miércoles, 20 de enero de 2016

JUGANDO AL MONOPOLY

El primer mandamiento de la neorreligión predominante reza que la economía no sirve a las personas, antes bien son las personas las que sirven a la economía. El segundo se resume en las siglas TINA, There Is No Alternative (No hay alternativa). Nos lo han recordado con grandes sonrisas de bonhomía primero Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, que nos ha urgido cariñosamente a hacer los deberes para no incurrir en pecado mortal de déficit, y después la baranda del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, agitando ante nuestros ojos los espejuelos de cuánto vamos a crecer según predicciones rigurosas que tienen la gracia añadida de incumplirse año tras año sin excepción. Creceremos, eso sí, siempre y cuando tengamos el buen sentido de invertir con rapidez nuestro capital político en un gobierno estable.

Estable. Es decir, capaz de absorber las reivindicaciones desestabilizadoras que surgen (siempre) de abajo, amortiguarlas, y encaminarlas después suavemente hacia una vía muerta. Un trabajo delicado y nada fácil, los de abajo van muy crecidos. Un trabajo imprescindible, sin embargo, para evitar que se resientan los índices macroeconómicos globales, lo cual sería una tragedia de proporciones incalculables (pero calculadas ya con una aproximación de centésimas de euro por los expertos del Fondo).

Tragedia. ¿Para quién? Para los de arriba. Hace muchos siglos que se ha aceptado sin discusión la premisa de que todo lo que es bueno para los de arriba es bueno también para todos los demás.  Se teoriza que los beneficios en la cúspide de la pirámide social van luego resbalando por los planos laterales inclinados y acaban por impregnar también la base de la figura geométrica. Es una leyenda urbana, que subsiste a pesar de que no puede esgrimirse ni una sola prueba a favor, y en cambio se perciben por todas partes mil argumentos en contra. El darwinismo social imperante sugiere, muy al contrario, que la base de la pirámide deberá sacudirse por sí misma (nadie la ayudará en la tarea) el peso insoportable de los privilegios de la clase ociosa que la oprimen, o acabará por desaparecer aplastada. Dada la fuerza insuficiente de la base para tamaña tarea, el prolijo esfuerzo de reequilibrio necesitará de un consenso.
Consenso. La palabra es ambigua. En lo que se está pensando a hora de hoy es en un consenso de los de arriba y no tan arriba, contra los de abajo. No serviría de mucho: un retal para un zurcido apresurado, pan para hoy y hambre para mañana. Si lo que de verdad se desea es estabilidad política, el consenso debe abarcar a todas las fuerzas políticas y sociales, y encaminar la política hacia derroteros distintos de los que ha venido siguiendo últimamente. Con plena conciencia de que sí existen otras alternativas, de que la economía no es un imperativo categórico, y de que no es posible utilizar el terreno de la política económica y social como si se tratara del tablero de un juego de Monopoly.
 

martes, 19 de enero de 2016

QUEREMOS TANTO A MARIANO


El actual presidente en funciones de nuestro gobierno dijo ayer en una entrevista radiofónica no saber nada de las comisiones ilegales cobradas por el ex diputado de su grupo Pedro Gómez de la Serna (que se dio de baja de forma voluntaria y se incorporó al Grupo Mixto).
– ¿Cree usted que debería renunciar a su escaño?
– Mire, yo sobre este asunto no me he formado aún una opinión.
– La vicepresidenta ha dicho que sí debería renunciar.
– ¡La vicepresidenta! Entonces no hay cuestión, de seguro lleva ella la razón. ¡Menuda es la vicepresidenta! Una lince.
Echaremos de menos a Mariano Rajoy cuando por fin se vaya a su casa, que espero que no tarde. Es entrañable, como ese vecino al que nos encontramos en el rellano de la escalera, esperando el ascensor.
– ¿Sube usted o baja, don Mariano?
– ¡Y qué voy a decirle yo! Otros habrá que sepan. La gente habla y habla, que si la corrupción, que si los recortes. Yo de esas cosas no entiendo, lo mío fue salvar a España del rescate financiero. ¿Se lo he contado alguna vez?
– Muchas veces, don Mariano. Pero no me diga que de verdad no sabe usted si sube o baja.
– No me aturrulle, caramba, usted lo que quiere es que me pille el toro.
El modelo sobre el que calca su conducta Rajoy es el de aquel otro gallego que gobernó durante cuarenta años y de paso aconsejó al embajador estadounidense Foster Dulles que no se metiera nunca en política. «Como hago yo.» La lucecita del despacho del Pardo estaba entonces encendida de forma permanente por las noches, porque el centinela de Occidente velaba sin descanso. También Mariano tarda en apagar la luz, pero es para acabar de absorber toda la letra pequeña del Marca.
“La Marca”, como decían con coherencia gramatical los vecinos de El Espinar, provincia de Segovia, en el lejano verano de mi adolescencia en el que me ponía a la cola del único quiosquero del pueblo a la espera de que llegara la furgoneta con los periódicos de Madrid, impaciente por enterarme de las últimas proezas del “águila de Toledo”, Federico Martín Bahamontes, en el Tour de Francia. Entonces los allí presentes, después de darnos la vez los unos a los otros, pontificábamos en corro que una tortilla de patatas con chorizo valía mil veces más como estimulante que las anfetaminas que se colocaba aquel franchute siniestro llamado Anquetil.
El defecto de Mariano – no el único, pero sí el que más lo aproxima a esa entelequia borrosa que unos llaman el hombre de la calle, y él mismo la mayoría silenciosa – es que sigue convencido de que Pedro Gómez de la Serna se dopa con tortilla española, y no con tres por cientos.
No hay peor ignorante que el que no quiere saber.
 

lunes, 18 de enero de 2016

POR BOCA DE GANSO


Antoni Zabalza, que fue secretario de Estado de Hacienda y es en la actualidad catedrático de Análisis económico en la Universidad de Valencia, pontifica en El País sobre Podemos, la secesión y el populismo. Mi interés por el populismo y por la secesión es escaso. Siento, en cambio, simpatía hacia Podemos; una simpatía extensible a otras instancias políticas plurales que tienen con Podemos el denominador común de afanarse en cambiar las cosas. Lo contrario le ocurre a Antoni Zabalza, que se ha convertido en adalid puntero, y supongo que bien pagado, del statu quo en el sentido más rasante de la palabra.
A cada cual según su gusto, pero Zabalza me irrita cuando confunde de forma intencionada el populismo con la democracia directa, citando con desparpajo a Condorcet, y concluye exponiendo la «necesidad de reconocer explícitamente los límites de la democracia.» ¡Los límites de la democracia, punto! De estar aún entre nosotros, Condorcet le habría dedicado un zasca de pronóstico. Él habló de los límites intrínsecos de la democracia directa y plebiscitaria, y de la necesidad de articular mecanismos de equilibrio y de contrapeso para evitar un despotismo de la mayoría. Zabalza argumenta en cambio que la democracia directa es mala en sí («es incompatible con una sociedad abierta»), y solo es buena aquella democracia indirecta dirigida a «retirar del poder a los gobernantes que han decepcionado a los electores.»
No contento con semejante reduccionismo en la forma de concebir el gobierno de la mayoría, encarece la importancia de ese «pobre y pequeño» papel de la democracia con la siguiente frase antológica: «Los países que han jugado con la democracia directa han acabado eliminando libertades individuales, causando dolor y miseria, y destruyendo los fundamentos de su sistema económico. Por el contrario, los que con más modestia se han abstenido de formular arcadias sociales, y limitado la práctica democrática al control de sus gobiernos, han conseguido respeto y tolerancia para con la diversidad, altas cotas de libertad individual, economías dinámicas y prósperas y un reparto razonable del bienestar.»
Nombres, señor Zabalza, nombres. ¿Cuáles son esos países? No hable por boca de ganso y mire con detenimiento a su alrededor. Sin necesidad de salir de las fronteras de este país concreto, lo que aparece a simple vista es “dolor y miseria”, hambre, desahucios, pobreza energética, desempleo no subsidiado, enfermedades desatendidas, etc., nada de todo ello causado precisamente por la democracia directa ni el populismo; la eliminación de libertades individuales (colectivas también, ahí está el juicio inminente al comité de empresa de Airbus); la destrucción de los fundamentos del sistema económico, si entendemos como uno de tales fundamentos el trato justo y decente en las condiciones de empleo y en la remuneración de la fuerza de trabajo asalariada; la falta habitual de respeto y de tolerancia para con las diversidades de todo tipo; una economía estancada y canija, y una desigualdad abismal en el reparto del bienestar.
Y esa situación insostenible, propiciada no por haberse rebasado los límites de la democracia sino por la falta de sustancia de la misma en el rigodón de turnos parlamentarios y puertas giratorias hacia y desde la esfera de los negocios, es la que Zabalza ve amenazada por «el populismo de Iglesias y Colau». Si con ellos viene el caos, señor Zabalza, bienvenido sea el caos.
 

domingo, 17 de enero de 2016

ESTO VA EN SERIO


Cuando esas personas que lo saben todo vuelvan a contarles que lo peor de la crisis ya ha pasado y los datos de la macroeconomía echan brotes verdes cada vez más robustos, tiéntense ustedes la ropa y no se distraigan de percibir otros guiños disimulados que reclaman nuestra atención en direcciones distintas.
Lean , por ejemplo, entre las líneas de lo que escribe Francisco G. Basterra en El País (bajo el título “Máxima atención a China”): «No sabemos si este tropiezo del país en el que vive casi una cuarta parte de la humanidad, es solo eso, un contratiempo, o predice un aterrizaje catastrófico de la segunda economía mundial con graves consecuencias políticas internas, y su desbordamiento estratégico al panorama internacional.»
Les recuerdo que el índice de la Bolsa ha descendido en la primera quincena de 2016 tanto como en todo el año 2015. Les recuerdo también, por si acaso lo habían olvidado, que vivimos en una gran economía de mercado globalizada, y que todos los datos se interconectan e interactúan entre ellos. Algo que algunos llaman “efecto mariposa”. Lo más alarmante de la especulación semiapocalíptica de Basterra es su confesión inicial: «No sabemos.»
Este es un mundo de aprendices de brujo. Milton Friedman dio el pistoletazo de salida en 1970: «La única responsabilidad social en los negocios es aumentar los beneficios.» Hermoseado en algunas ocasiones con ringorrangos y en otras disfrazado de noviembre, ese es el patrón de conducta que se nos propone, y a partir de él todo es mensurable y calculable con la ayuda de las otras dos unidades universales de medida vigentes (meramente simbólicas, por lo demás), el metro de platino iridiado y el patrón oro. La vieja cantinela de que no se puede sumar peras y manzanas, ha quedado obsoleta. Se puede. Todo consiste en calcular su valor relativo según patrón uniformizado; así, 1 pera equivaldrá a 1,23 manzanas y la gran contabilidad del mercado global podrá seguir su curso sin trabas. Todo es reducible a un precio convencional expresado en dólares: tanto por la deforestación de la Amazonía, tanto por el deshielo de los casquetes polares, por la desaparición acelerada de especies animales, por el ensanchamiento del boquete del ozono. Vivimos en Jauja, y un porvenir dorado se abre ante nosotros.
Solo que no es así. La gran utopía de nuestro siglo XXI, el crecimiento indefinido en un universo regido por las leyes inmanentes de la economía de mercado, está en ruinas a pesar de los esfuerzos por convencernos de lo contrario a cargo de predicadores financiados por el 1% de privilegiados que acumulan la práctica totalidad de la riqueza – menguante – del planeta.
Es urgente reaccionar contra esa utopía, armar y poner en funcionamiento un Plan B. Porque cuando nos cuentan que estamos saliendo a duras penas de una crisis catastrófica, lo que en realidad debemos entender es que estamos más próximos a caer en la crisis siguiente, y que esta será peor porque mientras tanto habremos consumido más recursos no renovables.
La quimera de la abundancia ilimitada en un mundo libre de contradicciones y reducible a números, porcentajes, estadísticas e indicadores absolutamente fiables, fue desmentida hace ya aproximadamente veintiocho siglos. Fue entonces cuando el Cohelet dejó escrita la siguiente afirmación contundente: «Lo que falta no se puede contar.» (Eclesiastés, 1,15).
 

sábado, 16 de enero de 2016

EL LUGAR DEL MITO


Anuncia Celeste López, en La Vanguardia, que un selecto equipo científico de la Universidad Complutense de Madrid ha dado fin a una larga investigación multidisciplinar con la conclusión de que el lugar de la Mancha aludido por Cervantes en el inicio de Don Quijote es Villanueva de los Infantes, capital del Campo de Montiel, y no, como se creía desde el siglo XVIII por ciertos indicios, Argamasilla de Alba.
Las dos localidades son preciosas, y muy merecedoras de patrocinar el evento, pero no sé qué vamos adelantando con tal estudio y tal noticia. Cuenta Celeste que se han tenido en cuenta detalles tales como la estimación de la velocidad de crucero que podía desarrollar en una jornada de viaje de características medias el rucio de Sancho Panza, y yo me pregunto si don Miguel se preocupó en alguna ocasión durante la escritura de su libro de tales fifiriches. Cualquier día nos sorprenderán con la noticia de que Sancho Panza se llamó en realidad Foncho Andorga, y que la ínsula de Barataria fue una pedanía de Cariñena.
Se insiste en que Cervantes ocultó “con ahínco” la cuna de su personaje, cuando de cierto es tan sencillo inventar una cuna como inventar al personaje que vio la luz en ella. Dado que Don Quijote de la Mancha no es una obra histórica ni biográfica sino que su intención fue muy distinta, no queda al lector otro recurso que someterse a la suprema autoridad del autor en lo que se refiere a todos los detalles que nos fue proporcionando, u ocultando, sobre sus personajes.
Así pues, bienvenida sea Villanueva de los Infantes al corro de la patata de la leyenda cervantina, pero el Quijote seguirá siendo a partir de ahora la misma obra que era. Macondo tampoco es Aracataca, y la magdalena de Proust no fue, ni antes ni nunca, una tostada, puesto que el autor acabó por rechazar la solución, ensayada en algunos borradores que han sido exhumados y cotejados recientemente. El lugar de los mitos es inamovible, para bien o para mal, desde el momento en que la obra es entregada al examen del público lector. Realidad literaria y realidad histórica son en rigor dos líneas independientes, en modo alguno paralelas puesto que se cruzan y se entrecruzan mil veces, pero de hecho no coinciden jamás.
¿Qué gana en prestigio y renombre, podemos preguntarnos, la muy bella y muy noble Villanueva de los Infantes, que acoge la tumba de don Francisco de Quevedo, con haber sido el “lugar de la Mancha” del que Cervantes no quiso acordarse?

jueves, 14 de enero de 2016

DEL ESTADO DE DERECHO AL FORRO DE LOS PANTALONES


El diputado electo por las filas del Partido Popular don Pedro Gómez de la Serna paseó una media sonrisa ambigua por el hemiciclo en el día de la inauguración de la nueva legislatura, y tomó asiento en un lugar discreto de la bancada del PP, en la última fila, antes de tramitar su baja en el grupo que le ha permitido forrarse con comisiones ilegales y ahora le ha brindado inmunidad parlamentaria para sortear las consecuencias de sus delitos continuados y probados.
Vivimos en un Estado de derecho.
El juez de Alcalá de Henares ha archivado la causa contra el obispo Juan Antonio Reig Pla, por considerar que ejerció legítimamente la libertad de expresión cuando comparó las manifestaciones feministas contra la ley del aborto luego retirada por el propio PP, con los trenes que conducían a los campos de exterminio a las víctimas del Holocausto. Simultáneamente los jueces Espejel y López, los mismos que fueron apartados del proceso a la trama Gürtel por las irregularidades financieras del PP, dada su afinidad manifiesta con los acusados, pugnan ahora por sentar en el banquillo al concejal madrileño Guillermo Zapata bajo la acusación de menosprecio a las víctimas del terrorismo en comentarios hechos en las redes sociales.
La norma principal que rige nuestro Estado de derecho es la ley del embudo.
El rey Felipe VI ha preferido darse por enterado por escrito de la investidura del nuevo presidente de la Generalitat de Catalunya, para no recibir a la presidenta del Parlamento autonómico, la independentista Carme Forcadell. Desde el otro lado del conflicto institucional, el molt honorable Carles Puigdemont omitió en el ritual de la investidura el juramento preceptivo a la Constitución.
La fuente jurídica imperante en la normativa vigente sobre las relaciones institucionales en nuestro Estado de derecho habrá de buscarse principalmente en el forro de los pantalones y/o enaguas de sus titulares.
El árbitro de fútbol señor David Fernández Borbalán no apreció incidencia alguna reseñable en las gradas del estadio Power8 de Cornellà-El Prat, en el partido de este miércoles entre el RCD Español y el FC Barcelona. En las gradas en cuestión se exhibieron grandes pancartas insultantes para familiares de un jugador del Barcelona, y otras abiertamente incitadoras a la violencia (“Pau, tu pie nos señala el camino”, referido al portero españolista que dio un pisotón intencionado a un delantero rival, en el encuentro de ida de la misma eliminatoria copera). El FC Barcelona ha sido multado recientemente por la FIFA por la exhibición en estadios deportivos de banderas “estelades”, lo que se considera incompatible con el “respect” exigible en una competición deportiva. Además, el Comité de Competición ha sancionado la semana pasada a un jugador del Barcelona con dos partidos de suspensión, por haber calificado de “desechos” a los jugadores españolistas en el túnel de vestuarios del Camp Nou.
Resumen de urgencia de la salud de nuestro Estado de derecho: a) ley del embudo como norma básica + b) forro de los pantalones como criterio orientativo + c) cuanto peor, mejor, como guía práctica en situaciones que reclamen una cierta sensibilidad hacia posiciones confrontadas.
Feliz año 2016 a todas y a todos.
 

miércoles, 13 de enero de 2016

TEMPORALIDAD


Los datos de la estadística oficial del Servicio Público de Empleo Estatal confirman el descenso progresivo de la duración media de los contratos temporales en nuestro país; si en el año 2008 dicha media se situaba en 78 días, en 2015 ha descendido a 54.
Otros dos datos de tendencia ensombrecen más aún el panorama. El primero es la rotación creciente en los puestos de trabajo; para entendernos, donde antes hubo un puesto de trabajo fijo ahora se da una sucesión indefinida de contratos temporales, cada uno de los cuales tiende a tener una duración más corta que el anterior. El segundo dato es que la industria ha dejado de ser la excepción en la cuestión de la duración de los contratos temporales. Con un índice de fijeza en el empleo notablemente mayor que el resto de los sectores, la industria presentaba en 2008 una media de duración de los contratos temporales de 188 días (media global, 78); en 2015 la duración ha descendido en la industria a 58 días, sensiblemente igual a la media global (54) y bastante por debajo de la construcción (77 días).
Hasta aquí los datos. En lo que se refiere a su análisis, el periodista Manuel V. Gómez oscila en El País (1) entre el circunloquio y el simple llamarse andana. Empieza su comentario del modo siguiente: «La crisis ha empujado a la baja la duración de los contratos temporales en la industria. Y la incipiente recuperación no ha supuesto un alivio.» Hablemos de lo que hablamos. No ha sido la crisis la que ha empujado a la baja la duración de los contratos, sino la reforma laboral. Resulta curioso que no se cite ni siquiera por alusiones la reforma laboral, cuando en principio esta se planteó como el instrumento que debía suprimir las “rigideces” del mercado y diseñar el marco idóneo para una recuperación pujante del empleo. En algún momento deberá hacerse un balance completo de cuál ha sido su función real.
Porque no ha habido recuperación, ni incipiente siquiera. Lo que ha habido es lo que muestran los datos fríos y tozudos de la estadística: una temporalidad creciente y más efímera, que sirve a dos objetivos concretos. El primero, enmascarar los datos del desempleo con una rotación acelerada de contratos para el mismo puesto de trabajo, de modo que la sensación es la de que se “crea” empleo, por más que eso solo suceda en las estadísticas. El segundo, una duración menor de los contratos conlleva también menores derechos para los contratados, que no llegan a los plazos legales mínimos para aspirar a una protección social más completa; por lo mismo, padecen una inseguridad laboral más angustiosa, y como colofón, se ven obligados a repetir cada vez con más frecuencia los procesos de solicitud de empleo, los envíos de currículos a cualquier interesado, el papeleo incesante que acompaña como una zona de sombra permanente toda la vida laboral del precariado.
Sigue diciendo Gómez: «Pero las consecuencias de la profunda crisis laboral también se notan aquí.» Esto es nuevo. ¿Cuándo se ha hablado de una crisis laboral? ¿Es un lapsus, o es la consecuencia del esfuerzo torturante por mantener el cuello torcido para mirar con insistencia a otro lado? Tanto morderse la lengua para no pronunciar las palabras fatídicas “reforma laboral” provoca, como ya observó Sigmund Freud, el retorno de lo reprimido por vías laterales. No existe una crisis laboral, como tal; el precio de la mano de obra está más bajo que nunca, las facilidades para la contratación son exuberantes, los incentivos directos e indirectos alcanzan niveles nunca soñados antes. Si no crece el empleo no es porque haya crisis laboral. La crisis está, en todo caso, en otra parte.
Leemos en el mismo artículo un ensayo de interpretación de los datos ofrecidos por la estadística de la contratación temporal. «Para la directora del departamento industrial de la empresa temporal Adecco, Nuria Rius, esta evolución [la rotación de contratos temporales] se debe a la “falta de confianza”. Ante la incertidumbre de las malas épocas y los primeros compases de las buenas, “los empresarios prefieren no arriesgar”, apunta.»
Nuria Rius se expresa con mucha cautela y con poca precisión. Las “malas épocas” no traían incertidumbres, sino certezas negativas; la referencia a los “primeros compases de las buenas” debe leerse más como la expresión de un deseo que como la constatación de un hecho comprobado. Quedémonos de su explicación con la “incertidumbre” de si van a seguir las vacas flacas o se avecina una inesperada bonanza. En cuanto a la figura del empresario que “prefiere no arriesgar”, es un oxímoron, puesto que el riesgo está siempre implícito en la empresa. Otra cosa es que ni el comportamiento de los gobernantes propios y ajenos ante la crisis global, ni los vientos que soplan desde los mercados, favorezcan la intrepidez marchosa de los emprendedores. Más vale tentarse diez veces el bolsillo antes de tomar una decisión que suponga gasto.
Lo cual viene a demostrar, por si aún hacía falta, que, en efecto, el problema del empleo, tanto el fijo como el temporal, no está planteado en el terreno laboral sino en el económico y el político. Lo ha estado siempre, y por esa razón la “reforma laboral” está resultando – ha resultado ya – un rotundo fracaso. Es como pretender solucionar la avería en el motor de un automóvil cambiándole las cuatro ruedas.
 

 

martes, 12 de enero de 2016

ESTADO DE DERECHO PARA SEGÚN QUIÉN


«El Estado de derecho no está en funciones.» Altivas, las palabras dirigidas por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría al flamante president catalán Carles Puigdemont, que sin embargo se han visto desmentidas de inmediato por los esfuerzos ímprobos de la fiscalía y la abogacía del Estado para “desinculpar” a la infanta Cristina de Borbón y Grecia de sus potenciales responsabilidades en una estafa millonaria de caudales públicos.
La primera norma definidora del Estado de derecho, la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, es abiertamente ignorada o, peor aún, retorcida, por la acusación pública en el caso Nóos. Se trae a cuento a propósito de la infanta un recurso leguleyo, la llamada “doctrina Botín”, puesto en pie en 2007 para darle otro tantarantán a la igualdad de los españoles ante la justicia, en aquel caso en beneficio de un banquero. La “doctrina Botín” fue de inmediato desactivada cuando intentó esgrimirla en su favor Juan María Atutxa, el cual era ante la ley igual que Emilio Botín, sin duda, pero quizás no “tan” igual. A Atutxa no se le aplicó la doctrina.
Ahora sin embargo el mismo recurso arbitrado con fecha de caducidad para exculpar a una persona singular, se quiere resucitar, en un alarde de casuística que asombraría a los mismos jesuitas. Dice la abogada del Estado que la afirmación «Hacienda somos todos» es nada más un eslogan publicitario. Bueno, pues por esa vía de agua está mandando al garete todo el Estado de derecho. Si cabe la acepción de personas en cosas tales como la deuda tributaria, no hay más que discutir, no estamos en el territorio de Solón o de Ulpiano, sino en el del Chapo Guzmán.
Por fortuna el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha venido a poner las cosas en su punto y ha aclarado las palabras de Santamaría, al recordar a todos que la Guardia civil es un instrumento de defensa del ordenamiento jurídico y de la Constitución cuyas funciones no están limitadas en periodos de interinidad. Acabáramos. No es el Estado de derecho, entonces, sino los aparatos de Estado. Hacía falta esa explicación crucial.
En 1516 el cardenal Cisneros asumió la regencia de España en tanto llegaba desde Flandes el nuevo rey legítimo, un mozancón imberbe que ni siquiera hablaba castellano. El cardenal debió de tomarle gusto al bastón de mando, de modo que cuando alguien le preguntó qué poder respaldaba alguna decisión suya controvertida, lo llevó a la ventana y le enseñó el escuadrón de artillería formado en el patio de armas, con los instrumentos de su oficio (los cañones) bien a la vista. «Estos son mis poderes», dicen que dijo el estadista, en lugar de dedicarse a marear la perdiz con el Estado de derecho y el mando en funciones.
Así todos nos entendemos. Por lo menos, los ciudadanos de a pie, catalanes o vascos o lo que sea cada cual. En cambio, cuando nuestras autoridades han de tratar con banqueros o con infantas, pueden poner en funcionamiento las consabidas disquisiciones casuísticas y alargar la frase de Cisneros, adaptando para ello la coletilla de Groucho Marx: «Estos son mis poderes, pero si no les gustan, no se preocupen: tenemos otros.»
 
Posdata.- A punto de colgar este post, me llega un recordatorio en vivo de la ruina real de las instituciones del Estado de derecho en nuestro país. El 9 de febrero se iniciará en Getafe el juicio contra ocho miembros del comité de empresa de Airbus, por “delitos” conectados con el ejercicio del derecho de huelga. Antonio Baylos propone el borrador de un manifiesto contra la criminalización de unos derechos reconocidos por la constitución. Suscribo hasta la última coma la iniciativa, y le doy publicidad desde aquí por si a algún despistado no le había llegado aún la onda. Ver http://lopezbulla.blogspot.com.es/2016/01/contra-la-criminalizacion-del-derecho.html

 

domingo, 10 de enero de 2016

PALINODIA


El pescado remanente en el mostrador de la lonja encontró comprador en el tramo final de la subasta, a pesar de su olor no precisamente de ámbar. Digamos que este era uno de los escenarios previsibles. El más previsible quizá, dado lo aleatorio de otros escenarios alternativos. Ninguna sorpresa, pues. No es un dato desdeñable, sin embargo, que Artur Mas, el gran conducator del procès, el Palinuro que había de empuñar el timón de la nave para evitar los escollos previsibles en el viaje a Ítaca, se haya visto obligado a dar un paso al lado. El paso es corto, según lo estipulado en la letra de los tratados redactados a toda prisa: él encabezará la renovación de su grupo político, él asesorará de forma permanente al president bisoño, y él supervisará muy de cerca la buena conducta de los cupaires redimidos en el seno de unas instituciones que no les merecen. Sigue vigente su calidad de macho alfa, imprescindible para la salud de la grey, y se postula su omnipresencia en la dirección de las operaciones que deberán llevarse a cabo según una nueva hoja de ruta por acordar.
Así se estipula en la letra de los tratados convenientemente firmados y rubricados en las cancillerías o similares. Va una gran diferencia, sin embargo, entre ser la cabeza visible del procès, su mascarón de proa, o ser su eminencia gris; característica imprescindible de una eminencia gris es permanecer siempre en la sombra, según se desprende de toda la literatura acumulada sobre el tema. La sombra podría ser considerablemente alargada para Mas, en más de un sentido. Y dada la humedad reinante en los archivos de las cancillerías o similares, la letra de los tratados, por mucho que se escriba con tinta indeleble, tiende a convertirse con rapidez en papel mojado.
Sea de ello lo que fuere, vuelve a montarse el viejo tinglado de la antigua farsa. Se han repintado a conciencia las tablas carcomidas del teatrillo, se han sacudido los tapices polvorientos, se han combinado nuevos efectos de luz y han avanzado hacia la línea de candilejas nuevos comparsas, antes semiocultos entre las sombras del fondo del escenario. Vuelve a representarse la ilusión, en los dos sentidos de la palabra.
Todo se ha diseñado con cierto apresuramiento y en condiciones más bien precarias, con una consistencia a medio plazo más presumida que comprobada, como le ocurría al baciyelmo de Mambrino fabricado artesanalmente por Don Quijote. Comparece Carles Puigdemont en el papel de sucesor de Raül Romeva como polarizador de la atención mediática, pero carece de su fotogenia y de su cartel entre el elemento femenino de alguna edad. Su comportamiento es una incógnita para todos, y la sensación que produce es la de haber sido arrastrado hasta la primera línea de fuego como Poncio Pilatos en el Credo, a remolque de una conjunción súbita y explosiva de todas las circunstancias imaginables e inimaginables.
Si Puigdemont se adelanta hacia las candilejas, la decena cupaire presente en el Parlament se recompone en aras, según se nos dice, a su domesticación programada. Dos unidades – aún por determinar – serán enviadas como rehenes permanentes al campamento enemigo, el grupo parlamentario de JxS, y allí serán sometidas a un cursillo acelerado de reeducación soberanista oficialista. Por lo demás, la CUP ofrece «renovar, tanto como sea necesario, el propio grupo parlamentario con el objetivo de visualizar un cambio de etapa y asumir implícitamente la parte de autocrítica que le corresponde en la gestión del proceso negociador.»
Así consta en los escritos. Ocurre sin embargo que los cambios, anunciados por Benet Salellas en una soflama improvisada para la prensa ante la sede del grupo político, no “visualizan” absolutamente nada. Usall ya se había ido “por razones estrictamente personales” y De Jódar es persona que ha defendido durante todo el conflicto el voto a Mas en beneficio del procès. Baños estaba en la misma posición que De Jódar, y justamente era esa la razón de su dimisión anunciada, que de todos modos posiblemente va a ser reconsiderada. Lo único que se visualiza con ese meneo al grupo parlamentario es la imposición por parte de JxS a la segunda parte contratante, como elemento decorativo oportuno dentro del ritual acordado, de una “penitencia” simbólica; y la aceptación correspondiente por parte de la CUP de una palinodia en la que, aprovechando el paso del río Pisuerga por la ciudad de Valladolid, se incluyen algunas renuncias voluntarias de personas que han aburrido a lo largo de los Cien Días pasados las durezas y las miserias de la política real.
Lo cual ha sido resumido bombásticamente por Salellas con la afirmación estupenda de que la CUP ha enviado a la «papelera de la Historia» a Mas, a Boi Ruiz, a Felip Puig y al pujolismo. Va a resultar que solo votaron ellos.
 

sábado, 9 de enero de 2016

IL VOTO È MOBILE


A partir de la constatación marianista de que un plato es un plato y un vaso es un vaso, y que ambos objetos ni son intercambiables ni aparecen a la mente como ontológicamente dudosos, no resulta demasiado difícil establecer una previsión contable de los vasos y los platos que caben, por ejemplo, en una alacena. El voto es cuestión distinta. El voto sí es un objeto característicamente intercambiable y ontológicamente dudoso, debido a lo cual, cualquier cálculo matemático tendente a estimar una proyección futura cuantificable a partir de las papeletas depositadas en una ocasión anterior, no pasa de ser lo que los filósofos griegos antiguos denominaron con elegancia una entelequia.
Es lo que ocurre con un artículo publicado en La Vanguardia por Carles Castro, bajo el siguiente titular: «La división interna y el fracaso operativo de la CUP pueden costarle hasta la mitad del voto.»
El artículo empieza con una afirmación incontestable: «Parece evidente que el método asambleario resulta algo engorroso para decidir la evacuación de un edificio en llamas.» Convengamos en que así es, pero no dejemos de preguntarnos a continuación quién ha propuesto nunca semejante mentecatez, y por qué razón oblicua se trae la casa en llamas a cuento de los métodos decisorios de la CUP. Igual que un plato no es adecuado para beber líquidos, ni un vaso como plataforma de sostén de un alimento sólido, los métodos asamblearios sirven para unas cosas y no sirven para otras. El buen juicio del usuario suele determinar con escaso margen de error las circunstancias idóneas para la utilidad o no de cada cachivache democrático.
La misma sencilla norma vale en casos de división interna de una organización respecto de un tema dudoso: hay soluciones que sirven, y otras que no. La decisión desde las alturas, el voto “de autoridad” de los dirigentes, podría acarrear un desastre en las bases. Eso sí habría sido un “fracaso operativo” en una organización basada en la militancia combativa, y no en la adhesión incondicional.
Desmontadas las dos premisas, resta por ver qué es lo que ofrece de sustancia un artículo periodístico tan mal planteado. Lo que hay, es un cálculo de la pérdida presumible de votos cupaires desde los dos flancos del “voto independentista” y del “voto de izquierda”. Un No a Mas le costaría a la CUP en marzo 100.000 votos de castigo; un Sí le resultaría más caro: 170.000 votos.
Para expresarlo con claridad, lo que nos presenta Carles Castro es un horóscopo. Debería incluir en el mismo, además de los cruces de las trayectorias de los planetas en los idus de marzo, los agüeros deducibles del hígado de las reses sacrificadas en loor a los dioses, los pronósticos a partir de la observación del vuelo de las aves, y los turbios presagios del tarot. Pretende Castro partir de una base matemática, pero esta es débil desde el momento en que la única variable que se plantea es el voto a la CUP. ¿No es lícito pensar en un desencanto respecto de la fórmula del JxS, en el caso aún no confirmado de que se propongan repetir la experiencia? ¿No cabe pensar en un trasvase de votos desde el sector de ERC que ha estado reclamando con insistencia a Mas “un paso a un lado”? ¿Es concebible que el desinflamiento de Ciutadans, perceptible a partir de la campaña de las generales, no altere los números que consiguió el 27S en su momento de mayor auge?
Son todos ellos elementos eficaces ante la opinión pero difícilmente cuantificables, dada la naturaleza volátil ya mencionada del voto. Por lo que cabe concluir que la bajada de 100.000/170.000 votos auspiciada por Castro para la CUP es un mero brindis al sol.
O bien otra cosa. Por las sedes centrales de varios partidos catalanes corre un escalofrío de nervios en tensión al pensar en lo que puedan cantar las urnas el próximo mes de marzo. Está a la orden del día el “¡Virgencita, que me quede como estoy!” de la paralítica de Lourdes en trance de despeñarse con su silla de ruedas. De ahí que se estén llevando a cabo esfuerzos ímprobos – que no improbables – para llegar a un consenso soberanista de último minuto. Desde Pineda de Marx viene advirtiendo en estos días mi maestro que no está todo el pescado vendido. Que aún queda media banasta de japutas en el mostrador de la pescadería.
 

viernes, 8 de enero de 2016

QUÉ FEO ES EL CAMBIO


Las cosas están cambiando deprisa y para peor, damas y caballeros. La alarma cunde en las redes sociales. Abrió la veda una dulce mamá de alta cuna y currículum como diputada del PP por Madrid: «No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena. Jamás.» El problema era que el Baltasar de la cabalgata de los Magos iba hecho un adefesio, y su hijita de seis años se dio cuenta de que “aquello” no era de verdad. La beautiful people acosada en sus trincheras por una alcaldesa feísta.
El cantante Francisco González, émulo de aquel Petronio árbitro de las elegancias en la Roma imperial, la ha tomado con Mónica Oltra. El problema también deriva al parecer de una cabalgata con tres reinas magas “más parecidas a las prostitutas de un western”. O sea, alegres y un poco descocadas, nada parecido a las reinas como estamos acostumbrados a verlas desde el accidente de tráfico nocturno de Diana de Gales. Pero Francisco no se queda en la anécdota y despelleja así a la vicepresidenta valenciana en un tuit: «Me encanta su estilismo, qué figura más espléndida tiene la señora, única e inimitable. Con sus gafitas, sus botitas, su vocecita y sus manitas. Es para comérsela… los leones de Bio-Park.» Luego la llamó “escoria”, y luego aún pidió perdón y prometió no volverlo a hacer, un recurso que va haciéndose recurrente entre nuestro famoseo después de ser trending topic debido a alguna animalada o atentado contra las conveniencias.
En el mismo registro del cantante se mueve el periodista Antonio Burgos, un hombre que se declara monárquico “por razones estéticas” (¿cuáles?, siente uno la tentación de preguntar) y que en un artículo publicado en el diario ABC, bajo el título «Las Flequis», se interroga: «¿Por qué las tiorras separatistas, ora vascongadas, ora catalanas, ora de Bildu, ora de la CUP, han de ser tan feas?»
La pregunta es retórica. No son feas las tiorras, ni mucho menos. A Antonio Burgos se lo parecen, por razones que no son propiamente estéticas, o que tienen que ver con una estética propia de los crepúsculos de hace “noventa o novecientos años”, como escribió Mario Benedetti en un poema contra los puentes levadizos compuesto en un momento parecido al presente, con los puentes “a medio descender o a medio levantar, que no es lo mismo” (1).
Que sí, Antonio, créetelo, las flequis son cojonudas, no solo hacen el amor mejor que esas princesas lánguidas que se morían «de breves tisis o de espinas de rosa»; además, son capaces de hacer muchas cosas más. Vienen malos tiempos para la estética retro, y en la tesitura solo caben dos opciones: evolucionar con los tiempos, o escribir en twitter, el corazón dolorido prendido de cada nota musical arrancada por el llanto de los violines del otoño, un mensaje desesperado del tenor siguiente: «No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena. Jamás.»
 


 

jueves, 7 de enero de 2016

CULTURETA


Fue el crítico Joan de Sagarra quien, en los siglos oscuros que precedieron al luminoso procès que vivimos hoy los catalanes, acuñó el término “cultureta” para indicar el sueño de vida de una generación deslumbrada por los horizontes ambiciosos del Sis-cents y la segunda residencia. José Luis López Bulla nos da cuenta en su blog del enorme paso dado desde entonces por el país, en opinión autorizada de la ex presidenta de Omnium Culturalet y actual diputada del Parlamentet catalán, Muriel Casals (1). Quien ha proporcionado un ideal de vida y un objetivo a nuestra gente es, según Casals, Artur Mas. O sea, «Artur Mas representa la aspiración de las clases populares de llegar a ser la clase media culta, libre, despierta y feliz.»
Atiendan a estos cuatro adjetivos: culta, libre, despierta y feliz. No es una enumeración casual, es una cita. Casals ha pasado, como yo mismo, por una época en la que leíamos a escondidas poesía prohibida o arrinconada por las autoridades franquistas y llegamos a aprendernos de memoria poemas enteros de La pell de brau, de Salvador Espriu. De ahí proviene la cita oculta, para ser exactos del poema Assaig de càntic en el temple. Solo que Casals ha variado el sentido de los versos. Oigamos lo que dijo exactamente el profeta del catalanismo popular, hoy negado tres veces (más incluso) por sus antes enfervorizados discípulos:
 
Oh, que cansat estic de la meva
Covarda, vella, tan salvatge terra,
I com m’agradaria d’allunyar-me’n,
Nord enllà,
On diuen que la gent és neta
I noble, culta, rica, lliure,
Desvetllada i feliç!
 
Ahí tenemos la ristra de adjetivos. Casals ha introducido dos variaciones, no mínimas. Primera, ha omitido el adjetivo “rica” entre “culta” y “libre”, sin duda para enfatizar que se está dirigiendo a las clases medias. Segunda, la gente culta y feliz de la que habla el poeta no se encuentra aquí, en esta tierra cobarde, vieja y salvaje, sino lejos, “nord enllà”, hacia el norte, quizás en Bruselas, en Berlín o en Estrasburgo.
Y Artur Mas, dispensen ustedes, ni está presente en tales lugares ni se le espera, con procès o sin procès. Artur Mas, que no distingue entre el griego y el latín, es algo inconfundiblemente nuestro, una versión rigurosamente actualizada y digital del secular y analógico “quiero y no puedo” de unas clases medias adictas a la cultureta como variante menor de la cultura, y casi para nada felices.
 


 

miércoles, 6 de enero de 2016

LA LEY DEL REVÓLVER


Las lágrimas de Barack Obama en el momento de anunciar su decisión de controlar por decreto la venta de armas de fuego en su país casi vinieron a coincidir con el final de la aventura política de Gisela Mota Ocampo.
Gisela, una mujer “aguerrida y comprometida con la lucha social” según sus vecinos, había librado una batalla importante por la paridad de género en las listas de todas las candidaturas para las elecciones municipales en el estado de Morelos, México. En Temixco, el cabildo por el que se presentaba, no solo consiguió la elección de un 50% de mujeres, sino que ella misma fue elegida alcaldesa, la primera en la historia de la población.
Eso ocurrió el viernes 1 de enero. El sábado 2, mientras desayunaba, varios sicarios de uno de los carteles de la droga dominantes en la zona irrumpieron violentamente en su casa y la acribillaron a balazos.
Obama pudo haber llorado por ella, aunque, según las crónicas, su emoción se desató al recordar la matanza de la escuela Sandy Hook, en Connecticut, una de las cíclicas orgías de sangre que se desatan en Estados Unidos cuando un psicópata irrumpe en un espacio comunitario disparando a diestro y siniestro. Aquel día murieron veinte niños de primaria y seis adultos.
Lo cual no ha impedido a los republicanos, mayoritarios en el Congreso, seguir asociando las armas de fuego con la libertad. Mueren cada año por disparos de armas de fuego 32.000 ciudadanos estadounidenses: 1000 de ellos por disparos de la policía, lo cual ya es de por sí un pésimo indicador; 31.000 en otros tiroteos de diversas índoles. Cuando ocurrió la masacre terrorista de París, el candidato republicano Donald Trump moralizó con el argumento de que si los parisinos fueran armados a los conciertos, se habrían defendido mejor. Un argumento tan insensato como el personaje que lo enunció.
Algunos políticos opinan que la ley debemos llevarla los ciudadanos enfundada en la cartuchera. No conciben más legalidad que la que cada cual consigue imponer por la fuerza o la puntería. El estado de derecho son monsergas, y solo merece vivir el superviviente de un duelo a muerte omnipresente y continuado.
Struggle for life. Los débiles, los indefensos, los marginados por esa teoría de una coexistencia no pacífica, se amontonan hoy en las fronteras cerradas de países (pre)potentes. En el interior de esos países, la violencia se ejerce también contra quien no cuenta con medios para evitar ser expoliado de sus derechos legítimos en nombre de la libertad y la igualdad individuales. En nombre del “porque sí”, del “no hay alternativa”.
Pero la violencia no equivale a libertad ni a justicia, tampoco en los lugares en los que ha usurpado el lugar de la ley. Son las víctimas, no los sicarios ni los descerebrados, las que enaltecen la humanidad. Estamos todos en deuda con Gisela Mota Ocampo.
 

lunes, 4 de enero de 2016

NUEVA POLÍTICA O POLÍTICA DE SIEMPRE


A veces la nueva política se parece tanto a la política de siempre – me refiero a la política de buena ley, no a la calderilla (xavalla en catalán) a la que estamos demasiado acostumbrados en los tiempos que corren – que provoca sorpresas comprensibles. María Dolores Amorós habla en Nueva Tribuna de “pitorreo” de la CUP con Artur Mas (1). Deberíamos ponernos de acuerdo sobre lo que entendemos por “pitorreo”. A mí me parece que lo que ha habido es otra cosa, a saber, un duro pulso democrático “a la antigua” entre las dos almas de la CUP, el alma soberanista y el alma anticapitalista.
Un pulso de ese calibre, la nueva política corre a resolverlo online, reclamando de cada cual su opinión prefabricada (ready-made) y sin matices, y tramitándola en tiempo real a las terminales cibernéticas, que vomitan en centésimas de segundo el veredicto en clave binaria: Sí o No.
Pero un método político “a la antigua” no es lo mismo que vieja política. Es posible en política, como en enología, hacer vino nuevo con los odres viejos. La CUP lo ha demostrado, honor a la CUP. Chapeau.
La dirección del partido ha afrontado el conflicto que dividía a las bases desde una neutralidad irreprochable, y se ha preocupado de dotar al mecanismo asambleario correspondiente de todas las garantías posibles para que las dos almas se expresaran con entera libertad. Luego ha acatado el resultado aritmético y le ha dado curso legal, conforme a los manuales más antiguos y prestigiosos de la política, por lo menos desde que Sócrates (otro antisistema irredento) se bebió la cicuta en obediencia estricta a esos principios.
Que a partir de un escrúpulo minucioso en las formas y un respeto cuidadoso a las dos opciones encontradas se generaran dilaciones, contradicciones con los plazos institucionales, un enfadoso empate en votos asamblearios no previsto por nadie, y a la postre un “pitorreo” objetivo en relación con las altas esperanzas que tenía Mas de renovar su magistratura, es harina de otro costal.
Seamos sinceros: de haber tenido el conteo final en el Consell de la CUP un signo opuesto, también se habría sentenciado que el enojoso método seguido para la toma de la decisión había sido un paripé, y todo, incluso las dilaciones, estaba conchabado desde un principio. La CUP, en ese caso, no se habría pitorreado de Mas sino de todos nosotros, en loor de Mas. Desacostumbrados como estamos a la trabajosa mecánica de la democracia directa, resulta más cómodo para el opinante arrojar una sombra de duda sistemática sobre la eventualidad de un juego limpio sostenido en todo el transcurso de una travesía tan complicada.
Yo sí creo que ha habido juego limpio. Se exigía un Sí o un No a la investidura de Artur Mas, pero un sí y un no tampoco son tan sencillos de decidir en democracia. Así sucede cuando no hay “esencias” imperecederas a las que atender de preferencia, sino opciones políticas cada una de las cuales comporta riesgos, dudas y contradicciones. Así sucede cuando, en el último fondo de la decisión, en el ánimo de los militantes de la CUP pesa sin remedio la grave sospecha de que Mas no tiene la menor intención de cumplir las promesas y contrapromesas que ha ido desgranando con la sola finalidad de ser investido, y allá cuidados. Cuando la verdadera probabilidad está, no en que la CUP se pitorree de Mas, sino en que Mas se esté pitorreando de la CUP.
 

 

domingo, 3 de enero de 2016

LA PRIVATIZACIÓN DEL ESTADO


Bruno Trentin resaltó en una conferencia profética en el Istituto Gramsci de Torino (noviembre de 1997) la paradoja de que la izquierda haya de asumir con todas sus consecuencias la defensa del estado, cuando históricamente el movimiento obrero consideró el estado como una construcción no solo ajena, sino decididamente hostil a su propia dinámica, puesta en pie por la clase dominante para oprimir “legalmente” a la clase subordinada.
En esas estamos. La multinacional Dinero Inc., en su búsqueda obsesiva de todas aquellas instancias que generan “valor” (léase beneficio para el accionista), y después de privatizar la banca, las empresas del sector energético, los ferrocarriles, las autopistas, los puertos, los aeropuertos, las telecomunicaciones, la sanidad, la educación, la asistencia social y las pensiones, está presentando ya en todas partes una OPA hostil por el resto del paquete. Es decir, por el estado, o al menos lo que resta del estado tal y como solía ser en otro tiempo. Dinero Inc. se ha marginado ya voluntaria y benévolamente de la función de pagar impuestos por los ingresos que obtiene dentro de los límites convencionales de los estados; ahora está interviniendo además en la redistribución de los caudales públicos según sus propios criterios.
Lo afirmó Wolfgang Streeck y lo recuerda Javier Aristu en un post de ayer mismo: caminamos hacia “un estado deudor dependiente de sistemas financieros internacionales privatizados” (1). ¿De qué otra forma se puede calificar el gigantesco rescate de la banca con dineros públicos, ocurrido a partir del crash de 2008? Esa diligente gestión de la catástrofe, llevada a cabo a través de una movilización general convocada por instituciones no exactamente públicas, creadas a partir de un consenso más bien tácito de cúpulas dirigentes de estados demediadamente soberanos, nos ha “enriquecido” con un retoque añadido a nuestra Constitución intocable. Un retoque minúsculo en la letra pero enorme en la significación puesto que establece el mandamiento que resume todos los demás, toda la ley y los profetas del mundo nuevo. A saber: la deuda es pública, y el beneficio privado.
Situar el cambio político en el largo plazo, como propone Aristu en su artículo, ha de significar un replanteamiento de las coordenadas mismas en las que se mueve la izquierda. Ha habido mucha dejadez en este aspecto, mucho desplante pinturero mirando al tendido de sol y sombra. La izquierda se vio capaz de manejar el trabajo, tal y como lo definió el ingeniero Taylor, y el estado, en la concepción acuñada al alimón por Bismarck y lord Beveridge, y conducir ese conjunto ajeno a todas sus tradiciones hacia un futuro socialista, sin necesidad de repensar el yo y las circunstancias de unos inventos tan prodigiosos. Hoy, a la vista del burujón que se ha montado en el patio después de tanto laissez faire, laissez passer, se impone hincar los codos en la mesa y empezar a estudiar de forma colectiva qué trabajo y qué estado queremos, si tenemos la intención de legar a las generaciones futuras alguna cosa de más sustancia que el comistrajo impresentable y tóxico que nos ofrece, en incómodos plazos, Dinero Inc.
Como mínimo, la iniciativa mentada debería formar parte de los buenos propósitos inspirados por la ingestión de las uvas durante las campanadas de final/comienzo de año.
 


 

sábado, 2 de enero de 2016

DIABOLUS IN MATHEMATICA


Dicen las crónicas que Antonio Baños, líder de la CUP, examinaba incrédulo los estadillos que detallaban el resultado final de la votación secreta llevada a cabo por su grupo en el polideportivo de Sabadell para aprobar, o no, la investidura de Artur Mas como president. A favor 1515, en contra 1515. «Es una matemática diabólica», concluyó Baños, descolocado. José Luis López Bulla se ha ocupado de ilustrarnos en todo lo que toca al origen divino, diabólico o humano de las matemáticas (1). Por mi parte, me adhiero a la hipótesis de un tal Leopold Kronecker, según el cual Dios es responsable de los números enteros, y los hombres de todos los demás. Esa distinción mesurada pone un punto de temple a la espinosa cuestión. Leo en El País la siguiente entradilla: «Tres años después, la comunidad matemática no es capaz de decidir si la demostración de la conjetura ‘a,b,c’ por el japonés Shinichi Michozuki es correcta.»
Leer cosas así reconforta. Resulta que no todo está escrito de antemano en la ciencia de los números; es posible una matemática creativa. Michozuki no es el único en innovar; tampoco es posible averiguar por medios humanos si son o no correctas las contabilidades de algunas empresas del Ibex35. Es un misterio cuya solución debe quedar al arbitrio de Dios o del Diablo, y en el que los humanos, limitados como somos en nuestras capacidades, no tenemos arte ni parte ni perro que nos ladre.
Quizá sea del mismo género la que podríamos llamar “conjetura de Baños”, expresada de la siguiente forma: 1515 +/- 1515 = 0. La prensa canallesca se ha apresurado a calcular la probabilidad de que se diera ese resultado preciso, el único entre todos los posibles que no resolvía la cuestión. Sobre un campo de 3030 votos la probabilidad de un empate es ínfima, despreciable, prácticamente imposible. La prensa se ha olvidado de añadir que esa probabilidad imposible es, sin embargo, matemáticamente la misma atribuible a cualquier otro resultado.
Las matemáticas son así, tanto si las consideramos divinas como diabólicas. Un resultado típico de un referéndum “a la búlgara” arrojaría 3030 votos a favor y 0 en contra. En los referéndums franquistas, más sutiles (más pedagógicos también), el resultado sobre 3030 votos habría sido de unos 4000 y pico a favor y exactamente 4 en contra, la eterna minoría insignificante de resentidos.
Eran resultados comprensibles a primera vista: humanos, demasiado humanos.
Pero es inevitable también que el Diabolus in Mathematica, el Gran Enredador, se mezcle de vez en cuando en los asuntos de los de abajo. Y, permítanme la audacia cuasi herética, está bien que así sea. Cuando el Dios de los Números, hablando ex cathedra desde la regia columnata de mármol que preside el templo augusto del Banco Mundial consagrado a su poder, truena que «There Is No Alternative», a muchos descontentos no nos queda sino recurrir a la desesperada a Mefistófeles en busca de una alternativa. En estos tiempos calamitosos, el diablo resulta ser más humano que dios.