viernes, 15 de enero de 2021

MÍSTER MARRIED Y ALMEDILLA EN LA CUEVA

 


Don Quijote en la cueva de Montesinos. Ilustración del 'Quijote' (1894).

 

Pablo Casado entiende que los dineros que apronta la Unión Europea para reconstruir las economías deterioradas por la pandemia, deben ser utilizados para poner Madrid en estado de revista, después de las nevadas.

Vendría a ser lo mismo que decorar con mimo el escaparate como remedio para reflotar un comercio en suspensión de pagos. Pero se trata de una propuesta coherente con el teatro del absurdo al que se dedica el líder del PP desde hace tiempo.

De paso, también es coherente con la petición del alcaldillo Almedilla de declarar Madrid zona catastrófica y recuperar de ese modo 1.400 millones de euros con los que adecentar las aceras de la capital por las que las floristas vienen y van con los nardos apoyados en la cadera.

O sea, a ver si lo pillan ustedes: cuando asociamos Madrid y catástrofe no estamos haciendo referencia a las cifras fuera de control de contagios y de muertes, ni a las dificultades para sobrevivir del pequeño comercio y de la industria, ni por pienso a la situación que están viviendo los vecinos de la Cañada Real. En todos esos temas, cada palo habrá de aguantar su vela y que Dios reparta suerte. A lo que se refieren Míster Married y Almedilla es a otra cosa muy distinta, a la esencia sutil que envuelve a Madrid y a España bajo la misma bandera kilométrica y cuajada de luces y efectos especiales.

Es tanta la identificación que ambos líderes de la derecha hacen de Madrid con España y de España con Madrid, que para ellos resulta meridiano que la parte de España que no es Madrid es menos España, o lleva emborronada la Marca España; y en consecuencia debe ser colocada en un renglón más bajo del listado de prioridades.

Madrid da con gallardía el paso al frente, y se ofrece para liderar la reconstrucción del país bajo sus parámetros propios. No solo ha de ser el tajamar de las Españas ─y por ese motivo reclama toda la financiación estatal disponible, ya que desafortunadamente no cuenta con recursos propios y en las arcas municipales solo tiene un enorme agujero de deuda─, sino que se propone además como tajamar de toda la Unión Europea, que ya está tardando en entregar los recursos necesarios para la mayor pompa y boato del milagro madrileño/español.

Con estas cosas que digo, y las que guardo en silencio, circula entre Alcalá y Recoletos la extraña pareja, a piñón fijo y con los nardos prendidos de la cadera. Son un mal remedo de Don Quijote y Sancho maravillados por las riquezas asombrosas que se guardan en la Cueva cuya entrada solo ellos conocen, y que ya no es la de Montesinos sino la de Monipodio.