jueves, 14 de enero de 2021

IMPEACHMENTS

 


El estrecho camino de la legalidad (metáfora). 

. Ano Syros, 2020.

 

El GOP (Great Old Party), es decir el partido republicano de los Estados Unidos, ha rectificado parcialmente su desvarío trumpista, lo cual ha facilitado la aplicación oportuna de la regla del impeachment, que en un primer intento no había funcionado.

Es una buena noticia, aunque haya sucedido en los minutos de la basura del mandato de Donald Trump, un paranoico decidido a utilizar todas sus prerrogativas para hacer daño a la democracia americana; la más antigua de las democracias modernas, un dato para no olvidar.

Cabe suponer que la medida permitirá abortar una potencial “traca final” del Carioco de la Casa Blanca, sobre la que alertan investigaciones del FBI. La defensa de la democracia se ejerce siempre en modo activo, y no por pasiva. Nada puede dejarse al laissez-faire ni darse por supuesto en este terreno, porque el concepto de “democracia” remite directamente a los derechos esenciales de las personas: a sus derechos políticos en primer lugar, pero a partir de ahí, y en cascada, a todos sus derechos sociales e individuales, que, privados del marco institucional adecuado, dejan de existir.

Al parar los pies a la antipolítica y a la infracción consciente del marco de garantías y equilibrios de poder que implica una democracia, se está ahondando en la raíz misma de las cosas de cada día, las cosas de comer. Toda infección, todo escamoteo de las leyes que la comunidad se ha dado a sí misma, generan desamparo y ponen en peligro de varias maneras las vidas de las personas.

En nuestra joven democracia, en nuestra Constitución que aún no llega al medio siglo de existencia, no hay apenas providencias contra la antipolítica ni contra el abuso de poder. Se trata de una Constitución buenista, para expresarlo de alguna forma. Aún perdura el eco de Cádiz, donde se escribió que los españoles somos justos y benéficos. Y una mierda.

Está, sí, el artículo 155 respecto de las autonomías. Solo ha sido utilizado en una ocasión (bien utilizado, nada que reprochar), pero bien podría resucitarse ahora mismo para corregir la situación extrema por la que atraviesa la CAM. Por escrúpulo garantista, se concibe en un sentido muy restringido la incapacidad de las autonomías para cumplir su función en relación al conjunto del país; y en consecuencia, las medidas abiertamente sediciosas e insolidarias del actual “Madridexit” tienden a pasar inadvertidas para los expertos, cubiertas como están bajo kilómetros de banderas constitucionales. Algo falla, Madrid incumple sus obligaciones con la España que tiene siempre en boca, y no pasa nada.

Algo falla también cuando se extiende, sin cobertura jurídica contrastada, la inviolabilidad jurídica prevista para las máximas personalidades del Estado, hasta una impunidad de facto y sin límite para cualquier enjuague privado en el que se impliquen. No puede entenderse el respeto a la monarquía como un absoluto; el respeto, o se merece, o no es nada. Los monárquicos deberían ser los primeros en darse cuenta de que no fortalecen su sentimiento sincero en favor de la institución, si siguen haciendo la ola a un hooligan que nos ha meado a todos en la boca abierta.

No lo digo por esa comisión parlamentaria que no se va a concretar por escrúpulos de los gobernantes del PSOE. Es ya historia que nuestras comisiones parlamentarias son por regla general telegénicas, pero no eficaces.

Lo digo porque necesitamos con urgencia vacunas contrastadas, también para este virus que desmejora de día en día nuestra democracia febril, taquicárdica y con ahogos intermitentes. Lo primero es antes, sin duda; pero en punto a prevención, no habrá de dejarse para muy luego un aumento de la vigilancia, una dinamización de las alertas tempranas, y un avance rápido en la creación de cortafuegos para que no se nos queme el bosque, cualquier día.