones urbi et orbi.

Puede que aún estemos a tiempo de rectificar, pero el tiempo se acaba y cada vez queda menos espacio para trazar la muy pronunciada curva a la izquierda con garantías. No se trata ahora de elegir entre Maria Callas y Renata Tebaldi; nos son indispensables de todo punto las florituras de las dos divas en el despliegue del repertorio operístico imprescindible.

O “Sumar” se consolida de aquí a noviembre, no solo para ayudar a Sánchez con sus votos sino para implantarse como una opción real y eficiente, con cara y ojos.

O bien nos desvivimos en demandar generosidad y altura de miras a la gente de Junts para que no nos acaben de chafar la guitarra, y la cosa, ¡oh casualidad!, da resultado debido a alguna carambola insospechada.

O bien, mucho me temo que ni siquiera el dios oscuro de los pequeños favores responderá a nuestras fervientes plegarias en la próxima ocasión.

 

viernes, 14 de julio de 2023

UNA INDICACIÓN DE ROMAGNOLI

 


Asamblea de delegados de CCOO de Industria. Cotxeres de Sants, Barcelona, 13 de julio de 2023. (Fuente, Facebook)

 

Reproduzco una cita de Umberto Romagnoli que me parece de sustancia. Se encuentra en el libro “Trabajo y ciudadanía” (Ed. Bomarzo 2023), y más precisamente hacia el final de la conferencia “Las desigualdades en el mundo del trabajo”, que el maestro laboralista boloñés impartió en el Festival del Derecho de Piacenza del año 2010. La traducción es de Antonio Baylos, revisada por el autor.

«Ahora que la fábrica ya no es uno de los grandes laboratorios de la socialización, y la vida laboral se aparta del modelo estándar que sometía a los comunes mortales a la condición de desarrollar el mismo trabajo en las instalaciones de la misma empresa todos los días laborables de la semana en todos los meses del año hasta la pensión …, nos parece claro que el status de ciudadanía es el principal, el más seguro y quizá el único factor de cohesión social … Es eso exactamente lo que obliga a la creación de un amplio y articulado derecho antidiscriminatorio.

Debe ser el sindicato quien desarrolle, en el ámbito de su autonomía para adoptar decisiones, todas las implicaciones relativas al trabajador en cuanto ciudadano, y quien trace el itinerario que se debe recorrer. Que no será continuo ni rectilíneo, entre otras cosas porque traspasará las fronteras del trabajo dependiente para adentrarse … en el territorio del trabajo en todas sus formas y aplicaciones. Un territorio que el sindicato debe aprender a explorar.»

 

Los puntos suspensivos señalan la omisión de algunas oraciones subordinadas presentes en el original. En general se refieren a un tema de 2010, la preparación de un nuevo Estatuto de los Trabajadores para el siglo XXI. Seguimos teniendo pendiente esa tarea, trufada de multitud de obstáculos diseminados, tanto en el país de Romagnoli, Italia, como en el nuestro.

Pero no me parece perder el tiempo el dedicar alguna atención, incluso en campaña electoral, a un problema cada día más visible y acuciante: la fragmentación, no ya de los trabajos, sino además de la mentalidad de los trabajadores, y su disposición a votar de forma dispersa, en alguna medida en contra de sus intereses reales a medio y largo plazo. Estamos contemplando veleidades de apoyo político, por “amor al zasca”, que favorecen a formaciones que niegan de plano los derechos de ciudadanía y la existencia misma de esta.

No es en absoluto una batalla secundaria, ante la cita del próximo día 23.

 

viernes, 30 de junio de 2023

BELLEZA COMO PLENITUD

 


Afrodita desenredándose los cabellos después del baño. El “hermoseamiento” era un ingrediente obligado para la autoestima de las mujeres; de ninguna manera era admisible la dejadez en este tema. (Figura de mármol hallada en la ciudad de Rodas, s. I aC. Museo Arqueológico de Rodas).

 

La belleza era para los griegos antiguos un don propio de los dioses, su esencia íntima. Ese don podía ser compartido por algunos mortales, pero solo en momentos puntuales, cuando la plenitud del ser rebosaba, por así decirlo, de la envoltura mortal y la hacía resplandecer.

En los varones, esto podía ocurrir en la guerra, debido a un comportamiento heroico, o bien en el estadio o la palestra, por una proeza deportiva destacada.

En las mujeres, con la excepción de unas pocas famosas por su belleza casi divina y, en ocasiones, por la maldición que esta les acarreaba (Helena de Troya), el resplandor era visible únicamente en los esponsales, con la revelación (“apocalipsis”) al pretendiente de la figura bañada, perfumada, peinada, suntuosamente vestida y enjoyada, de su prometida, al modo precisamente de una divinidad de orden inferior, protectora del hogar doméstico.  

En uno y otro caso, un instante de plenitud justificaba una vida. Se compadecía más que a nadie a las personas que morían sin haber llegado a alcanzar esa plenitud, a desarrollar el potencial de belleza que correspondía en principio por igual a todas las personas. Ahoraios, llamaban a quienes no gozaron de su cuarto de hora de reconocimiento social: los “no-bellos”.

Colaboraban en la plenitud física la edad, el ejercicio, el aprendizaje, la socialización. No había nada más hermoso que un hoplita dirigiéndose a la batalla con paso ligero y elástico, armado hasta los dientes. La gloria estaba a su alcance, tanto mediante la victoria como con una muerte heroica. “O con el escudo, o sobre el escudo”, así recomendaban las madres a sus hijos que debían volver, cuando los enviaban a la guerra. El escudo era muy pesado, y lo primero que se abandonaba en una desbandada; de modo que conservarlo era prueba de haberse comportado bien, vivo o muerto. Esta última diferencia no era en ningún caso decisiva. La canción más antigua conservada con su notación musical, en la estela dedicada por Sícilo a su esposa Euterpe (Trales, Asia Menor, siglo I dC), expone precisamente ese tema: «Mientras vivas, brilla… La vida dura poco, y el tiempo exige su tributo.»

Los artistas plasmaban y eternizaban la plenitud memorable alcanzada por algunos humanos, sus momentos álgidos de plenitud y de gloria. Entre los dos sexos, la diferencia más marcada era la siguiente: el varón solía estar desnudo, tal como acudía a la guerra y a los Juegos; la mujer estaba siempre vestida, porque el vestido y el adorno sofisticado formaban parte indisoluble de su dignidad. Las diosas podían escapar a esa norma vestimentaria, porque eran diosas siempre y en cualquier caso. Pero las mujeres comunes solo aparecían desnudas en circunstancias lamentables (Casandra violada por Áyax, Perséfone desnudada por su raptor Hades mientras es llevada en volandas a los infiernos) o indignas de respeto (había, por supuesto, imágenes pornográficas para excitar el deseo de los varones; pero nadie las consideraba “arte” propiamente dicho, los antiguos hilaban más fino que muchos modernos).

Ser sorprendida en su desnudez, como le ocurrió a Ártemis cuando Acteón la espió mientras se bañaba en una fuente con sus ninfas, era sencillamente un insulto. La evolución del mundo en general y los cambios en la consideración social de los artistas y de sus modelos, hicieron que con el tiempo estas premisas variasen, aunque solo un poco. El mundo antiguo siguió siendo antiguo hasta el final…

 

martes, 27 de junio de 2023

VIVA LA IZQUIERDA

 


Javier Tébar Hurtado, historiador, profesor, militante y editor.

 

Me advierte el editor y amigo Javi Tébar que está ya en los quioscos virtuales el número 30 de la revista “Pasos a la izquierda”, accesible a cualquier interesado/a en su muy potente contenido, sin inscripciones previas, ni contraseñas, ni peajes publicitarios. A eso no le llaman “libertad” los ayuseros que invaden las terrazas con banderas desplegadas y birra en mano, y sin embargo nada es más libre que beber de la misma fuente y sin preámbulos forzosos las elaboraciones recientes de un pensamiento colectivo que se reclama con orgullo de la izquierda, así en nuestro país como en otros muy destacados.

Lean, si gustan. En unos momentos de volteretas ideológicas inverosímiles, cuando 2 x 10 = 22 según el portavoz de la maximización del beneficio empresarial en nuestro país, es necesario rearmarse de razón y de argumentos. Porque podríamos creernos a pies juntillas aquello que puso Shakespeare en boca de Macbeth, «La vida es un cuento contado por un idiota». La vida es otra cosa, por supuesto, y hay otro cuento por contar, y personas capaces de hacerlo desde discursos elaborados por mentes menos volanderas.

Por llamarles la atención sobre un contenido concreto del número 30, entre otros muchos posibles, permítanme indicarles el artículo de Samuele Mazzolini “El populismo ha muerto, ¡viva la izquierda!” He convivido con ese texto bastantes días, porque he sido yo el traductor. Lo que explica, se refiere a la situación italiana y en buena parte al Movimiento 5 Estrellas; pero es lícito leer entre líneas consideraciones y críticas que son válidas en mucha parte para nuestro país. Desde el chispazo populista que alumbró una posibilidad de lucha donde solo existía miseria de las izquierdas. La rápida conquista de seguidores y de posiciones institucionales. La pésima gestión del terreno conquistado. El distanciamiento progresivo entre una élite autodesignada y la “gente” representada en teoría por ella. El empeño suicida en mantener la prioridad absoluta de reivindicaciones correctas según análisis, pero no sentidas ni dotadas de efecto alguno de arrastre. El encerramiento voluntario en círculos-burbujas bloqueando el paso a otras personas o grupos que intentaban modificar o alargar el sentido del impulso originario…

Todo lo cual no excluye que no se presente más adelante otro “momento” populista luminoso que enderece un camino hoy por hoy sin salida.

Pero resulta necesaria una muy consciente sobriedad de la inteligencia y de la expresión, una rosa de los vientos que señale nítidamente el lugar de la izquierda frente a la superabundancia desbordada de otros discursos más o menos populistas que nos ofrecen la conciliación del crecimiento industrial con un respeto moderado a la ecología; la bienaventuranza de las empresas, compatible con el hondo contenido social del trabajo decente; el crecimiento sin trabas del parque automovilístico, con el añadido de una futura severa restricción de las emisiones que llegará por sus pasos contados; y, finalmente, imagen clave y definitoria del conjunto, la construcción de un Gran Casino como síntesis exacta de la propuesta económica que se nos está haciendo.

No es broma, lo dicen en serio.

 

domingo, 25 de junio de 2023

DE NUEVO, EL CICLO ANUAL EN ELEUSIS

 



Yo, comentando los Misterios de la actualidad con la Cariátide de Elefsina. Boquiabierta se quedó de las cosas que le conté. (Foto, Carmen. Es foto robada, sacada con habilidad a escondidas de las guardianas.)

 

“Tres veces bendecidos son los mortales que descienden al Hades habiendo visto estos ritos. 

Solo para ellos hay vida allí, para los demás todo es miseria.”

SÓFOCLES

 

Elefsina fue elegida capital cultural europea para el año 2021; la nominación decayó debido a la pandemia, pero se ha hecho efectiva en este 2023, en el que todo el yacimiento arqueológico está siendo removido, salen a la luz nuevas estructuras, y el Museo Arqueológico se ha enriquecido con una nueva ordenación de los materiales y la adición de presentaciones multimedia.

Esto es, con pequeñas correcciones. lo que escribí de Elefsina en 2014, después de mi primera visita al lugar:

Eleusis, el antiguo lugar de los Misterios situado a una quincena de kilómetros de Atenas, fue erigido para celebrar la sucesión de las estaciones y la renovación de la fertilidad de la tierra en la primavera, pero su situación en el extremo norte del golfo Sarónico y en las cercanías del puerto del Pireo lo ha rodeado de refinerías de hidrocarburos que lo condenan a padecer una atmósfera de baja calidad que compromete sus posibilidades de turismo cultural.

Todo debió de empezar a partir de una oquedad que se abre como un gran bostezo en el flanco de un cerro que domina la llanura aluvial y el mar cuajado de islas (Salamina está justo enfrente). Las paredes de la gruta son de color oscuro, ennegrecidas de humo, y en ellas se abren grietas de gran tamaño. Al parecer por esas grietas salían en tiempos fumarolas sulfurosas, y se consideró por ello que se trataba de la puerta de acceso a los infiernos. Según el mito, el dios del inframundo, Hades, se llevó un día a su reino a la ninfa Perséfone, hija de Démeter, la diosa de la fertilidad y de las cosechas, e hizo de ella su compañera. El rapto de la niña irritó tanto a Démeter, que dejó de dispensar sus dones a los humanos: el invierno y la aridez tomaron posesión de toda la tierra. Hades, por su parte, se negó en redondo a devolver a Perséfone a su madre. El complejo pleito requirió una asamblea de dioses, en la que se llegó a una solución transaccional: Perséfone pasaría una parte del año con su marido en el inframundo, y otra en la superficie junto a su madre. La tierra solo florecería y daría frutos en los meses en los que la ninfa disfrutara de la luz, el aire y el sol.

 

El yacimiento arqueológico de Elefsina en 1934.



Elefsina el 25.6.2023.

 

Cada nuevo otoño, entonces, tenía lugar una procesión que llevaba a Eleusis los objetos sagrados (se ignora cuáles eran con exactitud) que simbolizaban el regreso de Perséfone al inframundo y la vuelta de la aridez a la tierra. La procesión seguía la Vía Sacra (Iera Odos), que atraviesa de parte a parte – entre otros – el municipio de Egáleo en el que residimos, hasta la explanada de Eleusis. El séquito no era triste ni lamentoso; debió de tener un parecido notable con la romería del Rocío. Los atenienses viajaban en carros, bien provistos de comida y bebida; cantaban, se cruzaban bromas y pullas entre ellos, y se tomaban las cosas con calma. Partían del ágora de Atenas, al pie de la Acrópolis, a la salida del sol, y se instalaban delante de los Propíleos de Eleusis ya anochecido. Durante cuatro días celebraban los misterios. Había danzas de muchachas, invocaciones de sacerdotes, tal vez ceremonias orgiásticas y sin duda mucho “intercurso” que dicen los ingleses. En fin, más o menos lo mismo que podía verse siglos después en épocas de carnaval. Los ciclos naturales son siempre los mismos, y cuando una comunidad se prepara para ayunar, celebra con más vigor las épocas de abundancia pasadas y futuras.

Los misterios siguieron celebrándose cuando Grecia se convirtió en provincia de Roma. Luego, ya en el declive del imperio, Eleusis se convirtió en otra cosa, en un centro más o menos internacional de estudios filosóficos y religiosos esotéricos y de sincretismos de todo tipo. Ya no se peregrinaba allí desde Atenas sino desde la Galia, Egipto o Siria, en busca de un saber alambicado. En los inicios del siglo quinto, se presentó en el Ática el bárbaro Alarico y arrasó con todo: murallas, pórtico, templos y arcos de triunfo. A unos cientos de metros del yacimiento arqueológico, otros bárbaros modernos han comprometido el medio ambiente de un lugar que fue sagrado.

 



Junto a la “Puerta del Hades”.

 

viernes, 23 de junio de 2023

MORIR EN UN CALL CENTER. ELEGÍA

 


Servicios de call center para empresas. Fuente: Link Solution.

 

“Murió de contramano entorpeciendo el tráfico”

(Chico BUARQUE, “Construcción”)

 

Morir de infarto en un call center (los puristas pueden llamarlo “locutorio” o algo similar, pero la peculiar fealdad de la sociedad postindustrial se adapta al inglés técnico mejor que a cualquier lengua de raigambre literaria), morir de infarto en el call center en el que estabas trabajando, decía, y cuando faltan aún más de dos horas para cumplir tu turno, no es ninguna gollería. Los/as compañeros/as hacen esfuerzos por simular que no está pasando nada, pero tú notas que molestas, incluso alcanzas a oír algún comentario entre dientes, “lo que faltaba”, y naturalmente sabes que tienen razón, todo es bastante duro ya de por sí, para encima obviar tu colapso mientras se concentran en atender con amabilidad a una ama de casa a la que se le ha quemado la resistencia de la máquina lavaplatos comprada hace menos de tres semanas.

De poder elegir, irías a morir al rincón umbrío de un jardín poco frecuentado, bendecido por el canto burlón de un mirlo y saludado por la curva grácil de un sauce llorón inclinado hasta el suelo. Pero la sociedad postindustrial no te da la posibilidad de elegir, hay que estar a las duras y a las maduras, nuestra vida no nos pertenece, o por lo menos no nos pertenece hasta esa extensión del concepto: el tiempo contratado con el patrón es exclusivamente del patrón, y el convenio colectivo no contiene ninguna cláusula de salvaguarda para aquellos a quienes la muerte por fallo cardíaco u otra causa de fuerza mayor nos sobreviene sin haber cumplido a satisfacción del empleador nuestro turno acordado de trabajo, y en consecuencia sin que el departamento de recursos humanos pueda cubrir por otros expedientes nuestra ausencia ya irreversible.

 

miércoles, 21 de junio de 2023

NOS BOMBAN

 


La Luna ilumina la noche y orienta a los marinos; las luces del barco no dan claridad más allá de la cubierta. (Sant Pol desde mi terraza, noche del pasado 5 de abril)

 

No fue buena idea dar la orden de “rompan filas” para abordar las elecciones municipales y autonómicas desde las posiciones elevadas del campanario de cada cual. La política de progreso en marcha exigía una concreción mayor, un sentido finalista y una unidad de propósito visible. Los resultados han sido muy malos, y de poco ha ido que fueran pésimos para el gobierno de progreso, que se ha visto rebasado por la movida resistible de las derechas ultras.

Campanario y solo campanario, eso hemos visto. Ningún entendimiento entre autonomías, ningún proyecto común, ningún apunte de esa pedagogía pre-federalista que suele predicarse con profusión en los períodos entre campaña y campaña electoral.

Ahora solo queda reaccionar en la segunda parte del encuentro, convocada de urgencia, y recurrir a la heroica, tal vez a los penaltis. Puede que el intento salga bien, pero eso no abonará los resultados obtenidos hasta ahora. Andalucía es un desastre irremediable; Madrid, un agujero negro, y renuncio a seguir enumerando calamidades. Xavier Trias lo ha hecho por mí: “Que us bombin!” Descontado el sobreentendido sexual, muchos sentimos que hemos sido bombardeados en aplicación de una estrategia estéril de todos contra todos y de tierra quemada. Algunos, en Barcelona por ejemplo, incluso se sienten satisfechos del resultado.

Esperemos que emerja con fuerza Sumar para el inminente julio. Esperemos que el bendito “sanchismo” tan criticado recupere la iniciativa frente a la segunda alma del PSOE, esa que reaparece cíclicamente para husmear por los rincones de la geografía hispana las posibilidades de negocio latentes en una política enana y caciquil, un cambalache de barra de bar de pueblo.

No podemos permitirnos un nuevo 28M, sería el último.

 

martes, 20 de junio de 2023

HISTORIAS DE RODAS

 


Vista aérea de la Acrópolis de Lindos. El cuartel de los caballeros hospitalarios ocupaba su lugar junto a una basílica bizantina sucesiva a la stoa de un templo dedicado a la Atenea Lindia. A la pequeña bahía que se abre bajo la roca llegó náufrago San Pablo, en el curso de sus viajes de predicación. Toda la isla se convirtió entonces a la nueva religión, según escritos de la época, tal vez más propagandísticos que objetivos.

 

Después de la caída del Reino de Jerusalén en manos sarracenas, y de la pérdida de San Juan de Acre, la magnitud del desastre para la cristiandad llevó al emperador de Bizancio y al maestre de la Orden militar de San Juan o del Hospital, a concertar la compra por esta última de Rodas y otras islas vecinas. La idea de fondo era estratégica; la isla era la llave que garantizaba el control de la navegación entre Constantinopla y los Santos Lugares. Los caballeros hospitalarios, aguerridos, bien entrenados y siempre activos, eran una fuerza nutrida de intervención inmediata capaz de abrir los estrechos para los peregrinos y de cerrarlos al paso de las fuerzas hostiles a Bizancio, dada la superioridad de maniobra de sus galeras, muy superior a la poco entrenada marina otomana o egipcia.

Tal fue una de las muchas historias de Rodas, que ya había sido famosa como fortaleza inexpugnable desde finales de la Edad Antigua, bajo el símbolo del Coloso.

Los caballeros hospitalarios fortificaron la ciudad y el puerto, y se reservaron la zona de tierra más próxima a este último. Cuando el Hospital de Peregrinos quedó pequeño, un catalán, Antoni de Fluvià (aparece en la serie de retratos de los maestres con el florido nombre a la francesa de “Antonie Flouvien de la Rivière”), decidió costear de su propio peculio un hospital nuevo y más capaz, una parte del cual alberga hoy el Museo Arqueológico. El llamado “Collacchio”, la parte de Rodas reservada a los Caballeros, iba desde la antigua ágora, en la que todavía son visibles los restos de un templo a Afrodita próximos a los dos hospitales, antiguo y nuevo, y a la iglesia de Nuestra Señora del Collacchio, hasta el punto más elevado de la ciudad, la clave de la defensa, el complejo formado por la catedral de San Juan y el palacio-fortaleza del Maestre. Entre uno y otro grupo de edificios corre la asombrosa calle de los Caballeros (“odos Ippoton”), a cuyos flancos se alineaban los albergues de las siete “naciones” que integraban la orden.



Contrafuertes en una de las revueltas de la calle de Ayios Fanurios, en la Ciudad Vieja de Rodas. San Fanurio es el patrón de la ciudad, y murió mártir de las legiones romanas en uno de tantos imprevisibles giros de guion de la historia de Rodas. Su iglesia, subterránea, está en un extremo de la larga calle, cerca de la muralla exterior.

 

Del otro lado de la antigua muralla bizantina que marcaba los límites del Collacchio quedaba una ciudad abigarrada, ruidosa, laberíntica, uno de los zocos comerciales más activos entre el oriente y el occidente de la época. La Rodas popular prosperaba en la paz y el comercio, y se encogía cuando soplaban vientos de guerra. Luego, fuera de las murallas, una tercera comunidad dispersa por los campos de cultivo, el campesinado, aseguraba la subsistencia de guerreros y mercaderes.

Los caballeros disponían además de una serie de fortalezas costeras desde las que prevenir invasiones caso de que fallara la alerta temprana de las galeras de la orden, siempre activas. Lindos era la principal de ese anillo de fortalezas menores, y otras con guarniciones permanentes se encontraban en Arkánguelos, Kritinía o Monolithos.

Casi nada de todo ello ha desaparecido. Cuando la isla no pudo resistir más el asedio de las tropas del sultán Solimán, este, harto de perder hombres en los continuos asaltos, se avino a dar por buena una capitulación que permitió salir de la isla a los caballeros con sus familiares y toda su impedimenta, mientras el nuevo orden otomano se obligaba a respetar de forma escrupulosa las propiedades de los caballeros.

Pero no respetó nada más. Los rodios, abandonados a su suerte por la orden de los caballeros, cayeron en una esclavitud rigurosa y sin esperanzas. Se levantaron hermosas mezquitas y los notables turcos construyeron espléndidas mansiones pared con pared de los edificios celosamente respetados del Hospital.

Esa es la Rodas que puede verse hoy. Solo las advertencias del Patrimonio Mundial de la Unesco han podido impedir que se derribaran las mezquitas que visibilizaban la larga esclavitud del pueblo rodio. En la etapa de entre guerras del siglo pasado, los arquitectos de Mussolini emprendieron una obra de restauración valiosa, y en ocasiones de imaginación estética gratuita, para poner en valor la Rodas de los caballeros. Desde que la isla volvió a manos griegas y fluyó la financiación de la Unesco, se han emprendido nuevos programas de recuperación histórica y artística. Al Argonauta que arriba hoy a sus riberas, le espera una Rodas deslumbrante, y en buena medida desconocida.

A algunos Rodas nos ha dado incluso algo más: mis dos nietos son rodios, y allí, en el pueblo de Soroní, tiene mi yerno una casa, alguna tierra plantada de olivos, y un círculo familiar entrañable. Cosas de un valor inmenso.



Un grupo de turistas catalanes delante de la embocadura de una de las puertas de la muralla, la de San Juan. Las puertas incluyen dos puentes sobre los dos fosos concéntricos, y un túnel en zigzag para prevenir la irrupción de una posible carga de caballería.

 

sábado, 10 de junio de 2023

ALGO HA PASADO



El templo de Poseidón en el cabo Sunion (Ática, Grecia). Islas e islotes salpican el trayecto del sol hacia el poniente. Ninguna tierra emergida es de despreciar.

 

No echaré las campanas al vuelo, pero lo que ha ocurrido es bastante diferente de la clásica traición de un grupúsculo escindido a los ideales monolíticos y sempiternos de la izquierda. Son dieciséis grupos, concertados en una sola candidatura de nombre Movimiento Sumar, los que se han movilizado de forma coordinada, y los “ideales sempiternos” han brillado por su ausencia en toda la operación.

Los implicados, cuantificables en la línea de partida en un poco más de dos millones de votos de izquierda, están poniendo todo su esfuerzo en ser prácticos e inclusivos. Han tratado de no dejar atrás a nadie que quisiera estar ahí, siempre desde el respeto debido a quienes no, no, no han querido.

Una mención especial a Alberto Rodríguez (el “Rasta” para las derechas), que fue apeado del Congreso de los Diputados por una maniobra turbia y, de vuelta en Tenerife, ha puesto en pie el proyecto Drago Canarias y ha optado a la alcaldía de La Laguna, justo antes de ser el primero en adherirse al Movimiento Sumar.

Mónica Oltra también fue defenestrada de su vicepresidencia de la Comunidad Valenciana, por una acusación infundada y maliciosa. La malicia se ha extendido a la fecha elegida para la publicidad de su inocencia. Algunas personas, en este país, son culpables hasta que se hace pública, con un retraso culpable, la demostración palmaria de su inocencia.

Pero Alberto Rodríguez ha mantenido su compromiso con la izquierda plural, y Mónica Oltra su Compromís. Son dos ejemplos de que la política, extraña forma de vida, tiene modos distintos de ejercerse, y no todos los políticos son iguales, no todos, qué va.

Hay quien llama traición a la lealtad a las personas, y predica como única opción válida la lealtad a las siglas.

Pero las siglas no tienen vida propia, y la realidad viva es dialéctica. Los que ayer fueron leales mañana serán traidores, si no cambian su modo de pensar.

“Algo” ha pasado, entonces, sin la menor duda. Conviene avanzar en la dirección sugerida por un acontecimiento tan sorprendente. Ha sido un “algo” bastante repentino e inesperado, pero trabajado con mucho ahínco. No sé dónde podrá llegar este país, pero sí que  ha dejado de ser el mismo de antes.

  

sábado, 3 de junio de 2023

LA PERTINAZ DESMEMORIA

 


Un encuentro borrado de la mente de las derechas recalcitrantes así catalanas como españolas, que jurarán mil veces que nunca ocurrió. “E la nave va…” diría Federico Fellini.

 

Siguiendo una norma creo que evangélica, nuestras instituciones más conservadoras se aplican a obrar de modo que su mano izquierda ignore siempre y de forma sistemática lo que hace la derecha. Ahora mismo, sin necesidad de ir más lejos, la derecha ha votado en Europa en contra de la prohibición del trabajo esclavo. No es –lo supongo, no me lo han contado– que PP y Vox consideren un óptimo deseable la vuelta a la esclavitud con todas sus consecuencias, sino más bien que no les gusta renunciar a priori a esa posibilidad tentadora, en un momento crítico en el que la mano de obra, envalentonada por los desmanes del gobierno ilegítimo, se niega a aceptar pagas de 800 euros por jornadas laborales de 12 horas de las que se declaran solo cuatro.

Bueno, pues de tal voto europeo nadie debe saber nada, de modo que no se airea en la prensa oficial u oficiosa, y si alguien da en preguntar a los propios protagonistas del voto, estos juran de forma solemne que en todo momento permanecieron ignorantes de lo que estaba ocurriendo. Ellos la esclavitud la respetan mucho, sobre todo porque creen en la Libertad con mayúscula, de modo que quien quiera ser esclavo bien está que lo sea, no serán ellos quienes lo impidan, y menos recurriendo a leyes y ataduras que no conducen a nada bueno. Pero en cuanto a votar en el Parlamento europeo, lo que se dice votar votar, no recuerdan en ningún caso haberlo hecho, a no ser que nos refiramos al expediente de cebar con moscas los anzuelos en la pesca con caña, que eso ellos siempre estarán en contra porque revela crueldad hacia los animales más humildes y desprotegidos. ¿No es a eso a lo que nos referimos? Entonces no saben lo que pueda ser.

Quizás el éxito (relativo) de las candidaturas del tipo Rey Palomo en las recientes elecciones municipales y autonómicas se deba a una desmemoria pertinaz acerca de los propios planteamientos políticos. Es muy famoso el caso de ETA, que cuando estaba en activo no existía según para qué, y ahora que se ha disuelto, sigue en ciertos aspectos más activa que nunca. De “ese movimiento vasco de liberación del que usted me habla”, hemos pasado a “Sánchez es ETA”. No es solo que la sintaxis flojee, sino que la relación entre significante y significado se ha deshilachado de forma definitiva.

Lo mismo le ocurre a la Iglesia española, donde los expedientes por abusos eran cero hace dos años debido a la conducta ejemplar de todo el estamento eclesiástico, y hoy suman casi tantos casos como los de inmatriculaciones de inmuebles, tirando por lo bajo. Nuestros obispos y cardenales suspiran por un cambio urgente de papa, seguros de que un nuevo Woytila haría descender de nuevo las cifras a esa desmemoria absoluta que nunca se debió dejar perder.

De todo lo cual, concluyo, habrá que tomar buena nota para que el 23J próximo estemos todos bien seguros de lo que sabemos y lo que no sabemos.

 

jueves, 1 de junio de 2023

AMAR LA BOMBA

 

 


Cartel de la película “Dr. Strangelove”, de Stanley Kubrick.

 

Ahora que ha quedado atrás (pero no del todo) la política de la deterrence, la disuasión, como motor principal de la inversión militar de las superpotencias para soslayar la eventualidad de un holocausto nuclear, ahora precisamente estamos aprendiendo a “amar la bomba”.

La bomba era el protagonista de aquella película de Stanley Kubrick llamada “Doctor Extrañoamor”, aunque en nuestras pantallas recibió el título ridículo de “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú”, como si se tratara de una entrega de cine de hazañas bélicas y eso la hiciera más comercial. El largo subtítulo original rezaba: “Cómo aprendí a despreocuparme y amar la bomba”. El proceso de aprendizaje de Peter Sellers en sus diversos papeles (el oficial, el doctor loco, el presidente) era aleccionador. Ahora que ya hemos superado la política de bloques y nos encontramos en un mundo global (signifique ello lo que signifique), la “bomba” de Damocles que pende de un hilo sobre nuestras cabezas no tiene la misma capacidad destructiva inmediata, pero sí conduce a corto plazo a un destrozo irreversible del planeta. Es algo que sabemos, pero preferimos ignorar. Hay (como en la película) dos clases de negacionismo de la “bomba”: el explícito (eso no va a suceder porque no ha sucedido nunca), y el sobreentendido (no hay que preocuparse porque las medidas oportunas serán tomadas con toda puntualidad más adelante, en algún momento imposible de precisar por el momento).

Quienes aman la ampliación del aeropuerto de Barcelona son negacionistas .de la segunda especie: todo se hará con las debidas garantías de preservación del medio ambiente, dicen, como si la ciudad estuviera en una situación de normalidad medioambiental que por supuesto se mimará con escrúpulo. Tan solo se trata de cubrir la conexión regular con la costa Oeste de Estados Unidos y con el Extremo Oriente, me ha argumentado un experto en la materia que además me acusó de “ludita”. Los luditas destruían las máquinas de las hilaturas en la primerísima revolución industrial. Un método de lucha improvisado, pero en cierta forma clarividente. Nos lo ha explicado el eminente economista “ecológico” Joan Martínez Alier, con ocasión de recibir un premio internacional: la economía industrial no es circular, sino entrópica. ¿Qué quiere decir eso? Esta es su respuesta literal: «Cuando la economía industrial crece, los ecosistemas se destruyen.»

Hemos tenido tres avisos muy serios de la magnitud de las dislocaciones económicas en un planeta seriamente enfermo: un crac de las finanzas globales; una pandemia que fue imposible detener antes de una mortandad homérica porque hacerlo “contravenía las libertades individuales”; y un agravamiento catastrófico del cambio climático, que está saltando por encima de todas las barreras dispuestas para contenerlo, por culpa de que “los automóviles no tienen la culpa” (Trias dixit), la ampliación del aeropuerto tampoco, y la contaminación ciudadana se va a intentar resolver a través de más interiores de manzana en Barcelona, y de muchas macetas en los balcones en Madrid.

Estamos convocados a votar otra vez el próximo 23J. No es nada probable que el cambio climático comparezca en la ocasión, del mismo modo que ha pasado de puntillas por el 28M. No es un tema que dé votos, antes bien los resta.

De modo que la mejor opción, para quien se preocupe sinceramente por estos temas, será aprender a amar la bomba.

Dicho con una expresión de Theodor Kallifatides, nuestro cerebro es un reloj que no funciona y además se ha detenido a una hora equivocada.

viernes, 26 de mayo de 2023

NO TODO VOLVERÁ A SER IGUAL

 


“Dones obrint camí”, mujeres abriendo camino. Imagen del 2 de abril de 2023.

 

Me he entretenido, en los días previos a una jornada de reflexión que pocos dedican a reflexionar, en releer apuntes, notas y algunas entradas de blog de la época más candente de la pandemia que nos encerró de forma forzada, solos con nosotros mismos, los meses de marzo, abril y mayo de 2020. De entonces data una idea fuerte, desaparecida casi en las propuestas de ciudad que nos sirven las candidaturas más al uso, pero que entonces apareció repetida mil veces en distintas formas y en boca de muy distintas instancias e instituciones: «Nada volverá a ser igual.»

¿Nada lo ha sido, de verdad? Se ha aplicado de forma consistente a la fórmula la desmemoria que utilizamos para superar las épocas más engorrosas de la vida del mundo, y con ellas las nuestras, por recientes que sean. Corremos a acordarnos de Santa Bárbara cuando truena pero, en cuanto el cielo vuelve a azulear, decidimos que a la Santa le pueden ir dando.

La catástrofe económica anunciada por la paralización de los negocios durante la pandemia no va a ser, me temo, un parteaguas decisivo entre un “antes” y un “después” diferentes. La riqueza global, a fin de cuentas, no es algo sólido, sino una simple burbuja. Háganme caso, la riqueza global está sobrevalorada.

Véanlo descendiendo al detalle; un titular de La Vanguardia (9.4.2020) afirmaba: «Emergencia económica. El coronavirus hunde el comercio mundial y pone en riesgo la globalización.» Otro veía en el horizonte el inminente hundimiento, no del comercio mundial, sino del capitalismo. Pónganles hoy ante los ojos sus profecías de ayer a aquellos Jeremías investidos de jefes de redacción, y se excusarán diciendo que fue un truco para vender más periódicos porque la coyuntura apretaba.

Un editorial del Financial Times de la misma época, es decir el momento más caliente de la pandemia, anterior al lío infinito de las vacunas, proponía algunas correcciones sensatas sobre lo público, la deuda y el papel del Estado en la pospandemia.

Más aún, el Fondo Monetario Internacional emitió un informe de emergencia en el que afirmaba que, después del desastre sanitario, nos esperaba una severa crisis económica, difícil de cuantificar debido a la “extrema incertidumbre”. Una frase en particular me llamó la atención en aquel informe: «En situaciones de emergencia todos los Gobiernos son keynesianos, para salvar a las personas, a las empresas o a ambos.»

El keynesianismo es ciertamente una debilidad senil de los gobiernos, ajena por completo a un FMI sobrado de firmeza en el dogma neoliberal del TINA (There Is No Alternative). En ese sentido, resulta interesante la mención hecha por el Fondo al salvamento “a las personas, a las empresas o a ambas”, lo que significa que en la cubierta de un “Titanic” metafórico se podría oír, en el apuro tremendo de un hundimiento inminente: “¡Las empresas y los niños primero!” (no es invento ni especulación; sucedió tal cual en las residencias geriátricas de la Comunidad de Madrid).  

Sin embargo, el negacionismo sutil no es una actitud novedosa. El capitalismo siempre ha mostrado una envidiable ligereza y flexibilidad de movimientos en las grandes crisis cíclicas, desde la intención lampedusiana de cambiar todo lo preciso para que lo esencial no cambie.

Las lecciones del Financial Times y las excusas del FMI (olvidadas, como las profecías apocalípticas de La Vanguardia, antes de que el papel prensa de la edición empezara a amarillear) habían llegado, de otro lado, demasiado tarde. Todo eso se debió decir ─y poner en práctica─ en 2008. La enorme destrucción de riqueza pública, de empleo decente y de bienestar social se produjo entonces, guiada por una banca privada atenta al business sin límites ni cortapisas, con los Estados procurando pasar inadvertidos para no molestar, las troicas inflexibles en la doctrina financiarizada, y todos ellos pendientes de la oracular sabiduría algorítmica de los mercados.

No hubo en realidad un hundimiento del comercio mundial (apenas fue un stand by momentáneo), sino un lucro cesante. Se contaron como perdidos los dineros que se habían dejado de ganar, sencillamente. Cualquier economista debería saber distinguir entre una cosa y otra. La confusión fue interesada, nos dijeron lo que querían que creyéramos.

Cada cual habrá de sacar sus conclusiones en relación con el voto de mañana. Yo lo que veo, sinceramente, son muchas ganas de equivocarse otra vez.