sábado, 4 de diciembre de 2021

TOPOGRAFÍA POLÍTICA



Imagen actual de una carretera griega, en el nomo de Pella.

 

Ha dicho Yolanda Díaz que no se conforma con el espacio a la izquierda del PSOE, que esa esquinita no le basta.

No seré yo quien la critique, la ambición legítima es una virtud. Todo lo que pueda abarcar con su empuje será suyo por derecho de conquista. Voy a poner, sin embargo, un par de objeciones, más que nada por la vocación de fastidioso Pepito Grillo propia de este blog.

Primera objeción: ¿lo que hay a la izquierda del PSOE es nada más una esquinita del tablero político? A veces tenemos una concepción excesivamente topográfica y, para decirlo de alguna manera, “terrateniente” de la política. Al PSOE le han alarmado las pretensiones de Díaz: ¡se propone invadir “su” territorio! Pero también la socialdemocracia desea llevar sus lindes más allá, “tocando” los sectores más accesibles situados, tanto en la esquinita de la izquierda, como en el amplio campo abierto del centro-derecha.

Por su parte Inés Arrimadas, que ve reducirse su “espacio vital” electoral, medita asociarse al PP en las próximas elecciones andaluzas. El despliegue más inverosímil, con todo, es la insinuación de Macarena Olona, que sostiene que Julio Anguita redivivo se sentiría orgulloso de Vox. Algo debe de intentar pescar la señora en la esquinita de la izquierda, para soltar una barbaridad tan descomunal. Y escuchen, no me parece que lo suyo sea pura majadería, esa puntada no ha sido dada sin hilo.

Volvamos a la esquinita. Un axioma del juego del ajedrez es que ninguna de sus 64 casillas es más que otra: en todas ellas se puede dar o recibir jaque mate. La verdad profunda del juego-ciencia es que el jugador debe estar pendiente de todas y cada una de ellas, porque solo tendrá éxito si las controla todas a su satisfacción con las piezas de que dispone. Todas las transversalidades están permitidas, dentro de las reglas estrictas del movimiento de cada pieza; todo el tablero está disponible para el dominio de uno u otro bando contendiente.

Ninguna esquinita es de despreciar, entonces. Tampoco ninguna esquinita está registrada en el catastro como propiedad privada de una opción política determinada. En el ajedrez, como en la política, solo están determinadas las posiciones de salida de cada bando; después, lo que ocurra en definitiva será mérito o demérito de cada parte.

Y llego a la segunda objeción: la formación de mayorías y minorías, en el actual contexto de indefinición ciudadana y movilidad transversal del voto, tiende a caer en un vicio que disminuye la calidad democrática del debate político. Porque cada partido (vamos a la etimología de la palabra, hablamos de “partidos”, no de “enteros”) no dirige sus esfuerzos al mayor bien para toda la ciudadanía, sino a convencer al mayor número posible de personas de que “él” podrá hacer más por su clientela que cualquier otra opción presente en el escenario parlamentario.

Lo cierto es que salimos muy mal de la pandemia. Las cifras del paro han mejorado de forma espectacular; pero en todo lo demás, se diría que no hemos aprendido nada, ni estamos dispuestos a tomar alguna precaución respecto a posibles nuevos desastres, que no solo son esperables, sino que están siendo ya anunciados por los expertos para fechas próximas.

Seguimos pendientes de la inflación, de la deuda externa y de las oscilaciones del PIB, a pesar de que sabemos por experiencia cómo las gastan esos instrumentos en un contexto predominantemente especulativo y de características globalizadas. Mientras, vuelven las muertes causadas por la pobreza energética y la marginalidad.

Pero nos llena de ilusión la perspectiva de un sorpasso de Yolanda a Pedro. Lo que hagamos en esta encrucijada habremos de hacerlo entre todos, esa es la realidad. Esta no es una coalición coyuntural, pongan las luces largas. Gane cada cual los votos que merezca, pero mejor será que no reparen en liderazgos, sino en las medidas transformadoras necesarias, llevadas a cabo entre todos en una línea de cooperación, de generosidad y de solidaridad.

El resto es vanidad.

  

viernes, 3 de diciembre de 2021

AL ENEMIGO NI AGUA

 


Placas con nombres de fusilados retiradas del Memorial del cementerio de la Almudena para su destrucción (foto, Víctor Sainz).

 

Joan Marsé nos dejó en julio del año pasado, y Almudena Grandes en noviembre de este año. Dos narradores de enorme envergadura, y dos certeros biógrafos de sus respectivas ciudades, Barcelona y Madrid. Los dos figurarán por derecho propio en todas las Historias de la Literatura española, en todas las Antologías, en el respeto máximo de todos los círculos culturales. Darán vueltas y más vueltas a ese mundo propio y particular de los letraheridos, despertando en todas partes una admiración mucho mayor, y por razones de fondo muy distintas, de lo que elucubran los grisáceos jefes de negociado de sus respectivas instituciones autonómicas.

Los dos autores han sido objeto de un trato simétricamente vejatorio: se les ha excluido de la predilección oficial de sus respectivas Generalidades: “la de Torra y la de Ayuso; monta tanto, y más incluso”, dicho en pareado improvisado.

Ada Colau se comportó con Marsé como era de esperar en ella, que nunca falta a ninguna cita importante. Martínez-Almeida el Carapolla, no. Era imposible que perdiese la ocasión de meterse precisamente en ese charco el alcalde de Madrid que derribó e hizo borrar los versos de Miguel Hernández del Memorial del cementerio de la Almudena (¿detalle premonitorio?), en nombre de una “concordia” metafórica, pero devolvió en cambio el nombre de la División Azul a una calle de Madrid, porque eso no afectaba a la concordia secundum PP-Vox.

Hay una terrible miseria sentimental, pero también intelectual, en el autoritarismo a ras de suelo de nuestras derechas. Su mundo es diminuto, de tan pequeño, y está atiborrado de centinelas que dan el quién vive a cualquier sospechoso de heterodoxia. Bertín Osborne o Pilar Rahola son repetidamente ensalzados como intelectuales orgánicos del sistema, al tiempo que se ningunea de forma machacona a quienes piensan de otra manera; a quienes, simplemente, piensan.

Esta actitud tiene consecuencias, claro está. Quim Torra ya ha sido amortizado y olvidado por completo; Almeida y Ayuso esperan su turno en el depósito de cadáveres, ignorantes aún de su condición de tales y de su agusanamiento progresivo. Joan Marsé y Almudena Grandes, muy al contrario, figuran para siempre entre nuestros inmortales, en un lugar muy próximo a Miguel Hernández.

 

miércoles, 1 de diciembre de 2021

LA CULTURA COMO HORIZONTE DEL TRABAJO LIBRE

 


Todo paisaje humano incluye una materialización muy visible de trabajo y de cultura, unidos de forma íntima. En la imagen, vista de la ciudad de Edimburgo.

 

Está en la red el número 23 de la revista sindical Perspectiva, accesible desde https://perspectiva.ccoo.cat/category/mon-de-la-cultura-i-del-treball/

Animo a todas/os a leer el conjunto de pequeños ensayos que incluye, de una gran sustancia, en torno al tema de la relación entre trabajo y cultura. E incluyo aquí mi aportación, en la que insisto una vez más en mi concepción del sindicato como una organización “de” (y no solo “para”) los trabajadores, no solo defensiva, sino portadora de un proyecto autónomo (una “perspectiva”) de transformación social avanzada y de humanización del trabajo.

Añado que el texto fue entregado hace por lo menos mes y medio. De haberlo escrito ahora mismo, no habría dejado de incluir una mención a la compañera Almudena Grandes, que tan bien supo plasmar en sus novelas la existencia de una cultura resistente y emergente de las clases trabajadoras bajo el franquismo más despiadado.

Pido excusas a todas/os por la extensión y el espesor inusuales de este post. Procuraré no reincidir con frecuencia en ese vicio.

 

 

DEDICATORIA:

En recuerdo y homenaje a Javier Aristu

 

Uno. La revolución deberá empezar por el lenguaje. La derecha neoliberal hegemónica ha dado un sentido muy determinado (y sesgado) a conceptos tales como trabajo, cultura, política, valor, bienestar, historia, progreso. Desde la izquierda, algunos aceptan la tergiversación siquiera sea para confrontarse a ella, y todo se vuelve un lío porque, con los significados que les atribuyen las derechas, todo ese conglomerado señala una dirección única, dogmática, sin alternativas (TINA). La alternativa solo emerge cuando los conceptos se resitúan en función de otras realidades y se da vuelo dialéctico al pensamiento. Resulta entonces que no estamos en el final de la historia, como nos dicen, sino más bien en el principio de “otra” historia; y que tampoco existe ninguna clave mágica para la solución de los problemas, sino que es preciso esforzarse una y otra vez en analizar a fondo lo nuevo, y en ensayar soluciones innovadoras.

 

Dos. Se producen equívocos cuando la derecha política y económica se sirve del lenguaje común para  expresar cosas distintas, retorcer los conceptos y señalar direcciones únicas sin una justificación suficiente. Una de las maneras de constatarlo consiste en volver a situarnos mentalmente en los años 2012-2015. ¿Recuerdan? Zapatero había sido incapaz de manejar la crisis financiera que cayó de pronto sobre nuestras cabezas a partir de la quiebra de Lehman Brothers, y cedió los trastos a Rubalcaba, que sufrió un revolcón considerable en las elecciones anticipadas de 20 de noviembre de 2011. No existía oficialmente Vox, y Ciudadanos era aún una opción exclusivamente catalana. La derecha consagrada, el PP heredero de Fraga y de Aznar, recibió la cantidad de 10,7 millones de votos (44,62% del total) y entró a gobernar con una holgada mayoría de 186 escaños. El PSOE cosechó sus peores resultados en democracia (después, bajaría más aún). Mariano Rajoy preparó una muy amplia y dura desregulación laboral (la llamó “reforma”, ¿ven lo que decía antes de las trampas del lenguaje?), y se arrellanó en su poltrona dispuesto a gobernar en solitario los próximos mil años, imponiendo el programa máximo del neoliberalismo mediante el rodillo de su mayoría absoluta en el Congreso.

En el año 2015, Rajoy anunció que iba a crear 20 millones de empleos en tres años, para sacar a España de forma definitiva de una crisis que, en cualquier caso, daba ya por superada.

No se trataba, sin embargo, de 20 millones de puestos de trabajo, en el sentido que todos dábamos antes a ese concepto. Cada puesto de trabajo, en efecto, podía dar lugar a dos, tres, siete… empleos sucesivos para la misma tarea específica. Empleos, casi no hace falta puntualizarlo, precarios, mal pagados y desprovistos de prevención y de asistencia social.

La propuesta de Rajoy (no fue la única en Europa, en aquellos años) daba una vuelta de tuerca a la economía clásica. El beneficio de la empresa dejaba de residir en el resultado (mercancía o servicio) de su actividad, y se extraía en cambio del proceso mismo, mediante la utilización abusiva de una fuerza de trabajo muy barata y fácilmente sustituible. La calidad del producto dejó de tener importancia. Ahora el empresario manejaba, no un “ejército de reserva” para abaratar la mano de obra, sino toda la mano de obra disponible, como reserva de sí misma. No había titulares en el terreno de juego y suplentes en el banquillo, sino un carrusel interminable de entradas y salidas continuas en la “alineación”, para eludir las normas legales sobre las cotizaciones. Todos los contratos pasaron a ser “a prueba”, todos temporales, y el plazo de vigencia indicado para cada prestación se fue acortando, en término medio, hasta desfigurar por completo el concepto histórico de trabajo. Así, se llegó a afirmar que en la economía moderna el trabajo había desaparecido. Por cierto, se cargó la culpa de tal hecho sobre las espaldas de la robótica.

 

Tres. Vale la pena examinar la relación entre ese trabajo “sin cualidades”, que promovió el PP gobernante y que sigue siendo el paradigma ideal que manejan tanto Casado como la FAES, y el concepto de cultura que abanderaba la derecha entonces, y que tampoco ha cambiado. Yo mismo resumí en junio de 2015 los diferentes planos de la política cultural del PP, como sigue1:

1) Degradación de la educación pública a través de recortes drásticos en los presupuestos, combinada con la promoción, a través de incentivos varios, de colegios y universidades privados, confesionales, de pago y elitistas, de modo que aseguren no más libertad, sino más ideología basada en la perpetuación de las desigualdades de renta y de cultura.

2) Enfeudamiento de la información, a fin de asegurar la docilidad de los medios masivos (los mass media) a los intereses, las indicaciones y las sugerencias de los centros neurálgicos del poder económico.

3) Recorte de las subvenciones e imposición de tipos altos de IVA a los productos, las manifestaciones y los espectáculos relacionados con el arte y la literatura, lo cual propicia que el terreno artístico se convierta en coto prácticamente exclusivo de la élite del dinero, y responda en todo a sus criterios y categorías valorativas. Tal cosa como un arte popular libre y crítico ni se financia ni se concibe.

 

Cuatro. En el paradigma neoliberal la relación interna entre trabajo y cultura es inexistente. El “trabajo” se concibe como una actividad heterodirigida, realizada siempre a un ritmo frenético, y carente tanto de lógica interna como de finalidad. La “fuerza de trabajo” se convierte en un fondo anónimo de actividad descualificada e indiferenciada, mecánica y rutinaria.

Esta característica no afecta solamente al trabajo físico, sino también al técnico y administrativo. Un “nuevo taylorismo” desgaja del trabajo la cultura del propio trabajo, y convierte la reflexión consciente del trabajador sobre su tarea en una serie compleja de automatismos colocados bajo control cibernético. Se exige del estamento técnico una participación inteligente y una autonomía de decisión, pero al mismo tiempo se fragmenta y se limita su “campo de visión”, de modo que dependa en todo de las indicaciones de los estamentos superiores y de las curvas de eficiencia diseñadas mediante algoritmos que se mantienen en secreto, como un privilegio exclusivo de la altísima dirección.

 

Cinco. En la visión de la derecha, trabajo y cultura son realidades, no solo distintas, sino contradictorias. Donde hay trabajo, no hay cultura; donde impera la cultura, el trabajo es un término remoto. Se reproduce así un esquema clásico de la Roma antigua: trabajo servil versus cultura señorial como otio cum dignitate.

Pero, en una época en la que llevan mucho tiempo publicadas y oficialmente vigentes las cartas y declaraciones de derechos del hombre y del ciudadano, esa neoconcepción neoliberal de una prestación laboral heterodirigida “pura”, en la que la cultura de trabajo que el operario vuelca en su tarea tiene un valor igual a cero, no corresponde al nivel político y económico alcanzado por la humanidad; antes bien, es de naturaleza rigurosamente ideológica, y está presidida por una lógica burda de dominación arbitraria y de una desigualdad de oportunidades impuesta e irreversible.

En una concepción de izquierda, por el contrario, cultura y trabajo son el haz y el envés de la misma realidad. El trabajo es praxis; la cultura, en tanto que conjunto de saberes acumulados a partir de la praxis, indica un “deber ser”, una dirección de avance hacia un futuro potencialmente mejor.

En el tándem formado por los dos conceptos, queda implícito en todo auténtico pensamiento de izquierda un tercer concepto, que es el de “libertad”. La cultura implica siempre libertad, y el trabajo tiene sentido y valor (valor de uso y valor de cambio también) en la medida en que es consciente y libremente asumido. Los propietarios marran el tiro cuando dirigen sus esfuerzos a hegemonizar la cultura como un patrimonio valioso, y degradar de forma simultánea el trabajo, que es un ingrediente necesario de esa misma cultura que quieren separar del contexto mundano, social, para ensalzarla como una variable autónoma2. 

 

Seis. La cultura entendida como inseparable del trabajo humano, útil a la sociedad, cargada de futuro al modo que Gabriel Celaya reivindicaba de la poesía3, es, por supuesto, “materia sindical”, y debe ser objeto de debate interno por cuanto el sindicato, hoy, no se conforma con ser una organización subalterna encaminada a amortiguar las fricciones entre capital y trabajo a través de una concertación predominantemente salarial.

En un paradigma más antiguo, el sindicato jugaba un papel de apoyo táctico al partido político de la clase obrera. Era este, el “príncipe moderno” en formulación de Antonio Gramsci, el que desempeñaba en exclusiva un papel activo, y protagonizaba la función de organizar y representar, tanto en la calle como en las instituciones, a la sociedad de la que recibía el voto.

Ese reparto de tareas en la izquierda no sirve ya. El partido político ha evolucionado y perdido su vocación prometeica; y el sindicato no puede limitarse a tareas ancilares ni a reivindicaciones meramente económicas. La autonomía sindical se alza frente a la autonomía política4. Las dos exploran el mismo territorio, sin exclusiones ni compartimientos estancos. El sindicato necesita una base cultural propia para abrirse paso en un mundo de un gran espesor, sin dar palos de ciego. No le bastan los “préstamos culturales” desde el partido. Lo que no sabes por ti mismo, no lo sabes, como dice Bertolt Brecht en un poema dedicado a un obrero al que anima a hacerse preguntas y hacerlas a otros.

Siete. Quizá conviene en este momento precisar algo más la definición de “cultura”, dado que todo lo que recibe el nombre de cultura, así en bloque, es un cajón de sastre excesivamente grande para debatirlo en reuniones sindicales. En un sentido más preciso, se trataría en primer lugar de la cultura relativa al propio trabajo, eso que Trentin describía a Togliatti en el texto linkado en la nota 4 al pie de este artículo. Y en segundo lugar, desde un punto de vista más general, sería algo que el sindicalista y filósofo italiano Riccardo Terzi, a la sazón secretario general de la Federación de Pensionistas de la CGIL, formuló del modo siguiente en una entrevista que le hizo el periodista Salvo Leonardi5: «la capacidad de representar los intereses generales del país, más allá del lenguaje de una ‘corporación’, de un segmento social.»

Ocho. El término cultura vale, pues, como horizonte político general, y no estrictamente de “clase” en el sentido de “parte”. Cultura de dirección, en los dos sentidos de la palabra “dirigir”, que excluyen, ambos, la delegación de la iniciativa política en otras organizaciones o instituciones. Terzi comentaba así a Leonardi la situación de su sindicato, la CGIL: «Su proyecto de autonomía está aún incompleto. No hay autonomía si no hay una investigación que nutra al sindicato de las bases culturales que impidan las instrumentalizaciones políticas y las invasiones de terreno. Ser autónomos quiere decir que se debe tener un soporte teórico para leer la realidad.»

Y en la misma entrevista citada, añadía Terzi: «Son los cambios extraordinarios de nuestro tiempo los que reclaman [del sindicato] una teoría, una visión y una interpretación del mundo.»

 

Notas

(1)   En la segunda de dos entradas consecutivas de mi blog sobre el trabajo y la cultura, ver http://vamosapuntoycontrapunto.blogspot.com/2015/06/sobre-el-tandem-trabajo-cultura-y-2.html

(2)  Una novedad digna de estudio al respecto es la banalización del arte y la manipulación del mercado artístico en la recentísima “economía de las plataformas”. El resumen último de la situación sería el siguiente: el mercado del arte mueve mucho dinero, pero este no beneficia a los creadores, sino a los comercializadores. La calidad artística no es intrínseca a la obra misma, sino atribuida desde fuera por marchantes, galeristas, etc. El lector puede encontrar un apunte sobre el problema en http://vamosapuntoycontrapunto.blogspot.com/2021/09/arte-trabajo-tecnologia-mercado.html

(3)  Coloqué la imagen poética de Celaya como título de un trabajo mío sobre el trabajo y la cultura, publicado también en “Perspectiva” (nº 4), que puede servir de introducción a este conjunto de reflexiones. Ver http://vamosapuntoycontrapunto.blogspot.com/2015/10/la-cultura-es-un-arma-cargada-de-futuro.html

(4)  Una argumentación sobre la “disonancia” que aparece en las relaciones entre sindicato y partido, puede encontrarla el lector interesado en http://vamosapuntoycontrapunto.blogspot.com/2021/05/el-sindicato-yoconsin-el-partido.html

(5)  La entrevista fue publicada en “Emilia Romagna Europa” n. 8, julio 2011. Hay traducción castellana de J. L. López Bulla, ver http://lopezbulla.blogspot.com/2014/08/sindicato-y-cultura.html

 

MI DEBUT EN LA FARÁNDULA

 


Talment un angelet. Función de Semana Santa en el colegio La Salle Bonanova de Barcelona. Año 1957.

 

Ahí me tienen, con doce tiernos añitos. Ya ha corrido agua bajo los puentes. Se trató de una única representación, pero los ensayos nos ocuparon casi dos meses. El autor de la pieza era nuestro profesor de Lengua, de nombre (si no recuerdo mal) Josep Povill. La cosa trataba del espíritu de un Olivo del huerto de Getsemaní, que explicaba lo sucedido en una noche de angustias. Salía Jesús, en la persona de un alumno de quinto curso al que se colocó una barba negra bastante creíble; se arrodillaba junto a una roca de cartón, en mitad del escenario, y rogaba al Padre que no le abandonara. El Olivo daba las explicaciones pertinentes, aquel hombre era un Justo que iba a sufrir tormento y muerte en la Cruz. Pero su Padre no lo iba a abandonar, y para ello le había enviado a un Ángel. Entonces hacía yo mi entrada por el lateral con un cáliz en las manos, declaraba ser un Ángel y haber venido en nombre del Padre, y se lo tendía. Yo debía sujetar el cáliz con solo dos dedos de cada mano, y tenerlo extendido delante de mí alargando los brazos todo lo posible. Al entrar yo se encendía un foco de luz blanca, que me deslumbraba por completo y hacía rebrillar el dorado del cáliz. Jesús debía tomar este con sumo cuidado y hacer como que lo apuraba (en realidad no había líquido, el asunto fue discutido largamente y se consideró que los riesgos eran superiores a los beneficios de un realismo excesivo: si algo de agua se derramaba, todos los escolares habrían soltado la carcajada.)

En la foto aparezco yo después de que el cáliz cambiara de manos. Debía componer ese gesto, prolijamente ensayado, y recitar un par de frases de ánimo, que no recuerdo. Era un ángel sin alas, también en evitación de posibles accidentes enojosos. Lo de no llevar alas posiblemente fue premonitorio.

Después de hablar y de recuperar el cáliz, yo desaparecía andando majestuosamente hacia atrás (fue lo más difícil de mi actuación).

Luego entraban las turbas, venían el beso de Judas y el forcejeo de Pedro con el hombre de la oreja, y por fin todos se iban, llevando a Jesús en medio. Entonces el Olivo concluía pidiendo a la concurrencia muchas oraciones fervorosas y buen comportamiento en general. Y bajaba el telón.

Hubo muchos aplausos. No estábamos solo los escolares, también nuestros padres.

Encontré la foto en medio de un montón que me pasó mi padre al cabo de muchos años, metidas todas en un sobre con un rótulo sucinto: “Paco”. Me dio vergüenza colocarla en un álbum. La otra tarde, Carmen me la escaneó. Publicarla aquí viene a ser algo tan fuerte para mí como salir del armario para otros.

 

martes, 30 de noviembre de 2021

ANTES DEL HEROÍSMO

 


Mosaico de Aquiles en Skyros, encontrado en el yacimiento de la Villa de La Olmeda, Palencia.

 

Recojo del libro “Troy”, de Stephen Fry (Michael Joseph, PRH-UK 2020; no hay aún traducción española, que yo sepa) una leyenda antigua sobre dos héroes antes de ser héroes. Como todos los mitos griegos, me parece que este contiene enseñanzas aún válidas en nuestro tiempo.

La flota de los griegos, que proyectaban una rápida expedición a Troya para rescatar de allí a Helena, la esposa raptada del rey espartano Menelao, se estaba reuniendo en Aulis, pero se les acumulaban los problemas. Faltaba el rey de Ítaca, el astuto Odiseo, considerado esencial para un rápido éxito de la aventura. No respondía a los repetidos llamamientos, y corrían rumores de que había perdido la razón. El rey Agamenón envió a su pariente Palamedes en su busca. Al desembarcar en Ítaca, el emisario vio un espectáculo deplorable. Odiseo había uncido a un buey con un burro e intentaba arar con ellos una playa arenosa a la que arrojaba puñados de sal en vez de simiente. Sus súbditos se agolpaban en el lugar para ver el triste espectáculo, con lágrimas en los ojos. En primera fila estaba la bella Penélope, sosteniendo en brazos a su hijo recién nacido, Telémaco. “Ve a decirle a Agamenón que mi marido no es un cobarde, sino que ha perdido la razón”, explicó la reina entre sollozos.

A Palamedes la escena le pareció un tantico rebuscada. Sin decir palabra, arrebató de un tirón el bebé de los brazos de su madre, y fue a colocarlo justo delante del par de bestias que Odiseo conducía al albur por la extensa playa. De inmediato Odiseo hizo uso de una fuerza hercúlea para detener al buey y al burro casi en seco. Lo consiguió cuando habían llegado a un palmo apenas del pequeño expuesto en el suelo. Odiseo corrió hacia él, lo tomó en brazos, lo besó muchas veces, balbuceaba: “¿Estás bien, mi pequeño Telémaco?”

Luego levantó la vista y vio la sonrisa burlona de Palamedes. “Pensé que valía la pena intentarlo”, dijo como explicación.

Meses después, el problema era Aquiles, un rapaz de solo catorce años. Los oráculos coincidían en que su presencia era imprescindible para ganar Troya. Agamenón, casi perdida la paciencia por la larga espera en Aulis, recurrió a Odiseo para encontrarlo.

Tetis, la madre diosa de Aquiles, sabía que su hijo tendría una vida larga, plena y feliz si se apartaba de los heroísmos, y en cambio una vida llena de brillo pero muy breve, si entraba en la guerra; de modo que lo había escondido en la mansión de su pariente el rey Licomedes, en la isla de Skyra. El rey tenía once hijas, y la joven Pyrrha (la de los cabellos rojos) pasó a ser la doceava, tal vez la más bella de todas a juicio de algunos visitantes de palacio. Llevaba ropas femeniles y se comportaba en todo como sus “hermanas”. Bueno, en todo no, porque dejó embarazada a una de ellas, Deidamia (su hijo fue Neoptólemo, también conocido como Pirro).

Cuando Odiseo llegó a la isla y preguntó, Licomedes disimuló mal: “¿Aquiles? No me suena.” Cuando quiso buscar en el palacio, el rey volvió a meter la pata: “No vale la pena que busques en el gineceo, solo están mis hijas.” Odiseo dijo aparte a Diomedes que eligiera de su expedición a los hombres más corpulentos y peludos, los armara hasta los dientes y asaltara con ellos el recinto de las doncellas. Así lo hicieron. Las chicas gritaron, pidieron socorro y huyeron; menos la del pelo rojo, que agarró una espada olvidada en un rincón y esperó a los energúmenos a pie firme.

“No ha sido cosa mía, sino de mi madre”, explicó Aquiles a Odiseo. Luego fueron los dos juntos a buscar a Patroclo y a los mirmidones, y se sumaron a la expedición.

Resignados al destino heroico inevitable que les había sido asignado.

 

lunes, 29 de noviembre de 2021

LA IMPUNIDAD NO ES LIBERTAD

 


Los niños de Lidice. La escultora Marie Uchytilová recurrió a una documentación exhaustiva para representar con sus rasgos reales las figuras de los 82 niños de la población checoslovaca de Lidice que fueron gaseados en el verano de 1942, en un campo de exterminio polaco, en represalia por un atentado de la Resistencia contra un jerarca nazi. Su memoria no debe ser olvidada.

 

Las derechas españolas reclaman al mismo tiempo más libertad para ellas y más represión para los desafectos. De otra manera no se entiende su adhesión ─su patrimonialización, más bien─ de la manifestación policial contra la supresión de la ley mordaza, una ley que les suponía, no solo un aislamiento abiertamente hostil al pueblo del que dicen ser servidoras las fuerzas del orden público, sino la impunidad ante cualquier posible abuso en la fuerza represiva que utilizan.

Pero es que nuestras derechas no se sienten pueblo. De forma consciente eternizan la guerra civil (esa guerra interminable, como la definió nuestra llorada Almudena Grandes) y ensanchan el foso que de toda la vida ha separado a los ganadores de los perdedores de aquel episodio. Se ha teorizado la existencia de una España y una Antiespaña, elegida la primera por dios entre todas las naciones, y nefanda la segunda. Contra la Antiespaña vale todo, es la proclama de la derecha eterna. La democracia se desliza en su ideario hacia una dictadura de la buena gente. A la buena gente le es permitido incluso dejar de ser buena (véase el ejemplo del Emérito, paradigma de todos los vicios públicos de nuestras derechas), mientras que la gente de las izquierdas debe ser severamente castigada por el mero hecho de serlo (véase el caso Alberto Rodríguez, ex diputado de Podemos).

Quizás porque a nadie le gusta ser un perdedor, la operación publicitaria basada en las esencias aporta regularmente a los poderosos rentas suculentas en votos de mindundis, que estiman erróneamente que a largo plazo la servidumbre voluntaria al poder establecido les hará más libres.

Todo esto tiene un nombre en los tratados de Ciencia Política, y tiene también una Historia de la que es forzoso aprender para no repetirla.

No haré más alegaciones. Solo les ruego que comparen las dos imágenes incluidas en esta entrada. Arriba, un monumento en memoria de víctimas inocentes; abajo, la charlotada de la manifestación por la impunidad llevada a cabo por los verdugos potenciales.

 


domingo, 28 de noviembre de 2021

UN RECUERDO DE ALMUDENA

 


Lo que voy a contar es sustancialmente cierto, y hay muchos testigos para corroborarlo. No es, sin embargo, fotográficamente fiel. He rellenado los huecos de la memoria, como suelo hacer. Carmen me dice a veces, con cariño, que miento más que escribo, y no que hablo, porque hablo poco y no hay punto de comparación. Yo le contesto que rebusque bajo la superficie la verdad de mis mentiras.

Fuimos un día ella y yo al Salón de Actos de la CONC, en Barcelona, a escuchar a Almudena hablar de “El lector de Julio Verne”. La presentó Carlos Vallejo. La novela es de 2012 y yo ya la había leído cuando tuvo lugar el acto, pero “Las tres bodas de Manolita”, el siguiente “episodio de una guerra interminable”, aún no había aparecido, cosa que ocurrió en 2014. Con eso queda situado cronológicamente mi recuerdo.

Almudena se sentía a gusto hablando del libro y de los Episodios, de cómo buceaba en la memoria reprimida de muchas personas, de cómo estaba reuniendo materiales para escribir, no docenas, sino cientos de historias, o más exactamente, de “intrahistorias” de una sociedad escindida en dos bandos de características muy marcadas: los vencedores y los vencidos en una guerra que se había prolongado hasta hacerse interminable.

Habló extensamente, aunque se nos hizo corto, y empezó el turno de intervenciones y preguntas desde la sala.

Fue entonces cuando entró Luis Romero, que llegaba tarde de algún otro lado. Majestuoso, como es él. Fue el hombre del cartel «Mis manos, mi capital», pero algunos disfrutamos del privilegio de conocerlo desde antes. A la Coordinadora Local de Barcelona de CCOO, José María Rodríguez Rovira y él acudían por turno en representación de la construcción, y nos informaban entre los dos de la marcha de la gran huelga de 1976. Soñábamos entonces con la extensión de las luchas, con la convocatoria de una gran huelga general política. La exposición de José María era rigurosa y sintética, hablaba con el papel de las notas en la mano, no se desviaba del tema.

Luis era todo lo contrario, y sus informes eran relatos de grandes batallas, recorridos de piquetes, enfrentamientos con las fuerzas del orden, obras que se sumaban una tras otra a la lucha en los polígonos pateados sin descanso.

Al entrar Luis en la sala (ahora llevaba canas, gafas y bastón, pero eso es algo que nos pasa a todos los de entonces), oyó a Almudena hablar de Cencerro. El ambiente era distendido, y él intervino sin más, de pie como venía.

─Ese fue un guerrillero de mi pueblo, Martos en Jaén; un fenómeno, tuvo a los civiles en jaque durante años, alguien lo delató y le tendieron una emboscada una vez que bajó al pueblo de noche, como solía hacer porque no tenía miedo de nada. Lo acribillaron a tiros, seguían disparándole cuando ya estaba bien muerto, pánico le tenían. Yo era un chiquillo entonces.

─Todo eso lo he escrito ─le dijo Almudena desde la mesa─. De eso he venido a hablar.

─Y tú ¿cómo lo sabes? De eso no hablaba nadie en el pueblo, había mucho miedo a los soplones, a los delatores.

─Fui allí a investigar, y hubo personas que me lo contaron. Con mucho miedo aún, doy fe.

─Pues te voy a contar una cosa que seguramente no sabes. Teníamos prohibido por la guardia civil cantar “La vaca lechera”, por aquello de “Un cencerro le he comprado, y a la vaca le ha gustado…”

Almudena se echó a reír. Todos disfrutábamos con aquel testimonio inesperado de la verdad última de lo que el libro narraba.

─Fue así. Eso lo he escrito también.

A Luis Romero se le desorbitaban los ojos.

─¿Todo eso lo has escrito en un libro? ¡Pues yo quiero ese libro!

─Ningún problema, Luis ─intervino Carlitos Vallejo─. Encuentras todos los ejemplares que quieras a la salida, en la mesita al lado de la puerta.

Adiós, Almudena. Estuviste con nosotros, contaste nuestras historias minúsculas pero importantísimas. Siempre estarás en nuestro corazón, ¿dónde mejor?

 


sábado, 27 de noviembre de 2021

EL ELEFANTE SENTADO EN LA SALITA


 

La brecha en la roca (yacimiento arqueológico de Petra, Jordania)

 

Un muy interesante artículo de Lluís Rabell (1) analiza la coyuntura política catalana en base al acuerdo entre Esquerra y los Comuns, que ha permitido de una tacada desbloquear los presupuestos de la Generalitat, del Ayuntamiento de Barcelona y, por elevación, los del Gobierno de España.

El acuerdo ha sido coyuntural, Rabell lo subraya certeramente, cosa que viene a significar que las espadas seguirán en alto todavía por algún tiempo. Esquerra ha forcejeado en busca de aire, para que sus socios preferentes, JxC y CUP, no acabaran por estrangular al govern con su “afectuoso” abrazo del oso. Con todo, ERC mantiene aparentemente incólume la idea de una “centralidad” basada en un 52% elevado a la categoría de tótem y tabú. El 52% equivaldría en la práctica a la “totalidad” del país (extra Ecclesiam nulla salus, fuera de la Iglesia no hay salvación posible), y ahora se invita a participar del sacramento, vicariamente, a los Comuns, como estrambote o como jarrón chino de adorno; pero se excluye en cambio de forma terminante al PSC, el “elefante socialdemócrata sentado en el sofá de la salita”, como lo caracteriza Rabell. ¿Durante cuánto tiempo más se podrá seguir ignorando su voluminosa presencia?

Esquerra y los Comuns se han movido, con todo, y han habilitado una brecha, un boquete pequeño pero situado debajo de la línea de flotación del paquebote “Waterloo”, que puede acabar por hundir sus expectativas de eternizarse en el papel de mano que mece la cuna. Puigdemont ha perdido la inmunidad parlamentaria, y ese es otro detalle que acentúa el carácter efímero de un sombrajo habilitado en su momento con cuatro palitroques apresuradamente dispuestos. La CUP y sus folclóricas votaciones asamblearias han caído en la irrelevancia.

La alcaldesa de Barcelona Ada Colau, apretada desde todas las direcciones de la rosa de los vientos, ha conseguido también abrir brecha. Al Tete Maragall se le ha quedado cara de tonto, después de anunciar la negativa de su partido a cualquier acuerdo presupuestario municipal, y posiblemente sea relevado a medio plazo como precandidato a la alcaldía por la que suspira. Los Comuns han acertado en el movimiento táctico y aparecen más fuertes y con mejores expectativas de apoyo popular para las grandes maniobras que se avecinan. Siguen en pie muchas incógnitas, pero de momento ellos han demostrado su utilidad política por la vía aristotélica (recuerden: el movimiento se demuestra andando).

Aquí se detiene el análisis de Rabell. Bueno, no exactamente. Les recuerdo el final de su lúcido escrito: «Ahora, toca propiciar escenarios en los que el conjunto de la izquierda de raíz social y tradición federalista pueda tejer pactos de progreso y animar una salida al ensimismamiento del país.»

De acuerdo. Quizás es el momento de volver a preocuparse por el elefante que espera sentado en la salita. No parece que tenga intención de moverse a corto plazo, y sin embargo, ¿a quién va a corresponder la tarea de “propiciar escenarios en los que la izquierda pueda tejer pactos de progreso”? ¿Es que el elefante va a esperar sentado a que le lleguen las ofertas de otros sectores de la izquierda plural, para decidir cuáles le convienen y cuáles no?

Hay también una ilusión de centralidad en la actitud habitual del PSOE, y por contagio del PSC. Es innegable una parte de razón en esa actitud: en Cataluña nada podrá hacerse sin el PSC. Pero también hay otra parte que se tiende a obviar: el PSC necesita tomar la iniciativa con hechos, no con nostalgias de lo grandes que eran en la época de Pasqual.

El elefante socialdemócrata aguardó lleno de paciencia y de “fuerza tranquila” en la salita de la Comunidad de Madrid, y ya vieron el resultado electoral que obtuvo. Reincidir en tales errores sería pecado mortal. Ahora que ERC y Comuns se han movido y han desbloqueado un entorno pantanoso, no se entiende la extraña pasividad del elefante, a no ser que confunda, como sus contrapartes en el otro lado del hemiciclo, así catalán como español, que la centralidad de su propuesta equivale a “totalidad”.

Hoy, en este mundo fragmentado, desquiciado e histérico, el discurso de la totalidad no rige. Recuerden aquel “momentum” de Podemos, cuando quiso en un salto prodigioso saltar de la marginalidad a la ocupación del centro del tablero. No estamos para tales proezas gimnásticas. La sociedad catalana necesita la comparecencia urgente del PSC para tejer pactos de progreso con otras fuerzas portadoras de proyectos distintos pero compatibles, con el fin de “propiciar nuevos escenarios”.

Es algo que me parece imperativo.  

 

(1) Ver https://lluisrabell.com/2021/11/26/barcelona-bien-vale-una-misa/?fbclid=IwAR3ZRkSO4wCChPEaRZcGJuxET_llqczcJhIbvN8GpAQ_R_CG40IP3nHJD0g

 

jueves, 25 de noviembre de 2021

VARGAS LLOSA ENTRE LOS "PUTREFACTOS"

 


Alice Munro, la quintaesencia de la elegancia en la forma de recibir un Premio Nobel de Literatura

 

Je vivais à l'écart de la place publique

Serein, contemplatif, ténébreux, bucolique

Refusant d'acquitter la rançon de la gloire

Sur mon brin de laurier je dormais comme un loir

G. BRASSENS, ‘’Les trompettes de la renomée’

 

Mario Vargas Llosa, distinguido ya en el mundo de las élites con el Nobel de Literatura, ha dado un gran paso adelante desde el borde mismo del abismo y ha ingresado en la Académie Française, según leo en la prensa de hoy.

Hay honores que sepultan una biografía. Don Mario no escribe en francés, es el primer literato incluido en la Académie cuya obra (muy considerable, no es ese el punto) no se declina en la lengua de Molière, como dice Lluís Bassets en El País; en la lengua de la Grandeur de Charles De Gaulle, añadiría yo.

La pura verdad es que no le hacían falta al escribidor peruano ni la nacionalidad española sobreañadida, ni las bodas famosas con la Niña Isabel, ni en rigor el Premio Nobel, aunque este cabe clasificarlo entre los gajes del duro oficio de escribir: a unos se lo dan y a otros no, y si te toca la china lo más elegante que puedes hacer es aceptarlo con una sonrisa (en lugar de bizquear horrorizado como hizo Jean-Paul Sartre), y luego no acudir a recogerlo excusándote en la mala salud, que es lo que hizo exactamente Alice Munro, y yo la admiré más aún por eso.

El Nobel tiene un pase, la señora Preysler difícilmente, y lo de la Académie es un borrón terrible. No hacía ninguna falta, la nómina de “inmortales” (les llaman así, de veras) estaba completa, nadie había cometido aún la excentricidad de colarse donde nadie le llamaba, y no por algún mérito peregrino relacionado con la institución, sino únicamente por la tentación de figurar.

A quien está en los sitios solo para figurar, se le llama “figurón”. La definición de la Real Academia, a la que Vargas Llosa también pertenece (en este caso con grandes méritos propios), y que en consecuencia suscribe, es la siguiente: “Persona a la que le gusta presumir o aparentar ser y tener más de lo que es y más de lo que tiene.”

En el siglo pasado, un grupo de artistas de vanguardia, entre ellos señaladamente Salvador Dalí, dieron en llamar “putrefactos” a los pintores que se esforzaban en trabajar según los criterios de la Académie, con la esperanza de ingresar en ella y de paso conseguir medallas, accésits o diplomas en las exposiciones oficiales; es decir, en los “Salones”. En el XIX, el siglo del “Salón” y la “Academia” por excelencia, el relumbrón de la composición histórica, religiosa o mitológica, y la grandilocuencia de los héroes, santos o nínfulas de carnes rosadas, que aparecían en gran formato y por lo general con los ojos en blanco y las manos alzadas al cielo, inspiraron el calificativo popular de “pompier” (pomposo, “bombero” en su sentido literal) para ese género de arte.

Vargas Llosa es el último pompier que se atreve a aparecer como tal en la escena cultural.

 

miércoles, 24 de noviembre de 2021

TROIS PETITES NOTES DE MUSIQUE

 


La Bella y la Bestia, enésima versión. Carmen y el Diablo avizoran desde las torres de la catedral la Tour Montparnasse, entonces de riguroso estreno (había sido acabada de construir en 1972).

 

Trois petites notes de musique ont plié boutique au creux du souvenir

C'en est fini de leur tapage, elles tournent la page et vont s'endormir

Mais un jour sans crier gare, elles vous reviennent en mémoire

Henri COLPI y Georges DELERUE

 

Esta es la bonita historia de la recuperación de una pequeña fracción de tiempo perdido. Ayer, retenidos en casa por el mal tiempo, me dio por rebuscar entre algunas cajas de cartón en las que había apiladas fotografías viejas, y de un resquicio entre ellas saltó un sobre con veintitantas instantáneas de París. Sorpresa. Nos costó algún tiempo situar aquel viaje en el tiempo. Recurrí a mis agendas, que no tiro una vez usadas, sino que las voy amontonando en un cajón.

Ocurrió en marzo de 1978, entre los días 22 y 27, es decir de miércoles santo a lunes de Pascua. Hicimos el viaje de ida y vuelta en autobús, y paramos en un hotelito con mucho encanto, cerca de la Torre Eiffel, que volvimos a buscar años después para otro viaje, y ya había cerrado sus puertas.

Fue una excursión fuera del tiempo, y el extravío de las fotos acentúa esa característica. En 1978 Carmen trabajaba en Editorial Planeta, y yo estaba al frente de la Federación de Artes Gráficas de las CCOO de Cataluña. Teníamos dos hijos pequeños, que se quejaban con razón de que estábamos poco tiempo con ellos. En aquel mes de marzo se empezó a negociar el convenio nacional de Gráficas. Reuníamos el Secretariado los martes a las 19,30 (días 7, 14 ─reunión retrasada a las 20.30 por una entrevista en Radio Barcelona a las 18 h─ y 28). El sábado 4, a las 5, hubo Permanente de la CONC; el 8 por la mañana, una entrevista de coordinación con UGT en su sede, Catalsa; el jueves 9 una reunión intersindical; el lunes 13 la primera entrevista con la patronal, y el 16 una asamblea unitaria. De vuelta del viaje, el martes 28 había una nueva reunión negociadora en Madrid, y el viernes 31 hicimos una asamblea informativa en el cine Princesa. La negociación y las asambleas seguirían, trepidantes, a lo largo del mes de abril. El 23 tuvimos la Conferencia de la Federación, y en mayo (días 12 a 15), el Congreso de la CONC.

 


En el Luxembourg.

 

En medio de la mêlée disfrutamos del intermezzo excepcional de ese pas de deux glamuroso. Nos echamos trabajos y penas a la espalda y paladeamos París con glotonería, como si fuera un bombón. Hicimos amigos además, en el autobús y en el hotelito. Nos prometimos volver a vernos, telefonearnos; pero la épica de las asambleas se llevó por delante la lírica de las ramas floridas de los manzanos.

Hasta ayer. Escaneamos las fotos, nada artísticas pero memorables, y ahí va una muestra.

 


Entre las torres de Notre Dame. Abajo, el Sena; lejos bajo la lluvia, la Tour Eiffel.

 

 


Métro Cité. Al fondo, la Sainte-Chapelle.




Joie de vivre.

 

lunes, 22 de noviembre de 2021

CASADO Y LOS SOLISTAS





Una orquesta bien afinada rodea a su víctima inocente en ‘El quinteto de la muerte' (Alexander Mackendrick 1955). Lom, Sellers, Green, Guinness y Parker, un equipo armónico e impecable. Nada de solistas.

 

«Aquí no caben los solistas. Somos una orquesta afinada, armónica, donde prima una partitura fuerte, no la suma de planes individualistas; el personalismo no cabe en el PP.»

Lo ha dicho Pablo Casado, y ha dejado estupefacto al personal. Teníamos la idea, expresada por escrito y rubricada en una sentencia de los tribunales, de que el PP se había comportado como una conspiración para delinquir. Los dos conceptos no encajan; ¿se trataba de una conspiración “afinada” y “armónica”? Misterio. Quizás al hablar de “partitura”, Don Pablo quería referirse al “reparto” del botín, de otro modo no acabo de ver la luz al final del túnel de la frase.

Sin contar con que toda orquesta seria y profesional trabaja con solistas. Descontemos el mundo de la sinfonía, una forma de composición tardía y para la que probablemente ya pasó la época. El concierto, la forma más genuina de expresión de una orquesta, implica la presencia de uno o varios instrumentos solistas. ¿De qué hablaba entonces Casado?

Escuchémosle: «Esto no es un ‘talent show’ de megalomanías.»

Ah bueno. Ahora está más claro, pero no me pregunten el qué.

El propio Don Pablo es un aficionado impenitente a dar libre expresión a su talento, sea este lo que fuere, en un show continuo en el que lanza afirmaciones peregrinas a la cara de sus rivales políticos. Tengo mis dudas en cuanto a su megalomanía, pero algo de eso debe de haber cuando el chico se ha envuelto en certificados amañados de másteres inexistentes, así por Harvard como por Aravaca, por lo civil y por lo criminal.

Los periodistas han interpretado que sus palabras iban sibilinamente referidas a Isabel Díaz Ayuso. Casado no la mencionó de forma expresa, pero de ser esa la clave de su discurso, quedaría explicado a satisfacción el fondo oculto del problema.

No hacía falta, sin embargo, ir con enigmas, indirectas e insinuaciones. Para que todo quedara perfectamente claro, lo que don Pablo debería haber dicho, con voz tonante, viril y casposa (permítanme la imaginería de calificar de “casposa” una voz), era: «Por tus muertos, deja de una vez de hurgarme en la horcajadura, Isabel, que aquí el único solista soy yo».

Y punto en boca la concurrencia.