martes, 26 de octubre de 2021

CHARLIE PARKER PLAYS BOSSA NOVA

 


Carmen Mola en modo ángel, dictando el Premio Planeta a tres guionistas en sueños; relieve de la catedral de Autun. La imagen está compartida de un post de Hilario J. Rodríguez en el grupo de FB “Los Viajes del Argonauta”

 

Esta mañana he dado gracias a Dios, figura simbólica sobre la que mantengo por lo demás importantes reservas, por la existencia en la tierra de Haruki Murakami. Para ser concreto, he leído el cuento que lleva el título que adorna este post (en la recopilación “Primera persona del singular”, Tusquets 2021, traducción de Juan Francisco González Sánchez). La lectura trae con frecuencia iluminaciones inesperadas. Yo me he dejado arrastrar esta mañana por la de Murakami, como tres guionistas viajeros venidos de Oriente se dejaron llevar para la confección de un Premio Planeta por las revelaciones que les hizo un ángel fake que se hizo pasar por Carmen Mola. También en esto de las iluminaciones, cada cual cosecha lo que ha sembrado.

Percibo un hilo tenue que enlaza a Murakami con Paul Auster. Los dos practican el mismo tipo de exploración de la zona de sombra situada entre el mundo real y los mundos imaginarios. Otros escritores se les anticiparon en esa vena, una de las más fructíferas de la literatura desde que una persona, posiblemente reflexiva e impaciente a la vez, y casi con toda seguridad de estirpe helénica, se dio cuenta de pronto de que todo el infinito podía caber en un junco, lo expreso mediante la imagen patentada por Irene Vallejo en un libro que es todo un prodigio de desarrollo del mismo método, exploratorio de una amplia zona de sombra asentada en las postrimerías vecinas al país de Nunca Jamás.

Luego está, sí, la Literatura Basura, tan nauseabunda y tan apreciada por el capitalismo financiero que la ha convertido en base de sus ganancias mediante diversos expedientes, uno de los cuales es el premio literario anunciado como concurso y concedido a dedo antes de la votación del jurado. Mejor no hablar de tales aberraciones.

De Murakami charlaré cualquier día de estos con mi cuñada Mercedes, que ha superado una operación a corazón abierto para cambiarle una válvula de la aorta desfalleciente, y que ahora convalece con más ganas que nunca de vivir y de leer maravillas incesantes. Ánimo, Mercedes.