martes, 31 de marzo de 2020

LA DEMOCRACIA NO ADMITE EXCEPCIONES



Luigi Ferrajoli (n. 1940), jurista y filósofo italiano, ilustre sostenedor del garantismo jurídico.


Se acusa al gobierno de improvisar, y no es justo. Ante una emergencia, y más aún ante una emergencia de esta envergadura, es necesario improvisar. Incluso, es conveniente seguir un método de ensayo y error, y no tener miedo de rectificar una y otra vez hasta conseguir dar con la tecla adecuada.

Pero si es necesario improvisar, no lo es menos hacerlo en la mayor compañía posible. El estado de alarma no debe ser excusa para atajos bonapartistas, la urgencia de las decisiones no excluye las consultas pertinentes, estamos inmersos en la sociedad llamada de la información, y las telecomunicaciones on line permiten virguerías que hace escasos decenios eran impensables.

Contaba Luigi Ferrajoli el otro día (en este blog se dio cuenta puntual de la entrevista) que en la Constitución italiana no existen los estados de alarma y de excepción, «porque la democracia no admite excepciones». Admirable lección.

Desde el gobierno se ha acusado en varias ocasiones, con razón, de deslealtad a Pablo Casado. Ahora es Pablo Casado quien acusa de deslealtad al gobierno, y también puede tener razón. No discuto aquí la oportunidad de los últimos decretos-ley que convocan a paralizar las actividades económicas hasta el domingo de Resurrección, sino el hecho de que, al parecer, no se han consensuado, ni siquiera consultado, con los partidos ni con los agentes sociales.

Estamos en un estado de derecho, antes y por delante del estado de alarma. Al gobierno, a ningún gobierno y tampoco a este, no se le otorga una carta blanca para actuar como mejor le parezca.

Búsquese la solución mejor para la emergencia que nos asalta. Improvísese, en buena hora. Pero entre todos. Sean tirios o sean troyanos. De esta no salimos, si no salimos todos juntos.

La democracia no admite excepciones.

P.S. Un día después, el Gobierno ha reconocido "errores" y rectificado la postura que yo criticaba. Ver https://elpais.com/espana/2020-03-31/el-gobierno-levantara-las-medidas-de-estado-de-alarma-de-forma-gradual.html

lunes, 30 de marzo de 2020

EL RIGODÓN DE LAS DERECHONAS



La caballería de los Estados Unidos se dispone a bailar un rigodón, en ‘Fort Apache’ (John Ford, 1948).


La pandemia ha impuesto condiciones draconianas en el ámbito de la Unión Europea, y las cancillerías bailan el rigodón al compás de esa música.

Lógico.

Se delinean dos posiciones: de un lado los países del sur, más castigados por la plaga, y del otro los del norte, encastillados en su zona de confort.

Hay un tercer grupo de naciones, al este, con rentas per cápita muy bajas y gobiernos dispuestos a seguir a ciegas cualquier sugerencia del centro neoliberal de los negocios globales. La infección del coronavirus ha llegado hasta allí también, pero cierran filas y no publicitan sus bajas. Su estrategia de fondo es la de atraer capitales; no la de reclamar mascarillas y respiradores.

Este y Oeste se confunden en el tablero; la confrontación principal se establece ahora en el eje Norte-Sur.

Con una correlación de fuerzas jodida.

En este asunto cavilo que la teología calvinista no tiene mucho que ver. Tampoco, a decir verdad, la luz de Trento. Todo transcurre en un plano situado más a ras de tierra, el de los intereses inmediatos. Mark Rutte, el primer ministro neerlandés, que preside un gobierno de la derecha habitual con una mayoría prendida con alfileres y pendiente de la condescendencia con que lo examine desde fuera el Partido llamado “de la Libertad”, de ultraderecha supremacista, se ha alineado sin escrúpulo con la conocida tesis de que los europeos del sur somos cigarras despilfarradoras, y los del norte hormiguitas laboriosas.

No es más que un relato, pero estamos en una época en la que los relatos funcionan. Cuanto más fakes, más likes reciben; cuanto más inverosímiles, de mayores cotas de credulidad se benefician.

En España, Vox aprieta a fondo las clavijas del PP y tal vez (Arrimadas se nos ha travestido de esfinge) del Cs, para derribar el gobierno de progreso por fas o por nefas, con o sin coronavirus.

En Cataluña, el hombre de Waterloo y sus monaguillos/as centran sus esfuerzos en difundir el mismo relato que circula por los Países Bajos, en busca de complicidades non sanctas para su plan maestro: primero la República, después el Diluvio. Puigdemont adula a su vecindón Jeroen Dijsselbloem, y atipla la voz para sostener que España, la España remanente después de separada Cataluña, no tiene remedio y es necesario apartarla del reducido círculo de los predestinados que sobrevivirán al Armagedón que se avecina. Es la canción del Fariseo: “Te doy gracias, Señor, por no ser como este mísero publicano que tengo aquí al lado de rodillas…”

Evoluciona por el salón de baile el rigodón de las derechonas. La letra es nueva para la ocasión, pero la música es la misma de siempre.

El camino de las izquierdas, el que conduce al progreso sostenible, es más empinado. En ese camino, no se puede perder Europa, no se puede regalarla a los Rutte, las Merkel, los Putin, y menos aún convertirla en presa de los Le Pen, los Orban, los Kaczinski, los Puigdemont. Europa, atravesada de contradicciones, sigue siéndonos imprescindible para no caer, “como cuerpo muerto cae” que dijo el Dante, en el abismo de la servidumbre voluntaria respecto a las fuerzas desatadas de los Mercados.

Fortalecer lo público y lo común, desplegar alternativas innovadoras capaces de dar la vuelta al fatalismo resignado que está impregnando tantas voluntades débiles, implica consolidar en primer lugar los poderes del Estado frente al Mercado; y en segundo lugar, recuperar la Unión Europea como un ámbito común de libertad, solidaridad y prosperidad, frente a las Troikas que ya han decretado para nosotros el mismo destino, el rescate financiero, al que en su momento condenaron a Tsipras, el Precursor.


domingo, 29 de marzo de 2020

PARA QUE NO TODO VUELVA A SER IGUAL



Coronavirus. Imagen microscópica de la bicha que nos agobia.


La eficacia de la actual pandemia como mecanismo de redención política está siendo claramente sobrevalorada. “Nada volverá a ser igual”, nos dicen los oráculos impostando la voz y con la mirada perdida en la lontananza. No es cierto. Todo puede volver a seguir siendo igual, con la excepción de que después de esto seremos una pizca más sabios sobre las formas de comportarse la naturaleza, esa madre nutricia, cuando es agredida. Todo podrá volver a seguir siendo igual, en particular, en lo que respecta a nuestra propensión irresistible a profetizar calamidades en lugar de mover el culo para evitarlas.

Esto es lo que dice al respecto Luigi Ferrajoli (1), jurista, filósofo y sobre todo persona sensible, sensata y lúcida: «El cambio climático, las armas nucleares, el hambre, la falta de medicamentos, el drama de los migrantes y, ahora, la crisis del coronavirus evidencian un desajuste entre la realidad del mundo y la forma jurídica y política con la que tratamos de gobernarnos. Los problemas globales no están en las agendas nacionales. Pero de su solución depende la supervivencia de la humanidad.»

Desmenuzo el contenido de la anterior afirmación:

1) La realidad del mundo va por un lado, y nuestra forma jurídica y política de gobernarnos va por otro.

2) El desajuste no se origina con la crisis del coronavirus. Antes han estado, por lo menos, el cambio climático, las armas nucleares, el hambre, la falta de medicamentos y el drama de los migrantes. Digo “por lo menos”: la enumeración que hace Ferrajoli de los desajustes no es exhaustiva, sino más bien a título de ejemplo. ¿Se acuerdan de nuestros propósitos de enmienda cuando la crisis del sida?

Entonces, ¿por qué hemos de dar por descontado que “nada volverá a ser igual” después de esta concreta y a pesar de todo minúscula pandemia? ¿Seguiremos aplaudiendo todas las noches a la sanidad pública cuando deje ser heroicamente indispensable para garantizar nuestra supervivencia? ¿Cambiarán los poderes públicos de forma drástica sus prioridades para pensar en primer lugar en las personas, y no en la economía que ya asoma la pata negra por debajo de la puerta para reclamar su libra de carne y exigirnos a los ancianos algo que es de todos modos ley de vida: que desaparezcamos pronto, para dejar paso a las nuevas generaciones?

Las nuevas generaciones, por lo demás, vivirán peor de como hemos vivido nosotros. Así lo aseguran todos los profetas milenaristas.

Lo que importa entonces, a mayores y a jóvenes, es archivar las profecías y los “nada será igual” en el cesto de los papeles, y movilizarnos a fin de que nada, efectivamente, vuelva a ser igual. Ni en la sanidad pública, ni en la acogida a los migrantes, ni en la lucha contra el hambre y el cambio climático, ni en la producción de armas de destrucción masiva o no masiva, ni en tantos otros problemas que, dice Ferrajoli, no están en la agenda de las naciones pero cuya solución es indispensable para la supervivencia de la humanidad.




sábado, 28 de marzo de 2020

EXPECTATIVAS INACEPTABLES


Mis falsas conversaciones con gente importante



Pedro Sánchez participa en el Consejo de Europa por videoconferencia. Imagen tomada de El País.


Mantengo una fluida relación kleenex (usar y tirar) por videoconferencia con Angela Merkel, desde que hace ya algunos años le presté un señalado servicio como chivo expiatorio profesional, cuando el turbio asunto de la desaparición del joyero de Christine Lagarde en un hotel griego en el que estaba reunida la flor y la nata de las troikas (1). 

Anoche la cancillera irrumpió de pronto en la pantalla de mi televisor, en mitad de una serie de policías de Nueva York, con su característico genio de los demonios.

─Herr Gottráiguetz, usted mucho cabrono.

─¿Qué ocurre, Angela?

─Yo para usted no Angela, yo Frau Merkel, piojo verde.

─¿Qué desastre ha hecho este humilde cabrón piojo verde para merecer su ira jupiterina, mi siempre dilecta cancillera? ─le pregunté meloso, en un intento fallido de congraciarme con ella.

─Cabrono, cabrono ─seguía escupiendo a la velocidad de una ametralladora─. Expectativas falsas crea, expectativas inaceptables que "Mi" Bundestag nunca, nunca, nunca aceptarrá.

Se me abrieron los ojos. Creí captar de golpe todas las esfumaturas de la situación.

─Usted está enfadada con Pedro Sánchez ─adiviné.

─Cabrono ─sacudió ella la cabeza con un gesto afirmativo.

─Pero como los usos diplomáticos le impiden insultarle a él, recurre usted para desahogarse al chivo expiatorio oficioso.

─Herr Gottráiguetz, no siga buscándome, que me va a encontrar. Por menos de esto ─se señaló la uña del meñique─ les echo a todos de "Mi" Eurropa. Ustedes, italianos, portugueses, franceses, todos gentuza. L’Eurrope, c’est Moi.

─Frau Merkel ─intenté explicarle─, está perdiendo su valioso tiempo conmigo. Yo ya no figuro en nómina en el departamento de Chivos Expiatorios de las Alcantarillas del Estado. Fui dado de baja con nota de ignominia, en las horas postreras del gobierno Rajoy. ¿Se acuerda de Mariano?

─Piel de Elefante ─confirmó, con un cabezazo rígido─. Simpático me erra, perro traidor resultó.

─Tendrá que arreglárselas directamente con Sánchez, Conte, Costa y Macron. Ah, y con Putin, no lo olvide ─dije, y reconozco haberlo dicho con cierto tonillo de satisfacción. Los apuros de los poderosos me reconfortan íntimamente.

─Eurropa echada a perder está ─se enjugó ella con un pañuelo de olor una furtiva lágrima.

─Echá del coño, señora, si me permite la matización, tomada del vocabulario poco ortodoxo de mi amigo y compañero de batallas sindicales Enrique Domínguez.

─Cabrono ─masculló ella entre dientes. Y con un gesto de ira mal contenida, apretó un botón y dio fin a la videoconferencia.

Espero que Pedro Sánchez pueda arreglar finalmente este “pequeñito problema”, en palabras del señor Michel. Bastante divididos estamos ya aquí. Si también Europa se parte en dos, nos caemos con todo el equipo. O dicho con las palabras de Dante, caeremos «come corpo morto cade.»  


(1) Si por un improbable azar algún lector/ra estuviere interesado/a en conocer a fondo los entresijos de la historia del joyero de Lagarde, podrá encontrarla, en siete capítulos, en el archivo de este blog, días 21 a 29 de julio de 2015. El fidedigno relato arranca con un post titulado “Spleen e ideal”.


viernes, 27 de marzo de 2020

EL "NO ES NO" DE LAS NIÑAS



Detalle de la Creación de Eva, fresco de Miguel Ángel en la capilla Sixtina. Un trabajillo rutinario del maestro, para cubrir el expediente. Se habrá reproducido unos cuantos cientos de millones de veces menos que la Creación de Adán, del mismo pincel y en el mismo lugar. Y sin embargo, los dos acontecimientos tuvieron por lo menos la misma importancia para el futuro de la humanidad.


Seguimos instalados en el paradigma de “La donna è mobile”, anclados en la época en la que un “no” era solo un “sí” aplazado, y el “sí” de las niñas al libertino de turno que las pretendía se obtenía gracias a los buenos oficios del confesor y al celestineo bien pagado del director espiritual.

Y no. The Times Are A-Changin’, como cantó en su momento Bob Dylan, sin tener del todo en mente cuál era la magnitud de los cambios. Él creía en el empuje de la juventud. Lo cierto es que los varones jóvenes no resultaron gran cosa; fueron ellas las que tomaron el mando. Una revolución transparente, silenciosa e invisible en particular para los convencidos de que ya está aquí el final de la Historia, para los empeñados en bajar el telón de una vez por todas.

Cuando visualizamos el actual gobierno de progreso, seguimos (mayoritariamente) localizando de forma prioritaria a Pedro y Pablo, o a Pablo y Pedro según las preferencias. Todo lo más añadimos coyunturalmente al ministro de Sanidad Salvador Illa y al doctor Fernando Simón, por aquello de la pandemia.

Es un espejismo visual. Ajusten bien el foco de su visor, caballeros de la izquierda intachable. Amplíen el campo, precisen la distancia telemétrica al objetivo y verán surgir de repente a Isabel, Carmen, Teresa, Yolanda, Margarita, Nadia, Irene, María Jesús…

Mujeres firmes, prácticas, inmunizadas contra el virus de la invisibilidad. Con un largo recorrido previo. Con estudios, con experiencia, con ideas claras sobre lo que quieren y lo que no quieren, lo que pueden y no pueden hacer en esta situación de pandemonio, mientras los claros clarines de la derecha eterna tocan a degüello.

Ellas no se van a asustar, no van a ceder, no van a dispersarse “qual piuma al vento”. Son fiables y perseverantes. Lo están haciendo bien. Lo seguirán haciendo bien después de la pausa, cuando arrecie hasta hacerse ensordecedor el ruido mediático orquestado por una derecha en estado de desesperación y de colapso.

Dándole la vuelta a un pensamiento de Carlos Marx, que era por lo demás un varón con toda la barba, los hombres se han dedicado a interpretar el mundo; ahora han venido las mujeres a cambiarlo.


jueves, 26 de marzo de 2020

PARADA EN BOXES O CAMBIO DE SENTIDO


Las instancias económicas parecen haberse tomado la pandemia como una parada en boxes preceptiva, en el transcurso de una carrera de Fórmula 1. Es decir, cambio de neumáticos y pleno de combustible para una inmediata salida urgente a la pista con el fin de adelantar el mayor número posible de rivales manteniendo el acelerador pisado a fondo.

Para muestra, un botón: la sanidad privada está viviendo una caída de la cifra habitual de negocio (hasta un 80%, según la patronal) y aprovecha la pausa para una reorganización que consiste en reducir plantillas y cerrar centros policlínicos “por tiempo indefinido”. La información es de Sonia Vizioso, en elpais.

Los gerentes afirman que el personal del que se prescinde “no está en primera línea” en la lucha contra el coronavirus, y que los centros cerrados “no son viables” en esta situación. Dicho de otra forma, el servicio que prestan a la comunidad depende de su rentabilidad. Lo paradójico es que este tipo de centros son concertados, y están subvencionados con dinero público para prestar un servicio que se supone también público.

La lógica de las privatizaciones es férrea: sin negocio no hay servicio, ni público ni la madre que lo parió. Cuando esta pausa en boxes finalice porque los afectados ─que han acudido a la sanidad pública en busca del remedio que no les daba una sanidad privada con muchísimos menos recursos y voluntad de servicio─, regresen al redil dadas sus preferencias marcadas por una atención “exclusiva” y “privilegiada” antes que una atención eficaz, entonces toda la maquinaria de los cuidados de alto standing se pondrá de nuevo en marcha, para rodar a tope unas cuantas vueltas más por el circuito cerrado ya conocido.

El frenazo de la economía no debería ser una parada en boxes sino un stop en un cambio de sentido, para tomar con garantías de seguridad el carril contrario y seguir una dirección distinta de la que llevábamos.

Hasta el momento, la parada está resultando muy costosa para las personas: muertos muy queridos, parientes y amigos afectados, confinamiento riguroso, normas de higiene severas. Un tributo pesado que no debería ser inútil. En contrapartida el aire es ahora mucho más limpio en las grandes urbes, y se ha constatado que muy pocos de los infinitos negocios existentes que funcionaban a toda marcha merecían la calificación de imprescindibles, de primera necesidad.

Debería completarse a muy corto plazo esta percepción novedosa con el establecimiento de una renta mínima universal en una sociedad pluriactiva (pueden ver algunas ideas útiles de David Casassas y de Andrea Ciarini y Massimo Paci, en el no 18 de la revista digital Pasos a la Izquierda); con una mejor regulación del diálogo democrático entre trabajadores y empresarios en los asuntos que afectan a ambas partes, y con la puesta en marcha de una transición energética para la que hemos ganado algo de tiempo, en lugar de perderlo, con la pausa de la cuarentena.

Son elementos necesarios para que todo el país a una, incluidos los eternamente reticentes y los trolls declarados, emboque un carril de progreso e innovación, en una dirección diametralmente opuesta a la que llevábamos.


miércoles, 25 de marzo de 2020

LA NARIZ DE CLEOPATRA



Retrato aproximadamente fidedigno de Cleopatra VII. Adviértase la nariz, elemento clave de determinadas construcciones hipotéticas futuribles.


Vayamos entonces, francamente, a pollas, por más que el agua esté muy fría. Este es el tuit que divulgó hace un par de días doña Núria de Gispert, ex presidenta del Parlament de Catalunya:

«Me da igual la que me caiga. Lo cierto es que si fuésemos ya República y pudiésemos cerrar Catalunya y gestionar nuestros recursos, morirían menos catalanes.»

Ferran Vallespinos ha colocado la frase en facebook, en su sección diaria “El muro de los idiotas”. Una declaración tan estupenda lo merecía de sobras. Comenta Ferran, por cierto, que el gran problema que tiene con su muro es lo que los franceses llaman embarras de richesse. Un solo muro al día resulta muy poco para albergar tantas frases idiotas como circulan.

Analicemos más a fondo la frase de Gispert. La idea de “cerrar” Cataluña no es tan nueva. En un contexto similar, si bien el enemigo era entonces la morisma y no un virus, se dice que los guerreros cristianos de la reconquista gritaban «Santiago, y cierra España».

Es dudoso que tal cosa sucediese de esa forma precisa. El paseo a caballo del apóstol Santiago por las Navas de Tolosa parece haber sido una construcción retórica muy posterior. También, la reconquista. Incluso España es posterior a los hechos comprobados. En la segunda parte del Quijote, el ingenuo Sancho Panza se extraña de la expresión y pregunta si es que España está abierta, y es menester cerrarla.

Lo importante en estos asuntos es la fe, los detalles son secundarios. Doña Núria sugiere que con otra gestión de los recursos y un cerrojo adecuado, morirían menos catalanes. No dice nada de quienes no son catalanes. Morirían, seguramente, más. ¿Y qué? Pelillos a la mar.

Sin embargo, no precisa doña Núria cuántos catalanes morirían menos. Es un tema importante. Para tres o cuatro, quizás no valiera la pena meternos en ese fregado de la República. De otro lado, las autoridades financieras (madama Lagarde, por ejemplo) nos están animando a los viejos a morirnos pronto, a fin de salvar la economía. Con tanto barullo mediático, uno no sabe ya si lo correcto en esta pandemia es sobrevivir o simplemente morirse. La Economía y la República, esas dos Némesis modernas, nos lo están poniendo difícil.

Descuento otras versiones acreditadas del origen real de nuestro problema. Un obispo brasileño dice que esta plaga bíblica es un castigo divino por la homosexualidad y el aborto. No explica bien la relación, sin embargo, ni por qué razón están pagando justos por pecadores. Sin embargo, teniendo como tiene hilo directo con la divinidad, seguro que puede explicarlo de forma convincente, y que lo hará uno de estos tres o cuatro próximos días.

De otro lado, y hablando en términos estrictamente científicos, si el aleteo de una mariposa en la selva amazónica puede desencadenar un cataclismo en las bolsas de valores del mundo entero, imagínense ahora la que pueden meternos unos pangolines de Wuhan.

En conclusión. En un apartado de sus “Pensamientos”, Blas Pascal señaló los grandes efectos que derivan de pequeñas causas con esta frase lapidaria que ha pasado a la posteridad, aunque todavía no ha sido incluida en el muro de Ferran Vallespinos: «De haber sido más corta la nariz de Cleopatra, la faz del mundo habría cambiado.»

(Blas Pascal, por cierto, era catalán según el Instituto Nova Historia. Nació en Palafrugell y es el tatarabuelo por vía paterna de Marta Pascal Capdevila. Ese hecho también nos lo han ocultado.)   


martes, 24 de marzo de 2020

ECONOMÍA DE GUERRA


Lord Beveridge, a la derecha, habla con un piloto de caza norteamericano en el University College de Oxford, durante la II Guerra Mundial. (He tomado prestada la imagen del artículo de Wikipedia.)


El presidente Sánchez habló en su discurso televisado de “economía de guerra”, un concepto económico de delimitación precisa, que apela a la organización por parte del Estado de todos los recursos disponibles con el fin de afrontar una amenaza general, no localizada, contra la población.

El concepto es meridianamente claro pero tiene el inconveniente de incluir el vocablo “guerra”, que despierta aprensión en muchas gentes bien pensantes.

Las redes se han poblado de pequeñas alarmas en el contexto general de un estado de alarma: «De vegades aquest home em fa més por que la dreta», proclama en facebook un alma de cántaro.

Es sabido que aquí somos angélicamente pacifistas y ruidosamente antimilitaristas. Escandaliza a algunos la alcaldesa de Barcelona Ada Colau por dar la bienvenida a unidades del ejército español que vienen a desinfectar puertos y aeropuertos, es decir las puertas abiertas para la infección que nos invade.

Hay gente para todo. Las hay incluso que prefieren en su casa la infección al ejército; que señalan el fantasma de un campo de batalla hipotético, mientras corren un tupido velo sobre el hecho de que la batalla real se está librando en otro lugar, en otras condiciones, con otras armas.

La Generalitat de Cataluña iba a gastar 35 millones de euros en comprar mascarillas, porque las ofrecidas por el gobierno central le parecían insuficientes. La operación fue abortada cuando las entidades bancarias que habían de facilitar el montante líquido advirtieron de que la segunda parte contratante carecía de solvencia. La Gene hizo amago de presentar una demanda por estafa, pero enseguida la retiró. A 10 € la mascarilla, que es una suposición tirando a lo alto, dado que mucha gente se fabrica la suya de gratis, la Generalitat preveía ampliar en 350.000 unidades la panoplia de medios preventivos que ya se ofrece a suministrar el gobierno a través de sus medidas de economía de guerra.

Será porque la Gene no quiere “guerra”. Ni medidas. Aquí somos gente de paz.

La economía de guerra puesta en marcha por Gran Bretaña primero y los Estados Unidos después, ganó la Segunda Guerra Mundial. (Existió una “guerra” mundial, y era importante ganarla, no volverle las espaldas horrorizadas. No lo entienden las almas de cántaro que tal vez preferirían haberla evitado, o como mínimo haberla llamado de otra manera: quizás, la segunda gran discrepancia global, que suena menos alarmante.)

En aquel contexto, las mujeres entraron por primera vez en la historia económica y en las fábricas, de forma masiva y en igualdad de condiciones, para sustituir a los varones que luchaban en el frente. La producción de material indispensable para la victoria creció de forma robusta. Quedaban muchos flancos por cubrir, sin embargo, y lord William Henry Beveridge, un político liberal por más señas, tuvo la ocurrencia de ofrecer a toda la población implicada sanidad, educación, vivienda, alimentación y previsión social en cantidad y calidad suficientes para compensar la concentración de todos los esfuerzos de la ciudadanía en la producción para la victoria.

Alcanzada esta, las empresas nacionalizadas fueron reprivatizadas, y el Estado empresario se retiró a un segundo plano más discreto; pero la innovación de lord Beveridge se asentó. Aquello fue llamado welfare state, estado del bienestar. Hizo época. Todo había empezado, sin embargo, con la guerra y a partir de la economía de guerra, con muchos militares por medio, con una forma muy determinada de entender la dispensación de servicios públicos y la relación público/privado.

Y es que el Estado y el ejército no están ahí para resolverlo todo, pero sí están ahí para quedarse; y también resuelven algunas cosas, de paso. Según San Keynes, mencionado esta misma mañana por mi vecino de blog José Luis López Bulla, el Estado es un león, y las empresas privadas, animalillos domésticos.

lunes, 23 de marzo de 2020

CONFIDENCIAS EN UN INTERIOR



Fotograma de ‘Confidencias’, de Luchino Visconti (1974). Burt Lancaster con Claudia Marsani; al fondo a la izquierda, el lienzo ‘Retrato de familia en un interior’ que da título original a la película.


De buena mañana me he metido en un chat motivado por el último post de José Luis López Bulla. Había tres cuestiones a tratar: una, la letra española del himno de la Internacional, gramaticalmente tortuosa (“los nada de hoy todo han de ser”, por ejemplo); dos, la opinión de Baroja de que la Alhambra le recordaba a un ambigú (deben perdonarse, en mi opinión, a don Pío sus alardes ocasionales de vasquismo, bastante impostados); y tres, tema que he preferido dejar aparte para tratarlo aquí con más amplitud, Visconti y su Gattopardo, que en opinión de José Luis, que comparto, es una cumbre así del séptimo arte como de los otros seis: del arte a secas.

Después del Gattopardo (1963), Visconti continuó contando la misma historia del ocaso de una vida que corre en paralelo al final de una época, por lo menos en otras dos películas considerables: Muerte en Venecia (1971), según el relato de Thomas Mann pero en un formato considerablemente amplificado, y Confidencias (Retrato de familia en un interior), 1974. Apenas le dio tiempo a nada más. Solo rodó una última película, El inocente, para mí una obra fallida, y murió en 1976.

Las dos películas señaladas son muy adecuadas para repasarlas en esta cuarentena. 

En Muerte en Venecia, uno de los temas propuestos es el de la peste, y con ella el entrelazamiento indisoluble de la muerte, la vida y el arte, tres realidades solo aparentemente contradictorias. En Confidencias, asistimos a la cuarentena voluntaria de un profesor que se encierra solo en su palacio romano dispuesto a morir entre sus libros y sus pinturas, renegando de la vida deleznable que continúa fuera.

Vienen a estorbarle en sus meditaciones unos vecinos ruidosos, impúdicos y confianzudos en exceso; son ellos los que le traen la noticia inesperada de que la corriente corrupta e ininterrumpida de la vida de las personas sigue siendo lo más importante: más que la soledad, más que el arte, más que la muerte que se insinúa con modos cada vez más imperiosos.

Para terminar este comentario sobre cuestiones graves con un punto alto, copio aquí una frase de Isabel Huete, amiga de facebook, que me impactó ayer con el siguiente comentario a un trance ocurrido hace muchos años, cuando le diagnosticaron un cáncer linfático: «Asumí con la mayor naturalidad que podía morirme sin perder una miaja las ganas de vivir.»


domingo, 22 de marzo de 2020

CATALUÑA CONFINADA, CATALUÑA MOVILIZADA



Trabajadores de la sanidad en un quirófano.


El falso “tsunami democràtic” se ha visto arrasado por un auténtico tsunami vírico. Lo que ha sufrido sobre todo es el relato. En lugar de ejercer sus competencias reconocidas, nuestros queridos incompetentes se habían refugiado desde hace ya tiempo en el nominalismo. No tenían tanta importancia la República, la Independència, el País, la Unitat, la Germanor reales, ni tantos otros conceptos declinados en mayúscula, como tener bien asegurada la patente para su uso exclusivo. No importaba la rosa, sino el nombre de la rosa.

Desde ese punto de partida viciado, el independentismo jugó sus cartas siempre a la contra, siempre de farol, no señalando nunca los problemas reales sino las sombras que desfilaban por la pared de la caverna platónica.

Y para dirigir el País fueron elegidas personas significadas no por su capacidad real, sino por su adhesión inquebrantable a la Idea. Quim Torra, Meritxell Budó, Miquel Buch, Jordi Puigneró, Alba Vergés… Me dejo unos cuantos en el tintero.

La crisis vírica se les ha atragantado a todos ellos. Los reflejos condicionados les han llevado a echar la culpa a Madrid: “ellos nos infectan”. El constructo no se sostiene en pie ni difundiéndolo por la BBC.

Cataluña está movilizada, pero no para cortar la Meridiana ni para lucir estelades en las fachadas: hay confinamiento y hay movilización. Se han movilizado los profesionales de una Sanidad pública desmantelada tiempo atrás por un govern de politicastros ansiosos de labrarse una fortuna privada en el bonito juego de las puertas giratorias. La salud es un bien esencial.

El trabajo, calificado de realidad obsoleta e inexistente por las mentes neoliberales, ha roto las cadenas de mando y está batiendo el cobre para acudir al rescate de una economía que se hunde torpedeada por debajo de la línea de flotación por la codicia insaciable de las gobernanzas financieras.

Cataluña confinada, Cataluña movilizada, Cataluña esperanzada.

El contrapunto cómico lo ha puesto Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC, al realizar el siguiente llamamiento:

«Algún día, pronto, se levantará este confinamiento. Y entonces como sabemos que la justicia española es vengativa irán a embargar las cuentas de Josep Maria Jové y de Lluís Salvadó, que ayudaron a hacer el referéndum del 1-O. Ayudémoslos desde casa, hagamos una aportación a la caja de solidaridad estos días.»

La convocatoria merecía una respuesta adecuada por parte de los creyentes. Ha sido esta: «Qué vergüenza, Elisenda, qué vergüenza ... vete a la mierda, ahora y cuando termine todo esto.» (1)



sábado, 21 de marzo de 2020

UNO SPIRITO SOAVE PIEN D'AMORE



Retrato imaginario de Beatrice Portinari (detalle), obra de la pintora modernista francesa Elisabeth Sonrel (1874-1953)


Una sorpresa al examinar los números de mi blog: anteayer se registraron de golpe 49 visitas de El Salvador. Un número raro, y muy alto en cualquier caso al tratarse de un país pequeño y de un contenido pre-facebook.

El número (49) coincidía con el de visitas totales realizadas en ese día a una entrada de marzo del año 17: “Gemma Donati”. Cabe imaginar que el profesor de una institución docente o de un taller literario salvadoreño incluyó mi texto en la bibliografía para algún trabajo sobre Dante Alighieri y su obra. Me siento particularmente honrado.

En el texto en cuestión se alude a un soneto de Dante dedicado a "Bice" Portinari. Lo transcribo aquí, en italiano. Quienes no conozcan esa lengua encontrarán fácilmente alguna traducción en google; pero en casos como este la traducción es siempre traición, de modo que incluyo únicamente el original:

Tanto gentil e tanto onesta pare
la donna mia quand'ella altrui saluta,
ch'ogne lingua deven tremando muta,
e li occhi no l'ardiscon di guardare.

Ella si va, sentendosi laudare,
benignamente d'umilta' vestuta;
e par che sia una cosa venuta
da cielo in terra a miracol mostrare.

Mostrasi si' piacente a chi la mira,
che da' per li occhi una dolcezza al core,
che 'ntender non la puo' chi no la prova;

e par che de la sua labbia si mova
uno spirito soave pien d'amore,
che va dicendo a l'anima: Sospira.   


Añado a esta entrada el link del post antiguo, como complemento a un acontecimiento doblemente singular: