No soy persona piadosa, pero me siento moderadamente satisfecho
del santo cuyo nombre llevo.
Posible que no se llamara así, para empezar. Si en la
familia siguieron la tradición de llamarlo como su padre, su nombre habría sido
Pietro Bernardone II. Francesco significa “afrancesado”, y le dieron ese
apodo porque era un entusiasta de las composiciones de los trovadores franceses.
En eso al menos me parezco a él: Yves Montand, Jacques Brel, Charles Aznavour, Léo Ferré,
Jean Ferrat, Gilbert Bécaud…, y por encima de todos Tonton Georges Brassens.
También fue al parecer un chico desprendido, casi un
manirroto. Mis tías le habrían criticado, como a todos nosotros los Rodríguez, “que
a los duros les damos patadas”.
Cuando Don Pietro, patrono del ramo del Textil de la
tendencia dura, se hartó de las calaveradas de su hijo, tomó la sabia
precaución de desheredarlo, y además le exigió que le devolviera todas sus
cosas. Dicho y hecho. El encuentro tuvo lugar en la plaza de Asís, en presencia
del obispo. Francesco lo devolvió todo, incluso la ropa que llevaba, hasta
quedarse en pelota delante del gentío. Siempre exagerado, amigo de dar la nota.
El obispo le cubrió las partes con su manto, como queda reflejado en el fresco
de Giotto di Bondone que aparece sobre estas líneas desastradas. Don Pietro, de amarillo, recibe los vestidos en actitud beligerante. Las arquitecturas que enmarcan la escena, obra de la imaginación de Giotto, son irreales pero bellísimas.
Luego Francesco se dedicó a reclutar gente para una nueva
orden religiosa. La Iglesia, siempre vigilante, estuvo en un tris de
declararlo hereje, pero el santo papa, cuando la bula de excomunión ya
estaba preparada para la firma en su escritorio, tuvo un sueño en el que el
grandioso edificio de la Religión vacilaba, a punto de caer al suelo con
estruendo, y era Francesco quien lo sostenía en pie. Entonces cambió el papa de
idea (hay una larga tradición de sueños de inspiración divina, y no es cosa de
desoír presagios y profecías), y legalizó la nueva asociación con todos los
Nihil Obstat precisos. En ese punto concreto mi modesta opinión, desde la perspectiva que da el
tiempo transcurrido, es que el papa más bien la cagó. Virtus in medio, no convienen
unos bandazos tan exagerados de un extremo al otro.
En apretada síntesis, concluyo: cierto que Francisco o Paco
de Asís es un santo y por consiguiente persona de poco fiar. Pero los hay
peores.