jueves, 3 de octubre de 2019

AUTOENGAÑO Y REPETICIÓN


La conmemoración del 1-O se ha celebrado en Cataluña con un forzamiento de los discursos paralelo a un descenso de la ciudadanía movilizada.

“Lo volveremos a hacer”, “No hay excusas”, “Estamos en la fecha fundacional del republicanismo”. La hinchazón retórica oscurece una realidad escuálida. La receta que ofrece la dirigencia más o menos establecida contra una previsible sentencia condenatoria de los políticos del 1-O se reduce a la consigna de celebración de “asambleas abiertas” y a la “desobediencia civil”. Dos medidas de manual que tienen el defecto de exigir una alta movilización permanente de la ciudadanía organizada, en un momento en el que la ciudadanía ─como tal y sin adjetivos─ tiende más bien a no comparecer.

He buscado una reflexión de Vittorio Foa, político, sindicalista y maestro, que tenía apuntada en alguna parte. Creo que pertenece a Il cavallo e la torre, su libro de memorias; pero no consta en mi apunte. En todo caso, se refiere al referéndum de 1984-85 sobre la escala móvil, forzado de forma voluntarista por el PCI en una coyuntura económica marcada por la devaluación de la lira. Fue uno de los grandes fracasos de Enrico Berlinguer, apenas disimulado por la oleada de cariño y de adhesión que despertaba el líder. Las palabras de Foa son muy duras, y fácilmente trasplantables a la situación catalana actual y a la operación en la que están empeñados sus principales líderes.

Esto es lo que dice:

«Pienso en la responsabilidad ética de una organización hacia sus organizados, en la inclinación al autoengaño que lleva a engañar al prójimo; pienso en la costumbre de hacer pasar por intransigencia la falta de ideas, en el vicio de valorar las derrotas como victorias… En un plano estético, pienso en la pobreza de una repetición infinita de movimientos y contramovimientos siempre iguales.»

Berlinguer estaba respaldado por una clase obrera organizada y combativa, en tanto que nuestros próceres cuentan solo con retazos de clases medias fragmentadas, desorganizadas y dubitativas. La ANC, el Omnium o los CDR no son aglutinantes de esas clases, sino grupos ideologizados con un divisor común muy bajo y aleatorio.

La proporción de autoengaño crece día a día en el movimiento independentista. La tentación de una violencia “controlada” (pero ¿quién puede controlar el grado de violencia una vez puesta en marcha, una vez lanzada la consigna “apreteu, apreteu”?) en un entorno retóricamente pacifista empieza a perfilarse desde un segundo plano y en un nivel subliminal de la conciencia. La repetición se consagra como la ceremonia última de un fracaso no reconocido.

Son elementos muy preocupantes. La respuesta adecuada de las instituciones no puede consistir simplemente en la aplicación del artículo 155 de la Constitución o de la Ley de Seguridad Nacional.

Pero el gobierno en funciones sigue en el trance de desperdiciar meses y más meses sin acabar de tomar los problemas en sus manos. Se trata de un gobierno decidido a ir segregando su propia “realidad”, entre comillas, al margen de esa otra realidad que tiene la inmensa virtud de existir ya desde antes.


miércoles, 2 de octubre de 2019

VIRGEN, ÁNGEL, ESPÍRITU, LIBRO


Iluminaciones de viaje



La Anunciación. Detalle de la jamba derecha del portal de la catedral de Santa Maria Assunta, en Altamura (hacia 1356-1374). El ángel está justo enfrente, en la jamba izquierda. Foto, Carmen Martorell


La escena de la Anunciación ha sido un reto para los artistas. Es un misterio religioso y por consiguiente su tratamiento exige el máximo respeto; pero al mismo tiempo, remite por asociación de ideas a una realidad mucho más vulgar y sabida: el señor todopoderoso, la esclava del señor presta a ser fecundada, y el mensajero (the go-between, para expresarlo con Losey) que media entre ambos para que la solicitud señorial fructifique adecuadamente.

En el prodigioso portal de la catedral de Altamura, la escena se reparte entre las dos jambas profusamente decoradas: el ángel aparece a la izquierda, la virgen a la derecha, y el espíritu del señor, invisible pero rotundamente presente, entre ambos, en el umbral del templo.

La virgen cruza los brazos sobre el pecho en un gesto de pudor pero también de aceptación; su delicado rostro resplandece. El gesto es el mismo de la canónica Anunciación de Fra Angélico en el Museo del Prado. Allí el espíritu es visible en forma de rayo luminoso que baja desde el ángulo superior izquierdo, donde se hace visible el Señor, a posarse en forma de paloma en el regazo de la Virgen.

Sí, pero cuando fue esculpido el portal de Altamura, faltaban por lo menos veinte o treinta años para que naciera el Angélico (hacia 1395). Y muchísimos más años para que la Iglesia proclamase el dogma de la Inmaculada Concepción (ocurrió en 1854).

Y sin embargo, todo está ya ahí. El misterio, el recato, la aceptación serena («hágase en mí según tu palabra»). Incluso el libro.

Desde un punto de vista histórico, el libro es un anacronismo en la escena. Ni siquiera forzando mucho la interpretación puede admitirse que María leyera un pequeño volumen encuadernado, ni delante del ángel ni en ninguna otra ocasión. El libro, incluso el no impreso, pertenece a una época tecnológica muy posterior. En la época en que fue esculpido el pórtico  de Santa Maria Assunta, el libro manuscrito (la imprenta aún no estaba inventada) era una novedad absoluta, un invento reciente que recosía los pergaminos en un orden dado y hacía más fácil y manejable la lectura.

El libro de Altamura levita, sobresale, se impone a la vista del espectador. No es un detalle anecdótico de la composición. Vimos días después dos Anunciaciones pintadas al fresco en la iglesia de Santa Catalina de Alejandría en Galatina, y en las dos aparecía también el libro. En una, María lo sostenía frente a los ojos; en la otra, cruzaba los brazos como en Altamura, y el libro descansaba en su regazo. Es la misma solución visual que eligió Fra Angélico.

El libro tiene una función importante en la escena: es una señal de estatus en primer lugar, un indicio de que María no era una cualquiera; pero también viene a ser la prueba irrefutable de que la Virgen estaba pensando en otra cosa mientras era fecundada por el Señor. Es una forma de apartar cualquier sospecha de lujuria en una escena trascendente de la historia sagrada, ligada a la redención del género humano.

Abajo, vista de conjunto del portal de Altamura, en una foto de María Antonia Carreras. Se percibe a la derecha un pasmarote abrigado con chubasquero mirando atentamente la escena de la Virgen. Soy yo. «Como no había forma de que te apartaras, me dijo María Antonia, tiré la foto de todos modos.»

Me excuso. Estaba en ese momento teniendo mi iluminación.



martes, 1 de octubre de 2019

CASA DI ORTEGA


Iluminaciones de viaje



José (García) Ortega, “Segador de verde” (1970).


Esta iluminación de viaje es retrospectiva y reivindicativa, y aparece aquí como consecuencia de una serie de casualidades inverosímiles encadenadas. Esta es su historia.

Primera casualidad: mientras deambulábamos por el Sasso Barisolo de Matera, el guía del autocar número 2 de nuestra expedición señaló una casa y dijo que allí se exhibía la obra de un “gran pintor español olvidado en su país”, José Ortega.

Olvidado, pero no tanto. Segunda casualidad, una de las viajeras que le escuchaba, Mercè Andrés, recordó que lo conoció personalmente, en La Bisbal, donde estuvo una temporada aprendiendo técnicas artísticas.

Y tercera casualidad, esa viajera se sentaba en el asiento vecino al nuestro en el avión de ida y de vuelta a Bari. Charlamos de varias cosas, pero no de Matera ni de Ortega.

Última casualidad, Carmen y Mercè se encontraron en el local central de CCOO, de vuelta en Barcelona. Carmen le comentó que yo estaba escribiendo cosas sobre el viaje y le pasó las coordenadas del blog. Ella lo leyó y me mandó un mensaje con información, por si quería escribir algo sobre Ortega.

Dicen que la ocasión es calva, y hay que agarrarla de su único cabello cuando pasa. Es lo que estoy haciendo. No por compromiso, sino por enamoramiento a primera vista de la pintura y de la persona de José Ortega (nada que ver con Gasset).

Nació en Arroba de los Montes, Ciudad Real, en 1921, en un medio muy humilde. Su padre, comunista, fue encarcelado en los años de posguerra. También él se hizo comunista y fue a parar ocasionalmente a la cárcel.

Fue uno de los fundadores del movimiento artístico Estampa Popular. Salió por primera vez de España con una beca de estudios, en París conoció a Picasso. Fue cooptado al comité central del PCE, militó activamente entre los obreros de Puertollano, fue perseguido por ello y puesto a salvo en Francia por la organización.

En los años setenta compró una casa en Matera y trabajó en una técnica particular, la cartapesta, aprendida de los artesanos locales. Consiste, por lo que he leído, en componer un bajorrelieve en arcilla, hacer un calco en yeso, fijarlo a un soporte de madera y pintarlo después. Los materiales son pobres y reciclables; el efecto visual es espléndido, sin embargo. Ortega utilizaba colores puros, y expresaba ideas fuertes. Su arte no era complaciente, sino militante.

Las dos grandes series que realizó en Matera llevan por títulos respectivos “Pasaron” y “Muerte y nacimiento de los Inocentes”. Después de su fallecimiento (en París, en 1990), su casa de Matera y las obras que contenía pasaron a la Fundación Zétema (Centro para la Valoración y Gestión de los Recursos Histórico-Ambientales), que mantiene la actividad del museo (1). En el año de Matera como capital europea de la cultura, la lucecita encendida por José Ortega brillará de forma singular.

En su país no ha tenido la misma suerte. Regresó después de la muerte de Franco, y fue candidato por el PCE al Congreso en las primeras elecciones. Dio varios mítines, uno de ellos en su pueblo natal, Arroba de los Montes. Eventualmente volvió a marchar de España. Una de sus obras tardías fue un ciclo dedicado al 23-F. Murió en París. En Arroba se creó un museo para exponer una muestra considerable de su obra, pero unas humedades irreparables obligaron a cerrar el local. En Almagro y en Ciudad Real se han celebrado exposiciones retrospectivas. Poco más puede mencionarse.

Abajo tienen a José Ortega. Gracias por la información y por tu buena memoria histórica, Mercè.



(1) Vale la pena visitar el sitio electrónico: http://www.casaortega.it/



lunes, 30 de septiembre de 2019

LA VIDA EN EL SUBSUELO


Iluminaciones de viaje


Matera. Santa Maria de Idris (derecha, en el saliente de roca) y San Pietro Caveoso, vistos desde media altura. Detrás, el fondo del barranco de la Gravina. La foto es gentileza de M.A. Carreras. No es enteramente satisfactoria porque está tomada de arriba abajo y, como dejó escrito Luisa Levi, Matera solo se percibe de forma adecuada mirando de abajo arriba. Pero no he encontrado una buena foto desde ese punto de vista particular; las fotos son planas y no reflejan bien lo que es hueco, lo suspendido, lo que gravita.


En una rápida escalada de posiciones, Matera ha pasado de ser la vergüenza de Italia a sitio oficial del patrimonio de la humanidad; y este año, Capital Europea de la Cultura.

No hay incompatibilidad entre los tres títulos; también Auschwitz es al mismo tiempo la vergüenza del mundo y patrimonio de la humanidad. Patrimonio de una humanidad avergonzada de sí misma. La humanidad tiene rincones oscuros que es preciso visitar de cuando en cuando, para no olvidar que existen; que no todo se reduce a palacios y a catedrales, a capiteles corintios, inscripciones en bronce y techos con alegorías pintadas.

La fisonomía de Matera es característica porque presenta de forma muy gráfica y primaria el doble rasero perceptible en todas las aglomeraciones humanas: aquí queda a la vista tanto lo que se muestra como lo que normalmente se esconde; lo que asoma por encima del umbral de la conciencia colectiva, y lo subterráneo, lo subliminar, lo indecible.

Luisa Levi, turinesa, neuropsiquiatra infantil, que visitó Matera en el año 1935 de paso para encontrarse con su hermano Carlo desterrado en Aliano, cuenta lo que vio al descender la ladera empinada de un “cono invertido” que tenía la forma “con que en la escuela imaginábamos el infierno de Dante”. Callejuelas estrechas en fuerte pendiente, escaleras, vueltas y revueltas, cuevas superpuestas unas a otras y habitadas por una humanidad doliente, aglomeración de chiquillos que le mendigaban no una moneda o un caramelo, sino “u chini”, la quinina.

Así concluye su descripción: «Habíamos llegado al fondo del hoyo, a Santa Maria de Idris, que es una hermosa iglesia barroca, y, al alzar la vista, vi por fin aparecer, como un muro oblicuo, toda Matera. Desde allí tiene el aspecto de una ciudad de verdad. Era como si las fachadas de todas las grutas, que parecen casas, blancas y alineadas, me miraran, con los agujeros de las puertas como ojos negros. La verdad es que es una ciudad bellísima, pintoresca e impresionante.»

La belleza puede ser sombría, puede ser terrible. También es bello, a su modo, el infierno de la Commedia de Dante. “I Sassi” de Matera, ese despeñadero en el que las casas aparecen para quien las contempla desde abajo como el desplome congelado de una avalancha catastrófica de piedra y escombros, tiene un valor particular como ejemplo de formas de vida en el subsuelo, tomando en más de un sentido el término “subsuelo”.

Y de alguna forma este austero conjunto monumental tiene también relación con ese plano inconsciente que todos los humanos cargamos en nuestro interior, y que con tanta agudeza cartografió Sigmund Freud: algo primario, caótico, innombrable, descarnado, harapiento, que el buen burgués rechaza y condena los domingos a la hora de la misa, pero que mantiene celosamente a su disposición los días laborables porque esa doble estructura le resulta funcional para su propio bienestar.

Desde ese punto de vista el éxito turístico actual de Matera viene a ser, también, una paráfrasis de la idea del retorno de lo reprimido que estudió el clínico vienés.


domingo, 29 de septiembre de 2019

EPIFANÍA MÁGICA


Iluminaciones de viaje



La catedral de Trani, iluminada por el sol poniente. El considerable cuerpo del edificio desaparece detrás de la fachada, en esta perspectiva.


La catedral de San Nicolás Peregrino, en Trani, se construyó en la primera mitad del siglo XII, al lado del puerto de pescadores y delante del mar. Un siglo después, el inevitable emperador Federico II hizo levantar a unos cientos de metros, también en la orilla, una notable fortaleza (Castello Svevo, es decir Suabo, por el lugar de origen de los Hohenstaufen) que mira al templo y es contemplada desde él.

Vale la pena dar la vuelta completa a la catedral y contemplarla desde todos los ángulos posibles. Se asienta en un lugar privilegiado, y es hermosa por dentro y por fuera. Pero si se elige una perspectiva determinada, en unas condiciones particulares de observación, la visión da lugar a una epifanía mágica. Nos ocurrió a nosotros.

Elegid la primera hora de la tarde de un día perfecto de finales de verano, con el cielo azul y el mar en calma. Descended hacia la piazza Duomo por el lungomare. La torre quedará oculta al principio por la esquina de un edificio. Cuando hayáis superado ese obstáculo, la fachada de piedra blanca rosada, con el rosetón y la altísima torre a un costado, os será revelada hasta el menor detalle, iluminada por el sol que empieza a inclinarse hacia el poniente. Y entonces la tercera dimensión del templo desaparecerá en la perspectiva, y un toque de magia momentáneo hará que la catedral aparezca delante, y no detrás, del resplandor de la fachada luminosa. Será catedral la imagen perfecta que se expande delante de vuestros ojos, y no lo será el bulto arquitectónico hurtado a vuestra vista entre bambalinas.

Es un efecto escenográfico, como tantos en un país que ama en particular las vedute, las perspectivas urbanas. En Trani está especialmente conseguido por la pureza de las líneas de la fachada del templo, por los dos tonos de azul del cielo y el mar al fondo, por la calidad excepcional de la piedra y por la limpieza del aire, que no deja manchas visibles en su superficie; y finalmente, por la orientación y la disposición particular del edificio.

En el interior os esperan las tres naves separadas por columnas pareadas, el delicado triforio, los ábsides altísimos, la cripta, las pinturas murales y las demás riquezas interiores de un templo no estropeado como otros por un afán desmesurado de volutas, columnas de mampostería, trampantojos y en general vanilocuencia barroca, de lo que vimos, en Lecce y en otros lugares, algunos ejemplos paradigmáticos.

Pero al traspasar el umbral del pórtico de Trani, uno es consciente de que pasa de una catedral a otra distinta, de la de la piazza soleada a la del interior en penumbra.



Momento de pausa de unos ajetreados turistas catalanes en el puerto de Trani. (Foto, Carmen Martorell)


sábado, 28 de septiembre de 2019

EL CASTILLO EN EL AIRE


Iluminaciones de viaje


Castel del Monte. Su estructura simétrica no se abarca completamente si no es desde el cielo, donde en la época de su construcción no había posibilidad de situar a ningún observador humano. Abajo, el esquema de su planta octogonal. Las dos imágenes son cortesía de M.A. Carreras.


La persona que dirigió la construcción de Castel del Monte, el emperador del Sacro Imperio Federico II Hohenstaufen, fue un hombre de carácter excéntrico y numerosos saberes: según los cronistas, que quizás exageraron un pelo, hablaba nueve lenguas y escribía en siete; fue un experto en filosofía, matemáticas, astronomía, medicina y ciencias naturales; fundó una escuela poética y una universidad; tuvo que ser además un experto halconero, puesto que escribió un tratado De arte venandi cum avibus, del arte de cazar con aves.

Sus contemporáneos le dieron el sobrenombre de Stupor mundi, asombro del mundo. No puede excluirse que el apodo tenga una carga oculta de retranca. En cualquier caso, el papa Gregorio IX tiró por la calle de en medio y le llamó sencillamente Anticristo. Eran tiempos de guerra abierta entre el papado y el imperio.

La pregunta del millón es para qué hizo construir Federico Castel del Monte. Es una construcción bellísima, única en el mundo en su género, pero no, en absoluto, una fortaleza militar. Anna, nuestra guía, defendió con calor las posibilidades militares del castillo. Dijo, por ejemplo, que no tenía foso porque no lo necesitaba. Bien. Tampoco tiene sitio donde alojar a una guarnición numerosa, ni unas cocinas capaces, ni cuadras para los imprescindibles caballos, ni corrales o gallineros o huertos interiores para atender al sustento de los habitantes, ni barbacana, aspilleras, matacanes y otros adminículos considerados imprescindibles en el género fortaleza por los arquitectos militares.

Es una construcción colgada entre el cielo y la tierra, en lo alto de un monte, dominando un extenso territorio pero más con la intención de ser observada que de observar.

Encerrada en sí misma, simétrica, hermética, dialoga directamente con el cielo y se hurta detrás de muros espesos al paisaje que la rodea.

Su planta es octogonal, con ocho torres también octogonales en los ángulos. No tiene almenas. Posiblemente se hicieron desde lo alto observaciones y quizás mediciones astronómicas, pero no cabe calificarla de observatorio. No ofrece tampoco concesiones a los fastos cortesanos, no es un lugar de recreo y ocio social; es más bien el refugio de un hombre solitario, contemplativo, un punto misántropo.

Es también una imago mundi, opuesta a la de las iglesias que proliferaban a su alrededor. En lugar de la planta en forma de cruz, que recordaba a los creyentes la redención, elige la forma de una corona imperial plantada sólidamente sobre la tierra, emanada y descendida del cielo protector que le confiere una autoridad irradiada hacia todos los acimuts, redonda y sobrenatural.

No es, entonces, un castillo-fortaleza sino un castillo-teoría, una explicación acabada de la estructura íntima del mundo hacia arriba y hacia abajo, radicalmente original y diferente de la habitual explicación religiosa.

Solo encuentro dos términos adecuados de comparación a esa función filosófica y científica de la imago mundi, y los dos son posteriores en muchos siglos a Castel del Monte: la torre Eiffel de París y el Atomium de Bruselas.


viernes, 27 de septiembre de 2019

DEMASIADA HISTORIA


Iluminaciones de viaje


Signos del zodíaco y trabajos del campo en el mosaico del pavimento de la catedral de Otranto, siglo XII.


Es el momento de recordar el resumen sintético del viaje a la Puglia que escribí anteayer en estas páginas: una historia terrible, bellamente contada. En próximos artículos pienso detallar algunas de las bellezas visitadas; ahora toca dejar constancia de la otra cara de la moneda.

Dicen que los pueblos felices no tienen historia; los pueblos del Mezzogiorno, en cambio, se han visto afligidos por demasiada historia. El sur de la península itálica ocupa el centro geográfico del mundo mediterráneo, que en la antigüedad era prácticamente "todo" el mundo, el ecumene o conjunto de las tierras conocidas. La punta del tacón, el Salento, se proyecta como una cabeza de puente del occidente hacia el oriente, o, a la inversa, como un pasillo invitador desde el que acceder desde el oriente hacia el occidente.

Griegos, romanos, bizantinos, normandos, teutones, aragoneses, angevinos, otomanos: la lista de ocupantes y/o invasores es larga; las huellas históricas, numerosas. Cristo se detuvo en Éboli, según dejó constancia Carlo Levi; pero fue casi el único. Otros muchos pasaron más allá.

En particular, aquí han gravitado pesadamente durante siglos los dos grandes poderes fácticos de este mundo: el poder político del Estado absoluto, con su aparato militar y represivo; y el poder sagrado de la Iglesia, con su mensaje trascendente y su escenografía persuasiva. En Puglia se da una de las mayores aglomeraciones mundiales de catedrales y de castellos por kilómetro cuadrado. El jefe político y el jefe religioso convivían a escasos metros de distancia en los centros históricos de las ciudades; y siguiendo los meandros oscuros de las dos políticas, en unas coyunturas había entre ellos connivencia y en otras confrontación; pero siempre su relación estaba condicionada por una rivalidad latente mal disimulada.

Unos y otros han dejado su huella en un paisaje amable, que resigue la costa del Adriático y se adentra en colinas soleadas idóneas para los cultivos mediterráneos: trigo, vid, olivo. La huella del fascismo, por ejemplo, sigue presente aquí sin recatarse demasiado, en monumentos (a los caídos “romanamente” por la patria, por ejemplo) y en instituciones como la prisión de Turi, cerca de Bari, que tuvo el desmesurado honor de tener encerrados entre sus muros a Antonio Gramsci y a Sandro Pertini. En Aliano, pueblo perdido en mitad de ninguna parte de la Basilicata, vivió algunos años desterrado por el régimen fascista el turinés Carlo Levi, que lo convirtió en su patria espiritual y en la gleba donde reposar sus huesos por la eternidad.

Tanta historia, y tan terrible, ha dejado en contrapartida un poso cultural de un valor incalculable. Puglia tiene también una presencia privilegiada en el patrimonio mundial de la Unesco. Las formas de vida de otras épocas, así de las clases dominantes como de las subalternas, se combinan y se superponen en su geografía como en un gran palimpsesto.

Hoy es además un destino turístico de primer orden, por la calidad y por los contrastes sorprendentes de lo que puede ofrecer. Sigan el ejemplo de Isa, sirena forastera de nuestra expedición, y acudan a la Puglia para zambullirse con decisión en su historia y en las aguas azules y transparentes del Adriático.


jueves, 26 de septiembre de 2019

EL AMIGABLE COMPONEDOR


Íñigo Errejón se dispone a desembarcar en la política nacional al frente de una plataforma llamada Más País.

Va a hacerlo no por propio impulso sino atendiendo a una decisión votada por las bases, y la idea de fondo que persigue es la de ponerse “al servicio de un gobierno progresista”. Amplío la cita; esto es, literalmente, lo que ha dicho Íñigo: «Nos presentamos en un ejercicio de responsabilidad después del fracaso de los líderes que no han sabido pactar, y pondremos nuestros escaños al servicio de un gobierno progresista.»

Parece una buena noticia, a primera vista. Errejón y los suyos empiezan su combativa andadura metiendo el dedo en el ojo a esos políticos de izquierda irresponsables y fracasados que han sido incapaces de pactar entre ellos, y llamándoles a capítulo.

Alguien pensará que es justamente lo que nos estaba haciendo falta. Ahí está, sin ir más lejos, la petición de Podemos Aragón a Pablo Iglesias de que aparte de una vez a Echenique para poder negociar con la Chunta. (Al parecer, con Echenique por medio no hay manera.)

Estando las cosas como están, sin embargo, dudo que la movida de Errejón apunte a soluciones eficaces para los males que nos aquejan. Hay la cuestión de fondo, y también la de las formas. En relación con las segundas, el publicitado experimento de composición amistosa empieza con el pie cambiado, es decir, poniendo a los protagonistas del anterior desencuentro a caer de un burro.

“Inútiles, irresponsables, fracasados, venid acá que os voy a meter en vereda.” No suena muy bien, la verdad, como cimiento de un gran consenso.

Desde su perspectiva, Errejón trata legítimamente de canalizar y recoger los votos de muchos/as indignados/as, que irían derechamente a la abstención; y es muy posible que bajo esa bandera la nueva plataforma coseche una representación modestamente positiva.

Pero la idea no es compatible con la de construir un gran acuerdo de las distintas izquierdas. Íñigo Errejón no es un pegamento universal garantizado, y su colocación en el Congreso va a ser ancilar, de apoyo al mando, de plus. “Consensuad de una vez un gobierno, coño, y aquí nos tendréis a vuestro servicio.”

Y ahí entramos en la cuestión de fondo, en lo que un par de días atrás y de la mano del llorado Riccardo Terzi, describía yo en estas mismas páginas como el “qué hacer”, pregunta muy diferente de la de “quién lo hace”. La propuesta de Errejón responde, bien que mal, al segundo problema, pero omite por completo el primero.

Sabemos que su grupo parlamentario aún potencial va a ponerse al servicio de cualquier gobierno progresista que se constituya; pero no sabemos para qué. Intuimos que el objetivo es cerrar el paso a las derechas, y eso está bien. Pero ¿con qué política, que es en último término lo que define a un gobierno como progresista?

En ausencia de propuestas concretas de progreso, y con los líderes siempre colocados junto a la línea de candilejas y por delante del meollo, el calificativo de “progresista” dado a un gobierno cualquiera se queda en un mero adorno retórico. Un adorno de una ambigüedad que puede llegar a ser peligrosa.


miércoles, 25 de septiembre de 2019

PERDIDOS SIN UNA GUÍA


Iluminaciones de viaje



Anna, nuestra guía en la Puglia. (Foto, M.A. Carreras)


Para viajar en grupo se requiere una sabiduría especial que no es innata. Se trata de una actividad cuyo know-how, como viene a ocurrir en tantos otros aspectos de la vida y del trabajo, exige un aprendizaje. Un capítulo esencial de la asignatura es el de las colas. Hay quien no las soporta, y sería preferible entonces que viajara por su cuenta. Porque en un viaje colectivo es necesario hacer cola para muchas cosas: subir y bajar del autocar, pedir la llave de la habitación del hotel, entrar en los monumentos, y otras más.

La más fastidiosa, seguramente, es la cola para mear. Mear es un recordatorio permanente ─más para los que hemos rebasado de largo el umbral de la tercera edad─ de nuestra fragilidad consustancial y de los límites insalvables que nos impone la naturaleza. Hacer cola para eso viene a ser algo contra natura, y solo es viable afrontarlo desde un entrenamiento adecuado en un espíritu comunal deportivo y solidario.

Y así se ha hecho.

Pero al margen de las colas, para viajar se precisan una infraestructura adecuada, un programa atractivo y una guía. El viajero debe estar atento a lo que explica la guía, a tiempos y pausas que no coinciden con los que uno/una desearía, a no particularizar en exceso la visión que tenemos de las cosas a fin de no perder de vista la perspectiva global en la que estas se enmarcan.

Mucha tela. Sin una guía, estás perdido.

Lo digo yo, el más indigno del grupo, porque mi vocación de escuchar es muy superior a mis capacidades altamente disminuidas para hacerlo, y porque en efecto me perdí en una ocasión, y fueron mis amigas Carmen y Gloria quienes supieron encontrarme, no yo a ellas.

Anna, nuestra guía pugliese, hizo alarde de paciencia y dedicación con el grupo, y el grupo le respondió con disciplina y con motivación. Nos enseñó muchas cosas sobre la región, su historia y sus circunstancias que sin ella nos habría costado mucho más tiempo y esfuerzo averiguar. Le rendimos un homenaje particular, en la despedida, muy merecido.

Más particular todavía, aunque menos trascendente, fue nuestro homenaje a Carlo, el maître del hotel de Bari. Todas las noches nos amenizaba los postres de la cena con canciones voceadas a capella (O sole mio, L’uomo in frac, Il mondo), y en la despedida le correspondimos con un Amics, amics per sempre més, en una actuación coral improvisada, sin apenas ensayo previo. Dijo que jamás antes le había sucedido algo así. Es una medalla que nos colgamos.

Dejo para el final de este capitulillo de agradecimientos a Estrella Pineda (para nosotros su nombre debería ser, mejor, el de Estrella Polar), que con su marido Víctor ejerce de organizadora meticulosa de todos los viajes y de este viaje. La eficiencia es una virtud tan rara que cuesta darla por descontada; pero entre nosotros, los jubilados de CCOO, sucede así.

Y que sea por mucho tiempo, Estrella.


martes, 24 de septiembre de 2019

NO 'QUÉ HACER', SINO 'QUIÉN LO HACE'


De derecha a izquierda, Pedro López Provencio, Paco Rodríguez y Javier Aristu ejerciendo de turistas en un rincón de Locorotondo. (Foto, Carmen Martorell)


Hemos pasado, un numeroso grupo fraternal de turistas de CCOO, el aliento final del verano en la Puglia, y estamos de regreso en Barcelona con el primer soplo del otoño. Me referiré poco a poco en estas páginas a algunas de las cosas vistas y vividas allí. El primer resumen que se me ocurre del viaje, a bote pronto, es este: una historia terrible, bellamente contada.

Pero antes de empezar, y dirigiendo ahora la mirada a las cosas de aquí, que también nos preocupaban mientras recorríamos la región de la espuela y el tacón de la bota italiana, vayan las siguientes líneas, improvisadamente traducidas. Son de Riccardo Terzi (1), extraídas de una intervención sobre «sindicato, política y autonomía» en un Seminario para cuadros de la CGIL de Bergamo, el 16 de marzo de 2015 (Tal vez su última fatica. Riccardo falleció el 12 de septiembre de ese año). Son reflexiones, creo, pertinentes también al aquí y ahora de nuestra propia política y de nuestra propia autonomía.

«Utilizamos la misma palabra, “política”, para describir cosas muy diferentes. Necesitaríamos encontrar palabras distintas, la política de los grandes partidos de masas tenía una fisonomía propia, una historia, una cultura. Lo que se ve hoy no tiene nada que ver con aquella experiencia; es también política en cierto sentido, sí, pero su naturaleza ha cambiado. […] 

»Todos los gobiernos son un poco gobiernos técnicos, que se ocupan del mantenimiento del sistema y evitan la posibilidad de modelos alternativos; gobiernos técnicos sobre la base de una agenda política ya escrita y coherente con una visión ideológica dominante. […] 

»La discusión ya no se hace sobre el proyecto político sino sobre quién lo realiza, ya no es el “qué hacer” sino “quién lo hace”, hasta el punto de que la única forma de democracia que ha sobrevivido es la de las primarias, en las que el problema no es el programa, sino el líder. Luego las primarias pueden tener efectos positivos, son en cualquier caso un momento de participación, pero es una participación metida dentro de ese envoltorio en el que el problema es “quién”, la designación del líder, ya sea del partido, del gobierno, el alcalde… […] 

»Toda la discusión que estamos teniendo sobre las reformas institucionales parte de esta premisa: que es necesario ante todo asegurar la estabilidad del sistema, en perjuicio de la representación. De la competición entre programas alternativos hemos pasado a una competición dentro de una oligarquía restringida para definir el equilibrio del poder; y de la democracia como práctica de masas ─partíamos de ahí, la democracia nace con el ingreso de las grandes masas en la vida política─, a un modelo de centralización del poder…»

La lección de Terzi continúa durante varias páginas más, renuncio a seguir citando. La sustancia, con todo, es que ese “poder centralizado” de la práctica actual de la democracia no acepta ser dividido, no reconoce la complejidad de un país y de un sistema, tiende a anular el conflicto y a situarse frontalmente en contra de los “cuerpos intermedios” que reclaman una esfera mayor de autonomía: del sindicato desde luego, pero también de las provincias, las corporaciones, los ayuntamientos, etc. Tiende a convertirse en un poder abstracto y omnímodo, que ejerce su autoridad a través de unas reglas de gobernanza uniformadas y estereotipadas.

Quizás la percepción de esta “nueva” dimensión de la política ayuda a clarificar posiciones poco comprensibles de entrada para un alma cándida: la tozuda pretensión de Iglesias de estar en el meollo del “quién” en lugar de pactar el “qué”, o la sorprendente declaración de Sánchez de que no dormiría tranquilo si compartiera gobierno con Unidas Podríamos.


(1) Sindacato, política, autonomía. Per Riccardo Terzi, Ediesse 2016, pp. 86-87. Encontré este libro (y varios más) en Lecce, piazza Sant’ Oronzo, en un estand de Ediesse colocado para unas Jornadas de la CGIL (al día siguiente intervenía Maurizio Landini en el mitin de clausura, pero nosotros estábamos para entonces en Otranto). Buscando alguien a quien pagar mi lote de adquisiciones, creí estar siguiendo de reojo las evoluciones de nuestra guía, pero me equivoqué. Fui detrás de otro grupo (todos los turistas de masas se parecen) en una dirección distinta, y cuando me quise dar cuenta estaba perdido. Deliciosamente perdido, debo decir, en el corazón del centro histórico de la ciudad, en medio de una multitud festiva. Fue Carmen, más perspicaz y práctica que yo, quien me encontró por fin y me reintegró al grupo. Bienaventurados los perdidos porque ellos serán encontrados…
 

domingo, 15 de septiembre de 2019

EN HORAS BAJAS



Imagen ideal de Pablo Iglesias batallando por una vicepresidencia y tres ministerios con un feroz tigre socialista de Mompracem.


Los asiduos del vermú en la porxada de La Contigüidad del Cosmos, el afamado restaurante de Poldemarx, estamos de enhorabuena. Concluido el fenómeno de la gota fría, los cielos despejados y las temperaturas en ascenso nos han permitido volver a ocupar nuestras posiciones preferidas, a la sombra de los pámpanos y debajo mismo del alero con los nidos de golondrinas en los que la nueva ola de nidadas está empezando a hacer sus pinitos revoloteando con alguna torpeza.

Quizá por asociación de ideas, las conversaciones se han centrado esta mañana en la petición de Pablo Iglesias el Joven a Felipe Uve Palito, de que medie ante Sánchez para propiciar un gobierno de coalición. Pablo pasa por horas bajas, de otro modo no se explica la doble gaffe, porque, primero, el rey no “puede” hacer eso, al menos constitucionalmente (es decir sin borbonear, como agudamente apunta José Luis López Bulla). Y segundo, más importante aún, porque el Borbón no “quiere” hacerlo tampoco; sus apetencias políticas van en una dirección distinta, como está ya más que demostrado.

De modo que la bisoñez política y la manca de finezza de PI el Joven han quedado de manifiesto y le perjudican a la hora de jugar sus bazas en la inminente contienda a finish para desenredar la madeja de una investidura que sigue enmarañada desde el pasado julio. Pablo se ha dejado decir además que se abstendrá en el caso de que sus reclamaciones no sean atendidas. Él verá si les interesa, a él personalmente y a la ciudadanía en general, esa nueva y fatal abstención. Sería la tercera negación a Pedro, y cabe la posibilidad de que cante el gallo negro. (Si cantara el gallo rojo, dice la canción, otro gallo cantaría).

La escasez de sentido común y de recursos negociadores de la joven estrella en horas bajas contrasta con la madurez de visión y la plétora de recursos que mostró anoche Ansu Fati en el partido del Barça contra el Valencia. Un gol, una asistencia de mérito y una rosca diabólica que se marchó por un suspiro junto a la escuadra; sin contar unos cuantos detalles técnicos más que desataron el revuelo de la concurrencia.

Lo hemos comentado también con fruición esta mañana, cobijados bajo la porxada de La Contigüidad del Cosmos. Un entusiasta ha propuesto crear una “Asociación Poldemarxista de Amigos de Ansoumane”, que promueva su candidatura a la presidencia de la Generalitat y paralelamente su beatificación. He prometido mi modesta adhesión a la iniciativa para más adelante, cuando hayamos vuelto Carmen y yo de visitar las maravillas artísticas e históricas de la Puglia y la Basilicata, adonde volamos mañana mismo en excelente compañía.

Quedan advertidos los pacientes lectores asiduos de estas páginas.