sábado, 3 de septiembre de 2022

A LAS MALAS

 


De brazos cruzados. Juan Rulfo con un amigo de Comala.

 

«Me moriré en París con aguacero, / un día del que tengo ya el recuerdo», escribió César Vallejo (en “Piedra negra sobre una piedra blanca”). Para completar la profecía, señaló como fecha “tal vez” un jueves (“como hoy”) de otoño. No fue en otoño ni en jueves, sino un viernes santo, en París y con lluvia. El 15 de abril de 1938.

Todos morimos muchas veces en vida, y seguimos adelante por lo general. Una vez, una sola, es la definitiva, esa que se presenta “a las malas” y no concede prórrogas.

Bueno, yo tengo también el recuerdo de mi muerte, de noche en una cama familiar (aborrezco las muertes en camas de hospital; para morir así, francamente, preferiría no morirme). Esta noche he sentido algo parecido a la sensación de otras ocasiones, un ahogo, un delirio de perfil bajo, un dejarme ir poco a poco mientras una lucecita interior me alertaba: “¿qué te está pasando?”. Me he levantado sin problema, he ido al baño y luego me he asomado a la terraza a ver dormir el mar bajo el espesor de un cielo nublado en el que no brillaban las estrellas.

Todo el proceso puede haber sido un ensayo, uno más, quizás aún no el ensayo general del día antes del estreno pero quién puede intuirlo, lo hizo César Vallejo, yo no.

Sentado en la terraza; seis y unos minutos de la mañana. Todo oscuro aún. Olor de mar, viento flojo. El corazón, que se me había disparado, se ha ido acompasando poco a poco. La Dama del Alba – si era ella – se ha retirado en algún momento de puntillas, sin hacer ruido, tal vez con una sonrisa enigmática a flor de labios, como la Gioconda. “¡Perillán!”, me habrá dicho en susurros, si era ella. O bien otra palabra antigua, en desuso, como gusta hacer la Dama.

Al rato he visto asomar una claridad por la esquina del oriente del cielo y me he vuelto a mi cama, junto a Carmen dormida, a apurar los últimos tragos de la noche.

 


René Gruau: “Lady in a doorway wearing red dress” (1947).