jueves, 23 de septiembre de 2021

LIBERTAD DE EXPRESIÓN DEL ODIO

 


Baile callejero de máscaras en el año 2008

 

Nicolás Sartorius ha utilizado la expresión “liberalismo tóxico” en un artículo publicado en Diario.es bajo el título «¿Qué le pasa a la derecha española?» (1). Lo recomiendo a quienes deseen una opinión con fundamento acerca de la situación anómala que vivimos cuando desde los medios informativos se pide al gobierno consenso con una oposición abonada a un tremendismo montaraz.

Por las calles del barrio madrileño de Chueca han desfilado los energúmenos ejerciendo su libertad irrestricta de pedir a voces la expulsión de los maricones. En el Congreso de los Diputados, otro energúmeno “padre de la patria” llamó bruja a una colega de la bancada socialista, después de lo cual, chulapamente, se negó a rectificar, y no quiso abandonar el hemiciclo cuando la presidencia le expulsó de la convivencia.

No son anécdotas, sino categorías; y no implican solo a Vox (que es mucho más que un virus patógeno enquistado en un cuerpo por lo demás sano), sino que infectan todo el modo de razonar y de exhibirse de nuestras derechas de ahora mismo. El alcalde de Madrid ha borrado unos versos de Miguel Hernández en el cementerio municipal, ha cambiado el nombre de una calle dedicada a una maestra por el de Millán Astray, ha permitido impasible la vandalización de un mural dedicado a las mujeres. El alcalde es del PP, no de Vox; es abogado del Estado, no terrateniente ni licenciado según un máster de Aravaca.

Y la judicatura, concebida como el fiel de la balanza destinado a ejercer de contrapeso para equilibrar todo el sistema político, da amparo a estas actitudes bajo su manto y fustiga por el contrario cualquier salida fuera de tono sobrevenida desde el otro lado de una barricada simbólica. La prevaricación parece estar incluida en el orden del día de nuestros jueces.

Todas estas barbaridades se parapetan detrás de la invocación suprema a la libertad. Ya hace años, el jurista y pensador italiano Norberto Bobbio nos dejó una reflexión ejemplar acerca de lo que significó el primer liberalismo en la historia de las ideas, y la caricatura sesgada del mismo representada con el prefijo “neo” en los ultimísimos tiempos (2). “Neoliberalismo” es nada más un eufemismo para disimular una realidad más oscura; Sartorius nos lo aclara, dicho en román paladino se trata de un liberalismo tóxico. No hay un átomo de libertad en ese falso liberalismo, porque predica la libertad de unos contra otros, y eso no es más que un juego de palabras malicioso y peligroso. La libertad es social por naturaleza, implica a todos y el respeto de todos hacia todos. A la “libertad” puramente individual ejercida contra los derechos de otras personas (los maricones, las brujas, los perroflautas, por ejemplo), se le ha dado siempre un nombre distinto, y se ha hecho bien porque se trata de otra cosa.  

Detrás de la máscara de la “libertad” ensordecedora que nos predican, se esconde la mueca burlona del fascismo.  

 

(1)  https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/le-pasa-derecha-espanola_129_8304288.html

(2)  Ver https://pasosalaizquierda.com/viejo-y-nuevo-liberalismo/