viernes, 15 de febrero de 2019

AMOR A ESPAÑA


Oriol Junqueras (OJ en adelante) manifestó en el juicio de marras que no comprende de qué se le acusa, puesto que él es: a) buena persona, b) pacífico, c) cumplidor en lo religioso, y d) ama a España.

De inmediato han saltado los dos vocalistas de los Chunguitos, Pablo Casado (PC) y Alberto Rivera (AR), a decir que la declaración de amor a España de OJ es “cinismo en estado puro”.

No me duelen prendas: por más que no me caigan bien, en este caso particular doy la razón a PC y AR. OJ no está siendo juzgado en el Supremo por ser mejor o peor persona, ni por su talante pacífico de natural, o no, ni por sus creencias religiosas, ni por el grado mayor o menor de su amor a España. Si OJ quiere defenderse de los actos delictivos que se le imputan, es inexcusable que haga referencia a dichos actos, y los niegue si puede, que no puede. El resto son flors i violes i romaní, como decimos en este país. Excrecencias jocfloralescas, para que me entiendan.

Y en lo relativo a su amor a España, que no ha sido óbice para que negara el pan y la sal al proyecto de presupuestos magníficamente presentado y defendido por María Jesús Montero, convendremos todos en lo siguiente: a) OJ ama a España, ciertamente; b) OJ ama más aún a Catalunya, ciertamente también; c) OJ ama sobre todas las cosas a OJ, y por consiguiente, más que a España y más también que a Catalunya.

El amor invencible de OJ por OJ y su devenir inmediato es lo que explica la enmienda de ERC a la totalidad de los presupuestos y el voto parlamentario contrario a los mismos. Ni por un momento ha considerado OJ la posibilidad, apuntada sin embargo por todo un coro de voces, de separar las dos cuestiones: de un lado los presupuestos y de otro el juicio por rebelión, o bien sedición, o bien prevaricación, que cada  causa tiene sus defensores.

Dicho lo cual, es necesario añadir que tanto PC como AR, los dos críticos del cinismo de OJ, conocen suficientemente el paño: están midiendo el cinismo de un tercero a partir del rasero definido por el suyo propio.

El acendrado amor a España, de ambos minilíderes de la derecha a ultranza, es un amor a beneficio de inventario. Un amor, disculpen la expresión, mercenario.

“Me duele España”, dijo en una ocasión don Miguel de Unamuno. Podríamos discutir largo y tendido sobre si la frase es afortunada o no lo es; yo pienso que no, pero admitiría la prueba en contrario.

Ahora bien, la frase de Unamuno fue, casi seguro, espontánea y enteramente desinteresada. Dos cualidades que brillan por su ausencia cuando hablamos del amor a España de la bicefalia de la derechona. Lo que pretende ni más ni menos la declaración de amor a España de ambos, es sencillamente lo siguiente, apresuradamente simplificado: a) pillar cacho; b) pillar caché.


jueves, 14 de febrero de 2019

CUANDO LA POLÍTICA FORMA PARTE DEL PROBLEMA


Ander Gurrutxaga, catedrático de Sociología en la Universidad del País Vasco, se lo ha escrito a José Martí Gómez, y este nos lo cuenta en elpais: «En el caso catalán, la política se ha transformado en un problema más, algo que debe resolverse antes de caminar.»

Recuerdo un dicho ya algo vetusto, que nos llegó probablemente de la mano de aquellas “escuelas de negocios”, o más bien escuelas de autoayuda en los negocios, en los años del optimismo desmesurado sobre el crecimiento económico. Decía así: «Si no propones una solución, formas parte del problema.»

Es lo que sucede hasta un punto inimaginable para quienes nos observan a los catalanes desde fuera. Comenta Martí Gómez: «Es cierto que el Gobierno de España ha cometido errores en su política en Cataluña, pero de la pérdida de prestigio del Govern los únicos culpables son los que gobiernan desde la Generalitat.»

El prestigio del Govern está por los suelos. Cuenta Martí Gómez de un ex conseller de Jordi Pujol, que le ha comentado: «A Torra no le hace caso ni el Tato.» La foto del juicio en la que Torra saluda a los encausados desde el fondo de la sala, es en este sentido inequívocamente significativa.

La gestión del Govern ─empleo de forma muy laxa el término “gestión”; no está claro que se haya gestionado nada, ni tampoco lo contrario de nada─ ha sido ruinosa en todos los sentidos de la palabra. Si procedemos a simplificar el sentido último del vuelo errático del mareo de la perdiz, los dos objetivos prioritarios y trascendentes de la política en Cataluña en los últimos años han sido:

1) Conseguir un Estado propio, no importa de la forma que sea ni a quién ni qué derechos se atropellen en el camino, es decir en el procés.

2) Una vez implementado el punto 1), averiguar, si es posible, para qué c*** sirve un Estado propio, y conseguir el manual de instrucciones idóneo para su uso.

La política, en consecuencia, ha pasado, de ser una herramienta para solucionar los problemas, a configurarse como el problema número uno y más grande de todos.

Algún día se disipará la polvareda, y nos daremos cuenta de que en el trayecto hemos perdido a Don Beltrán. O dicho de otro modo, y mejor; o sea, como se lo ha dicho Ander Gurrutxaga a José Martí Gómez: «¿Cómo y quién gestionará la desilusión, con qué mimbres?»


miércoles, 13 de febrero de 2019

LA REALIDAD AVANZA A DOS VELOCIDADES


He aquí un motivo de reflexión serio. Lo enuncia José M. Abad Liñán en un trabajo extenso publicado en elpais bajo el título “España afronta la segunda oleada de despoblación”. Dice Abad: «La España que no está bañada por el mar, salvo Madrid, se ha dejado por el camino un cuarto de millón de habitantes desde enero de 2008 hasta enero de 2018.»

No se despueblan las pequeñas poblaciones; esas ya se despoblaron hace mucho, salvo tal vez esos lugares especiales que han entrado en la lista turística de los "pueblos más bonitos de España". Ahora se están despoblando las cabeceras comarcales y las capitales de provincia, quizá porque no son tan "bonitas". Allí la actividad económica es mortecina, la penuria crece, la protección social disminuye, la sanidad pública no alcanza debido al recorte de medios, y la privada no invierte por falta obvia de rentabilidad: poca gente, y envejecida. Los ferrocarriles se estropean, no hay presupuesto para reparar las carreteras descarnadas, cierran los comercios en las calles mayores, y en los bancos de las plazas al sol los supervivientes comentan entre ellos la existencia dudosa, en lejanos lugares míticos, de quimeras con nombres fantásticos que nadie ha visto nunca: Cabify, Uber, Airbnb, Amazon.

En la realidad superestructural, la que hoy mismo tiene como focos de atención prioritarios el Congreso de los Diputados y el Tribunal Supremo, la de las banderas desplegadas en los balcones y en las calles, la de los lazos amarillos y el “A por ellos”, el movimiento aparece acelerado, y los amores y los odios resaltan pintados en colores vivos. Cuánto amor a España, cuánto a Cataluña, cuánto odio recíproco, cuánto futuro invocado a golpe de tachunda.

En la realidad estructural hay desertización, cambio climático, migraciones interiores, despoblamiento, falta de oportunidades. Y las voces que resuenan en el presente hueco de tantas porciones tan amadas de nuestra tierra, son del siguiente tenor: «No hay alternativa», «Es el mercado», «Esto es lo que hay». «Ya puedes espabilar». Y los habitantes de la España interior espabilan: emigran a los centros turísticos costeros o a Madrid, rompeolas nostálgico de todas las Españas, para disputar a otros emigrantes venidos de fuera el privilegio de un curro precario en la barra de un bar o en el servicio de limpieza de un hotel. Guerra entre pobres.

Dos velocidades para una realidad. Las palabras vuelan, los líderes sostienen un día lo que al siguiente desmienten sin sentir por ello ninguna sensación de culpabilidad especial. Hoy el PP confirma oficialmente que había mentiras en el manifiesto que se leyó en la plaza de Colón, y al mismo tiempo abre una web para “mantener vivo el espíritu de Colón”. No ven en ello ninguna contradicción.

Mientras, los datos del censo demográfico, los del empleo, los de la distribución geográfica de la renta per cápita, las mediciones del agujero del ozono, siguen consolidándose de día en día, sin que nadie atienda a la realidad cruda que dibujan. Amor virtual a España en las bocas de todos;  y una España desnuda y olvidada detrás de la fanfarria montada para ocultar las úlceras profundas del presente.


martes, 12 de febrero de 2019

LAS COSTURAS TIRANTES DE LA DEMOCRACIA


Sergi Pàmies comenta en lavanguardia una entrevista a Lluís Llach en TV3. Esta es su síntesis sobre la misma: «La entrevista con Llach confirma la idea de que si eres independentista eres demócrata mientras que si defiendes la España constitucional y estatutaria eres un facha.» Conclusión genérica, universal y polivalente frente a la cual Pàmies apostilla: «A lomos de una superioridad moral típica de una cultura de izquierdas, excluye a demasiada gente para ser científicamente rigurosa.»

En esas estamos. La democracia entendida strictu sensu excluye cualquier prurito de superioridad moral. No se la puede considerar un buen sistema de gobierno (de hecho, no tiene demasiado buena fama), sino en todo caso el menos malo de los posibles. Nunca apunta a un cambio, a una evolución o a un progreso, sino que certifica un statu quo. Pero permite la posibilidad futura de cambios en la medida en que varíen las correlaciones de opiniones en el colectivo implicado.

La división del campo político en dos bandos, los demócratas y los antidemócratas, no es científicamente rigurosa. En efecto. No es ni siquiera democrática, cabe añadir.

A la democracia no le interesa la calidad buena o mala de la opinión de las personas, sino las condiciones de expresión de esa opinión. Ha de ser libre, ha de ser tenida en cuenta, ha de ser debatida, y finalmente asumida por el colectivo si así se ha votado mayoritariamente; y si ha sido minoritaria, ha de quedar recogida asimismo en la síntesis final, en todo aquello que no sea contradictorio con la opinión mayoritaria.

Ya el hablar de “opiniones” indica lo resbaladizo que resulta el terreno democrático. La gente suele preferir el suelo macizo de las verdades eternas y las certezas irrenunciables, cuando discute la política a seguir. A la gente le apetece llamar al contradictor “mentecato”, o “felón”, o cualquier otra cosa menos “bonito”. Si uno es partidario acérrimo de las esencias, cualquiera que las desconsidere se habrá hecho merecedor de inmediato del apelativo de “traidor”.

La vieja herramienta socrática del diálogo, el “hablando se entiende la gente”, sigue gozando de tanto prestigio social que no se puede rechazar sin más. Adelante con el diálogo entonces, dice la gente, pero siempre marcando de antemano unas líneas rojas inexcusables.

Claro que las tales líneas rojas cuidadosamente trazadas excluyen desde el principio cualquier entendimiento, en todos los casos en los que no se discute desde posiciones opinables sino desde trincheras repletas de valores esenciales.

La democracia es un engorro y está demasiado atravesada por límites incómodos. Exige presentarse en la tribuna pública dejando guardados en un cajón los valores esenciales que uno desearía enarbolar como una espada flamígera para aniquilar al enemigo felón. Es como un traje rígido cuyas costuras aprietan demasiado en determinados puntos.

La tentación recurrente entonces, y no me refiero única ni particularmente a Llach, es romper las costuras democráticas para sentirse a gusto. Es una operación frecuente, y las estadísticas enseñan que siempre se lleva a cabo en nombre de la democracia.


lunes, 11 de febrero de 2019

UNA INVITACIÓN AL VALS



Imagen de Pablo Casado, este domingo, en la plaza de Colón. Obsérvese el palmo de narices. (Por cortesía de Walt Disney Inc.)

El gobierno de España dio por roto el jueves pasado el diálogo con el govern catalán, debido a la ausencia de respuesta a la propuesta última adelantada por Carmen Calvo. Tropecientos alcaldes, encabezados por Ada Colau, han dado un paso adelante para pedir el retorno del gobierno Sánchez a la mesa, además de un “juicio justo” a los políticos del 1-O. Esto último no le corresponde al gobierno Sanchez garantizarlo, desde el momento en que a) no entra en sus atribuciones; b) la administración de justicia es independiente del poder ejecutivo (y del legislativo también), según el mecanismo democrático de la división de poderes.

Todo el espectro político parlamentario de la nación (allá con su cantinela los extraparlamentarios) debería partir en sus propuestas de la premisa de la neutralidad del gobierno en el “juicio catalán” que ahora se abre. Por el contrario, todas las declaraciones de las distintas partes están dando por supuesta la implicación del gobierno en la deliberación del tribunal; la banda de estribor ve parcialidad en un sentido, la de babor en el otro; ambas ven un mangoneo desfachatado del gobierno en el eventual resultado del paso por estrados. A pesar de que ni Lesmes ni Marchena son precisamente personas dúctiles y proclives a atender los recaditos al oído que les pueda dar Pedro Sánchez.

Entonces, ciñámonos a la cuestión de la mesa de diálogo. Los alcaldes reclaman diálogo. El president en funciones Quim Torra también lo reclama. Pone, eso sí, algunas condiciones previas. Estas son: la presencia de un ‘relator internacional’, poner sobre la mesa el tema de la autodeterminación, y poner fin a la ‘represión’.

Mientras tanto, y aquí es donde empieza a crujir la lógica roqueña de Torra, este se propone “implementar la DUI” haciendo uso de la herramienta de la “desobediencia civil”.

La DUI es la declaración unilateral de independencia. Se remonta al 27-O. Carles Puigdemont fue su autor, y la dejó en suspenso ocho segundos después. Es una DUI con récord Guinness de vigencia efímera. La escena mítica del cruce de piernas de Sharon Stone en “Instinto básico”, único parangón internacional que puede establecerse en cuanto a capacidad de sugerencia, duró más.

«Esta DUI es válida y puede activarse cuando tengamos la convicción y la certeza de que se puede y se debe hacer», ha dicho Torra. Ha reiterado además que él solo debe lealtad al Parlament, y que su mandato es «hacer la República».

Todo lo cual está muy bien para quien le guste, pero deja en el aire una pregunta: Diálogo ¿para qué? Me temo que de lo que Torra está hablando todo el rato no es de diálogo sino de monólogo; y que la última de sus preocupaciones es la de quién le escucha al otro lado de la mesa.

En tiempos de Sissí emperatriz estaríamos hablando de una invitación al vals, con música de violines. Viva el diálogo de sustancia.


domingo, 10 de febrero de 2019

"SENCILLAMENTE, CALVO RECULÓ"



Santiago Abascal, en una actuación reciente para Walt Disney Inc.

El último “relato” fletado por el procesismo como globo sonda decía que el gobierno de Pedro Sánchez, agredido desde la derecha, acorralado desde la izquierda y desgarrado en sus propias filas, pondría a la desesperada sobre la mesa de negociación la posibilidad de un referéndum de autodeterminación para Cataluña, a cambio del apoyo indepe a los presupuestos generales del Estado.

No ha habido tal. Carmen Calvo ha propuesto mantener la mesa bilateral de negociación a cambio del apoyo a los presupuestos, pero sin colocar sobre esa mesa ninguna otra posibilidad. Esta ha sido su respuesta, en forma de ultimátum. Si no hay apoyo catalán a los presupuestos, no hay tampoco mesa bilateral de negociación.

El choque de trenes se produjo el jueves pasado al mediodía. «Los independentistas no entendieron el momento y rechazaron una propuesta muy razonable», dice Calvo. «Sencillamente, Calvo reculó», contestan Aragonès y Artadi. Ninguna de las dos afirmaciones es enteramente cierta. De un lado, Calvo no reculó sino que se plantó en su apuesta y pidió ver las cartas. Del otro, no hubo técnicamente rechazo de la propuesta; de la Generalitat bicéfala no salió ni un sí ni un no. Se dejó pasar el plazo fijado sin dar una respuesta. Es un lance engorroso pero no descartable, cuando se está jugando al póker mentiroso.

Posiblemente, el fiasco conduce a un superdomingo de fin de mayo en el que las generales se sumarán a las municipales y las europeas. No es una solución mala, en principio, porque el ambiente se ha clarificado bastante mientras tanto. El show del tripartito del apocalipsis en la plaza de Colón ha concluido en gatillazo. Dado que los tres tenores optaron para reservarse para días mejores, y habida cuenta de la retahíla de mentiras atribuidas al Gobierno de la nación en la declaración anexa presentada con escaso oficio por tres ilustres mindundis periodistas, el recorrido de la iniciativa está agotado. A los cuarteles generales les costará encontrar otro elemento de movilización más promisorio que la balcanización de Cataluña.

El procesismo, por su parte, debe una explicación a sus bases, y esa explicación, como le sucedía al alcalde de la película de Berlanga, la tendrá que pagar. No es seguro que las bases reciban la explicación debida, y el novísimo “relato” que la sostenga, con ánimo sereno y mentalidad positiva. Al mal pagador, todas las prendas que se le exijan le van a doler.

Esta es la escena, a las cinco en punto de la tarde del día 10 de febrero. Todos los dinosaurios están todavía ahí. Todos han despertado de su sueño, y se han visto, y se reconocen a sí mismos como dinosaurios. Pasamos al acto siguiente.

Para mantener vivo el tinglado de la antigua farsa, será necesario un nuevo travestismo de las fuerzas de la derecha españolista y de la derecha procesista catalana. Un travestismo todavía más rocambolesco. O "strombolesco". El gran peligro para ellos, que los últimos sondeos apuntan discretamente, es que el público se aburra definitivamente de la función.


sábado, 9 de febrero de 2019

#YoNoVoy



A las cinco de la tarde
Eran las cinco en punto de la tarde
Un niño trajo la blanca sábana
A las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
A las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y solo muerte
A las cinco de la tarde.
…
Cuando el sudor de nieve fue llegando
A las cinco de la tarde
Cuando la plaza se cubrió de yodo
A las cinco de la tarde,
La muerte puso huevos en la herida
A las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.

La hora convocada son las doce del mediodía, pero no se equivoquen. Para España, es a las cinco de la tarde. A las cinco en punto de la tarde.


viernes, 8 de febrero de 2019

GENTES NUEVAS



A la izquierda de la imagen, encuentro de Dante y Virgilio con Guido Guerra, Tegghiaio Aldobrandi y Jacopo Rusticucci. Miniatura conservada en la British Library de Londres.

«Gentes nuevas y súbitos aumentos
De riqueza, y orgullo y desmesura,
Provocan, oh Florencia, tus lamentos.»
Dante A., Commedia, “Infierno”, Canto XVI, 73-75.
(versión de Ángel Crespo)

Los siervos son los mismos de siempre; los amos han cambiado. “Esto con Franco no pasaba”, repite siempre y a propósito de todo la Señora Franquista tuitera. Por ejemplo, con Franco vivo jamás habría sucedido que exhumaran sus huesos del Valle de los Caídos. Tiene razón.

Tampoco en Cataluña estaría pasando lo que pasa de seguir al frente de los negocios Jordi Pujol. Pujol, católico ejemplar, siempre supo dar al César (el Estado opresor) lo que era del César, al mismo tiempo que se trabajaba su rinconcito con el fin de dar a Dios (Dios sería catalán, en su versión) lo que es de Dios. Bien decantadas las porciones correspondientes y hecho con presteza el reparto, se ayudaba a la gobernabilidad, se cultivaba el propio jardín, los negocios “rullaban” y todo iba a las mil maravillas en el mejor de los mundos posibles.

Sí, Pujol era un corrupto, pero el dinero non olet. Resultan mucho más ofensivas las prisas obscenas de Puigdemont por encontrar un lugar cómodo y bien remunerado donde caerse muerto, y el encefalograma plano de Quim Torra, el “masover” de una finca en torno a la cual acechan a la espera todos los fondos buitre y los fondos zopilote que en el mundo son.

Qué decir de la gesticulación perenne de Casado y Rivera, esa pareja de marionetas de bolos por provincias, incapaces de contarnos algo que no sea el mismo chiste malo de siempre. También es nuevo Abascal, el signor Strómboli que mueve los hilos detrás del telón, empujado a la farándula por las súbitas ganancias de dinero iraní, descontada la pingüe inversión de capital procedente de otras fuentes aún ocultas pero que irán apareciendo conforme la función avance.

¿Es mejor el viejo establishment, o el nuevo? No lo sé. Sé que el viejo no va a volver, y que es con las nuevas gentes con las que tenemos que habérnoslas. No tienen arraigo en la tierra, no reconocen amigos ni enemigos, claman «¡Patria!» (la huna o la hotra) pero señalan al dinero, y no viven del producto del trabajo ni de la inversión, sino del aire, siempre que llamemos aire a las mordidas en B a los presupuestos de las diversas instituciones.

Dante habló de ellos cuando transitaba por el séptimo círculo de su Inferno. Le preguntaba por Florencia y el estado actual de las cosas en la república Jacopo Rusticucci, en vida próspero caballero que se condenó para la eternidad por haber caído en la sodomía. Según sus propias palabras en el poema, glosadas por Ángel Crespo, debido al carácter demasiadamente arisco de su esposa. «E certo la fiera moglie piú ch’altro mi noce.» Excusa muy propia de los viejos tiempos, cuando las gentes solo salían del armario si alguien les sacaba de allí.
  

jueves, 7 de febrero de 2019

EL CUARTO DE HORA TONTO


El arzobispo de Tarragona, mosén Jaume Pujol, se ha referido a los casos de pederastia acontecidos en su diócesis con las siguientes palabras, para enmarcar: «Los he apoyado y los continúo apoyando. Hay personas que tienen un mal momento en la vida que los lleva a hacer algo de lo que después quizás se arrepentirán toda la vida.»

Lamentablemente, la realidad no responde a la edulcorada visión de su eminencia. El perfil de los depredadores sexuales, ya sean pastores religiosos, preparadores deportivos, maestros, psiquiatras o gurús, indica que los “malos momentos” en su vida se repiten de forma consistente a lo largo de los años, en lugares, ocasiones y con víctimas diferentes. La iglesia debería dejar de situarse a la defensiva en este punto, entender que no se trata de un mal privado que solo la aqueja a ella como institución, y colaborar en la represión y la prevención de una lacra tan extendida como solapada bajo el marchamo respetable de la formación de jóvenes.

Entre esas personas jóvenes, según se va conociendo, se incluyen en un lugar muy especial los propios alevines de la jerarquía eclesiástica: seminaristas, novicias, curas y monjas jóvenes. No es improbable que quienes delinquen como pastores hayan sido objeto antes de abusos como ovejas del rebaño. Se abre la vía de ese modo a una perversión circular: yo te corrompo a ti para que tú, a tu vez, corrompas a otros. Quico Pi de la Serra expresó desde la ironía esta realidad tan conocida/desconocida, hace ya muchos años, en una canción antológica: «… I a les rodalies / munten cofradies / per arrambar l’api / a les abadies…» (1)

Cuando mosén Pujol dice la tremenda bajanada que queda consignada arriba, está pensando de forma corporativa, ergo insolidaria. Piensa en no perjudicar la vida y la carrera de unos compañeros de misión (en el sentido laico de la palabra), pero omite el perjuicio terrible ocasionado en las vidas y las carreras de otras personas especialmente vulnerables por su juventud, por su fe religiosa y por la exigencia de obediencia ciega a la jerarquía. El delito perpetrado se configura, así, como un monumental abuso de confianza.

La confianza es un vaso de cristal finísimo que una vez roto es imposible de reparar. Su conservación no puede depender en exclusiva de que no aparezca jamás el cuarto de hora tonto que todos tenemos, según afirma la experiencia acumulada de muchas generaciones. Pero hay instituciones, y la iglesia católica no es la única pero sí ocupa un lugar destacado en el listado de las mismas, hay instituciones digo que ponen amorosamente todo su cuidado, no en evitar la rotura del valioso vaso, sino en unir los fragmentos con saliva de silencio y pegamento de “comprensión” hacia el delincuente, y mantienen una actitud externa de aparente normalidad desde la ficción de que el vaso sigue intacto.

Esa actitud tiene numerosos daños colaterales que no son asumidos, ni reparados, ni prevenidos. Hay dos clases de víctimas, para los pastores de las diferentes greyes al estilo de mosén Pujol. Las víctimas de una clase merecen su comprensión cristiana y su amparo caritativo: tuvieron uno, o muchos, malos cuartos de hora. 

Las otras víctimas innumerables quedan cubiertas por un manto de silencio y de olvido, y cualquier denuncia y exigencia de reparación tropieza con el muro inamovible del atentado a un “bien superior”. Estaría bueno que la iglesia, que tanto bien prodiga a manos llenas, tuviera que indemnizar además a las víctimas de manipulaciones que a fin de cuentas tampoco tienen tanta importancia.

Posdata.- Apenas un par de horas después de colgado este post, leo en la prensa que mosén Pujol renuncia a seguir al frente del arzobispado "por razones de edad". Es del todo improbable que me haya leído, de modo que no voy a pretender que poseo poderes. Sin embargo la carambola en la doble serie de acontecimientos inconexos, tal como se ha producido, me parece bonita, y así lo consigno.

(1) Creo que no hace falta traducción. Si alguien no entiende la expresión, corriente en catalán, arrambar l’api (arrimar el apio), puede imaginar sin esfuerzo su significado. El estribillo tampoco precisa traducción: Sóc, no vull ofendre, anticlerical.


miércoles, 6 de febrero de 2019

CONSERVADORES


Milagros Pérez Oliva entrevista en elpais a Gregorio Luri, que abomina de la progresía y se ha pasado con armas y bagajes al conservadurismo. Sé lo que tiene de provocación esa postura, y lo acepto. Ya dijo Pier Paolo Pasolini, en la época en que Enrico Berlinguer era el secretario general del partido italiano reconocido como punta de lanza de la revolución marxista, que él era el único auténtico “conservador” del país, porque basaba su praxis en la conservación de tradiciones colectivas positivas (tradiciones progresistas, y no es un oxímoron), en tanto que la derecha neoliberal se dedicaba con especial fruición a hacer tabla rasa de todo el entramado económico y social existente.

Sabemos, porque hemos seguido viviendo desde entonces de forma ininterrumpida, que la derecha neoliberal consiguió con el tiempo destruir, además de todo lo demás, a la izquierda. Tal y como se configuraba aquella izquierda, marcada a fuego por tradiciones que en algunos aspectos no merecían ser conservadas hasta ese punto.

He aquí una reflexión conservadora de Luri en la entrevista citada, que sí merece ser conservada, e incluso, diría yo, puesta en anuncios luminosos bien visibles en la noche que atravesamos: «La utopía del conservador es mantener la nave a flote, y para ello sabe que tanto en babor como en estribor ha de haber gente que reme.»

Seguramente ese aforismo coincide en buena parte con la reflexión de Antón Costas de hoy mismo, en lavanguardia: entre las izquierdas y las derechas, y cada cual con su parte de culpa que no es cosa de prejuzgar aquí, en España y en los últimos años se ha laminado a las burguesías regionales. 

Se bombardea desde todos los ángulos a la burguesía catalana, que no ha sido un modelo histórico de talante inclusivo ni de limpieza en sus métodos de enriquecimiento, pero cuyos “criterios orientados” sobre el Estado plurinacional y las relaciones de coexistencia pacífica entre el todo y las partes, podrían ser útiles para encontrar soluciones viables a la actual crisis pavorosa de convivencia. Hoy, sin embargo, su influencia social en el país está situada bajo mínimos vitales.

Y lo mismo cabría decir de otras burguesías como la andaluza y en menor medida la vasca (que aún resiste gallardamente las embestidas), dejadas caer en el pantanal en beneficio de una recentralización rígidamente jerarquizada, de connotaciones “neofeudales” y con ribetes de monopolio, que solo favorece a las elites de los consejos de administración de multinacionales de la industria y de la banca. O sea, el cogollito al que se reduce hoy lo que los Casado, Rivera y compañía llaman “patria”.

Las elites citadas se están comportando, en nombre del “mercado”, como el tópico elefante en el interior de la cacharrería. Alguien debería quitarles ese juguete de las manos ─mejor dicho, deberíamos hacerlo entre todos─, porque el progreso venidero que invocan es fake news. El progreso bien entendido no lo arrasa todo en la vorágine de su lógica interna: incluye elementos de conservación, de sostenibilidad, de inclusividad, de empatía.

Para poner un ejemplo que también ofrece Gregorio Luri: necesitamos con urgencia que los españoles amen a Cataluña, que la amen de verdad aunque no la comprendan. «Estás traicionando a España si ves a una parte de tu nación como enemiga.»


martes, 5 de febrero de 2019

EL ARTE O LA VIDA



Expresado así, en los mismos términos clásicos del «la bolsa o la vida» que utilizaba el caco para amedrentar al burgués, con una navaja o similar, en un callejón oscuro y solitario, el dilema tiene algo de esencialista. Sacrificar la vida por amor al arte ha sido considerado por algunos una opción valiosa, aunque otros, o los mismos en otras situaciones, lo valoran como extravío o locura.

Mary Beard recuerda en elpais una historia muy incisiva sobre la Afrodita de Cnido, estatua de Praxíteles famosa en el mundo antiguo, que en una de sus copias acreditadas (el original desapareció) tienen ustedes sobre estas líneas. La historia la contó Luciano de Samosata en Erotes (Amores), y es con toda probabilidad invención suya.

Tres amigos acuden al templo de Cnido a honrar a la diosa. Uno es célibe, el segundo ama a las mujeres, el tercero a los varones. Los tres admiran la estatua, y al hacerlo descubren una minúscula mella en la parte posterior. Se preguntan a qué puede deberse la imperfección, y la diaconesa les aclara que un joven loco de amor por la imagen de mármol entregó toda su fortuna al templo, y se escondió una noche para consumar su pasión, dejando en su esfuerzo baldío la muesca perceptible en la piedra, pequeña pero respetable dada la calidad del instrumento con el que fue hecha. Al día siguiente, quizá por no haber recibido de la diosa la satisfacción que esperaba o por el deterioro irreversible de su masculinidad debido a la ordalía vivida, se arrojó por un acantilado.

Supongo que la moraleja de la historia de Luciano es que debe preferirse amar al modo llamado platónico, o bien encontrar un recipiente amoroso de uno u otro sexo, pero con un sexo en cualquier caso apto para corresponder a las caricias y los transportes del amante, antes que obsesionarse con una forma perfecta pero de consistencia marmórea y privada de vida.

El arte puede sublimar la vida, entonces, pero no sustituirla.

Lo cual conduce por analogía a otro tipo de discusión que también aparece en una noticia de elpais de hoy. Un algoritmo diseñado por la empresa tecnológica Huawei ha completado la Sinfonía Incompleta de Schubert.

¿Puede la vida (la tecnología) sustituir al arte? La proeza llevada a cabo por el algoritmo de Huawei es inmensa, y el resultado de la misma merece ser escuchado, por lo menos una vez.

Después de lo cual, son obligadas dos consideraciones: primera, esto no es como el descubrimiento de una fórmula matemática. El algoritmo no ha descubierto una “verdad” que ocultó Schubert; sencillamente, ha compilado todas sus armonías y ha deducido, en base a un proceso matemático de selección, una mera posibilidad: un fragmento musical sinfónico que ha considerado el más adecuado posible como culminación de la parte conocida de la pieza musical.

Segunda consideración: Schubert desmentiría que esa fuera la melodía que tenía en mente. Lo más probable es que se indignara con la atribución. Entre otras razones, como ha argumentado un comentarista, porque dejar inacabada su sinfonía fue una decisión consciente del músico. No vino la muerte a quebrar su impulso creador, como le sucedió a Mozart con su Réquiem. Schubert vivió lo suficiente para concluir su partitura, y no lo hizo. Eso indica que habría rechazado la solución de Huawei, como sin duda rechazó otras que se le venían a la punta de la pluma de ganso con la que trabajaba esforzadamente ─negándose a sí mismo la vida en aras de su arte─ para crear una belleza que trascendiera los límites de la mundanidad y exaltarla sobre el pedestal de las cosas perennes.

El arte o la vida. ¿Por qué no ambos?


lunes, 4 de febrero de 2019

LA (SIN) LEY DE LA DEPREDACIÓN IMPUNE


La práctica de la depredación salvaje de bienes públicos tales como los espacios naturales y las vidas de las personas, es algo inherente a las formas de gestión del sistema llamado neocapitalista. Pueden distinguirse hasta tres modalidades de dicha práctica (probablemente hay más, sin embargo). En Aznalcóllar (Sevilla, España), 1998, vimos el deterioro biológico y ecológico del humedal protegido de Doñana debido al descuido por parte de la empresa extractora en el mantenimiento de una gran balsa de residuos tóxicos, cuyas paredes acabaron por ceder.

En Rana Plaza (Savar, Bangladesh), 2013, no hubo desastre ecológico pero sí una terrible mortandad de trabajadoras del ramo textil que fueron obligadas con amenazas e incluso coacción física a seguir en sus puestos de trabajo en un edificio de varias plantas que llevaba varios días amenazando ruina inminente. Por fin, se derrumbó.  

En Brumadinho (Minas Gerais, Brasil), 25 de enero de 2019, mortandad y desastre ecológico han ido de la mano al ceder una represa construida por la empresa minera multinacional Vale SA, cubriendo toda una población y los terrenos circundantes, en muchos kilómetros a la redonda, con toneladas de barros tóxicos que han ocasionado la muerte cierta de 58 personas y la más que probable de cerca de 400 más, desaparecidas hasta el momento. Además de la contaminación difícilmente reversible y la muerte de especies botánicas y zoológicas en las tierras adyacentes y en las aguas del río Paraopeba, afluente del San Francisco, en la Amazonia.

No se trata de casualidades, sino de los resultados de una política deliberada que recorta los costes de explotación hasta el límite, especulando con la seguridad de las personas y de la naturaleza. Hay una larga lista de accidentes similares. Reduciéndonos a la minería a cielo abierto, solo en 2018 hubo catástrofes del mismo tipo en Laos, Birmania, Afganistán, Kenia y Colombia. Tres continentes, siempre empresas multinacionales, en buena parte los mismos accionistas probablemente en todos los casos.

Es el expolio en nombre del beneficio. La ley o la sin ley de la depredación criminal llevada a cabo mediante una forma societaria anónima y con responsabilidad limitada. Los daños no se reparan, las muertes no se indemnizan, la destrucción permanece, las multas millonarias no se pagan o se pagan en una proporción mínima.

Una depredación impune.

Y una consecuencia directa más, extrema en este caso, de la negativa por parte del capital a reconocer el derecho de las personas asalariadas a controlar las condiciones de seguridad en que realizan su prestación. Las cosas han de hacerse a la manera del patrón, sí o sí, sin excusas admisibles.

La situación de la represa de Brumadinho llevaba años denunciada por los trabajadores y los habitantes del municipio minero. Veremos qué trabajos se llevan a cabo para su reparación; qué capitales se invierten en la indemnización a las víctimas directas y a las que han perdido en la catástrofe su vivienda, sus bienes y su forma de vida.

Una cosa es segura: los capitales, pocos o muchos, que se inviertan en esos objetivos humanitarios, serán detraídos íntegramente de la prevención dirigida a evitar el próximo derrumbe de una represa minera, la que sea.


domingo, 3 de febrero de 2019

LAS RAZONES DEL TRABAJO EN LA PROGRAMACIÓN DE LA PRODUCCIÓN


«¿Pueden los trabajadores negar su consentimiento en la producción de bienes que colisionan con el respeto de los derechos humanos y el derecho internacional?» La pregunta se la hace el profesor Antonio Baylos, en una entrada muy sugestiva de su blog (1). El motivo, la reciente declaración del comité de empresa de CAF, que se niega, o más bien pone una objeción seria, a construir ferrocarriles que unan entre sí las nuevas colonias judías en el este de Jerusalén, asentadas contra los acuerdos diplomáticos y los dictámenes repetidos de los tribunales de justicia internacionales.

Una iniciativa sin duda limitada, pero prometedora en la medida en que pone en cuestión lo que en ocasión distinta y a propósito de otro conflicto laboral yo, con cierto desgarro, caractericé como “la filosofía del mandao” (2).

En aquella ocasión (las corbetas para Arabia Saudí) fue la ministra de Defensa quien planteó un escrúpulo. La plantilla reaccionó de forma unánime y ruidosa en favor del derecho de la empresa a producir lo que sea y para quien sea, porque “lo más importante es la defensa de los puestos de trabajo”.

Entiendo que el comité y las asambleas de Navantia se hicieron un flaco favor a sí mismos. Evitaron un ERE, pero pusieron el cuello en el tajo para el siguiente, al consagrar la “razón de empresa” como argumento último de autoridad. Es exactamente lo que han hecho las sucesivas reformas laborales de años recientes. Los trabajadores se colocan a sí mismos como rehenes de la dirección, cuando renuncian a negociar con la empresa desde una posición propia y desde el conflicto. Asumir una subordinación ciega a la siempre cuestionable política de la empresa, porque “en este caso concreto” les favorece, resulta, convendremos todos en ello, una postura de muy escaso recorrido.

Está por ver cómo evoluciona el caso de CAF y de su comité de empresa, por cierto de ELA-STV. Pero lo interesante, como señala Baylos, es la disposición del mundo del trabajo a participar en un gran debate sobre el modelo de desarrollo, en el que todo el país va a estar implicado hasta el cuello. ¿Va a dejarse la búsqueda de soluciones perentorias en manos del gobierno y de las instituciones, más el empresariado; o los trabajadores, y la ciudadanía activa, también vamos a tener vela en este entierro (me excuso por lo inadecuado de la metáfora)?

Dicho con las palabras del profesor Baylos: «El problema de reorientar las opciones organizativas y productivas de las empresas es muy complicado, y en las prácticas españolas, es un tema que no se discute, y si se plantea, se suele remitir a una acción estatal o pública en la que los sindicatos de trabajadores no tienen una dimensión relevante, salvo excepciones. La transición energética debería ser un ejemplo decisivo al respecto. También el debate sobre el cambio del modelo productivo español basado fundamentalmente en la construcción y el turismo, que son los sectores que generan empleo en la última encuesta EPA.»




sábado, 2 de febrero de 2019

EL DINERO NO DA LA FELICIDAD


El Banco de España ha dicho que la subida del salario mínimo no ayudará a corregir las desigualdades sociales (1). Las causas de las desigualdades son otras: a saber, en definitiva, las pocas horas trabajadas debido a que el empleo es poco, y la rotación mucha.

La frase es bonita, y tiene un eco evangélico. En aquella época tenían el problema inverso con la contratación laboral, según consta de forma fehaciente en los escritos: “La mies es mucha, y los segadores pocos.”

Hoy, muy al contrario, la mies es poca, y los aspirantes a segadores se encuentran por capazos.

Al gobernador del Banco de España, señor Hernández de Cos, le ha faltado añadir a su discurso que el dinero no da la felicidad. Era la conclusión obvia, pero había que decirla. Se la dejó en el tintero, y eso ha sido para mí una pequeña decepción.

Lo demás está ahí. Por la gaita de subir el salario mínimo vamos a perder 125.000 puestos de trabajo. (Lo ha dicho así, “puestos de trabajo”, como si tal cosa existiera aún en otra parte que en los papeles de los economistas. Los puestos de trabajo vienen a ser hoy ─permítanme la licencia de parafrasear al premio Nobel Gabriel García Márquez, que empleó la expresión en referencia a otra cosa, creo que al amor en los tiempos del cólera─ como los cuartos de una casa de putas: se alquilan por horas.)

Puede que los ejem en cuestión perdidos sean más, incluso, que los apuntados a ojo de buen cubero por Hernández de Cos; el montante exacto no está claro, lo ha dicho él mismo, porque los estudios que lo afirman vienen de Estados Unidos, y es difícil extrapolar. Si eso es así, señor gobernador, y no lo pongo en duda, ¿por qué lo anuncia con tanto trompeteo? Si tan difícil resulta extrapolar lo que pasa aquí según lo que sucede en Estados Unidos, también podría resultar que los ejem perdidos fueran menos a fin de cuentas. ¿O no?

“El impacto de la subida del SMI sobre el empleo no es concluyente”, es lo que ha dicho en sustancia el señor gobernador. Vaya un pico de oro. Pero ha alertado de que los jóvenes mejorados por la medida del Gobierno manirroto, teniendo en el bolsillo 900 eurazos cada mes, “van a perder el incentivo a educarse”.

Menos mal que a él de joven le restringieron la paga y no le dejaron perder el incentivo a educarse. Ese portento habríamos perdido.



viernes, 1 de febrero de 2019

LECCIONES URGENTES DE DEMOCRACIA


Dice la leyenda áurea que el maestro Ciruela no sabía leer y puso escuela. La hazaña está a punto de ser superada por el maestro Quim Torra, que ha exigido a Pedro Sánchez, en inglés y en catalán, “valentía y coraje” para emprender cambios democráticos en España.

Tales cambios democráticos no irían encaminados a beneficiar a los españoles, sino a los únicos que importan en este pleito, los catalanes. No a todos los catalanes, sin embargo, sino solo a aquellos que anhelan independizarse de España. Los derechos políticos que puedan tener tanto los españoles propiamente dichos como los catalanes españolistas, para Quim Torra son mero “flatus vocis”; quiero decir, que le traen sin cuidado. Tales derechos no formarían parte, según su doctrina, de la democracia globalmente considerada. Lo ha dicho, o lo ha dejado entender, tanto en catalán como en inglés.

Torra ha hablado desde el Salón Gótico del Palau de la Generalitat, y rodeado por todo su gobierno. La suya ha sido una declaración institucional solemne, en la que ha apelado a la comunidad internacional, a todos los catalanes y a todos los demócratas. No a los españoles; los españoles, lamentablemente, no tienen remedio y deben ser dejados de lado, procurando que no molesten o que molesten lo mínimo exigible.

Quizá por esa razón, Torra ha hablado en inglés y en catalán.

Democracia es votar, argumenta Torra, que defiende por esa razón la jornada del 1-O. Allí se votó, y de ahí emana un mandato preciso que es imperativo tanto para quienes votaron como para quienes no votaron, para quienes consideran suficientes las garantías que rodearon el acto, como para quienes las impugnan en base precisamente a la doctrina decantada durante siglos en lo que viene en llamarse la comunidad internacional o, con mayor rimbombancia, el concierto de las naciones.

Democracia es votar, sostiene Torra, pero no lo es contar luego los votos. Si se ha reunido un buen puñado, ya es suficiente, por más que en repetidos comicios no se haya llegado nunca ni siquiera al 50% del total de los sufragios emitidos, y menos aún respecto del censo de catalanes con derecho a voto. Todo ello por no hablar de los derechos, meramente teóricos, de los españoles crecidos acá o acullá del Ebro, a terciar en la cuestión.

Ha profetizado Quim Torra que el juicio que en breve va a iniciarse a políticos catalanes presos o ausentes, «cambiará para siempre nuestro país y su relación con el Reino de España». Habida cuenta de quien lo dice, de que lo dice en inglés, y de la propuesta que argumenta en su discurso, se trata de una profecía autocumplida. Nuestro país ya ha cambiado, si no para siempre, sí para una temporada larga. Las posiciones diferenciadas, legítimamente defendibles en una democracia que me atrevería a calificar de “normal”, pero que no es la democracia de Quim Torra, ya han cristalizado aquí en una división abismal. Ya no cuentan todos los votos para decidir un porvenir común, sino que unos votos son valiosos y otros execrables, en la decisión de un porvenir que no tiene nada de común.

Quim Torra ha concluido su declaración asegurando que no va a retroceder ante la «oleada represiva», no se sabe muy bien en referencia a qué, y defendiendo «la democracia, la no violencia, la justicia y la libertad.»

Así sea. Para todos.