El próximo domingo celebraremos en Catalunya el Nou 9N (Nuevo
Nueve Ene), que va a ser una jornada lúdica y participativa deliciosa: se
llevará a cabo una simulación de consulta acerca de una simulación de
independencia. Todo ello promete ser un juego colectivo de una insoportable
levedad, como diría Kundera.
Conviene advertir que el juego en cuestión ha sido prohibido por
el Tribunal Constitucional de España, un detalle que podría, según cómo,
aguarnos la fiesta institucional. Pero no hay que alarmarse demasiado. Fuentes
del Ministerio del Interior han dejado filtrar la información de que, más que
de una prohibición, se trata en este caso de una simulación de prohibición.
Todo concuerda, pues, y la fiesta, en tal caso, será completa.
Resultará, eso sí, bastante surrealista [foto de Salvador Dalí: él también
habría votado sí-sí], o más bien abstracta [foto de Joan Miró: él también
habría votado sí-sí], o simplemente frívola [foto de Christa Leem: ella también
habría votado sí-sí]. Pero la cosa no parará ahí. Se recogerán firmas para
elevar una petición a las Naciones Unidas en defensa de nuestro derecho a la
autodeterminación. Seguramente habrá que esperar bastante en la ventanilla
correspondiente. Al fin y al cabo tienen mayor urgencia asuntos como el del
Estado Islámico, el del Este de Ucrania, el de Boko Haram, la epidemia del
ébola en Liberia y Sierra Leona, o incluso los asesinatos del narcotráfico en
México. Es comprensible y estamos dispuestos a esperar; al fin y al cabo todos
esos son asuntos para llorar, y en cambio el nuestro es de risa.
Se presentaron en casa el otro día un par de señoras bien
vestidas, provistas de tarjetones del 9N, para hacernos una encuesta a Carmen y
a mí. La primera pregunta era en qué proponíamos invertir el excedente de 16 a 18 mil millones de euros
que tendríamos en caso de conseguir Catalunya la independencia. Debo decir que
Carmen y yo nos quedamos un poco impactados, y preguntamos de dónde salían
tales cifras. De un estudio hecho por economistas muy competentes, nos dijeron.
Ah bueno, otra simulación, ya se sabe cómo funcionan los pronósticos de los
economistas y qué fiabilidad se les puede dar.
Pero a pesar de nuestra buena voluntad para encajar la cifra en
cuestión, la encuesta se torció de inmediato de modo irremisible. Fue cuando
explicamos a las dos amables voluntarias que no nos interesaba cómo se
repartiría el dinero de más que íbamos a tener con la
independencia, sino el dinero que ya
tenemos. ¿Va a seguir
repartiéndose igual que hasta ahora, hacia las mismas personas y los mismos
grupos, con las mismas prioridades, por los mismos canales, con idéntica
transparencia? Las señoras no atinaron a darnos ninguna respuesta, y
renunciamos a cumplimentar los ítems de la encuesta que venían a continuación.
Si la mayor parte del pastel va a seguir repartiéndose de la misma forma que
hasta ahora, para ese viaje a Ítaca no hacen falta alforjas.
