jueves, 11 de mayo de 2023

QUIEN NO TRABAJA NO TIENE, PERO ANTE TODO NO ES

 


Alexéi y Violetta Stajanov en una foto oficial.

 

La frase que encabeza estas líneas pertenece tal vez a Massimo D’Antona o tal vez a Umberto Romagnoli, que dedica al trabajo de aquel como jurista laboralista una conferencia importante (“Redefinir las relaciones entre trabajo y ciudadanía: el pensamiento de Massimo D’Antona”, incluida en U. Romagnoli, “Trabajo y ciudadanía”, Ed. Bomarzo 2023. Trad., Antonio Baylos y otros).

Romagnoli, en la estela del pensamiento de D’Antona, contempla el derecho del trabajo del siglo XX como un constructo histórico, pero no ontológico. Quiere decirse que el derecho laboral se adaptó en dicha época al pensamiento técnico contemporáneo, pero le faltó elevarse “a la medida del hombre”, como reclama Umberto de su disciplina.

El siglo XX estuvo dominado por el industrialismo, es decir lo que solemos denominar “fordismo”, una estructura compleja en la que la vida de las personas queda sometida al volumen global de la producción: «… un cierto modo de producir que se convertirá rápidamente en un cierto modo de pensar.»

Romagnoli propone reemplazar “industrialismo” por “industriosidad”. No son lo mismo, la segunda opción pone también el trabajo (todo el trabajo, no solo el subordinado y asalariado) en el centro de la vida y de la política, pero busca compaginar ambas realidades en buena armonía: una buena vida a partir de un buen trabajo.

De hecho, el enorme cataclismo subsiguiente al derrumbe del fordismo, y la desaparición de la gran fábrica como punto de referencia, no permiten que las cosas del trabajo (en general) sigan funcionando ahora igual que antes. «Las actuales organizaciones sindicales no pueden tener futuro si se limitan a gobernar lo existente», advierte Romagnoli muy en serio.

Ha desaparecido el mundo antiguo en el que el contrato de trabajo indefinido tenía una connotación de por vida, en que se estimulaba la disciplina y la obediencia automática a las órdenes del capataz o el ingeniero, y los convenios colectivos sucesivos marcaban un trayecto prefijado que concluía con la jubilación y en el que se premiaban la antigüedad, la disciplina y la lealtad incondicionada a la empresa. «La fábrica prefigura una forma de gobierno de la sociedad basada en la jerarquía, y predetermina un código totalizante de referencia cultural», dice Romagnoli.

Las variables a manejar en el siglo XXI son otras, porque estamos ya en una revolución industrial distinta y en un horizonte cultural más despejado. Aquí deben tener un hueco el derecho a la diferencia, la libertad de elegir, la conciliación ontológica entre vida productiva y vida privada como dos esferas que es necesario armonizar para no dar como resultado una persona ontológicamente demediada.

Y sin embargo, aun hoy es posible cambiar la frase del título por esta otra: “Quien no trabaja, ni tiene ni es; quien sí trabaja tampoco es, tenga o no tenga.”

Tal vez me explique mejor con el ejemplo de Alexéi Stajanov, minero del carbón en el Donetsk soviético, hoy ucraniano. En 1935, a los 28 años de edad, arrancó 102 toneladas de carbón en 6 horas, multiplicando así por 14 la media de extracción de sus compañeros.

Fue seguramente un “récord” preparado a conciencia, en las mejores condiciones posibles de trabajo, con una veta de mineral magnífica, con un apoyo excepcional de todo el equipo humano que rodeaba al picador. Da igual, la URSS necesitaba una hazaña grandiosa para elevar la moral de trabajo, y tanto da para el caso multiplicar la productividad por siete que por catorce.

Stajanov fue proclamado “héroe del trabajo socialista por su contribución al progreso del país”. Dirigió varias minas después de eso, y fue cooptado al Soviet Supremo. Enfermó de esclerosis múltiple y falleció de esa enfermedad. Su viuda Violetta declaró años después que siempre había sentido respeto por él, pero no le amó.

En el mundo socialista y en las socialdemocracias avanzadas de los países de Europa occidental, el modo de pensar del industrialismo fue el mismo: la producción primero, la vida después. Las mujeres, portadoras de vida nueva por un lado y por otro incapaces de esfuerzos musculares sostenidos a la altura de los de los varones, quedaron marginadas del mundo de la mina, la acería, el taller metalmecánico, químico o textil, donde se agrupaba la aristocracia obrera masculina que era el modelo último y acabado para la protección dispensada por la negociación colectiva. Las mujeres, en casa, y todo lo que no se ajustaba a aquel núcleo central del trabajo subordinado, habían de conformarse con unos derechos menos completos en virtud de unas normas legales más aleatorias.

Hoy todo ha cambiado. No existe ya propiamente una nomenklatura de fábrica, y los consejos de administración lo fían todo a la inteligencia artificial de los algoritmos. Los trabajos no exigen una gran fuerza muscular, y las mujeres se han incorporado sin reservas (sin ser “ejército de reserva”) al mundo de la producción.

¿Por qué, entonces, siguen vigentes la división drástica entre emprendedores y trabajadores subalternos, las diferencias salariales astronómicas, la imposición de condiciones despóticas donde debería reinar la flexibilidad, el trabajo “a disposición” más allá de las jornadas máximas de trabajo marcadas por las leyes?

Ahora tocará a los representantes de las partes sociales normar el teletrabajo. Es un tema de importancia morrocotuda, y mucho dependerá de que la parte patronal no se obstine en mantener “su” monopolio en la organización de ese trabajo tan fluido y personal; y de que los sindicatos no acudan a la mesa con la idea de aceptar formalmente las propuestas de la otra parte y exigir en todo caso contrapartidas materiales. Lo cual reforzaría la desigualdad original, también en el modo de organizar un trabajo novedoso y propicio al despliegue de la iniciativa personal.

Iniciativa personal. Algo opuesto a “inteligencia artificial”. Algo que los trabajadores asalariados con un nivel técnico adecuado poseen en un grado infinitamente superior a los patronos y sus accionistas. Algo que asusta siempre a los propietarios de las empresas, que como el Julio César de Shakespeare sospechan traiciones incesantes por parte de quienes, viviendo bajo su poder, se entretienen demasiado en pensar.

 

lunes, 8 de mayo de 2023

VIRTUDES DEL VOTO POPULAR PARA CORRUPTOS



Vista aérea del estanque del Retiro madrileño, un lugar alegre y confiado presidido por la estatua ecuestre de un rey de cuyo nombre no consigo acordarme.

 

Cuando llegan las elecciones, las derechas no se ocupan del programa sino de las listas. El programa es el de siempre, por muchas razones: la principal, que no hay intención de cumplirlo, es una mera declaración de buenos propósitos como las que se hacen con el cambio de año. Vox imprimió el mismo programa para todos los municipios en los que se presenta, de modo que en Madrid prometió limpiar la playa.

Son las listas, entonces, lo que importa. Para los puestos a salir se elige a los más necesitados, es decir a los imputados o en peligro inminente de imputación por corruptelas varias. Un puesto de representación democrática implica inmunidad cuando menos temporal. Laura Borràs pudo surfear con desparpajo la muy llamativa ola de sus responsabilidades hasta que llegó la sentencia firme.

La sentencia firme es un punto final, de acuerdo, pero hay muchas maneras de evitarla. Zaplana lo hizo con un certificado médico según el cual estaba a las puertas de la agonía. Ahí sigue, impertérrito. Otros/as gerifaltes de la derecha cuidan de que “sus” fiscales les eviten la imputación misma, y así resuelven el tema de plano. La Casa Real es modélica en ese aspecto, pero es que la inmunidad les viene ya de serie a sus miembros, las listas electorales ni son para ellos/as, ni se las espera.

Ayuso carece de sangre azul y reúne condiciones de imputada por los cuatro costados. Pero nadie la imputa. No hay pruebas suficientes, que dicen. Ya tal. De modo que concurrirá a las próximas elecciones con el ánimo alegre de esa derecha briosa eternamente dispuesta a hacer borrón y cuenta nueva para evitar la imputación judicial hasta la llegada de la prescripción, ese paraíso reservado solo a los corruptos más pudientes.

  

sábado, 6 de mayo de 2023

EL PERDÓN DE LOS PECADOS MEDIANTE EL PASO POR LAS URNAS. UNA VARIANTE GRIEGA

 


Salónica, vista desde un mirador de la ciudad alta (Ano Poli).

 

En una democracia perfecta, todos los ciudadanos son iguales, punto. La democracia perfecta, sin embargo, no existe. En una imperfecta, también todos los ciudadanos son iguales; pero unos son más iguales que otros.

Hasta aquí la teoría. Los casos prácticos abundan. Hoy les traigo una preciosa variante griega de igualdad de oportunidades en una composición democrática imperfecta. Su protagonista es Kostas Karamanlís, de la acreditada saga política de los Karamanlís de toda la vida, que fue hasta el pasado mes de marzo ministro de Transportes en el gobierno derechista de Mitsotakis.

Hubo a principios de año una interpelación en el Parlamento griego acerca de los repetidos fallos de seguridad en la línea ferroviaria Atenas-Salónica, y el ministro Kostas utilizó la voz de Zeus tonante para afirmar que los ferrocarriles helénicos son los más seguros del mundo.

Menos de un mes después, la noche del 28 de febrero de 2023, chocaron frontalmente en Tempe, a pocos kilómetros del nudo de comunicaciones de Larissa, dos convoyes que se fiaron de unas instrucciones dadas por teléfono móvil porque el sistema de señalización se había caído una vez más. Hubo 57 muertos. No cuento los heridos, los traumatizados, las familias de luto (muchos de los viajeros eran estudiantes jóvenes que volvían a sus casas a celebrar la Pascua), las pequeñas tragedias particulares que siempre acompañan un desastre de esa envergadura.

Hubo una oleada ciudadana de indignación: manifestaciones, interpelaciones, alborotos en la calle. Mitsotakis había echado la culpa al jefe de estación de Larissa, por un “error humano”. Pero era inocultable el hecho de que todo el sistema de prevención y de señalización había fallado, y fallado repetidamente.

En marzo, Kostas Karamanlís dimitió de su cargo de ministro de forma irrevocable: “Yo asumo todos los fallos”, dijo. Recibió incluso elogios: “¡Menos mal que hay uno que dimite!” No se le abrió expediente por las deficiencias graves nunca reparadas, ni por las omisiones repetidas en la gestión de la línea férrea más importante del país. Quedó, podríamos decir, en el limbo de los justos, y a disposición de la superioridad.

Eso ocurrió en marzo. En mayo aparece la noticia de que Karamanlís estará en las listas de su partido para las inminentes elecciones generales, en un puesto destacado. Más aún, él no ha ocultado que su aspiración es ocupar en el próximo gabinete el puesto de Ministro de Transportes. De conseguirlo en un sistema de listas cerradas de partido, las urnas le darán la absolución completa por los 57 muertos y el resto de sus pecados, y así podrá seguir desempeñando un papel indispensable y de primer orden en el funcionamiento de la siempre admirable (aunque imperfecta) democracia griega.

 

lunes, 1 de mayo de 2023

DE BENJAMIN A MACHADO

 


En Port-Bou, un pequeño rincón abrigado por montes y a la orilla del mar, sobre el que recayó durante unos años la terrible condición de ser un finis terrae. (Foto cedida por Juan López Lafuente).

 

Me sedujo el itinerario espiritual de la excursión propuesta por “La Retirada”: empezaba en Port-Bou por el monumento a Walter Benjamin –que yo no conocía–, y finalizaba con la visita a la tumba de Machado en Colliure, muchas veces repetida por mí en ocasiones distintas y siempre con la congoja a cuestas del aquel mar tan azul y aquel sol de la infancia.

Estas cosas, sin embargo, ya van resultando ímprobas para mi edad y mi artrosis de cadera. La fatiga fue una dura acompañante más del viaje, y la asumí como una rememoración certera, de primera mano, de todo lo que debió de suponer aquel éxodo larguísimo.

Un éxodo por la supervivencia en tiempos bárbaros; en busca de una luz de esperanza débil y lejana.

Antonio Machado llegó desde el sur, Walter Benjamin desde el norte, y los dos encontraron en el mismo rincón del mundo, entre fronteras cerradas a cal y canto, a muy pocos kilómetros de distancia el uno del otro, la misma imposibilidad, el mismo túnel negro y cerrado como una tumba lineal que se proyecta por una pendiente en fuerte descenso, de caída casi a plomo. Arriba, el sol en el cielo resumido en un cuadrado irregular. Abajo, el agua azul jugueteando con la arena. En medio, una tiniebla espesa.

Así es el monumento a Benjamin, y así hubieron de entreverlo en aquel instante de angustia desbordada los dos grandes pensadores nuestros, nuestro poeta y nuestro filósofo de cabecera.

Hoy no estamos en la situación terrible en que se encontraron ellos. Nada de “retirada” en este Primero de Mayo, sino ofensiva, por mejoras de salario y de condiciones de trabajo, por derechos sociales, por una vida decente en todos sus parámetros.

Pero el Primero de Mayo es también una fecha para el recuerdo de todo lo que nos ha hecho posibles, y en especial para el recuerdo de tantas personas que siguen inamovibles a nuestro lado aunque en el largo camino quedaran irremediablemente atrás.

 

jueves, 27 de abril de 2023

TRABAJADORES Y CIUDADANOS

 


Hubo un tiempo en que el Estado se ocupaba de todo lo correspondiente a la condición social de las personas a su cargo. Fue la característica principal de la etapa que, en países próximos al nuestro tanto desde el punto de vista geográfico como cultural, se dio en llamar los “treinta años gloriosos”. Usted, señora o caballero, no tenía que preocuparse de nada, solo había de echar una firma. Para todo lo demás, podía contar con la diligente Administración del Estado, que rellenaba los estadillos y colocaba sellos en las casillas correspondientes: sanidad, enseñanza, vivienda, crédito, consumo, etc.

El Estado-nación dejó por unos años de ser el Leviatán monstruoso descrito por Hobbes, y los ciudadanos de cada país pasaron a constituir su nutrida y selecta nómina de clientes privilegiados. Todo estaba previsto, en aquel contexto.

Tal cosa no nos ocurrió a los españoles, porque durante los “treinta gloriosos” disfrutamos de los beneficios incuestionables (literalmente) de una “democracia orgánica” que se predicaba a sí misma como avanzada en una generación a las partitocracias europeas. Hubo un remedo de montaje de un Estado precario-social, con sindicatos verticales, frentes de juventudes y montañas nevadas, pero todos mirábamos con envidia lo que ocurría más allá de los Pirineos, y algo hicimos en el sentido de cambiar las cosas tal como nos las ofrecían.

Con la Transición, fuimos llegando poco a poco al estado del bienestar, si bien tarde y por etapas. Algo se quedó adherido, sin embargo, desde entonces a nuestra fibra, porque adquirimos con rapidez la costumbre de comportarnos como clientes de una democracia dispuesta a portarse con generosidad inaudita en relación con la ciudadanía.

Ahí ha estado posiblemente nuestro error. Apenas llegados a la democracia normal (“partitocrática”), caímos de cuatro patas en un malentendido. Se nos hizo ver que el sector privado podía ser tan generoso con nosotros como el sector público, con mayor eficacia en los resultados y menos esfuerzo en la exigencia de impuestos.

Era lo mismo que se predicaba en las latitudes por las que habíamos sentido admiración incondicional, el ancho campo de las socialdemocracias europeas de primer nivel. Se nos animó a “clientelizarnos” en lo privado, y a cultivar un gusto exigente por el endeudamiento y la hipoteca. Así lo enunciaron ministros que predicaban con el ejemplo, como Felipe González, José Bono o Carlos Solchaga (“En este país, quien no se hace rico es porque no quiere”, ¿recuerdan?). Y todo resultaba más fácil gracias a la cercanía espiritual y el asesoramiento prudente de la banca recién privatizada, qué haríamos sin ella.

Ahora que aquel sentimiento universalmente amistoso ha virado hacia una interfaz hostil, quizás es el momento de reconsiderar las relaciones entre lo público y lo privado, de reconquistar derechos que creíamos tener y resultaron humo, y de exigir que la condición de ciudadanos recupere su antigua capacidad para conformar de forma eficaz nuestra vida decente de todos los días.

Quizá, para eso, debamos dejar caer la etiqueta de “cliente” que figura en nuestro carné de identidad virtual, esgrimir con energía nuestros derechos erga omnes, no quedarnos –quienes tenemos ya una cierta edad– encogidos en la cocina de casa esperando el hervor del puchero puesto al fuego, y sumarnos al revuelo que crece en las calles y en las plazas.

Me viene de la Federación de Pensionistas de mi sindicato la constatación de que son muchas las personas que, cuando se jubilan, deciden suprimir el gasto de su cuota sindical porque consideran que la afiliación ya no les representa una utilidad.

No es así. Pagando cuota o sin pagarla, el sindicato se extiende más allá de las puertas de las fábricas, los talleres, las oficinas y demás lugares de trabajo o de teletrabajo subordinado o autónomo, fijo o precario, becado o en negro, incluso trabajo gratuito. Y el sindicato ya no solo reivindica el salario y las condiciones contratadas privadamente con un patrón, sino la firmeza de los derechos públicos constitucionales que nos corresponden por nuestra pertenencia a una colectividad común que llamamos ciudadanía. La ciudadanía es la clase, también.

Conviene tenerlo muy en cuenta este Primero de Mayo.

 

domingo, 23 de abril de 2023

PONGA UN DRAGÓN EN SU VIDA

 


He expresado alguna vez en estos escritos informales la idea de que en la pareja de hecho San Jorge – Dragón, el elemento importante era el Dragón. San Jorge simplemente pasaba por allí, y está acreditado para la leyenda áurea únicamente por su lanzada, que fue, eso sí, memorable.

Lo demás es filfa, si se analiza con atención. Había una princesa rubia y remilgada, condenada a ser pasto de dragón, pero de ella no queda recuerdo más que como víctima designada. Había unos reyes, los papás de la chica, pero solo alguien como Jorge Luis Borges, que se llamaba Jorge y tenía algo de Dragón, sabría deletrear correctamente sus nombres y sus genealogías. Todo ocurrió además en Capadocia, que es algo así como el Orbis Tertius, un lugar perdido sin remedio en un mapa antiguo.

La sustancia real del cuento está en el Dragón. Miradlo, se presentó en la lid tan pincho a pesar de que sabía que se enfrentaba con su matador histórico, y exhibió su mejor perfil ante las cámaras de los numerosos paparazzi en el momento de recibir el hierro, zas, en toda la boca. Fue una actuación impecable, de no ser por él nadie se hubiera fijado en San Jorge, y hoy la fama del alanceador habría quedado emborronada por los negocios dudosos que emprendió años después al socaire de la inmunidad constitucional que le daba su royal wedding con la princesa rubia y remilgada.

Así hemos llegado a una situación en la que la estirpe de los Dragones se ha extinguido por culpa del acoso y derribo ilegal al que se dedicaron numerosos Jorges con ánimo despiadado de lucro. La biodiversidad se resiente. En Doñana, sin ir más lejos, nos habría hecho falta ahora mismo un buen Dragón para imponer respeto a ese frenesí fresero que tanto daño hace a los acuíferos. Los Dragones siempre fueron protectores del entorno natural, de los bosques y de las aguas corrientes. Qué va a ser de nosotros, ahora que ya no podemos poner un Dragón de confianza en nuestra vida.

 


Vittore Carpaccio, ‘San Jorge y el Dragón’, pintura mural en San Giorgio degli Schiavoni, Venecia. Arriba, el Dragón (detalle)

 

lunes, 17 de abril de 2023

"HIJOS DE LA LIBERTAD"

 


Umberto Romagnoli, Bolonia 1935 – 2022.

 

Los dinosaurios desaparecieron de la faz de una Tierra que ya no les ofrecía condiciones aceptables como hábitat. Es lo que nos dicen los científicos. Ayer he tenido una intuición abrumadora del motivo de la extinción de los partidos políticos de masas, esos otros dinosaurios, y el porqué no retornarán ya a la actualidad. Me ha sucedido leyendo un ramillete de ensayos del jurista boloñés Umberto Romagnoli, editados por dos profesores laboralistas de prestigio, Joaquín Aparicio y Antonio Baylos (“Trabajo y ciudadanía: límites a los poderes privados y derecho del trabajo”, Ed. Bomarzo, Albacete 2023).

Habla Romagnoli de una mutación antropológica en curso. Los hombres (se entiende que también las mujeres, no puntualizo por no hacerme prolijo) ya sufrieron una primera mutación de ese orden en el siglo XX, con la implantación del modo de producción fordista. Escribe Romagnoli (p. 40): «El siglo XX ha sido el siglo durante el cual, como escribía Antonio Gramsci, se ha realizado el mayor esfuerzo colectivo para crear, con rapidez inaudita, “con una consciencia del fin nunca vista en la historia” y casi brutalmente “un nuevo tipo de trabajador y de hombre”. Como hoy dice Marco Revelli, el siglo XX ha sido el siglo del homo faber… La vida laboral se desarrollaba durante la jornada, todos los días de la semana en todos los meses laborables del año hasta la jubilación.»

El mundo fordista está hoy en el desguace, arrumbado por una nueva, fantástica mutación, que Ulrick Beck ha llamado la de los “hijos de la libertad”. «Más ricos en cultura y más acomodados que sus padres y abuelos, pero también por ello más exigentes, quieren ser no tanto libres para y por tanto tutelados, sino libres de, y por tanto capaces de disponer de sí mismos y de sus propios intereses, haciendo salir a superficie, con la violencia de una pelota de goma que se escapa a quien la mantenía debajo del agua, la exigencia de rediseñar en el sistema jurídico … la imagen del individuo, con sus instancias de autodeterminación frente a cualquier poder, incluso si es protector y benéfico.» (p. 176).

Es un tema capital, que ya tocó con agudeza el sindicalista y sociólogo Bruno Trentin, al insistir en la igualdad de oportunidades en contra de la uniformidad de los resultados (La libertà viene prima), y que desaconseja el encuadramiento y la disciplina como elementos persuasorios de una humanidad ya no resignada a la subalternidad y a las promesas de redenciones futuras, sino deseosa de abrirse camino por sí misma, sustituyendo la antigua fe (en lo que fuera) por la voluntad.

Todo eso dibujaría como sujetos políticos colectivos unos artefactos muy distintos al clásico partido de “quien se mueve no sale en la foto”, basados en el consenso amplio y el respeto mutuo, sin privilegios para nadie, porque nadie aguanta ya los privilegios ajenos en el día de hoy. Por ahí, intuyo, deben ir las nuevas formaciones que se están esbozando a partir de mucho escuchar y debatir, y una gran necesidad de concretar.

Lo planteo como hipótesis de trabajo, ahora que el tema parece candente.

  

domingo, 16 de abril de 2023

SOBERBIA DE SEÑORITOS

 


Estado actual de la laguna de Santa Olalla, en el Parque Nacional de Doñana (fuente, RTVE.es)

 

Voi altri signoroni

Che avete tanto orgoglio,

Abbassate la superbia…

 

De “soberbia de señorito” ha calificado la vicepresidenta tercera del Gobierno Teresa Ribera la extraña movida del presidente de la Junta andaluza, Juanma Moreno Bonilla, en torno a Doñana. Ha dispuesto el baranda libre acceso a los pozos y lo ha hecho disparando con “pólvora del rey”, tropo con el que se indica que ni invierte nada del presupuesto juntero en medidas de previsión y de defensa del parque maltrecho por la sequía y los riegos clandestinos, ni va a pagar las multas previsibles de la Unión Europea por el esquilmo de un espacio natural protegido en el más alto nivel, el de patrimonio mundial.

Bonilla legisla de boquilla sobre un desaguisado ecológico monumental que, eso sí, es todo menos reciente. Se condena a un espacio privilegiado de la biosfera a la destrucción irreparable, a cambio de la seudo protección inútil a “cien familias” de la industria frutícola a las que se permite acceder sin restricciones a unos acuíferos agotados. Una situación kafkiana que podría ser un ejemplo de libro sobre la forma de ejercer la antipolítica.

Señoritos y tiranuelos dispuestos a dejar bien sentado que en el patio de vuestra casa mandáis vosotros, por más que ese patio lleve sin barrer la tira de años, y no hayáis previsto una partida del presupuesto institucional siquiera para una escoba: “Abbassate la superbia e aprite il portafoglio”.

 

viernes, 14 de abril de 2023

DESDE TODOS LOS ÁCIMUTS

 


Ayax retorna a las líneas argivas cargado con el cadáver de Aquiles para evitar su profanación. Detalle del llamado “Vaso François”, pintado por Clitias hacia el 580 aC.

 

La guerra de Troya, ese fogonazo inicial de la modernidad, marcó el punto crucial en el que cada “polis” dejó de ser autosuficiente en su línea política, y se empezaron a establecer alianzas estratégicas con el fin de conseguir una superioridad numérica efectiva frente a fuerzas rivales que, por su parte, se estaban valiendo de la misma política de acuerdos entre sus propios aliados.

Las fuerzas argivas no lo tuvieron fácil. Homero achaca el problema a querellas en el Olimpo entre las divinidades, Se impusieron a los aliados ordalías tan fuertes como el sacrificio de Ifigenia, hija de Agamenón y Clitemnestra, los reyes de Argos, porque de otro modo no había esperanza de que un viento favorable empujara la flota aliada hacia la Tróade. La cosa pudo arreglarse por la intervención de Artemis a última hora, pero la guerra se prolongó durante diez años de matanzas con la pérdida de toda una generación, incluido en ella el guerrero más dotado, Aquiles de los pies ligeros, al que una flecha envenenada atravesó el tendón, única parte vulnerable de su anatomía.

Alguna enseñanza deberíamos extraer nosotros, fieles seguidores en todo de la modernidad, de aquellos polvos, para que no se nos conviertan en lodos indeseados en el riguroso presente.

Solo la mayor cohesión en las filas de los aliados, solo el aporte combinado de toda la fuerza preparada para asaltar las altas murallas de la ciudad hostil, solo la concertación de un mando único – aunque plural y democráticamente abierto a las opiniones – de las operaciones, solo la solidaridad más estrecha entre los combatientes, su mutua protección, el apoyo inmediato prestado a los que resultan heridos, puede asegurar el éxito final de la empresa.

Está todo escrito desde hace siglos, y las reglas no han cambiado, por lo menos en esto. Episodios como el lawfare, la deslocalización de empresas privadas costeadas y sostenidas con dineros públicos, el despiste voluntario de los tribunales ante las obligaciones que les marca la ley suprema del Estado, y otras cuchufletas aún que estamos viendo a diario por parte de los partidarios del Rey Palomo yo me lo guiso yo me lo como, solo podrán ser contrarrestadas con la unidad, la solidaridad y la cooperación de todos los actores políticos determinados a respetar y hacer respetar los derechos, la igualdad de las personas y los territorios, y el común acatamiento a las leyes, que deben gobernarnos absolutamente a todos, desde todos los acimuts.

 

viernes, 7 de abril de 2023

LA SONRISA DEL ÁNGEL

 


“Ángel sonriente” de la fachada de la catedral de Reims.

 

Durante muchos siglos, escribe André Malraux en “El museo imaginario”, los artistas no sospecharon que estaban haciendo arte. De hecho, ni siquiera habrían sabido definir el arte, que es un concepto tan moderno como dudoso y, atendidos los precios de las transacciones dinerarias que implica, sobrevalorado sin la menor duda.

Fue la creación de los museos, al almacenar y catalogar unas cuantas obras a las que atribuían un valor especial, y colocarlas unas junto a otras cuando en realidad habían estado separadas por miles de kilómetros y siglos de distancia, la que propició esa decantación especial (cristalización, la habría llamado Stendhal) a la que desde entonces, por convención, llamamos Arte e Historia del Arte.

Figuras como la que vemos arriba fueron esculpidas para adornar las fachadas de templos elevados como imago mundi a la mayor gloria de Dios. Eran el portal adecuado para acceder al recinto de los misterios. No eran bellas ni feas, no estaban pensadas para ser vistas sino para marcar con cierta solemnidad un ritual de paso.

Algunas tuvieron un destino aciago. La portada de Notre-Dame de París estaba revestida de figuras de santos y de profetas. En el siglo XIX, cuando la catedral fue restaurada por Viollet-le-Duc, existía ya un cierto concepto ideal de belleza absoluta al que no se ajustaban las figuras instaladas en los pilares y las arquivoltas. Hubo una carta pública de personalidades exigiendo la remoción de aquellos esperpentos. El primer firmante era el poeta de lo sublime, Charles Baudelaire. Las estatuas fueron arrancadas de su lugar y destruidas. A cambio se añadió en el crucero una fina aguja gótica de la que un incendio casual se ha tomado recientemente venganza cumplida.

Esa destrucción sistemática anterior a las voladuras de los talibanes no ocurrió en todas partes, por fortuna, y las figuras esculpidas en los siglos oscuros fueron entrando también, poco a poco, en el canon ampliado de la belleza reconocida.

En ciertos casos, como el del ángel de la catedral de Reims que encabeza estas líneas, se produjo una metamorfosis de otro orden.

El ángel está colocado a una altura considerable, de modo que mientras las leyes físicas mantuvieron su imperio despótico, fue percibido en tanto que bulto, pero no en detalle. La invención de la fotografía lo acercó hasta las narices mismas del espectador, y entonces la humanidad pudo ver que el ángel sonreía. Su sonrisa, oh maravilla, era idéntica a la de ciertas korés arcaicas helénicas, lo que no solo abría de par en par las puertas del canon artístico a la figura del ángel, sino que la dotaba de un pedigrí formidable en términos de antigüedad y nobleza.

Esa metamorfosis, concluye Malraux, es la esencia del arte visto desde la perspectiva de una mirada moderna. Se trataría (esto es una coletilla mía, por la que pido disculpas) de un significante capaz de ofrecer significados distintos según las épocas y los estadios culturales por los que avanza la humanidad. Aquí lo dejo.  


sábado, 1 de abril de 2023

LAS SIETE DISLOCACIONES CAPITALES

 


Kevin Lee, “La invisibilidad de la pobreza”

 

Quizás no sea del todo superfluo precisar cuál es la temática real de mi libro “Un mundo dislocado” (Ed. Bomarzo 2022, presentación de José Luis López Bulla y Javier Tébar Hurtado). Lo califiqué de “libro-herramienta” y entiendo que esa es su virtud, tal vez la única. Quise pintar un paisaje, y lo encuentro descrito en una reseña como un autorretrato. Creo que no es así, prácticamente no hablo de mí mismo en sus páginas: solo de estructuras caedizas, de cambios de escenario y de rumbo, de tareas pendientes que conviene afrontar desde el optimismo de la voluntad y, ¿por qué no?, también desde el optimismo de la inteligencia. Dicho con palabras de la poeta Gloria Fuertes, que cité de forma expresa en una entrada reciente de mi blog (*), «Todo el pasado se quiere apoderar de mí, / y yo me quiero apoderar del futuro. / Me dislocan la cabeza para que mire atrás, / y yo quiero mirar adelante.»

Desde esta precisa visión panorámica avanzada, hago a continuación un listado de hasta siete dislocaciones que ocurren en el mundo actual, a lo largo del proceso habitual de producción de bienes y servicios o de extracción de rentas. Tales operaciones se realizan, de otro lado, contando con nuestra participación privilegiada, porque es ilusorio pensar que solo lo otros son “malvaos”, y nosotros los trabajadores de a pie no tenemos la culpa de nada, somos “mandaos” que cumplen sin rechistar con la faena y conservan el alma y las entretelas abiertas a verdades salutíferas que se sitúan más allá de este mundo.

Estos son pues las 7 dislocaciones, o forzamientos, o pecados capitales del mundo actual. Se podrían añadir más, claro está, pero de momento son más que suficientes.

 

– Dislocaciones respecto de los trabajadores y las trabajadoras:

1.             Cosificación. Se mantiene una insistencia perversa en privar a la fuerza de trabajo de cualidades distintivas (de “atributos”, diría Robert Musil), y en considerar su prestación personal como algo abstracto y sin límites impuestos por la naturaleza, la tasa de reproducción o el sentido común.

2.             Jerarquía de género. Frente a la igualdad que se predica y se reclama, se mantienen casi intactas las diferencias de remuneración y de trato por el mismo trabajo según el género de quien lo realiza. Sin razón ni argumentación.


– Respecto del entramado productivo:

3.             Oscurecimiento legal. La empresa ha dejado de ser un sujeto económico físico, radicado en un lugar determinado respecto del cual tiene especificadas unas obligaciones taxativas. Estamos en el reino de Jauja de la deslocalización, externalización, evasión de capitales, trato fiscal privilegiado, etc. 

4.             Sustitución del objetivo del crecimiento de la riqueza pública por el del beneficio privado. Lo cual es una perversión capital de todo el pensamiento económico generado desde, por lo menos, la aparición de los neandertales. En este apartado se incluye la financiarización de la economía, que consiste en criar dinero no invirtiéndolo, sino simplemente moviéndolo.


– Respecto de los sujetos políticos de la izquierda institucionalizada:

5.             Multiplicación de los “Príncipes modernos”. Fragmentación, diseminación y marcaje del territorio por parte de innumerables líderes y lideresas que se consideran a sí mismos los herederos legítimos de las grandes tradiciones de antaño y reclaman la atención y el respeto debidos a su carisma particular.

6.             Perdidos en el laberinto de lo concreto. Determinadas concepciones de cariz populista parten de la idea de que una multiplicación ilimitada de las demandas sociales podría ser utilizada como “banderín de enganche transversal” para implicar políticamente hasta al 90% del electorado por lo menos, y que esa posibilidad seguiría siendo efectiva incluso a pesar de que hubiese conducido a fracasos y decepciones sonados.


– Respecto de los sindicatos:

7.             Inadecuación de la uniformidad como principio organizador. La exigencia debe ser coordinar la diversidad, y prestar una atención directa a las cualidades de las personas y no simplemente a su nivel profesional. Se deben corregir también los mecanismos de representación, dado que estamos en un contexto mucho más fluido.  

El gran salto. 

(*) Ver http://vamosapuntoycontrapunto.blogspot.com/2022/11/dislocaciones.html

 

viernes, 31 de marzo de 2023

LA FUGITIVA

 


“Muchacha que huye”, pieza del frontal de un templo, hallada en Elefsina (Ática, Grecia).

 

Elle est partie comme ça, / sans un geste sans un mot

Voir un film de Charlot / au ciné de l’Olympia

Il y a treinte ans dèjà / nous la recherchons partout

Mon Hispano et moi / en criant comme des fous…

J. BREL, ‘Titine’

Podría tratarse de un "remake" del romance de Marcel con Albertine, con un final distinto. Gritando como locos, el Grand Jacques y su Hispano-Suiza buscaban por todas partes a Titine, el amor que les había abandonado así, por las buenas, sin un gesto ni una palabra, dejando a amante y automóvil empantanados en su adoración inútil.

Ellos sí la encontraron por fin, treinta años después nada menos, par hasard, por casualidad, sirviendo bebidas detrás de una vitrina de la Gare Saint- Lazare.

Fue un momento emocionante, ruidoso, exultante de ¡hurras!, y de codazos cómplices a los copains. Pero cuando él le hizo la pregunta importante, “Est-ce que tu m’aimes encor?”, ella volvió a desaparecer, sin un gesto ni una palabra.

A Titine, su prolijo macho alfa le traía sin cuidado. Nunca nadie se lo preguntó a Albertine, pero también se fue del lado de Marcel.

Es posible que las mujeres no nos amen a los varones por nosotros mismos, sino a pesar de nosotros mismos.

En fin, así funcionan las cosas por lo general. Lo normal es que los varones tengamos más suerte con las mujeres de la que nos merecemos.

Mejor tomarlo con calma, y no presumir dando vozarrones. Titine podría desaparecer en el momento siguiente.

 

miércoles, 29 de marzo de 2023

AQUEL MOSCÚ

 


La carta misma. Letruja de mosca para aprovechar al máximo la cuartilla de papel en blanco sin encarecer el franqueo.

 

Entre las páginas amarillas de un archivador, Carmen ha encontrado una carta que le escribí desde Moscú, en la única ocasión en que yo he estado en esa ciudad. Formé parte entonces de una delegación del PCE formada además por Paco Palero, Felipe Alcaraz en representación de Andalucía, y yo mismo por el PSUC. Simón Sánchez Montero era nuestro jefe de delegación y portavoz. Se trataba de una composición de segundo nivel, sin secretarios generales, y no fuimos recibidos por Mijaíl Gorbachov, sino por cargos menos prominentes de la nomenklatura.

Escribí la carta con muchísima cautela, pensando que posiblemente sería revisada en alguna oficina antes de expedirla. Al día siguiente nuestro intérprete (ucraniano, por cierto) me informó de que, si franqueaba y enviaba esa carta por el correo oficial, llegaría a España varios días después que nosotros mismos. Guardé entonces mi carta en la maleta, y la entregué a Carmen en propia mano. La reproduzco aquí como testimonio, muy desvaído, de un tiempo, un país y unas relaciones internacionales que ya han desaparecido. Los puntos suspensivos que aparecen hacia el final indican la omisión de ternezas de carácter íntimo y que de todas formas serían de interpretación difícil, porque Carmen y yo jugábamos a los lenguajes cifrados en nuestra correspondencia sentimental.

Sin más preámbulo, esta es la carta:


Moscú 22.2.87

                    Princesa, no sé por dónde empezar, ni siquiera tengo claro si podré mandarte mañana esta carta.

Hago vida de VIP, alojado en el hotel del Partido, que ves pasablemente dibujado aquí a la izquierda. Estamos alojados en el piso 12 (sobre un total de 15). Mi habitación da a la parte de atrás. Frente a mí, un parque nevado desciende hasta la orilla del Moscova. Al otro lado, muelles, grúas, chimeneas. A la derecha hay un gran puente, y más allá se vislumbra una torre coronada por una estrella que viene a situar la posición de la Plaza Roja, aunque desde aquí no se ve el Kremlin.

Desayunamos, comemos y cenamos en el hotel, comida buena aunque no típica, sino un tanto internacional aunque con concesiones a lo autóctono, por ejemplo en una sopa de verduras con crema de leche y un huevo, que he pedido esta mañana en lugar del consomé que han tomado los otros. No bebemos alcohol, porque Gorbachov está llevando adelante una seria campaña contra el alcoholismo: hay agua mineral, zumos de frutas, limonada, té y café.

Esta mañana hemos ido a poner flores en la tumba de Lenin, ceremonia impresionante que comienza a las once y para la que hay cola de gente todos los días desde cinco horas antes, aunque nieve y haga un frío de cuarenta bajo cero (cosa que no ocurre por el momento). Nosotros hemos llegado en coches del Partido y nos hemos situado por delante de toda la cola. Se entra en el mausoleo de dos en dos, porte erguido, brazos cayendo naturalmente a lo largo del cuerpo (Simón ha metido una mano en el bolsillo del abrigo y un guardia le ha indicado que la sacara). Así se da la vuelta alrededor de la momia de Lenin, brillantemente iluminada, casi viva, inmortal. Detrás, alineadas junto a la muralla, están las tumbas de otros líderes de la Revolución y del Estado soviético, incluido Stalin. También he visto de pasada los nombres de Kamenev, Grechko, Suslov. Otros no los identificaba bien, en ese alfabeto en el que mi apellido se escribe POΔPΉΓΕC’. Después nos han llevado al “otro” cementerio, situado en un recinto con iglesias de los siglos XVI-XVII estilo barroco ruso, y llamado monasterio Novodérichi, según he podido leer en una guía. También subimos hasta la Universidad y vimos el estadio “Lenin”.

    Por la tarde, después del “rudo trabajo” de tener una entrevista para la radio, retribuida con 30 rublos por persona y 45 para Simón como jefe del grupo, hemos tenido una sesión de estudio de la propuesta de comunicado conjunto que firmaremos mañana, y hemos salido disparados en coche oficial para el Bolshoi, donde hemos visto reunida a la flor y la nata de la sociedad oficial, más Marcelino y Leónidas Montero, y el ballet “Espartaco”, recio canto épico a la lucha por la libertad, con buenas escenas de batalla y de amor y mucho movimiento de masas, pero del que me ha seducido sobre todo una escena de bacanal y una espléndida bailarina llamada Nadiezhda Pávlova, que hacía de la mala.

    La mayor parte de las cosas te las contaré al volver …

    Aún no he gastado un rublo, pasado mañana está previsto que vayamos de compras.

    Voy aún sin gorro. Pero no hace mucho frío: 2, 4 grados bajo cero. Dicen que mañana bajará mucho el termómetro …



Las dos delegaciones al completo, como ilustración de unas notas a pie de página escritas por mí mismo para “Treball” (26 març al 2 d’abril de 1987). Yo, para mi vergüenza, aparezco en la extrema derecha, con jersey cuello de cisne.

 

lunes, 27 de marzo de 2023

SOLO PARA TUS OJOS

 


Koré de Euthydikós, desenterrada cerca del Partenón en 1882. Datada hacia 480 aC. Museo de la Acrópolis, Atenas.

 

Dedicado a Albertina, después de una conversación.

 

Quedé sorprendido cuando, después de haber publicado en Facebook una foto mía delante del portal románico de mármol rosa de Vilafranca de Conflent, un amigo de los de largo recorrido me comentó con sorna: «Muy de misa te veo».

No habíamos podido entrar en el templo, etapa del Camino “francés” de Santiago (en su origen no era francés sino catalán, del Rosellón que formaba parte de la Corona de Aragón). Lo habríamos hecho de estar abierto el portal, pero no por un impulso religioso, sino meramente estético. Este equívoco es una constante en la Historia del Arte: el artista crea su obra con una intención, y el aficionado de pocos o muchos siglos después la ve desde unos parámetros absolutamente distintos, en ocasiones aberrantes. (Ahora mismo en Florida han despedido a una maestra que mostró a sus discípulos la figura del David de Miguel Ángel así tal cual, sin siquiera vestirla con unos calzoncillos.)

Nuestra forma de apreciar el arte es por lo general ahistórica, despegada de las circunstancias que le dieron origen. Esa mirada “limpia de polvo y paja” tiene la ventaja de permitir la asociación libre de ideas y la comparación objetiva inesperada, no lastrada por prejuicios “de época” aunque a veces lleve las anteojeras de los prejuicios de la época actual (se editarán de nuevo las novelas de Agatha Christie para darles una capa de pintura “políticamente correcta”).

Desde esa mirada no comprometida con la Historia, les propongo –solo para sus ojos– un pequeño recorrido en torno a la belleza melancólica de tres muchachas de épocas distintas. La primera y la segunda son griegas, del mismo siglo V aC, pero diferentes en su intención. La primera corresponde al llamado ”estilo severo”, el umbral del gran período clásico del arte helénico. Hasta que apareció ella, todas las Korés preclásicas sonreían. En cambio su mirada, no hostil pero sí de una gravedad austera, la individualizó desde su descubrimiento como “la Enfadada” (la Boudeuse).


Muchacha triste. Pintura sobre un lekythos de fondo blanco, atribuida al llamado Pintor de los Triglifos. Hacia 410 aC.


La segunda representa a una muchacha llorosa, sentada en los escalones que conducen a su tumba. Es una figura bellísima y lamentable, un reclamo patético de lo que pudo haber sido y no fue.


 

Georges Van Zevenberghen, ‘La planchadora’, 1907.

En la tercera, ni siquiera hay mirada; está de espaldas, volcada en un trabajo fatigoso y humilde. Y no es, a nuestros ojos, menos bella que las otras dos. Puede sin desdoro formar parte de la misma serie de muchachas adorables que nunca han recibido la parte que sin duda merecían de alegrías de este mundo.

 

sábado, 18 de marzo de 2023

LA VIE EN ROSE


Mármol rosa, granito y bronce. Delante de la puerta de la iglesia de Notre Dame des Escaliers, en el prieuré de Marcevol (Pirineos Orientales).

 

Hay viajes minuciosamente programados; el último que hemos hecho Carmen y yo fue, en cambio, minuciosamente improvisado.

Contamos con proyectos rutilantes para el próximo verano-otoño. Pero de momento casi no hemos salido aún del invierno, y nuestra intención fue solo celebrarnos a nosotros mismos cincuenta y tres años después de una boda en la que los dos estuvimos modestamente presentes. Solo pretendíamos una giornata particolare de reafirmación de valores frente a la algarabía de los fachendas. Hablaríamos catalán los dos en la intimidad.

Pensamos de inmediato en la Catalunya Nord, que ha sido a lo largo de los años un refugio al que acudir, un indicio cierto de que existía la posibilidad de que las cosas nos fuesen, colectivamente, mejor de como nos estaban yendo. El viaje se fue concretando poco a poco a partir de la recuperación de algunos pequeños proyectos anteriores que en su momento quedaron nonatos: quise regalarle a Carmen alguna vez un anillo de granates en Prades, pero el precio nos tiró atrás. Alguien nos dijo luego que en Villefranche de Conflent podríamos encontrar granates engastados en plata a mucho mejor precio.

Luego habíamos pasado por la carretera delante de Eus, encaramado a una loma, y nunca tuvimos tiempo de hacer una parada para visitarlo. También queríamos volver a Cuixà, algo que Dani Delgado y Carme Donat hacen prácticamente todos los años, pero que a nosotros nos atraía no por las ceremonias de la semana santa, sino por el recuerdo de aquel claustro poblado de columnas con capiteles prodigiosos y alzado sobre pavimentos de mármol rosa.

Y finalmente, en una esquinita del pedazo de papel en el que apuntábamos nuestras prioridades, escribí un nombre entre paréntesis y con interrogante: (Marcevol?). Ese es mi tema de hoy.

Volviendo a Eus, es un pueblo magnífico alzado sobre la Soulane, una amplia ladera orientada a mediodía que posee la mayor insolación (horas de sol al año) de Francia. Recorrimos las calles del pueblo en cuesta, trepamos por las escaleras y asomamos la nariz por las dependencias del antiguo castillo. También visitamos la iglesia, cuyo principal atractivo es el punto de vista, porque ha sido remodelada varias veces y con poca gracia.

Desde Eus parte hacia el nordeste una carretera estrecha y sinuosa que bordea varios barrancos salvados por puentes. Bosque de montaña cerrado. Después de pasar Arboussols, cabeza de la comuna, atisbamos recortado contra el cielo azul el muro-campanario del priorato de Marcevol, en una explanada en alto, rodeado de campos de cultivo que en tiempos fueron ricos, y con una vista digna de águilas hacia el valle del Tet y el macizo del Canigó, que se levanta justo enfrente.

El aspecto del edificio prioral con sus dependencias es bastante caótico, coronado por un muro-espadaña de cuatro huecos. A la fachada de la iglesia de Notre Dame des Escaliers le sigue sin solución de continuidad un conglomerado de dependencias en cuya puerta un cartel anuncia el “Accueil”, una cantina y un WC (todo cerrado a cal y canto, hicimos nuestros pipís al resguardo de árboles centenarios, en plena naturaleza).

El priorato fue fundado a principios del siglo XI y su comunidad monástica dependía del obispo de Elna. En 1128 el lugar fue comprado por la Orden del Santo Sepulcro, que reformó la iglesia y probablemente fue quien la hermoseó con un nuevo portal, adornado con una sola arquivolta dentada, y una elegante ventana colocada sobre el mismo, todo ello de mármol rosa. No sabría decir si el conjunto “vaut le détour”, vale la pena el rodeo, como habría podido señalar la guía Michelín, que se limita a la mención escueta del lugar, sin estrellas. En 1428 un terremoto afectó a la iglesia, de tres naves separadas por robustos arcos de medio punto. Para entonces el lugar estaba ya en franca decadencia, que siguió durante varios siglos más hasta que en el decenio de 1970 una asociación laica de restauradores aprontó capitales y trabajo para el mantenimiento de la iglesia y las dependencias monásticas.


En la fotografía, tomada en sombra, lástima, se puede apreciar el contraste entre el granito pardo y el mármol rosa de la puerta, el lujo inesperado de la pincelada de color y la forma noble en un edificio por lo demás algo destartalado. Los artistas italianos consiguieron magníficos efectos decorativos en su país con la utilización calculada de materiales diferentes y de colores contrastados en sus arquitecturas. Este podría ser un monumento precursor, un primer ensayo de las glorias de Florencia o de Siena. Quién sabe si los caballeros del Santo Sepulcro venían de Oriente acompañados por un maestro de obras italiano, y le encargaron que diera algo de majestad, un atisbo de belleza, al mínimo priorato perdido en unos prados altos del Pirineo catalán.



Vista de conjunto de la fachada del priorato de Marcevol.