martes, 15 de septiembre de 2020

UNA CUESTIÓN DE ETIQUETA

 


June Allyson y David Niven en un fotograma de ‘Un mayordomo aristócrata’ (My Man Godfrey), Henry Koster 1957.

 

El Consejo del Poder Judicial constitucionalmente caducado desde hace dos años se dispone a nombrar trece nuevos altos cargos en los tribunales superiores del país. No hay renovación en la cúpula judicial porque el PP, partido acosado por un goteo interminable de casos de corrupción, ejerce su minoría de bloqueo para evitar cambios en un equipo que le viene siendo ampliamente favorable.

No hay independencia del poder judicial en España, sino una dependencia a modo de correa de transmisión cuidadosamente preservada. He estado a punto de escribir “secreta”, pero en todo caso se trataría de un secreto a voces. El gobierno de los jueces se comporta con el gran partido de la derecha española como David Niven en aquella película en la que representaba a un aristócrata en apuros que, desde el humilde oficio de valet para todo, ejercía una influencia tutelar en los destinos de una familia neoyorquina de riquísimos industriales del caucho o del petróleo, ya no lo recuerdo.

Hay una cuestión de etiqueta, sin embargo, que tiene cierta importancia. El servicial mayordomo puede examinar con lupa los plazos de prescripción, para hacerlos correr más o menos según convenga; puede desenterrar excepciones contenidas en las cláusulas carcomidas de códigos vetustos, para adaptarlas a situaciones nuevas e imprevistas; puede trabajar sobre una interpretación sui generis de la inmunidad otorgada por la letra de la ley a un monarca ahora emérito.

Pero el tema de las cloacas del Estado es distinto, porque mancha. El Poder Judicial no puede amparar los tejemanejes profundamente ilegales de unos parvenus a la alta política decididos a saltarse todas las reglas para alzarse con el santo y sobre todo con la “limosna”.

Por una razón simple. No porque sea más grave, sino porque hace feo. Un mayordomo podrá dejarse besuquear a escondidas por su señorita, pero no se presentará a servir la cena con una mancha de grasa visible en la pechera de su traje de etiqueta. Hay un fuerte impulso corporativo entre mayordomos. Son capaces de afrontar el desprestigio público sin mover una ceja; pero no de sufrir la reprobación de los colegas del oficio en el ámbito internacional.

Esas son las normas habituales. Esperemos ahora a ver cómo se desarrolla la vista en estrados del caso Kitchen.

 

lunes, 14 de septiembre de 2020

JUICIOS PARALELOS

 


Carmen en una playa salvaje de Salamina orientada al sudeste, ayer por la tarde. El baño a hora tardía concluyó con un tiberio en el chiringuito del puerto (abajo).

 

Pablo Casado, preguntado por la operación Kitchen, se ha mostrado dispuesto a dejar caer a quien sea para salvar al PP. Lo tiene difícil, porque “quien sea” son en este caso Jorge [Fernández Díaz], Mariano [Rajoy Brey] y Dolores [de Cospedal]. Casado sigue teniendo, sin embargo, a su favor el VAR de la Brigada Aranzadi, capaz de señalar fueras de juego microscópicos que invaliden toda la jugada. Quizá por esa razón, ha añadido a su particular “caiga quien caiga” una advertencia crítica “a los juicios paralelos que luego quedan en nada”.

Oigan, no se trata de juicios paralelos, se trata de la declaración formal del mindundi ex de Interior destinado a cargar con el mochuelo (si lo prefieren con un regusto a la antigüedad clásica, a “ejercer de chivo expiatorio”) en la planificación de la operación contra Bárcenas diseñada por el alto estado mayor del invento. Eso es lo que ha trascendido hasta ahora. Los juicios paralelos los estarán elaborando en todo caso las lenguas de doble filo por los callejones, como es de rigor en este país tan castizo que tanto y tanto le gusta a don Pablo. En los tendidos de sol abarrotados de público para disfrutar de la fiesta nacional, las susodichas lenguas (protegidas en algún caso por mascarillas) no van a parar de cruzarse dimes y diretes. Pero nosotros somos ajenos a esas movidas, don Pablo. No es nuestro estilo.

Nosotros nos atenemos a las declaraciones de Francisco Martínez Vázquez, ex diputado y ex secretario de Estado de Interior, a los medios de comunicación que tanto quieren a don Pablo y a los que don Pablo tanto debe.

No hay nada de paralelo en el juicio en el que está implicada la plana mayor del Partido Popular: se trata de la cosa misma, del núcleo de la cuestión visto desde dentro. La jugada irregular ha ocurrido dentro del área llamada de castigo. El VAR de la B. Aranzadi va a revisarla con instrumentos de precisión casi infinita para intentar apreciar lo inapreciable.

Muy bien, que lo haga. Alguna razón habrá para que Casado se haya negado repetidamente a renovar el equipo arbitral, ni en su momento constitucional ni pasado ya este de muy largo.

Todos contamos con la posibilidad de que lo que venga de los estrados sea una absolución por prescripción, por falta de pruebas o por recursos genéricos al maestro armero. Tal vez resultará que lo que se hizo no se hizo, o no hay pruebas de que se haya hecho debido a algún fatal accidente con un martillo que arruinó de forma irreversible los discos duros.

Pero estamos en una Europa y un mundo civilizados, que se encogerán de hombros casi con seguridad ante la sentencia absolutoria, pero tomarán nota para el caso de que Casado, “Mister Married”, llegue algún día al gobierno cargado con esos antecedentes.

Entonces sí habrá un juicio paralelo, y posiblemente llegue a alguna parte.

Medite a fondo sobre esta cuestión, señor Casado, porque el siguiente nominado al bonito juego del “caiga quien caiga” es usted. Y tiene todas las papeletas de la rifa. Si el PP sobrevive finalmente a esta tormenta perfecta, lo hará sobre sus espaldas.

 


domingo, 13 de septiembre de 2020

CRÓNICA DE LA REPETICIÓN

 


En el mercadillo de los viernes de Egáleo, diciembre del año pasado.

 

Estamos en Grecia desde ayer a las cinco de la tarde. Después de que nos cancelaran un primer vuelo, entrevimos un posible resquicio de solución y lo aprovechamos. Fue necesario repetir el proceso de certificaciones y la prueba negativa por PCR. Viajamos a Madrid en AVE, y volamos a Atenas desde Barajas, con la misma compañía del vuelo frustrado anteriormente.

El coste del viaje se dobló, pero la repetición dio resultado. Esquivamos los cantos de las sirenas y las pedradas de los cíclopes, la furia de los elementos y la ojeriza de los dioses, y hemos llegado a nuestra Ítaca particular.

Este viaje a Grecia en septiembre lo teníamos programado desde antes de la pandemia, y es el primer proyecto familiar que hemos podido cumplir desde entonces. No como estaba previsto, pero sí cumplido. Hemos reencontrado a hijos y nietos (los nietos, considerablemente más altos y más listos). Los gatos de la casa, Amedeo y Margherita, han aceptado nuestras caricias y se han frotado contra nuestras piernas; el tercer gato, Fígaro, mucho más joven, no se acordaba de nosotros y nos hizo una espantada, pero acabó también por dejarse querer.

En el paso forzoso por Madrid, hemos revisitado a mis hermanos y hemos charlado con ellos casi interminablemente. Nunca habíamos espaciado tanto las visitas entre nosotros, y en esta ocasión, al vernos todos en cierta manera como supervivientes de una catástrofe, nos explicábamos mutuamente detalles y anécdotas de la odisea vivida durante los largos meses del Covid.

Cuando eliminas la capa de rutina que se deposita sobre los actos acostumbrados, todo resulta mucho más emotivo, más consciente y más libre en el sentido genuino de la palabra (una libertad consistente en hacer, no en que te dejen hacer; una libertad para la que es necesario esforzarse, en lugar de dejarse ir). Es algo que hemos reaprendido en nuestra carne, a costa de mucho estrés acumulado.

Al final, estamos aquí. Sin prisa por volver. No es que hayamos huido de la realidad de Cataluña y de la propia ciudad de Barcelona ─que nos parece bastante triste, pero también es nuestra propia realidad, porque uno siempre pertenece a algún lugar─, sino que dedicamos nuestra atención preferente a las cuestiones que consideramos prioritarias, dentro de ese orden enunciado por don Venancio Sacristán y repetido diariamente en su blog por el maestro JLLB: “Lo primero es antes.”

 

jueves, 10 de septiembre de 2020

KATHARINE EN EL CANAL

 


‘Locuras de verano’ (Summertime). El cartel.

 

Anoche pasaron por la 8 “Locuras de verano”, de David Lean: una película americana de 1955 que tuvo un éxito casi desmesurado a partir de tres sólidos ases de triunfo: el primero, Katharine Hepburn, una actriz muy querida por el público, que venía de hacer La reina de África (John Huston) junto a Humphrey Bogart, y varias películas (El estado de la Unión, de Frank Capra; La costilla de Adán, de George Cukor) junto a Spencer Tracy. Un valor seguro.

El segundo as era la ciudad de Venecia, fotografiada en un rabioso eastmancolor desde la óptica del turista estándar (canales, palacios, rincones con encanto, flores, mucho sol). El tercero, la dirección de sir David Lean, un director británico de reconocido oficio que se lanzaría a partir de este título a una carrera esplendorosamente internacional. Sus siguientes producciones le depararon una lluvia de óscares. Fueron: El puente sobre el río Kwai (1957), Lawrence de Arabia (1962) y El doctor Zhivago (1965).

La película cuenta el momento de arrebato vivido por una mujer de edad mediana que tiene un romance durante unas vacaciones en Venecia y comprende al final de la aventura que todo, en conjunto, no ha sido más que un breve paréntesis en su vida.

Nada de mucha sustancia. El guión se basaba en una obra teatral, “La hora del reloj de cuco” de Arthur Laurents, de un humor bastante zafio, pero Lean lo estilizó y reconstruyó en algunas partes. Este es un ejemplo del material inicial que sobrevivió en el metraje final. Mr. McIlhenny (MacDonald Parke), un turista yanqui, viene asombrado de una visita a la Academia: «Las habitaciones están llenas de pinturas, ¡y todas hechas a mano!»

Hacía falta un golpe de genio para convertir ese material en algo noticiable, y Lean lo tuvo: arrojó (es un decir) a la Hepburn a un canal secundario, de dimensiones adecuadas. La escena, “ejemplo de montaje creativo” según leo en una publicación especializada, causó sensación en todo el mundo. Aparece en el cartel de la película, como la mejor síntesis de su argumento; fue la comidilla de una crítica embelesada, y en los años siguientes, en todos los city tours para americanos en Venecia, se incluía una visita obligada al lugar exacto en el que Mrs. Hepburn se remojó en el canal.

 


miércoles, 9 de septiembre de 2020

CUADRAR EL SUDOKU

 


Cuadrar la plantilla de la nomenklatura independentista de Cataluña está resultando más complicado que recomponer la plantilla del Barça de Koeman después del susto que nos dio a todos Messi.

Quim Torra se va. Es definitivo, salvo improbable par de banderillas al quiebro del gobierno de los jueces. Quim deja un hueco enorme. Si me dejan soltar una herejía (a estas alturas, no va de una), un hueco más grande que el del Emérito en la Zarzuela. La diferencia es que a Torra no habremos de buscarle en los Emirates porque allí no se habla catalán. Pero no descarten que se vaya adonde sea (¿Andorra? ¿Perpinyà? ¿el Alguer?) con la pasta embutida en un maletín.

De momento, ha cambiado a tres consellers. No ha dado razones pero se entiende que el motivo es la falta de confianza. Ninguno de los tres quiso sumarse a la novedosa y muy reciente apuesta del señorito (“confrontación inteligente”, les recuerdo), y han salido a relucir los cuchillos largos, como suele ocurrir en estos casos.

Se susurra que no serán los últimos cambios. Torra tendría intención, según fuentes, de rescatar para el govern a la private Laura Borràs, que ha quedado atrapada detrás de la línea del frente, en tierras del infiel, es decir en el Congreso de los Diputados de la madrileña Carrera de San Jerónimo.

La idea sería que Borràs, pese a estar implicada en un pecadillo de corrupción, o quizá precisamente por eso, suceda a Torra cuando este, inhabilitado por un tribunal al que quiere mirar a los ojos, ascienda por méritos al martirologio del abultado memorial de greuges con el Estado opresor. El delfinato de la sucesión se atribuía hace pocos días, de muy buena tinta, a Marta Madrenas, alcaldesa de Girona y bien vista por el señorito de Waterloo. Posiblemente, dentro de unos días más, aparezcan nuevos nombres en la quiniela: la cartera de posibles fichajes es larga, en este inicio de una temporada que se prevé disputada a cara de perro.

El caso es cerrar el paso a Pere Aragonés, actual vicepresidente. Aragonés se ha esforzado en hacer méritos para ser incluido en la short list: ha reclamado, por ejemplo, a Pedro Sánchez que el Estado se desprenda de sus acciones en Bankia para que, de ese modo, Cataluña no pierda peso decisorio en el consejo de administración de la virtualmente fusionada Caixabankia.

Ustedes quizá verán un contrasentido en la advertencia de Aragonés. Sin embargo, es de cajón que una banca genuinamente catalana no puede ser de ninguna manera una banca pública. Ya hace tiempo que Cataluña es una institución meramente de derecho privado. Privatizada, aclaro, si no me habían entendido.

Pero Aragonés no ha mejorado su posición en el esprint final para la presidencia, pese a ese admirable recurso a la heroica. A lo más que puede aspirar, es a mantener su vicepresidencia en la legislatura sucesiva, que podría llegar tal vez pronto, o posiblemente más luego. En cualquier caso las jerarquías son inamovibles en el viaje a Ítaca, y ERC no puede acceder de ninguna manera a la presidencia del Sudoku. La misión que tiene asignada, desde los tiempos del otoño del Patriarca, es la de mero acompañante.

El toque de fantasía en esta tribulación lo ha dado Antonio Baños. ¡Ah! ¿Pero aún existe la CUP? Pues sí, existe. Baños ha animado a Torra a seguir impertérrito en su puesto cuando lo inhabiliten. ¿Qué les decía antes del Emérito? Pues si en España tienen Uno, aquí tendríamos Dos: uno en Waterloo y el otro posiblemente en Perpinyà, porque en Flandes no se habla suficientemente el catalán.

 

martes, 8 de septiembre de 2020

TRES AÑOS SON MUCHO TIEMPO

 


Vivir con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez.

Carlos GARDEL, ‘Veinte años no es nada’

 

Me gustaría coincidir con el análisis de Joan Coscubiela, publicado en elDiario.es (1). Dice Joan que Cataluña va camino de la decadencia, pero aún tiene remedio. Esta sería la solución, en sus palabras: «En un mundo que, cada vez más, se construye alrededor de grandes regiones metropolitanas, en las que vive el 80% de la población mundial, Catalunya dispone de una gran baza, el área metropolitana de Barcelona con capacidad para ser el eje que articule una gran región mediterránea en el marco de la Unión Europea.»

Creo que algo así era posible plantearlo hace tres años; no ahora. Fue la idea de Pasqual Maragall, en un tiempo más feliz que el presente. La pandemia no solo ha arrumbado la mera idea de una República Catalana independiente funcionando a tope dentro de una Unión Europea situada en el centro mismo de un mundo global e interconectado. También ha dejado a las “grandes regiones metropolitanas” en cuarentena, como hábitats insalubres, focos calificados de contagio por virus de corona u otros, impredecibles.

Un mundo cuya población vive en un 80% en aglomeraciones humanas concebidas como redes complejas de producción y de servicios, es un mundo insostenible. Hace tres años no lo sabíamos, hoy sí. A nuestra costa. Va a ser necesario repensar a fondo la geografía, el territorio. Más aún, repensar todo el diseño: reciclar, aproximar, redistribuir, llenar los espacios vacíos, producir con energías limpias, de un modo más inclusivo y menos precario.

Hace tres años, en un arranque de (mal) genio, el Parlament de Cataluña decidió ensimismar al país. El pecado no estuvo en poner las urnas el 1 de octubre, aquello fue un happening más, como los que venía montando la ANC con el permiso y el aplauso discreto de la superioridad convergente.

Hubo represión policial, brutal en casos puntuales, excesiva en todos. Se denunció la represión, y hubo una ola de solidaridad en España en relación con el tema. Podía haberse reconducido el conflicto a partir del nuevo clima creado, pero fue el momento elegido, por una mayoría parlamentaria que se creyó justificada para todo, para sacar adelante la declaración unilateral de independencia votada en el mes de octubre.

Se rompió a conciencia con el Estado de Derecho, con toda legitimidad, con el respeto mínimo a la discrepancia que es el florón de cualquier Estado democrático.

La independencia duró ocho segundos.

Las simpatías despertadas en la España progresista por los sucesos del 1 de octubre se retrajeron de inmediato. Todo fue rápidamente a peor.

Han pasado tres años. Veinte años quizá no es nada, pero tres nunca pasan en balde. Coscubiela analiza de forma certera la catástrofe total que se ha ido desparramando a partir de aquella colisión original mal calculada, “de farol” según valoración de Clara Ponsatí, una de sus valedoras más destacadas.

Hoy no estamos en una Cataluña “camino” de la decadencia, como titula Joan Coscubiela. Hemos llegado a la estación término. No manejamos los mandos de la locomotora, ni siquiera en compañía de otros; estamos en el furgón de cola de un convoy detenido que otros habrán de poner de nuevo en marcha.

Pasarán años, quizá muchos, antes de que aparezca un remedio para esta situación empantanada. De momento, al procesismo le va bien en términos de voto jugar a la contra, incluso a la contra de sí mismo. Ensimismamiento en conflicto con sus propias partes componentes.

Y la oposición vegeta en su propia burbuja.

 

(1) https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/empantanados-ensimismados-camino-decadencia_129_6206168.html?fbclid=IwAR3o9_M7fmNVWHuIQ-lBOIAHFbaSbzxYBA1xg4rNVRtViIJ-GzlpeX1VBoQ

 

lunes, 7 de septiembre de 2020

LA BANCA ES UNA FUSIÓN INÚTIL

 


Sede central de Bankia, en Madrid.

 

La cita del titular no es exacta, pero algo parecido dijo don Jean-Paul Sartre. Ahora se fusionan Caixabank y Bankia para crear el grupo bancario más grande de España y uno de los punteros en el mundo.

La primera pregunta es para qué. Respuesta: para mejorar su cuota de mercado y ganar más dinero.

Ese dinero les aprovechará a ellos, y a nadie más. Les recomiendo un artículo de Manel García Biel en Nueva Tribuna. Manel conoce el paño de cerca, no es que haya sido cocinero pero sí ha estado en la cocina. No vocifera en ningún momento; habla con calma de los posibles aspectos positivos y los evidentes aspectos negativos. Con voz temperada.

Habla, por ejemplo, de “exclusión financiera”. El negocio bancario se sustenta más o menos en un 25% de la clientela total, dice Manel que dicen los financieros. Al resto, simplemente se les soporta. Salvo dolor de cabeza muy grave, se les envía al cajero automático y gracias.

El porcentaje de participantes en el negocio financiero podría crecer si prosperara la campaña encabezada por el gobernador del Banco de España, señor Hernández de Cos, contra el poder adquisitivo de las pensiones. (Yendo al fondo de la cuestión, contra el carácter público de las pensiones, que quita un sabroso caramelo de la boca siempre codiciosa de la banca privada.) Los fondos privados de pensiones darían mucho más de sí en términos de dividendos para el accionista, de no ser por los tiquismiquis de un equipo gubernamental infectado de podemismo.

Voy a plantearlo con toda crudeza: esta banca es un forúnculo en el culo de la ciudadanía. No nos sirve para nada, no nos da más que dolor y bronca y malos ratos. El anuncio de la fusión inminente, que situará a España en la cabeza del concierto de las naciones, produjo sensaciones encontradas. La Bolsa subió de manera significativa, nada más hacerse pública la fusión. La Bolsa volvió a bajar a los niveles anteriores veinticuatro horas después. Es lo que dura la alegría en casa del pobre, según la sabiduría popular.

No esperamos nada de la banca privada, orientada al business. Lo que queremos es una banca pública, que facilite la reconstrucción de la economía productiva, que no actúe como una sanguijuela con las comisiones, y que se oriente al crecimiento del bienestar y no al del beneficio, que son dos conceptos no solo distintos sino contradictorios.

Bankia debe al contribuyente veinte mil millones de euros. Caixabank no tantos, pero también recibió inyecciones de dinero público en su momento.

La fusión obedece a la lógica de una competencia interbancaria despiadada. Se nos anuncia que habrá más fusiones de entidades. Cada fusión reducirá los servicios bancarios, cerrará sucursales, reforzará el oligopolio, enviará al desempleo a personas capacitadas y expertas en la gestión de los recursos, aumentará la exclusión, encarecerá el ahorro, limitará la inversión productiva y extenderá la precariedad.

La “nueva normalidad” que habremos de instalar entre todos después de las urgencias de la pandemia, está pidiendo a gritos una “nueva banca”. Una banca pública, al servicio de las personas.

 

domingo, 6 de septiembre de 2020

BOAVENTURA Y LA PALABRA, SUPONGO, DE TODOS NOSOTROS

 


Tarso Genro (Foto: Guilherme Santos, Sul 21)


[Lecciones importantes sobre la pos pandemia que llegan de Portugal, pasando por Brasil. Cedo la palabra a Tarso Genro (*), un gigante de la izquierda brasileña.]


Tarso Genro

Es preciso construir en la medida de lo posible las capilaridades políticas, económicas y morales, que permitan bloquear el fascismo en sus raíces y el capitalismo en su reproducción de la vida en común, donde se expande sin piedad y sin solidaridad. Es preciso bloquear la voz de la irracionalidad cuando se presenta como la voz de la razón y de la igualdad. El tiempo pasado, el presente y el  futuro, nunca han estado tan compactados en lo cotidiano como ahora: es preciso  construir un orden nuevo dentro de la vida perversa actual, sin miedo y con audacia.

En el diario portugués “Público”, este 5 de septiembre, Boaventura Sousa Santos publica un artículo –de los mejores que he leído de él– sobre la llamada situación “pos-pandemia”. Es una situación política indeterminada –sin marcos temporales prefijados y sin confinamiento previsto– que desafía los rastros firmes de la evidencia empírica, y compromete nuestra teoria política de la emergencia, ya en un estado visiblemente depresivo. El título  del artículo es muy sugestivo, y para nosotros resuena con un eco medio desesperado: «La hora de la izquierda: ahora, o no hasta dentro de mucho tiempo» (ver aquí artículo en portugués, reproducido en Sul 21).

Por más que el texto trata de la situación portuguesa en particular, Boaventura enuncia tres lecciones para las fuerzas de izquierda (y para todos los que no desistimos de la democracia y la república) que tienen plena cabida en el escenario brasileño. Es inevitable reflexionar sobre estas lecciones para prepararnos a rechazar el fascismo, que avanza sobre el Estado, amparado en una improbable alianza con lo que existe de más experto, más corrupto y más insensible, en el campo del liberalismo rentista. Los principios enunciados por Boaventura son universales, y por tanto adaptables para pensar la crisis en cualquier lugar de este insensato mundo.

Primera lección: en momentos de crisis los ciudadanos son protegidos por el Estado, no por el mercado. Y lo saben de sobra. No se trata de una cuestión de “mala” moralidad de las instancias mercantiles, sino de su situación objetiva. Ellas están ahí para obtener beneficios, no para dar protección social, y si el emprendimiento no funciona por esta vía, muere a manos de la competencia y, con él, desaparecen también los empleos. Por otra parte, si en una situación de crisis sanitaria el funcionamiento del mercado debe restringirse ─para evitar el contagio─, el funcionamiento del Estado debe expandirse para combatirlo. La superioridad del Estado en relación con el mercado en una crisis es la superioridad evidente del Estado Social sobre el Estado de Derecho tradicional, en el cual el derecho de propiedad es absoluto y los problemas sociales son poco más que casos para la policía o, en el fascismo, para las milicias.

La segunda lección se refiere a las relaciones ciudad-campo, a la oferta y la circulación de los alimentos de la agricultura familiar, sanos, orgánicos y de procedencia menos dudosa que aquellos que nos son ofrecidos “en abstracto” en el mercado tradicional oligopolístico. Se refiere esta lección, también, a la valorización de los mercados y ferias de proximidad –para la oferta de dichos alimentos–, a su comercialización y producción cooperativas, a la entrega a domicilio personalizada y a las nuevas relaciones de confianza personal entre oferentes y compradores, que apuntan a la posibilidad de la construcción de “modos de vida” y de consumo con mayores posibilidades de relación entre productores y consumidores, y que incluso pueden influir en la tipología y en el comportamiento de los grandes negocios al por mayor.

El MST (1), la Vía Campesina (2) y los agricultores familiares, en el entorno de las ciudades grandes o pequeñas, demostrarán que el comercio, la industrialización y la producción de alimentos sanos ─fuera del circuito de la gran agroindustria─ pueden ser tanto un instrumento mediante el cual se incentiva la solidaridad para combatir el hambre, como igualmente pueden cambiar, aquí y ahora, buena parte de la vida en común. Y lo hacen proponiendo ejemplos para el futuro, que apuntan a un control del sociometabolismo del capitalismo rentista y oligopolista, que está siempre a favor de una mayor concentración de la renta y una mayor diversificación de la miseria.

La tercera lección que nos deja la tragedia de la pandemia está en relación con la legislación laboral, cuya flexibilización anárquica demuestra que las precariedades que han sustituido a la protección del empleo y del trabajo contractual clásico, solo crean  formas de vulnerabilidad agravadas. En concreto, en vez de financiar a las empresas en crisis ─sobre todo a las pequeñas y medianas, que son las mayores oferentes de empleo─, los gobiernos “liberales” financian a los Bancos privados, cada vez más próximos a la especulación con dinero público y cada vez más distantes de las empresas que producen los bienes de consumo y crean empleo para el mercado interno.

La precariedad, la informalidad y el desempleo, en esta hipótesis, solo pueden ser atenuados por las ayudas de emergencia, que no solo aumentan la deuda  pública, sino que además alimentan el poder de los bancos que financian al Estado, deudor permanente. El mundo pos-pandemia, en verdad, hoy solo existe como ficción de la ciencia política. Será lo que permitamos que sea, bien por la ausencia o la complacencia de nuestra voz, o bien por nuestra energía política, despertada por la solidaridad en la lucha contra el fascismo, el negacionismo y la corrupción.

Una gran advertencia del gran Boaventura.

 

Notas

(1) Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra, movimiento sociopolítico brasileño.

(2) Movimiento internacional que coordina organizaciones de campesinos, pequeños y medianos productores, mujeres rurales, comunidades indígenas, trabajadores agrícolas emigrantes, jóvenes y jornaleros sin tierra.

 

(*) Artículo publicado en Sul 21 el 5.9.2020. Tarso Genro ha sido gobernador del estado de Rio Grande do Sul, alcalde de Porto Alegre y, con Lula da Silva, sucesivamente ministro de Justicia, ministro de Educación y ministro de Relaciones Institucionales de Brasil.

(Por la traducción y notas, Paco Rodríguez de Lecea)

 

sábado, 5 de septiembre de 2020

CRÓNICA DESDE PLATANOON

 (Mi yerno Nikos pasó el año 2006 en la isla de Samos, ejerciendo de iatrós agrotikós [médico rural] en el pueblito de Plátanos. Le acompañaban mi hija Albertina (es decir, su mujer), y mi nieta Carmelina, que cumplió un año en la isla. Carmen y yo fuimos a visitarles en dos ocasiones. La crónica que sigue está tomada de una carta enviada a la familia con fecha 4.5.2006).

 


La casa del iatrós, nevada (9 febrero)

 

Cuando en el pueblecito de Brigadoon, perdido en los Highlands de Escocia, vieron acercarse a las brujas que traían el progreso, presas de pánico trazaron un conjuro y el pueblo levitó y desapareció de la faz de la Tierra. En Plátanos intentaron el mismo truco, pero el pueblo se quedó enganchado en lo alto de un risco. El progreso llegó hasta allí arriba, pero considerablemente atenuado, y el risco tiene la ventaja de estar preñado de agua, de modo que en la platía [plaza], además de los árboles que dan nombre al pueblo y de los tres kafeníos dispuestos al tresbolillo (el Partenón, el Sofía y el León), hay una cueva con una fuente que suelta agua a toda hora por dos caños, cada uno de ellos del grosor de un brazo. También hay otra fuente en la esquina que forma la calle principal con el ramal que sube hasta la casa del iatrós, y otra en el camino de Kondeika, un lugar vecino. El agua es muy fría y de buen sabor. Contad además la de los antiguos lavaderos, que son, como poco, de época medieval y muy curiosos por el sistema de entrada, distribución y desagüe a partir de un manantial que brota ahí mismo de la roca. Los lavaderos están en un nivel bastante más bajo que la calle principal; se accede a ellos por senderos de tierra casi verticales, pero provistos de escalones rústicos y barandillas de madera.


 La fuente de la encrucijada de la calle principal.

 

Las gentes de aquí se dedican a lo mismo que hace unos dos mil ochocientos años: como la tierra es vertical, acondicionan terrazas bien expuestas al sol en las que, entre pinos y cipreses, plantan vid y olivos. En los tramos no cultivados abundan el romero y otras plantas aromáticas, muy visitadas por las abejas. Es sobradamente conocido por todos que la mejor miel del mundo es la griega, y de entre las griegas la mejor miel es la de Samos. Pues bien, la mejor miel de Samos es la de Plátanos.

En cuanto al vino, qué vamos a decir. Una de las perversiones que trajeron las brujas del progreso cuando el pueblo se quedó enganchado en el risco fue la Cooperativa Vitivinícola. Por fortuna se quedó a la entrada de Plátanos, en la parte más baja, y las gentes sensatas no tienen demasiadas dificultades para ignorarla. Los payeses elaboran su propio vino, lo envasan en botellas de plástico y le llevan al iatrós un par de botellas de la cosecha para que juzgue. Eso es importante, porque el iatrós tiene merecida fama de persona de buen juicio (tiene una esposa extranjera que se le entiende cuando habla, y una niña extraordinaria de todo punto). Ahora bien, es un lugar común que el mejor vino del mundo es el de Samos, y el de Plátanos el mejor de todo Samos, pero cada payés está convencido de que el vino elaborado por él es el mejor de Plátanos. Son vinos tostados, de un color tornasolado que toma diferentes gradaciones según la botella, entre el rojo claro y el ámbar, y con un punto de gusto algo abocado. Es difícil discernir cuál es el mejor, y el iatrós no se ha pronunciado aún, ni tiene pensado hacerlo en fechas próximas.

El aceite y las olivas siguen las pautas de la miel y el vino, es decir, que no es posible encontrar nada mejor en el mundo por mucho que se busque. Las olivas son grandes y tienen forma de peras, y las aliñan con secular sabiduría. Sin despreciar ninguna otra aceituna, mi modesta opinión es que estas, una vez las has probado, corres el riesgo de enloquecer por ellas.

El comercio se limita a dos o tres mini markets y a la tienda de Gueorguía, que vende artesanías, bordados, vasos pitagóricos y molinillos de viento. Sus clientes exclusivos son los guiris que llegan al pueblo en coches alquilados, en autobuses de circuito (esto ocurre en verano, nosotros no los hemos visto) o a pie, con bastones nudosos y botas claveteadas, ellas con faldas amplias y ellos, casi siempre, con calzones cortos de cuero sujetos por tirantes, que no provocan ninguna reacción especial en la población autóctona (los alemanes están locos, ya se sabe).

Los varones de Plátanos, parsimoniosos en general en el habla, se dan cita en el kafenío (tienen tres a su disposición, uno frente al otro como ya queda explicado, y cada uno tiene su clientela, pero con una característica común: ellos ocupan invariablemente el interior del local, y dejan la terraza para los guiris); las mujeres se ven en la iglesia, en la consulta del iatrós o en la panadería, y los chiquillos ocupan un tramo de la calle principal que ofrece una superficie amplia y casi llana, justo en la encrucijada de la que parte cuesta arriba el ramal que lleva a la casa del iatrós, y en donde se encuentran además la fuente, la única panadería, que ejerce asimismo de tienda de chuches y estafeta de correo, y un teléfono público. Los varoncitos juegan al fútbol en el único espacio posible por la disposición orográfica del pueblo, y las chicas telefonean o se sientan a charlar en un escalón ancho de piedra.

Así pues, en resumen, la vida en Platanoon es plácida y las brujas del progreso lo tienen bastante crudo. Un día el iatrós se puso pesado y por una nadería (un infarto, para ser exactos) quiso enviar con urgencia al hospital de Samos, en ambulancia, al patriarca de una de las masías más grandes del lugar. “No, mire, le explicó el enfermo; prefiero quedarme en casa, esto se pasa con un vasito de vino y un crostón de pan con olivas y un tazón de iaurti endulzado con miel. Y si no se pasa, pues a ver qué, el otro mundo seguro que no es peor que el hospital de Samos, con todo ese jaleo infernal de gente desconocida que viene y va siempre con prisas. No se preocupe por mí, iatrós, de veras, mi hija le va a envolver media docena de huevos recién puestos, ya me contará qué le han parecido si sobrevivo. Usted sabe, porque es fama extendida por todos los puntos cardinales, que los mejores huevos de gallina del mundo son los griegos, y que en Samos se producen los mejores de Grecia. Pues bien, iatrós, escúcheme bien: los huevos de las gallinas de Plátanos...”

 


La ‘platía’ de Plátanos. A la izquierda un plátano; enfrente, el restaurante Partenón; las sillas del primer plano corresponden al Sofía; el León queda fuera de plano, a la derecha.

viernes, 4 de septiembre de 2020

DESDE LA DUDA

 


Patio interior de la madrasa (escuela islámica) de Bou Inania, en Meknés, Marruecos.

 

Hay un plan para enseñar religión islámica en las aulas de la escuela catalana. He pulsado la opinión en el ámbito de mis amigos de facebook, y en general las valoraciones son negativas.

Yo también creo que esto no va a salir bien, vaya por delante. Sin embargo, voy a romper una lanza en favor del principio. Quienes se sientan agredidos por esa lanza, pueden desde ya pasar a otro enlace, no me molestaré.

Alguien dijo que la política es demasiado importante para dejársela a los políticos. Tengo por verdad incontrastable ese principio. Los políticos profesionales son gente estimable en muchos aspectos, pero si les dejas el mango de la sartén, te joden. Es humano, atienden sobre todo a ellos mismos, y no a tus necesidades.

Con la religión ocurre lo mismo. No es mala en sí misma, incluso es necesaria en un contexto de socialidad, pero no puedes dejarla en manos de los clérigos. Te joden también.

Tanto si son católicos, como musulmanes, como rabinos, como pastores evangélicos. Lo mismo me da, que me da lo mismo. El punto de vista de todos ellos cuando predican (cuando hacen catequesis, que es algo muy distinto de una clase de religión), es un punto de vista “orientado” en el mejor de los casos; sesgado, en el peor.

Tenemos en el país ejemplos para todos los gustos. Ejemplo de una religión orientada desde los púlpitos: el auge de Vox y de las movidas antipolíticas. Ejemplo de una predicación islamista desde las mezquitas: el atentado del 14-A en Barcelona, sumado a todos los que le precedieron en la Europa cristiana, y a los que le sucederán si una idea laica, republicana e inclusiva no remedia una situación de marginalidad social repleta de agravios comparativos.

La escuela puede remediar esos déficits. Sería necesario que lo hiciera tanto con los excesos de la religión oficial como con los defectos de la religión marginal. La escuela ─la escuela laica, pongo todo el acento en el atributo─ tiene una centralidad insustituible para la cohesión social. La escuela es la puerta abierta para la inclusión social y la igualdad de derechos de quienes aparecen inicialmente como distintos y desiguales. El trabajo remunerado es el refrendo de esa inclusión y esa igualdad forjadas en la escuela. Si se elitiza la escuela y se precariza el trabajo, el resultado será una sociedad descohesionada, fragmentada, enfrentada, sembrada de odios.

Normalizar la religión islámica junto a la cristiana en la escuela pública, sin privilegios para la una ni para la otra, sería un buen principio pedagógico. Se trataría de asignaturas optativas, y su tratamiento no sería dogmático sino humanístico. Yo añadiría, para asegurar el éxito de una iniciativa tan atrevida, que los profesores no deberían ser clérigos en ningún caso. Sabemos los abusos (no sexuales, en este caso; pero abusos de todos modos) que comete todos los días la iglesia católica en relación con los profesores de religión, de la religión católica, única que se imparte hasta el momento. Quitar de las manos de la iglesia y de la mezquita la enseñanza de la religión en la escuela sería un primer paso imprescindible. Ni concordato ni pollas en vinagre.

En familia la fe que se enseña a los niños es la del carbonero; en los recintos religiosos, se enseña una catequesis entre interesada y agresiva. Lo que se consigue no es convivencia ni diálogo entre creyentes, sino otra cosa absolutamente contraproducente.

Hay que ensayar una vía diferente, una visión laica de las religiones, de su presencia en la sociedad y de sus potencialidades virtuales. Hay que saber, por ejemplo, que la situación de la mujer bajo el islamismo no viene de la doctrina contenida en el Corán, en sí, sino de la interpretación sesgada que han hecho históricamente y siguen haciendo los clérigos musulmanes de esa doctrina.

Como la yihad, como tantas cosas.

Saber todos nosotros más acerca del islamismo, promover la integración normal de la religión islámica en una sociedad pluricultural, es un objetivo que seguramente vale la pena, en conexión con una idea más clara y más funcional del papel central de la educación y del trabajo en nuestra sociedad.

Pero coincido con mis amigos de facebook en que la ley de las probabilidades (y la ley de Murphy, por descontado) indican que esta iniciativa catalana va a salir mal.

 

jueves, 3 de septiembre de 2020

ESTADO DE ALARMA DEMOCRÁTICA


Groucho y Chico debaten sobre la Constitución. (‘Una noche en la ópera’, Sam Wood 1935.)

 

Pablo Casado ha roto las negociaciones con el gobierno de Sánchez para la renovación del Poder Judicial, y no tiene intención de volver a la mesa mientras Pablo Iglesias siga formando parte del gobierno.

Insólito. Dicho de otro modo, el defensor a ultranza de la Constitución rompe a pedazos los artículos del propio texto que defiende a ultranza, alegando que la otra parte contratante no respeta suficientemente el contrato. Si se tratara de un gag de los Hermanos Marx, nos partiríamos de risa. En la vida real, la historia nos hace mucha menos gracia.

Casado anuncia desde ahora que su voto a los presupuestos ─sean estos los que sean─ va a ser negativo, porque su deber es “hacer oposición”.

La declaración implicaría un desconocimiento absoluto de lo que es hacer oposición en democracia. La cosa no es tan sencilla, sin embargo. Casado conoce las obligaciones que se le suponen en democracia al jefe de la oposición; las exigía de Sánchez, cuando quien estaba en el gobierno era Mariano Rajoy. Su ignorancia de ahora mismo es interesada. La Constitución que defiende tiene forma de embudo; inmensamente grande por un lado, y chiquitilla e intrascendente por el otro.

El campo de juego que defiende Casado es como el del patio del colegio en el que jugábamos al fútbol de niños. Las porterías mudaban de dimensiones en función de los equipos; todo lo que iba hacia la portería contraria era gol, todo lo que nos venía a la nuestra iba fuera. Podíamos ganar un partido que íbamos perdiendo tres a doce mediante la regla improvisada de que quien mandaba un balón al desmonte vecino era declarado perdedor. A nadie le gustaba perder, y no teníamos un tribunal supremo para dirimir las cuestiones litigiosas.

Exactamente lo mismo está haciendo Pablo Casado. Exactamente lo mismo ha hecho Quim Torra, solo que en este caso el secretario del Parlament se ha negado a secundarle, viendo lo que le puede caer encima a él. Torra defiende la obligación del secretario de obedecerle a él en su desobediencia a las leyes, basándose en la obediencia a las mismas leyes cuya desobediencia pregona. Me dirán que es rizar el bucle hasta el tirabuzón, pero es lo que hay.

Entonces, la democracia de uso en esta plaza es como las figurillas que se hacen de molde para el belén. Si la queremos con barba es un San Antón; si sin ella, una Purísima. Al gusto.

No hemos vuelto al estado de alarma para la pandemia, pero sí estamos en un estado comatoso de alarma democrática.

  

miércoles, 2 de septiembre de 2020

EL ARREBATO TOTALITARIO

 


Mal asunto cuando los líderes de opinión se empeñan en dictarnos cómo hemos de pensar, sí o sí.

Es lo que está haciendo doña Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC. Dice la señora que no se puede consentir que las universidades catalanas estén en manos de rectores unionistas. Ninguno de los dos rectores aludidos está en nómina de la ANC, luego ambos son sospechosos de unionistas, los estadillos están para eso.

El corolario de la arriscada afirmación de doña Elisenda es que la universidad únicamente cumple su función si se encamina al objetivo político perseguido.

Pero ese postulado es inmediatamente extensible a todo lo demás, o sea, las actividades productivas y recreativas, las opciones políticas y la vida cotidiana de las fuerzas vivas, solo son aceptables si se dirigen rectamente a ese “bien común” consistente en la separación de Cataluña del Estado español. La libertad de pensamiento y de expresión, el mismo derecho a decidir, solo serían aceptables en caso de que fueran libertad para pensar y expresar la independencia, derecho a decidir la independencia. Nunca para lo contrario.

Quiero subrayar que, en este esquema, la democracia desaparece por el escotillón. Si quieren que lo exprese de una manera paluziesca, no es aceptable una democracia que admita en su seno posiciones unionistas. Y claro, cuando resulta que las posiciones unionistas tienen mayoría, esa mayoría debe ser necesariamente desconocida e impugnada en nombre de la Idea Unilateral que preside los destinos de una Cataluña com cal.

Paluzie propone para el próximo 11 S rodear con cadenas humanas las instituciones catalanas “unionistas” que se propone asaltar en un segundo round. Son la Universidad central, el Banco de España, la sede de la Seguridad Social y la Agencia Tributaria.

El fascismo le asoma por detrás de las orejas, doña Elisenda. ¿Qué vendrá, después de ese “encerclament” que señala con claridad los objetivos preferentes de la escalada? ¿Una noche de cristales rotos tal vez, seguida por otra de cuchillos largos? ¿Se adoptará una “solución final”, en última instancia, para los unionistas recalcitrantes?

Es fácil decir que esta mujer está loca, o es tonta. La realidad es bastante peor: estamos delante del huevo de la serpiente.

 

martes, 1 de septiembre de 2020

¿SUEÑAN LOS 'RIDERS' CON UNA AUTONOMÍA VICARIA?

 


Pueden encontrar en el blog “Según Antonio Baylos” una entrada en la que Francisco Trillo presenta las conclusiones de un debate internacional (Brasil, Argentina, España) sobre los derechos laborales de los “riders” de las plataformas digitales tipo Glovo. Para mayor precisión, cliquen en https://baylos.blogspot.com/2020/08/que-derechos-laborales-para-los-riders.html

Olvídense de Industria 4.0, y del final del trabajo debido a la invasión de los robots. Los robots somos nosotros mismos, los humanos; podemos hacer las mismas cosas que los hombres mecánicos, a una velocidad comparable y a un precio absolutamente competitivo. Los robots ya estamos aquí, a casi todos los efectos.

Casi todos los efectos. Estamos aquí, sí, pero quizá no para quedarnos. El profesor Trillo habla de una «cultura de usar y tirar» el trabajo en las plataformas digitales. Tenemos nuestro punto alto, nuestro cuarto de hora de gloria, en la producción dirigida digitalmente; pero nuestra obsolescencia es rápida, y está escrupulosamente programada por los algoritmos. De alguna manera anticipó nuestra fugacidad don Pedro Calderón de la Barca, en aquel soneto: «Tales los hombres sus fortunas vieron: / en un día nacieron y expiraron, / que, pasados los siglos, horas fueron.»

Don Pedro cantaba la brevedad de la vida; ahora el problema es la brevedad de la prestación laboral. Las fortunas de los hombres se miden hoy por horas, incluso por cuartos de hora; y no hace falta que “pasen los siglos” para percibirlo.

Los trabajadores de las plataformas, e incluso otros, llevan una vida demediada e irremediablemente melancólica. Las plataformas contratantes alegan que no es una cuestión impuesta: hechas las encuestas pertinentes, sus trabajadores afirman por mayoría muy cualificada quee no desean ser asalariados comunes, sino autónomos.

Puede parecer paradójico, dado que los autónomos y emprendedores disfrutan de una protección jurídica menor, y tienen menos derechos que los asalariados comunes.

Pero se puede encontrar una explicación de orden antropológico: se trata de la melancolía del clon.

No me zapeen aún, por favor. No es mi intención poner a prueba su paciencia de lectores. Me explico. Me explico con sumo gusto.

Recuerdan ustedes aquel filme de culto, Blade Runner, de Ridley Scott. Los “replicantes” creados para el servicio de los humanos y luego rebelados contra ellos, eran en muchos aspectos más fuertes, más inteligentes, más aptos para la vida en la galaxia que quienes les crearon. Pero no eran humanos. Algunos colocaban en el aparador de la sala de su casa fotos antiguas de cuando eran niños, con sus padres sonrientes; o de unos hijos repeinados frunciendo las naricitas a la cámara. Eran fotos falsas, robadas a otros, con las que pretendían crear la ilusión de una vida que no tenían. Ellos fueron fabricados ya adultos, en una cadena de montaje. Y no eran dueños ni siquiera de su muerte. Su mecanismo había sido programado para morir a fecha fija, y a los que se rebelaban contra su destino y mantenían la ambición sacrílega de ser plenamente humanos, les perseguía por todas partes un policía capullo con la cara de Harrison Ford.

Los “riders” son humanos demediados, trabajan a demanda y contra el reloj, no tienen vida propia que valga la pena, su muerte laboral está programada por un algoritmo. Quienes tienen mujer (los “riders” son varones, en eso los algoritmos son implacables; las mujeres van equipadas con un kit detallado de vida interior, y en consecuencia no sirven para el oficio) y han procreado niños en algún avatar anterior, los dejan fotografiados en el aparador de la sala y atienden rápidamente a otra cosa, que el cronómetro va disparado.

No es extraño, entonces, que los “riders” sufran la melancolía del clon, del androide, del replicante. Quisieran ser humanos, plenamente humanos, y no les alcanza.

La novela de Philip K. Dick que dio origen a Blade Runner llevaba por título «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?» La pregunta es trasplantable a la situación de los “riders”. Podríamos formularla así: «¿Sueñan los “riders” con una autonomía vicaria?»

 


lunes, 31 de agosto de 2020

OFENSIVA DE OTOÑO

 


Cartel de ‘La túnica sagrada’, película de Henry Koster (1953).

 

Han caído algunas nieves en agosto, pero se trata de un dato puramente episódico, porque todos los indicios apuntan a que el otoño será caliente. El calendario incluye una moción parlamentaria de censura al gobierno, promovida por Vox; el debate tardío para la aprobación de los presupuestos generales del Estado, y la celebración catalana de la Diada nacional y de los consabidos sucesos de octubre del 17.

Un conato de incendio en el seno de la mayoría parlamentaria parece haber quedado sofocado. UP se abre a un posible pacto presupuestario con Cs, siempre que no se desnaturalicen los objetivos fijados en el programa de gobierno.

Es lo sensato.

Y lo sensato tiene en este caso la virtud añadida de reforzar los números de la mayoría. Es de cajón que Arrimadas no puede imponer un giro político de la coalición de gobierno hacia la derecha; le faltan argumentos y le faltan votos disuasorios. Tratará de mejorar la imagen de su grupetto después del descalabro de Rivera, y de apuntarse el tanto mediático de que gracias a ella no ha habido desparrames bolivarianos en los presupuestos (no los habrá, en ningún caso).

Si esa negociación se lleva medianamente bien, la moción de Vox quedará condenada, no solo al fracaso, sino a la soledad. Casado no querrá verse atrapado en un ideario falangista como alternativa al gobierno. En el debate de la moción, Vox habrá de recurrir a toda su imaginería incendiaria. Esa imaginería espanta a las bases del PP, que se sitúan entre la franja conservadora y la muy conservadora de la sociedad, y son capaces de esgrimir las cacerolas contra el gobierno si se les invita a ello; pero aborrecen la “dialéctica de los puños y las pistolas”.

La destitución de Cayetana Álvarez de la portavocía indica que Casado no va a jugarse otra vez la primogenitura en un choque frontal con Sánchez, cuando aún se está lamiendo las heridas del anterior. Un debate bien orientado y bien conducido, capaz de jugar con los matices en lugar de recurrir a descalificaciones de “todos ustedes son la misma mierda”, podría ayudar a romper el cordón umbilical entre Podemos y Vox. Eso significaría el aislamiento absoluto de Vox en las cámaras, y un aire mucho más respirable en el parlamento.

En la inevitable ordalía de las diadas catalanas, también sería posible una actitud más ofensiva en contra del procesismo. El govern está en una situación de descrédito absoluto, sin ningún dato positivo que llevarse a la boca; y la perspectiva tan repetida del viaje inminente a Ítaca carece de toda credibilidad. Ya no solo están peleados ERC y JxCat, sino PDeCAT y Junts. Todos contra todos, con la CUP en una situación marginal, enrocada, autista, convocando monótonamente a las masas a apuntarse a la próxima revolución pasiva.

El elemento decisivo para un cambio de situación sería que los Comuns renunciaran a seguir sosteniendo a costa de mil jeribeques los palos de ese sombrajo desfalleciente, y participaran en un conglomerado de oposición heterogéneo hasta el absurdo si se quiere (PSC, Cs, Valls y Comuns), pero capaz de conseguir una mayoría de desbloqueo de una situación agónica que no admite más espera porque pronto será ya irreversible.

Sé que es una receta que no va a gustar en los círculos. En la calle, creo que funcionaría. A mí, personalmente, me parece preferible partir entre varios la túnica sagrada, que rifarla a los dados.