sábado, 15 de febrero de 2020

ENAMORADOS QUE PRESCINDEN DE SAN VALENTÍN



Primer documento gráfico en el que Carmen y Paco aparecemos juntos (La Garriga, hacia 1954).


Leo en la vanguardia que hubo de cierto algunos Valentines mártires en época romana, y uno de ellos hizo el milagro de curar a un epiléptico según las actas de los antiguos cristianos; pero de ninguno en particular puede decirse que patrocinara a los enamorados.

La tradición, al parecer, arranca del poeta inglés Chaucer, que en alguna parte puso que por San Valentín, cada ave busca su pareja. Este breve apunte ha bastado para desarrollar una potente propaganda en nuestra época, cuando tiende a medirse el amor por el consumo.

Lo que importa de San Valentín, entonces, es la fecha, y no las circunstancias del santo. Los enamorados en cuestión, de otro lado, son los pájaros, que usan aparearse en épocas determinadas, en tanto que los/las humanos/as lo hacemos a conveniencia, porque el celo nos dura todo el año sin respetar días festivos ni laborables, ceremonias religiosas ni civiles, días fastos ni nefastos. (Si bien datos estadísticos constatan que los apareamientos se han visto potenciados puntual y asombrosamente en algunas zonas geográficas y sentimentales en coincidencia con los goles de Andrés Iniesta).

Queda claro que ni San Valentín, fuera obispo o presbítero, mártir o confesor, se preocupó mayormente de los enamorados, ni los enamorados (me incluyo entre ellos) nos preocupamos, a la recíproca, de San Valentín.

Tampoco, he de confesarlo, me presenté ayer delante de Carmen con un ramo de flores o una caja de bombones en la mano. Ella me habría preguntado a qué cuento venía la novedad. A nuestro enamoramiento no le hacen falta pruebas materiales fehacientes, como las que exigen los tribunales en los juicios representados en las teleseries. Nos querernos día a día y ya está, sin desembolsos a fecha fija y sin plazo expreso de caducidad.


viernes, 14 de febrero de 2020

HILO DIRECTO CON EL ELECTORADO, O CUANTO PEOR, MEJOR



Teresa con Pablo, en días antiguos de vino y rosas (foto tomada de el periódico)


José Luis López Bulla acaba de colgar en la red uno de sus artículos antológicos (él los llama ejercicios de redacción, cosa que me devuelve a los tiempos de la escuela, cuando el maestro de gramática ─en mi caso llevaba sotana─ nos daba veinte minutos para entregar una composición sobre la llegada del otoño, y venga todos los escolares de hablar de las hojas muertas, sin haber escuchado aún a Montand).

La cosa de José Luis trata de la fragmentación de la principal opción de izquierda en Andalucía: éramos pocos, y aún vamos a ser menos. El motivo de la elegante separación con abrazo incluido es difícil de entender, pero José Luis lo desvela con una frase que rezuma verdad por los poros: «Una cosa es la voluntad de las bases y otra la autolegitimación del dirigente que, rayana en el divismo, fija la ortodoxia que ─se dice─ viene desde los tiempos antiguos.»

Las cosas claras: la voluntad de las bases es lo de menos. José Luis pone en cursiva la palabra “bases”, seguramente para sugerir que ya no existen, por lo menos en el sentido de antes: un colectivo caracterizado por una condición común y unas aspiraciones compartidas, agrupado en torno a una dirección reconocible con la que ese colectivo interactúa a partir de convicciones muy profundas y de un optimismo de la voluntad presente incluso en tiempos difíciles.

Ahora los partidos políticos se han verticalizado, y vienen a sustanciarse en la comunión casi religiosa entre un líder carismático y un auditorio disperso. Lo que hay entre uno y otro son expertos en comunicación, sondeadores de opinión, y cajas de resonancia variadas.

No es de extrañar entonces que Teresa Rodríguez decida instalar su propio chiringuito, y que dios reparta suerte. No es serio, pensamos quienes estamos educados al modo antiguo; pero para la lideresa, la política no pasa de un modo de expresión personalísimo, y se ilusiona con la perspectiva de que haciendo las cosas a su manera va a recoger muchos likes en las redes.

Cierto que esos likes no le servirán de nada, a efectos de mejorar la vida de las personas andaluzas, y que la perspectiva de ahormar un gobierno plural de progreso en Andalucía se aleja más aún, con su iniciativa.

Pero al parecer, es precisamente la idea de un gobierno plural lo que la ha espantado. Gobernar con personas que no piensan lo mismo que una, le parece a Teresa un suplicio. Ella prefiere vivir a la contra, y cuanto peor, mejor.


jueves, 13 de febrero de 2020

EL "EFECTO MATEO" EN LA SANIDAD Y LA EDUCACIÓN



Los expertos en economía niegan que haya desaparecido el llamado “Estado del bienestar”. Ha sufrido, sin embargo, una distorsión importante: ahora los beneficiarios principales ya no son los necesitados, sino los bienestantes: los que más tienen reciben más, y los que no tienen nada son excluidos.

Esta situación es muy perceptible en la sanidad y en la educación. Los recursos fiscales aportados por la ciudadanía al Estado se redistribuyen en forma de ayudas financieras, pero estas ayudas ya no van preferentemente a la sanidad y a la escuela pública, sino a entidades privadas “concertadas”. La trampa de los conciertos reside en que el Estado paga por un servicio público, mientras que a la entidad receptora no le interesa el servicio público sino el lucro privado. El dinero de los presupuestos dirigido a estos fines loables resulta en definitiva que no va a parar a quien de verdad lo necesita, sino que abarata los costos de explotación de un lobby de empresas con ánimo de lucro. Quienes pueden costearse esas atenciones (cuidados médicos y escuela) a precios "de mercado" son en definitiva quienes más beneficiados salen en el nuevo esquema de welfare, ya no igualitario sino “desigualitario”.

Los economistas llaman a esta paradoja «efecto Mateo», en alusión a una parábola de Jesús recogida en el Evangelio de San Mateo, 25, 14-30.

Puede ser útil recordarla. Un señor se va de viaje, y reparte algunos bienes a sus siervos: a uno le da cinco talentos, a otro dos, y al tercero, uno. Cuando vuelve de su viaje, reclama las cuentas, y quien recibió cinco devuelve diez, y quien recibió dos devuelve cuatro. Pero el que recibió un solo talento lo enterró para no perderlo, y solo puede devolver lo mismo que le fue entregado.

Es aleccionadora la explicación del siervo, porque parece describir los métodos del moderno capitalismo financiarizado: «Señor, sé que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual he tenido miedo y he escondido tu talento en la tierra. Aquí tienes lo que es tuyo.»

Y responde el señor: «Siervo malo y negligente, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y así al volver yo, habría recibido lo que es mío más los intereses.»

Tras lo cual ordena que el siervo sea echado «a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes.»

La parábola concluye con una explicación somera (versículo 29), que acaba por dejarnos asombrados: «Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que no tiene le será quitado.»

Dejo ese hueso para roer a quien considere el Evangelio como una predicación llena de paz y de amor a la humanidad. Han pasado veinte siglos y pico, y todavía nadie ha dicho que este fragmento sea una extrapolación introducida de forma malévola por un macabeo que quiso desvirtuar la doctrina radiante del buen pastor que apacentaba amorosamente su rebaño.

Los economistas se han limitado a tomar nota, y ahora una situación que conduce directamente a aumentar las desigualdades sociales ha venido a tomar el nombre oficial del Evangelista, con fines didácticos.

La moraleja podría ser que estamos listos si esperamos la salvación de las alturas.


miércoles, 12 de febrero de 2020

EL LAPSUS FREUDIANO DEL DIPUTADO ECHÁNIZ



La hipocresía, metáfora


Hay una gran contradicción en votar a favor de expulsar de su empleo a una persona por el hecho de haber enfermado, y votar en contra de la despenalización de la eutanasia, es decir de la ayuda por acción u omisión a darse de baja de la vida a una persona que lo desea así, porque sufre una enfermedad insoportable e irreversible.

En el PP toma cuerpo esa contradicción, debido a su doble filiación: es un partido neoliberal en lo económico, y al mismo tiempo católico rancio en lo ideológico. Las dos cosas a machamartillo, y a ciegas; con la fe del carbonero.

Lo sabíamos desde hace tiempo, y la cuestión no merecería un comentario de no ser por la intervención de José Ignacio Echániz en el Congreso. Echániz ha acusado al gobierno de promover la eutanasia para ahorrar en gasto social. Se ha escandalizado virtuosamente de que la propuesta de ley ─que no va dirigida a la promoción, sino a la despenalización, de la eutanasia─ representa «un recorte social en toda regla, que hace que la longevidad se convierta en un riesgo financiero». En consecuencia, añade, «lo humano es cuidarnos, y acabar con los enfermos es realmente reaccionario.»

Cualquier intento de explicar racionalmente las palabras del portavoz parlamentario del PP, fracasa. Y la razón de ese fracaso es que lo que dice no está dictado por la razón, sino por un lapsus freudiano que ha hecho aflorar su inconsciente reprimido.

O sea, dejándonos de terminachos técnicos: a José Ignacio Echániz le encantaría (en la intimidad) reducir gastos sociales eliminando a los enfermos irrecuperables que tienden a lastrar una Seguridad social que en su mentalidad debe funcionar como un método jugoso de extracción de rentas para mayor beneficio de una sanidad privada, financiada a medias por los usuarios y por conciertos con el Estado hábilmente dirigidos hacia las clínicas y centros de salud para pudientes.

Echániz no ha podido impedir, entonces, que por los bajinis de su discurso se le escapara expresar lo adecuado que sería ese planteamiento, en aras de una mejor economía neoliberal. Ocurre que no puede dejar de lado el factor religioso concomitante, y por eso acusa hipócritamente al rival político de lo que él mismo desearía hacer.

«Lo humano es cuidarnos», dice. Debe entenderse que se está refiriendo a cuidados de pago, de alto standing, facturados con el IVA correspondiente, o bien a esos cuidados no remunerados, tan característicos de la abnegación de las mujeres de las clases bajas, que prodigan a manos llenas su atención llena de cariño a los familiares necesitados.

El hecho de que la situación se convierta en ocasiones en un callejón sin salida tanto para la persona cuidadora como para la cuidada, y que cualquier intento de atajo para ambas tropiece con la sanción severa del código penal, al señor Echániz y a sus correligionarios neoliberales les importa un ardite.

Sea lo que sea un ardite, que no lo sé con exactitud.


martes, 11 de febrero de 2020

LA JETTATURA


Una determinada creencia popular de tradición multisecular sostiene que los dioses se divierten de cuando en cuando castigando a los humanos por el procedimiento retorcido de dar cumplimiento a sus deseos de una manera diferente a como esperaban, y que en definitiva se convierte en una maldición. Es la jettatura, el mal de ojo del que resulta difícil librarse cuando las fuerzas alineadas en contra de nuestras expectativas son poderosas.

Dos grandes expectativas insertas en la tradición del movimiento obrero se han convertido en sendas maldiciones que gravitan sobre nuestras espaldas. Son la idea de la internacionalización de las fuerzas productivas, y la idea de trabajar menos para trabajar todos.

Hoy las deslocalizaciones masivas en procesos productivos complejos han internacionalizado la producción. Pero no en la línea de una mayor cohesión e impulso solidario, como deseaban nuestros abuelos y seguimos deseando nosotros, sino en la línea de la fragmentación, la desregulación y el dumping promovido por el egoísmo exacerbado de los detentadores del capital, en contra de las aspiraciones del mundo del trabajo, que va perdiendo conciencia solidaria de clase por el camino verde que fuerza a muchas/os a la emigración y a la errancia infinita para poder subsistir.

Lo mismo se puede decir del “trabajar menos para trabajar todos”. La idea inicial era repartir el trabajo realmente existente, y de ese modo ganar todos en derechos y expectativas en una sociedad inclusiva. Lo que tenemos es, en cambio, la rotación acelerada en los empleos, en condiciones leoninas (“trabajo indecente”) y con salarios basura. La precariedad descarnada, en lugar de la ampliación, tanto del paraguas de la protección, como del colchón amortiguador de la previsión social.

La jettatura no obedece en nuestro caso a una maldición bíblica, en la que no creemos ni mi amigo Antoni Cuadras ni yo. Lo de «ganarás el pan con el sudor de tu frente» lo hemos tomado siempre a beneficio de inventario, pero es que ahora mismo la tan publicitada cólera divina ha sido sustituida por la indiferencia demasiado humana de los amos del cotarro, que nos reclaman siempre más sudor de nuestra frente a cambio de menos pan.


lunes, 10 de febrero de 2020

QUIZÁ NO HUBO GUERRA DE TROYA



Supuestas ruinas de Troya en Hisarlik, Asia Menor.


Jacinto Antón da cuenta en elpais de una gran exposición en el Museo Británico sobre la guerra de Troya.

Pero resulta que la exposición citada empieza por poner en duda la mayor. Hay serias posibilidades de que no hubiera guerra en Troya; y si la hubo, de que no fuera tal como nos la contó Homero.

En ninguna parte se ha encontrado el costillar de madera de un gran caballo susceptible de ser el artefacto ideado por los aqueos de grebas hermosas para penetrar en la ciudadela sitiada. Los restos ennegrecidos hallados por Heinrich Schliemann en una determinada capa de un yacimiento arqueológico de Hisarlik formado por muchas Troyas superpuestas, no se corresponden con exactitud a las fechas facilitadas por Homero. No existen pruebas materiales fehacientes. Todo podría reducirse a fake news lanzadas a la blogosfera por un influencer llamado Homero.

A propósito, tampoco la existencia de Homero está debidamente confirmada por la investigación científica. Omíros quiere decir, sencillamente, “el ciego”. A saber cuántos aedos ciegos andaban rondando por ahí, y a cuál de ellos se le ocurrió el pastel.

Está bien poner en duda las viejas certezas, pero la herencia cultural que hemos recibido desde hace muchos siglos no depende en definitiva de la exactitud de los detalles. La cultura es algo con lo que siempre se tiene que negociar; la ignorancia, en cambio, es un bloque compacto.

Algunas gentes predican que no hay que fiarse, circula mucho blablablá en torno a estas cuestiones y los pilares de la civilización tal como la entendemos podrían quedar reducidos nada más a un constructo de cartón-piedra adobado con plastilina para aparentar una solidez enteramente ficticia.

Para caminar sobre seguro, esas gentes proponen como cien veces preferible el adanismo completo. Empezar de cero, sin prejuicios ni premoniciones redentoristas. «En el principio era el Verbo neoliberal, y el Neoliberalismo era Dios.» Por ahí van los tiros de quienes arremeten contra el mundo tal como se ha ido conformando pacientemente al paso de las generaciones.

Para ellos, todo estaba dado y bendecido desde el principio. Y lo que no se remite al dogma es solo paparrucha.

Por cierto, ¿existió realmente Adán? ¿Es fiable en este punto la Biblia, se han encontrado pruebas incuestionables de un paraíso terrenal neoliberal?


domingo, 9 de febrero de 2020

POSAT DE BLEDA



Imagen artística de Atila rey de los hunos a caballo. Según dicen las leyendas, el realmente importante de los dos era el caballo.


En China tienen el coronavirus, que está consiguiendo exportarse a sí mismo a pesar de todas las barreras y los cordones sanitarios que se le quieren imponer.

En Cataluña no llegamos a tanto pero tenemos a Quim Torra, que ahí sigue, con su medrosa actitud de acelga (él se define de este modo: “posat avorrit, de bleda i de poca cosa”, lean el magistral reportaje de Xavier Vidal-Folch en elpais), con un catolicismo acendrado y sin matices adquirido en la frecuentación de las sacristías, y dotado de un regate corto e insustancial en la política a la que ha llegado de forma parecida a Poncio Pilatos en el credo, aupado por su repentina deriva desde la nada hacia una “intransigencia salvaje” (es la expresión elegida por él mismo) y con la ayuda de una serie de carambolas inverosímiles que acabaron por dejarle, debido a la ausencia de los jugadores que habían empezado el partido del procés como titulares, comandando el centro del campo indepe con el encargo taxativo de su coach de ejercer el sacrificado rol de “medio estorbo”.

El hombre que en su día hundió Winterthur Asistencia en el momento mismo de nacer, según el presidente del grupo asegurador Josep Cercós, gracias a un discurso torpe, balbuceante y desangelado, ahora dirige sus baterías contra la mesa de diálogo entre el Gobierno y la Generalitat.

Hay políticos habilidosos capaces de regatear a su propia sombra. Torra no es de esa clase. Su genio es del mismo tipo que el del caballo de Atila, que hacía desaparecer los brotes verdes allá por donde pisaba; o el del personaje de Peter Sellers en la película “El guateque”, de Blake Edwards. Él es el humilde servidor, el jardinero constante, el acompañante fiel del caos.
  

sábado, 8 de febrero de 2020

EL TIOVIVO DE LA PERSECUCIÓN POLÍTICA


¿Quién dice que Quim Torra no está haciendo nada por Catalunya? ¿No es nada la paciente tarea de hormiguita de poner palos, palitos y palitroques sucesivos en las ruedas, para que no avance el diálogo político que desea y suscribe, según datos de encuestas oficiales, el 83% de los catalanes?

Quim Torra se siente a gusto con la judicialización de la política. Los procedimientos judiciales dan pábulo a su victimismo congénito y además le ofrecen plazos, mientras que abordar la precariedad social y económica que padece el país por la vía política resulta, en cambio, inaplazable.

Ante la nueva causa abierta contra él por desobediencia (desobediencia infantil, enrabietada, “estéril” como se han hartado de decir sus colegas de ERC) por la Junta Electoral Central, ha denunciado “persecución política”. La persecución política es un tiovivo que gira sin parar: él persigue a la JEC, la JEC le persigue a él, la rueda gira y gira, y sobre la plataforma móvil cada cual sigue inmóvil en su lugar.

Con la iniciativa del diálogo acordada entre el gobierno de progreso y ERC viene sucediendo lo mismo. Sánchez se presentó en Barcelona como estaba mandado, con un cartapacio de 44 propuestas. Finalizado el encuentro, para el que hubo despliegue protocolario de uniformes, banderas y alfombras ─algo que le chifla a Torra, por lo que se está viendo─, el president ha confesado que no se había leído el informe de la contraparte.

No, él no está interesado en soluciones a los problemas de la gente, lo que le va son los grandes conceptos vacíos con muchas mayúsculas: Autodeterminación, Amnistía y un Mediador Indispensable con Perfil Internacional. Los 44 puntos del informe pueden esperar a las calendas griegas. El final de la negociación debe ser colocado al principio, y de ese modo el contenido político mismo del problema existente podrá quedar obviado, y tal vez escondido debajo de alguna suntuosa alfombra roja, entre la trompetería de los mossos.

Es otro tiovivo, parecido al judicial como dos hermanos mellizos.

Lali Vintró, en un artículo de opinión publicado hoy en elperiódico, se pregunta y nos pregunta a todos a quién representa Quim Torra. Es una buena pregunta. La respuesta sería instructiva, pero no estoy en condiciones de darla.


viernes, 7 de febrero de 2020

ORO NEGRO, DE DOMINIQUE MANOTTI



Acaba de aparecer en el mercado literario una novela criminal singular: Oro negro, de Dominique Manotti (Ed. Versátil, Barcelona, traducción de Albertina Rodríguez Martorell).

No es pretensión de este blog hacer publicidad comercial, y tampoco mi parentesco directo con la traductora influye en la recomendación que les hago. La novela vale por sí misma, es ampliamente digna de ser leída. La autora, que viene a BCNegra adornada con el epíteto mediático de “gran dama del polar francés”, presentará este domingo su obra en el Fossar del Mercat de Sant Antoni, y quien tenga afición por el género y por las novedades que aporta, podrá asistir y hacerse su propia composición de lugar.

Quiero contar algo más sobre la autora y sobre la novela, sin spoilers. Dominique Manotti se llama en realidad Marie-Noëlle Thibault, nació en París en 1942, militó en la Unión de estudiantes comunistas y en el sindicato CFDT, y entró tardíamente en la literatura (su primera obra publicada es de 1995, en 2011 recibió el Grand Prix de la literatura policiaca por L’Honorable Société). No es lo que suele entenderse por una “gran dama”, sino una escritora concienciada y concienzuda, que documenta históricamente sus obras con precisión y cuyo objetivo es desvelar el entramado invisible, social y político, que determina las conductas de las personas en una sociedad que no es nunca como nos la cuentan.

Oro negro está situada en Marsella en el año 1973. El negocio de la heroína, la French Connection, ha sido liquidado; De Gaulle había sido de alguna manera su padrino político, o al menos su tapadera; pero la reacción de las gentes de orden contra el Mayo del 68 y después la ascensión de Pompidou, mucho más sensible a los mensajes del otro lado del Atlántico, han desbaratado el tinglado de un tráfico próspero y remunerativo.

Todo un sector adicto a los negocios dudosamente legales ve llegado el momento de buscar nuevos horizontes. Y es justo en ese momento cuando la OPEP recién formalizada rompe la baraja confeccionada por las grandes compañías petroleras (las míticas “siete hermanas”) que mantenían baratos y estables los precios de los carburantes en un régimen de cuasi monopolio. Sobreviene una subida drástica y general de los precios en todos los mercados, y el mundo entero empieza a padecer sed de petróleo.

La conmoción es considerable, y lo primero en romperse es el sistema monetario establecido en Bretton Woods treinta años antes. Nixon se ve forzado a renunciar al patrón oro y anunciar la flotación del dólar, para que la primera economía mundial no se vea obligada a suspender pagos.

En el nuevo contexto “liberalizado”, son muchos los traders (negociantes) obligados a reciclarse para poder subsistir. También los hay que, sencillamente, deben morir porque ya no hay espacio para ellos; y a esa tarea se aplican algunos sicarios especializados.

En Marsella, en Niza, en Estambul, empiezan a aparecer cadáveres notorios, y los mandos policiales se empeñan en atribuirlos a ajustes de cuentas entre bandas de delincuentes. El comisario Theo Daquin, un recién llegado a Marsella, un parisién, empieza a investigar y pronto descubre que las dimensiones del problema van mucho más allá de lo que podía sospecharse.

Les deseo buena lectura.


jueves, 6 de febrero de 2020

BRAZOS DE MADERA EN WASHINGTON



Vista exterior del ala del Senado y el Capitolio, en Washington DC.


Esto es lo que escribe Amanda Mars en elpais sobre la sesión en la que Donald Trump ha salido absuelto en el proceso por impeachment:

«La historia de un país, vista de cerca, mientras se fragua, puede resultar tediosa, hasta vulgar. En las dos semanas que ha durado el tercer juicio a un presidente desde la fundación de Estados Unidos se ha visto a senadores haciendo crucigramas y aviones de papel, dormitando y metiendo caramelos de contrabando en la sala. Las sesiones, maratonianas, han mostrado lo prosaicas que pueden llegar a resultar las horas cruciales de una nación, sobre todo cuando el desenlace lleva tiempo escrito.»

Todos los senadores republicanos ejercieron de “brazos de madera” salvo uno, Mitt Romney, que decidió votar en conciencia y alinearse con los brazos de madera demócratas, por escrúpulos éticos obsoletos en esta posmodernidad de la desvergüenza.

El gesto inviste al senador Romney como un “caballero sin espada” para emplear el título con el que se exhibió en España una película de Frank Capra de 1939, Mr Smith Goes to Washington.

Romney ha salvado su honor personal, nada más. Ha sido el último de la fila. James Stewart, en su papel cinematográfico como el joven Jefferson Smith, conseguía además, mediante diversos e ingeniosos trámites, defender la democracia y destapar una trama de corrupción. Pero aquello sucedía en vísperas de una macroguerra contra el nazismo, y los Estados Unidos del presidente FD Roosevelt tenían empeño en postularse como defensores de los valores universales civilizatorios.

La película concurrió a 11 óscares y obtuvo solo uno, al mejor guion adaptado. Hoy en día, ni siquiera habría sido nominada. Un aburrimiento invencible sacude a la clase política cuando se trata de salvaguardar los valores colectivos de la sociedad democrática.


miércoles, 5 de febrero de 2020

EL MINUÉ DEL GOBERNADOR


O es lo uno, o es lo otro, pero las dos cosas a la vez son imposibles. El gobernador del Banco de España don Pablo Hernández de Cos se ha lanzado a defender a tumba abierta las reformas laborales en una entrevista en el Financial Times. Su ardorosa defensa recuerda a la de aquel acusado de homicidio, que alegó: primero, contar con testigos fiables para demostrar que estaba en otra parte en el momento del crimen; y segundo, haber disparado sobre la víctima en un acto de legítima defensa.

Si estaba en otra parte, no pudo disparar; si disparó, no pudo estar en otra parte. Don Pablo se ha metido en un brete similar. Según él, «los economistas la consideran [la reforma laboral] vital para la recuperación del país». No concreta qué economistas dicen tal cosa, ni por qué. Es más, apunta a un consenso de los economistas que no existe. Los resultados de las políticas laborales están ahí, en cifras bien alineadas como les gusta a los técnicos; y las cifras dicen que este ha sido el peor mes de enero para el empleo en los siete últimos años, mientras las troikas sí son unánimes en rebajar las expectativas de crecimiento de la economía española para este año en unas cuantas décimas.

Todo ello con la reforma laboral bien instalada y funcionando a tope.

Entonces, hacían falta más explicaciones, y el gobernador inicia la contradanza a ritmo de minué. Su primer alegato al nuevo gobierno para el mantenimiento de la reforma laboral, es el siguiente: «La economía española necesita todavía mantener la competitividad a un alto nivel».

Lo necesita, en efecto, tanto más porque el nivel de competitividad no es precisamente “alto”, como parece querer sugerir el baranda. Se diría al leerle que está entusiasmado con los resultados de los últimos ejercicios. Precariedad, rotación desmesurada, índices altos de paro, predominio del empleo estacional, hipertrofia del sector servicios, dependencia absoluta del turismo y del ladrillo…

¿Cómo es que el señor gobernador no pide más inversiones en tecnología y en innovación, cuando todos los economistas serios coinciden (ahora sí) en que son esos los elementos críticos de la competitividad? Debería explicarnos el señor De Cos qué sentido de futuro tiene recortar gastos echando más trabajadores a la calle.

No hacen falta muchos estudios para averiguar adónde irá a parar el país por ese camino.

Entonces aparece su segundo argumento para defender la reforma. Sujétense bien a sus asientos: «Dado que es tan difícil desde un análisis empírico desenredar todos estos cambios (puestos por la reforma laboral), si tocas uno, no sabes cuáles serán las consecuencias.»

O sea, ni competitividad ni leches. Está tó tan enredao, chiquiyo, que mejó no tocar ná, que igual te sesplota en la’ mano’.

Una humilde propuesta personal para el actual gobierno: si se ha de seguir despidiendo a gente para que el país funcione mejor, empiecen por el gobernador del Banco de España y por el colectivo de economistas que le asesora.


martes, 4 de febrero de 2020

EL SINDICATO COMO SUJETO POLÍTICO


Acaba de aparecer en las redes (en InfoLibre y en Metiendo Bulla) un texto importante firmado al alimón por José Luis López Bulla y Javier Tébar ─dos buenos amigos─, titulado “Sindicalismo y política en la nueva legislatura”. El tema merece algún comentario añadido.

No es que el sindicato deba meterse ahora en política; el sindicato siempre ha estado en la política.

Para demostrarlo tendríamos que empezar por buscar una definición adecuada de la política, es cierto. El sindicalista italiano Riccardo Terzi constataba que cuando hablamos de “política” nos ocurre que nos referimos a veces a cosas diferentes, incluso muy diferentes. Hay quienes piensan, por ejemplo, que la política se construye en las instituciones: en el Parlamento, en los decretos-ley y las órdenes ministeriales, en las sentencias de los tribunales, etc. Es una visión reductiva.

Podría añadirse a lo anterior la “política” vista como actividad de los partidos políticos, lo que da como consecuencia que el sindicato es un intruso en ese quehacer. Pero también esa concepción es reductiva.

Si consideramos, en cambio, que la política es en democracia una cosa de todos y en la que todos participamos, le estamos dando un giro de ciento ochenta grados a la cuestión. Para esa política que se hace entre todos, para la política como praxis cotidiana, también el sindicato, y el movimiento feminista, y los movimientos ecologistas, y otros aún, son protagonistas de la política. Y también las redes sociales, el facebook, en la medida en que sean capaces de proponer alternativas y de apoyarlas.

Desde este último punto de vista, el sindicato es otro sujeto político más, aunque no se presente a elecciones políticas (las elecciones no son el centro de la actividad política, son de un lado un trámite necesario, y de otro la coartada para un show business que en alguna medida desfigura la política y recorta la democracia).

La aparición del sindicalismo en la nueva legislatura no ha de verse, entonces, como un acontecimiento excepcional. Es más, los sindicatos no deberían limitarse a prestar un apoyo genérico a la “política”; sería conveniente que “hicieran” política desde la negociación colectiva y desde el control de las condiciones de la producción en los “ecocentros de trabajo”, como los llaman los dos autores citados arriba.

Para poner un ejemplo que resultará claro a todos, misión del sindicalismo no es solo mantener alto el listón de la seguridad y la higiene dentro del centro de trabajo, sino además vigilar las emisiones y los vertidos tóxicos al aire o a las aguas vecinas. Un control efectivo de las emisiones desde los comiteles y/o las secciones sindicales de determinadas empresas, una exigencia "desde abajo" de renovación de la flota de transporte de mercancías de la empresa por carretera con criterios de mayor limpieza energética, serían elementos importantes para configurar una nueva relación de compromiso activo, desde las organizaciones reales de los sindicatos, con una de las prioridades políticas del nuevo gobierno de coalición de progreso.

Y se demostraría de paso que el sindicato es un sujeto político incluso sin querer, como aquel burgués gentilhombre de Molière que hablaba en prosa sin saberlo.


lunes, 3 de febrero de 2020

COALICIÓN AL MÍNIMO COMÚN MÚLTIPLO


Los politólogos y las recurrentes sibilas de Delfos nos vienen advirtiendo de que se ha acabado la era de las mayorías absolutas, y una sociedad fragmentada va a verse reflejada cada vez más en una composición plural de los órganos de gobierno.

Ha costado asimilar la idea, sin embargo, y el actual gobierno de coalición solo ha podido emerger después de serios encontronazos disfrazados de declaraciones de principios.

La realidad, más tozuda que cualquier cálculo preconcebido a partir de los sondeos fiables de opinión, ha acabado por imponer un gobierno plural de progreso con un programa consensuado. Muchos en el territorio de la izquierda lo han recibido, sin embargo, con la nariz arrugada: “Yo, con esos?  Jamás. Conmigo que no cuenten”. Etc.

A día de hoy, la coalición de gobierno se parece aún demasiado al vivac de un ejército en campaña, donde han improvisado un rancho común regimientos acostumbrados a comer aparte. Silencio, observación crítica, desconfianza mutua, prisas por regresar a la zona de confort donde cada cual se podrá explayar dejando al socio coaligado como hoja de perejil.

Una actitud que tratan de romper iniciativas saludables como “A favor del programa del gobierno progresista”, al que están ustedes permanentemente invitados a incorporarse en https://www.facebook.com/groups/676264126501899/.

También en dicho grupo, amplio y diverso, aletea de alguna forma un sentimiento de provisionalidad. Es algo, supongo, que se irá corrigiendo con una adecuada filosofía de la praxis. La plasmación del programa de gobierno al que nos adherimos sin reservas mentales, y el propio gobierno en su forma actual o bien en otra en la que pueda concretarse la correlación de fuerzas favorables a una política de progreso, necesitan dotarse de un mayor recorrido y de un aliento más amplio, para no quedar sofocados por un entorno hostil muy beligerante.

Expresado en términos matemáticos sencillos, tenemos como punto de partida un programa que es el máximo común divisor entre dos “cantidades” políticas consideradas. Convendría enfocar sin tardanza la posibilidad de evolucionar hacia un programa que representara el mínimo común múltiplo de las mismas cantidades.


domingo, 2 de febrero de 2020

LA PÉRDIDA DE LA DIMENSIÓN UNIVERSAL



Edificio Louise Weiss, sede del Parlamento europeo en Estrasburgo, Francia.


La “aldea global” es hoy un poco más provinciana. El particularismo le ha ganado un pedazo más de terreno a la dimensión planetaria de los problemas y de las soluciones, a partir de la puesta en marcha del ‘brexit’. La Europa unida con la que nos atrevimos a soñar en algún momento se extendía mucho más allá de sus propias fronteras, en la dirección de una dimensión universal en la que todos  cabríamos con comodidad, gracias a aquellas normas universales de democracia, empatía  y reciprocidad que Kant fue el primero en definir.

La Unión Europea real, no la soñada, nunca se atrevió a pensar tan en grande como lo hicieron algunos grandes europeístas: Jacques Delors, Altiero Spinelli, Willi Brandt, Bruno Trentin… Su día a día fue funcionarial y burocrático; su mayor símbolo, un Banco; nunca quiso darse una Constitución, tan solo llegó a un permiso de circulación, muy activo para las mercancías y no tanto para las personas, sometidas al escrutinio del ‘dentro’ y el ‘fuera’.

La ambición de la Unión ha sido alicorta. Es la crítica que formula Spinelli en su libro de memorias (Cómo traté de hacerme sabio, Icaria 2019, p. 391): «La unidad europea no era la respuesta al problema del orden pacífico mundial, sino la mera contribución europea a la construcción de un orden mundial que se basaba aún en estados soberanos cuyos componentes fundamentales eran ya algunas grandes comunidades de dimensiones continentales o poco más pequeñas.»

La defección de una de esas “grandes comunidades” transcontinentales recorta el territorio europeo pero, peor aún, empequeñece además la idea de una unidad colocada por encima de los campanarios de naciones, nacioncillas y nacionalidades, y que las trasciende.

Cuando nos entren ganas de renegar “¡Qué cabrones, los británicos!”, habremos de añadir, si somos enteramente sinceros: “Qué cabrones, nosotros mismos”.

Este ha sido un fracaso de todos. Y el mundo global, en consecuencia, se adorna con una nueva línea de fractura.

No hay estropicio que no sea posible reparar, cierto. Pero hace falta conciencia de cómo hacerlo. He aquí un útil consejo del Conde Lucanor (siglo XIV, obra del infante Don Juan Manuel): «Quien no cata los fines, hará los principios errados.»


sábado, 1 de febrero de 2020

UN NUEVO CONTRATO SOCIAL


«¿Se imaginan el reto que supone para las democracias de la UE si Boris Johnson logra articular un nuevo contrato social británico? Espero que ese reto sea un incentivo para construir un contrato social europeo como Dios manda.»

El párrafo anterior es el colofón de un artículo de Anton Costas en elperiódico, titulado “Si el ‘brexit’ funcionase…” No me parece a mí, vaya esto por delante, que la propuesta de ‘brexit’ duro de Johnson se proponga formular un nuevo contrato social para los británicos. Tiene toda la pinta de que no. Costas hace una lectura del ‘brexit’, y de pasada de la administración Trump en los Estados, en términos de desigualdad creciente entre clases sociales, ciudades y territorios, y de rebelión de los perdedores contra el egoísmo de los ganadores.

Hay algo de cierto en todo ello, pero yo diría que los ganadores y los perdedores de ambas batallas, la británica y la estadounidense, han estado situados en la misma parte del conglomerado social, más que en una y otra trinchera de lo que hemos llamado durante años la “contradicción principal”.

Dicho de otro modo, en una sociedad fragmentada también se han fragmentado las élites, y unas luchan contra otras por la hegemonía en un contexto económico basado siempre en la prosperidad de los negocios y en la mayor satisfacción de los accionistas de las grandes compañías.

Hillary Clinton no suponía una idea social y económica tan diferente de Donald Trump, y tampoco Theresa May respecto de Boris Johnson. Se ha tratado de alguna forma de apuestas distintas que competían entre ellas sobre el mismo tablero de juego. Los ‘hunos’ hacían sencillamente caso omiso de la rabia y la desesperación de los de abajo. Los ‘hotros’ han utilizado esa rabia de forma demagógica como ariete contra un establishment de los negocios demasiado rígido y prepotente, que excluía de entrada cualquier variación en la distribución de los beneficios.

Una vez sentado todo ello para mayor claridad, creo conveniente prestar atención a la cuestión realmente importante de la reflexión de Costas: la idea de un contrato social “como Dios manda” ─expresión que habrá de tomarse a beneficio de inventario, puesto que Dios tiene una tendencia indisimulada a colocarse siempre del lado de las élites─ así en la UE como, por supuesto, en nuestro país, que pocas lecciones puede dar a la UE en este sentido.

Un contrato social presupone de entrada cierta igualdad entre las partes, y la idea de que a la prestación de unos va asociada una contraprestación adecuada de los otros.

Se trata ahora, ni más ni menos, de que los llamados en la jerga de los economistas “stakeholders” (es decir, los trabajadores asalariados, los autónomos, los pequeños emprendedores, los freelancers, y en una palabra todos los que participan con su inteligencia y/o su esfuerzo físico en el proceso productivo) consigan contraprestaciones dignas, adecuadas y suficientes por parte de los “shareholders”, o sea los propietarios que mantienen agarrada con todas sus fuerzas la sartén económica por el mango.