viernes, 23 de agosto de 2019

ESCALADA DE ALARMISMOS


Crónicas desde la Contigüidad del Cosmos



Un vehículo de la CIA abriéndose paso trabajosamente por el centro de Poldemarx. El nombre de la calle en cuestión es ‘Consolat de Mar’, si bien la izquierda local ha presentado una moción para sustituirlo por el de ‘Consolats per Marx’.


En honor de Angela Merkel, debo decir que fue ella la primera en rectificar sinceramente y pedirme ayuda (1).

─ Herr Gottráiguetz, esto se está volviendo irrespirable. Le agradecería que utilizase sus grandes capacidades para enredar, en la búsqueda de una solución de esta horrible crisis.

Acababa de colgar el teléfono cuando llegó la llamada de Christine Lagarde:

─ Mon cher Pacó, reconozca que se le ha ido este asunto de las manos. Siga atentamente mis instrucciones o tendrá motivos para arrepentirse eternamente.

El tono era distinto, pero la tribulación era idéntica en ambas. El inspector Clouseau de la Sureté, deseoso de darse una importancia de la que carece, había filtrado a la prensa lepenista el asunto del JLV (Joyero Louis Vuitton), y al día siguiente se desató en toda la aldea global una tormenta mediática. «¿Dónde está el collar de rubíes de madame Lagarde?», titulaba Bild. El editorial del Financial Times pontificaba sobre la crisis de credibilidad europea. En el Singapur Express la gran preocupación era la quiebra de la seguridad para el comercio y el turismo mundial. En Ara o Mai, órgano portavoz del independentismo catalán, la culpa de todo la tenía la Colau, y ellos ya lo habían predicho muchos meses antes. Por su parte la portavoz parlamentaria del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, siempre temperamental, centró la raíz del problema en las actividades nefandas del separatismo judeo rojo masónico, y exigió la creación de una comisión parlamentaria con el fin de reeditar la vigencia del artículo 155 y acordonar la calle Consolat de Mar de Poldemarx con una fila de blindados del Ejército de Tierra a fin de salvaguardar la libre circulación de la ciudadanía por dicha vía (2).

Posiblemente la guinda del pastel eran unos versillos satíricos anónimos aparecidos en la publicación digital Sinvergüenza.com:

La Lagarde está llorando.
La Lagarde, sollozando.
Ha perdido sin querer
Su joyero vuittonado.
¡Ay su collar de rubíes!
¡Ay su anillito dorado!

 Peor aún, Clouseau había emplazado al MI5 británico a sacar sus sucias manos del patrimonio nacional ajeno, y a la Embajada norteamericana en el sentido de que no se debía mezclar la legítima compraventa de Groenlandia con cuestiones internas y altamente delicadas de la Francia libre y soberana. Ahora los servicios secretos andaban detrás del asunto, y Poldemarx se había llenado de extranjeros corpulentos de edad mediana vestidos de forma extravagante, con gafas oscuras y complejos aparatos rastreadores de metales. En un informe confidencial de la CIA se especulaba con la posibilidad de que las joyas estuvieran ocultas en la panza de algunos ejemplares de la colonia de cormoranes negros de la Roca Grossa, dado el significativo aumento de agitación de los sensores magnéticos en las proximidades de la bandada.

No me duelen prendas. He devuelto a Lagarde su jodío joyero por un canal de máxima seguridad (un rider de Glovo) sin exigirle la retirada de sus ofensivas interpelaciones de la semana pasada. Lo he hecho, como Manuel Valls, sin la menor contrapartida, animado únicamente por el deseo de una mayor limpieza en la política. 

Christine ha lucido su collar de rubíes en una gala benéfica de la Unicef, con lo que se ha amortiguado considerablemente el revuelo de los medios. Angela me ha mandado una discretísima nota de agradecimiento («Gracias, mamón») y Mariano Rajoy me ha ofrecido un puesto de asesor en el gabinete en la sombra que está empezando a constituir para el caso de que fracase la investidura de la ultraizquierda empecinada y Pablo Casado, que es un muchacho excelente y entregado, con un gran futuro a la espalda, dé el prudente paso a un lado que se espera de él y deje vía libre al gobierno que el país verdaderamente necesita.

Le he contestado que naranjas de la China. Me ha enviado recado de que están muy caras, pero que no obstante procurará complacerme.


(1) Para seguir por su orden cronológico la deslavazada serie de crónicas esotéricas que concluye con la de hoy, el sufrido lector deberá leer previamente: 

(2) En relación con la calle Consolat de Mar de Poldemarx, la bibliografía esencial está contenida en: 


jueves, 22 de agosto de 2019

VUELTA Y VUELTA AL MISMO ACUERDO



Al calorcillo de las tradicionales fiestas de la Virgen de la Paloma, se han reanudado las conversaciones entre PSOE y Unidas Podemos sobre la investidura de Pedro Sánchez, inminente desde hace ya casi cuatro meses.

UP ha preparado con esmero su nuevo asalto a los cielos: en primer lugar, ha “blindado su estrategia negociadora”, signifique ello lo que signifique; en segundo lugar, ha exigido que se retomara la negociación en el punto mismo en que se abandonó.

Nada más fácil. Después de la “nueva oferta” de UP, a Carmen Calvo le ha faltado tiempo para acudir a los medios con la declaración de que se trata de un “intento de imposición” y un “órdago”, y que la fórmula de la coalición es inviable por la desconfianza mutua.

Es decir, estamos exactamente en el mismo punto en que lo dejamos. Tal y como había pedido UP.

Dudo que de esta forma lleguemos a alguna parte. La situación me recuerda el diálogo de los dos guardias, precisamente en la zarzuela La verbena de la Paloma, tan memorable en estas fechas del año:

GUARDIA 1º: ¿Qué hacemos, tú?
GUARDIA 2º: Lo que te dé la gana.
GUARDIA 1º: Vamos a dar otra vuelta a la manzana.

Al finalizar la nueva vuelta a la manzana, volveremos a encontrarnos en el mismo punto espacial exacto en el que estábamos antes. Habrá pasado tiempo, sin embargo; quedará menos para llegar al límite legal más allá del cual se abre la vía para unas nuevas elecciones generales, que serían las cuartas en cuatro años.

¿Han tomado nota Sánchez e Iglesias de que el electorado de izquierda no quiere nuevas elecciones, de que estamos aburridos de sus dimes y diretes, de que aquí, como en determinados restaurantes novedosos, no vemos más que muchos entremeses y ninguna sustancia?

A nuestros líderes, para no salirnos del recurso de la cita a nuestros clásicos, les conviene comportarse en relación con los pactos de gobierno del mismo modo como predicaba Sor Juana Inés de la Cruz a los “hombres necios” en relación con las mujeres: 

«Queredlos [los pactos] cual los hacéis, o hacedlos cual los buscáis.»


miércoles, 21 de agosto de 2019

REGISTRO INFRUCTUOSO


Crónicas desde la Contigüidad del Cosmos


No sabíamos muy bien qué hacer con el joyero de Madame Lagarde (1), de modo que Carmen lo ha puesto sobre la mesa del comedor de nuestro apartamento en Poldemarx, en el lugar que antes ocupaba un artístico florero.

Ayer recibimos la visita del inspector Clouseau, de la Sureté.

─ Se trata de una visita puramente amistosa, Monsieur Gorigués ─ me advirtió lealmente ─. Todo lo que me diga podrá ser utilizado en su contra.

─ No tengo nada que ocultar ─ declaré, al tiempo que echaba una ojeada furtiva al Louis Vuitton colocado con ostentación sobre la mesa.

─ Ah, es usted de los duros, se niega a cooperar.

─ Solo mientras no me diga de qué se trata.

─ Una gran dama de altísima posición cuyo nombre no hace al caso desea recuperar un objeto valioso que le fue robado por su señora de la limpieza, una tal Angela Dorothea Kasner, que nos ha sido descrita como una “rústica pomerana”. Según informaciones fidedignas, dicho objeto obraría en la actualidad en su poder, Monsieur Gorigués. Si nos lo entrega, es posible que su colaboración con la justicia nos mueva a negociar una rebaja sustancial de la pena ejemplar que los tribunales de mi país no dejarán de imponerle por colaboración criminal con banda armada.

Puse cara de estar pensando.

─ El caso, mi querido inspector, es que una interferencia policial pondría en grave riesgo una delicada operación ultrasecreta a varias bandas, actualmente en curso. ¿Puedo contar con su discreción respecto de lo que voy a revelarle?

─ Seré una tumba.

─ Eso espero, en bien de su carrera. El objeto no identificado en cuestión está oculto en un lugar seguro, dado que un equipo de intervención inmediata del MI5 ha montado una operación de alto riesgo con el fin de apoderarse de él y entregarlo a Boris Johnson…

─ ¡Cáspita!

─ Me ha quitado usted la expresión de la boca, inspector. Johnson pretende amenazar a las instituciones de la Unión Europea con la exhibición en los principales telediarios de dicho objeto para insistir en la podredumbre y la corrupción del Viejo Continente y conseguir de ese modo un Brexit de rositas. Conoce usted el valor incalculable del objeto del que hablamos, por supuesto.

─ Se trata de los bijoux de famille de la dama cuyo nombre excelso no vamos a mencionar en la sordidez de este tugurio, Monsieur Gorigués.

─ Exacto. El caso es que la buena señora Kasner no era una agente libre. Se apropió del objeto en cuestión por encargo de un altísimo dirigente internacional que tiene la intención de comprar Groenlandia, pero sin pagar él la factura. Ya hizo algo parecido, tengo entendido, con un muro fronterizo.

─ Tonnerre de Brest!

─ Yo no lo habría expresado mejor, inspector. De un modo u otro, le ahorro los detalles, los componentes de un círculo externo de Unidas Podemos hemos conseguido apoderarnos del botín. Nuestra idea es que la troika convenza a Pedro Sánchez de que nos dé tres vicepresidencias y un ministerio en un inminente gobierno de coalición. Una vez concertado el acuerdo, por motivos de seguridad la dama cuyos intereses representa usted deberá venir personalmente en busca del objeto que desea recuperar, en un transporte blindado que seguirá un trayecto estrictamente señalizado a lo largo de la amplia avenida del Consolat de Mar de Poldemarx, para llegar así a las puertas del restaurante La Contigüidad del Cosmos, donde le será hecha entrega del objeto en cuestión y de un obsequio consistente en tres croquetas de jamón artesanales, especialidad culinaria de Rosita la patrona. ¿Ha tomado nota?

─ Puntual. Ahora bien, tengo orden expresa de registrar su apartamento. No intente impedírmelo.

─ Nunca se me ocurriría poner trabas a la acción de la policía judicial.

Clouseau husmeó por todo el apartamento (no es grande, apenas le llevó dos minutos y medio). En el comedor, alzó en el aire el joyero Louis Vuitton para comprobar que no había nada debajo.

─ Por lo que veo, está usted limpio, Gorigués. Más le vale. Pero le advierto que volveremos a vernos.

─ Será un placer, inspector.

Se estarán preguntando la razón de tanto ensañamiento mío con Christine Lagarde. Ustedes no la oyeron gritarme por teléfono, en el momento álgido de la transacción fallida: “Va te faire enculer, con de merde!” Expresión que no les traduzco porque en este blog somos rigurosos con la corrección del lenguaje.


(1) Para seguir el hilo cronológico de esta historia por entregas, el lector desprevenido hará bien en leer antes las dos historietas siguientes:


martes, 20 de agosto de 2019

UNA OPERACIÓN INMOBILIARIA


Fotomontaje con la Torre Trump de Nueva York plantada en las costas de Groenlandia. Tomado de un tuit del propio Trump.


¿Por qué no aprovechar las oportunidades novedosas que ofrece el cambio climático en curso para hacer negocios apetitosos? Es lo que debe de haberse dicho Donald Trump, que se ha sacado de la manga la idea de comprar a Dinamarca la isla de Groenlandia, 2.166 millones de kilómetros cuadrados y menos de 60.000 habitantes. El presidente de Estados Unidos ha definido la propuesta de compra como una operación inmobiliaria de alto interés estratégico. La primera ministra danesa, Mette Frederikssen, ha respondido que supone que se trata solo de una broma. Trump ha replicado con el fotomontaje que aparece sobre estas líneas, y el texto: “Prometo no hacer esto con Groenlandia”.

Seguramente no lo hará, pero los famosos gemelos Scott podrían ampliar su próspero negocio inmobiliario y ofrecer a millones de estadounidenses de clase media segundas residencias de ensueño en Groenlandia a precios módicos. Dos mil y pico millones de kilómetros cuadrados dan mucho de sí a la hora de urbanizar. Y si el calentamiento global prosigue su curso desenfrenado, el perímetro costero de la isla podría llegar a estar más cotizado que el de Malibú, California.

Frederikssen insiste en que Groenlandia es de los groenlandeses, pero el argumento es peligroso: las fuerzas vivas podrían reclamar el ejercicio de su derecho a decidir, plantear un Groenexit y venderse alegremente al dólar mediante un referéndum de autodeterminación, incluso unilateral si preciso fuere.

Y en el caso de que la compraventa política no prosperara, hay otros medios para llegar al mismo fin. Ahí está el ejemplo de Neymar Jr., jugador de fútbol que no se sabe muy bien a quién pertenece pero que está sin discusión en venta, sempiternamente ofrecido en cualquier circunstancia al mejor postor.

Groenlandia podría ser un segundo Neymar. El Reino de Dinamarca posee los derechos, de momento y en teoría; pero la operación de venta sería viable, según normas consuetudinarias internacionales desarrolladas en tratados bona fide, en el caso de que el presidente Trump estuviera dispuesto a pagar la cláusula de rescisión.

Así funcionan las cosas en la aldea global. Como dijo a propósito de otra cuestión el ex ministro y ex banquero Rodrigo Rato, “yo no tengo la culpa; es el mercado”.
  

lunes, 19 de agosto de 2019

POR PERSONA INTERPUESTA



La “guarida del lobo” alquilada por Theodor Kallifatides en Farosund, isla de Gotland. Fotografía de Selma Ancira.

Una coincidencia curiosa: Mario Vargas Llosa y yo hemos leído casi al tiempo Otra vida por vivir, de Theodor Kallifatides (Galaxia Gutenberg, traducción de Selma Ancira). A los dos nos ha complacido la lectura, y los dos lo hemos explicado, yo primero en mi blog (1), y él después en elpais, que se reserva los derechos mundiales de prensa en todas las lenguas.

En este punto, en el de los derechos reservados, acaban posiblemente las coincidencias y empiezan las diferencias. Las diferencias, sin embargo, van mucho más allá. Para expresarlo de una manera somera, Mario Vargas Llosa ha tomado el libro de Kallifatides como pretexto para contar sobre sí mismo por persona interpuesta. Sigue así una gloriosa tradición que incluye a Michel de Montaigne («Je suis moi-même la matière de mon livre») y a Gustave Flaubert («Madame Bovary, c’est moi»). Vargas podría añadir a ambas declaraciones, con sencillez: “Kallifatides soy yo”.

No es atribuible al propio Vargas la gaffe incluida como titulillo destacado en el texto publicado en elpais: «’Otra vida por vivir’ del griego Theodor Kallifatide [sic] cuenta el redescubrimiento de la niñez». Está claro que quien compuso la frasecita no se había leído el libro de Theodor, y creyó de buena fe que la cosa trataba de lo que cuenta Mario. El redescubrimiento de la niñez: de la niñez de Mario, por supuesto. El discurso de Theodor se refiere a cuestiones bastante diferentes.

Varias inexactitudes dan pistas al lector atento de ambos textos acerca de que una cosa es lo que escribió Theodor, y otra distinta lo que leyó Mario. Este menciona, por ejemplo, una máquina de escribir («Miraba el rodillo de su pequeña máquina portátil y tenía la mente en blanco…»), mientras que Theodor habla siempre de un ordenador (por ejemplo, pp. 28, 35), que incluso en una ocasión “se autodestruye” cuando jugaba pacíficamente una partida de ajedrez (p. 100), lo que le comporta una serie de inconvenientes. La “guarida del lobo” en la que Theodor se encierra para escribir se convierte para Vargas en un “piso”, a pesar de que en la descripción, e incluso en la fotografía de la portada, queda claro que se trata de un bungaló rústico construido en madera durísima. Desesperado por el bloqueo intelectual, el escritor sale «a caminar junto al océano», a pesar de que no hay océano en la isla báltica de Gotland (sí lo hay frente a Lima). Theodor llega de improviso, añorando sus orígenes perdidos, a su pueblecito natal de Molaoi, que Mario describe como «polvoriento, eterno y efusivo. Algunos parientes centenarios seguían allí intangibles, como los olivos, los almendros, las cabras, los gatos y las enredaderas.» Nada de todo ello aparece en el libro de Theodor. Es más, Theodor no visita su pueblo natal acuciado por el síndrome de la página en blanco, sino debido a una invitación que le había llegado meses antes, en Estocolmo, acompañando a la petición de dar su nombre a una escuela; ya desde años antes, en Molaoi una calle llevaba el nombre de Theodor Kallifatides.

Añadiré dos notas más a la transferencia o transfusión realizada por Mario sobre el texto de Theodor. Estas no afectan ya a los detalles, sino a la mentalidad desde la que se encaran la emigración, la vida lejos, y sobre todo el entorno de un mundo cambiado de raíz, en los mismos puntos cardinales que antes lo sostenían y ahora lo desordenan.

Dice Mario: «Siempre que el nacionalismo no saque su horrible cabeza, no está mal que uno añore la lengua que perdió…» Etcétera. Generosa concesión. Sin embargo, Theodor no perdió nunca su lengua de origen. Oigámosle (p. 73): «Me siento más orgulloso de no haber perdido mi griego después de haber vivido cincuenta y cinco años en Suecia, que de haber aprendido el sueco tan bien como lo he aprendido. Lo segundo fue obra de la necesidad, pero lo primero es un acto de amor. […] Tomé la decisión de abandonarlo todo, no de olvidarlo. Grecia y el griego me hacían cada vez más falta…»

Escribe aún Mario, hablando exclusivamente por él mismo: «Las fronteras son la fuente de los peores prejuicios … Por eso, hay que tratar de adelgazarlas poco a poco hasta desaparecerlas del todo. Está ocurriendo, sin duda, y esa es una de las buenas cosas de la globalización, aunque haya también algunas malas…»

Frente al cosmopolitismo sin raíces propuesto por Mario, Theodor no tiene complejos en aferrarse a “la única patria” que todavía le queda, y la única también “que no le heriría” (pp. 152-53):

«Me acordé del ave migratoria que había visto en el cielo solitario de Gotland. Había perdido a su bandada, pero no la dirección. El mismo problema tenía yo. Había perdido a mi bandada. La dirección que debía tomar, sin embargo, me la habían dado aquellos muchachos, su maestra Olimpía Lampusi, y las palabras de Esquilo.
       Y este libro, el primero que escribo directamente en griego después de cincuenta años, es mi agradecimiento tardío para ellos, que me devolvieron a mi lengua, la única patria que todavía me queda y la única que no me heriría.
       No solo me honraron.
       Salvaron en mí lo que aún podía ser salvado.
       ¿Qué importancia tenía en qué rincón del mundo viviera?»



domingo, 18 de agosto de 2019

QUIÉN TEME A VIRGINIA WOOLF



No me refiero a la obra teatral de Edward Albee, sino a Manuel Vicent, que dedica a «Virginia Woolf, en Londres», su página semanal en los domingos de elpais. Lo hace con una irreverencia muy recomendable, aunque con un punto de “imperiofobia” para expresar el concepto con la etiqueta acuñada por doña Elvira Roca Barea, que únicamente está interesada por la fobia mundial al imperio español. Pero otras fobias haberlas haylas, y en nuestros lares nunca se ha tenido gran aprecio al constructo montado en las Islas Británicas a partir de los divorcios del hereje Enrique VIII; de la frescura reprobable de la reina Isabel I, que tuvo los santos ovarios de no plegarse a la amorosa insistencia del rey Felipe II, y encima le hizo polvo la Armada, que había costado un huevo; y finalmente, last but not least, de los latrocinios de sir Francis Drake, que se embolsó el oro de curso legal que venía en pesados galeones de las Indias otorgadas, según versión oficial largamente sostenida, por Dios mismo a nuestros reyes, como recompensa a su catolicismo ejemplar.

Volvamos a Virginia Woolf, porque si caemos en el reduccionismo de considerarla un subproducto típico del imperio británico y de la patología bipolar que la afectó, estamos perdidos. Vicent le atribuye sin demasiado fundamento la posesión y disfrute de aquella “habitación propia” que ella reclamó para todo su género, donde poder recogerse y escribir. Habla de su salón, del “grupo” de Bloomsbury, de que fue la primera en narrar “con voces superpuestas”, y de las piedras con las que cargó sus bolsillos para hundirse finalmente en las aguas del Ouse, cuando sintió que perdía del todo su siempre precario control sobre las tinieblas de la locura.

No he leído Las olas, y quizá por esa razón no entiendo muy bien a lo que se refiere Vicent con eso de las “voces superpuestas”. Mis lecturas de la autora se reducen a Mrs Dalloway, Orlando, Al faro y Una habitación propia, además de amplios extractos de sus Diarios.

Mi preferida es Al faro (To the lighthouse). Coincido en mi predilección con Antonio Muñoz Molina, que la ha aireado recientemente en Librotea. Es un libro construido con rigor, que juega con el curso del tiempo en sus tres partes constitutivas (lo que ocurre ahora, lo que pasó antes, lo que pasará después), y convierte al tiempo, en definitiva, en el gran protagonista de la narración, por encima de los personajes pero sin descuidar una aguda caracterización psicológica de estos.

Al faro es otra Búsqueda del tiempo perdido, y maravilla cuánto se parece Woolf a Proust por un lado, y cuán distinta a él llega a ser, por otro. Porque el genio literario viene a sedimentarse y concretarse a partir de una larga decantación de ideas, sentimientos, imágenes y posesiones personales, no siempre claras y fluidas, y en ese sentido el artículo de Vicent acierta al apuntar a la existencia de un trasfondo histórico y personal ambiguo y, más aún, ambivalente.

Pero hay que añadir a lo anterior que el genio literario es también, en sí mismo, estrictamente personal, intraspasable e irreductible.

Leer, por ejemplo, Al faro, es difícil; en cierto modo, una aventura espiritual de desenlace aleatorio. Pero no hay que temer, en ningún caso, a Virginia Woolf.


sábado, 17 de agosto de 2019

EL DESAHUCIO DE LOS OSOS CAVERNARIOS



Oso cavernario. Pintura rupestre de la cueva de Chauvet, Francia (tomado de El País)


Nuevos estudios del genoma inserto en los restos de osos cavernarios hallados en refugios paleolíticos de varios lugares de Europa, realizados por un equipo de la Universidad de Zurich dirigido por la genetista Verena Schünemann, sugieren que la especie no se extinguió debido a una glaciación, como se creía hasta ahora. 

Cinco mil años antes de que llegara la glaciación, los osos cavernarios prácticamente estaban desaparecidos. La causa de la catástrofe se debió con toda probabilidad a la aparición en Europa de una nueva especie invasora, los Sapiens sapiens. Manuel Ansede, en elpais, titula de forma truculenta: «Los humanos apuntillaron a la bestia de una tonelada.»

Los osos habían convivido pacíficamente con los neandertales a lo largo de muchos siglos. “Pacíficamente”, es un decir. Un día un oso se comía a un neandertal; otro día, en justa reciprocidad, una tribu neandertal se comía a un oso. Hoy por ti mañana por mí, pero el caso es que el equilibrio ecológico se mantenía.

No fue el caso con los Sapiens sapiens, popularmente conocidos como los cromañones. Los osos cavernarios estaban muy apegados a su hábitat, las cavernas. Los cromañones querían sí o sí esas confortables cavernas para su disfrute exclusivo. Los osos fueron desahuciados. Posiblemente alguno de ellos se excedió en la protesta y se comió a uno o dos cromañones. Nada que no pudiera solucionarse con un poco de buena voluntad, pero los cromañones sintieron que aquello ofendía su espíritu nacional y reaccionaron tomando represalias a gran escala.

Una cosa llevó a la otra, mucho antes de que llegara el cambio climático, o sea la glaciación. En la batalla por la supervivencia, ganada por goleada por los Sapiens sapiens, no solo perecieron los osos cavernarios sino los mamuts, los rinocerontes lanudos, los tigres dientes de sable y… los neandertales. Por consiguiente, primero fue la hecatombe, que afectó incluso a los llamémosles primos hermanos de la especie dominante; y solo después, la catástrofe climática.

Hoy la economía neoliberal, la globalización financiera y la nueva ciencia política se esfuerzan en que las cosas ocurran exactamente del mismo modo que hace 35.000 años: primero ha de venir la extinción forzada de las especies con ADN de rango inferior, que han sido expulsadas de sus hábitats y lanzadas a la intemperie, en ocasiones cruzando el mar en patera o, excepcionalmente, en Open Arms. La catástrofe climática ya llegará y se afrontará después, cuando el tablero de juego esté más despejado.


viernes, 16 de agosto de 2019

RECONCILIACIÓN FALLIDA


Crónicas desde la Contigüidad del Cosmos


Porche de entrada al restaurante La Contigüidad del Cosmos, de Poldemarx.

Hice un serio esfuerzo para reconciliar a las dos lideresas (1), en pro de una Europa mejor y de un futuro más amable. Pero todo lo que podía ir mal fue mal desde el principio. Para empezar, Lagarde se negó a aceptar la devolución de su joyero.

─ Ah no, he puesto este asunto en manos de la gendarmerie.

─ Pero el joyero ha sido recuperado, puede tenerlo en sus manos en pocas horas y sin engorrosos trámites burocráticos.

─ Yo la vi, Pacó, la vi me choriser le Vuitton en el hall del hotel de Davos, a point de marche después del G8. Y quiero dar a esa rústica pomerana una lección que no olvidará.

─ Es la mujer más poderosa del mundo según Forbes, Christine, por undécimo año consecutivo.

─ Justement. Voy a demostrar quién es quién en realité.

─ Reconcíliese con ella, Christine. Hágalo por la Europa unida.

─ Ja, ja, ja. ¿Qué Europa, Pacó? ¿Salvini, Le Pen, Orbán, Zelenski? Mersí bien.

─ Pero Angela se opone a todos ellos…

─ De boquilla. Hace falta un presidente fuerte y corajoso para la Unión.

─ Y usted propone…

─ Yanis.

─ ¿Yanis? ¿Qué Yanis?

─ Varoufakis, evidemment.

Empecé a desenredar el fondo espinoso de la cuestión pendiente entre las dos damas. A Merkel le dan temblores histéricos cada vez que oye hablar de Varoufakis. Es hija de un pastor protestante y se crió en las convenciones minúsculas de una pequeña ciudad de Pomerania, antes de iniciarse en la política afiliándose a la Juventud Libre Alemana, comunista. Para ella Varoufakis es unos días el demonio, y otros la enfermedad infantil del izquierdismo. Todo lo contrario de la desenvuelta Madame Lagarte, siempre dispuesta a coquetear con el capricho y a moverse como el pez en el agua en las contradicciones de clase.

* * *

Conseguí que Christine accediera finalmente a tener una entrevista con Angela en la intimidad protegida por la radiación geomagnética del tómbolo de Poldemarx. Pero entonces se produjo una segunda dificultad. Ella quería viajar en su limusina oficial. Si no lleva puestos la limusina oficial y el Chanel nº 5, asegura, se siente desnuda. Le advertí de que no se puede llegar a La Contigüidad del Cosmos cruzando el pueblo en coche.

─ Mi chofér es muy habile en interpretar el GPS.

Le expliqué que la perturbación electromagnética desorienta sin remedio los GPS, y que un compatriota suyo que conducía un tráiler acabó empotrado en la estrecha calle del Consolat de Mar.

─ Yo sin mi limusina no voy a ninguna parte.

Transigió finalmente con la idea de concertar una videoconferencia en la que Angela pediría excusas, y echaría la culpa al groom del hotel de Davos por haberse confundido de equipaje. Entonces Angela se negó en redondo a prestarse a lo que llamó un “parripé”. Christine replicó diciendo que la cancillera podía quedarse las joyas si tanto le gustaban, y hacérselas confitar. Ella, por fortuna, tenía muchas más joyas, y otros joyeros.

Angela retrucó diciendo que le parecía bien la propuesta, porque en ese momento no se le ocurría ninguna idea mejor para un regalo a su asistenta, que cumplía años. Como yo era el intermediario telefónico entre ambas, acabé por recibir los golpes más dolorosos, y me vi emplazado desde las dos partes a practicar la sodomía pasiva, cuantas más veces, mejor.

Quedé muy decepcionado con aquel intento de mediación. Yo me había hecho ilusiones, si la cosa salía bien, de intentar una gestión parecida entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, o en su defecto entre Carmen Calvo y Pablo Echenique. Pero a la vista del resultado, he decidido pensarlo mejor.

(1) Para seguir la historia en su orden cronológico, ver  https://vamosapollas.blogspot.com/2019/08/juguetes-rotos.html


jueves, 15 de agosto de 2019

A LA BÚSQUEDA DE NUEVAS BITÁCORAS


Al tiempo que se instalaba en la presidencia de la Corte de los Milagros Isabel Díaz Ayuso, como continuación del ambicioso programa “regenerador” del PP y adláteres iniciado en Andalucía y proseguido con la alcaldía madrileña, me sorprendió el tenor del artículo (en NT) de un dirigente socialista de cierta significación y empaque, Álvaro Frutos.

El cual titula su trabajo “Madrid bitácora de España”, y arranca su argumentación del modo siguiente: «Madrid es mucho más que la capital de España, es un ideal para millones de ciudadanos españoles. Con claros y oscuros ha marcado tendencia, estableciendo un modelo de relación en lo económico, los negocios y una determinada manera de entender el bienestar. Aunque, la política de la Comunidad de Madrid de las dos últimas décadas nunca figurará en los anales del deber ser. Lo malo es que nadie toma conciencia de ello y se asume con facilidad. En España hoy, los problemas tienden a centrifugarse para que sean otros los que se ocupen y preocupen…» 

Lo cierto es, para emplear mis propios argumentos expresados en estas mismas páginas (1), que el PP, en manos primero de Aznar y luego de Rajoy, ha instalado un proyecto de gobierno bimotor: de un lado, Madrid-Comunidad; del otro, la “periferia” entendida en sentido amplísimo. Ha sido ese el esquema que “ha marcado tendencia”, y que ha generado un “modelo [funesto, apostillo] de relación en lo económico, los negocios y una determinada manera de entender el bienestar.” En ese modelo, parece necesario recordarlo dada la débil memoria de una clase política autosatisfecha, han jugado un papel de primer orden el talante faraónico de Ruiz-Gallardón y Botella, el despilfarro a espuertas en el interior de una economía basada en la austeridad a todo trance, las cajas B, las tarjetas black... En una palabra que sintetiza todo el prolongado avatar de la movida política madrileña, la corrupción.

¿Es eso lo que añora ahora don Álvaro, cuando el PSOE ha marrado por poco el doblete y, en consecuencia, “los problemas tienden a centrifugarse”? ¿Es la vía de la recentralización de las autonomías al margen de la Constitución, el modelo, la tendencia, que añora? ¿Puede el genuino casticismo madrileño seguir poniéndose orejeras para no percibir que, en la España de las autonomías, Madrid está jugando en otra división que el resto?

Todos los indicadores económicos señalan la posición de privilegio de la Comunidad madrileña. En particular, los índices de renta per cápita. Madrid es el centro político, el centro fiscal y el centro financiero del país. Pero su posición no deriva de una productividad y una competitividad propias de una fortaleza hercúlea, sino de una capacidad desmesurada para extraer, absorber y fagocitar rentas generadas en otros lugares. Ese es el modelo, esa la tendencia, esa la “nueva relación en lo económico, en los negocios y en la forma de entender el bienestar”.

Si atendemos al nuevo mapa de la España política surgido de las últimas elecciones, ese modelo no debería ser reeditado, sino sustituido por otro. Madrid debería resignarse a ocupar el lugar menos ampuloso que le corresponde en el concierto global (protestará con estrépito y furia, pero sin ningún sentido digno de ese nombre), y el gobierno de la nación habrá de dedicarse a promover el progreso general y el bienestar de todos, suprimir las sempiternas puertas giratorias y los “conseguimientos” entre coleguis, y dejar de utilizar la capitalidad como plataforma de negocios oscuros y enjuagues transparentes.



martes, 13 de agosto de 2019

TEORÍA Y PRAXIS DE LA RESISTENCIA OFENSIVA



Soy un seguidor aplicado y entusiasta del blog “Según Antonio Baylos…” Su última entrega, que lleva el historiado título Neofascismos y el derecho de trabajo del enemigo (1), ha hecho sangrar una vieja herida. Yo en efecto, les ruego que anoten esto como una confesión formal y ante testigos, sobrellevo el recuerdo de mi etapa de sindicalista activo como una llaga abierta de forma permanente en el costado.

La razón de ese dolor agudo es un tema de bolero: es el arrepentimiento, después, de lo que pudo haber sido y no fue. Tal vez mi culpa personal en la forma de torcerse los acontecimientos no fuera particularmente grave, pero está inscrita en una culpa colectiva que sí lo es.

Me explico. El profesor Baylos reseña en su blog un libro colectivo, editado recientemente por Siglo XXI: Neofascismo. La bestia neoliberal. La aproximación en el título de los términos “neofascismo” y “neoliberalismo” es abiertamente sensacionalista, y debería ser convenientemente matizada en el texto. Al parecer (no he leído el libro), no lo es de forma suficiente para el comentarista, que introduce algunas salvedades consistentes. La principal de ellas, a mi entender, es que los jóvenes estudiosos responsables de los distintos trabajos agrupados en el volumen tienden a considerar el recorrido histórico cubierto por el neoliberalismo hasta la situación actual de oscurecimiento de la democracia tanto en sus formas representativas como participativas, no como una “posibilidad” finalmente realizada, sino como una “fatalidad” contra la que era imposible luchar.

Si fue inútil en un principio luchar contra la “bestia”, con mayor razón lo será ahora, que está crecida y más hambrienta que nunca, con tics neofascistas asomando las orejas en cada rincón. Pero una postura similar, derrotista a la larga, fue la que en los primeros años ochenta intentamos combatir desde algunas estructuras sindicales, mediante la consigna, repetida en todos los tonos y de forma incansable, de que el camino para oponerse a la utilización capitalista de las nuevas tecnologías de la producción no era la “resistencia” a secas, sino la resistencia acompañada por la “alternativa”. Es decir, una alternativa resistente, o una resistencia ofensiva, que es como la denomina Baylos en el siguiente párrafo extraído de su reseña:

«… el ciclo de luchas obreras en Europa entre 1968 y 1973 y el inicio de la reacción ideológica y política sobre la base de un disciplinamiento de nuevo tipo que tiene su inicio en la crisis del petróleo de 1975, es un momento histórico que posiblemente debe ser revalorizado como una etapa de ensayos emancipatorios sobre la base de llevar la democracia al espacio de la empresa y a disputar con el poder privado del empleador la organización del trabajo y de la producción. Una estrategia de resistencia ofensiva que pese a no realizarse, en esos debates y experiencias se podría quizá encontrar claves útiles para proyectos alternativos de regulación de las relaciones laborales, un complemento imprescindible de la denuncia de la degeneración democrática que trae consigo y promueve la más reciente fase del neoliberalismo…»

Los subrayados en azul son míos, y recogen la idea clave que, en efecto y por desgracia, no llegó a realizarse. 

Ha habido una incoherencia grave en la actividad histórica de los sindicatos, consistente en separar conceptualmente la burocracia sindical externa ─ lo digo sin ninguna intención peyorativa, es lo que siempre se ha llamado la “casa” sindical ─, de la organización autónoma de los trabajadores en la empresa, o si prefieren decirlo al modo de José Luis López Bulla, en el “ecocentro de trabajo”. Los dos sindicatos, el externo que ejerce funciones de mediación y de regularización, y el interno que es el “alma” de la clase organizada, deben necesariamente encontrarse y colaborar para resistir la iniciativa tumultuosa de un empresariado asilvestrado, pero no solo para resistir, sino también para esgrimir en cada conflicto concreto líneas válidas de alternativa. En definitiva, para ejercer de general intellect capaz de enderezar los procesos productivos hacia objetivos distintos de la ganancia privada o del crecimiento indiscriminado del PIB.

Es ese tipo de lucha trascendente el que acabó por olvidarse, dando una prioridad exclusiva a la reivindicación económica, a las cuestiones en definitiva de la distribución de la riqueza; al tiempo que se hacía dejación absoluta de las formas de creación y/o extracción de esa riqueza en manos de las mesnadas dirigidas por la multinacional Dinero SL.

Bruno Trentin estuvo presente como dirigente de las grandes luchas obreras en Italia del 68 al 73 (en España se prolongarían hasta el 77 o 78 por la interposición, en el proceso de cambio económico, de la coyuntura política del final de la dictadura y la transición a la democracia), avizoró la etapa que se abría con la presencia invasiva de nuevas tecnologías en la producción y en los servicios, señaló la importancia de conquistar un protagonismo (o coprotagonismo) obrero en la conformación del nuevo paradigma, y profetizó, en su libro La città del lavoro, la catástrofe que resultaría de una nueva revolución pasiva como la que había encadenado a los obreros a la máquina en la etapa del fordismo, que tantos entusiasmos equívocos despertó en el ámbito de las izquierdas más plurales y variopintas.

Si, como propone el profesor Baylos, resulta útil revalorizar aquella época de ensayos emancipatorios, de debates y de conflictos agudos enraizados en las fábricas, y recuperar muchas de las enseñanzas que aún se desprenden de ella, no sería ocioso comenzar ese enfoque nuevo con un estudio atento de la vida y la obra de Bruno Trentin.