lunes, 27 de abril de 2015

CANDIDATO MARIANO


En el curso de un desayuno informativo celebrado en el Foro Europa Press, el actual presidente del gobierno ha confirmado que desea ser el candidato de su partido a las próximas elecciones generales.
La declaración no habrá pillado desprevenido a nadie. La verdad es que se veía venir. Si era un secreto de la Moncloa, no ha sido el mejor guardado, ni por el presidente ni por su entorno. No se han percibido en Mariano Rajoy en la etapa más reciente de la legislatura ni dudas, ni desánimo, ni cansancio. A pesar de todo lo que ha caído, y de lo que está aún por caer, él sigue tan terne. Algunos sostienen que no se entera, pero eso no es cierto. Lo ejemplar de Rajoy es su actitud ante los problemas. Los problemas, sencillamente, no existen. «Salvo alguna cosa», claro, que es lo que sale en la prensa. Algunos críticos alegan en su contra que carece de algunas (o muchas) de las cualidades que caracterizan a un dirigente político. Le faltarán otras, pero desde luego no el cuajo.
«Confíen en mí y les irá bien», ha dicho. Palabras crípticas, que hay que saber interpretar. Parecen indicar una cosa pero en realidad apuntan a otra distinta. Podrían querer decir: “puesto que lo he hecho razonablemente bien, creo merecer la confianza de todos ustedes”. Y sin embargo el mensaje subliminal que envuelven esas palabras tranquilizadoras es otro, sutilmente amenazante para las voces críticas que despuntan en el seno de su formación: “cuidado, no se crucen en mi camino que esto no ha hecho más que empezar.”
¿Les parece a ustedes que exagero? Reparen en la forma en que ha ponderado nuestro presidente «la seguridad y la estabilidad» que ofrece al votante el funcionamiento del PP: «Aquí no se va uno y entra otro.» Si ese no es un aviso para navegantes, que vengan todos los marianólogos del mundo y lo vean.
Ya en tono más relajado, el Augusto ha afirmado que tampoco tiene intención de introducir cambios en el equipo dirigente del partido. Luego, ha añadido la siguiente apostilla: «Aunque si la tuviera, tampoco se lo diría.»
Algunos hablan de retranca gallega ante frases como esa. Yo me pregunto más bien en quién pensaba al decirlo. El manejo de los tiempos por parte del presidente es siempre peculiar. Parece seguir con fervor aquel consejo de Oscar Wilde: «No dejes para mañana lo que puedas hacer pasado mañana.» De momento, Rajoy ha expresado esa misma idea con otro de sus giros léxicos peculiares: «No hay que hacer cositas a corto plazo.»