miércoles, 7 de septiembre de 2022

GLOBO SONDA

 


Lo malo que tiene Feijoo es que se le nota todo. Lejos del arquetipo del gallego que nunca se sabe si sube o baja la escalera, a él se le notan las ganas de subir a toda costa, y lo incómodo que se encuentra en el rellano. Le llega mucha presión desde las alturas, y hay muchas sinecuras pendientes de repartir entre los fieles de las bases. Feijoo, con sus modos de señorito, está dispuesto a “llegar”, atropellando a quien sea. Quiere hacer efectivo (en cash) el crédito de los sondeos, cuando los sondeos ni siquiera le garantizan una mayoría adecuada, ni aun con una ayudita de Vox, opción que ahora al parecer no está tan mal vista por el Grupo Popular Europeo.

En una primera etapa, Feijoo ha propuesto a Sánchez un apoyo homeopático hasta el final de la legislatura, si solo cambia a los ministros que no son “suyos” (léase, los de Unidas Podemos). Después, en las próximas elecciones los dos estadistas se jugarían el bote acumulado a la carta más alta.

La artimaña tiene escaso recorrido. Sánchez no está apurado en ningún sentido, la legislatura va viento en popa, las alianzas parlamentarias responden y las leyes se aprueban. Queda pendiente el desafío serio para el otoño que propone el sindicalismo confederal, al reclamar subidas salariales acordes con la subida en flecha del coste de la vida, mientras la patronal, beneficiada por el alza de los precios, se llama andana en esta situación en particular.

Una posición de equidistancia institucional en la refriega social sería agradecida por la patronal, dado que la ministra de Trabajo y su equipo se están significando de forma pública en favor de la reclamación de los sindicatos. Los salarios deben subir, y los beneficios empresariales extraordinarios deben ser contenidos, en aras de una salida más respirable al impase en el que se encuentra un mercado deprimido en el que una gran parte de la fuerza de trabajo no acepta ya los salarios míseros, las horas extra no pagadas y las condiciones abusivas que ofrecen, en sectores neurálgicos, unos empresarios demasiado acostumbrados a aprovecharse del apuro de personas que subsisten por debajo del umbral de la miseria.

Pero no será Feijoo quien gane o pierda esa escaramuza de otoño. Nada puede ofrecer a Sánchez porque su postura está ya fijada en el conflicto. Entre las cuatro ideas genéricas y mal cosidas que defiende, están la bajada de impuestos a los empresarios y la contención salarial. El etéreo apoyo que ofrece al gobierno a cambio de la destitución de Yolanda Díaz no llegaría más lejos de unos dogmas neoliberales reciamente asumidos desde el fondo de un estómago agradecido, y por tanto indiscutibles. En ningún caso puede pensarse que llegará hasta el non plus ultra de la neutralidad institucional, y la neutralidad institucional ya la defienden muchas otras personas, en el gobierno y en la sociedad.

Resumiendo, lo de Feijoo ayer ha sido un globo sonda, o más bien un episodio más del “Quiero ser califa en lugar del califa” que atormentaba al visir Iznogud en aquellos cómics de culto dibujados por Jean Tabary (1930-2011) con guión de René Goscinny (1926-1977).