lunes, 6 de enero de 2020

MATCH POINT



Charles Laughton y Maureen O’Hara en un fotograma de “Posada Jamaica”, película de Alfred Hitchcock basada en una novela de Daphne du Maurier.


La cabalgata de las Valquirias escenificada en los días pasados se ha tomado un respiro en esta mañana de regalos en familia, pero continuará mañana con un desenlace u otro: el previsto, seguramente, o acaso el improbable, ese que circula por los mentideros solapado como naipe en manga de trilero.

Las Valquirias, en cualquier caso, seguirán cabalgando con estrépito y furia, faltaría más. El busilis de toda la impresionante movida en curso está en la necesidad de la deslegitimación de la democracia representativa cuando los números no son los que apetecen quienes se creen con derechos divinos ─o con derechos naturales, que es otra forma de decir lo mismo─ a gobernar. Es decir, señalando con el dedo por más que sea de mala educación: los que siguen creyendo incluso en el siglo XXI que el Estado de derecho no puede ser otra cosa que el Estado del derecho de los propietarios. (*)

El filibusterismo con el que se han lanzado al abordaje del parlamento las mesnadas del dinero y la respetabilidad viene a ser parecido a lo que hacía el Sir Humphrey Pengallan de Posada Jamaica, personificado por el inolvidable Charles Laughton en la película dirigida por Alfred Hitchcock.

Sir Humphrey dirigía una banda criminal que manipulaba los destellos de un faro en las noches de mar gruesa y hacía naufragar en los arrecifes de Cornualles a los barcos que zarpaban hacia el Nuevo Mundo cargados de emigrantes con todas sus modestas posesiones. Luego los piratas de tierra firme remataban a los supervivientes y se repartían sus despojos.

Con una particularidad. «El dinero dádmelo todo a mí, que soy el único que sabe cómo gastarlo», les aleccionaba Sir Humphrey.

Nuevas variantes de la vieja historia están en este momento en circulación. Mañana seguramente se consumará el match point, el “punto de partido” en favor de las fuerzas de cambio. Pero las emboscadas, las tempestades, las descalificaciones y la rapiña de los despojos de las víctimas continuarán, de forma invariable.

 Conseguir la estabilidad más allá de la zozobra continuada en la que estamos inmersos será una tarea ardua, que llevará tiempo. Mientras tanto viviremos todos pericolosamente, como preconizaban Nietzsche y su discípulo Mussolini; pero en nuestro caso, sin mayores ganas de hacerlo.

Solo porque vivir peligrosamente es para nosotros la única forma de aspirar a seguir viviendo.

(*) Estoy hablando de España, pero hemos visto cómo ocurría lo mismo sucesivamente en Venezuela, en Brasil, en Bolivia.
  

domingo, 5 de enero de 2020

JUGANDO CON LA SOMBRA DEL TAMAYAZO



Inés Arrimadas, ayer en el Congreso de los Diputados. (Imagen metafórica virtual)


Toda la artillería pesada de la derecha eterna anda batiendo en fuego de cortina la trinchera de Sánchez e Iglesias. Después de que el gobierno de los jueces hiciera un favor a Pablo Casado en su empeño por desmontar la investidura inminente por lo civil o por lo criminal, ha sido ahora la Conferencia Episcopal la que ha enseñado la patita blanca por debajo de la puerta para mostrar a las claras que su reino no es de este mundo, pero tampoco anda muy lejos. Se pueden soportar muchas cosas de un gobierno laico y democrático, el equivalente a un Satanás intramundano, pero no es tolerable de ningún modo la invalidación de las inmatriculaciones por la patilla de bienes eclesiásticos, que generan para la Santa Madre la renta inmobiliaria mayor de España, libre de impuestos y otras cargas fiscales. Con las cosas de comer no se juega, parece ser la consigna que mueve al obispo Blázquez, que ha manifestado su “honda preocupación”, y al no menos obispo Cañizares, que ha llamado a “orar por España”.

Todo lo cual serían gabinas de cochero de no ser porque se ha conseguido ya, de algún modo sobre el que es mejor no investigar, cambiar el sentido del voto del cántabro Revilla y de la canaria Oramas (esta, en contra de la disciplina debida a su formación). Los números están tan apretados, que bastaría con que un diputado “valiente” del PSOE votara “no” a su líder para que la investidura se viniera abajo y revirtiéramos al marasmo en el que nos hemos movido los dos últimos años.

Los mejores esfuerzos de la derecha parecen ir por ahí. No me lo invento, lo ha dicho tal cual Inés Arrimadas, de la que uno no sabe si admirar más la (falsa) ingenuidad con la que expresa de forma clara y contundente ideas turbias, o el impudor de que hace gala cuando predica en ese sentido. Es, por calificarla de algún modo, la Cristina Pedroche de nuestro Parlamento, siempre dispuesta a dar la campanada envuelta en transparencias reveladoras.

Nadie podrá decir que lo que predica Arrimadas es imposible, puesto que ha sucedido ya. Es posible desvirtuar la matemática del voto mediante el transfuguismo del parlamentario que, elegido por unos, da su voto a otros. Lo hizo Tamayo, y pasó a la historia de nuestro parlamentarismo. Fue, al parecer, bien recompensado por ello. Pero lo que era inédito aún en esta historia poco ejemplar, era una petición abierta de transfuguismo hecha de forma pública y, disculpen la expresión, desvergonzada, por parte de la lideresa de una formación obviamente nueva y poco baqueteada en estas viejísimas lides.

Ni Casado, ni Lesmes, ni Blázquez, ni Garamendi, dirían nunca nada parecido. Y sin embargo, Arrimadas ejerce de portavoz oficiosa de los cuatro. Andan buscando un Tamayo para torpedear una investidura.

Y nosotros nos movemos entre la esperanza y el vértigo, como ha señalado con una elocuencia admirable Antón Costas, economista y hombre de la derecha civilizada (que también la hay), en un artículo para enmarcar. Lean: 



sábado, 4 de enero de 2020

BOMBAS CONTRA LA INVESTIDURA



Judas Sánchez, entregando a la España divina a la soldadesca con un beso infame. Retrato ideal.


Hay montada una movida considerable contra la investidura del día 7. Los consensos democráticos en el seno del Parlamento parecen estar asegurados, de modo que no queda otro recurso que la voladura por la brava del puente sobre el río Kwai o sobre el río que sea. Al parecer.

Está en primer lugar esa gran manifestación anunciada por la derecha contra la investidura. Insólito: una manifestación contra la expresión de una correlación de fuerzas exquisitamente legal y democrática. Las fuerzas vivas de la España de siempre se rebelan no solo contra un imaginario contubernio socialdemócrata / secesionista, sino contra las decisiones de obligado cumplimiento del Tribunal Europeo. Cuando la vía de la judicialización de la política a secas se ha revelado insuficiente, solo cabe ya el recurso al pataleo contra la democracia horizontal. Aquí la rancia tradición ha sido denigrar la horizontalidad y preferir con mucho la democracia vertical, orgánica, a su degeneración partitocrática.

(Los manifestantes patrióticos están razonablemente seguros, de todos modos, de que las fuerzas del orden no se van a emplear contra ellos, por esos maricomplejines que caracterizann secularmente a los demócratas horizontales en su repugnancia a reprimir las libertades vengan estas de donde vengan.)

El broche de oro en esta coyuntura precisa, sin embargo, no está en la manifestación con banderas sino en la carga de dinamita liberada sorpresivamente por el Poder Judicial contra la investidura. No de otro modo cabe calificar la decisión de la Junta Electoral Central en relación con Torra y Junqueras, y en esta fecha precisa.

Se trata de un último intento muy desesperado de separar por vía judicial las churras de las merinas y conseguir de ese modo una adecuada ceremonia de la confusión parlamentaria capaz de abortar las intenciones de Judas Sánchez de gobernar con un programa progresista inspirado en la quiebra de las esencias, el irrespeto de los beneficios bursátiles y la llamada de atención a los empresarios para que cumplan las obligaciones que les señala la Constitución vigente, esa a la que apelan nuestras derechas pegando "en un lao" los gritos y poniendo "en otro los güevos", según doctrina del gaucho Martín Fierro.

Para salvar por lo civil o por lo penal la unidad de la patria, la Junta Electoral Central, compuesta al cincuenta por ciento por miembros del Tribunal Supremo y por juristas de reconocida solvencia, se apunta por un suspiro (siete votos a favor por seis en contra) a romper la patria en cachos, unos bendecidos y otros señalados con el estigma de la traición.

Ante el insólito espectáculo institucional, cabe hacerse la pregunta clásica de un Josep Pla atónito: «Y todo esto, ¿quién lo paga?»


viernes, 3 de enero de 2020

LA ESPAÑA QUE IMPORTA ES LA ÚNICA IMPORTANTE


Entrevistas en la Contigüidad del Cosmos



Reservado del restaurante La Contigüidad del Cosmos, de Poldemarx. Rosita, la patrona, ha procurado darle un aire versallesco dentro de la modestia de las estructuras.


─Se me ha interpretado mal ─me dijo Isabel Díaz Ayuso ─. Esto es confidencial, of de récord. No lo corras por ahí, pero si lo haces circular me haces un favor. A mí los tuiteros me la sudan.

Estábamos solos en el reservado de la Contigüidad del Cosmos de Poldemarx, un espacio íntimo adecuado para un tête à tête. Yo había querido entrevistarla en exclusiva para mi blog, y ella no estaba dispuesta de ninguna manera a hacer semejante cosa si no era como excepción, con el fin exclusivo de aclarar ante la opinión pública algunos puntos que por otra parte no tenía la menor intención de aclarar ante la opinión pública. Como yo estoy temporalmente en Egáleo y ella no quiere moverse de Madrid para no dejar de respirar esa contaminación tan bonita y tan entrañable, le propuse almorzar juntos en La Contigüidad aprovechando su situación privilegiada, ubicada como está en una anfractuosidad del espacio-tiempo que quiebra la textura, lisa por lo general, de las cuatro dimensiones de nuestro mundo, de modo que es posible acceder y salir de ella a voluntad desde cualquier punto aleatorio de la esfera.

─Ni hablar del peluquín ─dijo Isabel─. Esas cosas tan raras que me explicas me dan mucho yuyu.

Pero se presentó de todos modos. Eligió en la carta de Rosita el tartar de bogavante marinado al zumo de pomelo, y yo me apunté a mi habitual cazuela de arroz con conejo. Para beber ella pidió una cocacola.

─¿De veras vas a beber eso? ─le pregunté, incrédulo.

─Es por patriotismo ─me explicó─. Coca Cola Inc. ha hecho mucho por España.

Rosita mandó a alguien a comprar una lata en el supermercado del pueblo, porque no disponía de existencias en el establecimiento.

Después de los prolegómenos pregunté a la lideresa madrileña si de verdad pensaba que el ambiente contaminado no mata a nadie, y es cuando me explicó que se le ha interpretado mal.

─Yo quise decir que no ha matado a nadie importante. De sobra sé, porque no soy tonta, que mata a gente, pero es gente que no cuenta, no sale en la suma. Lo vas a entender con un ejemplo. Decía en un periódico que en un accidente de aviación habían muerto 159 personas y cinco tripulantes. ¿Lo entiendes? Una cosa son las personas, y otra el personal de servicio. Si el personal de servicio desaparece, sea por accidente o por la contaminación, se lo reemplaza. Pero lo importante son las personas, ¿vale?

─Quieres decir que aún hay clases, y que solo una clase es importante de verdad. Por ejemplo, cuando tu jefe…

─Yo no tengo ningún jefe ─me cortó.

─Entonces, ¿qué es Pablo Casado?

─Un gran amigo, y una persona inteligente de verdad, no como yo, que soy gramsciana.

─¿Cómo, gramsciana?

─Sí, en lo de la inteligencia soy pésima, pero en cambio soy muy voluntariosa. Igualito que Gramsci. Sigue con lo que decías.

Me costó algunos segundos y un par de bocados de arroz regados con vino de albondón reordenar mis ideas. Maribel no había probado aún su bogavante, y tampoco la cocacola.  

─Decía que cuando Pablo Casado afirma que España es lo único importante, lo que quiere decir es que lo único importante es la España que a él le importa, la de la gente que cuenta.

─No te vayas por las ramas. Eso es demasiado profundo para mí.

─Si es profundo, será que me estoy yendo por las raíces, no por las ramas.

─Explícame eso.

─Las raíces están enterradas, las ramas están en contacto con el aire.

─Ya lo sabía. ¿Y qué?

Mi entrevista estaba resultando un fracaso sin paliativos. Intenté cambiar de tercio.

─¿No comes nada? ─le dije ─. Ese tartar tiene buen aspecto.

─Aborrezco el zumo de pomelo, y la cocacola me da náuseas.

─Entonces, ¿por qué lo has pedido?

─Y tú, ¿por qué no paras de meterte donde no te importa?

Renuncié a continuar y pedí la cuenta. Rosita me la puso delante con un mohín de desaprobación que quería decir “vaya ganado me traes por aquí”.


jueves, 2 de enero de 2020

COSAS QUE LAS MUJERES NO SABEN HACER



Retrato de Penélope Fitzgerald, nacida Knox, hacia la época en la que empezó a destacar como escritora.


En “A la deriva” (Offshore, Impedimenta 2018, trad. de Mariano Peyrou), Nenna es una mujer canadiense que vive en una gabarra anclada en el Támesis, junto al puente de Battersea. El marido se ha ido de su lado, dejando en una penumbra más bien vaga cuándo volverá, ni siquiera si tiene intención de volver. Esa circunstancia no afecta demasiado a las dos hijas, Martha y Tilda, que no parecen tener problemas para adaptarse a una vida en el margen, no exactamente en tierra ni en el agua.

Nenna es una de las típicas heroínas de Penélope Fitzgerald (1916-2000). Es animosa, eficiente y está llena de buena voluntad, cuestiones todas ellas de las que el entorno en el que se mueve no parece darse cuenta. Ella se esfuerza, sin embargo, en alcanzar una modesta felicidad por el procedimiento de ser lo más parecida posible a ella misma, es decir, cultivando su originalidad y su autonomía; y de otro lado, tratando de ser útil a las personas con quienes interactúa, prestándoles de forma desinteresada cualquier servicio que se ofrezca y esté en su mano.

Ustedes han conocido a esa peculiar heroína moderna gracias a La librería, la novela en parte autobiográfica de Fitzgerald que Isabel Coixet llevó a la pantalla con una sensibilidad exquisita.

En “A la deriva”, como había empezado a contarles, Laura pregunta de sopetón a Nenna: «¿Qué tal es vivir sin tu marido?» Y añade, de forma bastante ominosa: «Supongo que las noches serán frías.»

Nenna le responde con un catálogo de las cosas que los hombres saben hacer, y ella no. Es un catálogo revelador. He aquí la cita completa (pág. 37):

«No puedo hacer las cosas que las mujeres no saben hacer ─dijo─. No puedo pasar las páginas del Times sin que se me arruguen, no sé plegar un mapa como corresponde, no sé descorchar botellas, soy incapaz de clavar un clavo y que me quede recto, no puedo entrar en un bar y pedir una copa sin preguntarme qué pensará la gente y no puedo encender cerillas en dirección a mi cuerpo. Soy una persona culta y tengo dos hijas y me las apaño bastante bien, y hay un montón de cosas mucho más importantes que sí sé hacer, pero no sé hacer esas, y cada vez que tengo que hacer alguna de ellas, me dan ganas de echarme a llorar.»

Richard, el marido de Laura, acude de inmediato protectoramente al rescate:

─Estoy seguro de que podría enseñarte a plegar un mapa. No es tan difícil, cuando le coges el tranquillo.

Nenna habla con el corazón en la mano pero cabe sospechar que Penélope, la escritora, estaba tirando de ironía. Cosa que se confirma unas páginas más adelante, al explicar la actitud de otro personaje masculino: «Nenna podría haber añadido a su lista de cosas que los hombres hacen mejor que las mujeres la capacidad para no hacer nada en absoluto con total tranquilidad.» (pág. 56).

Quizás en tanto que hombre debería protestar por la injusticia que esa afirmación supone para nosotros genéricamente considerados. No lo hago, sin embargo, porque Carmen, que me conoce bastante bien, insiste en que Penélope Fitzgerald parecía estar pensando muy especial y particularmente en mí cuando escribió esa frase.

Me callo, entonces, y no hago nada en absoluto al respecto. Eso sí, con total tranquilidad, como corresponde a un hábito tan largamente practicado que se ha insertado de alguna forma en nuestro ADN.


miércoles, 1 de enero de 2020

LOS NÚMEROS DEL BLOG



Scriptorium medieval, o la escritura como forma de vida.


El pasado 28 de mayo chequeé los contenidos y la difusión de este blog, tan personal e intransferible a pesar de que al empezar lo veía más bien como un eco amortiguado y anónimo del ruido que ocupa el primer plano del escenario de la actualidad. Inauguro el nuevo año revisitando mis números de entonces.

Partí en 2014 de la idea de un comentario diario salvo imponderables, porque cada día es “otro” día, le pese a quien le pese (1). La extensión había de ser limitada para no abusar de la cuota de atención dispensada por el lector benévolo, necesariamente escasa dada la variedad infinita de estímulos y lo modesto de mi propuesta. Nada de publicidad ajena, ni de promoción en las redes. Desinterés total de lucro con estos ejercicios ociosos de redacción. Tal fue la pauta inicial, y en ella me mantengo.

Las entradas han sido 1712 en seis años, y las visitas (directas, algunos textos han sido publicados además en otros sitios virtuales), 161.852 hasta primera hora de esta mañana. Eso significa 94,54 visitas al día, aunque han ido de menos a más; desde mi contabilidad de mayo, las nuevas visitas han tenido una media diaria de 123,53.

El bloque mayor de la audiencia está radicado en España (57.348), y el siguiente, casi del mismo volumen, en Estados Unidos (51.222). Mi audiencia estadounidense es asidua, pero no sigue particularmente la novedad diaria y se centra sobre todo en entradas antiguas de tema literario (Lucrecio, Dante, la Odisea) o, en menor medida, de tema artístico o histórico. Imagino una escuela o un taller de escritura en español, que encuentra interesantes el formato y determinadas temáticas del blog como recomendación para ejercicios del alumnado. Las siguientes audiencias por países son muy inferiores (Francia 7822, Rusia 7413) y de carácter mucho más esporádico.

En cuanto a contenidos, el bloque principal es el de la política en sus diferentes ámbitos (catalana, nacional, internacional, teoría política y política-ficción), con un 50,55% del total. Sigue el bloque Economía, trabajo y sociedad (17,56%) y le pisa los talones el de Literatura, Arte e Historia (16,10%). Del resto de temas, mucho más desperdigados, menciono únicamente el relacionado específicamente con la condición femenina (45 entradas en 6 años, el 2,75%).

La tentación de reducir el ritmo de publicación me asalta de forma constante. Sé que mi aportación de muchos días no tiene el menor interés, “l’amour vaut pas la chandelle” para expresarlo con Georges Brassens. Pero como argumento en contra me planteo la vieja consigna del «Ora et labora», que marcaba el calendario de la regla monástica de los scriptoriums de las edades oscuras, para los que la primera necesidad de la herencia cultural era la de subsistir en las bárbaras condiciones de los nuevos tiempos. Y también, por qué no, el modesto orgullo del artesano que despliega en su tenderete la mercancía imperfecta salida de sus manos.

De modo que, doblada ya la segunda década del siglo, persevero en lo mío. No me pregunten hasta cuándo; no lo sé.


(1) “Apesar de você / Amanhâ há de ser / Outro día.” Chico Buarque, Apesar de você.


lunes, 30 de diciembre de 2019

CAMPANADAS A MEDIANOCHE





Tout suffocant
Et blême, quand
Sonne l’heure,
Je me souviens
Des jours anciens
Et je pleure.

Paul Verlaine


En Egáleo llueve a ratos, y a ratos cae aguanieve. Estamos oficialmente a +2 oC. Blanquean las montañas vecinas, todas ellas con nombres clásicos: el Himeto, el Pentélico, el Licabeto, el monte Egáleo, en cuya cima colocó el rey Jerjes su trono de oro de ley para contemplar como si fuera en papel cuadriculado la batalla naval de Salamina. (La cara que se le debió poner, comentó mi nieta Carmelina en clase de Historia.)

La rasca es fenomenal, el grajo debe de estar raspándose los cojones en el suelo, como decía mi compañero de mili Roberto Muñoz, por aquello de que “cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo.”

Acaba el año de morros; es lo suyo. Esta noche tengo previsto acudir a la cita de las campanadas prescindiendo de Sol y de Pedroche. Y es que el reloj de Sol no es, contra todas las sugestiones implícitas en el enunciado, un reloj de sol. Algo en esa paradoja me provoca irritación.

También me irrita Pedroche, que no es una mujer sino una nínfula, una Campanilla de Cobre en dibujos animados que juega a aparecérsenos envuelta en extraños atuendos semitransparentes, ni desnuda ni vestida.

No tomaré uvas ni brindaré con cava, solo con vino tinto corriente. Aquí el espumoso es italiano y su precio está por las nubes.

Y seguiré la pauta de Verlaine: sofocado y pálido, cuando suene la hora recordaré los días de antaño y lloraré.

Lloraré por tanta gente como estaba a mi lado (o yo estaba al lado de ellos) y ya no está. Sonreiré por tanta gente buena que aún me acompaña (a la que aún acompaño). Es una doble operación adecuada para el fin de año, un hito inevitable que sugiere tanto la idea de un colofón como la de un acabamiento. Tantas cosas, ay, pudieron haber sido y no fueron; tantas otras, bravo, sí se plasmaron en la realidad, y mantienen encendidas la luz de la curiosidad y la chispa de la esperanza.

Cantaré villancicos en compañía, delante de un belén en el que el Niño Jesús es adorado sobre todo por animales de granja, corderos, patos, gallinas, vacas, conejos, que mis nietos prefieren con mucho a los reyes, los soldados de armadura y los pastores.

Los gatos de la familia, mientras tanto, atenderán a nuestros cánticos con una mirada indescifrable. Cuando nos vayamos por fin a dormir, seguirán en lo suyo, les gusta trasnochar y dormir de día.

Para ellos no será una noche especial, pero sí enigmática. El tiempo no es igual para nosotros los humanos y para los gatos. ¿A qué viene, a fin de cuentas, armar tanto ruido?, se preguntan al oírnos cantar.


EL PACTO Y EL CENTRO-DERECHA



“In ictu oculi”, de Juan de Valdés Leal, pintura del género de las Vanitas, que podría representar adecuadamente los sentimientos profundos del centro-derecha español ante el futurible nuevo gobierno.


El sí del PNV y la abstención de ERC están ya prácticamente en el saco de ese felón, Pedro Sánchez. Arrimadas vacila, aunque las bases de C’s se han manifestado sin tapujos a favor del contubernio. Están a punto de consumarse las coyundas nefandas de España con la Antiespaña, ambas eternas en su contradictoriedad. La conjunción astral puede producirse el día de los Magos, 6 de enero de 2020. España habrá perdido el honor y la vergüenza, pero habrá ganado la estabilidad política necesaria y quién sabe cuántas cosas más que, como el Reino de Dios y su Justicia, se nos darán a los incrédulos por añadidura.

Felicitémonos por el desenlace positivo del laborioso parto, brindando con una copa de cava. Mejor aún con tres copas, una de cava catalán, otra de valenciano y la tercera de extremeño. Nadie sobra en esta celebración.

Los tertulianos de todos los colores nos han venido dando la tabarra en los medios con la cantinela de que con nosotros no hay modo, no tenemos remedio, en este país no hay cultura de pactos. Va a ser que tampoco es eso. Sí hay cultura de pactos, pero estaba bastante soterrada bajo capas geológicas de prepotencia y de “esto lo arreglaba yo sacando los tanques a la calle”.

Pablo Casado va a hacer una oposición inflexible. Inflexible viene a significar que atacará al gobierno por fas o por nefas, en función de lo que sea que diga y haga ante cualquier problema. Lo importante del caso no será la coherencia en la oposición, sino impedir a toda costa la temida estabilidad y torpedear el odioso consenso del PSOE, que la gente de orden había tomado de buena fe como “uno de los nuestros”, con los sediciosos y los proetarras. Últimamente Casado ha afirmado que llevará al TC a Sánchez por la congelación de las pensiones, ¿desde cuándo es partidario él de subir las pensiones? Su plan, sin embargo, vale como un ejemplo de antipolítica judicializada que se estudiará en los masters de las Facultades de Ciencias Políticas algún día. A eso lo llama Casado ser de centro.

A Santiago Abascal, por su parte, se le desconocen veleidades centristas; lo suyo va a ser una oposición virulenta, bronquista, que ha empezado con la disputa a base de empujones de los mejores asientos del Congreso. Ahora está pidiendo las listas de los firmantes de la abogacía del Estado que se inclinen por dejar en libertinaje (no confundir con la libertad) a Oriol Junqueras. ¿Para ponerlas en una vitrina? ¿Para hacerles escraches?

Con Abascal vuelve a nuestras narices aquel característico olor a chamusquina que flotaba hace varios siglos por nuestras plazas mayores después de los espléndidos autos de fe celebrados en ellas con gran éxito de crítica y público. Entonces no se pactaba, entonces no se transigía; entonces se era español a machamartillo, o no se era nada. O para mayor precisión, y siguiendo la gradación establecida en un soneto célebre por don Luis de Góngora, que sabía de lo que hablaba: o bien cumplía uno a rajatabla con la patria y con la doctrina, o se metamorfoseaba in ictu oculi, en un abrir y cerrar de ojos, «… en tierra, en polvo, en humo, en sombra, en nada.»



domingo, 29 de diciembre de 2019

UNA RADIOGRAFÍA DEL INDEPENDENTISMO CATALÁN



Josep Maria Oller, catedrático de Estadística de la UB (foto de Ángel Guerrero, publicada en El Triangle).


Tres catedráticos de Estadística, Josep M. Oller (Universidad de Barcelona), Albert Satorra (Pompeu Fabra) y Adolf Tobeña (Autónoma de Barcelona), han estudiado la trayectoria del sentimiento de identificación nacional en Cataluña entre 2006 y 2019. Sus conclusiones son abrumadoras: el independentismo como proyecto político nació en 2012, cuando Artur Mas le dio carácter oficial; antes no existía como tal, y desde ese momento se ha difundido rápidamente top down (de arriba abajo) mediante una campaña intensiva de propaganda en los medios audiovisuales en lengua catalana, fundamentalmente TV3, la Gran Herramienta del procesismo. El contagio ha sido desigual: afecta sobre todo a las personas arraigadas en el país, cuya lengua materna es el catalán, y que gozan de una posición social acomodada. De forma simétrica, ha generado un rechazo creciente en estratos de habla castellana y bajo nivel de renta, que no consumen los contenidos, tanto informativos como en programas de entretenimiento, de la cadena televisiva catalana.

En una entrevista en El Triangle (1), Oller habla de “conflicto civil inducido”, y de un grupo social «consciente de que es poco más que un cero a la izquierda para la Generalidad, y que a veces se siente abandonado incluso por el Gobierno español.» Hay un peligro cierto además, dice, de que si solamente se alcanza un pacto de élites entre Madrid y Barcelona, el conflicto cierre en falso y ese grupo social ─amplio, marginado, resentido─ no se sienta incluido en la solución.

En el cuerpo social, como en anatomía, los tejidos que no se resanan de forma adecuada, se infectan y tienden a agravar las patologías.

Sin embargo, el “relato” procesista sostiene que no hay ningún indicio de fractura social, que el movimiento reivindicativo ha crecido bottom up (de abajo arriba) como una exigencia popular generalizada, que la democracia florece en el país y que todo el mundo tiene libertad para expresarse, y si no la tiene es por culpa de la opresión ejercida desde fuera.

Los estadísticos arriba citados constatan que eso no es así; hablan de “fractura afectiva” y de “divisiones etnoculturales no suturadas”. Quienes vivimos en el ojo del huracán conocemos de primera mano la reacción impaciente habitual entre las clases catalanas bienestantes; lo hemos oído muchas veces, en conversaciones informales que tienen lugar en las terrazas, en las barras de las cafeterías, en la cola de las cansaladeries y en otros ámbitos parecidos, en los que el senado popular dictamina: “Pues si esto no les gusta, que se vayan a su tierra.”

Es una solución, claro. Hay quien la está adoptando ya, incluso. Pero se van con sus ahorros, en algunos casos con las pequeñas o medianas empresas que crearon aquí. Como pasa en el Reino Unido con el Brexit, aquí se tiende a pensar que si la gente trabajadora se va pero los capitales se quedan, no hay problema, todo es miel sobre hojuelas.

Cataluña ha dejado de ser la primera región industrial de España; la gran mayoría de comarcas ha perdido población en los últimos años; los jóvenes emigran, en particular los jóvenes con estudios universitarios. Son cosas que dan que pensar. ¿Es ese el futuro que queremos para la tierra que tanto amamos todos?




sábado, 28 de diciembre de 2019

DÍA DE INOCENTES


Los nuevos modos de la política han arruinado la festividad de los Inocentes. Antes los bulos tendían a concentrarse en un día del calendario, el de hoy. Ahora cualquier día es bueno para soltar la parida. Nos dicen que han visto a un buey volar, y ya tenemos la réplica en los labios: “Espera, que aún no sabes la última de Vox.”

Con tantas noticias en portada de los medios que parecen inocentadas, el 28 de Diciembre va a quedar reservado, en el nuevo paradigma, a algunas inocentadas que podrían ser noticia. El maestro Josep Ramoneda ha elegido precisamente esta fecha para publicar una reflexión trascendente. La titula La penúltima oportunitat (sí, se publica en catalán y en elpais.cat, como si se tratara de una materia de opinión meramente regional: esa es precisamente la inocentada.)

Ramoneda habla de las zalemas y los besalamanos al rey, como consecuencia de un discurso insulso de nochebuena, y en particular por parte de Iglesias y Echenique. Tanto y tan ruidoso consenso para afirmar que el rey no está desnudo es interpretado por el articulista en el sentido de que se están ofreciendo seguridades de que la Constitución no se va a tocar.

Es una renuncia forzada (la reforma podría ser mucho peor que el texto actual) y solo el independentismo catalán de izquierdas disiente, por las razones que todo el mundo conoce; pero el solemne paripé escenificado por las izquierdas que aspiran a gobernar no está impidiendo el vocerío de las derechas ultramontanas de coloridos varios, que no aman la Constitución y ven en el rey solo al heredero del caudillo. Sánchez es abroncado reiteradamente como cómplice y compinche de todos los crímenes políticos pasados, presentes y futuros, desde el moro Muza hasta Bildu. (No, no exagero y esta afirmación no es, qué más quisiera yo, una broma de Inocentes.)

Dice Ramoneda que la izquierda aparece dubitativa ante su gran oportunidad. Los dedos se le vuelven huéspedes, y se deja dominar por el temor de dejar flancos al descubierto. Está claro que Sánchez no se siente seguro en su silla, y por eso ha anunciado que congela la subida de las pensiones y del salario mínimo hasta que cristalice una investidura efectiva.

Comprendo la lógica de fondo del razonamiento del presidente en funciones, pero el incienso de la izquierda plural al rey, por un lado, y el anuncio al mismo tiempo, por el gobierno, de la congelación ─provisional, de acuerdo─ de unos salarios mínimos y unas pensiones insuficientes, están emitiendo posiblemente una señal equivocada. Las reformas urgentes se retraen, pero mientras tanto los empresarios no dejan de gritar sobre lo intolerable de las medidas fiscales “confiscatorias” pactadas en Barcelona. La prudencia exquisita de la primera parte contratante parece conducir de forma matemática a una intensidad mayor del energumenismo de la segunda parte: “¡Grita más, que ya se la están envainando!”

Y luego está Cataluña, esa inmensa cortina de humo que lo tapa todo. «La cuestión catalana no puede servir eternamente de coartada para aplazar las urgencias del presente.» Lo dice Ramoneda. Lo dice un 28 de Diciembre.


viernes, 27 de diciembre de 2019

CÉSAR Y LEONARDO



Supuesto autorretrato de Leonardo da Vinci, dibujo posterior a 1512.


Hemos celebrado este año el quinto centenario de la muerte de Leonardo da Vinci, un genio global del Renacimiento. El último día del año se cumplirán, de otro lado, los quinientos diecisiete años de una circunstancia de su vida no tan conocida como su obra pictórica. Debo la información al libro de Paul Strathern The Borgias, Power and Fortune, Atlantic Books, Londres 2019.

Ese día del año 1502 entraban a caballo en Sinigalia, charlando plácidamente entre ellos, Leonardo da Vinci y Nicolás Maquiavelo, dos florentinos y amigos que formaban parte del séquito de César Borgia, duque de la Romaña. César había quedado en aquel lugar, una ratonera natural, para reunirse con algunos de sus capitanes y analizar conjuntamente la coyuntura, de modo que fue una sorpresa absoluta, tanto para el ensimismado Leonardo como para el agudo y sagaz Maquiavelo, después de cruzar el puente de madera que cruza el río Misa para acceder al “borgo”, el pueblo situado fuera de las murallas, encontrarse en el meollo de una lucha despiadada y desigual entre los hombres de César, dirigidos por Miquel de Corella “Micheletto”, y la reducida guarnición de Oliverotto, condottiero aliado de Borgia que actuaba de anfitrión de la reunión de capitanes.

Una doble fila de hombres a caballo protegió a los que entraban y les condujo a la entrada al recinto amurallado, la ciudad propiamente dicha de Sinigalia. En ese momento salía por la puerta César, y al ver a Maquiavelo le gritó eufórico: “¡Les tengo dentro, les he hecho prisioneros!”

Los capitanes, Oliverotto, Vitellozzo y el grupo de los Orsini ─Paolo, Francesco y Roberto─ habían planeado una emboscada, y fueron emboscados a su vez por su comandante en jefe, que aprovechó el hecho de que la mayor parte de las tropas de los conjurados estaban dispersas, acampadas al otro lado del río. Fue un juego de astucias, un “bel inganno” como lo llamó el historiador Paolo Giovio. Para Maquiavelo, experto en lides diplomáticas, era la primera ocasión en la que se encontraba en el centro mismo de la acción.

No lo olvidó nunca. Escribió a su patrón, el gonfaloniere florentino Piero Soderini, lo siguiente: «Las acciones del Duque han ido acompañadas por una buena fortuna excepcional, y por una osadía y una confianza sobrehumana en su capacidad para conseguir lo que ambiciona.»

Maquiavelo era embajador oficioso y espía efectivo de la República de Florencia en el campo de Borgia. Este se había ofrecido a sí mismo y sus mesnadas como “protector” de Florencia, para lo que reclamaba paso libre por las ciudades y territorios de la República, a fin de combatir a sus enemigos potenciales, que no faltaban.

Ni Soderini ni Maquiavelo se fiaron del duque de Valentinois, como no se fiaban de su amigote el rey francés Luis XII, instalado en Milán pero con la vista puesta en el reino de Nápoles y en toda la franja de terreno que quedaba en medio. Sospechaban que lo que deseaban tanto César como Luis era disponer de los puertos del Tirreno ─Pisa, Liorna, Piombino─ como cabezas de puente para abastecer a un gran ejército francés asentado en el corazón de la península italiana. Soderini nunca concedió a Borgia lo que le pedía.

¿Y Leonardo? Apareció en la Romaña como una concesión menor a “Valentino”, ya que se le negaba la petición mayor. César quería contar con Leonardo para sus planes en la Romaña. Leonardo había acumulado un gran prestigio como ingeniero militar al servicio de la República de Florencia, y César quería siempre lo mejor en todo: «O Leonardo, o nada» fue su divisa para la ocasión.

Leonardo venía de hacer un stage de parecidas características en Venecia. En aquellos años andaba desencantado con la pintura. Una mixtura de su invención para colorear paredes sin las exigencias de la pintura al fresco había fallado en Santa Maria delle Grazie de Milán, donde su versión de la Última Cena se deshacía en escamas a ojos vistas. De paso hacia Venecia Isabella d’Este, marquesa de Mantua, tan bella y culta como amiga de imponer su voluntad a todo su entorno, le pidió un retrato. Leonardo hizo un boceto, de mala gana, y nada más. Isabella le persiguió con una correspondencia profusa, llena de exigencias, y Leonardo rehuyó aquel acoso con toda clase de excusas y de desplantes.

Y se convirtió, en el mismo año de 1502, en el ingeniero de Borgia. Planeó la remodelación de las principales fortalezas de la Romaña, diseñó una red moderna de comunicaciones, proyectó un canal navegable entre Cesena y el puerto de Cesenatico en el Adriático, hizo un plano asombrosamente exacto de la ciudad de Imola, e inventó algunas máquinas de guerra y de asedio.

No sabemos lo que pensó Leonardo del suceso de Sinigalia. Egocéntrico y orgulloso, cerrado en sí mismo y en su propio genio, nunca hizo ningún comentario sobre aquello en sus Cuadernos. De hecho, la única mención que se encuentra en ellos a César data de pocos meses antes, y se reduce a tres palabras escuetas: «Valentino ha desaparecido.» Se había ido a Ferrara a ver a su hermana Lucrecia, pero lo hizo al modo cesáreo: de noche, ocultamente, vestido de negro y enmascarado, sin dar aviso a nadie. Hay quienes piensan que se trataba de escenografía y bluff, pero también es cierto que el arte para desconcertar a sus enemigos sirvió para alargarle la vida. Sus capitanes conspiraban ya entonces contra él, incluido su lugarteniente Ramiro de Lorca, al que llamó un día a consultas de modo pacífico, y en cuanto lo tuvo delante lo encerró, lo cargó de cadenas y lo hizo torturar hasta que cantó la intemerata y acabó por recibir el “trato español”, es decir trato de cuerda.

Después de Sinigalia, Maquiavelo regresó rápidamente a Florencia. El gonfaloniere Soderini y él sabían ya de César cuanto deseaban saber. El papa Alejandro VI, Rodrigo Borgia, padre de César, había celebrado el éxito de su hijo con el comentario de que aquello era solo el principio de lo que tenían planeado llevar a cabo.

Leonardo siguió algún tiempo al servicio de Borgia. Supervisó personalmente la colocación de “sus” máquinas en el asedio a Ceri, una fortaleza de los Orsini. Luego la estrella fugaz de los Borgia dejó de lucir de repente. En Roma, Alejandro VI y su hijo fueron envenenados en un banquete, o padecieron una enfermedad severa y no bien conocida en la época, tal vez la malaria. El papa murió, y su hijo quedó fuera de combate durante demasiado tiempo para poder mantener su trayectoria fulgurante de guerrero.

Leonardo se vio entonces libre de su compromiso en la Romaña, y regresó a Florencia a su puesto de ingeniero de la República.