PUNTO Y CONTRAPUNTO
Blog de Paco Rodríguez de Lecea
lunes, 29 de junio de 2026
MINIATURA DE UNA ÀNIMA EN CLAROSCURO
sábado, 1 de noviembre de 2025
PROGRESO PARA QUIÉN
Jan GOSSAERT, "Retrato de un hombre" (1530)
En la última entrega del blog de culto “Según Antonio Baylos” (https://baylos.blogspot.com/2025/10/detras-de-los-muertos.html), se describen las consecuencias catastróficas de algo que está rutinariamente aceptado y sobreentendido como principio pacífico de nuetra economía de todos los días. A saber, que el negocio pasa siempre por delante de las personas.
No fue solo Carlos Mazón quien defendió este principio con
su pasotismo absoluto durante la DANA del mes pasado en Valencia: detrás de él
estaba un selecto grupo de empresarios que temían por los rendimientos a corto
plazo de sus negocios en una situación tan complicada, y dieron órdenes de que,
por ejemplo, el reparto de mercancías se llevara a cabo con tanta celeridad y
eficiencia como en condiciones meteorológicas normales. Quien se vio forzada a
asumir las dificultades de la situación – incluidas las más comprometidas, a
vida o muerte –, fue la fuerza de trabajo.
Una fuerza de trabajo abstracta y fungible, no compuesta
por personas “de bulto” sino por puestos, por horarios y por cláusulas
contractuales. Y claro, una fuerza de trabajo pasajera, susceptible, en caso de
“ausencia por fuerza mayor” de ser reemplazada al instante, sin costo alguno
añadido.
Lo mismo exactamente había ocurrido en el hundimiento del
edificio Rana Plaza de Dacca, Bangladesh, el 24 de abril de 2013, cuando los
encargados impidieron a las trabajadoras ponerse a salvo a tiempo del desastre.
Es un mandamiento inamovible del neoliberalismo económico: unas reglas no
escritas pero inmutables de la producción colocan los beneficios del capital
por delante de cualesquiera necesidades del factor trabajo. Sostenía Margaret
Thatcher que no existe la sociedad, sino solo individuos insignificantes
cargados con sus pequeños y miserables egoísmos (a saber, salud, vivienda,
bienestar físico, seguridad, protección institucional…) los cuales salen
demasiado caros a las élites que dirigen el mundo.
Hay dos formas entonces de considerar el progreso: como
avance de la humanidad y como acumulación en la producción de riqueza. Las dos
formas no son incompatibles en principio, pero sí a partir de la codicia
desmedida de quienes se descargan de responsabilidades hacia los demás por el
afán de mejorar la productividad de sus inversiones.
(Tampoco eso lo consiguen, como se indica respecto de la
Inteligencia Artificial en la siguiente cita, tomada de D. Acemoglu y S.
Johnson, “Poder y progreso”, Deusto, p. 415):
«Las tecnologías digitales tienen una utilidad general y, por lo tanto, pueden desarrollarse de muchas maneras diferentes. En el momento de decidir su futura dirección, deberíamos fijarnos en su validez para alcanzar los objetivos que nos hemos marcado como seres humanos, lo que se conoce como “la utilidad de la máquina”. En el pasado, potenciar el uso de máquinas y algoritmos para complementar las capacidades humanas y empoderar a las personas condujo a la creación de inventos revolucionarios que han tenido una gran utilidad. En cambio, obsesionarse con la inteligencia artificial solo incentiva la recopilación de datos a gran escala, la pérdida de influencia de la ciudadanía y los trabajadores, y el inicio de una carrera desesperada por automatizar el trabajo, incluso cuando ese proceso es solo una automatización “a medias”, es decir, que solo aporta beneficios minúsculos a la productividad. No es coincidencia que la automatización y la recogida de datos a gran escala enriquezcan a quienes controlan la tecnología digital.»
jueves, 4 de septiembre de 2025
CUANDO LAS AUTONOMÍAS FUNCIONEN
Rigodón del 7º de
Caballería. Fotograma de la película “Fort Apache”, John Ford 1948.
Suscribo al cien por cien unas palabras oídas en televisión a
Máriam Martínez-Bascuñán, sobre la situación política actual: “El
funcionamiento actual del Estado de las autonomías representa casi la
perversión completa del federalismo.”
No respondo de que sean sus palabras exactas, no tomé nota
inmediata. El sentido, con todo, era ese. También respondo de la partícula “casi”,
que asumo enteramente. No es un adorno en el enunciado, una voluta retórica:
tiene un sentido concreto. En seguida vuelvo sobre el asunto.
El origen del invento seudoautonómico actual se sitúa geográficamente
en la Comunidad de Madrid. Hubo antes malas prácticas muy graves en Valencia, con
una lista de mandatarios que cierra hasta el momento un Mazón en equilibrio
inestable, y que fue encabezada illo tempore por un Zaplana que había
llegado a la política “para forrarse”, y que lleva años y paños sobreviviéndose
moribundo a sí mismo para evitar una condena por desfalco y estafa.
También es de rigor mencionar el caso de Cataluña, donde más que “perversión”
hubo una “subversión” de medios y fines de la autonomía constitucionalmente
definida, utilizada como atajo “astuto” para alcanzar una independencia por
carambola sin que nadie se diera cuenta.
Pero el vaciamiento de la responsabilidad autonómica para acaparar
de un lado todos los medios financieros públicos – estatales y europeos –, y de
otro lado eludir todos los deberes establecidos en la Constitución, es un
invento de Madrid, autonomía singular en la que se superponen Estado y
Provincia. Aquí se generó ese vaciamiento de las responsabilidades públicas de
la institución autonómica, en virtud de la cual es el Estado quien asume todas las
tareas según se van presentando, mientras la Comunidad se dedica a fomentar negociaciones
off the record con el sector privado, altamente provechosas para ambas
partes. De ese modo, el principio federalista de subsidiariedad se invierte (se
pervierte), y todas las puertas giratorias entre lo público y lo privado, bien
engrasadas, funcionan a pleno rendimiento para alimentar los bolsillos de los protagonistas
y sus amistades.
Esa es la cruda historia de Aguirre, de Cifuentes, de Ayuso, y de
sus nutridas cohortes de asesores y “conseguidores”. Añádase al cuadro general el
dumping fiscal y social a las demás autonomías.
Y el modelo, patentado por el PP, se ha extendido a otras
latitudes, por lo que no es casual que en todos los recientes desastres “naturales”
debidos a la imprevisión, al recorte sistemático de medios públicos y a la
privatización de los recursos, hayan brillado de forma sistemática por su
ausencia los cabezas de cartel de las autonomías implicadas: Castilla y León,
Galicia, Extremadura, Madrid... Estaban – lo han estado siempre – en otra cosa.
Tampoco es casual que Feijoo ponga ahora como línea roja, para la
convocatoria de elecciones en el Estado, la no aprobación de dos presupuestos
consecutivos, cuando en Castilla y León van ya cinco sin aprobar. Claro, la ley
que el PP quiere para el Estado central no sería aplicable a las autonomías
amigas. Es una ley del embudo: estrecha en un extremo, y ancha, anchísima, en
el otro.
Todo lo cual me trae de nuevo al “casi” de Máriam
Martínez-Bascuñán. Esta estructura perversa (este “modelo de éxito”, lo llama
Ayuso) necesita infaltablemente la cooperación complaciente de un Gobierno
estatal cornudo y consentidor. Lo fue, a conciencia, el de Don M. Rajoy. El “casi”
que falta para la total felicidad de la derechona, y de sus barones, sus
nostálgicos y sus “cierraespaña” vocacionales, es un jefe de Gobierno amigo y amigable.
No lo es Perrosanche, el muy HDP.
Y ese “casi” es el que nos vale a nosotros los ciudadanos, de
momento. Pero no me vengan con discursos federalistas ahora. Déjenlo para otro
momento, cuando las autonomías funcionen, mejor o peor, por donde deben.
viernes, 9 de mayo de 2025
SOBRE LA ORGANIZACIÓN DE LA INCERTIDUMBRE
En la Acrópolis de Atenas, noviembre de 2021
Me gusta mucho la definición de democracia de Adam Przeworski,
profesor polaco-estadounidense de Ciencia Política: es la “incertidumbre
organizada”.
La “política”, dice Przeworski, aparece allí donde no
existen o tienden a desvanecerse las certezas absolutas, y sin embargo resulta
obligado tomar decisiones colectivas que afectan a un grupo humano organizado.
Toda decisión propiamente política (al contrario que un
teorema matemático, una fórmula química o un peritaje administrativo, por
ejemplo) está sujeta a la incertidumbre sobre su bondad real, no hay garantía
suficiente de que su funcionamiento práctico resulte adecuado a un contexto muy
complejo y, en parte al menos, desconocido y cambiante.
A falta de recetas exactas, de datos suficientes y de personas
sabias y clarividentes mandatadas para decidir en nombre del colectivo, la
decisión sigue siendo, sin embargo, necesaria y urgente. La democracia, dice
Przeworski, es en esas circunstancias la “segunda mejor opción” (second
best) para un autogobierno ideal. Creo que fue Clemenceau quien expresó la
misma idea al decir que la democracia es la peor forma de gobierno excluidas
todas las demás.
La omnisciencia política sería perfecta, claro, pero no
está a nuestro alcance, ni siquiera con la ayuda tecnológica de los consabidos algoritmos
y big data, imbatibles en el análisis del pasado, pero poco adecuados para
predecir los futuros. Lo preferible entonces es, siempre desde el apoyo del
escalón tecnológico alcanzado, basar la legitimación de las decisiones en la
autorización popular; o dicho de otro modo, no considerar la decisión tomada como
un “destino”, sino como un quehacer humano susceptible de ensayo y error.
Esa actitud general comporta de forma necesaria la igualdad
de derechos políticos de la ciudadanía, la exigencia de instituciones políticas
abiertas y representativas, la concurrencia legítima de opiniones enfrentadas, el
conflicto constante, el debate abierto y exhaustivo, y en último término la decantación
de un voto mayoritario y otro minoritario. (No estoy hablando del voto a
personas que dirijan, las elecciones, sino del voto en las instituciones
representativas a las propuestas políticas debatidas previamente. Quienes en el
Congreso y el Senado votan en contra de todo lo que no proponen ellos mismos, sea
cual sea su contenido, están jugando a otra cosa que no es democracia.)
En todo este proceso, no es tan importante la bondad en sí misma
de la decisión adoptada, como las formas y las garantías seguidas para
adoptarla. En consecuencia, toda decisión democrática tiene de por sí el carácter
de provisional, revisable y sustituible por el mismo procedimiento, en el caso
de que su puesta en práctica no haya resultado satisfactoria.
lunes, 5 de mayo de 2025
LA CARRERA DE MARGARETE
Margarete Bieber. Fuente: Universidad de Giessen.
Descubro la historia de Margarete Bieber, una ilustre pionera
de la lucha feminista por la cultura, en un libro (“Pompei, la città
incantata”) de Gabriel Zuchtriegel, profesor germano-italiano y actual
director del Parque arqueológico de Pompeya.
Margarete dio en 1928, en una revista especializada, una
interpretación peculiar a los frescos de la famosa Villa dei Misteri. No se
trataría de ritos mistéricos, según ella, sino de la visión jovial de una boda
(epitalamio) plasmada por toda una serie de personajes a partir de la figura central
de la novia, que aparece sentada en una butaca, peinándose para la ceremonia.
La interpretación de Bieber ya había sido tenida en cuenta en 1931 por el
director de las excavaciones, Amedeo Maiuri, pero casi de inmediato quedó
arrinconada por el mainstream arqueológico, hasta ser recogida y aumentada muchos
años después por el francés Paul Veyne (“La
Villa des Mystères à Pompéi”, París, Gallimard 2016).
Fue un recuerdo merecido aunque muy tardío de su aportación.
Pero la anécdota resume a la perfección la historia profesional de Margarete,
nacida en 1879 en Schönau, Prusia, actual Przechowo en Polonia, en el seno de
una familia judía. Estudió la carrera como oyente, porque las mujeres no podían
entonces matricularse en la Universidad, y fue la primera doctora en
Arqueología (la tercera en todas las especialidades) de su país, Alemania. Solicitó
una “bolsa de viaje” para visitar excavaciones relacionadas con su especialidad
en Grecia y en Italia; y Ernst Fabricius, presidente de la comisión que las
concedía, se la denegó por su condición femenina (“Mientras yo presida esta
comisión, etc.”) Insistió, sin embargo, una y otra vez, y acabó por conseguir
una bolsa para Atenas en 1909, pero el vacío que le hicieron sus colegas
bolsistas masculinos la llevó a buscar una pensión por su cuenta. Lo mismo le
ocurrió en Mileto.
Tras el estallido de la I Guerra Mundial, la ausencia de
varones enrolados en el ejército permitió que Bieber recibiera un nombramiento
como suplente de cátedra en la Universidad de Berlín, pero el rector, Ferdinand
Noack, anuló el nombramiento y prohibió de forma expresa a la doctora utilizar
las instalaciones y acceder a las colecciones científicas universitarias.
Margarete perseveró. Fue habilitada primero para la libre
docencia, y en 1933 ganó la cátedra de la Universidad de Giessen. No llegó a
tomar posesión, sin embargo, porque el Partido Nazi de Adolfo Hitler ganó las
elecciones. Después de sufrir distintas humillaciones, optó por exiliarse con
su hija, primero a Inglaterra (Oxford) y luego a Estados Unidos, donde fue a
recalar en la Universidad de New Canaan, Connecticut. Allí murió en 1978, casi
centenaria, y descansó de una lucha larga e incansable contra los prejuicios
que trataban de invisibilizar el centenar largo de libros, artículos y
aportaciones científicas que constituyen su legado. En 1977, a los 98 años,
había conseguido su último récord: una bolsa de investigación del National
Endowment for the Humanities.
jueves, 24 de abril de 2025
LA BRECHA DIGITAL
Un "escribidor" de cartas, figura de mediación en sociedades plagadas de carencias culturales, Nápoles, hacia 1870
En el paradigma cultural de la galaxia de Gutenberg, que se
ha extendido a lo largo de varios siglos de las edades moderna y contemporánea,
la igualdad teórica entre las personas en una democracia representativa no
podía existir para los analfabetos, porque carecían de las habilidades técnicas
necesarias – la lectura y la escritura – para hacer prevalecer en sociedad sus
opiniones y sus argumentos.
Algo parecido está empezando a ocurrir en la llamada “sociedad
de la información”. El poder para manejar y utilizar la masa abrumadora de datos
(big data) utilizados por los gobiernos, las administraciones públicas y
el saber de los expertos en la economía y las finanzas, resulta inalcanzable
para quienes “producen” esos datos pero no tienen capacidad para recogerlos,
ordenarlos y – sobre todo – interpretarlos.
Esta “brecha digital” es uno de los elementos que
desembocan en la renuncia colectiva a participar en la política de quienes se
consideran a sí mismos “desheredados de la tecnología”, y se sienten perdedores
en cualquiera de las formas en que se haga servir su voto. Está de moda bromear
a costa del «fachapobre» que sueña con un cambio morrocotudo a partir de las
soluciones de la antipolítica. Pero se omite la constatación de que la izquierda
al uso está ofreciendo muy poco a estas muy nutridas capas sociales a cambio de
su voto, y menos aún se ocupa de ellas la “nueva izquierda”, si tal cosa existe
en la realidad nuestra de todos los días.
Señala Daniel Innerarity, en el libro que vengo comentando
en mis entradas recientes, que se da al respecto de la digitalización un “efecto
Mateo”, de manera que los bien relacionados en el espacio físico lo están
también en el espacio virtual, en tanto que los desfavorecidos en el primero se
ven arrojados “a las tinieblas exteriores” en el segundo.
Los bancos de datos son accesibles a todos, pero no todos
tienen la misma capacidad para gestionarlos, almacenarlos y valorarlos. No la
tienen tampoco las personas que trabajan en la computación pero son meramente “proletarios
del clic”, reducidos a tareas repetitivas y sin sentido, además de mal pagados.
De esta forma, internet tiende a reforzar el statu quo
en una sociedad acusadamente asimétrica, donde los perdedores son la inmensa
mayoría, y los ganadores reales, un mero puñado de personas. Solo podrá
invertirse esta tendencia perversa si se organiza, desde abajo, una conquista
multitudinaria del saber digital en beneficio de una sociedad más combativa,
más ilustrada y más conscientemente democrática.
martes, 22 de abril de 2025
RETRATO DE FAMILIA CON MÁQUINAS
Una
familia de excursión, a finales de los años cincuenta del siglo pasado.
Convendría deshacernos – dice Daniel Innerarity (en Una
teoría crítica de la inteligencia artificial, Galaxia Gutenberg 2025, p. 272-73)
– del paradigma de la inteligencia como una acción racional consciente, un patrimonio
individual acotado y mensurable mediante índices precisos. La inteligencia
humana consiste más bien en la interacción dinámica con el mundo, y en este
sentido es de carácter colectivo y social. Un acto inteligente es el que ayuda
a un grupo humano amplio a sobrevivir y prosperar; no, el que enriquece a algunos
individuos seleccionados, apartándolos al mismo tiempo de los demás con los que
conviven.
Así considerada, la inteligencia artificial no compite con
la humana. No existen replicantes del tipo Blade Runner forcejeando por
apoderarse de un poder político con el que nunca sabrían qué hacer. No hay
máquinas hechas a nuestra imagen y semejanza que intenten imponernos sus
propios mandamientos, como no hay dioses contemplándonos desde un Olimpo
situado por encima de nosotros. No debemos tener miedo de lo nuevo.
Tampoco se da un efecto apreciable de sustitución del
trabajo humano por los automatismos de los robots o los cyborgs. Por el
contrario, la inteligencia de las máquinas, diferente de la humana, aumenta la nuestra
y la complementa; el trabajo con máquinas tiene más valor que el que se realiza
sin ellas. El progreso va en esa dirección: la inteligencia de las máquinas
revaloriza el trabajo de las personas que las utilizan a partir de su propia
inteligencia.
jueves, 17 de abril de 2025
NI BUENA, NI MALA, NI NEUTRAL
Alberto Durero, “El Caballero, la Muerte y el Diablo” (detalle).
sábado, 12 de abril de 2025
CONGRESO
Però
hem viscut per salvar-vos els mots,
Per retornar-vos
el nom de cada cosa
Salvador
ESPRIU
He vivido con apasionamiento – desde casa – el desarrollo
del 13º Congreso de las CCOO de Catalunya. Gran participación, documentos
congresuales consistentes, ambiente distendido y algunos hallazgos felices,
como ese autobús 47 que acercó al Palacio de Congresos a grupos de
participantes.
Un gran Congreso.
Hace ya más de sesenta años que se empezó a consolidar en
el panorama bastante sombrío del franquismo una anomalía: ChatGPT, de haber
existido entonces, no lo habría adivinado ni podido predecir porque no existía ningún
dato solvente que avalara la aparición de aquella flor exótica brotando con
empeño en el suelo árido de una descarnada dictadura de derechas. Se trataba de
un movimiento sociopolítico plenamente autónomo que se organizaba desde abajo, en
fábricas, talleres y oficinas, para la autodefensa de los trabajadores y las
trabajadoras, ante la explotación abusiva de que eran objeto.
Las Comisiones Obreras fueron una discontinuidad y, casi
casi, una distopía. Pero arraigaron y se hicieron un hueco. En ello nos
empeñamos algunas decenas de miles de chicas y chicos, casi todos muy jóvenes, recién
llegados en la época de los Planes de Desarrollo a la populosa Ciudad del
Trabajo. Nuestras fuerzas estaban intactas, no habíamos sido derrotados nunca
antes como le ocurría a la generación anterior, vencida en la ominosa guerra
incivil y resistente luego en una clandestinidad dura, desagradecida y
perpetuamente amenazada. Unos y otros colaboramos en la tarea común: unos desde
la sabiduría y la prudencia, otros desde el arrojo y la improvisación.
Se sucedieron en la nueva situación grandes y pequeñas luchas,
y una serie de éxitos modestos, claro que sí, como el del autobús 47, que
contribuyeron poco a poco a cambiar las coordenadas de las reivindicaciones y a
asentar el perímetro resistente de una ciudadanía despierta y activa, movilizada
a partir de las condiciones de los puestos de trabajo y de las necesidades de los
barrios, siempre desde la perspectiva de la igualdad, la solidaridad, y la no discriminación.
Con una actitud flexible en las formas e intransigente en los
principios, se impulsaron plataformas siempre realistas. No se pedía la luna,
pero sí un lugar al sol.
No fue una historia feliz, no faltaron las prisiones, las
torturas, las palizas, los muertos. nuestros muertos. Pero la dictadura se
hundió – no la resucitarán, eso es seguro – y el movimiento obrero se reafirmó.
Tal es la moraleja de la historia.
Los pasados días 9.10 y 11 las compañeras y los compañeros congresistas
han dado fe de la pervivencia de la misma actitud asentada en la misma historia,
y han abordado el debate de nuevos proyectos, desafíos y resoluciones. Contamos
con una secretaria general nueva, Belén López, y su primer discurso en el cargo
ha sido prometedor. Estamos en marcha, y la marcha no se detiene. Ánimo,
entonces.
jueves, 3 de abril de 2025
CONSPIRACIONES
Pedro López Provencio ha escrito “Conspirar contra el
olvido”, una novela tejida con el hilo de recuerdos que no son del todo suyos
personales, sino patrimonio colectivo de la generación de la que forma parte:
la que derribó el régimen de Franco y abrió las puertas a la democracia (imperfecta
y frágil, conviene advertirlo) que disfrutamos hoy.
Su “conspiración” tiene en último término el mismo sentido
que las confesiones de Pablo Neruda, “Confieso que he vivido”, y el eco nerudiano
pasado por la matización de Marcelino Camacho, “Confieso que he luchado”. Es
decir, se trata de un ejercicio de memoria viva y vital, al que Pedro ha dado
forma de novela mediante un artificio que disimula muy poco su verdadera función
y su utilidad.
El protagonista, “Luis”, se extiende en el relato de su
vida pública en el curso de un viaje relajado en velero por el Mediterráneo,
ante dos oyentes que comentan en voz alta sus impresiones, unas veces con
retranca (el primo Eduardo), otras con curiosidad (Marián, la capitana del
barco).
El viaje es, en cualquier caso, más espiritual que real, y los
interlocutores vienen a ser figuras simbólicas, que asumen el cometido de ayudar
a la claridad de la narración matizándola con consideraciones “desde fuera” que
corrigen la posible carga subjetiva del narrador. Pedro se cura en salud,
además, con una advertencia previa al lector hecha en tono de broma, pero de
fondo muy serio: «Todo lo que aquí se cuenta es verdad, excepto lo que no lo
es.»
Cierto, pero todo lo que se cuenta, verdad o no, es
importante. Destaca en mi opinión, por su interés excepcional, el relato de la
lucha de SEAT contra la imposición de un tercer turno, en el año 1971, con la ocupación
de la fábrica y la entrada brutal de la policía, con gases, caballería y a tiro
limpio. “Luis” era entonces miembro del comité de empresa, y su portavoz ante
la dirección. La muerte del trabajador Antonio Ruiz Villalba, los heridos de
bala y todo el alcance de la represión y la reacción política, sindical y
ciudadana, marcaron el desarrollo histórico del final del tardofranquismo y de la
primera transición a la democracia.
De lo que trata el libro de Pedro López Provencio, en
definitiva, es de su participación personal en unas vivencias colectivas decisivas
por su trascendencia. Esas vivencias conforman una realidad que viene a
justificar, para seguir esgrimiendo las armas de la democracia y la libertad en
un contexto tan diferente hoy de aquel que vivimos entonces, el pequeño
artefacto de un “conspirar contra el olvido” de lo que ocurrió, de cómo
ocurrió, de cómo evitar con la acción colectiva potenciales retornos de aquella
pesadilla. Un libro indispensable.
Recuerden: Pedro LÓPEZ PROVENCIO, “Conspirar contra el
olvido”, Stonberg Editorial 2025.
lunes, 10 de marzo de 2025
LA PÉRFIDA COSTUMBRE DE SESGAR LOS ANÁLISIS
Serpiente
trepando a una higuera, fresco hallado en Pompeya datado hacia 50-70 de nuestra
era. Ese culebreo hacia la fruta apetecida es parecido a muchos razonamientos actuales
que buscan una apariencia de demostración irrefutable donde solo hay en
realidad un vacío de argumentos.
Esas también son estadísticas, pero no son consideradas por Toril en su intento de "quedarse con lo positivo". Su valoración de que tiraron más a puerta (una vez más, y en fuera de juego) viene a corresponderse con la pretensión de Mazón de culpar de la debacle valenciana a la Confederación Hidrográfica del Júcar, ignorando la larga relación de avisos (esas son "estadísticas", también) pasados a lo largo del día por dicho ente a la Generalitat Valenciana, que los ignoró. La guinda del pastel la ha puesto el señor Feijóo al apuntar que "las culpas están repartidas".
sábado, 18 de enero de 2025
EL TRABAJADOR PRESCINDIBLE ACABA SIENDO UN ABSTENCIONISTA POLÍTICO
Tiempos modernos. Algoritmos (dibujo de Mauro Biani en La Repubblica
La frase del título está tomada de un artículo de Daniel Innerarity en
El País, “Democratizar el trabajo” (13.1.2025). Es importante. Tenemos la mala
costumbre de tildar de tontos a los trabajadores que votan derecha y/o
ultraderecha, o simplemente no votan. “Inne” nos da una explicación más
matizada:
«… se han debilitado estructuras de intervención duradera
en la sociedad como los sindicatos y los partidos, sustituidos ahora por una
explosión emocional con ocasión de grandes acontecimientos, como las crisis o
las catástrofes, y seguidas poco tiempo después por periodos de depresión y
desinterés hacia lo público… Son igualmente breves los tiempos de utilidad de
la tecnología, la duración de los contratos y el cortoplacismo político.»
La clave de esta transformación está probablemente en las
nuevas condiciones del trabajo en las condiciones de la nueva revolución
industrial 4.0, y en la diferencia entre los dos órdenes en los que se inserta
la vida del trabajador: un orden jerárquico en la empresa, contra un orden
democrático en la ciudadanía. El empleo es inestable, discontinuo, eventual, sin
implicación del trabajador en el futuro, sin apropiación de los logros
obtenidos con su esfuerzo. Esta “falla geológica” morrocotuda que lastra su “lugar
en el mundo” deriva en una “corrosión del carácter”, como la describió el
sociólogo Richard Sennett. La deriva ocurrida en el post-fordismo en relación
con la prestación del trabajo asalariado y su valoración, ha llevado a una
mutación en la personalidad del trabajador y a una contradicción interna en su “otra”
condición vital, la de ciudadano en un ordenamiento democrático.
El voto resulta inservible para cambiar una situación laboral
degradada; y cuando se ejerce, ya no es para modelar un futuro posible, sino para
protestar contra un futuro consabido. La democracia, entonces, es vista como
una trampa, porque no se advierte ninguna relación entre el cambio político como
desiderátum y la subordinación laboral como pan de cada día.
La solución al problema empezaría por colocar realmente el
trabajo en el centro de la política, a partir de la democratización de la
empresa y la garantía de un derecho de voz y voto en ella a los trabajadores, capaces
así de codeterminar su prestación laboral concreta y su perspectiva de futuro.
Cita “Inne” al respecto la concepción de la empresa como “entidad política”, en
consecuencia sometida al juego democrático, como ha reivindicado Isabelle Ferreras*.
Una consideración semejante muestra la insuficiencia de
fondo de medidas como la reducción de jornada, a pesar de su bondad en el
sentido de incrementar el tiempo político a costa de disminuir el de
subordinación jerárquica.
Pero, como concluye “Inne” en su artículo, «el desafío
final no es limitar nuestra relación con la empresa, sino su transformación: no
se trata tanto de conseguir un derecho a la desconexión como de fortalecer el
derecho de participación, tanto en el interior de las empresas como en la
sociedad política en general.»
(*) Ver también al respecto Paco RODRÍGUEZ DE LECEA, “La empresa como lugar político”, en Un mundo dislocado (Ed. Bomarzo 2023, p. 121). Puede encontrarse también el mismo texto en https://vamosapuntoycontrapunto.blogspot.com/2019/04/la-empresa-como-lugar-politico.html
viernes, 13 de diciembre de 2024
EL ERROR DE DING
Suspensión
Qué exageración, por favor. Y qué manía con los errores, sin
tener en cuenta que la Historia empezó, según una tradición asentada aunque discutible,
con Eva aceptando la manzana que le ofrecía en boca la serpiente.
Según la crónica de Leontxo García, Ding se había
equivocado ya siete u ocho veces a lo largo de la famosa partida 14ª, y Gukesh
otras tantas (los comentaristas valoran ahora las partidas con la ayuda de
potentes computadoras de silicio, que calculan los movimientos futuros con
veintenas de jugadas de anticipación.)
El error, entonces, no es nada inhabitual, en un juego
(llámenle deporte si gustan) en el que, según tradición inveterada ya de cuando
era simplemente humano, gana siempre el jugador que comete el penúltimo error.
Pero seguimos anhelando una perfección inhumana en todo. El
mundo se divide en personas que señalan con regocijo un error de apreciación de
Carlos Marx (por ejemplo) en un análisis económico, y las que consideran que
tal error no existe porque Marx era por definición infalible.
Como si la perfección no fuera una cosa siempre efímera,
hecha de momentos raros de plenitud que nos llegan de algún lugar situado en el
exterior de nosotros mismos y más allá de nuestras capacidades ordinarias.
domingo, 1 de diciembre de 2024
LA IZQUIERDA Y LA ECONOMÍA GLOBAL
René
Magritte, “La cifra”, 1981
Leo en el número recién aparecido de Nueva Tribuna una
llamada de alerta de Isidor Boix, bajo el título suficientemente significativo:
“Crisis en multinacionales, sin respuesta sindical ‘multinacional’”. (*)
El artículo describe la falta de respuesta sindical
adecuada – hasta el momento – a una iniciativa masiva de un grupo compacto de grandes
empresas industriales multinacionales, que afecta gravemente a las clases
trabajadoras de algunos países desarrollados y otros emergentes. A partir de
ahí, Boix esboza un análisis escueto, no ya solo de la falta de respuesta
conjunta de los sindicatos concernidos, sino sobre todo del hecho singular de
que sigan mirando “a otro lado”, como si el problema no les afectara.
Destaco el siguiente párrafo, que describe de forma
sintética la situación. La cursiva es del autor, y este añade a continuación que
tal vez esté equivocado y agradecería, si es así, que alguien le corrigiera:
«… es necesaria una permanente elaboración colectiva de
cuáles puedan ser en cada momento y en cada ámbito los intereses comunes,
colectivos y solidarios, mediante las múltiples formas de participación y
democracia sindical. No creo que esto, aparentemente tan elemental, esté
suficientemente asumido por los órganos colectivos que deberían hacerlo.»
Algo me gustaría añadir sobre el tema. Se da en este tiempo
una desorientación (que yo llamaría “existencial” en el sentido filosófico de
la palabra) no exclusiva de los sindicatos, sino en general de la izquierda tanto
“clásica” como “nueva”, en relación con el cambio radical de paradigma que
estamos viviendo en las relaciones de trabajo, a partir de la irrupción torrencial
de las nuevas tecnologías 4.0 en el proceso productivo.
Hemos pasado del capitalismo industrial al capitalismo
digital, que no encaja en la vieja lógica del trabajo material; y todo ello, en
un contexto de globalización acelerada. Pero las izquierdas presentes en el
tablero político siguen ancladas en “una visión romántica del viejo mundo
industrial” (la frase es de Daniel Innerarity) y en una consideración demasiado
negativa de la globalización, que rechazan “in toto” y en cuya lógica, en
consecuencia, no quieren ni siquiera entrar.
Paradójicamente, la izquierda política realmente existente
es conservadora respecto del mundo del trabajo, frente a una derecha radical y
rompedora, que utiliza las nuevas herramientas puestas a su alcance por el
progreso tecnológico desde una lógica dirigida al enriquecimiento privado, y no
al bien común.
Nada que no se pueda remediar. Pero la premisa previa para
encontrar la solución de un problema es la conciencia de la existencia de ese
problema, y su delimitación correcta.
Ese paso previo, por el momento sigue faltándonos. Urge resolverlo.
miércoles, 20 de noviembre de 2024
DESPUÉS DE LA DANA
El nuevo vicepresidente de la Generalitat valenciana,
Francisco Gan Pampols, ha manifestado que seguirá “criterios exclusivamente
técnicos y en ningún caso políticos” para la reconstrucción que le ha sido
encomendada.
Mal empezamos.
Porque un criterio técnico, lo es en relación con la busca
de un resultado; y en este caso no se expresa qué resultado se concibe como
prioritario para las nuevas estructuras que han de ponerse a punto: si ha de
ser la seguridad de las personas, o la oportunidad especulativa para el capital-riesgo;
en último término, la protección o la producción.
Sin hablar de la posibilidad de grandes negocios asociados
a la inyección de dinero público, como ya ha ocurrido con la pandemia, que dio
lugar a grandes “neofortunas”, entre ellas la del compañero sentimental de
Isabel Díaz Ayuso, una autoridad electa, con poder “técnico” de decisión sobre
el tema.
Algo debe decir en este tema vidrioso la contraparte de tantos
expertos sobrevenidos capaces de tomar sin que les tiemble la mano las decisiones
“técnicas” más extremas. Algo deben decir los trabajadores, que son además
residentes en inmuebles construidos apresuradamente por constructores poco
escrupulosos en terrenos inundables, para acumular dinero ganso.
«Los sindicatos son los sujetos que llevan
inscrito en su ADN el proyecto del cambio social y el logro de la participación
democrática de los trabajadores y las trabajadoras en cuanto tales, es decir la
emancipación progresiva de la subalternidad social…» Así se
expresa Antonio Baylos en una entrada lúcida y significativa de su blog de
culto (*). Tanto los sindicatos como los movimientos vecinales han de
participar necesariamente en una reconstrucción democrática de esas estructuras
mal previstas, mal ubicadas, deficientes, precarias, inseguras, que han
funcionado en muchos casos como ratoneras sin posibilidad de escape, y que se
han cobrado más de doscientas vidas en unas pocas horas.
La peor noticia posible es que, después de la catástrofe,
se intente repetir la jugada desde las mismas premisas.
(*) Ver https://baylos.blogspot.com/2024/11/democratizar-el-trabajo-protegiendo-los.html
jueves, 14 de noviembre de 2024
LOS ÁRBOLES DE HUDIMESNIL
Meindert
Hobbema, “El camino de Middelharnis”. Londres, National Gallery.
En un pasaje de la “Búsqueda del Tiempo Perdido” de Marcel
Proust, el protagonista da un paseo por los alrededores de la localidad balnearia
de Balbec, con su abuela y la marquesa de Villeparisis, en la calesa de esta
última.
Al aproximarse al pueblecito de Hudimesnil, que los
paseantes no conocen y en el que nunca van a entrar, Marcel percibe tres
grandes árboles dispuestos de modo que parecen formar el pórtico de entrada a una alameda “cubierta” por el follaje de las
ramas altas entrecruzadas de los robles.
La visión le inunda de una felicidad rara, que relaciona de
inmediato con algún episodio de su niñez. Intenta recuperar ese recuerdo, y
cierra los ojos para apurar la sensación, pero la charla de sus acompañantes le
impide concentrarse. Una revuelta de la carretera lo coloca de espaldas a los
tres árboles, que agitan desesperados sus ramas como para decirle: “lo que no
averigües hoy de nosotros, no lo sabrás nunca”. Y el narrador se queda “triste
como si acabara de perder un amigo, como si él mismo hubiera muerto, o hubiera renegado
de un conocido muerto, o dejado de reconocer a un dios”.
Hudimesnil ha quedado así en la Recherche como el
símbolo del tiempo perdido para siempre. Mi sorpresa ha sido grande al saber
que Proust, que utilizó aquella visión con fines literarios, controlaba a la perfección
el recuerdo de esos precisos árboles elusivos. En los “setenta y cinco folios” (*)
recuperados tardíamente del archivo del crítico Bernard de Fallois, y que
vienen a ser la materia magmática inicial que dio lugar al “big bang” de la Recherche,
un párrafo deja la cuestión totalmente aclarada.
En el folio 37 se describe el arranque del camino de
Villebon (que luego será el côté de Guermantes) a partir de la plaza del
Calvario de Illiers (Combray). Allí, señala Proust, «une allée d’arbres
commençait qui semblait savoir où elle conduisait» (empezaba una alameda
que parecía saber adónde conducía). Y como remate, en el párrafo siguiente, en
el que evoca los frecuentes fenómenos de asociación generados por la memoria,
declara haber visto disposiciones de árboles parecidas en Normandía y en
Borgoña.
Hudimesnil sigue siendo un tótem excelso para los
Argonautas que aún tenemos la capacidad de redescubrir viejas sensaciones de
contornos imprecisos en nuevos paisajes recién descubiertos. Pero resulta
sintomático que Proust, ese Protoargonauta de excepción, eligiera, como símbolo
literario de lo que se nos escapa, un recuerdo de infancia que tenía perfectamente
controlado.
(*) M. PROUST, “Les soixante-quinze feuillets, et autres manuscrits inédits”. Edición establecida por Nathalie Mauriac Dyer. Éditions Gallimard, 2021.
viernes, 18 de octubre de 2024
BANCOS CENTRALES Y POLÍTICA ECONÓMICA
Plañidera, detalle de la tumba de Miguel Ángel Buonarrotti, obra de Giorgio Vasari. Iglesia de la Santa Croce, Florencia.
El Poder Judicial y el Banco Central son dos instituciones básicas
del Estado moderno cuya razón de ser original era utilizarlos como contrapesos con
la intención de promover la igualdad relativa de los ciudadanos y prevenir los
abusos de los más fuertes. Ahora, y en tanto no se remedie la grave dislocación
existente, ambas han quedado colocadas al margen de todo control de la sociedad
civil. Se les supone una “legitimidad” superior por el hecho de ser “apolíticas”
– cosa que se afirma con reiteración no obstante las numerosas pruebas en
contrario –, y en principio no están obligadas a rendir cuentas a nadie de sus
actuaciones, ni a corregir sus errores, ni a justificar sus decisiones en
ninguna especie conocida de “bien común”.
Dejo a un lado en esta nota la situación del poder judicial
(vergonzosa), y me detengo un instante en el Banco central a partir de lo que
está ocurriendo en Europa, donde los reflejos opacados de ideología vienen
sustituyendo a algo que se seguía llamando hasta hace muy poco “gestión
tecnocrática”; y en España, donde la sustitución del señor Hernández de Cos
está dando lugar a debates y empellones que vienen a demostrar la sustancia
política del cargo y su trascendencia.
Me ha llegado mientras tanto, de un articulista de prensa bien
informado, el término “capitalismo de los bancos centrales”. Lo ha acuñado al
parecer Joscha Wullweber, que según leo en una sucinta nota en Google es
profesor de Economía Política, Transformación y Sostenibilidad en Heisenberg
(probablemente algún Instituto Heisenberg de Ciencias, porque no existe que se
sepa una Universidad de ese nombre). El quid del asunto está para el estudioso
citado en que dista mucho de ser cierto que los bancos centrales regulen la
política monetaria de los países o grupos de países desde criterios rigurosos de
neutralidad y apoliticismo. Del capitalismo a secas pasamos en su momento al
capitalismo “financiero”, y este tiende a escorarse más aún en un sistema
gobernado desde las sombras de los despachos bancarios y que mediatiza en buena
medida los resultados obtenidos.
Los bancos centrales siguieron todos a una las tesis económicas
neoliberales cuando se produjo el feroz crac de la economía mundial en 2008. La
regla de la austeridad y del no endeudamiento público transfirió un volumen gigantesco
de deuda a bolsillos privados de ciudadanos desprotegidos de cuentas corrientes
confortables; y la consigna de la bajada de impuestos a los ricos para
incentivar la producción, acabó de redondear un modelo económico en el que la
producción de riqueza al modo concebido por la economía tradicional se vio
sustituida por la extracción sistemática de rentas de las clases más
necesitadas.
Un ejemplo reciente y claro: el gobierno concede ayudas a
los inquilinos para contrarrestar la presión al alza de los alquileres, y de
forma prácticamente automática los caseros responden con una nueva subida del
alquiler, de forma que la nueva renta es absorbida y va a parar a los mismos
bolsillos. No se ha producido ningún nuevo valor ni incremento de prosperidad: la
única motivación del alza del alquiler ha sido succionar las ayudas públicas recibidas
por quienes no tenían otro remedio que aferrarse por encima de todo a su
vivienda como bien indispensable.
Al redirigir la deuda de esta forma e impedir de hecho las
políticas sociales por parte de gobiernos progresistas, los bancos centrales
están asumiendo tareas de redistribución antiigualitarias.
“¡No somos nosotros, es el mercado!”, dicen, como lo dijo
en su día Rodrigo Rato. Pero no es un libre mercado, sea cual sea y esté donde
esté en la actualidad esa vieja quimera, sino un mercado milimetrado y
condicionado al máximo por unas medidas “apolíticas” dictadas sin contar con consenso
social y que desvirtúan los campos de la oferta y la demanda en beneficio de
los rentistas.
domingo, 22 de septiembre de 2024
EL LIBERALISMO PRODUCE SUS PROPIOS ENEMIGOS
Noé da
suelta a la paloma, en medio del Diluvio universal. Mosaico de los ss. XII-XIII
en la basílica de San Marcos de Venecia.
Vivíamos en el TINA,
¿recuerdan?: “No hay alternativa”, nos repetían una y otra vez las sabias instituciones
que nos gobernaban dejándonos únicamente la ilusión de libertad derivada de
votar en las elecciones sucesivas las opciones rígidamente equivalentes que más
nos gustaran.
Y sin embargo, el TINA (There
Is No Alternative) saltó en pedazos y las instituciones se adaptaron a
nuevos condicionantes. Estamos en el tiempo del populismo, y lean lo que dice
Daniel Innerarity acerca del mismo* : «No es fácil saber si la ola de
constitucionalización que generaron los regímenes liberales responde al deseo
de protegerse del populismo o si es al revés y el populismo surge como
respuesta a una excesiva limitación de los espacios de acción política. Puede
que el populismo no sea el enemigo de la democracia liberal, sino su espectro,
la reacción que produce ese diseño institucional pensado para limitar al máximo
un posible descontrol popular. El liberalismo no se encuentra, sino que produce
sus propios enemigos.»
Hay remedio a semejante
distorsión o dislocación, por supuesto. Con una característica necesaria: el
remedio, la solución, tiene que venir necesariamente de abajo, del fondo poco
explorado de la sociedad tal como es, diversa y fragmentada, pero soberana.
Los individuos que formamos esta
sociedad poscontemporánea podemos y debemos mejorar nuestra situación común desarrollando
nuestra propia inteligencia colectiva (nada de “inteligencias artificiales” en
los puentes de mando), para dar una dirección adecuada a la presunta “nave” en
la que todos estamos embarcados.
No es bueno que lo hagan por
nosotros ni las élites ni las máquinas. Necesitamos más conciencia de clase, con
dos precisiones importantes añadidas a esa conciencia: la primera, que la “clase”
es hoy más que nunca amplia, enrevesada y contradictoria; la segunda, que lo
que necesitamos es una conciencia de clase “dirigente” a través de las
instituciones, y no de clase “dirigida” por instituciones, ya estén estas
elegidas a través de los mecanismos electorales establecidos, o simplemente
puestas ahí como un milagrito neoliberal sacado de la manga del macron de
turno.
viernes, 29 de marzo de 2024
POLÍTICAS DE URGENCIA
Un ejemplo de política a largo plazo: terrazas
incaicas de cultivo en Choquequirao, Cuzco (Perú). Imagen compartida de
Facebook.
Ando dándole vueltas a un artículo reciente de Daniel
Innerarity (El País, 18 marzo 2024).
Sigo con mucho interés y tal vez algún provecho personal las
colaboraciones recientes de Innerarity en el campo de la política. Antes de entrar
a un comentario más general, apunto dos consideraciones previas de poca
trascendencia: la primera, el curioso hallazgo de una palabra inglesa
encriptada en el apellido del autor: “rarity” vale en nuestro idioma por
rareza, singularidad, excepción. Ahí lo dejo.
Y segunda nota tangencial, relacionada con el título del
artículo: «Democracias sin tiempo» es un oxímoron, tal como el propio autor se
encarga de señalar: “La democracia como la conocemos presupone la idea de
continuidad [en el tiempo], de que las cosas no van hacia un abrupto
final (Jonathan White). Conservadores y progresistas compartían al menos esa
suposición, que implicaba un tiempo histórico largo.”
Cabe concluir entonces, al menos como hipótesis, que desde
un punto de vista técnico no existe en rigor democracia si no aparece en el
quehacer político una percepción temporal consistente a largo plazo; y que
tampoco puede darse una política de urgencia, cortoplacista, que sea además plenamente
democrática, al menos en lo relativo al respeto a la pluralidad de opciones y a
su concurrencia ordenada.
“La política se convierte en una gestión de las
emergencias”, señala nuestro Inne. “No hay lugar para el
desacuerdo o el cambio de opinión … Las emergencias favorecen un estilo
elitista de gobernar, un protagonismo del poder ejecutivo, amplían el espacio
del secreto y debilitan el control democrático.”
Desde este punto de vista, cada nueva contienda electoral deja
de ser la “siguiente” en una serie ordenada, para convertirse en el “último cartucho”,
el clavo ardiendo, el ahí nos la jugamos para siempre o por lo menos para los
dos siglos próximos. Los comicios tienden a convertirse en referendos
decisorios, y en las campañas pierden importancia los temas concretos de la
política ante el problema capital de quién va a ser la persona que se pondrá al
frente: el conducator, el macho alfa incluso si es hembra, el líder
carismático.
Quizás ese sesgo de la coyuntura política actual viene comandado
por la dominancia del pensamiento único, el TINA (There Is No Alternative) tan
relacionada a su vez con la extensión abusiva de la inteligencia artificial y
los algoritmos a terrenos inadecuados para su arraigo. La ley del algoritmo es
la ley del rebaño, y la Libertad (excusen la mayúscula), que es sobre todo la
del que no piensa como yo, exige el contraste, el voto, el cultivo de la alternativa,
el cambio estructural, y la concreción pluralista de ese cambio en un futuro dilatado:
en el Tiempo.

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