domingo, 14 de abril de 2019

UN VOTO INDECISO


Los sondeos de opinión informan de que un 41% de las/los españolas/es incluidas/os en el censo electoral todavía no saben a quién van a votar el 28-A. En una democracia como la nuestra, basada en buena parte en el voto heterodirigido, esta cifra implica que las bases todavía no tienen claro cuál de entre las que descienden de las alturas es la consigna correcta, la que debe obligatoriamente ser seguida con todo escrúpulo moral para no acabar siendo un/una traidor/ra a la causa, la mayor abominación posible en una España y una Cataluña irresistiblemente polarizadas.

Avisa Patricia Gosálvez, en el delicioso reportaje «Fabada con seis señoras bien» (elpais), de que entre el barrio de Salamanca y la Colonia del Viso, eje geográfico del Madrid bien pensante, retruenan las consignas proVox en los uachás: “En mi ambiente suena mucho Vox, dicen lo que queremos oír”, confirma una de las señoras presentes en la mencionada fabada, si bien otra critica a Abascal: “… tuvo hijos sin pasar por la vicaría, va dando lecciones de unos principios morales que luego no cumple.”

De los faros que iluminan con su poderosa luz la opinión heterodirigida llegan mensajes confusos. La iglesia anda hecha un lío, como revelan los uachás de las señoras del barrio de Salamanca. El papa Francisco es infalible pero suena demasiado populista, y tampoco al episcopado que tiene la sartén del campanario por el mango se le ve con un criterio muy inequívoco. De Abascal está dicho todo con lo dicho antes; Alberto Carlos anda mezclado en ambientes de cómicos, o sea con Malú; y Casado no da ni mucho menos aquella imagen de seriedad compungida que desparramaba en torno suyo Don Mariano Rajoy. Por un deber hacia los propios parroquianos formales de toda la vida, la Cofradía del Cristo de la Buena Muerte se ha visto obligada a pasar a los tres troneras el recado de que no se les espera en el desfile malagueño de la Legión, a los sones del novio de la muerte. El mensaje es duro, sin duda; pero así es el derecho divino.

Entonces, el éxito del Trío Calaveras, como explica Enric Juliana en lavanguardia, ya no es la hipótesis dominante. Pero ojo, que tampoco es descartable. Empuja en su favor la consigna que viene del gran empresariado y la gran banca, acostumbrados a que también en el mercado electoral, como en el otro, se haga lo que ellos dicen, y punto.

En este caso la consigna no es confusa, pero sí plural: vale cualquiera de las tres opciones de la derecha. Para no correr el riesgo de equivocarse, el Ibex 35 las financia a las tres. Tiene con qué: según noticia reciente, los consejeros de las empresas punteras cobran por término medio 79 veces más que el promedio de sus empleados. Los cuales son, a su vez, unos privilegiados en relación con el término medio de todo el mercado laboral de fuerza de trabajo.

Tela marinera, vaya.

Hay más alternativas, sin embargo, y más escenarios posibles, incluso rocambolescos. En Cataluña, Gabriel Rufián recomienda el voto útil a Esquerra Republicana a fin de evitar que el PSC se sienta tentado a pactar con Ciudadanos para aplicar con saña el artículo 155.

Si esa es toda la utilidad perceptible del voto ciudadano, la solución solo puede consistir en elegir entre una de dos alternativas drásticas: echarse al monte o echarse a llorar.

En definitiva, mucho voto oculto, mucha indecisión ciudadana y popular que solo se resolverá a última hora, con toda probabilidad a golpe de vísceras; y no precisamente del cerebro, que, como dice Woody Allen es solo su segunda víscera favorita.


sábado, 13 de abril de 2019

ALGARA ELECTORAL

A semejanza de lo que dijo Íñigo Errejón en otra ocasión y a propósito de otra sociología electoral, en el futuro la actual campaña entrará en los planes de estudio de las universidades. Es, de lejos, la más belicosa de la historia patria desde que Don Pelayo inició la suya particular arrojando pedruscos a la morisma por los peñascales de Covadonga. De hecho, Santi Abascal ha ido in situ a la cueva dispuesto a repetir la hazaña y liarse a pedradas, en este caso contra los progres, los separatistas y los islamistas que nos infectan.

No llegó la sangre al río. Había en el lugar “unos cientos de personas”, según la prensa. Bien arropados en banderas, eso sí, pero numéricamente insuficientes para tanta pretensión.

Y para colmo, la cofradía del Cristo de la Buena Muerte ha hecho llegar a Abascal el recado de que su presencia, y por extensión las de Casado y Rivera, no sería bienvenida en el desembarco de la Legión para la procesión del Jueves Santo, a los sones de “El novio de la muerte”. ¿Se han infiltrado los progres y los separatistas ─los islamistas, seguro─ en la cofradía malagueña?

Desde una perspectiva amplia de la campaña electoral, se comprende mejor la propuesta del Apóstol Abascal y Cierraspaña, de desmantelar el sistema de las pensiones. No habría habido Reconquista con un sistema adecuado de pensiones en el siglo VIII. De alguna manera los dos conceptos, “reconquista” y “pensiones”, son incompatibles entre sí. Es necesario elegir entre uno u otro.

Lo mismo pasa con el salario mínimo. Hay que considerar que una “algara” (la internada profunda de un cuerpo de tropas móviles en territorio enemigo para pillar a la sociedad civil desprevenida, arrasar las cosechas y hacer prisioneros que poner a la venta en los mercados de esclavos) contra el rojerío y la progresía, vendría a salir por un pico si se paga a la tropa una soldada decente. Es muy preferible, como propone Pablo Casado desde una visión estratégica profunda, rebajar el salario base y proponer primas especiales por saqueo y degüello. Lo que pierden los leales en nivel adquisitivo se gana para la causa con creces, en términos de belicosidad.

Espero desde mi refugio griego más exquisiteces ideológicas deparadas por la actual campaña electoral. Nuevos mítines poblados de banderas en Calatañazor, en el portillo de la Traición de la muralla zamorana, en el monasterio de San Pedro de Cardeña, en el recinto de las Navas de Tolosa y, cómo no, en los vericuetos de Sierra Nevada por los que se dio a la fuga pies para qué os quiero Boabdil el Chico mientras su madre le ponía de maricón para arriba, como si estuvieran los dos en una ceremonia de la expulsión en Gran Hermano VIP.
  

viernes, 12 de abril de 2019

LA CULPA SIEMPRE ES DE LA VÍCTIMA


La eutanasia es delito en nuestro país, de modo que en el caso de Ángel, que ayudó a su esposa enferma a morir cuando ella ya no podía soportar la existencia después de veintiún meses de espera en los que le fue denegado reiteradamente el ingreso en una residencia especializada, la jueza ha derivado el expediente a un tribunal que examina casos de violencia de género.

Del escolar del barrio de Usera que se suicidó, todo el mundo sabía que un compañero de clase le hacía la vida imposible, le quitaba cosas, le amenazaba y le maltrataba de distintas maneras. Las autoridades escolares examinaron el caso y llegaron a la conclusión de que todo ello era cierto, sí, pero sin importancia, cosas de chiquillos, por lo cual debía concluirse que el suicidio del muchacho tuvo que estar motivado por alguna otra cuestión, a saber cuál, cosas suyas y de su exclusiva responsabilidad. Ahora el descubrimiento de unas anotaciones en el diario del chico muerto indica que, a pesar de todo, fueron aquellas naderías sin importancia las que le impulsaron a quitarse la vida.

Luego está el caso del trabajador de Chiclana, contratado por una empresa de la construcción para manejar una fenwick sin ningún tipo de aprendizaje, sin ropa adecuada, sin medidas de seguridad mínimas y sin darlo de alta a la seguridad social. Sufrió un accidente mortal, y en la ambulancia que lo trasladaba al hospital los empresarios le despojaron del uniforme que les habría delatado, y presentaron el caso como una muerte accidental por una caída fortuita fuera del horario de trabajo. Las pensiones concedidas a la viuda y los hijos del obrero fueron acordes con esta última hipótesis; es decir, mínimas. A la guardia civil y a la inspección de Trabajo les ha costado meses averiguar las verdaderas circunstancias del accidente: el hombre, por impericia en el manejo de la máquina, había quedado atrapado en el mecanismo elevador.

Son tres casos escandalosos de dejación de responsabilidades por parte de quienes por ley están obligados a asumirlas, y que dejaron a las víctimas en un desamparo literalmente mortal. Por fortuna, nuestras derechas galopantes han salido con brío al rescate de las víctimas, en la campaña electoral: Suárez Yllana ha fustigado el aborto, en particular el cometido después del nacimiento; Casado ha propuesto la rebaja del salario mínimo, y ayer mismo Abascal lanzó la idea de desmantelar el actual sistema de pensiones. Conforta pensar en la cantidad de papeletas de voto que van a coleccionar gracias a su valentía al apostar por semejantes medidas.


jueves, 11 de abril de 2019

NADA ES SENCILLO


Se ha llegado a un acuerdo entre la Gran Bretaña y la Unión Europea para aplazar el Brexit (la salida británica de las instituciones europeas y su navegación posterior en solitario) hasta el 31 de octubre.

Nadie cree, sin embargo, que el 31 de octubre eche a andar el nuevo formato. Ese día la opción será de nuevo un Brexit a cara de perro, peleando por cada cuota comercial y por la supervivencia o no de cada derecho adquirido, cuando no por el chantaje puro y duro como vía de resolución de cada forcejeo entre las partes; o bien un acuerdo más o menos pacífico pero prolongado en el tiempo, ya que los electrodomésticos enchufados en la casa común son muchos, y costará decidir quién se queda con la nevera, quién con el televisor y dónde irá a parar el lavaplatos.

Conviene hacer memoria. El referéndum que desencadenó esta situación se celebró el 23 de junio de 2016. En octubre habrán pasado tres años más un verano completo, y seguiremos casi igual que entonces, aunque la ilusión de libertad que sin duda tenían los votantes el día después, se habrá volatilizado por un lado y agriado por otro, como el cartón de leche abierto que se deja demasiado tiempo a la intemperie.

Conviene examinarse en ese espejo, cuando se proclama la perentoriedad del derecho a decidir. Tan repentino es el impulso que lleva a dos personas a darse el “sí quiero” delante del mosén, como el que les sitúa luego, a cierta distancia temporal, delante del juez de familia para arbitrar el “no quiero”. En el segundo caso están los niños por en medio, más los animales de compañía, el piso, el coche, los electrodomésticos y el sofá del salón. Cada una de las partes desea, por lo general, no solo verse libre de la contraparte, sino conservar íntegro, o por lo menos en la mayor extensión posible, el nivel de confort alcanzado en la etapa anterior.

Nada es sencillo nunca, pero todavía lo es menos liberarse de la maraña confusa de compromisos adquiridos y de intereses creados en que la vida y la historia nos han ido encajando.

Tres años largos ya, en octubre, desde el referéndum del Brexit; dos años justos desde el día en que el president Puigdemont proclamó la república efímera catalana que desde entonces se porfía por implementar. 

Parece razonable en los dos casos plantearse una reconsideración general de los objetivos; pagar religiosamente las deudas con los terceros perjudicados (o bien, al evangélico modo, pedir perdón por ellas "así como nosotros perdonamos a nuestros deudores"), y tener la agudeza y arte de ingenio necesarios para proponer nuevos jalones de convivencia aceptables, sin duda restringidos desde el punto de vista de lo que habían sido las pretensiones iniciales, pero también más realistas, más sensatos, más basados en la tolerancia y en la inclusividad como principios básicos rectores de las relaciones existentes entre las/los ciudadanas/os y entre las personas, simplemente.


miércoles, 10 de abril de 2019

PASADO DE VUELTAS


El problema de Pablo Casado como líder de la gran derecha es que no da la imagen. Lo veo en elpais predicar el Apocalipsis cum figuris en Barcelona, con rascacielos en primer plano y el mar al fondo. Prendida a su micrófono, una consigna: «PP Valor Seguro». Ahí es donde falla.

“Seguro que se da la hostia”, musita el electorado de orden. Mariano generaba insatisfacción por el costado contrario: «Mariano Valor Inseguro». Nunca se sabía si iba o si venía, y al principio aquello generó cierta emoción, “¿irá? ¿vendrá? ¿hasta dónde llegará?”, hasta que quedó claro que ni iba ni venía a ninguna parte, que su lugar estaba en la mesa camilla, arrimado al brasero, impertérrito.

Algo inadmisible para los tiburones de la Banca, de la Bolsa y de la CEOE, necesitados de un látigo de siete colas que fustigue permanentemente al rojerío, al separatismo, al populismo, al feminismo, al ecologismo, al reformismo y al sindicalismo, ese totum revolutum asociado indisolublemente en su inconsciente colectivo a Maduro y a esas mozuelas de Femen que aparecen de improviso y revientan los simposios patrocinados por sus firmas enseñando las tetas pintarrajeadas al aire.

El sucesor natural de Mariano, y su contraveneno efectivo, era, no nos engañemos, Rodrigo Rato, el único tiburón de casta capaz de asegurar con un acento convincente y sin que se le escape la risa: “No he sido yo, ha sido el mercado”. Rodrigo, de forma lamentable, ha quedado fuera de la circulación para una larga temporada. Son los gajes de una carrera marcada por el riesgo del emprendimiento creativo.

De forma que, a falta de Rodrigo, se apostó por este chiquillo, sobre el que todos coinciden en que le falta un hervor. Pero lo que es caña, la daba.

Cierta caña, con todo, resulta contraproducente. Hablar de las manos tintas en sangre de Pedro Sánchez es pasarse de vueltas. Alguien podría pensar por asociación de ideas en la sangre de los astados sacrificados en la fiesta nacional. Las manos tintas en sangre de, un decir, Morante de la Puebla, después de hundir el estoque hasta el puño en la cruz de un morlaco, es ¿quién lo duda? un activo importante de la reciedumbre viril de nuestra idiosincrasia. Debería haberse añadido entonces a la afirmación de Pablo una nota a pie de página haciendo constar que no, que la sangre en cuestión es la de los patriotas venezolanos de la oposición a Maduro.

Pero aun así, la metáfora resultaría poco afortunada. Contrasta demasiado con ese eslogan que resalta el vocablo “seguro” colocado en el micrófono de Pablo. El electorado de la gran derecha añora la sensación de saberse en una fortaleza inexpugnable, arrullado por los toques de clarín de un gobierno leal a la causa, que le aligerará de impuestos societarios y desahuciará con diligencia y limpieza a los inquilinos morosos que pueblan los apartamentos de las fincas urbanas puestas en alquiler por sus sociedades de inversión.

Alberto Carlos Rivera es otra alternativa, pero tiene el mismo defecto que Mariano el Inseguro: nadie sabe qué dirección va a tomar el minuto siguiente. “¡Vamos, Ciudadanos!” Pero no dice dónde. Y Santi Abascal, que sí es inequívoco, conduce derechamente al latifundio, que no está mal en sí mismo, pero cada vez rinde menos. La España vacía resulta ser, precisamente, la de los latifundios. Poco porvenir, por muchas rogativas que se hagan al Santo Niño de los Remedios. 

En la tesitura, Pedro Sánchez podría delinearse como la opción menos mala para la gran derecha. Los think tanks de los lobistas están ya meditando estrategias de futuro para atar corto a un eventual gobierno rojo, sin hacer demasiados ascos a sus manos tintas en sangre de opositores venezolanos.


martes, 9 de abril de 2019

YO, VISTO POR MI NIETO


Las relaciones afectivas con mi nieto Mihail van como la seda. Viento en popa. Yo he sido siempre un second best para él, comparado con Carmen (l’Avia), que es su locura. En una ocasión, hace ya años (ahora tiene 11), se le declaró. O sea, le dijo que cuando fuera mayor se casaría con ella. “Pero Mihail, se escandalizó Carmen. ¿Qué haremos entonces con el Avi?” Y él se encogió de hombros. “Puede quedarse en casa, a mí no me molesta.”

Así estaban establecidas las cosas, y vistas en conjunto no se puede decir que estuvieran mal. Pero la tendencia reciente es incluso a mejorar. Mihail y yo nos entendemos desde una base muy satisfactoria de paridad y de reciprocidad. Por reciprocidad entiendo que a mí él me cae bien, y por su parte también yo le gusto. Por paridad, entiendo que el amor recíproco que nos dedicamos está enteramente exento de obligaciones establecidas y de imposiciones de cualquier tipo.

Esa característica me sitúa con cierta ventaja sobre Nikos, el padre de Mihail, el cual según su opinión es “una buena persona”, pero con frecuencia le viene con exigencias abusivas, tales como que haga puntualmente los deberes escolares. Eso ya es malo de por sí pero es que además, si no cumple, lo castiga. Los castigos en general le traen bastante al fresco a Mihail, que es estoico por naturaleza; pero uno de ellos lo considera un atropello insufrible, y es que le requise la tableta. La tableta requisada es una herida siempre sangrante que se interpone de forma intermitente en el amor filial indudable que siente Mihail hacia Nikos.

Conmigo, el problema desaparece. Yo le dejo jugar con su tableta y él me deja escribir en mi ordenador. A los dos nos produce extrañeza que el otro tenga gustos tan raros, pero nos aceptamos tal como somos.

Todo este estado de cosas ha quedado más o menos documentado en una redacción de Mihail para la escuela. Tenía que describir a una persona, y me eligió a mí: “Mi abuelo”, es el título.

“Por aquí viene poco”, señala [fue poco antes de esta última y larga visita obligada por circunstancias de salud de su madre], “de modo que casi solo lo veo en Barcelona.”

“Mi abuelo es alto y un poco rellenito”, me describe físicamente con acierto. “A primera vista es muy serio, pero si lo tratas más, es simpático y divertido.”

"Me cuenta muchas historias." [Él a cambio me cuenta los juegos nuevos que descubre en la tableta. De algunos, reconoce que son "muy complicados".]

“Se pasa el día trabajando en un blog que escribe sobre la independencia.” [Exagera, el blog no me cuesta tantas horas, y la independencia es solo uno de los temas que trato. Pero sí leo y escribo bastantes horas diarias en el ordenador.]

“De la tele lo único que le interesa son los partidos de fútbol, y los goles míticos del Barça.” [Tiene demasiada razón. Ocasionalmente he intentado librarme del vicio del fútbol televisado, peor que el del tabaco; pero recaigo una y otra vez.]

Eso viene a ser todo. El balance que cabe extraer del medio folio es francamente positivo. La maestra le puso la nota máxima, pero además añadió con bolígrafo rojo un “¡Bravo!” (En caracteres griegos se escribe más o menos así: “MPRABO!”)

Mihail está muy orgulloso de su redacción. Yo también.


lunes, 8 de abril de 2019

FUTBOLIZACIÓN


La prensa diaria y la especializada, los telediarios y los diversos chiringuitos de jugones que dan cobertura informativa al importante asunto del fútbol, se han poblado de noticias asombrosas relacionadas con el Real Madrid. Eden Hazard está ya en el saco, Rabiot ha dado su conformidad para vestir de blanco, y la tesorería puja fuerte por Mbappé y por Neymar. La próxima temporada el equipo deslumbrará.

Más cierto es que, en la temporada actual, bordea lo penoso. Hace unos días, el equipo estuvo en un tris de ser atropellado en el Bernabeu por el colista de la Liga, el Huesca; Benzema, un hombre hasta hace poco con un pie fuera del club, salvó los muebles haciendo dos goles en las postrimerías.

Zinedine Zidane, presentado hacía escasos días como el druida de la tribu poseedor de la poción mágica de la invencibilidad, no había sido capaz en la jornada anterior de evitar un descalabro en Valencia. Gareth Bale, el superfichaje estelar que iba a hacer olvidar a Cristiano Ronaldo, empezó a ser silbado por el público en el minuto 3 del partido con el Huesca, y la cosa ya no paró a partir de ese momento.

A falta de magia en el campo, es de primera necesidad elaborarla en los despachos. A ello se dedicaron los estamentos técnicos del club con premura. “¡Viva Premura!”, clamó el aficionado.

En Cataluña, la última muestra de la futbolización de la política nos ha llegado de la mano de una entrevista a Marta Pascal por parte de Enric Juliana. Todos los mentideros se hacen ya eco del inminente reingreso en la política de Artur Mas, evento hábilmente sugerido por Pascal. Mas viene a ser como Zidane, salvando las evidentes diferencias. En determinado momento se le impuso el consabido paso a un lado, empujándolo incluso porque no se decidía; ahora se le pide de rodillas que vuelva a los ruedos.

El clamor obedece a una lógica férrea. Mas es un sapastre, pero la comparación con Puigdemont y Torra (en el caso de Zidane fueron Lopetegui y Solari) lo convierte en el Leonardo da Vinci del independentismo moderado. Ahora que la Esquerra Republicana de Oriol Junqueras se lleva de calle todos los sondeos, y que el PDeCAT se diluye en una sopa de siglas sin poder evitar, dicho con Benet i Jornet, una “vella, coneguda olor” a materias fecales en descomposición, ha llegado, como en el manual de estrategia de Florentino Pérez, el momento de cantar desde los despachos las excelsas glorias previstas para la próxima temporada.

Futbolización de la política: el mago desvía la vista del respetable público hacia la galera de la que va a brotar el muy publicitado conejo blanco, a fin de que no vea, o lo olvide, el presente mísero.

Nada por allí, nada por aquí, y aparece Mas, sonriente. Truco.

Tanto Puigdemont como Torra se han apresurado a darse por ofendidos. El primero ha recordado que está luchando por la dignidad de los políticos presos y exiliados. Quim Torra, por su parte, ha pedido a Pascal que no se desvíe de la centralidad de la política. Ninguno de los dos ha aclarado por qué razón la lucha por la dignidad de un lado, y la centralidad de otro, tienen que llevar incorporada una dosis tan grande de impotencia y de incompetencia.

Los dos están, como el mítico coronel Aureliano Buendía, delante del pelotón de fusilamiento, y rememoran el día lejano en el que el gitano Melquiades les dio a conocer por primera vez el hielo.


domingo, 7 de abril de 2019

EL COLOR DEL METRO


En principio, el hecho de que Elsa Artadi, candidata a la alcaldía de Barcelona, no sepa el color asignado a las líneas 1, 4 y 5 del metro, no es un impedimento descalificante. Tampoco lo sería su ignorancia sobre el número del autobús que lleva a Collblanc o a Bon Pastor. El mapa de Barcelona que todos tenemos en la cabeza es por fuerza incompleto, hecho de rutinas y de trayectos estereotipados, repetidos una y mil veces al hilo de los días. Y con toda seguridad, el mejor alcalde potencial no es la persona que almacene más datos por el estilo en la memoria.

Me parece más significativa la excusa que dio la candidata de Junts x Catalunya: que ella “ahora” va siempre en coche oficial, y “cuando trabajaba” (sic), utilizaba los Ferrocarriles de la Generalitat.

Se deduce que una de las ventajas de haber dejado de “trabajar”, es el poder trasladarse de un lugar a otro de la ciudad en coche oficial. Con chófer, porque la chica “no conduce”.

La siguiente pregunta pertinente sería qué hace ahora en la vida Elsa Artadi, si ya no trabaja y se presenta como candidata a la alcaldía sin un conocimiento siquiera somero de la red metropolitana de transporte público.

Esa pregunta, sin embargo, está ya contestada desde hace tiempo. Es economista, hizo un master en Harvard becada por la Fundación de la Caixa, fue consultora del Banco Mundial en Washington, y se distinguió especialmente en la etapa de la vigencia del 155 como coordinadora interdepartamental, cargo en el que mereció elogios de Soraya Sáenz de Santamaría: «Luego dirá lo que quiera fuera de su trabajo, pero aquí está “cumpliendo”».

Ahora que ha dejado de trabajar en lo suyo, se dedica a la propaganda en favor de Carles Puigdemont. La labor que espera hacer en Barcelona, en el improbable caso de que reúna los apoyos suficientes para gobernar la Casa Gran, será posiblemente la de aprontar financiación para la causa a la que se dedica. Extracción de plusvalías, lo llaman los expertos.

El único metro que le interesaría a Elsa Artadi sería uno que condujera derechamente a Waterloo.

O al Banco Mundial, Washington.


sábado, 6 de abril de 2019

CUANDO LOS NACIONALISTAS DESPIERTEN DE SU SUEÑO



No estaría de más que en la jornada de hoy sábado de los Diálogos Andalucía-Cataluña ─a los que no me ha sido posible asistir debido a una prioridad de naturaleza privada─, resonara con fuerza el deseo expresado por el historiador francés Benoît Pellistrandi, entrevistado en lavanguardia de hoy por Eusebio Val. El deseo consiste en que Cataluña “acepte serenamente” lo que es, y evite “el sueño peligroso” de lo que no es. Quienes amamos a Cataluña y valoramos en mucho lo que es, y significa, y representa, en el conjunto de España, hemos de estar agradecidos a Pellistrandi por haberlo expresado con tanta claridad:

«Hay un sueño histórico por parte del independentismo. Hay que despertar de ese sueño. Por eso digo que Catalunya tiene que volver a ser lo que es, porque es suficiente. Tiene una densidad propia. Entiendo perfectamente que los catalanes estén orgullosos de lo que es Catalunya, pero de la Catalunya real, no de la Catalunya imaginada.»

Me da lo mismo, en el fondo, que esa realidad se acepte “serenamente” o no. Mejor que haya serenidad, aunque mucho me temo que la cuestión será conflictiva durante largo tiempo aún.

Pero la Cataluña real es suficiente para vivir. Y no solo eso; es imprescindible. No cabe vivir en la fantasía. «El procés ha sido una chapuza», dice Pellistrandi. A esa chapuza visible ya para todos se siguen aferrando Carles Puigdemont y Quim Torra y Elsa Artadi, propagandistas de un nacionalismo de opereta. Los sondeos pronostican que así les va a ir.

Ha dicho Torra que la democracia está por encima de la ley. Esa democracia de Torra es tan inventada como la Cataluña que defiende. ¿Qué es la democracia sin la ley, secundum Torra? No se puede ir por el mundo utilizando acrobacias verbales para describir una realidad vista con anteojeras.

El mundo real es un conglomerado imposible de abarcar desde un único punto de vista, por privilegiado que parezca. La realidad es compleja. También es tozuda, lo dijo Marx, no se deja manipular con la facilidad de una pastaflora.

Y la realidad compleja que vivimos hoy es dramática; en algunos aspectos, informe, desmesurada, monstruosa. Movilizarse para cambiarla va a exigir energías que se están despilfarrando en lanzadas propinadas a las aspas de los molinos de viento.

En ese ejercicio estéril parece que va a centrarse la actual campaña electoral. El elemento fundamental sería la dolorosa existencia de “prisispilítics”. Mientras, para abrir boca Alberto Carlos Rivera ha recomendado a TV3 que “rece” para que Pedro Sánchez salga mayoritario (si no sale, se entiende, TV3 dejará de existir). Pablo Casado, por su parte, declara que su programa político se reduce a echar a Sánchez del gobierno. Santiago Abascal quiere resucitar la censura ideológica, se supone que como paso previo a la reinstauración del Tribunal de la Santa Inquisición.

Cuando los nacionalistas despierten de su sueño, el dinosaurio seguirá aquí.


viernes, 5 de abril de 2019

LA ZONA DE CONFORT SINDICAL


Hace más de un mes que tengo anotado en mi cuaderno un apunte sobre los sindicatos. No sé muy bien qué hacer con él. Leo, por ejemplo, en el artículo de Mohamed Haidour en Nueva Tribuna, “Sindicatos y elecciones”, toda una serie de propuestas magníficas, expuestas en un tono de orgullo justificado por la excelencia de la labor sindical. Ha habido un repunte en la afiliación, dice Haidour, y remacha: «… No se debe a la casualidad, se debe al trabajo acumulado, al trabajo bien hecho y se debe sobre todo a la concienciación y la organización de los trabajadores ante las sucesivas embestidas económicas y políticas que llevan padeciendo y que han mermado su capacidad adquisitiva, su futuro y su dignidad.»

Sin embargo, si descendemos de la idea general de “la concienciación y la organización de los trabajadores”, a la situación en concreto, el panorama no es tan boyante. En particular, en el caso plausible de que consideremos “trabajadores”, sin adjetivos calificativos, a los trabajadores en paro. Esta es la reflexión de Pere Jódar y Jordi Guiu, en Parados en movimiento. Historias de dignidad, resistencia y esperanza, Icaria, pág. 202: «Los sindicatos son la estructura organizativa de defensa de los trabajadores por excelencia. Sin embargo, las tasas de afiliación de las personas en paro son muy bajas, la organización propia de los parados en los sindicatos ha ido desapareciendo y ahora, aquellos que continúan afiliados, se mantienen en sus federaciones respectivas. Hasta cierto punto es normal que los sindicatos se preocupen en primer lugar por los trabajadores en activo, pero ello no implica que deban olvidar a los trabajadores que circunstancialmente quedan apartados del empleo o se mueven en un contexto de vulnerabilidad.» Idea remachada por “Luis”, uno de los entrevistados en el libro, del modo siguiente: «Los sindicatos tampoco tienen grandes ideas. Los sindicatos lo que hacen, que también es bueno, es reivindicar salarialmente […] Pero parece que solo saben hacer eso. […] Los sindicatos no tienen idea de cómo abordar el problema del paro, están un poco como si dijéramos sin reaccionar. Claro, los sindicatos defienden sobre todo a los trabajadores, trabajadores en activo. Ahora es como si estuvieran desbordados.» (Pág. 203).

Cuando un sindicalista, por ejemplo Haidour, habla de “trabajadores” (concienciados y organizados), siempre tenemos la sensación de que se refiere sobre todo a los “activos”, a los que tienen un empleo. Y en ese discurso podría quedar sobreentendido que pierden la condición “de clase” cuando son solo (pongan ustedes mismos un entrecomillado muy fuerte, muy intenso, a ese “solo”) trabajadores en potencia, trabajadores a la busca de un empleo elusivo o que les ha sido arrebatado.

Distinguir entre activos y parados como dos especies distintas de trabajadores sería dar el paso primero y decisivo en la fragmentación definitiva de la clase. Una suposición así solo estaría justificada en un contexto distinto, en la “edad de oro” en la que el pleno empleo era una hipótesis tendencialmente accesible, y en la que empezó a fraguarse el sambenito de que “quien no tiene un empleo es porque no quiere”.

No ahora. No en este modelo de economía. No en este marco laboral, que precisamente los sindicatos en primera línea están reclamando cambiar.

Pero las coordenadas organizativas presentes en el interior de los propios sindicatos indican un déficit en ese aspecto. La organización concreta no se ha movido de la zona de confort que encuadra al trabajador como “activo”, en función de su cualificación profesional en el desempeño de un puesto de trabajo que se imagina duradero para toda la vida.

No hay previsto un encuadramiento ad hoc para el trabajador precario, a pesar de que hoy por hoy es el que predomina estadísticamente (estamos, como ya se ha señalado repetidamente en esta bitácora, en una situación de precariedad estructural). Ese trabajador atraviesa en su vida laboral por ciclos sucesivos de empleo/desempleo y salta de una rama a otra de la actividad económica en cada minijob al que accede mediante esfuerzos ímprobos, después de distribuir cientos de currículos, asistir a decenas de entrevistas de trabajo y firmar su actividad presencial en diversos cursillos que por regla general no le capacitan desde el punto de vista técnico para desarrollar tareas en un puesto de trabajo concreto, sino que le enseñan cómo debe presentar los currículos y cómo puede presentar su mejor perfil en las entrevistas de trabajo.

La organización de los sindicatos por federaciones de rama no ayuda. La chispa creadora de un sindicato como Comisiones Obreras fue la relación intensa entre la fábrica y el territorio en el que estaba radicada, y con las fuerzas sociales implantadas en él. En el sindicato local o comarcal, las representaciones de las fábricas grandes ejercían una autoridad natural sobre las de las pequeñas empresas y sobre los colectivos de personas sin empleo de presente. Pero todas esas representaciones convivían y debatían de forma democrática, y las tareas de dirección no recaían necesariamente en las mayores fábricas o las mayores cualificaciones, sino en las mayores capacidades de representación de todo el colectivo.

La vuelta a la organización de los territorios y a un tipo de encuadramiento interrama sería entonces mi primera sugerencia en una “refundación” de la organización actual de los sindicatos. Sin prescindir de las federaciones, ojo, y de su protagonismo en la negociación colectiva; no desvistamos a un santo para vestir a otro.

La segunda sugerencia, que tampoco es una medida nueva, sino que proviene de una tradición larga, sería el acceso ordenado de los representantes de los parados y precarios a los distintos colectivos de dirección, así en los territorios como en las federaciones, y a los mismísimos órganos confederales.
   

jueves, 4 de abril de 2019

ECOASTRONOMÍA


En un post reciente, titulado “Empresas mutantes” (1), me he referido a la relación cuasi-feudal que se establece entre empresas, o grupos de empresas, que tienen un carácter dominante en un sector determinado del mercado global, y aquellas otras empresas que dependen de los contratos que puedan arrancar de las primeras.

En lugar de utilizar una comparación basada en la historia antigua, es posible entender esa relación a partir de la astronomía. En el cielo nocturno las estrellas nos parecen todas iguales, y agrupadas o dispersas al azar; sin embargo, están organizadas en constelaciones invisibles, en sistemas solares, y giran según órbitas perfectamente predecibles. Cada sol arrastra en su estela un conjunto de planetas, y estos a su vez determinan el movimiento progresivamente excéntrico de una serie de satélites, capaces asimismo de ejercer cierto efecto de atracción sobre otros cuerpos astrales de masa y consistencia mucho menor.

Ahora Andy Robinson, en lavanguardia (2), habla de “superestrellas” al referirse a las empresas «más productivas e innovadoras», de Apple a Amazon. El artículo está dedicado a una advertencia surgida del FMI: el aumento del poder corporativo de algunas “megacorporaciones”, señala un estudio procedente de dicha fuente, puede contribuir de forma simultánea al agravamiento de una serie de tendencias preocupantes. A saber, «el estancamiento de la inversión; una distribución de la renta cada vez más favorable al capital frente al trabajo; la brecha abismal entre la riqueza productiva y la financiera, y un raquítico crecimiento de la productividad que frena los salarios.»

Dejaré a un lado la circunstancia curiosa de que sea precisamente una institución transnacional que con sus recomendaciones ─en ocasiones nada cariñosas─ a los Estados, ha empujado vigorosamente la economía mundial en el sentido en el que se está moviendo, la que ahora alerte sobre los resultados contraproducentes que se constatan. Ahí queda retratada toda la característica irresponsabilidad de los poderosos en los desastres a los que inducen.

Yendo a la sustancia de lo que se critica, la “brecha abismal” (expresión subrayada en el texto original) entre la riqueza productiva y la financiera viene de haber tomado al pie de la letra aquella humorada de Milton Friedman sobre que el deber principal de una empresa no es otro que obtener el mayor beneficio posible para sus accionistas. «Conforme el poder de mercado de una empresa sube, puede aumentar sus beneficios mediante subidas de precios y una reducción de la producción», señala Gian Maria Milesi Ferretti, del FMI. En 2018, la práctica habitual de la recompra de acciones por parte de las grandes corporaciones superó solo en EEUU el billón de dólares, que fueron a parar a los bolsillos de los accionistas sin generar ninguna riqueza en forma de producto; meramente mecidas por el arrullo de la fluctuación de las cotizaciones en bolsa.

Cuando tal aberración es posible, y consentida por la atenta inspección de quienes ejercen la vigilancia de los mercados, es lógico que la inversión tienda a estancarse. Faltan incentivos para arriesgar el capital; es mucho más cómodo el enjuague.

El escalón siguiente en la misma aberración es la pérdida sensible de valor de cambio de la fuerza de trabajo, porque el trabajo es precisamente el motor de la producción de bienes y servicios, y su valor en términos “financiarizados” es cero. La consecuencia es que las empresas con poder monopolístico o cuasimonopolístico en el mercado tiran hacia abajo de los salarios de sus empresas y plataformas satélites. Esa práctica no empuja a la baja la cuenta final de resultados, antes al contrario. 

Todo ello conduce a un panorama en el que la desigualdad se incrementa y la precariedad laboral se ha convertido en estructural. El mercado de trabajo precario en el mundo no es una rama seca de un árbol por lo demás vigoroso, ni un hongo que puede desaparecer si se trata la planta con un producto fungicida. La precariedad está en la raíz misma del sistema al que se nos aboca con la cantinela de que “no hay alternativa”.

Un mal estructural no se remedia de un día para otro. La retirada de las dos “reformas” laborales de Zapatero y de Rajoy no resanará la economía de casino que se nos está imponiendo por la fuerza de los hechos consumados. La vuelta atrás desde las “reformas” será en todo caso una condición necesaria para cualquier avance de fondo, pero no una condición suficiente.



miércoles, 3 de abril de 2019

AUTONOMÍAS COMPATIBLES



Carmen Martorell y Carlos Martínez Shaw en Sevilla. Primera ronda de los Diálogos

Una de las razones no menores que abonan el encuentro ─el diálogo─ entre Cataluña y Andalucía cuya segunda ronda está a punto de celebrarse en Barcelona, es el hecho de que los gobiernos de las dos comunidades aparezcan tan incompatibles, tan enfrentados en cuestiones identitarias por las que los esencialistas de ambos bandos se declaran dispuestos a morir.

Serían bienvenidas tales cuestiones si de lo que se tratara fuera, en efecto, de morir. Sin embargo de lo cual, lo interesante del asunto en el que unos y otros andamos metidos, el meollo por decirlo de alguna manera, es que no se trata de morir, sino de vivir; más aún, de vivir juntos, en paz y buena compaña y progreso compartido.

Y en ese objetivo aparece como necesario desmoronar los muros de las patrias nuestras, para decirlo con Quevedo, y constatar que su antigua “valentía” hace ya tiempo que ha caducado. La España de la Constitución vigente, la de las autonomías, no medra con amurallamientos sino con aperturas; no con el recurso último a lo cañí o a las barras del escudo de Guifré lo Pilòs, sino con el reconocimiento mutuo entre dos comunidades mestizas que tienen en común retos muy serios en los terrenos de la economía, el trabajo, el progreso sostenible, las infraestructuras necesarias, el reconocimiento de los derechos de ciudadanía, el horizonte de la pertenencia a Europa y la definición de esa Europa en la que podríamos caber todos con comodidad.

Se impone una reconstrucción de la comunidad común ─decirlo así no es exactamente una redundancia─, y la reconstrucción debe emprenderse necesariamente desde abajo hacia arriba, desde el suelo societario y social en dirección al cielo institucional. 

No van a servir de nada ─conviene que todos tomemos buena nota de ello─ las legislaciones ilustradas para arreglar por arriba lo que debe ser recompuesto primero por abajo. Las leyes democráticas, otra cosa distinta es el despotismo, son en último término un contrato social: dan fe, en cláusulas precisas y pertinentes disposiciones transitorias, de lo que ha sido consensuado y acordado ya entre los ciudadanos libres y diferentes y empoderados para ello.

Los verdaderos protagonistas de la historia.


lunes, 1 de abril de 2019

OJO CON FERLOSIO



Rafael Sánchez Ferlosio escritor, es un esfuerzo continuo y deliberado por objetivar y clarificar, desprendiéndose en el proceso de la pesada carga del Ferlosio persona o personaje. Dejando aparte sus arremetidas saludables a toda una serie de naderías, sinsustancias y lugares comunes que pueblan la literatura, la historia y otras realidades evanescentes, se diría que el sentimiento profundo que Ferlosio toma como base de su obra, no muy extensa pero cualitativamente excelsa, es una profunda tirria a sí mismo. «Ojo conmigo», avisa al lector en uno de sus libros de ensayos en píldoras. Quizás no es al lector desprevenido a quien se dirige el aviso; quizás es, en primer lugar y sobre todo, al propio Ferlosio. Se observa, se analiza, se espía a hurtadillas, y finalmente concluye que no es de fiar.

Ferlosio se ha ocupado con un exceso de modestia, pero también de sinceridad, en desacreditar buena parte de las cosas que ha escrito. Salva el Alfanhuí, un pecadillo inocente de juventud; pero condena sin remisión El Jarama. Puede que tenga sus razones para hacerlo, pero en su día nos enredó como pardillos a muchos, que celebramos en ese libro el renacimiento de la gran tradición de la novela en la mísera realidad literaria de nuestros años cincuenta. Aunque yo lo leí ya en los sesenta, por imperativos generacionales fácilmente explicables.

Hoy no refrendaría aquel primer deslumbramiento. De hecho, intenté releerlo hará un par de años, y lo dejé a un lado pasadas pocas páginas. La veta hiperrealista de narradores como Laforet, Aldecoa, Martín Gaite, López Salinas y otros aún, quedó en la literatura del (anti)franquismo como un mero rito de paso de la ficción hacia otros territorios. Carmen Martín Gaite, que aparece en la fotografía de arriba junto a Rafael, se reinventó a sí misma en una escala literaria más amplia a partir de El cuarto de atrás. Sus mejores títulos son los posteriores a ese hito. También los Goytisolo, Juan y Luis, evolucionaron hacia estructuras más complejas y ambiciosas. O García Hortelano. A Cela y a Umbral, la verdad, no les aprecié nunca.

Ferlosio fue seguramente el primero de todos ellos en considerar agotada la veta de la que fluyó El Jarama; pero él tomó una dirección diferente a la de los demás. No volvió nunca a la ficción, si excluimos El testimonio de Yarfoz, un pedazo de prosa sin principio ni final que nos vendió como fragmento de una novela o novelón histórico (que nunca escribió) sobre algo que llamó las “guerras barcialeas”.

Encontró mayor gusto e interés en el estudio de la lengua y de diversas disciplinas antiacadémicas, y en el ensayo erudito, unas veces extenso y otras concentrado en “pecios”, no del todo aforismos sino más bien iluminaciones.

El hecho de que se haya muerto un día cualquiera, sin avisar, sin partes médicos emitidos de hora en hora, en silencio, casi de puntillas, es seguramente una declaración de principios, o un movimiento táctico de repliegue.

Ojo con Ferlosio.


BREXIT SALVAJE



En el pub “The Market Porter”, Londres, Borough Market, junto al London Bridge. Con el retrato del patrón al fondo, y duplicando su postura ejemplar, dos parroquianos se descaran: «El Brexit ese no tiene lo que hay que tener para venir aquí a decírnoslo mirándonos a los ojos.» (Foto: Carmen Martorell)

La Bolsa española bajó de golpe ciento cincuenta puntos, por miedo al Brexit salvaje. Toda la culpa es del proceder errático de los británicos, que quieren irse pero sin irse de una Unión Europea a la que anhelan poner los cuernos pero pagando ella el gasto. La señora May se sacó de la manga un recurso que tenía pinta de infalible: prometió dimitir si el Parlamento votaba a favor del Brexit “civilizado” (sea ello lo que fuere) que postulaba. Los Comunes, sin embargo, se inclinaron mayoritariamente por votar en contra. En primer lugar por inercia, dado que ya lo habían hecho en dos ocasiones anteriores; y en segundo lugar, porque qué harían sin Theresa, no hay muchos líderes políticos que se dejen votar en contra con tanta reiteración y sin que pase nada.

Supongo que el que “no pase nada” es el desiderátum final, bien disimulado debajo de la alfombra persa, en todo el intríngulis del Brexit. Ahora que se han dado ya el gustazo de ciscarse en Europa y el gesto ha quedado inscrito en bronces para la historia, intuyen que lo mejor es dejar todo igual que estaba, siguiendo lo establecido en el reconocido Código Lampedusa.

Sin verse obligados a rectificar, por supuesto. Una política puede rectificarse si conviene; un gesto, nunca.

Algo por el estilo está sucediendo en Cataluña. Ocurre, sin embargo, que aquí se ha confundido un gesto (irrectificable) con una intención política (susceptible de reconsideración), y todo el asunto ha generado una terrible redundancia.

O sea, se está procesando al procés. Algo así como la pescadilla que se muerde la cola, si te pones a pensarlo.

Y el proceso al proceso sigue enmarañándose a sí mismo, día a día. Como el Brexit, salvando las distancias. No hay desenladrillador que desenladrille aquello que se enladrilló en su momento con tanto derroche de entusiasmo colectivo y tantas energías frescas. 

A pesar de que todos los interesados (menos Quim Torra, ese autista que va exclusivamente a su bola) han dicho y repetido mil veces que ellos iban de farol, que aquello ni fue nunca una declaración seria ni debió ser tomada jamás por tal; era solo el primer boceto de un borrador de un futuro ensayo general para una serie televisiva de ficción al estilo de Juego de Tronos.

Algunos obsoletos de la meseta quieren reimplantar el artículo 155 en Cataluña sin darse cuenta de que con esa iniciativa resolverían el problema principal de una plataforma soberanista radical que se ha agrietado y está encabronada consigo misma, irascible de un lado y dubitativa de otro. El único cemento capaz de unir aún a las distintas fracciones irreconciliables sería hoy por hoy la siguiente certeza luminosa: «Contra el 155 vivíamos mejor.»