sábado, 16 de octubre de 2021

¿EXISTE UNA IZQUIERDA DE LA IZQUIERDA?

 


Las mujeres se afanan en poner orden en un mundo desordenado casi siempre por los varones. Vida LAHEY, ‘Lunes por la mañana’, 1912.

 

Lo pregunto con humildad. Tengo la sensación de que resbalamos cuando nos metemos en contrapuntos (“que se suelen quebrar de sotiles”, advertía el Maese Pedro del Quijote) en cuestiones de topografía ideológica, dicho en el peor sentido del concepto “ideología”.

“Hasta el rabo todo es toro”, determinaron en su día maestros que lo sabían de cierto por haberse arrimado lo suficiente al objeto de la pesquisa. En otro orden teórico, la expresión “izquierda de la izquierda” remite a la existencia de una izquierda reconocida, identificable y con líneas rojas bien establecidas, y a otra izquierda desprovista de seriedad institucional y que campa por sus respetos.

Hay ahora un intento muy publicitado, liderado por mi admirada Yolanda Díaz, de componer una opción de izquierda con cara y ojos, no identificable por unas siglas unívocas, disciplinada y adecentada, de modo que sirva de contrapeso eficaz a la tendencia, al parecer irrefrenable, de esa otra izquierda también conocida como la Casa común, de escorarse por prurito estético hacia la derecha, en busca del centro geométrico.

Creo que el intento tiene miga, por más que la propia Casa común tiene contrapesos propios, que han actuado históricamente con eficacia inesperada. Vale la pena recordar el solemne auto de fe que tuvo lugar en Ferraz en octubre de 2016 (se cumplen ahora cinco años, no hace tanto, caramba) por el que Sánchez fue defenestrado de la secretaría general, tachado de infamia y sustituido por una gestora mandatada para preparar un nuevo Congreso. El sambenitado recorrió en un Peugeot 407 la geografía organizativa del partido, y en mayo de 2017 ganó las primarias frente a Susana Díaz y Patxi López, con un respaldo de más del 50% de la militancia. ¿Estaba ese más del 50% a la izquierda de la izquierda?

Es normal, y es bueno, que en cada organización que se reclama de la izquierda se expresen con libertad sectores críticos. No sé si es tan bueno “oficializar” y someter a disciplina interna la crítica. No veo la izquierda como una serie de instancias alineadas en el sentido derecha-izquierda-más a la izquierda, sino como un conglomerado de ideas, de ambiciones de progreso compartido, y de praxis peculiares de unos u otros estamentos sociales, que en su conjunto disputa la hegemonía a una derecha también multiforme.

En ese juego no vale tanto la “estática” del sistema, es decir los equilibrios y las ambigüedades consensuadas, como la “dinámica”, el movimiento dialéctico de las necesidades y las expectativas que surgen de abajo, contando con el compromiso ético de todos, absolutamente todos, los representantes elegidos por ese magma o conglomerado de base.

A mí me parece bien lo que intenta Yolanda Díaz, siempre que sea un motor, no un contrapeso. No creo en la existencia de dos izquierdas colocadas una a la izquierda y la otra a la derecha, respectivamente. La izquierda realmente existente es más bien como la madre, en el sentido de que no hay más que una, y a ti te encontré en la calle.