viernes, 22 de enero de 2021

ATERRIZAJE

 


Grupo de viajeros en un aeropuerto. El momento es emocionante, como ocurre siempre en tales casos, y los aplausos, sin duda muy merecidos. Son reconocibles algunas caras de habituales de este foro. (Foto, Carmen Martorell)

 

De nuevo en Barcelona. El viaje fue todo lo bien que puede ir cuando te levantas a las cinco de la mañana, deambulas somnoliento por los aeropuertos guardando distancias sociales, te duele la rabadilla de tanto estar sentado en vuelo o en tránsito, tus puntos de referencia se reducen a los WC sucesivos que jalonan los pasillos por los que arrastras el maletín sin descuidar el seguimiento ─así en los urinarios como fuera de ellos─ de todas las normas preventivas en pandemia, y te das cuenta de que has perdido todo contacto con tus medios habituales de información.

Esto último casi es lo mejor de todo el paquete. De pronto, te sientes liberado del pesado fardo de datos poco relevantes con los que los medios y las redes te bombardean a toda hora. Te asalta una vaga alarma por la desorientación, pero también sientes alivio: has entrado en un paréntesis del tiempo y no eres responsable de nada de lo que ocurra en el mundo, salvo de tu equipaje y de tu tarjeta de embarque.

Barcelona sigue más o menos como la recordábamos, de hace ya cuatro meses. La temperatura es benigna. Me entero con sorpresa de que el Real Madrid se ha dejado eliminar por el Alcoyano de la Copa del Rey de fútbol. (La monarquía está decididamente en crisis; fantaseo con que algún día el equipo blanco pase a llamarse Madrid Republicano Club de Fútbol, y dispute ¡y gane! la Copa de la República Federal).

Una encuesta del “CIS de Tezanos”, leo, y el tono en sí mismo del escrito es ya despectivo, da al PSC como ganador de las inminentes elecciones catalanas. La fecha aún no está clara, el TSJC la decidirá finalmente el 8 de febrero.

La fecha es lo de menos, cuanto antes mejor, siempre que se aseguren las medidas preventivas adecuadas y la gente esté a gusto votando. Yo diría que no van a hacer falta muchos estímulos para que la ciudadanía haga cola ante las urnas, puestas por fin con las garantías debidas donde deben estar para cumplir su función. (La consellera Budó repartió las pasadas navidades urnas sobrantes del 1-O para los niños pobres a los que los Magos no han traído juguetes. Dejo constancia aquí del suceso, porque nuestros tataranietos futuros no se lo creerán, si no tienen pruebas documentales que lo abonen. Tanta estupidez queda fuera de cualquier hipótesis razonable; tanta estupidez, sin embargo, existe aquí y ahora.)

Puede que a ustedes les guste Salvador Illa como president, o que no les guste. Si no les gusta, lo mejor que pueden hacer es votar a otro/otra. Y aceptar los resultados finales. En eso está el busilis de la cosa, no en ir aplazando la democracia hasta que los vaticinios sean favorables a su candidato/a. Eso, disculpen que señale con el dedo, está feo. Yo he ido a votar muchísimas veces con todos los sondeos en contra. Si mi voto servía nada más que para que mi opción preferida no desapareciera del horizonte político del país, ya me daba por contento.