jueves, 11 de noviembre de 2021

CON LAS NARICES TAPADAS

 


El joven príncipe recibe escamado las muestras de afecto de su madre y su padrastro, delante de toda la corte. Algo olía a podrido en Dinamarca. (Fotograma de “Hamlet”, de Lawrence Olivier, 1948)

 

No son solo los parlamentarios, obligados a votar el enjuague que situará en la cúspide del poder judicial a un par de indeseables: todo el país tiene que taparse la nariz por el hedor compacto, tenaz, consistente, que despide nuestra clase política. Nos habíamos reído demasiado de Pablo Casado, el hombre de los másters inventados, de la sede reformada en b, de las complicidades turbias con las escuadras ultras, del forcejeo impúdico con Ayuso (otro retal de la misma tela) por el padrinazgo excluyente de todo el tinglado mafioso.

Pues Casado, surgido de la ciénaga, ha conseguido encenagar a todos. Los dos jueces elegidos con los votos de la izquierda son sus poderes, y los exhibe con la misma impudicia con que el cardenal Cisneros mostró los suyos hace cinco siglos.

Suscribo lo que dice sobre este tema el maestro López Bulla en su blog. Nos advierte de que su opinión es “del todo irrelevante”; la mía lo es más, incluso. No es ese el punto, sin embargo, sino el hecho de que, al votar como lo hace, el grupo parlamentario socialista «es responsable del conjunto del Tribunal Constitucional, no sólo de los suyos. Más todavía, es responsable de la calidad democrática de todo el Tribunal Constitucional.»

Ahí le duele. Si de lo que se trataba era de “desbloquear” el funcionamiento normal del tribunal, se ha hecho un pan como unas hostias. Algunos partidarios del gobierno de coalición alegan que no importan los detalles, sino conseguir que los “nuestros” sean más que los de “ellos”. Oigan, ¿qué talante democrático es ese, cuál es el respeto que nos merecen las instituciones, es que de lo que se trataba era de contar con un poder judicial obediente, y no competente?

Ha sido peor que un crimen (parafraseo a Fouché, que la sabía larga en esta clase de historias): ha sido un error. No excluyo que sea un error debido a una sana impaciencia, a un exceso de celo o de entusiasmo; pero ya se sabe a dónde conducen en definitiva los caminos empedrados de buenas intenciones. Nuestra clase política huele hoy a podrido más aún que el castillo de Elsinor en la época en la que el príncipe Hamlet andaba sumido en un mar de dudas. Esperemos que, al cabo de los cinco actos, la historia no acabe del mismo modo.

 

martes, 9 de noviembre de 2021

LOS SINDICATOS DESPUÉS DEL SEÍSMO

 


Trazado de la carretera general a su paso por una población siciliana, posible metáfora de la trayectoria enrevesada a la que se enfrenta el sindicalismo en los tiempos que corremos.

 

He acabado con una sensación mixta de satisfacción y pérdida el libro de Joan Gimeno, “Lucha de clases en tiempos de cambio”, del que hablé hace unos días a propósito de la tormenta perfecta vivida por la confederación de CCOO en el “año de Orwell”, 1984. (1)

Satisfacción por lo comprensivo y exhaustivo del texto de Gimeno; pérdida porque, en el trayecto entre cómo éramos entonces (The Way We Were, ya saben) y la situación actual del sindicato, se ha roto toda posible línea de continuidad, bien en parábola ascendente o descendente, debido a un cataclismo de características globales que ha marcado de forma nítida un antes y un después, tanto para el movimiento obrero como para todo el contexto de la historia humana. Así pues, aunque algunas personas seguimos siendo las mismas de entonces (mucho más viejas, sin embargo), echamos en falta una referencia sólida sobre la que establecer comparaciones adecuadas de una época a la otra.

En los años noventa, un doble seísmo lo cambió todo: de un lado tuvo lugar un terremoto geopolítico, el imperio soviético hizo implosión y ese hecho modificó todos los puntos cardinales y los ejes valorativos que determinaban las conductas de pueblos de todas las latitudes, convirtiendo un mundo bipolar, regido por las reglas rígidas de la disuasión militar, en una “aldea global” en la que la economía financiera se desprendió de todas sus anteriores ataduras.

Para que ello fuera posible, se necesitó un segundo seísmo, de naturaleza tecnológica. ARPANet existía ya como instrumento informático en los años setenta, pero en 1990 se hizo operativo un conjunto de protocolos, la World Wide Web, que permitía la consulta remota de archivos de hipertexto con una facilidad instantánea. Así nació Internet, la “red de redes”, como instrumento de relación y de información potencialmente universal. Hacia 1995 se inició su difusión mediante la cobertura wi-fi por Europa y América del Norte; veinte años más tarde, en 2015, la utilización de la nueva tecnología digital se había multiplicado por 100, y era utilizada de forma asidua por la tercera parte de la población mundial. Hoy mismo leo en la prensa (digital, por supuesto), literalmente, que «un país sin internet pasa de una situación de incomodidad al caos en tres días». Internet se ha hecho ya indispensable.

Y con internet, toda una nueva forma de producir y de gestionar. La fábrica ha hecho implosión: fue una etapa útil como ámbito cerrado de coordinación y de control de la producción; ahora esos objetivos se consiguen con instrumentos mucho más precisos y sutiles, y la palabra de orden es “externalización”. Una empresa se cotiza tanto más, cuanto más exenta aparece de “pasivo”. Y en el pasivo se incluyen ahora cosas que antes eran “activos” de una empresa, incluso su mayor orgullo: la maquinaria, el local, la plantilla y el know-how que aportaba.

La negociación colectiva mediante convenios sectoriales alcanza a una porción mucho menor de los trabajadores. Los conflictos son más difíciles de encauzar y de resolver. Los acuerdos generales tienen menos valor expansivo. La organización sindical en base a federaciones de ramo tropieza con la falta de un suelo sólido en el que afincarse, porque no estamos ya en el sindicato de las categorías profesionales, sino en el de los derechos individuales y colectivos, políticos y sociales.

Derechos que es preciso volver a reclamar, para todas y todos, porque están siendo recortados, o desconocidos, o conculcados, por una contraparte acuciada a su vez en muchos casos por la imposición fáctica de un vasallaje hacia los grandes conglomerados de empresas, las corporated que se mueven como tiburones por todas las aguas de la producción, la distribución y los servicios, dejando en todas partes las huellas de su voracidad. Cuando la empresa situada en la cabecera de la cadena de valor externaliza una tarea determinada, lo hace ajustando los precios, los plazos y los márgenes tanto como puede, y más. Ese peso terrible es desplazado por la empresa subcontratante a las condiciones de trabajo y de salario de su propia plantilla.

Huérfanos de partidos-guía que, desengáñense, se han ido para no volver, los sindicatos deben reencontrar su lugar en este nuevo contexto extraño y sesgado. Cuando por fin dominábamos las reglas de juego de una competición difícil e incierta, nos han cambiado no solo los reglamentos, sino incluso el terreno de juego.

El futuro del sindicalismo va a depender de su capacidad para salir de su propio círculo de confort y adaptarse a una situación laboral aún más desigual y exigente, pero para la cual dispone también de más y mejores instrumentos de actuación.

Miramos hacia ese lado con esperanza. «No hay que tener miedo de lo nuevo», nos han aleccionado al alimón Luciano Lama y José Luis López Bulla.

 

(1) Ver http://vamosapuntoycontrapunto.blogspot.com/2021/10/el-ano-de-orwell-en-las-comisiones.html

 

lunes, 8 de noviembre de 2021

NO ME GUSTA QUE A LOS TOROS

 




Imagen de una corrida en Alcalá del Júcar, año 2006: en los toros de cualquier manera, cuando deberían ser un sacramento consumido religiosamente por los fieles, en particular los de abono en barrera, contrabarrera o palco presidencial.

 

La posición ideológica de nuestras derechas en relación con la llamada fiesta nacional está llena de matices y sobreentendidos. Es un sí pero no, un lo veo y no lo veo. Gracias a Manolo Escobar, un hombre recto de la izquierda de siempre, somos hoy capaces de expresar con bastante aproximación el mandato cuasi divino de la España cañí a su harén particular y privadísimo. Es este: «Mujer, quiero que te gusten los toros y que tengas libertad de ir (pero no libertad de no ir) a ese espectáculo artístico edificante; pero no me gusta que a los toros vayas con la minifalda.»

La razón se explicita en el texto de la copla: «La gente mira p’arriba / porque quieren ver tu cara / y quieren ver tus rodillas. / Me rebelo y me rebelo / y tengo que pelearme / y a los toros no los veo.»

Y así, andan confusos nuestros cardenales, nuestros líderes/lideresas del PP-Vox, y nuestros magistrados/magistradesas del Cuasi Virtual Tribunal Constitucional. Les gusta el Pentateuco, y no tragan al papa actual. Les encanta la libertad de expresión insultante propia, pero no pueden soportar la ajena (ahora andan rasgándose las vestiduras porque se deroga la Ley Mordaza). Practican la manga ancha con la corrupción de los bienestantes, incluidas las testas coronadas, pero son implacables con las manifestaciones de protesta de los humildes.

Y les encanta la fiesta de los toros pero no quieren que su santa vaya a ese templo de la hispanidad más recia con la minifalda sino, a ser posible, de largo, con la mantilla, los tacones altos, el abanico firmado por Vargas Llosa y el clavel reventón en la oreja.

 

domingo, 7 de noviembre de 2021

CARMEN LAFFÓN Y OTROS AMIGOS

 


Carmen Laffón en la presentación de la ambiciosa retrospectiva de su obra expuesta en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla entre octubre de 2020 y enero de este año. La acompañan en la fotografía el consejero andaluz de Cultura, el comisario de la muestra Juan Bosco Díaz-Urmeneta (izq.), y el director del CAAC Juan Antonio Álvarez Reyes (der.)

 

Muy mal andan las cosas de la cultura por el Bajo Guadalquivir, entre Sevilla y Sanlúcar. El fallecimiento de la pintora Carmen Laffón en La Jara, su casa de Sanlúcar de Barrameda, la pasada madrugada, viene a sumarse a los de Juan Bosco Díaz-Urmeneta, en el mes de junio, y Javier Aristu Mondragón, en septiembre. Un año aciago, un hueco demasiado grande para dejarlo pasar inadvertido, sin el duelo que merece.

De Javier he hablado y seguiré hablando, que quedan aún cosas por contar. Bosco fue un habitual en las páginas de Cultura de “Pasos a la izquierda”. El lector interesado tiene como referencia un estudio luminoso sobre el realismo, que recomiendo con calor (https://pasosalaizquierda.com/sobre-realismo-en-arte/). En el número 23 de la revista pueden encontrar sobre él mismo una breve semblanza, “Juan Bosco Díaz-Urmeneta y la difícil modernidad”, firmada por Juan Antonio Álvarez Reyes, director del CAAC. Los dos aparecen a un lado y otro del grupo en la fotografía de arriba, correspondiente a la presentación de la exposición antológica ─en más de un sentido─ de Carmen Laffón, en octubre del año pasado.

Bosco, Javier y Carmen: tres amigos entrañables, por más que a Carmen solo la he conocido y admirado a través de su obra. Los tres han desaparecido, apenas en un instante. Ganas me dan de dejar correr las lágrimas, y presentar una queja a mi Andalucía con las palabras de Garcilaso:

«Pues en una hora junto me llevastes

todo el bien que por términos me distes,

lleváme junto el mal que me dejastes;

si no, sospecharé que me pusistes

en tantos bienes porque deseastes

verme morir entre memorias tristes.»

 

sábado, 6 de noviembre de 2021

CUANDO NO IMPORTA TANTO EL COMPROMISO COMO LA PRESENCIA

 


Imágenes de la Cumbre de Glasgow contra el cambio climático: políticos en “acción”. Compartido de Facebook. Fuente, Dorin Tudor.

 

Dice Greta Thunberg que la COP26 (26ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), recién celebrada en Glasgow, ha sido un fracaso. La joven ha pedido con desparpajo menos blablablá y más acción. Los potentados en ejercicio, presentes allí sin faltar uno, han encontrado impertinente la observación: ellos han estado, que era lo importante, han declamado bellos discursos compuestos por asesores/as pagados/as a precio de oro, y han banqueteado a modo. Tal vez esta última obligación aneja al cargo, particularmente penosa para ellos, les ha producido cierto estado de somnolencia en las sesiones plenarias de primera hora de la tarde, pero se trata de una ligera debilidad muy humana y, por lo tanto, perfectamente excusable.

Eso en cuanto al “blablablá”. Por lo que se refiere a la “acción” mencionada por la joven sueca, bien, todo se andará. Existen compromisos firmes asumidos que constan en las actas de la reunión, si bien son en su conjunto más bien genéricos. Los dosieres repartidos se examinarán con calma uno de estos días en las comisiones de trabajo creadas al efecto en cada país; las cuales comisiones emitirán a su debido tiempo un veredicto indicativo para que los parlamentos lo sancionen si es el caso, en el plazo pertinente y siempre que lo acordado no exceda del margen estrecho de unos presupuestos necesariamente equilibrados para el año en curso, que bien podrá ser el 2025 o el 2026, si no se producen dilaciones indeseadas. Después, el Diluvio o lo que sea hará su aparición.

El gobierno de España ha tenido una actuación lucida, me atrevo a decir que irreprochable, en ese contexto global. No van contra él mis modestas observaciones. Aquí hay acción cuantificable, además de discursos. Ocurre, como reza un titular de La Vanguardia de hoy, que «el exceso de emisiones del 1% más rico del mundo amenaza el límite climático de 1,5ºC».

El uno por ciento más egoísta del mundo, para decirlo con menor complacencia. Que dios nos pille confesados.

 

viernes, 5 de noviembre de 2021

ENVIDIA SANA DE MADRID



Pacificación del tránsito de un entorno escolar en Barcelona. Fuente, Ayuntamiento.

 

El futbolista Gerard Piqué ha declarado sentir envidia sana de Madrid. Piqué es uno de los bastiones de la catalanidad militante desde hace muchas temporadas, tal vez demasiadas. Su aparición, otrora, con la camiseta roja de la selección española provocaba abucheos en los estadios de más allá del Ebro. En consecuencia, abandonó la selección y se dedicó a otras aventuras. Sus palabras podrían merecer atención por esa razón militante y polémica; desde luego, por otras razones no. Su relación actual con Madrid es de negocios, está vendiendo allí su formato de Copa Davis. Tal vez la sensibilidad social de Piqué esté un poco anquilosada, pero nadie me negará que es un chico listo.

Las últimas noticias que me llegan de la ciudad de Madrid, vía prensa diaria, son que medio millón de madrileños están en lista de espera para ser atendidos de sus dolencias, con dilaciones de hasta 18 meses para la visita al especialista. Supongo que todos ellos se consuelan pensando que pagarán menos impuestos que si vivieran en Ciudad Real por ejemplo. Es para tenerles envidia sana.

De otro lado, está el atropello de tres niñas de seis años que jugaban en una acera. Una madre que acudía a recoger a su hija al colegio decidió aparcar encima de esa acera entrando con su coche en marcha atrás, sin fijarse mucho en los detalles. Una de las niñas ha muerto. Tal vez los madrileños, incluido de forma excepcional entre ellos Gerard Piqué, estimen que la niña invadió la acera para jugar sin tener en cuenta que era terreno prohibido dada la amplia posibilidad concedida por las ordenanzas a su utilización eventual para el tráfico rodado. Son cosas que ocurren en las grandes urbes.

¿Han visto fotografías de la pacificación del tránsito en las salidas de los colegios de Barcelona? Si están ustedes en la onda de Piqué, no les habrá gustado la solución adoptada por el equipo de Ada Colau. Todos los días leo a alguien que critica sus medidas diciendo que no sirven para nada, y las califican de “postureo”. La niña muerta sería para ellos, como la laguna Ricarda del delta del Llobregat, una baja colateral por fuego amigo sacrificada en aras de un progreso más alto. Al observar con atención el despropósito urbanístico reflejado en la imagen de arriba, culpa de las falsas virtudes de incompetencia y postureo de la alcaldesa, sentirán envidia sana de Madrid.

  

miércoles, 3 de noviembre de 2021

HALLOWEEN

 


Asando las castañas en sartén al fuego de leña, como ordenan los reglamentos de la fiesta.

 

‘La chos’ ne me gên’ pas mais le mot me dégoûte’

Georges BRASSENS, “S’faire enculer”

(“La cosa en sí no me molesta, pero la palabra me repugna”. G. Brassens, ‘Tomar por culo’)

 

Dedicaré estas líneas a un poco de arqueología sentimental. En los años ochenta la familia alquilábamos una vieja masía en la Garrotxa. Las noches otoñales eran movidas: contra el frío no valía otra cosa que acumular mantas en la cama, las ratas corrían por el falso techo sobre nuestras cabezas, y las marranas (trujes) con sus garrins gruñían en el piso de abajo, que Peret, el payés que nos alquilaba, tenía dedicado a pocilga. A mis hijos les encantaba la combinación, y Carmen florecía en aquellas circunstancias, que le permitían, según una expresión propia, “practicar a fondo la función clorofílica”. Yo era seguramente el menos satisfecho de los cuatro, porque entonces, cuando aún no habían llegado al mercado los ordenadores personales, sí teníamos en cambio teletrabajo; pero si necesitaba tener un texto listo para presentarlo el lunes en la editorial, me las apañaba bastante bien con una máquina de escribir portátil.

Cuando llegaba el día de la castañada, subíamos al monte hasta un lugar determinado donde había una hilera de castaños hermosísimos. Todo el fruto maduro estaba en el suelo, con la coraza de pinchos abierta ya. Cogíamos lo que nos bastaba, sabiendo que más gente del pueblo acudiría a aprovisionarse al mismo lugar. Aquello era un regalo del bosque, igual que las setas que “cazábamos” (en Cataluña, los bolets se cazan) un mes antes.

Asábamos las castañas al fuego de leña en el amplio y rústico hogar de la masía, bien colocadas en una sartén agujereada. El Peret nos visitaba con una botella de mistela fabricada por un amigo según receta mantenida en secreto, y nos amenizaba la velada con historias de terror de pueblo, con cuernos, muertes violentas y fantasmas, mientras pelábamos las castañas y las zampábamos entre sorbo y sorbo de aguardiente.

Un año, y aquí llego al punto, cuando subimos a por las castañas no había en el suelo ni una. Alguien había subido hasta allí con una camioneta, había ensacado la cosecha y se había ido tan contento a comercializarla a Olot o donde fuera. El año siguiente ocurrió lo mismo. Al otro supongo que también, pero nosotros ya no estábamos; dejamos el alquiler y nunca volvimos a instalarnos allí.

La castañada se llama ahora Halloween en la aldea global. El nombre probablemente no nos guste, como le pasaba a Georges Brassens con esa expresión citada arriba. Pero la cosa resulta ser la misma, todo se comercializa, ya sean chuches, castañas, licores o disfraces.

Pueden ustedes sentirse más nobles si dicen “Todos los Santos” en lugar de la odiosa expresión “Halloween”. Pero les garantizo que todo es la misma mierda, al llamarlo de otra manera no han cambiado nada.

Entiéndanme bien. No estoy diciendo que tenemos que poner la marcha atrás y avanzar hacia el pasado a reculones. Lo que quiero decir es que vivir significa estar presente aquí y ahora, no aspirar perfumes antiguos. Podemos asar castañas compradas en Mercabarna o, mejor aún, en la frutería de la esquina, pero nos es imposible esquivar el sistema económico que ha despoblado los bosques de castañas y, si al caso viene, también de castaños, para construir en su lugar una fábrica de poliespan o de piensos compuestos.

Lo expresaré al modo de Brassens: siempre nos quedará la “libertad” de dar al hecho un nombre más delicado, pero lo que hace el capitalismo seguirá siendo darnos por culo.

 

lunes, 1 de noviembre de 2021

CAVANDO NUESTRA PROPIA TUMBA

 


Dirk Bogarde en ‘Muerte en Venecia’, filme de Luchino Visconti (1971) sobre el relato del mismo título de Thomas Mann.

 

El secretario general de la ONU, el entrañable António Guterres, nos ha conminado a todos los humanos vivos del planeta a «dejar de cavar nuestra propia tumba». Es algo que, obviamente, solo nosotros mismos podemos dejar de hacer. Mientras, la epidemia del covid se ha llevado ya las vidas de cinco millones de personas en el mundo, según un estudio de la Universidad Johns Hopkins. Las cifras más elevadas corresponden a Estados Unidos, India y Brasil, creo que por este orden. Toda esa gente no se cavó por sí misma su sepultura, nada de eso, pero contó para el brillante resultado final con la ayuda inapreciable de sus mandatarios, en particular Donald Trump y Jair Bolsonaro, que insistieron en que todo era un fake hasta que ellos mismos cayeron enfermos. Después, supongo que harían un Eme punto Rajoy. O sea, vengo a imaginar que declararían, más o menos: “Todo es un fake, salvo alguna cosa.”

Boris Johnson ha hecho lo mismo en Gran Bretaña, e Isabel Ayuso en la Comunidad de Madrid. Aquí la tasa de mortalidad ha ascendido un 40%, el último año. Mucho, para ser solo “alguna cosa”.

En cualquier caso, no es al covid a lo que se refiere Guterres, sino a la lucha contra el cambio climático y sus secuelas. Hay mucha tela que cortar por ese lado, las encuestas de opinión muestran que, mientras una gran mayoría de gente se muestra favorable a que su gobierno tome medidas drásticas contra la contaminación, en cambio no quiere que se suba el precio de los carburantes con plomo que utiliza para mover un coche particular al que no está dispuesta a renunciar en ningún caso.

Es obvio, entonces, que nos estamos cavando nuestra propia tumba. El tema despierta, además, cierto morbo en la psicología colectiva. Es un chicken game, ¿hasta dónde nos atreveremos a llegar, y quién va a ser el primero en rajarse? La erupción del volcán de La Palma está suponiendo una catástrofe para muchas personas que lo han perdido todo en la tremenda sacudida sísmica. Sí, pero las agencias de viaje están multiplicando por diez el número de viajeros que transportan al lugar porque quieren ver la catástrofe de cerca.

Somos así. Estamos convencidos de que el mayor espectáculo del mundo solo puede ser el fin del mundo, y no estamos dispuestos a perdérnoslo por caro que resulte. Solo es cuestión de ir cavándose la tumba en cómodos plazos. En los años de la deterrence, teníamos un subidón de adrenalina cada vez que se agriaban las relaciones entre el Kremlin y el Pentágono y se palpaba la posibilidad de que asomasen por la abertura superior de sus silos subterráneos las cabezas atómicas de los grandes misiles intercontinentales. Sí, el resultado iba a ser funesto pero, como espectáculo, oigan, el no va más.

Ahora la cosa va de menos estruendo y más melancolía. Estaríamos dispuestos a viajar a una Venecia con acqua alta para afrontar allí una peste insidiosa que acabara con nosotros, siempre que contempláramos en esa hora final la belleza sin tacha de un rapaz con fondo musical de Mahler.

Pero no va a hacer falta que vayamos a ninguna parte, la peste vendrá a por nosotros a domicilio y just in time, a menos que hagamos caso a don António y dejemos de cavar resignadamente nuestra propia tumba.

No sé si seremos capaces de tanto. Estamos demasiado domesticados por una rutina que prima por encima de todas las cosas el consumo privado, y desprecia la salud pública; demasiado adoctrinados en la consigna del TINA, “no hay alternativa”.

Por si fuera poco, en España contamos además con un Tribunal Constitucional dispuesto a echar abajo cualquier declaración de estado de alarma dictada por el gobierno, y a imponer por la brava la libertad absoluta de que cada cual se cave con sus propios medios privados su sepultura: los ricos el mausoleo en mármoles, las clases medias el nicho de ladrillo, y a los indigentes que no pueden costearse ni siquiera un hoyo en condiciones, que les den, que aquí no estamos para hacer caridad con nadie.

 

domingo, 31 de octubre de 2021

EL "AÑO DE ORWELL" EN LAS COMISIONES OBRERAS

 


Último atardecer en Poldemarx antes del cambio de hora. Desde la Punta, con mar movida. Foto, Carmen Martorell.

 

Joan Gimeno i Igual ha publicado en Fundación 1º de Mayo/Catarata un libro que recoge lo sustancial de su tesis doctoral de Historia Comparada, Política y Social, por la Universitat Autònoma de Barcelona. Su título: «Lucha de clases en tiempos de cambio. Comisiones Obreras (1982-1991)».

Quiero empezar mi comentario haciendo hincapié en la importancia de las nuevas tareas de la Fundación Primero de Mayo como generadora de una reflexión interna del sindicato, que eleve el nivel de conciencia de sí mismo y de su lugar en el mundo. Del mismo modo que las canciones de gesta fueron sustituidas, en el cuadro de las civilizaciones pasadas, por la Historia científica, exigentemente documentada y nada indulgente con la fantasía, de ese mismo modo las CCOO habrán de salir de la leyenda (de la “leyenda negra” en muchos casos) y del aura popular de sus mejores líderes, para ocupar su lugar exacto como colectivo en la etapa histórica que el sindicato ha contribuido y sigue contribuyendo poderosamente a construir, y que sin su concurso habría sido irremisiblemente diferente.

A esa labor se ha dedicado Joan Gimeno, nacido en Valencia en 1988, es decir hacia el final de la década que ha historiado. Me ha impresionado su utilización de un conjunto apabullante de fuentes diversas de archivo, que incluyen en ocasiones apuntes manuscritos de reuniones, actas de secretariados, cartas; y su manera de engarzarlas en planos y contraplanos bien ensamblados, con protagonismos diferenciados de personas y entidades, y en secuencias temporales que permiten observar desde la distancia adecuada acontecimientos muy enmarañados.

He avanzado en la lectura del libro hasta 1984, el año de Orwell, que fue en muchos aspectos decisivo para la trayectoria del sindicato y para su autonomía. Las CCOO habían salido fortalecidas de la Transición, gracias a su praxis particular basada en la presión/negociación, que había dado grandes resultados en un entorno de poder político débil e inestable. Tenía el sindicato la ventaja de haber nacido en las fábricas, no en despachos ni foros de notables, y de haberse forjado en las luchas reivindicativas. Era, sin embargo, ante todo un movimiento sociopolítico, muy deficitario en estructura interna, con colectivos de dirección bastante etéreos en los que se entraba y de los que se salía al hilo de los acontecimientos y de las posibilidades de tiempo de militancia no retribuida, y sin un patrimonio material propio. La cuota fue desde el principio la savia vivificadora de una acción sindical tremendamente voluntariosa, dicho según aquella frase de Gramsci que contrapone el optimismo de la voluntad al pesimismo de la inteligencia.

Después de la victoria electoral del PSOE en 1982, las circunstancias citadas jugaron en contra de la consolidación del sindicato. Su reivindicación sociopolítica de una democracia industrial chocó de un lado con la cerrazón de una patronal casi nunca fordista pero siempre cerradamente taylorista, que no concebía compartir ni el menor átomo de su monopolio en la organización interna de la producción; y de otro lado, con un gobierno enfrascado en una política económica unilateral, dirigida a una “reconversión” industrial anunciada como flexibilización generadora de empleo, pero que pasaba sobre todo por la privatización de las empresas públicas y la precarización del mercado de trabajo: “solchaguismo”, en una palabra.

De modo que en la primavera de 1984 se produjo un pico de movilizaciones extraordinario, comparable solo al de cinco años antes, en 1979, pero que no tuvo su mismo resultado. Fue el año de mayor pérdida de poder adquisitivo, el año en que las cláusulas no salariales de los convenios avanzaron menos, el año también en que más numerosos fueron los “descuelgues” de UGT en los procesos de negociación. Apunta Gimeno que los pobres resultados no vinieron de defectos de la táctica sindical, sino de “los diferentes alineamientos en la constelación de actores” (pág. 95). Lo cual es otra manera de señalar los cambios en la correlación de fuerzas. Gobierno, patronal y UGT sumaron sus fuerzas para marginar a CCOO.

No era ajeno a esa conjunción el hecho de que en el principal partido comunista, el PCE-PSUC, se había consumado una escisión, y como las organizaciones resultantes pretendían conservar para sí la ascendencia que había tenido antes el partido unido en el movimiento sindical, se produjo un forcejeo intenso por la “hegemonía” en CCOO, en realidad por la presencia mayor o menor de cuadros de cada partido en los órganos de dirección.

Se produjo de ese modo una tormenta perfecta en contra de CCOO, y esta fue acusada desde los medios gubernamentales de dar un giro hacia el “radicalismo”, movida por “intereses espurios”. La confederación puntera en la lucha social pudo desaparecer en aquel embate, o bien dividirse en dos centrales menores en competencia recíproca, que habrían acabado disolviéndose en la nada como había ocurrido antes a la CSUT y al SU, dos intentos de montaje “leninista” de un sindicato como mero instrumento de apoyo, movido desde el partido mediante una correa de transmisión.

Los Congresos celebrados en el año “loco” de 1984 por las CCOO, fueron en buena medida intentos de preservar la autonomía y garantizar un futuro al sindicalismo de clase, en contra de corporativismos de derecha y de izquierda. Los sectores calificados internamente de “oficialista” y “críticos” (varios) nos vimos allí enfrentados, y creo con sinceridad que todos nos equivocamos mucho en lo accesorio y acertamos en lo principal. Tuvimos para ello la guía inestimable de dos secretarios generales de gran talla, como fueron Marcelino Camacho, cuya desaparición hace ya once años lloramos todos, y José Luis López Bulla, que sigue tan campante entre nosotros, dándonos casi a diario nuevas píldoras concentradas de sabiduría.

Encontrarán la descripción detallada de todo aquello y muchas más cosas en el libro de Joan Gimeno. Recuerden: «Lucha de clases en tiempos de cambio».

 

sábado, 30 de octubre de 2021

HENCHIDOS DE PREDESTINACIÓN

 


Los componentes de la Trinca en el escenario, caracterizados para interpretar el número “No ve d’un pam” (Fuente, RTVE.es)

 

─ I abusant de la confiança, que es podria repetir?

─ Doncs eixugui’s i tornem-hi, que ara ja no ve d’aquí!

La TRINCA, ‘Educació sexual’

 

Ayer viernes Jordi Cuixart visitó a Carles Puigdemont en su domicilio de Waterloo, Bélgica, elevado por el ex mandatario a la categoría de “Casa de la República”. La prensa diaria informa de que hubo una gran sintonía entre ellos, cosa que no dudábamos. Ambos memos, henchidos de predestinación, explicaron en rueda de prensa que “se han conjurado para volverlo a hacer” juntos, en comunión íntima, y no parar hasta instalar en el devastado solar catalán una república independiente.

Pues bueno, pues muy bien, adelante con los faroles, háganlo, que ya no viene de aquí. Lo único que les pedimos desde esta bitácora es que se lo hagan ellos por su cuenta, sin molestar a nadie más, y financiando la aventura con sus propios medios en lugar de echar mano del dinero del común, como sucedió en la ocasión anterior.

Precisamente nos llega, de forma simultánea, una noticia deportiva preñada de melancolía: el PSG, formación en la que milita actualmente Lionel Messi (ya saben, “D10S”), se retiró ayer al descanso perdiendo en casa contra el Lille por 0-1. Messi estaba en la alineación, pero influyó poco en la marcha del juego y fue sustituido en el segundo tiempo, cuando el PSG consiguió ─sin Messi─ remontar el resultado marcando dos goles.

Se deduce de la noticia que llega un momento en la trayectoria de un crack en el que la nómina tiene mayor peso sobre el equipo que su actuación en el campo. En el caso de Messi, tal cosa ha ocurrido en el crepúsculo de una carrera gloriosa; en el de Puigdemont y Cuixart, fue así desde buen principio. Ambos están arrobados ante la grandeza de lo que hicieron en 2017. Ambos están dispuestos a seguir haciéndolo, por tiempo indefinido. La patronal Foment les ha pedido de buenos modos que se dejen de unilateralidades, que no está el horno para bollos. El maestro Chueca, en el coro de las criadas de “Agua, azucarillos y aguardiente”, lo expresaba de esta otra manera (levemente modificada por una mano anónima y sin duda aleve):

Tanto lazo amarillo, tanta parola,

Y el puchero está al fuego con agua sola.

 

viernes, 29 de octubre de 2021

LA RONDA DE LOS NIÑOS PERDIDOS

 


Mercedes (dcha.) y Carmen en la Ronda del Carril de La Garriga, años cincuenta del siglo pasado. A ellas dos va dedicada esta historia, contada por un varón, de modo que los papeles se invierten. Para que Carmen ría un poco, y Mercedes no llore más.

 

“Peter Pan y Wendy” es el cuento de los cuentos, el artefacto más sofisticado que se ha ideado para motivar a los niños a crecer sin desvíos peligrosos. Su tema crucial es el desfondamiento íntimo de los varones de cualquier edad cuando llega la hora de acostarse y no tienen una madrecita  que les cuente cuentos.

El varón tipo, que a lo largo de la jornada ha competido sucesivamente por ser el más rápido, el más alto y el más fuerte (citius, altius, fortius, según el viejo lema olímpico), en definitiva el más heroico y admirable de entre sus pares, se ve a sí mismo a la hora crepuscular, de improviso, desnudo, y siente vergüenza, como consta en la Biblia que sucedió a nuestros primeros padres cuando perdieron, a lo tonto, un paraíso terrenal que les había sido ofrecido en bandeja.

En el libro de James M. Barrie se describe la monótona ronda de la isla de Nunca-Jamás. Si un espectador imparcial se situara en un punto estratégico de la isla, oculto detrás de un matorral, vería pasar primero, por ejemplo, a los guerreros adornados con pinturas de guerra de la tribu india, que andaban buscando brega a los piratas para dirimir la supremacía en una gran batalla. Un éxito bélico sonado les permitiría celebrar una fiesta con tambores y bailes junto al fuego, lo que amenizaría considerablemente las expectativas de una noche de luna nueva.

El hipotético espectador vería pasar a continuación al grupo de los niños perdidos, siguiendo las huellas imperceptibles de los mocasines de los bravos que habían pasado poco antes por allí. Irían guiados por Peter Pan y Campanilla de Cobre, y su intención sería asimismo armar una buena zapatiesta para tener algo que celebrar.

Detrás de los niños, y con su mismo andar sigiloso, vendrían los piratas mandados por Jimmy Garfio. Los piratas estaban hartos de que los niños se interpusieran en su intrépido batallar con los indios. Les estorbaban, en una palabra, y por eso planeaban deshacerse de ellos con un golpe arrasador. Andaban buscando su hogar subterráneo, tan bien escondido que aún no les había sido posible localizarlo.

Y detrás de los piratas, el observador oculto en el matorral vería pasar al cocodrilo cuyo ideal en la vida era comerse entero al capitán Garfio, después de haber probado una mano sabrosísima, y tragado junto a ella el reloj de pulsera que seguía funcionando en su tripa y declamando su tic-tac.

Después pasarían de nuevo los indios. El orden de la procesión es invariable, interrumpido solo por repentinas refriegas entre los distintos grupos.

En este esquema, que admitía sin embargo algunas variantes (la laguna de las sirenas, por ejemplo), irrumpió la necesidad de los niños de una madrecita que les zurciera la ropa y les contara cuentos por la noche, de modo que pudieran dormir con sosiego antes de la siguiente heroicidad. Peter, como buen líder del grupo, se desvivió por remediar la baja moral de su equipo y llevó a la isla, con algunas dificultades, a Wendy, una madrecita maravillosa con un repertorio inagotable de cuentos.

La llegada de Wendy desestabilizó la situación. Campanilla de Cobre, celosa, intentó que el Simplón le diera muerte, diciéndole que la orden venía de Peter Pan. Garfio sintió la presión de sus propias bases, y raptó a Tigre-Lirio, la princesa india, para que contara cuentos a los feroces piratas solitarios, perdidos en nostalgias de la infancia en sus camastros del “Alegre Rogelio”. El plan falló por una alianza niños-indios que liberó a la princesa y permitió ¡por fin! una gran fiesta nocturna con la que espantar el fantasma de la añoranza del hogar.

Pero Garfio había descubierto entre tanto la casa subterránea de los niños, se apoderó de todos ellos y colocó una bomba de relojería para acabar con Peter Pan.

Campanilla salvó a Peter, Peter salvó a Wendy de los dientes del cocodrilo cuando ella ya paseaba por la tabla dispuesta en la amura, y todo concluyó en una apoteosis heroica.

Pero cuando la edad del heroísmo acabó, los niños decidieron por votación unánime regresar a sus casas y crecer. Peter quedó como el único inasequible, condenado a la soledad con la única compañía de Campanilla. Wendy dejaría entreabierta la ventana de su dormitorio para que los dos habitantes de Nunca-Jamás pudieran escucharla, en las noches en que la melancolía se hacía insoportable, contar cuentos a sus hermanos, y años más tarde también a sus hijos y a sus nietos.

Así es el mundo. Los narradores de historias cohesionan el grupo humano, le dan marco, escenario y trasfondo, le permiten crecer, interactuar, situarse en relación con los demás. Cuando las historias orales dejan de ser suficientes para alimentar el proceso, aparece el libro, ese junco capaz de contener dentro de sí el infinito, y ya no estamos nunca solos porque nos acompañan miles, millones de voces de todas las épocas y todos los países posibles.

 

jueves, 28 de octubre de 2021

PENÉLOPE Y SUS PRETENDIENTES

 


John William WATERHOUSE, “Penélope y los pretendientes”, 1912, Aberdeen Art Gallery.

 

Los pretendientes de Penélope, gente toda ella de buena cuna y posición acomodada, aspiraban al premio gordo de la rifa ─la chica más el tesoro del reino, asequibles previa elección─, pero no hacían ascos, mientras tanto, al banqueteo frecuente y contumaz a costa de la bella reina pretendida. Como tantos mitos antiguos, la pugna por Penélope es un espejo transparente en el que se refleja una realidad de ahora mismo. Nuestra oposición política se está repartiendo prebendas y subvenciones, ocupando altas magistraturas, autorizando y desautorizando, absolviendo y condenando a quien le peta. Vive en un banquete perpetuo que costean otros.

Un profesor francés ha propuesto en un libro relativamente reciente (Sylvain Tesson, “Un verano con Homero”) oponer como paradigma contemporáneo a Telémaco, frente a Edipo. El “complejo” de Telémaco estaría basado «en el reencuentro, en lugar de la ruptura». Telémaco no quiso matar a su padre ni yacer con su madre. Luchó para volver a colocar a Ulises en su trono legítimo, para reunir a sus padres después de años de alejamiento. Su figura, afirma Tesson, es verdaderamente principesca. Y pregunta: «¿En qué no se correspondería con nuestras estructuras psíquicas soterradas?»

Bueno, lo cierto es que no se corresponde. No vale sostener que el mito de Edipo lo inventó Sigmund Freud (Tesson lo hace). Freud eligió un ejemplo antiguo para explicar algo que ocurre ahora. No eligió a capricho algo que le pareció digno de imitar, lo que hizo fue identificar una pulsión profunda, inscrita posiblemente en nuestro ADN. El complejo edípico iría a juego con la “destrucción creativa” de Schumpeter; sería la voluntad impaciente de provocar una ruptura definitiva con la insuficiencia de las estructuras asentadas, a través de un planteamiento distinto, con una distinta distribución de los papeles principales del drama, que lleve incorporada alguna forma implícita de progreso para la mayoría.

Edipo representa la ambición, Telémaco la conformidad. El pensamiento de la izquierda debería poner entre paréntesis su compromiso con la ética, tal como está formulada la ética en sus propias elaboraciones, es decir, basada en una igualdad chata de los destinos colectivos, que no es más que una forma de sublimación del renunciamiento.

Lo hemos visto recientemente en la figura del jefe de la oposición madrileña, que ahora ejercerá de defensor del pueblo. No estaría de más empezar a predicar una nueva ética henchida de ambición colectiva y solidaria pero también de autorrealización de las personas, en contraste con la ambición egoísta y depredadora de las derechas. El conformismo de Telémaco no genera ilusión, siempre será superado por el descaro de quienes predican que el mundo mejor ya ha llegado para quedarse.

Penélope necesita nuevos pretendientes, más sinceros, más desinteresados, menos importunos y gorrones que los que asedian con sus requiebros a la pretendida y corren de inmediato a ocupar su puesto en la sala del banquete. Los nuevos pretendientes habrán de ser personas muy conscientes de que lo que hubo antes no fue una “edad de oro” cantada en leyendas y epopeyas. El mundo que queremos compartir no es ni el pasado ni el futuro lejano. Es el presente, lo que ya asoma, lo inminente.

 

martes, 26 de octubre de 2021

CHARLIE PARKER PLAYS BOSSA NOVA

 


Carmen Mola en modo ángel, dictando el Premio Planeta a tres guionistas en sueños; relieve de la catedral de Autun. La imagen está compartida de un post de Hilario J. Rodríguez en el grupo de FB “Los Viajes del Argonauta”

 

Esta mañana he dado gracias a Dios, figura simbólica sobre la que mantengo por lo demás importantes reservas, por la existencia en la tierra de Haruki Murakami. Para ser concreto, he leído el cuento que lleva el título que adorna este post (en la recopilación “Primera persona del singular”, Tusquets 2021, traducción de Juan Francisco González Sánchez). La lectura trae con frecuencia iluminaciones inesperadas. Yo me he dejado arrastrar esta mañana por la de Murakami, como tres guionistas viajeros venidos de Oriente se dejaron llevar para la confección de un Premio Planeta por las revelaciones que les hizo un ángel fake que se hizo pasar por Carmen Mola. También en esto de las iluminaciones, cada cual cosecha lo que ha sembrado.

Percibo un hilo tenue que enlaza a Murakami con Paul Auster. Los dos practican el mismo tipo de exploración de la zona de sombra situada entre el mundo real y los mundos imaginarios. Otros escritores se les anticiparon en esa vena, una de las más fructíferas de la literatura desde que una persona, posiblemente reflexiva e impaciente a la vez, y casi con toda seguridad de estirpe helénica, se dio cuenta de pronto de que todo el infinito podía caber en un junco, lo expreso mediante la imagen patentada por Irene Vallejo en un libro que es todo un prodigio de desarrollo del mismo método, exploratorio de una amplia zona de sombra asentada en las postrimerías vecinas al país de Nunca Jamás.

Luego está, sí, la Literatura Basura, tan nauseabunda y tan apreciada por el capitalismo financiero que la ha convertido en base de sus ganancias mediante diversos expedientes, uno de los cuales es el premio literario anunciado como concurso y concedido a dedo antes de la votación del jurado. Mejor no hablar de tales aberraciones.

De Murakami charlaré cualquier día de estos con mi cuñada Mercedes, que ha superado una operación a corazón abierto para cambiarle una válvula de la aorta desfalleciente, y que ahora convalece con más ganas que nunca de vivir y de leer maravillas incesantes. Ánimo, Mercedes.

 

lunes, 25 de octubre de 2021

LO QUE NO MIDE EL PIB

 


Joan Martínez Alier

 

Convendría examinar con mayor cautela ciertos chirimbolos aventureros puestos en funcionamiento por los economistas del mainstream; por ejemplo, la hipótesis de una “economía circular”, que defiende que economía y ecología “son perfectamente compatibles”.

Para empezar, no deberíamos hacer tanto caso de los economistas, nos aconseja Joan Martínez Alier, que es un economista à rebours, quiero decir alguien que cree en la economía y en la ecología lo suficiente como para ser uno de los fundadores, y presidente en 2006-2007, de la Sociedad Internacional de Economía Ecológica. Por lo demás, ha sido distinguido en 2017 con el Premio Wassily Leontieff, y en 2020 con el Premio Balzan. Sus escritos tienen un peso en la teoría económica y en la ecológica.

Sostiene entonces Martínez Alier que la economía industrial no es circular sino entrópica. ¿Qué quiere decir con eso? Esta es su respuesta literal (1): «Cuando la economía industrial crece, los ecosistemas se destruyen.»

Parecería que estamos en un impase; sería necesario elegir entre economía y ecología, entre riqueza y sostenibilidad del medio. No ocurre exactamente así, porque en este terreno hay también, como en tantos otros, un algoritmo tramposo que dirige la actividad económica hacia donde interesa a las élites. Hablo del PIB.

Cuando trabajan sobre los datos del PIB, los economistas del mainstream omiten realidades de naturaleza económica que, según ellos, no son relevantes: no es relevante nada que no esté en el mercado, únicamente el mercado es la ley y sus profetas. Más aún, dice Alier: «El PIB no suma las actividades que se generan fuera del mercado, y no resta los daños ambientales. Las empresas casi nunca pagan sus pasivos ambientales, es obvio.»

Este defecto grave de medición, señalado de otro lado con mucho rigor y documentación añadida por Mariana Mazzucato (entre otras/os) en su libro “El valor de las cosas”, es lo que se oculta detrás de la argumentación optimista de que la ampliación del aeropuerto del Prat es compatible con la preservación ecológica mediante el simple expediente de colocar la laguna de la Ricarda en otra parte, tal vez en la sierra de Collserola. El problema va mucho más allá, está situado en último término en una organización social muy determinada que se pretende preservar a toda costa.

En un estudio de la economía agraria en la campiña de Córdoba publicado en 1968 (La estabilidad del latifundismo), el propio Martínez Alier concluyó que el latifundismo andaluz no es un residuo del régimen señorial sino un fruto maduro del capitalismo. Más aún, que no es tanto un sistema de producción, como “un modelo de organización social”. Vertical, por supuesto, sostenido por los de abajo para disfrute de los de arriba.

De este tema sabe muchísimo Carlos Arenas Posadas. Podrán leer, además, los agudos comentarios de Javier Aristu sobre el estudio de Alier cuando se publique (en Editorial Comares) su libro póstumo, “Señoritos, viajeros y periodistas. Miradas sobre la Andalucía del siglo XX”.

 

(1) https://www.eltiempo.com/economia/sector-financiero/premio-balzan-habla-joan-martinez-economista-ecologico-el-ganador-de-este-ano-552706?fbclid=IwAR11Kzoh80DBq_wiGAlgmVB_5xV6-x5b-WWa4LpU6vX-noJUY0mSPMmxhsU

 

sábado, 23 de octubre de 2021

ZURRIBURDI

 


Sentados en el baluarte que prolonga hacia el oeste el muelle del puerto de la isla de Hydra, en el golfo Sarónico (2016). Al fondo, un viejo cañón inutilizado desde hará ya un par de siglos. Una metáfora oculta bajo el sol.

 

“De la carrera de la edad cansados”

(Francisco de QUEVEDO, “Miré los muros”, soneto.)

 

Estamos en otro zurriburdi, uno más, relacionado con el gobierno de coalición. No es fácil ejercer en coalición, por lo que se va viendo. Ni por la izquierda ni por la derecha, añado. Las líneas rojas de la segunda parte contratante en el bocadillo gobernante obligan a peligrosos jeribeques: puede ser la financiación de una escuela de tauromaquia por delante de los estudios universitarios o del fomento de las artes escénicas, de una parte; y de la otra, la consideración del escaño de Alberto Rodríguez como sine qua non.

No se interprete que minusvaloro el escaño, y menos aún el trabajo de Alberto, que cuenta con toda mi solidaridad en este trance. Es solo que convendría hacer más caso del axioma de don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes.» En este momento se están resolviendo (mal, a brochazos burdos como los de la restauración de aquel “Ecce Homo”) las líneas sesgadas hacia la derecha de nuestro poder judicial, y convendría poner más atención en el bordado de realce. En lugar de eso, a la prepotencia de las derechas se opone el ultimátum desde la izquierda. Ojo por ojo, Batet por Rodríguez. Lo de Alberto podría tener solución un poco después, si se despeja lo suficiente la batería de jueces llamada a decidir sobre él. “Debería” tener solución, quiero decir con más vehemencia, porque lo que se ha hecho con él es una infamia jurídica.

Vamos ahora a mirar las cosas desde otro lado. Se está dando una batalla larga, exigente, desgastadora, conducida desde el Ministerio de Trabajo y Economía Social y respaldada por los sindicatos, por la derogación de las “reformas” laborales, y es el momento elegido por Nadia Calviño para declarar que esa reforma no se debe reformar “tanto”. Al parecer, las cuestiones de la economía no son perfectamente compatibles con lo que en términos de la OIT y de otros organismos internacionales de fuste se ha venido en definir como “trabajo decente”. La prioridad absoluta va a ser, al parecer, subir el PIB con medidas de choque que aceleren la atribución de más riqueza a los más ricos. Luego, en todo caso, vendrán por su orden el resto de prioridades, entre las que la vicepresidenta primera ministra de Economía coloca el trabajo decente en un lugar incierto, tal vez entre la nada y la más absoluta miseria.

Tengo entre mis notas un apunte de La Vanguardia, artículo de Celeste López, según el cual tenemos en España 6 millones de pobres ─de pobres “estadísticos”, personas situadas por debajo del umbral universalmente admitido de la pobreza─, lo que supone un incremento del 50% respecto de 2018. Se trata de secuelas sociales de la pandemia del covid, que no son aquilatadas suficientemente a mi entender en la política económica que ahora quiere emprender la vicepresidenta primera, empujando sin miramientos a un lado a la segunda (Trabajo) y a la tercera (Transición ecológica).

Vaya todo mi respaldo, lo digo sin retóricas, al gobierno progresista de coalición y a su programa íntegro. Pero no está de más que la coalición conlleve una mayor coordinación entre departamentos, y una idea más clara del punto de arribada de la travesía que se emprende. Esto no se arregla con un recurso a la heroica, y los cañonazos disparados en el interior de la fortaleza van a provocar unos daños colaterales tan paralizadores como desastrosos en sí mismos.

Tiéntense todos la ropa, que a muchos de nosotros, estos dimes y diretes nos pillan ya “de la carrera de la edad cansados”.