jueves, 28 de julio de 2022

VEMOS MUERTOS

 


Ayer mismo, Laura Borràs ha advertido seriamente a quienes quieren verla muerta, que primero tendrán que matarla. Ha sido un arranque de pundonor, que alabo como se merece (o sea, más bien poco). El problema es, a mi entender, que Laura no se ha dado cuenta aún de que “ya” está muerta, con independencia (lo siento, no he encontrado otra expresión más ajustada) de lo que ocurra esta mañana en el Parlament.

El caso me recuerda a aquella película en la que Bruce Willis era un psiquiatra que trataba a un niño que veía muertos. Al final, disculpen el spoiler quienes a estas alturas todavía no la hayan visto, el niño tenía razón y el muerto que veía era el propio Willis.

Anna Gabriel se dio cuenta de su condición de fiambre hace tan solo un par de días; Jordi Cuixart ya lo había entendido antes; Marta Rovira se va marchitando poco a poco en su cómoda mortaja; Toni Comín preocupa en su entorno, porque alguien habrá de decirle alguna vez y muy en serio que los reyes magos no existen. Mientras, Pere Aragonès se dedica enteramente a otra cosa, cierto que sin mucha convicción; y Oriol Junqueras, Elisenda Paluzie, Jordi Sánchez e incluso Carles Puigdemont solo aspiran a que, si hay un entierro, quienes reciban las honras fúnebres sean ellos mismos y no otros.

Todo el escenario independentista tiene un aire retro y necrófilo, de modo que el exabrupto de Laura solo puede ser acogido con una sorpresa de circunstancias, teñida de incredulidad.

El caso de Jordi Turull es diferente, lo admito. Él salvó en su momento los muebles poniéndolos a nombre de su señora, se replegó detrás de la trinchera común aceptando una cuantiosa rebaja de protagonismo carismático respecto de otros colegas, y ahora da el paso al frente con el propósito decidido de recuperar algo de lo mucho que le debe personalmente el procès. Si alguien quiere verle muerto, tendrá que matarlo primero; correcto. Para él, que está ahora mismo fletando una nueva joint venture para Junts per Sempre Més, las palabras de Laura cobran todo su sentido prístino.

Pero Turull es solo un recién llegado a la rebatiña. No es el caso de Laura Borràs, que ya está viendo bajar el telón una vez concluido su quinto acto. Para ella, el resto es silencio.