viernes, 13 de diciembre de 2024

EL ERROR DE DING

 


Suspensión

 Algún comentarista se ha precipitado a calificar como “el más grave de la Historia”, el error del campeón mundial de ajedrez, el chino Ding Liren, que volcó la 14ª partida del Mundial 2024 de ajedrez en favor del indio Gukesh Dommaraju, cuando ambos jugadores habían llegado empatados, 6’5 a 6’5, a la última ronda.

Qué exageración, por favor. Y qué manía con los errores, sin tener en cuenta que la Historia empezó, según una tradición asentada aunque discutible, con Eva aceptando la manzana que le ofrecía en boca la serpiente.

Según la crónica de Leontxo García, Ding se había equivocado ya siete u ocho veces a lo largo de la famosa partida 14ª, y Gukesh otras tantas (los comentaristas valoran ahora las partidas con la ayuda de potentes computadoras de silicio, que calculan los movimientos futuros con veintenas de jugadas de anticipación.)

El error, entonces, no es nada inhabitual, en un juego (llámenle deporte si gustan) en el que, según tradición inveterada ya de cuando era simplemente humano, gana siempre el jugador que comete el penúltimo error.

Pero seguimos anhelando una perfección inhumana en todo. El mundo se divide en personas que señalan con regocijo un error de apreciación de Carlos Marx (por ejemplo) en un análisis económico, y las que consideran que tal error no existe porque Marx era por definición infalible.

Como si la perfección no fuera una cosa siempre efímera, hecha de momentos raros de plenitud que nos llegan de algún lugar situado en el exterior de nosotros mismos y más allá de nuestras capacidades ordinarias.

 

domingo, 1 de diciembre de 2024

LA IZQUIERDA Y LA ECONOMÍA GLOBAL

 


René Magritte, “La cifra”, 1981

 

Leo en el número recién aparecido de Nueva Tribuna una llamada de alerta de Isidor Boix, bajo el título suficientemente significativo: “Crisis en multinacionales, sin respuesta sindical ‘multinacional’”. (*)

El artículo describe la falta de respuesta sindical adecuada – hasta el momento – a una iniciativa masiva de un grupo compacto de grandes empresas industriales multinacionales, que afecta gravemente a las clases trabajadoras de algunos países desarrollados y otros emergentes. A partir de ahí, Boix esboza un análisis escueto, no ya solo de la falta de respuesta conjunta de los sindicatos concernidos, sino sobre todo del hecho singular de que sigan mirando “a otro lado”, como si el problema no les afectara.

Destaco el siguiente párrafo, que describe de forma sintética la situación. La cursiva es del autor, y este añade a continuación que tal vez esté equivocado y agradecería, si es así, que alguien le corrigiera:  

 

«… es necesaria una permanente elaboración colectiva de cuáles puedan ser en cada momento y en cada ámbito los intereses comunes, colectivos y solidarios, mediante las múltiples formas de participación y democracia sindical. No creo que esto, aparentemente tan elemental, esté suficientemente asumido por los órganos colectivos que deberían hacerlo.»

 

Algo me gustaría añadir sobre el tema. Se da en este tiempo una desorientación (que yo llamaría “existencial” en el sentido filosófico de la palabra) no exclusiva de los sindicatos, sino en general de la izquierda tanto “clásica” como “nueva”, en relación con el cambio radical de paradigma que estamos viviendo en las relaciones de trabajo, a partir de la irrupción torrencial de las nuevas tecnologías 4.0 en el proceso productivo.

Hemos pasado del capitalismo industrial al capitalismo digital, que no encaja en la vieja lógica del trabajo material; y todo ello, en un contexto de globalización acelerada. Pero las izquierdas presentes en el tablero político siguen ancladas en “una visión romántica del viejo mundo industrial” (la frase es de Daniel Innerarity) y en una consideración demasiado negativa de la globalización, que rechazan “in toto” y en cuya lógica, en consecuencia, no quieren ni siquiera entrar.

Paradójicamente, la izquierda política realmente existente es conservadora respecto del mundo del trabajo, frente a una derecha radical y rompedora, que utiliza las nuevas herramientas puestas a su alcance por el progreso tecnológico desde una lógica dirigida al enriquecimiento privado, y no al bien común.

Nada que no se pueda remediar. Pero la premisa previa para encontrar la solución de un problema es la conciencia de la existencia de ese problema, y su delimitación correcta.

Ese paso previo, por el momento sigue faltándonos. Urge resolverlo.

 

(*) Ver https://www.nuevatribuna.es/articulo/global/crisis-multinacionales-respuesta-sindical-multinacional/20241130190317232988.html