miércoles, 28 de septiembre de 2022

EL TIEMPO Y LAS CATEDRALES

 


    

Isa delante de la catedral de Estrasburgo. Increíblemente bello en los detalles, el edificio resulta sobrecogedor visto desde el nivel del suelo. (Foto, Pedro López Provencio)

 

Vimos dos catedrales admirables en Renania; y pudieron ser tres con la de Luxemburgo, pero un concierto programado a la misma hora de nuestra visita frustró nuestras expectativas.

Me limito entonces a lo que vi en Tréveris y en Estrasburgo. La primera está hoy en Alemania y la otra en Francia, pero la adscripción nacional es engañosa en este caso. Las dos nacieron en el mismo contexto del país del Rin, y durante dos imperios sucesivos: el romano en Tréveris, el carolingio en Estrasburgo.

Un inciso: los templos no tienen mucho que ver con los dogmas religiosos; los dos de los que hablo aquí han pasado por periodos de culto católico y de culto reformado. Supongo que en cada caso los nuevos ocupantes practicarían exorcismos adecuados para garantizar la salud espiritual de su parroquia. En la catedral de Córdoba hubo de rizarse el rizo, cuando los okupas que se adueñaron de ella adscribieron aquel edificio singular a unos ritos incompatibles con su anterior condición de mezquita.

No fueron los sacerdotes sino los ayuntamientos, los gremios y las guildas, los artesanos y los menestrales, los caballeros y los mercaderes, los albañiles y los peones y las mujeres que cocinaron para ellos y les confortaron en sus fatigas, quienes levantaron las catedrales. Por eso son tan interesantes; conservan las huellas de sociedades que quisieron inmortalizarse a sí mismas en un espacio en el que pusieron lo mejor, lo más desinteresado y sublime de sus propias trayectorias vitales.

 


Catedral de Tréveris.

La catedral de Tréveris empezó a formarse a partir de la donación de unas casas hecha por Elena, la madre del emperador Constantino, en el siglo IV. El templo creció a lo largo de muchos siglos de una forma orgánica, acompañando siempre a los hombres y mujeres que habitaban la ciudad. Ese crecimiento fue sobre todo horizontal, mediante nuevos cuerpos de edificios que se agregaban unos a otros. El “estilo” concreto de esos añadidos evolucionó con el gusto de la sociedad y con los medios técnicos puestos a disposición de los constructores. Christoff, nuestro guía, nos condujo a un punto en el patio del claustro en el que eran visibles los distintos conjuntos arquitectónicos superpuestos: romano, románico, gótico, renacentista, barroco.

Algo parecido ocurrió en Estrasburgo, aunque en un arco temporal mucho más corto. No era por entonces una ciudad francesa, sino del Sacro Imperio. Sus características son más renanas que propiamente francesas, aunque es cierto que en aquella época los maestros de obras circulaban con facilidad de un lado a otro de unas fronteras convencionales, siempre para cumplir con encargos fabulosos.

En 1399 fue llamado a completar la obra de la catedral el arquitecto imperial Ulrich von Ensingen. Venía de construir la torre de la catedral de Ulm, y recibió el encargo de construir otra torre que superara todo lo antes visto, Ulm incluida. Cuando la traza diseñada por Ulrich se materializó, la catedral de Estrasburgo se convirtió, con sus 142 metros, en la construcción de mayor altura de toda la cristiandad. La torre, y con ella toda la elaboradísima fachada, se nos cae encima casi de forma literal cuando la contemplamos desde abajo, como humildes hormigas.

A finales del siglo XVI se construyó, en un recinto situado junto a la nave principal, un “reloj astronómico” con autómatas que se movían para dar las horas, las medias y los cuartos. Es otro prodigio prácticamente único en su época, pero también es prácticamente una repetición: el tiempo que marca estaba ya inserto en las piedras venerables del templo.  

 


En la nave principal de la catedral de Tréveris, en compañía de un guía peculiar, Christoff: carece de licencia, y comparte por afición su sabiduría con los turistas españoles, en recuerdo y homenaje a su esposa madrileña, fallecida hace pocos años. (Foto, Carmen Martorell)