jueves, 30 de noviembre de 2023

SIN NOTICIAS DEL JUICIO FINAL, AUNQUE ÁNGELES JUDICIALES HAGAN SONAR SUS TUBAS

 


Primeros días de estancia en Atenas. Hemos tomado esta mañana el metro a Monastiraki, una plaza que tiene por skyline la Acrópolis vista desde el lado Norte. Desde allí, en un paseo casi ritual, hemos subido por la calle comercial Pandrossou hasta la plaza Mitropoleos, en la que coinciden lado a lado la iglesia bizantina más bonita de todas, la de la Madre de Dios Dispensadora de Gracias y San Eleuterio, visible al fondo en la foto, y la más fea, cuyo lateral se entrevé a la izquierda: la moderna catedral ortodoxa de Atenas, ahora por lo menos libre de andamios después de años y años de reformas y apuntalamientos. (Advertencia: nada que ver entre la foto y el texto que sigue.)

 

La mayoría conservadora “de facto” del Poder Judicial ha decidido considerar no idóneo al Fiscal General del Estado, según noticia aparecida hoy en los medios. Es la primera vez que tal cosa ocurre en democracia. Normalmente el CGPJ tomaba nota, y el nombramiento se acataba sin complicaciones. Ya no, y no por casualidad. Es el propio Consejo el que no es idóneo. Lleva cinco años caducado, y lucha en actitud de ilegítima defensa por su propia supervivencia. Si en lugar del CGPJ fuera un simple yogur, hace tiempo lo habríamos tirado a la basura. No merece estar en otro lado.

Nuevo capítulo, entonces, del pulso del Poder Judicial al Ejecutivo. No es viable algo así en democracia, en un contexto institucional asentado, en el corazón mismo de una Unión Europea contra la que también se arman vientos de Fronda desde la derecha, pero que sigue siendo una garantía de los derechos de las personas a las que la judicatura como institución tendría la función de proteger.

El objetivo de los conspicuos togados es desestabilizador, más allá del narcisismo que tan bien ha percibido López Bulla (los jueces golpistas se gustan, tirados como están allá arriba en el monte). Ellos se afanan en colaborar a la gestación de otra ¿democracia? posible en la que dispondrían como correa de transmisión de un gobiernillo genuino del Pipivox.

Estamos como país en una onda muy diferente. Las togas levantiscas son tan anacrónicas hoy como las puñetas de encaje de sus anchas mangas. El pulso que proponen es inviable. Más temprano que tarde, esta verdad se abrirá paso.

miércoles, 22 de noviembre de 2023

MATUSALÉN Y EL CHATGPT

 


La Justicia. Escultura en la tumba del cardenal d’Amboise. Catedral de Ruán (Francia).

 

He buscado combatir la melancolía de este casi eterno proceso de investidura mediante procedimientos expeditivos muy particulares. Uno de ellos ha sido recurrir a (o recaer en) la lectura de George Bernard Shaw.

El tomo correspondiente de la Biblioteca de Premios Nobel de Aguilar (traducción de Julio Broutá, prólogo de A.C. Ward) me fue regalado por Reyes en 1963, a mis 19 años. Lo leí muy deprisa, saltándome por sistema los prólogos y quizás alguna otra cosa. Luego crio polvo de forma consistente en un rincón de mi biblioteca. Lo he sacado de ahí para centrar mi atención en algunos de los prólogos que me salté entonces y en las tres piezas que contiene (de un total de cinco), del ciclo “Volviendo a Matusalén” (Back to Methuselah), cuyas páginas leí en diagonal hace 60 años. Me parecieron entonces un rollo macabeo, en comparación con las comedias que sí me gustaron (Cándida, La casa de las penas, Pigmalión…)

Shaw escribió su ciclo de Matusalén entre 1918 y 1920, bajo la depresión que le produjo el desarrollo de lo que entonces se llamó la Gran Guerra. Su tesis es que hacen falta periodos de tiempo más amplios que el que abarca la vida humana media (unos 80 años) para que sea rentable que hombres y mujeres atiendan de forma adecuada a las cuestiones realmente trascendentes, capaces de asegurar la resiliencia y la sostenibilidad de la humanidad, para decirlo con términos actualmente en boga, que él no emplea.

En la última pieza del ciclo aparece, en una escena corta, el personaje de Pigmalión, del que Shaw se había servido ya en una obra anterior. Es aquí un artista capaz de dar vida a la materia más allá del arte, y no un profesor de fonética.

Estamos en el año 31.920 después de Cristo, y la humanidad ha evolucionado considerablemente. El entorno no es urbano, sino natural: prados y bosques en torno a un templete vagamente griego.

Los jóvenes de “ahora” colocan por encima de todo los valores de la belleza física, el arte y el amor; los ancianos consideran tales cosas “juguetes” y sienten mayor inclinación, por ejemplo, hacia las matemáticas que hacia las relaciones personales y sociales.

En una discusión colectiva en la que unos y otros presentan sus argumentos, comparece de improviso Pigmalión, y anuncia que ha conseguido crear con los materiales mismos de la vida una figura humana masculina y otra femenina, ambas de una estética perfecta: bellas, elegantes, majestuosas.

El artista no está satisfecho, sin embargo. Sus creaciones, dice, adolecen de una inteligencia “artificial”, con lo que quiere expresar que captan ideas y sentimientos de otros, pero no razonan por sí mismos; carecen de “alma”.

Los jóvenes, sin embargo, admiran la ejecución perfecta de los cuerpos, mientras los ancianos, desconfiados, los miran de reojo. Un joven, Acis, se dirige a la figura masculina presentada por el escultor, con ánimo de dialogar: “¿Qué piensa de lo que ve a su alrededor? Vamos, de nosotros y de lo que hacemos y hablamos.”

La respuesta es digna de la mejor IA de ChatGPT: “Todavía no he leído los periódicos de hoy.”

Una sorprendente retroactualización, pienso, de un concepto tenido hoy por novísimo… y seguramente, la crítica más aguda que puede hacerse del mismo.

jueves, 2 de noviembre de 2023

SINDICATO E INNOVACIÓN. UNA CORRELACIÓN DESEABLE

 


Antonio da FABRIANO, “San Jerónimo en su estudio”, Walters Art Gallery, Baltimore. Retrato de un intelectual (¿innovador?, lo ignoro) dedicado a su labor. Compartido de FB por gentileza de Miriam Beso.

 

Hace algunos meses, traje a estas páginas un apunte para una reflexión en germen; quiero decir con ello, una reflexión necesitada de mayor desarrollo. Lo titulé «El sindicato en la primera mitad del siglo XXI» (1). Lo que allí se indica es congruente con la idea de un mayor protagonismo del sindicato en la política, desde su peculiar autonomía y centrado en sus objetivos propios, que no son los avatares del gobierno ni el respaldo subalterno a una u otra opción política desde “dentro” de las fábricas. (Si puede hablarse aún en nuestro tiempo de “fábrica” y de una fuerza de trabajo ordenadamente incluida en ella, cuestión por lo menos dudosa.)

Dos trabajos recientes de compañeros y amigos me ayudan a avanzar algo más en la concreción de aquel apunte, siguiendo una dirección concreta: el gobierno de la innovación. La innovación en los procesos productivos es un salto adelante, que abre un cambio de perspectiva. Si el sindicato (hablo de sindicato siempre en cuanto institución, sin referirme a esta o aquella central sindical, española o de otro país) no atiende a la innovación y no la asume como cuestión propia, esa innovación será gobernada por la contraparte, con consecuencias fácilmente previsibles. El primer deber, entonces, de los sindicatos sería estar “al loro”. Pero hay mucho más.

Explica Quim González Muntadas en su artículo «Romper piedras o construir una catedral», en “On Economía” (2), que según un estudio reciente del Boston Consulting Group, que abarca 17 años de innovación corporativa, el 78% de las ideas innovadoras incorporadas a los procesos productivos procede de los propios trabajadores de la empresa que las lleva a la práctica.

Un porcentaje tan abrumador de participación del factor trabajo en la innovación “real” (no solo ni principalmente esa “innovación” presentada como la única existente, publicitada y puesta en el mercado bajo la protección de patentes), implica que sería disfuncional y desastroso para la sociedad que quienes innovan – todos los días la inteligencia natural del colectivo trabajador está innovando en la economía real – sean apartados del gobierno de eso que ellos mismos han hecho funcionar en primerísimo lugar. Corresponde al sindicato, un ente también creado y organizado desde el trabajo, garantizar esa labor de gobierno y de control en todo lo que se sitúa más allá del centro de trabajo (el “ecocentro de trabajo”, para emplear una bella expresión de José Luis López Bulla). Incluida la negociación colectiva pero también, por supuesto, la concertación puntual con patronal y gobierno.

Así parece reconocerlo y recomendarlo Joe Biden, el presidente de EEUU, en una orden ejecutiva tendente a regular la inteligencia artificial. Es decir, regular y poner límites a una innovación gigantesca pero también particularmente peligrosa si es utilizada de forma sesgada para pervertir las relaciones entre personas y grupos sociales, en un contexto en el que tienden a borrarse adrede fronteras éticas que durante siglos han permanecido inamovibles. Al respecto, remito al lector de este apunte a la entrada del blog de Antonio Baylos «Modelos regulativos de la inteligencia artificial: la orden ejecutiva del presidente Biden» (3).

Puede ser revelador destacar en particular un párrafo de la orden presidencial que se refiere al alcance y las dimensiones de una apuesta que exige una presencia sindical vigorosa y positiva: En el propio lugar de trabajo, la IA [inteligencia artifical] no debe desplegarse de forma que socave los derechos, empeore la calidad del empleo, fomente la vigilancia indebida de los trabajadores, reduzca la competencia en el mercado, introduzca nuevos riesgos para la salud y la seguridad o cause perturbaciones perjudiciales en la mano de obra. Los próximos pasos críticos en el desarrollo de la IA deben basarse en las opiniones de los trabajadores, los sindicatos, los educadores y los empresarios para apoyar usos responsables de la IA que mejoren la vida de los trabajadores, aumenten positivamente el trabajo humano y ayuden a todas las personas a disfrutar de forma segura de los beneficios y las oportunidades de la innovación tecnológica.

(1)  Ver https://vamosapuntoycontrapunto.blogspot.com/2023/05/el-sindicato-en-la-primera-mitad-del.html

(2)  Ver https://www.elnacional.cat/oneconomia/es/opinion/romper-piedras-construir-catedral-quim-gonzalez-muntadas_1116967_102.html?fbclid=IwAR1_fHx4R0nJpcna8IfB25jBt51CiijEQN1ls9IYgi1RAuFVZbcHphe70E0

(3)  Ver https://baylos.blogspot.com/2023/11/modelos-regulativos-de-la-inteligencia.html?spref=fb&fbclid=IwAR18Pd6qLJiwi_JyMZxzqx5ecvlXYYPiumfUavut1BWnQQoLkmvhF0yfr6w