jueves, 31 de diciembre de 2020

RIEN NE VA PLUS

 


 

Están hechas las apuestas, y la bolita de la ruleta del 14-F ha empezado a girar. Como ocurre siempre, ha habido recolocaciones de última hora. Una es poco trascendente, la otra seguramente sí.

Digamos que tanto da que Lorena Roldán aparezca como número dos de Carrizosa o de Alejandro Fernández. Siempre es Lorena Roldán, y su discurso es siempre el que le pase el correspondiente escriba sentado. De ser un mal sucedáneo de Inés, la chica va a pasar a ser un mal remiendo de Cayetana. Quizás alguien sepa explicarme qué gana nadie con el cambio.

Salvador Illa sustituye a Miquel Iceta al frente de la papeleta del PSC, y eso sí tiene bemoles. No ha sido un movimiento apresurado ni precipitado por la marejada de los sondeos: se venía fraguando desde hace tiempo, Sánchez no había querido que se anunciara aún, esperó para hacerlo a la llegada masiva de las vacunas, es decir a pasar una página significativa en la lucha contra la pandemia, que por ser lo primero es antes, tal y como de forma insistentemente pedagógica nos dice todos los días el maestro Bulla que decía el maestro Venancio (que tampoco fue su inventor, el intríngulis proviene al parecer de la villa de Herencia).

Tenemos entonces a Salvador Illa en la parrilla de salida. Ojo, se trata de un fondista de raza, una especie de etíope de las maratones políticas, y su decisión, tomada a los 54 años cumplidos, se configura nada menos que como una opción de vida, madurada con sosiego.

No está cantado que su número vaya a salir el 14-F, pero sí lo está que ha vuelto a Catalunya para quedarse. Va a ser un activo importante en la batalla de las ideas, no únicamente una baza electoral. Ha sido antes alcalde de La Roca del Vallés (Com el Vallés no hi ha res, dijo Pere Quart y nadie le ha desmentido), elegido incluso en una ocasión con mayoría absoluta; ha dirigido el área de Organización del PSC; tiene experiencia de gestión; es un negociador de una habilidad puesta a prueba, y tiene toneladas de sentido común frente a los ladridos intemperantes de los “empitjoradors”, los empeoradores, como les llama Raimon Obiols. Si es necesario morder, muerde también; lo hemos visto en la Comisión correspondiente del Parlamento.

Las primeras pedradas enviadas desde la derechona han ido desviadas: después de pedir a gritos su dimisión, le acusan de irresponsable por dimitir. La primera alerta desde los aledaños de Waterloo lo señala como un cuerpo extraño venido “de fora” por más que sea incontestablemente catalán, sí, pero botifler y traïdor.

No nos dicen nada nuevo, somos ya una munió muy considerable los traidores a todas las causas sagradas: unos 26 millones en toda España según un cálculo apresurado hecho en la cantina de oficiales de un regimiento; y no menos de 4 millones en Cataluña vistos los sondeos de intención de voto y sin contar con que el vaso de cristal prístino del Donec perficiam acudirá a las urnas roto en cinco pedazos difíciles de recomponer, por la presencia, entre los añicos más delicados, de muestras arquetípicas así de supremacismo virtual como de fascismo puro y duro.

Es más interesante el trayecto que pueden tener el PSC y su presidenciable Illa en contacto con otras fuerzas políticas, más marginadas hasta ahora que marginales, y con instituciones tales como el Ayuntamiento y la Diputación de Barcelona, las universidades, los grandes centros públicos de salud, los sindicatos, las patronales, las organizaciones no gubernamentales, y los elementos significativos de la sociedad civil no tutorizados por la señora Paluzie o el señor Canadell.

Es importante que nazca un nuevo diálogo abierto a todos los acimuts. No de aquí al 14-F, eso está ya descontado; sino muy en particular a partir del 14-F y muy en adelante.

 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

UN MUNDO ESCINDIDO ENTRE DEVOTOS Y RÉPROBOS

 


El tímpano de la fachada principal de la abacial de Sainte-Foy de Conques.

 

Carmen y yo estuvimos dando vueltas por el Aveyron en el año 2006. Teníamos por entonces una afición muy marcada a las escapadas esporádicas de nuestros trabajos respectivos. Tomábamos a la menor oportunidad del calendario carretera y manta, y salíamos a ver el ancho mundo como hicieron muchos siglos atrás los Argonautas con un pretexto ínfimo (¿quién ha oído hablar desde entonces de un vellocino de oro?)

Nuestros pasos nos llevaron derechamente, en aquel trance, a Conques, el pueblo señoreado por la iglesia abacial de la Sainte-Foy, levantada entre los siglos VIII y XII. Una arquitectura magnífica, un entorno natural majestuoso, y un tímpano singular labrado en relieve.

Son dos, en rigor, los tímpanos que resumen el mundo medieval en el sur de Francia: el de Moissac (1) despliega la jerarquía, el de Conques la retribución. El Pantocrátor preside aquí el juicio final. Dos ángeles, arriba, llaman a juicio a los mortales haciendo sonar trompetas. Algunas cabezas (los “curiosos”) asoman por el borde de la escena para no perderse lo que ocurre. El juicio se desarrolla en el centro de la escena y los bienaventurados pasan, abajo a la izquierda, a un cielo sostenido por bellas arcadas, mientras los réprobos caen por la derecha en el infierno mediante un procedimiento singular: son tragados por un Leviatán colocado a la entrada, que los caga literalmente al lugar de los suplicios. Por encima del revoltillo de torturas y torturados, una inscripción dice, más o menos: «Pecadores, cambiad de vida o sufriréis un juicio terrible.»

Un mundo presidido por la fe, la jerarquía, el sacrificio, la amenaza de las torturas eternas. Un mundo tan parecido al nuestro. Los tatarabuelos de nuestros tatarabuelos pagaban los tributos sin rechistar, evitaban cruzarse en el camino de los señores, mataban el cochino, pisaban la uva y jugaban a la bestia de las dos espaldas, vivían con fruición el instante y peregrinaban una o dos veces en la vida para darse golpes de pecho delante de tímpanos historiados que les revelaban en crudo relieve el destino que les esperaba en el más allá.

Una norma que no es en absoluto desaconsejable para quienes nos disponemos a cruzar el umbral de otro año, con la esperanza de una mejoría en nuestros negocios y con el temor simultáneo a las pestes y las calamidades que nos pueden aguardar en el nuevo ciclo de la Tierra alrededor del Sol.

 


Conques visto desde el lateral de la Sainte-Foy.

(1) Ver http://vamosapollas.blogspot.com/2019/07/el-mundo-en-la-forma-de-un-timpano.html

 

martes, 29 de diciembre de 2020

TRAVESÍA DE LOS DÍAS

 


El lirio junto al balcón, días 28 y 29 de diciembre, hacia mediodía. Detrás, la albahaca de hoja ancha; cuando la plantamos, en septiembre, apenas se despuntaba del borde del macetero.

 

Tenemos ya billete de avión para volver a Barcelona, vía Madrid. Hay muchas incógnitas aún sobre el asunto, de momento nos ha ocurrido que reservamos para el día 24 de enero, domingo, y a las 24 horas el vuelo estaba cancelado. Hemos podido cambiar la reserva sin problema para otro día, no digo cuál para no gafarlo, pero quién sabe cuántas incidencias más habrá hasta la marcha de verdad, maleta en mano.

Y el tiempo, después de pasadas las austeras fiestas en el círculo familiar íntimo, se alarga de forma desmesurada. Por la mañana el ruiseñor de la casa de enfrente refila con sus trinos más jactanciosos, y le hace eco lastimero una tórtola de plumaje oscuro que no ha emigrado al sur (aquí las tórtolas no emigran, son aves casolanas, de costumbres invariables). Carmen y yo salimos a pasear con las mascarillas puestas y pasamos frente a la tienda de especias, que embalsama el ambiente en su torno. La especiera quería jubilarse ya y puso la tienda en venta, pero no son buenos tiempos para el comercio y no le ha llegado aún ninguna oferta. De modo que sigue abriendo todas las mañanas laborables y cuando nos ve pasar nos saluda con un “kalimera”. Por aquí todos nos conocen ya.

Los días pasados ha llovido fuerte, hoy en cambio el sol deslumbra con una luz fría, muy blanca. Nuestros paseos nos llevan a las tiendas indispensables del barrio, la panadería, el súper, el Lidl un poco más lejos para los quesos, el vino y el chocolate Los viernes teníamos el mercadillo cuatro manzanas más abajo, en dirección al estadio; pero no lo ha habido en nochebuena ni lo habrá para fin de año, y es lástima porque el género que compramos en los tenderetes (naranjas, tomates, hortalizas, pescado, olivas aliñadas) también podemos encontrarlo en el súper, pero no es igual de bueno.

Cuando salimos hemos de llevar en el bolsillo un impreso en el que hacemos constar día, hora y motivo de la salida. Se supone que nos los puede pedir la policía, y multarnos si no hay un motivo justificado para callejear. Nunca nos lo han pedido, esa inquisición tiene lugar en las cercanías de Sintagma o de la Acrópolis, nunca aquí en Egáleo.

De vuelta en casa repaso la prensa electrónica y curioseo por facebook. Hoy no se me ocurre nada que poner. Carmen me dice que no tengo ninguna obligación de postear todos los días, y es verdad. Riego la mata de alfábrega (albahaca) que tenemos en el balcón y llevo hasta ahí el lirio rojo que adorna la mesa del comedor, para fotografiarlo. Ya le hice una foto ayer, cuando empezaba a abrirse el capullo alargado como una espada, y saco otra hoy que los pétalos ya se han liberado. Es una flor frágil, pero está creciendo con ímpetu. Espero que ocurra lo mismo con nuestras esperanzas, que tienen el mismo color rojo intenso.

 

lunes, 28 de diciembre de 2020

ESE CATARRO CRÓNICO

 


El rider, icono de una realidad demediada (foto, El Periódico)

 

Lo dice Miqui Otero, en “Simón” (Blackie Books): «… ese catarro crónico que es la precariedad». Debo la cita a Joaquín Pérez Rey, que ha recomendado el libro en FB. Añade Joaquín otra espléndida pincelada acerca del trabajo de un rider aquejado de ese catarro crónico que no hay manera de sacarse de encima: «… tenía una flexibilidad total de horarios que le permitían no tener tiempo para nada a cambio de algo que tampoco se llamaba salario.»

No se puede explicar mejor ni con menos palabras. Así es la vida, ahora mismo, para muchos jóvenes y no tan jóvenes. No exactamente vida sino una agitación permanente, un malestar sordo, un sobrevivirse a golpe de ibuprofeno, un “se verá” respecto de lo que es posible esperar del orden natural de las cosas en un futuro con un horizonte muy bajo, muy a ras de suelo.

María Jesús Montero, ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, afirma en una entrevista publicada hoy en El País sentirse cómoda en la actual situación política del país y dentro de la coalición gobernante. Puede que se trate tan solo de una inocentada, hoy es día 28 de diciembre, en el Mundo Deportivo anuncian que Gerard Piqué se presenta a las elecciones para la presidencia del Barça. Hay un montón de bulos en la prensa, los días de Inocentes y los demás; todo el año está siendo de alguna manera una inocentada.

Esta es la reflexión de Montero, en su entrevista, sobre una determinada forma de hacer política basada en la incomodidad, la presión, el acoso, el bulo arrojadizo, el juicio de intenciones, la acusación burda, todo lo que llamaríamos, con las palabras de Miqui Otero para describir otra realidad paralela, el “catarro crónico”:

«… les interesa la bronca, porque se mueven en una posición simplista, binaria, que no se corresponde con la realidad. Todo siempre es mucho más complejo porque la vida es mucho más compleja, y moverte en ese populismo que significa el sí o el no, en vez de en el mundo de los matices.»

Es muy cierto lo que dice la ministra, pero no lo es menos que una política simplista y binaria se ajusta como un guante a la vida demediada del rider vocacional que ni viene ni va exactamente a ninguna parte, ni tiene trabajo ni salario propiamente dichos, y solo se agita en una convulsión permanente, en un catarro crónico, en una indigestión de fast food absorbido a bocados apresurados entre carrera y carrera para llevar a clientes lejanos pizzas en fundas de cartón o recetas servidas por la farmacia abierta 24 horas.

Las vidas precarias segregan una política también precaria, que se mueve a golpe de bandazos y carece de matices. La precariedad afecta ya también a los ricos, que viven amparados por las barreras y los seguratas que impiden el acceso de los mindundis a sus urbanizaciones de alto estanding. La suya tampoco es una vida completa, sino demediada, recelosa. Custodian sus patrimonios como el Gollum de Tolkien guardaba su “tesssoro” en el fondo de una caverna.

El primer objetivo de la política tendría que ser hoy mismo crear cauces para acceder colectivamente a una realidad más luminosa, más contrastada, más coloreada y con más sombras y matices que los que aparecen en una viñeta de cómic o en los sabores (kétchup, mostaza, salsa al queso) de una hamburguesa Big Mac.

La política que nos merecemos, para la vida que nos merecemos.

 

domingo, 27 de diciembre de 2020

VOLVER A LA CASILLA CERO

 


Ahora que llegan las vacunas contra el coronavirus, da la sensación de que podríamos volver a empezar en el mismo punto en que las circunstancias nos obligaron a dejarlo.

Un caso extremo, en esto de “volver a empezar”, es lo que ha hecho Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía, que ha adjudicado sin concurso la distribución de la vacuna a una empresa privada, Bidafarma.

O sea, nada de sanidad pública, al enemigo ni agua. Bidafarma ofrece además un valor añadido: su gerente de Relaciones Institucionales es Manuela Villena López, señora de Moreno Bonilla. Un maldito embrollo que explica las líneas maestras en las que se enmarca para nuestras derechas una idónea colaboración público-privada. En este caso, la colaboración empieza y acaba en la cama.

Isabel Díaz Ayuso va por un camino parecido. La “nueva normalización” le permitirá prescindir de unos 10.000 trabajadores sanitarios contratados apresuradamente en el primer pico de la pandemia, de modo que ya se anuncia que regresarán con el nuevo año al paro de donde salieron. Con el Zendal, se verá lo que se hace luego; tal vez se esté planeando reconvertirlo como templo expiatorio o como museo taurino.

Por cierto, no ha sido posible evitar que el Tribunal Supremo reconozca como enfermedad profesional el contagio de los sanitarios en contacto forzoso con enfermos de Covid. Un engorro, porque la Comunidad se verá obligada a asumir respecto de esos/as trabajadores/as unas responsabilidades de las que tenía previsto escaquearse con un escueto simpa: adiós, adiós para siempre, y si te he visto no me acuerdo.

El guardián del centeno teórico es en ambos casos Pablo Casado, un Donald Trump a la españolé. Sobre Casado acaba de decirlo todo José Luis López Bulla, en la entrada de hoy de su blog (1). Mi afición inmoderada a los artículos de Bulla me penaliza en ocasiones: el otro día me llamaron su “alter ego”. No me ofendí por eso. Dime de qué careces y te diré de lo que presumes, de modo que mejor dejar las cosas como están.

En cualquier caso, Bulla señala que Casado está desubicado en el nuevo paradigma global. Indiscutiblemente, es así. También es indiscutible que se despepita por volver de nuevo a la casilla cero y emprender la carrera al poder en igualdad de condiciones y mayoría de votos respecto a ese pesado de Sánchez. Casado se siente capaz de aportar a un gobierno de la derecha de siempre nuevas cualidades de levedad, improvisación, flexibilidad extrema y buen juego de piernas para perfeccionar una excelente y deseable colaboración público-privada al estilo de la andaluza.

Casado no ha venido a este mundo a predicar las bondades de la desregulación ni del caos creativo, todo eso ya lo han dicho otros, él ha pasado esa pantalla hace tiempo. Su propuesta de ahora mismo es aferrarse a los mandos de la play-station y tirar millas, así digan lo que digan la UE, el BCE, el FMI, el Banco Mundial y los sucesivos Premios Nobel de Economía, cada uno por separado o todos en mogollón.

Casado tiene una prisa loca por pillar cacho. En el momento del declive del hombre que más ha inspirado su loca trayectoria, se siente con fuerzas para ser un epígono digno e implantar en España, ya queda dicho de antes, un trumpismo a la españolé.

Queda al juicio del electorado el apoyo que merece la arriesgada pirueta del líder del PP. Se rumorea que un mal resultado en las elecciones catalanas podría ser su tumba. Bueno, pero ¿qué será en tal caso de Ayuso y de Moreno Bonilla?

Sea lo que sea, si no hay un severo golpe de timón a la derecha tal como se viene manifestando, lo que vendrá después de ellos será el diluvio. Ni más ni menos.

 

(1) http://lopezbulla.blogspot.com/2020/12/pablo-casado-no-tiene-quien-le-escriba.html

 

sábado, 26 de diciembre de 2020

LAPIDACIÓN

 


Martiri de Sant Esteve, obra de Pau Vergós en la iglesia de la Doma de La Garriga.

 

Hoy celebra la Iglesia la fiesta de San Esteban, el protomártir. Era raro que de niño pasara las navidades en La Garriga, porque la casa que tenían mis padres allí era muy fría y costaba calentarla. Pero si estábamos, no faltábamos a la misa de la Doma, iglesia habitualmente cerrada al público y donde ese día era posible admirar el retablo atribuido a Pau Vergós (m. 1495). El nombre de pila yo lo ponía en duda, porque en Barcelona había pasado por una calle de nombre Los Vergós, y pensaba si no se trataría del mismo. Alguien me aclaró más tarde que había habido una familia de artistas con ese apellido y que la calle los honraba a todos de forma indistinta. Me pareció injusto. Supuesto que en la posteridad yo me ganara a pulso el nombre de una calle, me habría molestado que pusieran en la placa “Los Rodríguez”. Hombre, por dios, que somos muchos a repartir.  

La gloria de san Esteban residía, por lo que alcancé a entender con mis escasas luces, en haber sido el Protomártir, lo cual significaba el primero de todos ellos, según me explicaron. Lo cual, a su vez, podía tener dos sentidos: o bien el de ganador de una concurrida carrera de mártires que pugnaban por llegar a la meta para conseguir la palma, o bien el de alumno con mejores notas en la evaluación de martirios del mes o del curso académico. Cualquiera de las dos posibilidades, lo más alto del podio en el primer caso y el lugar preferente en el cuadro de honor del colegio en el segundo, era importante, lo bastante para merecer un retablo rutilante de oros.   

De ese retablo, me fascinaba en particular la escena del martirio, porque se reproduce en ella el momento del impacto en la cabeza del santo de la piedra que lo va a matar. Y esa piedra, privada de movimiento porque un retablo no es una película, tenía más bien el aspecto de un apósito, una especie de moño estampado en la coronilla y rodeado por el aura de santidad. Pau Vergós era un artista del gótico tardío y no un pintor barroco deseoso de epatar al burgués, de modo que, puesto en la ocasión, optó por no hacer sangre, ni deleitarse con el cráneo quebrado: el santo guarda una compostura perfecta, revestido de sus improbables ropajes de diácono de casa rica.

Hace cientos de años (bueno, quizás exagero) que no he vuelto a ver el retablo en su mismidad; pero Google me ha ofrecido una reproducción mecánica enteramente satisfactoria. Me apresuro a compartirla con mis amigos lectores en estos días de recogimiento sacro y al mismo tiempo de confinamiento preventivo. Feliz solsticio a todos, y más solsticios que vengan.

 

viernes, 25 de diciembre de 2020

MEMORIAS DE GLORIAS ANTIGUAS

 


Vista de Rodas en julio de 2010 (foto, Carles Rodríguez Martorell)

 

Ahora que el Prado ha restaurado la melancólica sonrisa de la condesa de Chinchón, pintada por Goya, y que Vicente del Bosque ha cumplido los setenta en un estado envidiable de salud mental, es quizás el momento de reverdecer más sonrisas melancólicas, dedicadas a glorias antiguas que tu i jo sabem, i que sovint oblidem.

Con ese ánimo he rebuscado en archivos antiguos solapados en el disco duro de mi portátil, y he extraído un documento estremecedor. Es la denuncia de un atentado cultural deplorable, cometido por mano aleve pero sin duda catalana, y que sin duda posible se refiere al partido España-Paraguay del Mundial de fútbol de Sudáfrica. Fue enviado desde Rodas, pero forma parte de un grupo de mensajes a la familia almacenados durante una excursión por el Peloponeso con carencia total de wifi, de modo que lo más probable es que los apuntes fueran tomados en Mavrovouni, pequeña aglomeración playera situada al sur de Gythio (pronúnciese “Guizio”), y más concretamente en el establecimiento hotelero denominado Apartamentos Sophia.

Sin más preámbulo, copio el texto en cuestión.

«Lo Ripiòs ataca de nuevo (4.7.2010)

El cobarde terrorista cultural anónimo que se oculta bajo el alias de Lo Ripiòs ha atentado de nuevo contra el buen gusto con unos versots de su cosecha. El ex presidente Aznar los ha calificado de "albañilería poética un tanto chapucera", Cospedal ha culpado a Zapatero de alentar con su ineficacia la aparición de tan lamentables comportamientos, y Federico Trillo estudia la posibilidad de un nuevo recurso al Constitucional después de encargar a una comisión de expertos la traducción al cristiano del penoso engendro, tarea en la que se están volcando ya los mayores esfuerzos y que se espera esté concluida en la próxima legislatura o las siguientes.

Estos son los versos:

 

Inici de càntic en el estadi

Ara digueu, el Iniesta floreix

i el camp és ple de samarretes vermelles!

Piqué i Puyol, us podeu relaxar

perqué altre cop s'ha aparegut San Caselles.

Ah joves Xavis desclosos davant del Paraguai,

si sabíeu com l'Alba ens ha trigat,

com és llarg d'esperar

un sol golet de Villa en la tenebra!»

 

Sin comentarios.

 

jueves, 24 de diciembre de 2020

NO HAY BUSINESS COMO EL SHOW BUSINESS


Liza Minnelli y Joel Gray interpretando el número ‘Money, money’ en ‘Cabaret’ (Bob Fosse 1972). Cualquier parecido con Borràs y Puigdemont es pura coincidencia.

 

Finalmente, Carles Puigdemont liderará la lista de Barcelona de JxC a las autonómicas catalanas del 14 de febrero. Será la cabeza simbólica del movimiento, mientras que Laura Borràs ejercerá de candidata a la institución desde el Number Two.

La candidatura ofrece un programa atractivo y variado, en sintonía con los nuevos vientos que vienen de Europa: 1 – Desbordamiento, 2 – Democrático, 3 – Masivo, 4 – Sostenido, 5 - No Violento.

¿Cómo se come eso?, preguntará tal vez algún desprevenido. Fácil. Con dos huevos duros.

Puchi es el mejor cómico que ha dado Catalunya al mundo mundial desde que murió Chaplin. (¿No sabían que Carles Chaplín era catalán? El Institut Nova Història tiene muy avanzada una investigación que lo demuestra fefaentment, signifique ello lo que signifique) Y Puchi, como cómico experimentado, se sabe de carrerilla el axioma de que, pase lo que pase, la función debe continuar.

Pase lo que pase, es decir a pesar de los revolcones en los tribunales, los desaires en los parlamentos, los pronósticos en los sondeos, y el se me’n fot de la antes entusiasta clientela.

Con nuevos monólogos descacharrantes, con un atrezzo renovado, con trucos aún más asombrosos, grandes canciones de éxito de todos los tiempos, efectos especiales vertiginosos, desbordamiento de luces y glamour. Un espectáculo distinto, democrático, masivo, sostenido, no violento. Con ustedes, el inimitable Carles Puigdemont en una única función improrrogable debido a compromisos adquiridos. No lo olvideen, el 14 de febrero en el ¡¡Cabareeet!!

Corran a conseguir su papeleta de voto, antes de que se agoten.

  

miércoles, 23 de diciembre de 2020

RECAPITULACIÓN

 


Cinco años de pasos a la izquierda y de “Pasos”, la revista digital. Años de tanteos, de proyectos. Algo que celebrar, también ahora.

 

Las fiestas navideñas señalan un paréntesis a las actividades políticas, una especie de “tiempo muerto” útil para que las direcciones de las formaciones contendientes recapaciten sobre lo que está ocurriendo en el terreno de juego y den instrucciones para corregir las disfunciones observadas.

Los presupuestos del Estado están ya aprobados, la actividad legislativa sigue a buen ritmo en el terreno laboral en particular, y se han tomado medidas muy urgentes y necesarias de prevención social. Falta, sin embargo, el diseño de las líneas maestras de la reconstrucción económica del país. En este terreno, las cosas no parecen estar claras.

No es que sí estén claras para una parte del gobierno, y no para la otra. Ninguna de las dos partes coaligadas parece saber muy bien qué hacer, hacia dónde tirar en esta encrucijada, cómo utilizar los fondos europeos que van a ponerse a nuestra disposición, con objetivos muy determinados y sujetos a condiciones muy estrictas. Las propuestas de UP se han centrado hasta ahora en un parcheo de urgencia de las desigualdades más sangrantes, valioso en sí mismo pero carente de recorrido en la tarea de reconstrucción, más allá de las declaraciones siempre altisonantes de sus líderes. El excelente trabajo del Ministerio de Trabajo, que hace honor a su nombre, está paliando desigualdades concretas y alargando la protección a las clases asalariadas en un contexto muy difícil; pero no se puede ni debe pedir a Yolanda Díaz que marque las pautas para las inversiones selectivas y apueste por nuevos sujetos económicos capaces de imprimir un carácter diferente al desarrollo de las actividades productivas y de servicios. No es su terreno, no es su competencia.

 Castells no acaba de dar con la tecla en Universidades, Garzón hace cositas como la gratuidad del 902, y la Ley de Igualdad que prepara el ministerio de Irene Montero ha provocado de momento las iras de las feministas de toda la vida. Al margen de todo ello, la galería de los cinco retratos que nos venden día sí y día también los posts de sus entusiastas en las redes sociales, no disimula el hecho de que los cinco no forman un equipo conjuntado, y cada cual tira buenamente por su lado con la idea de “hacer cosas” para la “gente”.  

Tampoco Iglesias lidera un proyecto económico definido a largo plazo. Juega a la contra, señala las debilidades y las inconsecuencias del sector socialdemócrata del gobierno como si se tratara de “otro” gobierno; pero a nadie ayuda que se coloque fuera del equipo y del quehacer común.

Indignarse no basta, decía Pietro Ingrao, y el líder de Podemos es más aficionado a las arias de bravura que a las soluciones constructivas.

En el otro lado del gobierno, la vicepresidenta Calviño parece inclinarse a un protagonismo crucial de las grandes empresas en el papel de locomotoras de la recuperación, y desear ─desde una visión “ortodoxa” y acorde en general con la perspectiva dominante en las altas esferas de la UE─ un frenazo a las expectativas del factor trabajo en la concertación social, el descarte de nuevas subidas del SMI, y una reconsideración general del tema de las pensiones (lo digo en el tono más suave posible) al margen o en contra del Pacto de Toledo.

Temas que, o se explican muy bien, se delimitan en el tiempo y se rectifican en plazos perentorios en el momento en que se produzca una mejoría significativa de la situación, o, sencillamente, no son asumibles por los “sujetos pasivos” a los que se condena a sufrir las consecuencias de una nueva marginación.

Queda la incógnita del plan de transición energética encomendado a Teresa Ribera, que utilizaría como palanca de cambio el crecimiento de las energías renovables, al compás de lo que se propone en Europa y en todo el globo. Ribera ha sido denominada “the green engine” (el motor verde) por una revista europea que la coloca como una de las figuras destacadas entre los “hacedores” (doers) en la actual situación de impasse.

La locomotora verde podría tener el potencial suficiente para dar una dimensión nueva a la economía del país y promover una reactivación y una resituación de actividades de todo signo, dirigidas a las personas y a los territorios, de un modo marcadamente inclusivo. Pero si son las empresas del Ibex, en lugar de agencias estatales de nuevo cuño, las que lideran el proceso; si el enriquecimiento privado se sigue considerando el objetivo racional de las actividades económicas; si se pone trabas a los sindicatos de trabajadores cuando intentan encarrilar la lógica de la producción en el sentido de una mayor igualdad de las partes contratantes; si se recae en la adoración del PIB como medida de todo progreso, las buenas intenciones e incluso la hipotética mejoría climática pueden quedar en agua de borrajas.

La pausa navideña debería dar pie a una reconsideración general de las propuestas políticas de las izquierdas, así radicales como moderadas. Mucho sentido común, y sentido “en común”. Menos estrépito y furia, mayor relevancia de un proyecto y de un itinerario bien diseñados, menos discusiones amplificadas por los medios, más sintonía y menos grandes principios aireados a los cuatro vientos.

 

lunes, 21 de diciembre de 2020

LAS MUJERES DE LOS TIEMPOS HOMÉRICOS

 


La actualidad política me ha llevado a posponer la publicación en el blog de algunos contrapuntos dedicados a cuestiones más etéreas. Como Bertolt Brecht, sin el menor ánimo de compararme con él, conviven en mi corazón la alegría por la belleza del almendro en flor y la ira contra el pintor de brocha gorda (Adolfo Hitler, si alguien no ha cogido el mote, por el movimiento del brazo del Führer al saludar). Pero es la indignación la que me mueve más a menudo.

Recojo aquí la imagen de un vaso griego de figuras rojas, que representa un pasaje justamente famoso de la Ilíada. Héctor pasa a despedirse de su familia revestido de todas sus armas para la batalla. Su hijo Astianacte, espantado por la aparición repentina de tanto bronce, corre a refugiarse en el regazo de su madre. Entonces Héctor se despoja de casco y coraza, y deja que su hijo juegue con las plumas coloridas del morrión.

(Un inciso. Si recorren ustedes los versos de la Ilíada en busca de sentimientos nobles, magnanimidad, altura de miras, amor conyugal, piedad filial y devoción a los dioses, solo encontrarán tales cosas dentro del alcázar de Troya. Homero procedía, según la tradición más probable, de la isla de Quíos, en el Egeo oriental, muy cercana a la Tróade. Para esos pueblos altamente civilizados, los dorios invasores eran poco más que bestias corrupias. El Aquiles homérico es una máquina de matar, incluso sus amores son feroces, su gran prisa es acabar con el mayor número posible de enemigos antes de que le alcance su destino, que ya le ha sido profetizado. Los demás, los Áyax, Diomedes, Ulises, Néstor, Idomeneo, no valen mucho más, y mientras ellos se entregan a la matanza, en sus patrias lejanas sus esposas se refocilan con amantes más jóvenes, aprovechando la ausencia del marido. La Ilíada es también la huella literaria del trauma que hubo de suponer para las ciudades jónicas y la civilización cretense la irrupción brutal de los dorios venidos del norte.)

¿De qué habla Héctor con su esposa, mientras el niño juega? Esto es lo que le dice, en tono abiertamente profético (Canto VI):

«… Mi corazón lo presiente; / día habrá de llegar en que Ilión la sagrada perezca …

Mas no tanto me inquieta el futuro fatal de los teucros, / ni la vida de Príamo el rey, ni aun la vida de Hécuba, / ni la de mis hermanos que tantos y tan valerosos / en el polvo caerán a los golpes de nuestro enemigo, / como tú, cuando algún hombre aqueo vestido de bronce / se te lleve llorosa y de tu libertad se apodere.

Quizá en Argos habrás de tejer para otras telas, / quizá vayas por agua a la fuente Mereida o Hiperea, / contrariada porque sobre ti pesarán estrecheces.

Y quizá si llorar te ve alguno, dirá al ver tu llanto: / “Fue mujer de Héctor, el más valiente de todos los teucros / domadores de potros, luchando delante de Troya.”

De este modo hablarán y tendrás una pena profunda / por perder a quien pudo librarte de tu servidumbre.»

La nota más chocante que se desprende de este discurso es que la mujer de los tiempos homéricos no vale nada por sí misma, sino solo en tanto en cuanto es la “mujer de” alguien importante y capaz de protegerla de las infelicidades comunes a su sexo. La honra que merece su persona es todo lo más una honra sobrevenida, al modo como Stevens, en “Los restos del día” de Kazuo Ishiguro, cifraba su propia excelencia en haber sido durante largos y cruciales años el mayordomo de Darlington Hall, una mansión histórica.

La sensación se acentúa cuando pasamos de Homero a Eurípides (Las troyanas, versos 645 ss), donde la Andrómaca capturada por los aqueos vencedores reflexiona sobre su suerte y pone en la balanza de la fortuna implacable su virtud femenina sin tacha:

«Todas cuantas virtudes mujeriles existen, con celo en el hogar de Héctor las practiqué. Porque en casa solía quedarme, reprimiendo mi afición a salir, en casos en que, sea ello o no censurable, mala fama trae ya el hecho de que quieta la mujer no se esté.

No abrí jamás mis puertas a las sutiles pláticas femeninas, contenta con tener junto a mí una buena maestra, que era mi propia mente. Y a mi esposo una boca silenciosa ofrecía y un semblante tranquilo, sabiendo en cada lance si era o no conveniente prevalecer sobre él.»

En el reparto del botín de Troya, Andrómaca le correspondió a Neoptólemo, el hijo de Aquiles, también llamado Pirro, y lo primero que hizo este fue arrancar a Astianacte de los brazos de su madre y arrojarlo desde lo alto de la muralla, porque todo hijo varón de Héctor era un peligro potencial para los aqueos. Después se llevó a Andrómaca a su reino y a su palacio como una de sus esposas secundarias, y la sometió a toda clase de vejaciones y esclavitudes, de las que malamente consiguieron defenderla algunas divinidades femeninas propicias.

Le conté estas cosas a Carmen el otro día, mientras paseábamos por el parque de Egáleo.

─Cuánto han cambiado las cosas desde entonces ─dije yo. Y ella me contestó, furibunda de pronto:

─Querrás decir qué poco han cambiado.

 

domingo, 20 de diciembre de 2020

MORIR DE RELATO

 


Inauguración del ‘Árbol de la Vida’ en la plaza de los Sagrados Corazones de Madrid. (fuente, Diez Minutos)

 

En otro tiempo había personas que vivían del cuento. Ahora, dado el avance prodigioso de las nuevas tecnologías, ya no se vive del cuento, sino del relato. Isabel Díaz Ayuso, por ejemplo, vive del relato. Otros, sin embargo, están muriendo de lo mismo.

Cierto que son gente anónima, que no cuenta, que carece de un lugar al sol. Simples cifras en unos estadillos diarios que se manipulan y se enredan de modo que las cifras reales no aparezcan hasta pasadas varias semanas. Gente a la que se da el finiquito en diferido, que habría dicho Dolores de Cospedal.

Después de levantar en tiempo récord y con un costo también récord el hospital Zendal, sin quirófanos ni personal, Ayuso ha reincidido en el tema con la inauguración en Madrid del Árbol de la Vida, un monumento a los sanitarios que han muerto combatiendo el coronavirus. Han comparecido en el acto los reyes, el ministro Illa (abucheado por algunos circunstantes, que pidieron su dimisión) y otras personalidades, además, cómo no, de una gran profusión de medios informativos.

Pero la eficacia de tales medidas viene a ser de más menos igual a cero, y los cadáveres, ay, siguen muriendo, como cantó César Vallejo.

Los monumentos son malos parapetos contra el virus, y los relatos sabemos ya que no sirven. Boris Johnson se ha envainado el suyo después de un empacho de víctimas, y ha clausurado el Reino Unido para la navidad. El virus, lejos de diluirse por la fuerza de los conjuros neoliberistas, había desarrollado una variante más mortífera. La amenaza ha crecido, la pospandemia queda cada día un poco más lejos, se habla ya de un tercer rebrote para enero, nadie asegura que vaya a ser el último.

Conviene hacerse a la idea de que la explicación de lo que nos sucede no es que 2020 era un año gafado y 2021 será de lejos mucho mejor. Cuando despertemos de la pesadilla de 2020, el dinosaurio seguirá allí.

Si no ponemos los medios para evitarlo. Ah, pero los medios los tenemos que poner entre todos, la dimisión del ministro Illa no tendría mayor utilidad práctica que un pedo; es decir, un desahogo corporal poco pudoroso de los delirios reprimidos de una derechona cuyos especímenes más conspicuos siguen sin dimitir así caigan chuzos de punta.

Ayuso puede morir de relato. Madrid puede ser la tumba de un PP sumergido por los delirios de grandeza y sin más consuelo que los abucheos a los de enfrente.

 

sábado, 19 de diciembre de 2020

TANTAS OVEJAS, Y TAN POCAS NEGRAS

 


La gente no está por filosofías, lo que quiere es que las autoridades den instrucciones taxativas: esto se puede hacer, y esto no.

Luego viene el regateo: vale, esto no se puede hacer, lo entiendo, pero ¿si lo hago solo un poquito y a escondidas, de modo que no se note?

Por último, vienen las críticas: qué se habrán creído, un día te dicen que la mascarilla no sirve para nada y a la semana siguiente es obligatoria, sabes qué te digo, que les den.

Siempre acaba uno por hacer lo que le da la real gana, postura que para don Fernando Savater es profundamente ética y loable. Que le den también a Savater.

En Badajoz ha habido un rebrote serio del virus por culpa de un viaje en grupo a Turquía para hacerse unos implantes de pelo. Los afectados alegan que no era un viaje indispensable, de acuerdo, pero tampoco lo es tomarse un par de cañas en un bar, y eso sí está permitido de modo que no iban a ser menos.

Ocurre, y creo que esta es la objeción principal al savaterismo ético, que lo que mucha gente desea no es libertad sino absolución de sus pecados. Pecar mucho, arrepentirse mucho, ser absuelto muchas veces con una leve penitencia (unos 600.000 euros en casos especiales de inmunidad para eméritos), y reincidir indefinidamente porque la culpa no es mía en ningún caso, siempre son ellos los que no se aclaran.

Es la mentalidad que alimenta el magisterio moral de representantes ímprobos de la iglesia católica como monseñor Cañizares, que ha ordenado poner las banderas de su obispado a media asta y con crespones negros por la ley de la eutanasia. Todo lo susceptible de ser prohibido debe ser prohibido de forma taxativa. Después, para obtener la correspondiente bula de dispensa, basta con pasar por el despacho parroquial en horas de oficina, depositar el óbolo fijado y reclamar la cédula impresa con el nihil obstat. Luego, ancha es Castilla.

Los buenos pastores se desviven por las ovejas de su rebaño, pero no son demasiado partidarios de que sus ovejas piensen. Las ovejas negras son, por definición, aquellas que piensan por su cuenta, y es preciso convenir en que no tienen buena prensa en general.

Esta noche no he dormido bien porque el recurso de contar ovejas no me ha valido (¿o en el caso de las ovejas se escribe “balido”? El caso es que no veía bien cuáles ovejas de mi duermevela eran blancas y cuáles negras. De noche todas las ovejas son pardas.

 

viernes, 18 de diciembre de 2020

PUIGDEMONT Y LA BURBUJA DE SAN JENARO

 


… a distant constellation
that’s dying in a corner of the sky.
These are the days of miracle and wonder
And don't cry, baby, don't cry.

Paul SIMON, ‘The boy in the bubble’

 

La sangre de San Jenaro no se licuó el pasado día 16 en Nápoles, a pesar de dos turnos de rogativas mañana y tarde, y de una misa especial. Es un mal presagio sin duda, pero no se sabe bien qué es lo presagiado.

Podría ser que las vacunas no surtieran el efecto milagroso previsto, y estemos condenados a vivir unas postnavidades en postconfinamiento postcovid. O a morir en el intento, lo que sería bastante peor.

Otro posible augurio, más tenebroso incluso, sería la eventualidad de una dimisión en bloque del Consejo General del Poder Judicial, al que tanto queremos y que tanto nos quiere. Los jueces, en una coyuntura tan cataclismática, provocada por la injerencia sin precedentes del Ejecutivo en su reiterada práctica de proceder a nombramientos en tiempo de postprórroga, tal vez podrían negociar el acogerse a un ERTE y seguir cobrando sus magros emolumentos mientras se sustancia su jubilación, que en este caso no sería anticipada sino considerablemente atrasada.

Otras desgracias relacionadas con la sangre seca del ciudadano Jenaro son posibles. Del terreno de lo tenebroso podríamos pasar tal vez a lo cósmico (lean bien: he dicho “cósmico”, no “cómico”). Tal vez no hemos prestado, entre todos, atención suficiente al hecho de que, para decirlo con Paul Simon, “una constelación lejana está muriendo en un rincón de la galaxia. Vivimos días de milagros y maravillas, y no llores, niño, no llores.”

Pongamos que la constelación fuera Cataluña, tal como la conocimos muchos hace no tantos años. Pongamos que los niños que lloran ante tanta maravilla seamos nosotros, al ver a Carles Puigdemont declinar ante el pleno del Parlament Eurupeu aquella máxima forjada en tiempos ya legendarios por un catalán ilustre de Palau de Plegamans, Groucho Marx: «¡Más maera!» (Groucho en realidad dijo “Més fusta!”, pero su grito reivindicativo fue censurado por los de siempre.)

  

jueves, 17 de diciembre de 2020

CASI PON EL FÚTBOL

 


La coral de CCOO “Roig encés” nos felicita el nuevo año. Jordi Ribó asoma la cabeza, de cabello abundante pero níveo, al fondo en el centro. Se reconoce en la foto a muchos/as más amigos/as.

 

«Hasta el rabo todo es toro», publica hoy Jordi Ribó en una postal coloreada en FB. No se refiere a ninguna cuestión taurina y menos aún política, por mucho que ambas interpretaciones serían verosímiles, sino al fútbol. El FC Barcelona venció anoche a la Real Sociedad, y aún puede tener cosas que decir en esta Liga que se le ha puesto tan cuesta arriba.

El Barça de nuestros amores (quiero decir, los de Jordi y míos, no necesariamente los de usted, querido/a lector/a) ha sustituido en los últimos tiempos el malabarismo y el jogo bonito por el sufrimiento. Aun así, de vez en cuando gana. ¿Cabe la posibilidad de que gane lo suficiente para, viniendo desde atrás, llevarse en la próxima primavera el esprint decisivo? Hasta el rabo todo es toro, augura Jordi, y yo estoy con él.

La situación política tiene trazos bastante parecidos, si la miramos de determinada manera y con cierta disposición de ánimo. Los auspicios son todavía menos favorables que para el Barça, siento decirlo. Ayer los periodistas, que cumplen con celo envidiable y profesionalidad evidente los eventos parlamentarios, sorprendieron a Pablo Iglesias y María Jesús Montero, discutiendo en un pasillo. Él la llamaba a ella “derechosa”, y ella a él “cabezón”. Si hay en alguna parte un Ronald Koeman o un Zinedine Zidane encargado de dirigir la estrategia del equipo interministerial, le doy trabajo.

Sería un error minimizar estos dimes y diretes. Hay mar de fondo, se dan amagos de desenganche por uno y otro lado, y el bajel gubernamental se escora y cabecea visiblemente, aunque es difícil decir si hacia babor o estribor, con tanta marejada vaya usted a saber.

Mejor volver al fútbol que ejercer de profeta en una situación tan complicada. Recuerdo un chiste de Forges que no puedo citar literalmente porque lo tengo recortado y guardado en Barcelona. La situación es esta: Mariano se inclina hacia delante para no perder detalle de lo que ocurre en la pantalla del televisor. Concha se acerca por detrás y pregunta: «¿Por qué gritan tanto?» Mariano le da una larga explicación surreal que indica que los tertulianos en presencia se están tirando recíprocamente los trastos a la cabeza. Concha, antifutbolera acérrima como es de sobra conocido, apunta con desánimo la siguiente solución: «Casi pon el fútbol.»

Así que, mientras se ponen o no de acuerdo los componentes del gobierno descoaligado, aquí va un apunte de fútbol: Josep Laporta está haciendo su campaña electoral a la presidencia del Barça en Madrid.

Dicho de otra forma, el independentismo se funde con el sucursalismo, y las esencias sagradas de lo que alguna vez fue “más que un club” se ventilan de preferencia en territorio enemigo, mejor que en la fortaleza sitiada. Más provocación a los merengones, más votos culés en la urna, es el axioma.

“Volveremos a vernos”, está escrito en el pancartón de Laporta. Una variante subliminal del “tornarem a fer-ho”. Y también, expresado de otra manera, “hasta el rabo todo es toro”.

 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

COMPARATIVA ENTRE LAS NUECES Y EL RUIDO

 


Ilustración de Gustavo Doré para la fábula de la lechera, de Jean de La Fontaine (1885).


«Las batallas internas se multiplican en el Ejecutivo por la agenda social», afirma un titular de El País de hoy. Ya sabemos de qué pie cojea El País, me dirán ustedes. De acuerdo, pero Ione Belarra denunció de muy malos modos la renuencia de la vicepresidenta Ribera a garantizar el suministro de agua y electricidad a quienes no paguen; y ese asunto estaba, pensábamos todos, muy bien asegurado y garantizado. No es exagerado suponer que Belarra se adentró en este terreno crítico en un juicio de intenciones, voceándolo además urbi et orbi, cosa que debería haber evitado.

He tratado de reflexionar sobre la emergencia en la que vivimos con cierto distanciamiento. Desde mi punto de vista, la ejecutoria de Unidas Podemos en el gobierno de coalición está siendo excelente. Las nueces que ha dado han sido muchas, pero molesta el ruido que suele acompañarlas.

Me imagino que en el cuartel general de la formación, la preocupación dominante es que las buenas prestaciones de los ministros no se están traduciendo en expectativa de voto a las siglas. La parte socialista del gobierno cosecha índices mejores de aceptación y un alza en las expectativas de apoyo electoral, mientras que el esfuerzo de Unidas Podemos no está siendo valorado, y cotiza a la baja.

En consecuencia, la táctica elegida por la formación es tensar la cuerda (más bien, dar tremendos tirones) para presentar a los ministros propios como los “buenos”, y a los demás como gente pasiva y descuidada en el mejor de los casos, y “vendida al enemigo” en el peor (no cito nombres, basta un paseo por las redes sociales para espigarlos.)

La táctica me parece nefasta, lo digo con todo cariño a mis muchos amigos podemitas. Sería cosa de considerar si lo que está dejando eclipsadas a las nueces no es la competencia interna, sino precisamente el ruido. Si el exceso de combatividad en general, tanto respecto de los rivales políticos como de los socios, no está resultando contraproducente para la imagen de los dirigentes de UP, en un contexto en el que la derecha ha dado mediante el cornetín de órdenes la consigna de acoso y derribo al gobierno en peso.

El deseo de defender a un ejecutivo que se percibe como favorable lleva al electorado a descartar las opciones que aparecen como conflictivas. Prima el deseo de tranquilidad y buenos alimentos, en el ojo mismo del huracán. Y justo en ese momento, la táctica de UP se dirige a tratar de aprovechar en beneficio propio las dificultades de la parte de gobierno liderada por Pedro Sánchez y desacreditar sus intentos de ganar aliados hacia el centro del tablero.

Digo “en beneficio propio”, y no quiero ser injusto. Las medidas que se proponen desde UP no son malas, buscan el beneficio de los sectores más desamparados de una sociedad muy desigual: parados, precarios, pensionistas, minorías étnicas, grupos discriminados por razones de género.

Además de estas cuestiones (la llamada “agenda social”), es muy perceptible el deseo de cuestionar la forma del Estado ya, de abrir el melón de la monarquía sin tardanza. Es lícito, pero desaconsejable. No porque sea erróneo hacerlo según los principios o axiomas elementales de la política, sino por la misma razón que hizo fracasar los sueños de la lechera del cuento: llevaba la cántara en equilibrio inestable sobre la cabeza, y se tropezó.

No son aconsejables ni la precipitación en el proceso de reformas (“lo primero es antes”), ni el forcejeo en mitad del escenario, ni un ruido mediático excesivo. Por lo demás, la abundancia de títulos académicos y masters auténticos no es un plus significativo para los dirigentes porque no estamos en una época de despotismo ilustrado sino de democracia, con todos los peligros que esta conlleva, a saber: que quienes gobiernan no son los “mejores” ni los más inteligentes, sino los preferidos por el pueblo (en general carente de cultura y fiado a su propia intuición).

¿Es eso un defecto de la democracia? No necesariamente. Dicen que cada sociedad tiene el gobierno que merece, y en ese sentido es necesario trabajar primero (antes) en la mejora de la conciencia social, para conseguir tener un gobierno más justo y eficiente.

No solo Unidas Podemos, sino toda la izquierda, habremos de aprender a contrarrestar  de forma más eficaz el ruido atronador de los trumpismos y los ayusismos.

Es posible que ese objetivo se consiga mejor con menos ruido mediático y un refuerzo más firme de las convicciones personales y estamentales sobre lo que es justo y lo que es deseable. Conseguir como premisa aquello que Gramsci llamaba una transformación social molecular.