Jon Voight y Dustin Hoffman en
un fotograma de ‘Cowboy de medianoche’, película de John Schlesinger (1969).
Daniel Bernabé
compara, en un artículo en InfoLibre, a los dirigentes de Podemos (“Iglesias y
los suyos”), con el personaje de “Cowboy
de medianoche” interpretado por Jon Voight. «La cuestión ya no es si ganan o no unas elecciones, sino preguntarse
cómo pueden seguir de pie a estas alturas de la pelea habiendo recibido tantos
golpes.»
Conscientes o no,
hay varios malentendidos implícitos en el texto. Quizá conviene recordar que la
película de John Schlesinger es de 1969, y Bernabé nació en 1980. Bernabé no
conoció de primera mano el perfume de los “treinta años gloriosos” en el primer
mundo (no en España, donde no teníamos un Estado social democrático sino una
dictadura bastante desgastada, que daba coletazos represivos tremendos). La
lectura que hace Bernabé de la película tergiversa el contexto al suponer una
relación espiritual entre el cowboy perdido en las calles de Nueva York y los estudiantes
rebeldes de mayo del 68. Y al marcar un hiato “acrítico” entre los dos momentos
de crítica “fuerte” del 68 y del 15-M de 2015. Por medio estuvieron las grandes
luchas obreras de los setenta, el tremendo forcejeo de la Transición, la
conquista de la democracia, un (uno por lo menos) intento fallido de golpe de
Estado, la sombra negra del terrorismo, toda una historia compleja y llena de
ejemplos y de enseñanzas sobre la que traza una elegante elipsis.
Bernabé, como
también “Iglesias y los suyos”, nació a la política un 15-M. Eso no es bueno ni
malo en sí mismo. Pero hay gente nacida a la política muchos años antes, gente
que ha recibido muchos más golpes que Iglesias y los suyos. Que los sigue
recibiendo, que insiste sin descanso en una idea de la política que tiene poco
que ver con ese rechazo crítico del sueño (de alguna manera) americano, que maneja
con desparpajo Daniel Bernabé.
Estilizar la
realidad y polarizarla a conveniencia no es justo. ¿Por qué no rompe una lanza
Bernabé en favor de Pedro Sánchez o de Salvador Illa, que están en la brecha y
son seguramente más odiados por la caverna mediática que el propio Iglesias? ¿No
se le olvidan, sin querer, la persona, el contexto y la trayectoria de Arnaldo
Otegi? Julen Madariaga, por cierto, uno de los fundadores de ETA, acaba de
morir a los 88 años. ¿Qué nos dice Bernabé, por otra parte, de Ada Colau, la
alcaldesa de Barcelona que no vive en un casoplón y es tildada de pescatera o
de fregatriz por el gratin de Sant
Gervasi? Ahora mismo se nos ha muerto también Arcadi Oliveres, una persona
ejemplar, consecuente, infatigable en su búsqueda humanista. «Y yo, con más
albedrío, ¿tengo menos publicidad?», podría haberse preguntado el irreductible
Arcadi con toda la razón.
No hablemos ya de los
comunistas, ese extraño grupo humano. Puede alegarse, desde luego, que sus
errores han sido muchos, pero otro tanto cabe achacar a “Iglesias y los suyos”
en muchos menos años de actividad política práctica. Los comunistas fueron y
siguen siendo el “coco”; el eslogan de Ayuso para las próximas elecciones no es
“podemismo o libertad”, recuérdenlo los olvidadizos. Iglesias acude a la cita electoral engalanado
en buena parte con plumas ajenas.
Los comunistas han
sido reiteradamente machacados en este país: en los campos de batalla de la
guerra civil primero, y luego en los paredones de la primera represión, en las
comisarías, en las cárceles, en las cartas de despido de sus empleos, en las
pensiones tan menguadas que apenas les dan para vivir, cuando no son
inexistentes.
Bernabé no se
pregunta por qué, a pesar de todo, siguen en pie. Por qué no han desaparecido
ya de la faz de la tierra como tantas especies zoológicas en peligro de
extinción en un hábitat hostil.