miércoles, 4 de septiembre de 2019

LA LEY DEL TENTETIESO



Monsieur Culbuto, figura del teatro cómico francés convertida en tentetieso para disfrute de la chiquillería en las fiestas populares.


Las bases del Movimiento 5 Estrellas han dado su visto bueno por amplia mayoría a una coalición con el Partido Democrático, alejando del gobierno de Italia a Mateo Salvini, el energúmeno que pretendía devorarlo todo.

La derrota política de Salvini no es definitiva, de acuerdo. Podría volver en tromba; Berlusconi lo ha hecho antes. Pero Berlusconi sabía, y Salvini acaba de aprenderlo, que en política los índices de popularidad no significan que es posible hacer con las instituciones cualquier cosa que uno se proponga.

La gente no abdica nunca de sus derechos políticos. Cosa distinta es el modo como los ejerce habitualmente. La gente (disculpen la generalización; hablamos de los grandes números, y eso siempre conlleva inexactitudes) es por lo general floja en sus convicciones y lenta en sus reacciones. Todos los políticos parecen iguales y se tiende a votar al más vistoso del muestrario; hasta que dejan de parecer iguales y muchos se rebelan contra el mismo al que votaron, por las razones mismas por las que lo votaron.

Una versión calcada de la misma historia acaba de suceder en el Parlamento de Londres, cuando un eufórico Boris Johnson ha sido dejado en minoría por los mismos que lo apoyaban. Quizá quienes han actuado así estaban de acuerdo con un Brexit duro, pero no lo están con la suspensión del Parlamento, porque el Parlamento es una garantía para todos, tanto para los aguerridos como para los lánguidos. Rafa de Miguel, en elpais, comenta así lo ocurrido: «El primer ministro comprobó la fiereza con la que se revuelve un sistema parlamentario cuando ve amenazadas sus atribuciones.»

Una tercera variante viene ocurriendo desde hace ya algún tiempo. La declaración unilateral de independencia de Cataluña, el simulacro de referéndum del 1-O de 2017 y la idea adánica de que los vínculos de todo tipo con España se disolverían en el agua sin dejar huella, ha sido otro fortísimo empellón a las instituciones de un Estado que parecía dormido. Los impulsores de aquel disparate no contaron con la ley del tentetieso: cuanto mayor es la fuerza que se aplica para desestabilizar un sistema en equilibrio, tanto mayor es también la reacción tendente a devolver las cosas a su posición original.


martes, 3 de septiembre de 2019

"ESPAÑA SUMA", POR BULERÍAS


El procedimiento de enchufar el ventilador para esparcir la mierda tiene una sólida tradición en la estrategia comunicativa de la derecha española. Ahora Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes, las dos chicas de oro, han sido imputadas en la corrupción de la Operación Púnica. Pablo Casado ha dicho con desenfado que la noticia le duele, pero que eso es ya pasado en su formación. Como si el PP madrileño ya hubiese rendido cuentas y pagado religiosamente los perjuicios causados.

Ha solicitado además, y de pasada, el líder del PP la protección de la guardia civil cuando venga a Barcelona, para evitar el riesgo cierto de ser apuñalado.

A un alma inocente puede parecerle que las dos afirmaciones no tienen nada que ver, pero no es así. Las une un sólido hilo argumental.

La sabiduría popular predica que la mancha de la mora con otra verde se quita. La afirmación es bastante aventurada; lo menos que puede decirse de ella es que no está testada científicamente. Sin embargo, determinados ideólogos de la derecha la han utilizado por analogía para llegar a la conclusión de que una información negativa se contrarresta lanzando otra similar o más gorda en la dirección simétricamente contraria. La información asilvestrada que se emite a partir de esa premisa no tiene por qué ser cierta. El bulo y la verdad producen el mismo efecto mediático.

Por esa vía, una acumulación inusitada de malas noticias referidas al campo propio ha llevado a la derecha urgente al cultivo intensivo de la bulería.

No se paran en barras, según puede verse en un ejemplo reciente. “Periodista digital” titula así: «La amiguita de Pablo Iglesias, Ada Colau se va de vacaciones a una lujosa urbanización del Cabo de Gata.» Dado que Colau, abominada tanto por tirios como por troyanos, es la alcaldesa de la Ciudad Condal, en el texto se apostilla la noticia con un dato temporal: «… mientras agoniza Barcelona».

El ventilador se ha enchufado bien. Va directamente contra Colau, pero cita a Iglesias y establece entre los dos una relación equívoca: ella es su “amiguita”. Colau replica de inmediato: «Todo falso: ni Cabo de Gata ni lujosa urbanización. O rectifican o tendrán una demanda.»

La rectificación se produce en efecto, y es antológica. Este es el titular: «Ada Colau niega que haya estado de vacaciones en una lujosa urbanización de Cabo de Gata.»

O sea, puede que sí haya ido como nosotros afirmamos, pero lo niega. Nosotros no ponemos la mano en el fuego porque no haya ido, solo dejamos constancia de que ella dice que no ha ido.

Lo cual impulsa la bulería un poquito, solo un poquito más allá. Lo suficiente para desviar la mirada de Aguirre y Cifuentes, esa pareja de esforzadas lideresas sometidas por el sanchismo a un juicio político inicuo.

Mientras, Barcelona agoniza debido a las puñaladas traperas, al no contar con la protección implorada de la guardia civil.


lunes, 2 de septiembre de 2019

¿EN NOMBRE DE QUIÉN HABLA PISARELLO?


“Puesto que yo he sido elegido representante de los Comuns, eso quiere decir que los Comuns están representados por cualquier cosa que yo diga.” Es lo que debe de haber pensado Gerardo Pisarello, al declarar que su formación estaría dispuesta a formar parte de un gobierno de concentración independentista en Cataluña, ciscándose en la historia y la memoria del colectivo al que teóricamente representa.

Pues no, las cosas no van así. Si don Gerardo está personalmente dispuesto a convertirse en la tabla de salvación de un movimiento dividido, confrontado, desgarrado y políticamente fracasado, es cosa suya. Pero señalar con el dedo a las bases y decir, a lo Cardenal Cisneros, “estos son mis poderes”, no solo falta a la verdad más elemental, sino que es una mentira de muy escaso recorrido.

Ya han empezado los desmentidos, y es de suponer que irán en crescendo. Anoto lo que afirman JL López Bulla en el blog de aquí al lado, y Emma Riverola en elperiódico. Pisarello no va a contar con muchas complicidades en esa postura de totum revolutum hacia la independencia como sea y a costa de lo que sea.

Al mismo tiempo que Colau acusa al conseller Buch de torpedear a conciencia la seguridad de Barcelona con la finalidad exclusiva de moverle el sillón, Pisarello propone un gran abrazo fraternal a Buch en campo propio. No hablemos aquí del Tete Maragall ni del penoso espectáculo de las “putas, guarras, zorras”; omitamos (por favor) todo comentario sobre las recientes hazañas de Carles Puigdemont, Quim Torra y Roger Torrent, ese tridente letal. Con estos mimbres, parece sostener Pisarello, haremos el cesto más hermoso.

Preparémonos para un largo periodo de desobediencia civil, ha dicho en una entrevista reciente David Fernández, la conciencia íntima de la CUP, ahora solo militante de base. Qué quieren que les diga, no me convence pero tiene la virtud de hablar claro, por lo menos.

Proponer la concentración en el gobierno de Cataluña de un grupo no ya heterogéneo sino disparatado de fuerzas que rivalizan a degüello entre ellas para extraer las rentas muy depauperadas del viejo y ya sobreexprimido negocio del nacionalismo pujolista, es todo lo contrario de hablar claro. Involucrar de forma gratuita en esa operación dudosa a los Comuns, que es una organización atravesada además por sus particulares y muy fuertes contradicciones internas, es aún peor.

Es una desvergüenza.


domingo, 1 de septiembre de 2019

DEMASIADO GRANDE PARA CAER



Tumba de Lorenzo de Medici en la cripta de San Lorenzo, en Florencia; obra de Miguel Ángel.

En otro momento he comentado aquí lo que sucedió entre el gonfaloniere Albizzi y el banquero Cosimo de Medici, como ejemplo del poder ubicuo y subterráneo del dinero frente a los poderes llamados “públicos” (1). La lectura del libro de Paul Strathern sobre los Medici me proporciona otro ejemplo singular, el de un forcejeo entre la Banca y la Iglesia.

Francesco della Rovere, Sixto IV desde su elección como papa en 1471, fue una personalidad formidable. General de los franciscanos, filósofo y teólogo que mereció el sobrenombre de Doctor acutissimus, polígrafo, patrono de las artes (la Capilla Sixtina le debe su nombre). Desde el principio de su pontificado, se le atravesó en el gaznate la Banca Medici. Retiró su cuenta corriente de la institución para colocarla en el establecimiento de un sobrino, y negó a Lorenzo de Medici la petición de nombrar cardenal a su hermano Julián para poner en el cargo a otro sobrino.

No fueron movimientos casuales. Un historiador, citado por Strathern, dijo del papa Sixto que «elevó el nepotismo a la categoría de principio político». Fueron en total más de 25 los sobrinos y parientes que colocó en altos cargos; a ocho de ellos les hizo cardenales. Algunos, es difícil decir cuántos, eran más que sobrinos.

El Agudísimo se vio de este modo enfrentado al Magnífico, el muy joven Lorenzo de Medici, hijo de Piero el Gotoso, nieto de Cosimo el Viejo, y jefe entonces de la Banca Medici. Lorenzo no tenía ningún interés en topar con Sixto, pero el negocio es el negocio. Sus rivales florentinos, los banqueros Pazzi, perjudicados de alguna forma por sus maniobras, acudieron a Roma y presentaron allí sus agravios. Llegaron incluso más allá. Habían tramado una conspiración perfecta para asesinar a Lorenzo y Julián de un solo golpe, un domingo en mitad de la misa de doce en la catedral. El pueblo de Florencia les respaldaría en su gesto heroico para erradicar la tiranía. Deseaban la bendición papal para su plan. El Agudísimo les dio una respuesta de manual: miraré a otra parte, y si todo sale bien, entonces, no antes, os bendeciré.

El plan no salió del todo bien. Julián murió y Lorenzo fue herido en el cuello, pero consiguió refugiarse con un grupo de los suyos en la sacristía y atrancar las puertas de bronce. El pueblo de Florencia salió a la calle, pero no para celebrar el final de la tiranía sino para apoyar al Magnífico.

Los conspiradores se vieron forzados a huir pero fueron perseguidos y apresados. Los más significados fueron colgados desnudos de las ventanas altas del Palazzo della Signoria; entre ellos, el arzobispo de Pisa. Al saberlo, el Agudísimo montó en cólera, ¡eso era sacrilegio! Y emitió una bula de excomunión para Lorenzo, su familia, sus secuaces y todo el alto clero florentino. El popolo minuto se rio de la excomunión papal; el clero florentino replicó con una contra bula que excomulgaba a Sixto.

La cosa degeneró en una guerra en la que Milán, aliada tradicional de Florencia, cambió la casaca, y Venecia, con ambiciones propias en el tema, respaldó también a Sixto. La situación era apurada, solo Ferrara sostenía a Florencia porque Nápoles mantenía desde tiempo atrás una alianza firme con el papado. Ahí, sin embargo, localizó Lorenzo el eslabón débil de la cadena.

Escribió una carta a la Signoria explicando que se entregaba a sus perseguidores como único medio para preservar la paz y la prosperidad de su ciudad. Embarcó en una galera y marchó derechamente a Nápoles a ponerse en manos del rey Ferrante.

De haberse puesto en manos de Sixto, habría sido hecho picadillo; pero Ferrante se sintió admirado ante aquel gesto genuinamente magnífico. No tenía la menor intención de romper su alianza con Roma, pero no sabía qué hacer con aquel preso intempestivo que había venido motu proprio a colocarse en su poder.

Mientras Ferrante dudaba, Lorenzo no perdió el tiempo; su banca tenía oficina en Nápoles, y de la casa central de Florencia llegaron varias sustanciosas letras de cambio. El centenar de remeros esclavos de la galera que le había llevado hasta allí fue liberado, y cada uno de ellos recibió como regalo diez florines y dos mudas de ropa, para ir tirando. Lorenzo patrocinó festejos públicos, dotó a las hijas de viudas pobres para que pudiesen encontrar marido, repartió espléndidas limosnas. Estaba preso en teoría, pero Ferrante decía a todo el mundo que si no lo dejaba ir era por disfrutar más tiempo de su presencia.

De modo que Lorenzo aparecía de día por todo Nápoles sonriente, encantador, liberal con su bolsa, perfumado y vestido de gala; y por las noches, según confesión propia, no dormía roído por la inquietud.

Todo el asunto dio un giro dramático cuando el sultán Mehmet tomó por asalto Otranto y amenazó con extender sus dominios por la Italia del sur. Sixto predicó la cruzada y llamó a la unión de todos los estados cristianos contra el infiel. También a Florencia. De modo que el Magnífico pasó a ser un aliado imprescindible del Agudísimo, y tanto las bulas de excomunión como las órdenes de prisión fueron debidamente anuladas.

Mehmet falleció de pronto, y el nuevo sultán abandonó sus proyectos de expansión. La paz interna en Italia, sin embargo, se consolidó. La larga partida de ajedrez entre las dos potencias había concluido en tablas.



sábado, 31 de agosto de 2019

OTRO PARAÍSO PERDIDO



Imagen actual de la urbanización Costa Miño, en Miño, A Coruña. Fotografía de Óscar Corral, tomada de El País

No me digan que el Miño que yo conocí nunca existió. Pasamos allí los veranos del 74 y el 75, las familias completas de mi hermana Tere y la nuestra (cinco niños en total, ocho el segundo verano contando la aportación de otros parientes, que se sumaron atraídos por nuestra propaganda). El aire era límpido, el paisaje verde, la playa estaba aceptablemente desierta y propicia a toda clase de juegos, y enfrente de nosotros, al otro lado de la embocadura de la ría de Betanzos y delante de Sada, teníamos fondeado permanentemente el Azor, por si acaso le apetecía embarcar al Caudillo, que aún tuvo arrestos para viajar a Meirás los dos veranos (el del 75 sería el último). La rumorología local hablaba de un quirófano dotado con todos los avances de la ciencia e instalado en el interior del pazo, quizás con ánimo de intentar como último recurso una operación a lo doctor Frankenstein, que liberara al monstruo de las garras de la muerte y lo eternizara.

Desde la casa alquilada por el señor José, ferroviario jubilado, bajábamos todas las mañanas en coche (bautizado el Portamonas; el 75 se añadió un segundo coche, la Bastión) hasta el borde de la playa, alejada unos ochocientos metros del centro urbano. A la derecha de la carretera se extendían unos prados encharcados donde a veces pacían algunas vacas. Esa zona es la que aparece en la fotografía de arriba.

En la playa, el tiempo se hacía corto. Un atardecer, tanto se demoraba en ponerse el sol que nos pasamos de la hora de cenar, y de vuelta las niñas se quejaban de hambre.

A mediodía los mayores subíamos a almorzar al pueblo, en una casa de comidas llamada El Submarino, en la que estábamos a pensión. El menú del día empezaba invariablemente por un caldo gallego (lo servían en sopera, y si la acabábamos, traían otra), seguía con una bandeja de jambas, almejas o empanada de mejillones, y concluía con un plato de carne o de pescado acompañado de cachelos, pimientos y/o grelos.

He escrito adrede “jambas” y no gambas. Con esa fuerza puntuaba la letra “g” el señor Varela, el patrón, que presumía de que los domingos venía a comer a su establecimiento incluso gente de lujo (y eran de Lugo), y acusaba a los miembros de la Juardia de Franco de acollonar con exigencias a los comerciantes locales y comportarse en todas las cosas como unos “vajos y maleantes”.

Dedicábamos muchas tardes a excursiones a lugares vecinos: Puentedeume, con su extraordinario puente (de camino, en Perbes, mi cuñado José Manuel nos señalaba la entrada a la residencia veraniega del ex ministro, por entonces embajador en Londres, Manuel Fraga); el castillo de Andrade, centinela del mar; Betanzos, con sus tres iglesias románicas bellísimas; el majestuoso monasterio neoclásico, semiabandonado entonces, de Monfero; San Juan de Caaveiro, dominando la fraga del Eume y con resonancias siniestras para nosotros, porque en una de sus mazmorras visitábamos la celda con el orificio en el techo que daba paso a la terrible tortura de la “jota de ajua”; Ares y Mugardos, al norte, y Ferrol con su enorme puerto; y naturalmente, visita obligada, Santiago de Compostela y su maravillosa catedral rodeada de un conjunto monumental y un barrio antiguo tan bellos como pueda serlo la ciudad más bella del mundo.

Mediado el verano se celebraba en Betanzos la fiesta fluvial de los Caneiros, con barcas engalanadas que remontaban el río hasta un prado donde la romería derivaba en comilona y borrachera para los mayores, y bacanal para los jóvenes. Asistimos desde lejos a aquellos fastos, un tanto sobrecogidos por la voracidad de los apetitos de los gallegos de entonces, fuera de toda medida.

De vuelta en Miño, por la noche, nos recogíamos a veces en la Pousada do Mariñeiro, y cenábamos a base de raciones muy generosas de berberechos, pimientos de Padrón, chorizo frito, pan de borona y vino de Ribeiro. A lo largo del verano, cada parroquia celebraba su fiesta patronal y por lo común se celebraba con sardiñadas épicas al aire libre. Mi hijo Carlos, de dos años y recién estrenado en el duro oficio de andar sobre solo dos patas, se especializó en la suerte de acercarse solo y con cara de pena a mirar a las familias sentadas sobre manteles en la hierba o en la arena. “¡Mírale el rapaciño, tiene fame!”, decían las matronas con la enorme empatía y generosidad que, al menos entonces y seguro que ahora también, las caracterizaba. Y cada cual le daba una o dos sardinas asadas extra, con lo que al final de la jornada él redondeaba un número extraordinario de capturas.

Miño era en aquel tiempo un paraíso natural, un lugar de abundancia y de alegría. Arriba queda constancia de en qué lo ha convertido la especulación urbanística puesta en marcha por Fadesa y otros consorcios. El alcalde actual arrastra una deuda de más de 30 millones de euros, que se esfuerza por obviar sin dejar de pagarla.

Pero aquel Miño existió. Doy fe.


viernes, 30 de agosto de 2019

AMOR Y PEDAGOGÍA


No estoy hablando de la desgarrada “nivola” de don Miguel de Unamuno, sino de las dos virtudes cuya ausencia está refulgiendo con luz propia en las relaciones entre el PSOE y Unidas Podemos, dos formaciones condenadas en principio a entenderse, pero que a pesar de ello, y de tener conciencia exacta de ello, aprovechan cualquier mínima oportunidad para desentenderse recíprocamente un poquito más.

En el caso presente ha sido la aparición de Carmen Calvo en el Congreso para explicar la gestión de la crisis del Open Arms. Cayetana Álvarez de Toledo, desde la bancada del PP, ha celebrado la ceremonia de la confusión al sostener que el sanchismo es igual al salvinismo. (De eso nada, monada. El salvinismo te cae de lo más bien, y el sanchismo todo lo contrario. No te líes tú, que a nosotros no nos vas a liar.)

Más grave es que, de forma simultánea a la reclamación que Pablo Iglesias está haciendo al PSOE del mismo (oigan, ¡el mismo!) pacto de legislatura que rechazó en julio con aspavientos, su formación se alinea con la derecha en el ataque frontal a la gestión de la crisis de los refugiados por parte del gobierno.

Falta amor y falta pedagogía en la relación entre las dos izquierdas, la que ocupa el gobierno y esperamos que por mucho tiempo (la alternativa es peor), y la que legítimamente aspira a participar en él.

Pero, como señaló el socialista Rafael Simancas en el curso de la sesión, «no se puede ser gobierno y contragobierno a la vez», y todos tenemos la sensación de que una cosa así ─ o parecida ─ es lo que pretende Unidas Podemos en esta coyuntura.

Noelia Vera, portavoz de UP, reaccionó de forma destemplada a la indicación de Simancas. Acusó al PSOE de tener dos caras, lo cual no deja de ser un indicio de que su formación querría entrar en el gobierno junto a una tan solo de las dos caras de su coaligado, y estaría en cambio claramente en contra de “la otra”.

Y respecto del trato que recibe su formación por parte del gobierno, lo calificó de «paternalista, prepotente y de superioridad moral». Pedagogía escasa, y ningún amor, por ambas partes.

Joan Baldoví, portavoz de Compromís, dio en el clavo al señalar que en Italia el PD y M5S han sido capaces de superar en 20 días una desconfianza tan aguda, por lo menos, como la que aquí nos tiene empantanados desde hace 120.

Lo que ambas formaciones italianas han tratado de evitar es justamente el ascenso del salvinismo rampante que la insensata Cayetana adjudica frívolamente al “sanchismo”, agraviando de ese modo al político europeo que mejor se acomoda a las políticas de su propio grupo y a las de sus amistades más peligrosas en el interior.

No es tan difícil, pienso, extraer las analogías oportunas y aplicarlas a nuestra situación. Los números en el parlamento son los que son: la derecha energuménica no está derrotada definitivamente ni en Italia ni en España. Serán el juego de los mecanismos democráticos, por un lado, y la puesta en práctica de políticas inclusivas por otro, lo único que podrá desactivar la presión insistente de quienes están reivindicando el orden público con la finalidad última de asentar con mayor firmeza la injusticia.


jueves, 29 de agosto de 2019

YA NOS PELEAREMOS LUEGO


La frase es de Matteo Renzi. Ante el órdago del otro Matteo (Salvini), que rompió a la brava el gobierno de coalición con la pretensión de ir a nuevas elecciones en las que mejorar sus apoyos, el ex patrón del Partido Democrático italiano ha apoyado la entrada del PD en el gobierno con un pacto de programa con el M5S (un mal menor pero un mal de todos modos, como señala en su bitácora de aquí al lado JL López Bulla [*]; o dicho de otra forma, un sapo que tragarse con mucha salsa barbacoa y sin hacer demasiados ascos), dejando para más tarde la áspera controversia que mantiene con Nicola Zingaretti por la dirección del maltrecho aparato del partido.

El razonamiento de Renzi es impecable, lo que no impide que siga siendo un cabrón con pintas. Ocurre que en la política práctica nunca se produce una transfiguración como la del Monte Tabor, donde Cristo se apareció a sus discípulos envuelto en el esplendor de la gloria celestial y con Moisés a un lado y Elías al otro. Las cosas, aquí abajo, siempre se dibujan en matices mucho más difuminados, de un gris más bien sucio, y no dejan espacio para otra alternativa que la de optar por el mal menor. El arte de la política tiene todo que ver con saber elaborar programas magníficos en el laboratorio o el think tank, y luego, en el trantrán de la vida cotidiana, seleccionar primero y adoptar después aquel mal menor que se percibe intuitivamente como el menos malo de los posibles, el que por lo menos no cierra puertas que se desean abiertas ni impide pequeños progresos parciales (“microsoluciones” las llama Joan Coscubiela) capaces a medio plazo de ampliar un poco el horizonte de las expectativas.

Me refiero a las expectativas colectivas, sociales; no al listón particular que se marcan las ambiciones acrecidas de los políticos, así las legítimas como las ilegítimas.

Tienen que trabajarse mucho aún ese librillo del mal menor tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias. No es una receta recomendable dar por sentado que en el cotarro estoy en primer lugar Yo, el macho Alfa, marcando tendencia y comportándome con modos de autócrata, y en un lejano segundo plano un amplio coro de figurantes que no van a tener más remedio que ir por donde Yo les indique.

Es posible ver ahora mismo esa precisa concepción de la política en el otro órdago del británico Boris Johnson, que se ha puesto el Brexit por montera arrastrando al descrédito a la Queen, que es tan idiosincrática en ese país, y enfrentándose a un único asalto con los conservadores moderados, los laboristas juiciosos, los escoceses, los irlandeses, la iglesia anglicana y el sursum corda.

La democracia, en un aprieto tan duro, se apresta en estos momentos a ocupar la última trinchera de la legalidad, con la intención de defender las instituciones centenarias de la embestida cerril del Pájaro Loco.

Puesto a hacer un pronóstico de la situación, yo, que soy un optimista histórico, me inclino por pensar que prevalecerá la democracia, y asistiremos sentados a la puerta de nuestras casas al paso de las pompas fúnebres del niñato pijo británico que no quiso crecer.

Lo mismo pasará tarde o temprano con el órdago del furibundo Salvini. Y asimismo debería ser esa la salida de las difíciles negociaciones entre Pedro y Pablo por una solución que no será la que ninguno de los dos quería al principio.



miércoles, 28 de agosto de 2019

TEOLOGÍA DE LAS CATÁSTROFES



El Arca de Noé. Reconstrucción imaginativa.


La declaración institucional sobre los incendios de Gran Canaria elaborada por la Comisión Permanente del Senado de España incluía una mención al cambio climático como una de las causas que coadyuvan a la siniestralidad, y Vox no ha querido pasar por ahí.

El senador Francisco José Alcaraz ha retirado su visto bueno, de modo que no habrá declaración institucional. El cambio climático, ha dicho el senador, no tiene nada que ver con los incendios. Apurando el argumento, no tiene nada que ver con nada. No existe, es un relato progre, un subterfugio.

Otra cosa ─ lo imagino, reconozco que no tengo pruebas al respecto ─ habría sido que la declaración señalase la justa ira de Yaveh como la causa eficiente de las catástrofes naturales que nos afligen, y alertara al pueblo sencillo contra los sofismas de los impíos y los idólatras. Es posible que una afirmación de ese género fuese del gusto de Vox. Ahí se señala con crudeza la raíz del problema, en lugar de andarse con eufemismos tales como “cambio climático”.

¿Fue el cambio climático lo que provocó los aguaceros de Arganda y de Rivas-Vaciamadrid? ¿Qué cambio es ese, dirá Vox, si en el segundo capítulo del Génesis aparece ya un diluvio universal?

Los diluvios actuales están en la línea de la gran historia de las catástrofes. Los progres lo llaman “gota fría”, allá ellos. Los envenenamientos masivos también ocurren desde siempre, colocarles la etiqueta de “listeriosis” no es sino otro eufemismo que no explica nada. Lo dice el gerente de la empresa cárnica Magrudis: “No comprendo lo que ha podido pasar, nosotros siempre hemos cumplido con la legalidad”.

Ahora mismo, y mirando las cosas desde el punto de vista de Vox, solo tenemos a nuestro alcance dos opciones. La primera es construir un arca para salvar al menos a un mínimo de la humanidad y de la biodiversidad. El arca será de maderas resinosas y de cañizo calafateado con esmero. Tendrá trescientos codos de longitud, cincuenta codos de anchura y treinta codos de altura. Llevará una cubierta impermeable, se practicará una puerta en un costado y tendrá un total de tres pisos. Cuando Yaveh dé el aviso pertinente, se llenará el arca procurando que no se cuele dentro ningún migrante, y se pondrá diligentemente rumbo al monte Ararat.

La segunda opción es ir a nuevas elecciones generales en el mes de noviembre. Tiene la ventaja de ser más fácil y no reclamar preparativos costosos; y el inconveniente de que no garantiza nada. Puede salir bien, salir mal o no salir de ninguna manera. En este último caso sería necesario esperar a que el fuego del cielo arrasara no solo el parque de Tamadaba y las cumbres canarias sino que se alargara hasta Sodoma, Gomorra y las demás ciudades de la llanura, sin olvidar entre ellas bajo ningún concepto a Barcelona.


martes, 27 de agosto de 2019

SEÑALES EQUIVOCADAS



Imagen del incendio de la zona de Cazadores desde Telde, Gran Canaria. Una señal mediática muy espectacular, pero negativa.


Por todo Poldemarx se han colgado los carteles de dos convocatorias independentistas: la primera llama a una procesión de antorchas que ilumine la montaña de Montserrat la noche del día 10 de septiembre, y la segunda convoca a la ya clásica concentración en el centro de Barcelona el día 11, que este año irá vestida con camisetas nuevas de color azul. En los dos casos, se ofrece autocar para el traslado y se anima a la población a inscribirse en el centro cívico de Ca l’Artur y pagar las cuotas correspondientes por el traslado y la camiseta.

Me disculparán, espero, si me meto en camisa de once varas. En primer lugar, me parece que las dos convocatorias vienen a ser excluyentes entre ellas. Dos viajes en autocar, en días sucesivos, y pagando cuota en ambos casos, suponen demasiado desgaste para el cuerpo y para el bolsillo incluso si los ánimos andan muy caldeados, que no es el caso. Lo más probable es que las fuerzas vivas se dividan en dos grupos, los de la antorcha y los de la camiseta. Posible que haya además un tercer grupo, el de los que elijan no elegir y se sienten en la butaca de la sala de estar a ver los eventos por la tele amiga.

En cualquier caso, las cifras numéricas se resentirán. Parece que el ritmo de las inscripciones está siendo más flojo este año que el pasado, en toda Cataluña, y la razón es plausible. El ciudadano independentista de a pie, todo sentiment, empieza a sentirse demasiado exigido por las diferentes siglas del cotarro.

Lo de la camiseta azul, por ejemplo, es un abuso. La cosa iba bien con la amarilla, que dio imágenes aéreas muy vistosas.

Se cambió luego a la de color fresa. Sea. La fresa es todo un símbolo en el Alt Maresme.

Pero ¿azul? ¿Qué se le ha perdido al mundo indepe con el color azul, que además es el de los de siempre de Madrid? Vale que rehuyan el rojo para no confundirse con la gente del PSC; el naranja, por C’s, y el verde por Vox. Pero elegir el azul no es sino caer en el cazo para evitar la sartén.

Y luego está esa atrevida idea de iluminar de noche la montaña sagrada con antorchas. A eso se le llama jugar con fuego, y todo el mundo ha de ser muy consciente de cómo puede acabar la performance, sobre todo si ese día cae la mala suerte de que sople viento racheado.

La bonita escena de Montserrat iluminando las tierras de la Catalunya Vella y la Nova, podría dar paso a imágenes muy similares a las que hemos visto en primera plana de las noticias en Gran Canaria o en la Amazonía. ¿Es necesario correr ese riesgo cuando todas las voces autorizadas nos llaman a extremar la prudencia en esta época de altas temperaturas?

Dado que no formo parte ni de la ANC ni de los CDR, carezco de derecho a decidir en esta cuestión. Mi posición, en consecuencia, viene a ser similar a la del escribiente Bartleby en la novelita de Melville: preferiría que no se hiciera.


lunes, 26 de agosto de 2019

EL CURDA


Crónicas desde la Contigüidad del Cosmos


Templo de la Vera Cruz, en O Carballiño, Ourense. Se trata de una construcción del siglo pasado, imaginativa mezcla de distintos estilos artísticos.


No es frecuente, pero tampoco imposible la irrupción de un elemento discordante en la atmósfera apacible del restaurante La Contigüidad del Cosmos de Poldemarx. Se trata de un establecimiento retirado, protegido de la indiscreción de los flashes mediáticos por su ubicación en una anfractuosidad del continuo espaciotemporal, por lo general liso y tridimensional. La anomalía genera un campo de poderosa actividad geomagnética a cuyo arrimo medra una colonia de cormoranes negros gracias al desconcierto de algunos bancos errantes de sardinas, que pierden la orientación de su gps particular debido a la interferencia.

Ayer se presentó en la amplia sala del comedor de la C del C, de improviso y a la hora crítica del almuerzo, una especie distinta de sardina desnortada: un caballero entrado en años, bien vestido aunque descorbatado, con la barba ya más blanca que gris y la mirada chispeante debido al consumo inmoderado del zumo de los jardines de Baco.

Apenas se oía en la sala un leve murmullo de conversación. Quienes nos encontrábamos allí reunidos discutíamos un asunto trascendente: si Valverde debía o no hacer debutar al jovencísimo guineano Ansu Fati, perla de la cantera blaugrana, en el primer equipo y contra el Betis, esa noche. Las intervenciones a favor y en contra, mientras dábamos cuenta de un arroz con conejo de monte, eran apasionadas; pero bajábamos todo lo posible el diapasón porque sabíamos que, en el interior del reservado, JCJ (Jean-Claude Junker) y UVL (Ursula Von der Leyen) intentaban llegar a conclusiones constructivas en lo referente al Brexit planteado por el Pájaro Loco británico con el respaldo del Pato Donald americano.

En esa quietud cargada de tensión y de geomagnetismo irrumpió el curda con la siguiente carta de batalla, voceada a pleno pulmón: «¡Viva el vino!»

Nos volvimos hacia la puerta, a mirarle con reprobación. Nadie tenía nada en contra del fondo del asunto, pero aquel griterío a destiempo podía perjudicar los destinos de Europa, y en Poldemarx los miembros más bien escasos de la progresía cualificada nos sentimos acendradamente europeístas.

El recién llegado interpretó mal nuestra reprobación silenciosa.

─ Va a resultar que sois de esos intelectuales que me critican a todas horas porque me gusta el vino. Pues bien, si alguien cree que me refiero a alguien, debo decir que tiene razón.

No tuve más remedio que ponerme en pie y afrontar la crisis en nombre de todos:

─ Don Mariano, nos gusta el vino tanto como a usted, pero baje el tono por sus muertos, que aquí se están debatiendo asuntos de la mayor trascendencia. (No tenía en mente en ese momento a JCJ y UVL, sino el paso hacia el futuro estrellato, corto para sus largas piernas pero inmenso para la comunidad futbolera, que había de dar esa noche Ansu Fati, más o menos a partir del minuto 78 de partido y con el marcador ya decidido.)

─ Maravillosos años los que pasé en O Carballiño, donde mi padre era juez ─ insistió en su voceo el curda ─. Allí nadie se metía conmigo.

─ Don Mariano ─ insistí yo a mi vez con firmeza ─, los aseos están al fondo a la derecha.

Cruzó por entre las mesas el intruso, con paso tan vacilante como precipitado, y desapareció detrás de la puerta de los servicios. Un estruendo lejano sugirió que había tropezado en el pequeño escalón de la entrada y dado, probablemente, con su cuerpo en tierra.

Desinteresados de su suerte, los comensales volvimos nuestra atención a la paella colocada en el centro de la mesa y empezamos a rascar con el cucharón la parte del socarrat pegada al fondo metálico.


domingo, 25 de agosto de 2019

MADRID, MODELO Y BANDERA


Jordi Amat pone el dedo en una de las numerosas llagas que nos afligen, en un artículo de opinión en lavanguardia, “La bandera de Madrid” (1).

Vistas las cosas en ultimísimo término, no se trata tanto de Madrid en sí como del modelo de crecimiento económico del país. Si se atiende a los datos macroeconómicos, ese crecimiento puede parecer adecuado. Si ahondamos en los entresijos del mapa regional y comarcal, en la distribución geográfica de las rentas y en las expectativas de futuro de una porción cada vez mayor del territorio que se caracteriza como “vacío” (antes se despoblaban los ámbitos rurales, ahora pierden población también las cabeceras de comarca y de provincia), se perciben los efectos perversos del modelo de éxito inspirado en la Comunidad de Madrid, tal como lo ha caracterizado Isabel Díaz Ayuso en su toma de posesión: «Bajando impuestos –incluso en los momentos de crisis–, se ha conseguido que Madrid esté a la cabeza de todos los índices macroeconómicos, y que se convierta en la locomotora de España.»

La primera afirmación es cierta, Madrid está a la cabeza de todos los índices macroeconómicos. La segunda, no: Madrid no se comporta como locomotora, sino como aspiradora de los recursos económicos de España.

No son solo los efectos del dumping fiscal, que algunos expertos niegan con reiteración (suelen ser los mismos expertos que alaban el emprendimiento autónomo y el dinamismo de las startups; que consideran una rémora la actividad de los sindicatos; que critican la “demonización” del diesel y esgrimen estudios que demuestran que el patinete eléctrico poluciona más que un autocamión; los lobbys financieros siempre encuentran un experto a sueldo para convencernos de cualquier cosa); es la senda anchurosa y florida de los negocios boyantes amparados por una política económica que ha hecho de las puertas giratorias su icono preferido.

Mi corazón no sangra por la cuenta de resultados de los empresarios catalanes, o vascos, o valencianos. Ni siquiera soy adepto al mantra “Madrid nos roba”. Pero me parece sintomático que un dirigente socialista insista, en los momentos actuales y con las perspectivas existentes, en las bondades del “modelo Madrid” para el futuro desarrollo económico. He posteado sobre la cuestión antes y después del artículo de Álvaro Frutos en Nueva Tribuna (2). 

Las izquierdas madrileñas, que en las últimas elecciones nos dieron a todos una lección inolvidable de “no saber hacer”, siguen convencidas de que su posición relativa en la jerarquía de valores del conjunto nacional sigue siendo tan cómodamente privilegiada como lo ha sido durante los últimos dieciséis años en los que, como señala Ayuso, Madrid no ha parado de bajarse los impuestos ni de ganar posiciones en el ranking nacional de la renta per cápita.





sábado, 24 de agosto de 2019

EL PODER DE LA BANCA: UN EJEMPLO HISTÓRICO



Cosimo o Cosme de Medici, retrato de Jacopo Pontormo.


Los Medici, patronos del Renacimiento, de Paul Strathern*, traza la historia pública de una familia de banqueros que supo construir con prudencia y mucha paciencia un contrapoder consistente a la oligarquía dominante en Florencia, compuesta notoriamente por gibelinos como los Albizzi, los Uzzano y los Capponi, que ocupaban una mayoría de puestos en la Signoria y gobernaban la república con mano de hierro después de aplastada por la fuerza la revuelta de los ciompi.

Giovanni di Bicci Medici (“Bicci” era Everardo, el padre de Giovanni) dio los primeros pasos en el fortalecimiento de la Banca Medici y en su expansión. No se llevaba mal con la oligarquía, pero tampoco eran un secreto sus simpatías (recíprocas) con el llamado popolo minuto, el pueblo menudo, los trabajadores de la lana y los artesanos que sostenían la base de la economía de la ciudad.

Ya seriamente enfermo, es tradición ─ recogida por Maquiavelo en su Historia de Florencia, tachada de “medicista” por la oposición ─ que convocó a su lecho a sus hijos Cosimo y Lorenzo, y les aconsejó lo siguiente: «No rondéis con mucha frecuencia el Palazzo della Signoria, aunque os lleven allí los negocios. Id únicamente cuando os convoquen, y aceptad solo las tareas que os asignen. No hagáis nunca alardes ante el pueblo pero, caso de que no podáis evitarlo, no os excedáis más allá de lo estrictamente necesario. Manteneos apartados de la mirada del público, y nunca os manifestéis en contra de la voluntad del pueblo, a menos que esté en marcha un proyecto desastroso…»

Cosimo trató de seguir a rajatabla esos consejos, pero además alargó sus tentáculos hasta convertir la Banca Medici en una institución “demasiado grande” para desaparecer en caso de crisis. Tenía veinticinco años cuando su padre le envió al concilio de Constanza como banquero de uno de los pontífices en litigio en el Gran Cisma de la Iglesia: Baldassare Cossa, electo con el nombre de Juan XXIII. Cosimo atendió con diligencia los intereses de su cliente, pero además conoció en la ciudad imperial a representantes de todas las grandes casas de banca lombardas y venecianas, e incluso a los Fugger centroeuropeos, banqueros del emperador Segismundo. En los años siguientes, estableció oficinas de la firma en Brujas, centro europeo del comercio lanero, y Londres.

Cossa se vio en el trance de huir de Constanza disfrazado de ballestero, para evitar su prisión por cargos muy graves. Giovanni Medici le había hecho un préstamo personal de 12.000 florines, y Cosimo consideró que no debía desentenderse de la suerte de aquel cliente tan especial. Huyó asimismo de Constanza, probablemente también disfrazado y llevándose consigo la garantía de su préstamo al papa: un báculo pontifical de oro con piedras preciosas engastadas. De regreso en Florencia, trabajó en favor de Cossa, que había sido apresado y encerrado en Heidelberg. Toda su selecta clientela quedó gratamente impresionada por aquella lealtad sin esperanza de recompensa.

Sin embargo, Cossa nombró a los Medici administradores de su herencia personal, y finalmente la Banca pudo resarcirse en parte de las resultas de un crédito incobrable. El nuevo papa, Martín V, resentido por el asunto del báculo, frustró las expectativas de Giovanni y eligió otra casa como proveedora de fondos para sus negocios, pero acabó fatalmente por recurrir a los Medici después de la quiebra de la firma que había preferido. Su sucesor, Eugenio IV, mantuvo su confianza en la Banca Medici, y la prosperidad de los negocios romanos de Cosimo ascendió en flecha.

Fue entonces, sin duda demasiado tarde, cuando el gonfaloniere de la República de Florencia, Rinaldo degli Albizzi, quiso poner coto de forma drástica al auge de los Medici. Encerró a Cosimo en la pequeña celda situada en lo alto de la torre del Palazzo, justo debajo de las campanas: el llamado alberghetto.

Cosimo estaba seguro de sus aliados, pero no de lo que podía suceder mientras tanto. Mantuvo un ayuno riguroso durante tres días, hasta que su carcelero le ofreció compartir todas sus comidas para garantizarle que no estaban envenenadas; también sobornó Cosimo al jefe de la guardia, que hizo la vista gorda en cuanto a visitantes y contactos con el exterior.

Ferrara, Venecia, el Papado, el Imperio, Flandes y la Hansa se interesaron sucesivamente ante la Signoria por la suerte del prisionero. Albizzi insistió en que había cargos fundados contra él por traición y conspiración para establecer una tiranía; todos le dieron a entender que aquello eran milongas. Convocó entonces una Badía (asamblea popular) con acceso restringido a sus propios partidarios, para condenar a Cosimo a muerte; pero sus propios partidarios no quisieron llegar tan lejos, y la sentencia fue de destierro por diez años. Cosimo aún tuvo la prudencia de evitar salir en libertad en pleno día, para no ser apuñalado a la vuelta de una esquina por sicarios de Albizzi. La liberación se llevó a cabo de noche y con las calles guardadas por leales suyos.

Así, a partir de la roqueña solidez de sus relaciones bancarias internacionales, se fraguó la posterior hegemonía política de la familia, en Florencia y en Europa.

* Mi ejemplar en lengua inglesa, regalo de hace pocos días de mi hijo Carles, es de Vintage Books, Londres 2017; no he visto que exista aún una traducción al castellano, pero ya llegará, Strathern no es ningún desconocido.