domingo, 16 de mayo de 2021

EL FLAUTISTA Y EL REBAÑO

 


Ha sido solo un sondeo, pero como el halcón de Hammett, parece hecho de la materia con la que se fabrican los sueños. En una repetición de las elecciones autonómicas, el PSC de Salvador Illa se afianzaría en el primer lugar, Esquerra mantendría el sorpasso a Junts, y el independentismo conseguiría de nuevo la mayoría sin necesidad de pagar un peaje a la CUP. Miel sobre hojuelas para ellos si desde Waterloo no siguieran empeñados en convertir en funcional ese cuerpo extraño a la democracia representativa que llaman Consell per la República, un adefesio autoelegido mediante el cual quieren dar estado “constitucional” a organizaciones de origen y currículo tan oscuros como la ANC, Omnium y los CDR (ahora también las Cambres de Comerç, en una voltereta inverosímil).

Lo más importante, sin embargo, es que los catalanes preferimos por amplio margen una solución en tripartito con PSC, ERC y ECP, a un gobierno independentista pata negra. De forma educada y sin levantar la voz, los sondeados han dicho la suya. Eso vale casi más que unas elecciones a palo seco. El odio emponzoñado a los traïdors y a los botiflers es cosa de unas determinadas alturas en las que se asientan, excelentemente remuneradas/os, unas/os profesionales de la maraña política. El pueblo llano, tanto el de sentimientos indepes como el que no, lo que preferiría es tener un gobierno sólido y sensato, sin fantasías, que facilite la vida y el trabajo a las personas pacíficas. Este siempre ha sido un país mestizo, un crisol de razas y de culturas, en el que el respeto hacia la diferencia predominaba por encima del amor desmedido a las virtudes inalienables de lo propio. Los banqueros y los capitanes de industria formaban parte inevitable de la perspectiva general, qué remedio, pero nuestra norma consuetudinaria con ellos era el diálogo desde un punto de partida de “vive y deja vivir”. Lo pinto de un modo idílico y no lo era, ya lo sé. Lo hago para subrayar que banqueros como la familia Pujol y capitanes de industria como Artur Mas se nos han subido a las barbas con la intención de meternos el dedo en el ojo a los “colonos”. Detrás de ellos viene un rebaño esperpéntico de frikis bailando al son del flabiol que toca el Flautista de Hamelin-Waterloo.

Hasta ahí podíamos llegar.

Constato para terminar que las expectativas de En Comú Podem no suben en absoluto en el sondeo publicado. La formación se sitúa en el séptimo lugar de las preferencias de los sondeados, por debajo incluso de Vox y del PP.

Algo se está haciendo muy mal en una casa que fue en tiempos referente de una determinada forma de entender Catalunya. Algunas partes componentes del conglomerado sociopolítico en cuestión reivindican con orgullo su tradición; pero no advierto que tengan mucho eco entre la ciudadanía, ni en el mundo del trabajo, ni en los distintos “frentes de lucha” como los llamábamos en otro tiempo.

Una explicación, que se ofrece barata en los mercadillos de la política, es que la gente es tonta y no sabe votar. Bueno. En las aulas los buenos maestros son los que se saben colocar en el nivel (tirando a bajo) de sus alumnos y sacar a partir de ahí lo mejor de ellos; no los que despotrican de la mala suerte que han tenido al ir a caer en una clase de curts de gambals.