domingo, 31 de octubre de 2021

EL "AÑO DE ORWELL" EN LAS COMISIONES OBRERAS

 


Último atardecer en Poldemarx antes del cambio de hora. Desde la Punta, con mar movida. Foto, Carmen Martorell.

 

Joan Gimeno i Igual ha publicado en Fundación 1º de Mayo/Catarata un libro que recoge lo sustancial de su tesis doctoral de Historia Comparada, Política y Social, por la Universitat Autònoma de Barcelona. Su título: «Lucha de clases en tiempos de cambio. Comisiones Obreras (1982-1991)».

Quiero empezar mi comentario haciendo hincapié en la importancia de las nuevas tareas de la Fundación Primero de Mayo como generadora de una reflexión interna del sindicato, que eleve el nivel de conciencia de sí mismo y de su lugar en el mundo. Del mismo modo que las canciones de gesta fueron sustituidas, en el cuadro de las civilizaciones pasadas, por la Historia científica, exigentemente documentada y nada indulgente con la fantasía, de ese mismo modo las CCOO habrán de salir de la leyenda (de la “leyenda negra” en muchos casos) y del aura popular de sus mejores líderes, para ocupar su lugar exacto como colectivo en la etapa histórica que el sindicato ha contribuido y sigue contribuyendo poderosamente a construir, y que sin su concurso habría sido irremisiblemente diferente.

A esa labor se ha dedicado Joan Gimeno, nacido en Valencia en 1988, es decir hacia el final de la década que ha historiado. Me ha impresionado su utilización de un conjunto apabullante de fuentes diversas de archivo, que incluyen en ocasiones apuntes manuscritos de reuniones, actas de secretariados, cartas; y su manera de engarzarlas en planos y contraplanos bien ensamblados, con protagonismos diferenciados de personas y entidades, y en secuencias temporales que permiten observar desde la distancia adecuada acontecimientos muy enmarañados.

He avanzado en la lectura del libro hasta 1984, el año de Orwell, que fue en muchos aspectos decisivo para la trayectoria del sindicato y para su autonomía. Las CCOO habían salido fortalecidas de la Transición, gracias a su praxis particular basada en la presión/negociación, que había dado grandes resultados en un entorno de poder político débil e inestable. Tenía el sindicato la ventaja de haber nacido en las fábricas, no en despachos ni foros de notables, y de haberse forjado en las luchas reivindicativas. Era, sin embargo, ante todo un movimiento sociopolítico, muy deficitario en estructura interna, con colectivos de dirección bastante etéreos en los que se entraba y de los que se salía al hilo de los acontecimientos y de las posibilidades de tiempo de militancia no retribuida, y sin un patrimonio material propio. La cuota fue desde el principio la savia vivificadora de una acción sindical tremendamente voluntariosa, dicho según aquella frase de Gramsci que contrapone el optimismo de la voluntad al pesimismo de la inteligencia.

Después de la victoria electoral del PSOE en 1982, las circunstancias citadas jugaron en contra de la consolidación del sindicato. Su reivindicación sociopolítica de una democracia industrial chocó de un lado con la cerrazón de una patronal casi nunca fordista pero siempre cerradamente taylorista, que no concebía compartir ni el menor átomo de su monopolio en la organización interna de la producción; y de otro lado, con un gobierno enfrascado en una política económica unilateral, dirigida a una “reconversión” industrial anunciada como flexibilización generadora de empleo, pero que pasaba sobre todo por la privatización de las empresas públicas y la precarización del mercado de trabajo: “solchaguismo”, en una palabra.

De modo que en la primavera de 1984 se produjo un pico de movilizaciones extraordinario, comparable solo al de cinco años antes, en 1979, pero que no tuvo su mismo resultado. Fue el año de mayor pérdida de poder adquisitivo, el año en que las cláusulas no salariales de los convenios avanzaron menos, el año también en que más numerosos fueron los “descuelgues” de UGT en los procesos de negociación. Apunta Gimeno que los pobres resultados no vinieron de defectos de la táctica sindical, sino de “los diferentes alineamientos en la constelación de actores” (pág. 95). Lo cual es otra manera de señalar los cambios en la correlación de fuerzas. Gobierno, patronal y UGT sumaron sus fuerzas para marginar a CCOO.

No era ajeno a esa conjunción el hecho de que en el principal partido comunista, el PCE-PSUC, se había consumado una escisión, y como las organizaciones resultantes pretendían conservar para sí la ascendencia que había tenido antes el partido unido en el movimiento sindical, se produjo un forcejeo intenso por la “hegemonía” en CCOO, en realidad por la presencia mayor o menor de cuadros de cada partido en los órganos de dirección.

Se produjo de ese modo una tormenta perfecta en contra de CCOO, y esta fue acusada desde los medios gubernamentales de dar un giro hacia el “radicalismo”, movida por “intereses espurios”. La confederación puntera en la lucha social pudo desaparecer en aquel embate, o bien dividirse en dos centrales menores en competencia recíproca, que habrían acabado disolviéndose en la nada como había ocurrido antes a la CSUT y al SU, dos intentos de montaje “leninista” de un sindicato como mero instrumento de apoyo, movido desde el partido mediante una correa de transmisión.

Los Congresos celebrados en el año “loco” de 1984 por las CCOO, fueron en buena medida intentos de preservar la autonomía y garantizar un futuro al sindicalismo de clase, en contra de corporativismos de derecha y de izquierda. Los sectores calificados internamente de “oficialista” y “críticos” (varios) nos vimos allí enfrentados, y creo con sinceridad que todos nos equivocamos mucho en lo accesorio y acertamos en lo principal. Tuvimos para ello la guía inestimable de dos secretarios generales de gran talla, como fueron Marcelino Camacho, cuya desaparición hace ya once años lloramos todos, y José Luis López Bulla, que sigue tan campante entre nosotros, dándonos casi a diario nuevas píldoras concentradas de sabiduría.

Encontrarán la descripción detallada de todo aquello y muchas más cosas en el libro de Joan Gimeno. Recuerden: «Lucha de clases en tiempos de cambio».