viernes, 8 de octubre de 2021

UNA LIMITACIÓN ANALÍTICA DE LA IZQUIERDA

 


Pasos cautelosos a la izquierda de Carmen, entre las ruinas de la stoa de Amfiareo, Ática septentrional. Enfrente se extiende la gran isla de Eubea (Evbia), cuya vegetación se nos aparecía tristemente chamuscada por los incendios del pasado verano.

 

Está disponible en la nube el número 23 de Pasos a la Izquierda. Aparece apenas unos días después del fallecimiento de Javier Aristu Mondragón, el hombre que proporcionó a la revista su primer impulso y que contribuyó, junto a un nutrido plantel de compañeras y compañeros, a darle su orientación peculiar y su personalidad y sensibilidad propia en el territorio de la izquierda.

Suelo comentar aquí algún artículo que me ha llamado particularmente la atención en cada número de Pasos. Elijo esta vez la recopilación que hacen los dos editores, Pere Jódar y Javi Tébar, de algunos diagnósticos críticos de distintos teóricos, sobre la situación de la izquierda en un mundo globalizado. Lo encuentran clicando en https://pasosalaizquierda.com/un-paseo-junto-con-algunos-clasicos-del-pensamiento-de-izquierdas/

El “paseo”, denso y provechoso, viene además a añadirse a cuatro apuntes certeros sobre el mismo tema de gente de aquí y ahora mismo: Albert Recio, César Rendueles, Jorge Riechmann e Ignacio Sánchez-Cuenca. No es mi intención polemizar con ninguno de ellos, muy al contrario; pero sí me atrevo a añadir una voz cualificada y un argumento más a la situación que desde tantas partes se denuncia como debilidad crítica y pérdida de la hegemonía cultural de las posiciones de izquierda, tanto las socialdemocráticas como las que se agrupan bajo la etiqueta de radicales.

La reflexión es de Vittorio Foa (1910-2008), y aparece en un texto de su última producción, titulado “Sobre los cambios en los años ochenta”. Cedo la palabra sin más preámbulo al ilustre político, pensador y sindicalista italiano:

Los límites analíticos de la izquierda han sido “desastrosos”: «… no se ha visto a sí misma como coautora de ese desarrollo y por tanto de sus males. La sociedad consumista, en sus aspectos positivos como en los perversos, no nos ha sido impuesta por el capitalismo, es también obra nuestra, la ha querido la clase obrera. Y por tanto es posible confrontarse con ella, no es una fatalidad ineluctable. Puede parecer extraño, pero si se echa toda la responsabilidad de un mal presente sobre el adversario, se ha renunciado ya al propósito de batirlo.»

Es un dato más a tomar en cuenta, me parece, cuando para algunos sectores de la izquierda todo el problema consiste en el fin de la corrupción y en una gestión institucional adecuada que encauce el mismo tipo de crecimiento económico que nos ha arrinconado en el actual desfiladero.