lunes, 22 de agosto de 2022

SOPA DE ESE GANSO

 


A falta de la felicidad, uno puede comprar un buen sucedáneo, siempre que le llegue la calderilla para pagarlo. Se puede conseguir un helado, como indica ese simpático cartel, o bien una birra en una terraza, aquel/lla que lo considere preferible. (Imagen robada de FB. Maldito de mí, no la documenté en su momento, pido excusas al propietario.)

 

Ha declarado Alberto Núñez Feijoo que lo primero que hará al llegar al gobierno – caso de que llegue, que esa es otra –, será derogar la Ley de Memoria Democrática, la Ley de Educación y la Ley Trans.

Un presidente de gobierno no tiene capacidad para derogar leyes, pero vamos a suponer en beneficio del argumento que Don Alberto estaba hablando de poner en marcha los mecanismos institucionales para, desde una mayoría absoluta y absolutista, pasar la apisonadora por el parqué y planchar toda la obra legislativa anterior de la purria bolivarista. Visto así, se entiende mejor el asunto.

Las tres medidas que se propone llevar a cabo Don Feijoo en el más corto plazo a partir de su eventual toma de posesión, entran dentro de un mismo orden: no quiere memoria democrática porque le traería malos recuerdos, por más que él mismo tendría inmunidad plena; no quiere educación porque esta no se compagina bien con los salarios bajos de la clase de tropa; no quiere derechos de expresión sexual, finalmente, porque los únicos derechos en este terreno son los reconocidos de forma consuetudinaria al clero, según la vieja y archiconocida fórmula de “con el fraile mejor que con nadie”.

Rufus T. Firefly (Groucho Marx) hizo una promesa parecida al hacerse cargo de los destinos de Libertonia por mandato del establishment local representado en la persona de la riquísima viuda Gloria Teasedale (Margaret Dumont). Firefly, en una de las primeras escenas de Sopa de ganso (Leo McCarey 1933), declara ante el nutrido público que le vitorea: «Si ustedes creen que este país está en crisis, esperen a verlo después de que haya pasado por mis manos.»

Igualico, igualico, que su nietecico Don Feijoíco. La enorme competencia en temas de Estado de que está dando prueba el líder de la derecha augura reformas de calado en la perspectiva: se bajará el salario mínimo, se reducirá la cuantía de las pensiones salvo para aquellos que no las necesitan, se suprimirán los impuestos a la banca (que estará facultada de otra parte para doblar las comisiones a los pequeños clientes), y solo será posible que los esposos bendecidos por el sacramento follen los viernes de cuaresma después de rezar el rosario en familia. Las casas de tolerancia se reabrirán, en cambio, para un sexo correctamente encauzado, dado que favorecen la creación de puestos de trabajo y la promoción social de las jóvenes, que de ese modo no echarán de menos para nada una educación derogada por decreto-ley.

Los ciudadanos seremos felices y comeremos perdices cobradas en cacerías masivas organizadas por la Dirección General de Caza y Toros para revitalizar la España vaciada. Las perdices, por cierto, debido a la guerra de Ucrania, serán artículo de lujo y sus precios andarán más o menos por las nubes.