lunes, 25 de enero de 2021

UNA BALA DESTINADA A TI

 


Fischia il vento infuria la bufera.

(Fausto AMODEI, Per i morti di Reggio Emilia)

 

No es conveniente, y seguramente tampoco posible, seguir viviendo de ilusiones. Este no es un país democrático hasta el tuétano. Los militantes de Vox no son alienígenas. Los militares jubilados que sueñan con el fusilamiento de millones de españoles “”díscolos”, se consideran a sí mismos representativos de un sector importante de la opinión. Hay fascismo explícito en el comportamiento de Josep Sort, presidente de un partido político legal, Reagrupament, al hacer públicos, no de forma episódica sino con reiteración, unos tuits truculentos que señalan su desvarío y que no reproduzco en esta bitácora por no ensuciarla gratuitamente. En la plaza Mayor de Vic (Osona, Cataluña), los CDR han desplegado una bandera negra adornada con los símbolos consabidos del independentismo.

Son los modos y los desahogos de una ultraderecha viva y operante. No estoy diciendo que los nacional-populismos sean en sí mismos fascismo, digo solo que no hay líneas rojas de demarcación entre una ideología y la otra, y que existe entre ambas una amplia zona de sombra, zona por la que se aventuran resueltamente personajes que reclaman a los cuatro vientos su “libertad de expresión” frente al aherrojamiento de la “corrección política”.

Somos una sociedad débil, fragmentada, indefensa, precaria, puteada. Una sociedad que dejó en algún momento de creer en el Estado, en las instituciones democráticas, en la Administración de Justicia, en los partidos políticos, en los sindicatos, en todo el cemento que (bien o mal) cohesiona a las personas, y desde entonces vive encerrada en su individualidad desnuda en lugar de abrirse a lo otro, a lo distinto, a lo que nos interpela.

El confinamiento pandémico viene de antes, el coronavirus no tiene arte ni parte en este declive de la sociabilidad y la juridicidad. En algún momento alguien determinó que no existen más que dos realidades: el egoísmo individual y el mercado global.

Urge reaccionar para que los dictadores en embrión no nos impongan SU libertad. Abrir puertas y ventanas, encontrarnos con “los otros” e interactuar con ellos en las calles o en las redes, construir alternativas, ya sean presenciales o bien on line, que nos impliquen más allá de nuestra zona de confort (de desconfort, más bien).

No hemos de dejar pasar bajo ningún pretexto al fascismo que, de vuelta cuarenta años después, reclama carta de legitimidad.

No es asunto para bromear: ese fascismo tiene en la recámara de su arma de fuego una bala destinada a ti.